El jugador, de Fiódor Dostoievski

Escrita al dictado en 1866, en apenas veintiséis días, El jugador es una obra singular dentro de la producción literaria de Dostoievski. Cuando la redacta, el autor atraviesa una profunda depresión y una situación económica ruinosa. La novela quedará inevitablemente marcada por esa experiencia personal.

Una infancia difícil, la epilepsia, la condena a trabajos forzados en Siberia y el servicio militar impuesto por conspirar contra el zar influyeron notablemente en su vida. Tras cumplir condena, retoma su actividad literaria. Comienza a escribir Crimen y Castigo que, entre 1866 y1867, publicará por entregas en una revista. Conoce a una joven, Polina Suslova, mujer fatal, que ejercerá una perturbadora influencia en su vida, y que tomará como modelo de algunos personajes femeninos importantes de sus novelas.

Posteriormente viajó durante dos años por Europa. En París se reencontró con Polina y mantuvieron una relación turbulenta. Presionado por las dificultades económicas, Dostoievski comenzó a jugar a la ruleta, una afición que, poco a poco, acabaría dominándolo. Arruinado y abandonado por Polina, regresó a Rusia.

La muerte de su esposa y de uno de sus hermanos, unida a la ruina económica, lo sumió en una profunda depresión. Para hacer frente a sus deudas se vio obligado a ceder los derechos de sus obras y a comprometerse con su editorial a entregar una nueva novela en un plazo muy breve: esa obra sería El jugador.

No se trata solamente de una novela autobiográfica. Dostoievski vuelca en ella su intimidad y narra, casi en tiempo real, el drama personal que está viviendo mientras la escribe. El propio autor parece encarnarse en el protagonista, Alexéi Ivánovich, quien, en primera persona, relata una existencia dominada por una obsesión irracional y destructiva: el juego. A ello se suma el amor tóxico que siente por Polina, personaje inspirado, sin duda, en la mujer real que tanto condicionó la vida del escritor.

La acción se desarrolla en la Europa de mediados del siglo XIX, una época en la que la burguesía y el capitalismo se encuentran en auge, mientras la aristocracia tradicional entra en decadencia y busca sobrevivir mediante matrimonios de conveniencia y herencias oportunas. Una familia aristocrática rusa, aparentemente acomodada, viaja por Europa y se instala en una ciudad balneario significativamente llamada Rulettemburg. El cabeza de familia es un general ruso, viudo y retirado, que viaja acompañado de su hijastra Polina y de sus dos hijos pequeños, que están al cuidado de Alexéi, un joven preceptor empleado del general. A su alrededor aparecen personajes de distintas nacionalidades que el autor caracteriza, en ocasiones con ironía, recurriendo a los tópicos asociados a cada país. El dinero y el amor, casi siempre interesado, constituyen los principales impulsos que mueven su comportamiento.

La relación entre Polina y Alexéi, junto con la adicción al juego, constituye el eje argumental de la obra. Ambos mantienen una relación compleja y tortuosa, marcada por la actitud dominante de ella y la sumisión servil de él. Alexéi no muestra inicialmente interés por el juego; sin embargo, una noche, obedeciendo a Polina, acude al casino para apostar una suma de dinero en nombre de ella. Pierde la apuesta y regresa junto a Polina, que le mortifica. Ese episodio será el germen de la adicción que le condicionará su vida.

La vida en el balneario transcurre inicialmente de forma tranquila. Las excursiones y el juego forman parte del entretenimiento habitual. El general espera recibir una importante herencia de una tía, Antónida, a la que todos llaman la abuela. Los demás personajes no son ajenos a esa expectativa, pues la herencia podría favorecer sus intereses económicos o sentimentales.

Sin embargo, una mañana la calma del balneario se rompe bruscamente. La abuela irrumpe inesperadamente acompañada de su séquito, provocando una auténtica conmoción. Consciente del interés que despierta su fortuna, ironiza sobre ello, reprocha al general su actitud y le advierte de que no recibirá de ella ningún dinero. Intrigada por la fascinación que ejerce el juego, decide probar suerte en el casino. Acompañada por Alexéi, mantiene un comportamiento extravagante para su edad y posición social. Impone sus caprichos. Gana inicialmente, pero acabará perdiendo en sucesivas jornadas todo el dinero del que dispone. Finalmente, arruinada y decepcionada, ante el estupor del general y sus acompañantes, abandona el balneario y regresa a Rusia. Frustrada la expectativa de la herencia, los personajes se dispersan; y el lector, en adelante, irá descubriendo sus variadas aventuras y desventuras en diversos escenarios europeos. El hilo conductor seguirá siendo Alexéi y su creciente dependencia del juego.

Con esta obra, Dostoievski no solo logró cumplir el contrato que le proporcionó una cierta, aunque precaria, estabilidad económica. Durante la redacción de la novela conoció a Ana Grigórievna, una joven taquígrafa contratada para tomar al dictado la obra. Entre ambos surgió una relación que terminaría en matrimonio y resultaría decisiva en la vida del escritor. Poco a poco, con su apoyo y dedicación, alcanzó cierta estabilidad emocional y económica; y finalmente consiguió superar la adicción al juego.

El jugador es una novela breve, pero intensa. La situación personal y anímica del autor aporta al relato una extraordinaria autenticidad. La obra explora con gran fuerza psicológica una vida dominada por la ludopatía, adicción que estaba destruyendo al propio escritor mientras redactaba la novela.

Si bien el contexto histórico y social pudiera parecer lejano al lector actual, la obra mantiene plenamente su vigencia. La ludopatía continúa siendo un problema universal y plenamente vigente que, bajo distintas formas, responde a los mismos esquemas destructivos que Dostoievski retrata magistralmente.

La novela está escrita en un estilo directo, con abundancia de diálogos, lo que hace que su lectura sea fácil y fluida.

Mayoritariamente, al grupo de lectura le ha resultado la novela interesante o muy interesante, apuntando algunos, no obstante, que no alcanza la profundidad y la fuerza de las grandes obras de Dostoievski; lo que probablemente se debe a las circunstancias y a la premura con que fue escrita. A un grupo más reducido la novela le ha interesado menos; algunos comentan que, tras la marcha de la abuela del balneario, el relato cambia notablemente de rumbo y pierde interés.

© José Gómez Fernández-Cabrera. Club de lectura Páginas de Pluma de Albolote

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