Bocazas, insultones, reprimidos. ¿Dónde el espíritu crítico?

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Me niego a escribir de lo que hoy escribe todo el mundo. Repaso los periódicos, uno a uno, y por fortuna, hemos acabado con el crucero lujoso que terminó como el rosario de la aurora: Acabamos con el crucero contagiado con el virus andino del que salen los millonarios —dicen que el crucero era de más de un mes y eso vale un pastón— y empezamos con los análisis electorales.

Mi pregunta en relación con las elecciones andaluzas es solo una. ¿Han echado ya, al paro no, a la jubilación, al señor Tezanos? Este tío no acierta una y permanece ahí desde que Franco era cabo. No entiendo nada, salvo que le paguen para hacer predicciones gilipollescas. Siempre ganan los socialistas y los socialistas-sanchistas, mucho más lo último que lo primero, andan llorando por los rincones, recibiendo una paliza detrás de otra y sin levantar cabeza.

Hablo con muchos pertenecientes al partido y me asombra la cantidad de sanchistas acérrimos: el mejor presidente que ha habido en España en todos los tiempos, dicen ufanos. ¿No pasa nada por no haber sido capaz de presentar presupuestos? ¿Cómo funciona una casa o un país sin programar la que ingresa y lo que va a gastar? ¿No pasa nada por cargarse el estado de derecho haciendo leyes ad hoc para aquellos que le sostienen el sillón? ¿Pacta la izquierda nominal con la derecha vasca y catalana, monta un batiburrillo con podemitas y sumandos, cuando ya ni saben quiénes son? ¿Cómo desguazamos el estado de igualdad con normas singulares para los más privilegiados? ¿Cómo amnistiamos a delincuentes que se empecinan en presupuestos contrarios a la ley vigente? ¿No pasa nada por perder cuatro elecciones autonómicas seguidas? ¿Dos altos cargos socialistas van a la cárcel por presuntos delitos y no pasa nada? A ver qué pasa con las valencianas después de la gestión de la Dana que Mazón llevó personalmente desde El ventorro. No pasa nada, todo es por la paz social y la tranquilidad en autonomías que se sienten independientes, por el progreso imparable del país que se gestiona indudablemente desde la Moncloa. Esto no es odio, ni cabreo ni ganas de joder la marrana. Esto es espíritu crítico: lo que veo. Son totalmente insoportables cuatro derrotas seguidas y empecinarse en seguir en el poder.

He estado en Granada y en Sevilla hablando de literatura. Siempre que vuelvo a mi tierra, cuando paso Lorca, si voy desde Alicante, o Despeñaperros si entro desde la Mancha, no se me olvida – recuerdo mis tareas de músico cuando era estudiante menesteroso- cantar el Himno de Andalucía y el Vuelvo a Granada de Miguel Ríos. Vaya en el vehículo que vaya. Si es transporte público siempre hay alguno que piensa: este tío es gilipollas. Me da igual. La libertad es eso, cantar Vuelvo a Granada o Sevilla tiene un color especial, cuando te da la real gana, sin que nadie pueda impedírtelo. Sin escandalizar.

En el aula de grados de Filosofía, en Sevilla, con lleno total, me impresioné y me acojoné ante tantos catedráticos y profesores. Hablábamos de “Los terrorismos en España”. Emocionado ante tanta sabiduría sentada delante de mí, esperando mi disertación, a punto estuve de rezar, como no hago desde hace varias décadas: “Dómine, non sum dignus”. ¿Qué hago yo aquí, ante gentes a las que, si se les cae un titulo de la hombrera, me aplastan como a una cucaracha?

Dimos vueltas al terrorismo anarquista de finales del XIX y principios del XX, al terrorismo de estado, al golpe de Mola y la guerra civil que lo siguió – con Sanjurjo como golpista indultado que reinició su conducta delictiva, porque todos los golpistas reinciden-. Hablamos del Grapo, del Frap, de los terroristas de la matanza de Atocha y de la estrella durante cincuenta años de acoso a España, de ETA.

Realmente he disfrutado de dos veladas sumamente interesantes. Insustituibles, aunque uno no gane ni para la gasolina. ¿Para qué es el dinero? ¿Hacemos como el avaro de Moliere? ¿Amontonamos todo el dinero posible de las pensiones – tan merecidas, al menos yo me he dejado el pellejo curando más de cuarenta años. Mirad el libro “Cuarenta años de cárcel sin redención”-? ¿Amontonamos el dinero, ni siquiera comemos y solo miramos cómo crece la cuenta, yéndonos de varilla como un avaro miserable?

La literatura, las discusiones inteligentes, las preguntas que te obligan a reflexionar y a replantearte todo lo que has dicho, las opiniones contrarias sabiamente expuestas, son fuente inagotable de salud mental. El famoso e inapreciable “espíritu crítico” tan buscado como escaso.

En medio del artículo pita mi móvil —ahora recibe uno a través de esta chisme cada noticia antes de que se produzca—. Zapatero ha sido imputado por organización criminal. Me quedo helado. No comento. Veo que anda por medio ese grupo derechista de las manos limpias, ya conocido, y no quiero decir ni mu hasta que haya una profundización de la noticia. Conocí a Zapatero personalmente en León, cené a su lado una sopa de trucha tras una conferencia sobre ETA en la Universidad y solo he dicho de él que no fue el autor de la Vía Nanclares. No él sino Antoni Asunción. Espero que no sea cierta al corrupción que propagan algunos, pero Sánchez debería tomar medidas drásticas porque no es una tormenta, sino una detrás de otra.

Echo mano de mi amigo Manuel Desantes, una de las cabezas más privilegiadas que conozco. Hablamos de Cultura, eso que anda en boca de tanta gente, muchas veces sin tener ni idea. Conocía a uno que decía que el más culto del pueblo se sabía de memoria todas las matriculas de los coches que había allí y su dueño. La cultura hace referencia a conocimiento, a conjunto de conocimientos que nos sirven – intentamos abreviar- desarrollar un juicio crítico. Conocer solo y simplemente no es suficiente. Hace falta una actividad creativa, un esfuerzo, una digestión. Hay que averiguar, inquirir en la verdad hasta descubrirla, ejercitando para ello las facultades intelectuales. El conjunto de conocimientos nos permiten a todos progresar, crecer. Conforme empezamos a crecer, empezamos a ver nuevos y mayores resultados y crece nuestro espíritu crítico, nuestra capacidad de analizar “lo que dicen”, “lo que nos cuentan”, “aquello de lo que nos informan” sin tragarnos como bobos sin filtro, cualquier sandez que nos puedan intentar colocar. Esencial en el espíritu crítico es la argumentación. Cualquier afirmación ha de ser argumentada racionalmente.

Por dos veces, he atendido a ese genio del periodismo, que en este ámbito conocemos y que se llama Gorri.

En Murcia y luego en ese lugar santo donde viven y disfrutan los libros felices, hablamos largo y tendido sobre dos temas que nos parecían importantes: la Religión como realidad importante en el ser humano y ETA, como fenómeno y episodio político, delictivo, social e histórico, importantísimo en nuestro país.

Siempre que uno escribe o habla en público – precisamente por ese espíritu crítico aludido, muchas veces y en alguna gente ayuno de todo conocimiento- se expone a que todos den su opinión. Hay que estar abierto a la crítica y no estarlo es de gilipollas – ¿les gusta la palabra?-. Uno es imbécil si piensa que todos los que te oigan o lean van a estar de acuerdo con lo que dices.

Si alguien o muchos argumentan: no estoy de acuerdo con la descripción que haces de ETA, o con su historia o con su disolución, perfecto. Dilo con argumentos. Si alguien no está de acuerdo en que la religión es una creación humana o no esta de acuerdo con la divinidad de Jesús de Nazaret o con su resurrección, arguméntelo. No diga – otra vez, gilipollescamente- “a ver este tío qué se ha fumado”. O, este tipo es un fantasma. Si entramos en ese lenguaje y el tío se pone grosero, embarramos el debate, nos acordamos de los familiares más cercanos y la intelectualidad se arrastra por los suelos, dejando al espíritu crítico a la altura del betún.

Esos santamarías, esa marujas que solo han leído las revistas del corazón y del hígado, lean, critiquen después de leer, pero lean.

Si yo digo, después del atentado contra Irene Villa, entré en un local en el que había doce o catorce etarras haciendo cerámica e indignado por la imagen de aquella niña ensangrentada, dije: aquí huele a hijo de puta que tira para atrás – Lean el libro “De prisiones, putas y pistolas”- es porque lo dije. ¿Qué sentido tiene mentir treinta y cuatro años después? Lean el libro de Juan Alberto Belloch, un ministro con el que trabajé varios años. Léanlo en sus páginas ciento ochenta y siguientes. Verán que no hay ninguna fantasmada. Trabajé bastantes años en materia de terrorismo etarra, me jugué la vida y nunca quise escribir un libro sobre ello. Antoni Asunción me lo pidió, cuando se estaba muriendo y por ese compromiso lo hice. Leed. Discutid. Argumentad. Vale y tiene mucho más efecto que el insulto gilipollesco y vacío.

© Manuel Avilés. Todos los derechos reservados.

 

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Estudió en el Padre Suárez y Filosofía en el Hospital Real (Granada), Criminología y Derecho en Alicante. Funcionario del Cuerpo Especial de Instituciones Penitenciarias y, entre otros puestos de trabajo: Director de Nanclares de la Oca, Director de PIcassent en Valencia, Director del Psiquiátrico Penitenciario de Alicante y Director de Palma de Mallorca. Director de Seguridad Ciudadana y Tráfico en Gijón. Asesor Ejecutivo - en materia de Bandas Armadas- en la Secretaría de Estado del Ministerio de Justicia e Interior. Dedicó muchos años, exclusivamente a la banda terrorista Eta. Jubilado tras cuarenta años de trabajo . Actualmente se dedica exclusivamente a las motos y a la literatura. He escrito, hasta ahora los siguientes libros: «De Prisiones, putas y pistolas». El desmantelamiento de ETA en la cárcel. / El Gato tuerto - una violación que no fue. 357 Magnum. Por ti me juego la salvación - pura antropología./Los confesores reales . La influencia de la Iglesia en lapolítica/ y el más reciente: Cuarenta años de cárcel. Sin redención. Una visión de la historia de España desde los ojos de un niño, joven, adulto desde la postguerra hasta hoy. Forma parte, como Comisario, del Festival de Novela Negra e Histórica: Quijote Negro e Histórico, que se celebra y organiza el Ayuntamiento de El Pedernoso (Cuenca)

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