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Rasputín: el Anticristo era él
El autor, que escribía con el seudónimo de Klabund, tísico, de delgada figura y miope, murió a los 38 años. Fue un referente en los años 20 del siglo XX, sus chansons causaron furor y dos de sus obras se convirtieron en superventas: Bracke y Borgia.
En los últimos años del imperio zarista, la figura de Grigori Rasputín surge desde las profundidades de la estepa siberiana para instalarse en el corazón del poder en San Petersburgo. Klabund construye en esta obra un retrato crudo de la agonía de la monarquía rusa, donde la fe y la ambición política convergen en un escenario de decadencia absoluta. “En las páginas de Rasputín, el lector se enfrenta a la figura mística y oscura de un hombre surgido de la nada y cuya influencia en la corte de los últimos zares precipitó el fin de una era en Rusia. Klabund utiliza su característico estilo expresionista para reconstruir la trayectoria de este hombre, desde sus raíces campesinas en Siberia hasta convertirse en el consejero espiritual de la zarina Alexandra”, escribe Javier Fernández Rubio, editor de El Desvelo, que publica Rasputín.
¿Cómo era Rasputín? Klabund despacha en la página 24 esta fantástica definición: “Grigori era entonces un genuino muzhik, un campesino como los cincuenta millones que habitaban Rusia:
crédulo y frívolo, astuto y alegre, corrupto y devoto.
Creía en Dios. Creía en el Diablo. Creía en el zar, el mediador entre Dios y el hombre. Y creía en sí mismo. Durante siglos, el anhelo del muzhik fue la tierra, un terreno propio. Durante siglos fue el siervo del terrateniente, a quien pertenecía la tierra (…)” Bebedor, promiscuo y depravado, frecuentador de tugurios… y con una corte, sobre todo de mujeres, que creían en él con una fe ciega.
A través de una prosa expresionista de carácter cinematográfico, con frases cortas y certeras, Klabund disecciona los mecanismos de una corte asfixiada por el absolutismo y la superchería. Mientras la Primera Guerra Mundial desangra al país y la corrupción carcome las instituciones, Rasputín actúa como catalizador de las fuerzas sociales que desembocarán en la revolución. El texto explora la dualidad de un hombre percibido simultáneamente como santo y demonio, cuya presencia precipita el fin de una era. El conflicto escala con la aparición de figuras como el príncipe Félix Yúsupov, decidido a eliminar a quien considera la vergüenza de la nación. Un hombre sin el menor escrúpulo, capaz de encender una vela a Dios y otra al demonio y de sacar siempre beneficio propio de los más turbios negocios. A sus pies caían rendidas por igual altas fortunas y meretrices : “Rasputín dilapidaba el dinero de los sobornos en locales de dudosa reputación, con gitanas, mujeres negras, chinas. A veces, en su embriaguez, predicaba desde el estrado de la banda de música, y todos los invitados, tan borrachos como él, se revolcaban de la risa. Había instalado una capilla en su apartamento, con un confesionario. Ante él se presentaban las damas distinguidas y también las mujeres fáciles de menor rango. Él las embriagaba con incienso y frases vacías (…)”.Romanof
El relato de los conspiradores y el destino final de los Romanov se entrelazan en una danza hacia el caos. Esta obra ofrece una perspectiva sobre la fragilidad del poder y el choque entre un mundo feudal en descomposición y los albores de una nueva estructura social que definirá el rumbo del siglo XX.
Alfred Henschke, alias Klabund, (Crossen del Oder, hoy Krosno Odrzańskie, 1890 – Davos 1928), fue un prolífico, multifacético e inquieto escritor alemán cultivador de prácticamente todos los géneros y subgéneros.
Su Círculo de tiza, uno de los mayores éxitos teatrales de la República de Weimar, inspiró a Brecht El círculo de tiza caucasiano. El cabaret fue también para Klabund su estrado de expresión (el Voltaire en Zurich, el Simplicissimus en Munich, el Schall und Rauch o el café Größenwahn en Berlín).
Y la tuberculosis, su inseparable compañera desde los 16 años. Locarno, Arosa, Brioni y Davos, sus refugios donde escribía novelas históricas (Moreau, Mohamed, Bracke, Pjotr, Rasputín o Borgia), miles de poemas con predilección por el componente erótico y chansons. Un total de 70 obras escritas a lo largo de 20 años bajo el ritmo trepidante de quien sabe que tiene los días contados.
PUNTO Y SEGUIDO – Beatriz Caso



