Doble «D»- Capítulo 8

0
185

Capitulo 8

Los cuatro hombres se disponían a salir en busca del comisario, cuando él hizo entrada en la sala.

¿Que ocurre?

En estos momentos nos disponíamos a ir a tu encuentro —señalo Dobles —

Bien, pues como estoy aquí, veamos de que se trata.

Dos cosas. Una, Pinillas ha recibido la información solicitada a policías de los países, donde supuestamente Corona estableció negocios, los consiguió.

Y bien.

En todos, excepto en China, por el momento, han ocurrido percances alrededor de las empresas por las que pugnaba, como lo hacia Lasso.

¿Sabemos si encargó apoyo a la Agencia “GH & Asociados”?

Directamente no, pero está claro que estuvieron allí por algún medio. Solo nos resta confrontar si los detenidos o muertos en esas fechas y circunstancias, pertenecían a la Agencia. Es mucha la coincidencia en fechas, lugares y hechos.

Es decir, aún no tenemos nada.

Tanto como nada no —añadió Pinillas—, estoy tratando de meterme en los ordenadores de la Agencia.

Ya, pero por el momento seguimos como estábamos. Sin una pista decente sobre los asesinatos.

Es cierto jefe.

La segunda.

Los detenidos y muertos coinciden con la evolución de algunos niños desaparecidos de los expedientes de Eulogio.

Explicármelo mejor.

Verá comisario, mi programa permite presentar fotos de mis niños evolucionados a la edad que tendrían en estos momentos. Cuando hago algunas, y como en el caso actual, incluyo las de jóvenes actuales se comparan y aparecen coincidencias.

¿Y esos asesinos son sus niños desaparecidos?

Aparentemente sí, comisario.

Es más —añadió Pinillas—, es coincidencia que la mayoría de los implicados se muevan en un abanico de edad entre los 22 y 25 años.

Igual que Rosario, la muerta en El Escorial, y el recientemente encontrado Diego, su marido.

En efecto jefe. Además. lo curioso es que no tenemos huellas de ellos, ni en documentos de identidad, ni en pasaportes. No existen.

Esto es una bomba.

Es lo mismo que dijo Ignacio.

¿Y que tenéis pensado?

Yo –dijo Dobles– iniciaré investigaciones sobre los jóvenes que nos han procurado la policía extranjera. Confrontaré algunos datos con la base central y aprovecharé la oportunidad de Pariente, sus desapariciones, para ver si existe alguna conexión. Debe haber algo.

¿Te olvidas de la Agencia?

Ni mucho menos. Se lo dejo a Pinillas. Si consigue entrar en sus bases de datos, veremos si esa gente trabaja o ha trabajado para ellos.

Os dejo entonces, hablaré con Esperanza un momento y si necesitáis apoyo decírselo.

Claro.

Dobles recogió las notas informativas recibidas de la policía extranjera y se dirigió a su despacho. Comenzó a confrontar fechas, hechos y sobre todo empresas. Inspeccionó las actuaciones llevadas a cabo por Corona, sus viajes a las ciudades, facturas de gastos, hoteles, taxis, restaurantes. No cabía duda alguna, Alberto Corona viajó a esos lugares. Ahora solo restaba conocer las fechas de entradas en los países de los jóvenes sospechosos. Miró las notas enviadas por la policía y en la mayoría, tenían documentadas las entradas vía aérea de jóvenes con pasaporte del Reino de España. A lo sumo llegaban con quince días de antelación a la fecha en que supuestamente se incorporaba Alberto Corona. Este, después de cerrar las operaciones regresaba a Madrid, también por vía aérea.

La incidencia debía corroborarla con las diferentes policías. Comenzó a preparar las notas con las preguntas sin respuesta. Fechas de entrada, hoteles en que estuvieron hospedados los jóvenes, grabaciones de cámaras en diferentes ámbitos. Relaciones mantenidas con los directivos de las empresas o cruces de información entre estas y el Grupo de Alberto Corona. Una vez redactadas, las pasó a la firma del comisario y posteriormente, se dispuso a enviarlas. Si todo iba bien recibiría los datos en tres o cuatro días. Se ocuparía mientras tanto en hablar con algunos gerentes del Grupo Lasso.

Se acercó a las oficinas centrales del Grupo y tras esperar unos minutos, fue recibido por Alfonso Suertes Pardo. Administrador en funciones tras la muerte del propietario Nereo Lasso.

¿Sabían ustedes que el Grupo del señor Corona estaba interesado en la empresa que finalmente compró el señor Lasso en Brasil?

Claro. Pero como dice el refrán: en la guerra y el amor, todo vale —escuchó el inspector Dobles de boca del señor Suertes.

¿Han oído hablar de la Agencia “GH & Asociados”?

Por supuesto.

¿Entonces saben a que se dedican?

Naturalmente. Son desfacedores de entuertos.

No entiendo.

Verá inspector. Pertenecen a una especie de Grupo o Alianza Multinacional. Están presentes en la mayoría de los países industrializados y ahora en los de economía emergente. Ayudan a los empresarios a entrar en contacto con empresas y sectores del país. Allanan el camino y si encuentran algo grave o difícil de solventar, suelen solucionarlo dejando el paso expedito. Pero son peligrosos, además de caros.

Su Grupo llegó a ponerse en contacto con ellos.

Mientras estuvo al frente el señor Lasso, desde luego que no. A el le gustaba preparar personalmente las negociaciones desde el comienzo e informaciones necesarias previas a los primeros contactos. Pero ahora es posible, que si queremos seguir con los mismos negocios, nos veamos en la necesidad de echar mano de ellos.

Pero, ¿no dice que son peligrosos?

Me refiero a que son muy exigentes y rigoristas. Mantienen unas reuniones previas. Tras unos días, que supuestamente necesitan para analizar a la Firma solicitante, se ponen en contacto, redactan el contrato. Se les paga por adelantado.. con el compromiso de que si no sale como está fijado, devuelven el 60% del importe, el resto debemos considerarlo como gastos.

¿Y se puede saber como entran en contacto con ellos?

A través del boca a boca. Casi todo el mundo empresarial los conoce. Aunque solo algunos tienen la oportunidad de trabajar con ellos. A veces solo se necesita llamar a un numero de teléfono de unas oficinas situadas en el sector empresarial entre los Kilómetros 11 y 13 de la Autopista de La Coruña para que envíen a un emisario, encargado de negociar.

¿Entonces se pondrán en contacto con ellos?

Si. Necesitamos abrir negociaciones con una empresa China, en Shanghai. Ahora mismo estamos pendientes de que contesten nuestra petición.

¿Y se puede saber que problema tienen?

Supongo inspector que cuanto estamos hablando lo tratará confidencialmente.

Por supuesto.

Ahora mismo somos tres las Empresas o Grupos que intentamos hacernos con el control de la firma china. Nosotros, una pequeña firma valenciana de componentes eléctricos y otra de terminales situada en Zaragoza.

¿Conoce a sus competidores?

Desde luego. Son gente avezada en sus negocios. Nosotros solo queremos la empresa para utilizarla como moneda de cambio y posterior entrada en algunas otras que estamos a punto de adquirir en España.

Comprendo.

Voy a pedirle un favor señor Suertes.

Adelante.

Necesito acompañarle cuando celebren la entrevista con la gente de la “GH & Asociados”.

No se si será posible inspector.

¿Por qué?

Hasta ahora solo yo he tenido un primer contacto, tal vez puedan sospechar algo y lo anulen.

Siempre puede alegar que soy su guardia pretoriana. No se, lo que se le ocurra. Pero necesito conocer a esa gente y su modus operandi.

Veré que puedo hacer.

Gracias. Quefo a la espera.

Le llamaré en cuanto me citen.

Perfecto. Ahora debo marcharme, me espera mucho trabajo.

A mi también.

Regresó a la comisaría y comentó superficialmente con Pinillas la conversación.

Eso es estupendo Ignacio si consigues una dirección de internet —señaló.

Es suficiente para ti.

Es posible, a partir de ahí, puedo entrar en sus ordenadores.

Haré cuanto esté a mi alcance.

Gracias.

¿Y vosotros como lleváis vuestra investigación?

Pariente lleva toda la mañana trabajando con su programa evolutivo. Son más de cincuenta los rostros por actualizar, después los meteré en mis bases y a esperar.

Ya te entregaré más datos cuando me contesten las diferentes policías,. Esta mañana les pedí más información. Estoy cerrando el círculo.

La tarde se presentó dura. Pariente acabó de sacar las fotos de todos sus niños. Con ellas se adelantó hasta donde Luis Pinillas seguía trabajando. Luego las escanearon para darles entrada en el programa de búsqueda. Señalaron los parámetros que necesitaban, dentro del abanico de 22/25 años una vez dentro solo debían esperar. Mientras tanto Luis había preparado un doble sistema. Por un lado el circuito de desapariciones, poblaciones, edades, nombres y circunstancias personales. Por otro, datos actuales incluidos en las diferentes bases de datos. Huellas dactilares, documentos de identidad, etc. De tal modo, que cuando apareciera una coincidencia, la pantalla se dividiría en cuatro partes iguales con los correspondientes datos. Primer cuadrante: datos de los niños. Segundo: situación evolutiva. Tercero: Huellas y rasgos característicos. Cuarto: circunstancias actuales.

El primero en ajustarse al programa fue el rostro con los datos de Rosario. Tenían huellas pero no existía en la base del DNI, aunque si coincidencia del DNA. El cuarto cuadrante reflejaba un parpadeante ¡ fallecida¡

Más tarde aparecieron los datos de Diego, el marido de Rosario. Fotos de la Agencia S&P, de niño desaparecido y su evolución coincidente. En el cuarto cuadrante aparecía señalada su orden de búsqueda y captura y ninguna coincidencia de huellas con el DNI o pasaporte. Por ultimo las ultimas fotos aportadas por Pariente y la Agencia “S & P”. Durante horas se salpicaron las coincidencias, no solo con las fotos aportadas por el periodista, sino también, con las enviadas recientemente por las policías extranjeras. En todas y cada una de ellas, coincidían las evoluciones, y como en los anteriores casos, carecían de huellas dactilares archivadas en las diferentes bases de datos de la policía española. No podían adelantar nada, solo esperar la oportunidad de acceder a los ordenadores de la Agencia. Sin embargo, se mantuvieron expectantes. Dobles esperando la llamada del Grupo Lasso, Pinillas y sus ayudantes ajenos a la comisaría, esperando a que un golpe de suerte iluminara su búsqueda.

Derque decidió afrontar una última entrevista con Curtis en las oficinas de Raimundo Fernández Villaverde. A primera hora de la mañana esperó apostado en la misma cafetería que estuvo días atrás. El edificio era de oficinas, por lo cual mucha gente anduvo entrando y saliendo mientras esperaba la entrada del vehículo de Curtis por la rampa del garaje. Eran las diez y media de la mañana cuando le vió pararse en el semáforo y esperar a que se abriera para señalar con el intermitente la maniobra de entrada al aparcamiento del edificio.

Esperaré unos minutos —se dijo— luego subiré por el ascensor y veré que me depara la suerte. Pidió otro café y miró el reloj. Lo haría a las once menos cuarto.

Curtis subió por el ascensor desde la segunda planta del garaje. Cuatro eran las oficinas que cubrían la planta. En un banco de madera apareció sentada Julia. La vió en cuanto se abrió la puerta del ascensor.

¿Qué haces aquí? ¿Quién te ha dado esta dirección?

Confirmar ciertos extremos. Pasemos a tu oficina.

Es extraño todo esto. ¿Has hablado con Uno verdad?

Eres muy perspicaz. Abre la puerta y pasemos dentro.

Curtis estaba sorprendido. En ningún momento quiso dar la espalda a la mujer. Ambos caminaron juntos por el pasillo hasta desembocar en un amplio y espacioso despacho repleto de pantallas donde parpadeaban numerosos puntos en forma de coronas circulares en movimiento.

Pasa y siéntate en ese sillón —dijo señalando uno de los confidentes situados frente a su mesa.

Gracias Curtis.

Bien, ¿ que te trae por aquí? —dijo nada más sentarse y desprender el arma sujeta frente a ella y bajo la mesa.

Me han encargado de la central que me haga cargo de tu oficina.

Eso es imposible. No me han comunicado nada. Además eso se hace de otra forma.

Lo se, pero debes dejar todo ahora mismo y presentarte ante Uno y Dos ,tTe esperan.

Julia hizo un ademán con su mano derecha sobre el bolso de mano que aguantaba con la izquierda, aunque no le dio tiempo a sacar el arma que ocultaba. Recibió un primer disparo cercano al ombligo desde el arma sujeta a la mesa. Cayó de espaldas junto con la silla. Mientras Curtis se levantó para circundar la mesa y dirigirse al cuerpo de Julia. Sin embargo no estaba muerta, sacó despacio el arma del bolso y desde el suelo apuntó como pudo a la cabeza de Curtis apretando el gatillo. Sin embargo la primera bala solo le atravesó el hombro izquierdo. La segunda inmediatamente después el pulmón derecho, rozándole casi el corazón. A él le dio tiempo para rehacerse un segundo y volver a disparar, esta vez sin dejar de apretar el gatillo sobre la mujer. Recibió cuatro balas que destrozaron su cara y pecho. Luego como pudo se sentó apretando con su mano derecha el pañuelo que extrajo de su bolsillo. Trataba de limitar la perdida de sangre y el dolor producido. Se sentó en un sofá y respiró profundamente. No parece muy grave la herida del pecho, sobreviviré —se dijo.

De repente, el timbre de la puerta sonó repetidamente. Se acercó despacio.

¿Quien es?—gritó desde el lateral de la puerta.

El adjunto de Julia, abra por favor, debo entregarla un documento.

Lo se, le está esperando. Un momento señaló —echándose a un lado mientras preparó la pistola de nuevo.

Abrió el pestillo y grito: ¡ Pase, esta abierto¡ El hombre entró sin cuidado alguno. Un joven con un casco de moto en la mano izquierda y una pistola corta en la otra hizo entrada hasta el pasillo. Nada más dar dos pasos Curtis le disparó por la espalda alcanzándole la nuca. Cayó sin decir palabra alguna. El casco rodó hasta entrar en el despacho y tropezar con el cuerpo, ahora sí, inanimado de Julia. Curtis sintió marearse y sin cerrar la puerta principal caminó como pudo hasta el despacho en un intento de avisar a una ambulancia. Nada más sentarse en el sillón, sintió como se le nublaba la vista y se desmayó.

Derque tres minutos antes había mirado el reloj. Cruzó la calle por el semáforo y se introdujo en el portal del edificio. Al salir del ascensor se fijó en los carteles de las puertas y al cerciorarse donde debía dirigirse, la encontró entreabierta. Sacó su pistola ajustada en sus riñones, retiró el seguro y la amartilló. Seguidamente atravesó el cerco de la puerta y la cerró tras de si. Ante sus ojos un hombre tendido boca abajo sobre un gran charco de sangre. Unos metros más adelante un casco de moto descansaba junto al cuerpo de una mujer, también caído en el suelo y rodeado de sangre. Se arrastró junto a la pared sin hacer ruido. Se agachó a media altura y acercó sus ojos para ver el resto de la habitación.

Tendido sobre la mesa, sangrando y con una pistola agarrada en su mano derecha, vió el cuerpo de Curtis, numero Tres de la agencia, jefe de Operaciones. Se acercó sin dejar de apuntarle. Estaba vivo aunque no dejaba de sangrar por la herida del pecho. Le tomó el pulso que comenzaba a debilitarse. Guardó la pistola y abrió diferentes armarios. No encontró lo que buscaba. Buscó un cuarto de baño ,y en el, en dos armarios colgados, recogió algodón, alcohol, gasas, vendas y unas bandas elásticas. Regresó junto a Curtis.

Aplicó un abultado paquete sobre la herida que inmediatamente dejó de sangrar. Luego como pudo, la cubrió con las vendas elásticas. Previamente le retiró la pistola y la chaqueta. En unos segundos recorrió todas las estancias de la oficina. Al regresar, Curtis daba muestras de volver en si. Derque se acercó apuntándole con el arma.

¿Qué te ha pasado? Otro agente obsoleto disgustado contigo.

No estoy para bromas Diego. ¿Qué haces aquí?

Te dije que necesitaba respuestas. Venía a por ellas, pero supongo que pocas podrás darme en tu estado.

Hoy todo el mundo quiere verme. ¿Quien te dio esta dirección?

Nadie, te localicé, solo eso. ¿Qué te ha ocurrido?

Están locos Diego. Uno y Dos están locos. Han enviado a esos dos a matarme.

Ya veo. Pero te los has cargado tú.

No estoy tan viejo todavía.

Lo sé. ¿Quieres que te lleve a un hospital?

Gracias, pero esto no tiene arreglo. Supongo que me quedan un par de horas.

Como prefieras. Pero estoy dispuesto a ayudarte si tu lo haces conmigo.

No puedo Diego. Lo siento.

Pero Curtis, te estás muriendo.

Lo sé.

Deberías hacer un último esfuerzo y dar satisfacción a alguien como yo.

Eres el mejor. Lo sabes. Y sí, debería, pero no puedo.

Entonces me quedaré a tu lado hasta que mueras. Es lo mínimo que puedo hacer por ti, aunque no te lo mereces.

Te lo agradezco, no me gustará morir solo.

Siempre lo has estado. Como yo desde que me separastéis de mi familia.

Tú no has estado solo. Supiste esconderte bien. Lo hiciste estupendamente. Mantuviste vivos tus recuerdos. Por eso quieren eliminarte, como a mí.

¿Que les has hecho?

Fallarles. Como últimamente les está ocurriendo con la Agencia. Hay fallos en el sistema, y la gente comienza a revelarse. Como Rosario y tu.

Explícamelo antes de morirte. Haz algo en tu vida que sirva para algo.

No se si podré. Anda, haz el favor de darme un poco de agua.

Si lo hago morirás antes, y quiero escuchar algo que es importante para mi.

Lo haré, te lo prometo, pero por favor, dame un poco de agua.

Está bien, te alcanzaré un vaso.

Curtis bebió lentamente, luego dejó que le retirara el vaso. Apoyó la espalda en el sillón y puso su mano sobre la herida que de nuevo comenzaba a sangrar.

Escucha con atención, no tengo ya mucho tiempo, pero si el suficiente para decirte alguna verdad oculta.

Derque se sentó a su lado y comenzó a escuchar las palabras entrecortadas que salían de sus labios. Mientras lo hacia, las pantallas continuaron activas. Los mismos puntos parpadeaban como ondas producidas por un guijarro al caer en un estanque. Fueron pasando lentamente mientras el rostro de Derque se contraía de odio a cada frase escuchada de aquel hombre que agonizaba. Anotó unos datos y luego sintió como la mano de Curtis le agarro con fuerza para dar el último aliento. Le miró implorando unos minutos más de vida, los suficientes como para dejar escapar por sus labios: ¡ Lo siento Diego, de verdad que lo siento¡ Luego dio un profundo suspiro y dejó caer la cabeza sobre su pecho.

Soltó su mano antes de que los músculos se contrajeran con la suya y recostó el cuerpo sobre el sillón. Lo apartó y tecleó una serie de datos sobre el ordenador principal. Buscó unos discos, y comenzó a copiar los datos que aparecieron sobre la pantalla. Cuando acabó los puso sobre la mesa, abrió uno de los cajones, sacó de una caja una pastilla metálica y con ella acarició todas las torres y portátiles que encontró. El imán eliminaría cualquier dato de los discos. Poco a poco las ondas que aparecían parpadeantes fueron calmándose hasta aparecer un solo punto blanco en el centro de cada uno de los monitores.

Salió del despacho con cuidado para no pisar la sangre, ni dejar huellas. Recogió las tres pistolas las metió en una bolsa de plástico y las ocultó en la bolsa de fibra negra. Abrió con cuidado la puerta de salida, observó detenidamente y al no encontrar a nadie, la cerró sigilosamente sin golpearla. Bajó por la escalera hasta la tercera planta. Una vez allí, pulsó la tecla de bajada del ascensor y esperó. Bajó junto a dos mujeres y el ordenanza del edificio, hasta la planta baja. Salio a la calle y regresó en un taxi a su casa.

El resto de ese día y el siguiente, durante muchas horas, estuvo leyendo la información recogida en cada CD copiado. No le haría falta buscar a los números Uno y Dos, con aquellos datos tenia suficiente para destruirlos definitivamente. Sin embargo, la impotencia, pero sobre todo las indescriptibles ganas de matarlos, no pudieron calmar el odio que sentía por aquellos canallas. Debía pensar con claridad, hacer algo, que sin caer en el asesinato vil, los hiciera sufrir lo indecible. Apenas un ápice de lo que ellos le habían hecho sufrir a él, su familia y al resto de compañeros.

Se le presentaba una duda, ¿seria capaz de orquestar una venganza sin mezclarse en ella más de lo suficiente? o ¿simplemente pondría en manos de la policía cuanto tenia en sus manos? Tal vez no le correspondía únicamente a él tomar esa decisión. Esperaría algún tiempo, luego vería la mejor posibilidad. No obstante no dejó en el cajón del olvido a la persona que conducía el segundo Volvo en la oficina de Los Molinos. Miró con detenimiento la foto, luego la que aparecía en la ficha de la Agencia. No había duda alguna. Se trataba de Renato Pavone. Siguió indagando hasta localizar a los ayudantes que tuvo en aquel aciago día. Dos estaban actualmente en prisión en Italia, el otro había fallecido en un accidente de automóvil en una autopista cercana a Paris. Se dedicaría a Renato Pavone. Estudió su ficha y comprobó con satisfacción que todos sus trabajos eran de campo. Ninguno que le mantuviera encerrado durante más de un día. Analizó su ficha psicológica y advirtió que tenía claustrofobia. En un momento decidió que haría con él.

Salio del edificio buscó el coche y condujo hasta Los Molinos. Renato salió a la misma hora que el día anterior, le siguió hasta la Granja y dos horas después hasta Madrid, donde tenía su domicilio. Se mantuvo en vigilia hasta que salió por la mañana sobre las nueve en dirección a La Granja de nuevo. Sobre las doce regresaba a las oficinas centrales y de nuevo, el mismo recorrido que el día precedente. Se las ingenió para entrar en el garaje, abrir el maletero del coche y dejar la bolsa conteniendo las tres armas que rescató a los muertos en la oficina de Curtis. Luego le introdujo un dispositivo de humo, calculó, ajustó la hora del iniciador y se marchó tranquilamente a casa.

Nada más entrar en su casa, recibió una llamada de Marina.

Dime, como estás, por favor —preguntó Marina casi clamando.

Bien. Estoy perfectamente. ¿Qué te ocurre a ti?

Nada y mucho, pero no puedo hablar por teléfono.

¿Quieres que nos veamos ahora? no es muy tarde, aunque estoy algo cansado, podríamos tomar una copa en algún sitio.

Si no te importa.

Claro, dime donde.

En el café donde nos conocimos. ¿Te va bien?

Por supuesto. Dentro de media hora estaré allí.

Me pongo en camino.

Cuando la vio entrar lo primero que llamó su atención fueron sus ojos. Enrojecidos y rodeados de unas importantes y abultadas ojeras. Derque se levantó de la mesa y salió a su encuentro. No esperó para abrazarla, y entre dos mesas la sujetó con sus brazos durante unos instantes, luego tiró de ella hasta la mesa que ocupaba y se sentaron juntos.

Ahora dime que te ha ocurrido.

A mi nada. Pero a Julia y otro compañero los mataron ayer.

Pero ¿ como ha ocurrido?

No lo se. La policía se presentó esta mañana en el apartamento. Nos enseñó unas fotos y preguntó si los conocíamos. Ha sido todo.

Y tenéis que ir a la comisaría o algo así.

Eso creo. Mañana por la mañana.

Tranquilízate.

Ahora si, pero me habría gustado estar contigo.

A mi también, pero te dije que estaría fuera.

Lo se. Supongo que debemos tomar una decisión. ¿No es así?

Pronto Marina, se tomará muy pronto. Ahora es preciso esperar y confiar en que pronto solucionaremos todo esto.

Ya, pero tengo miedo.

Solo pon cuidado, nada más que eso.

Lo tendré. Y tu también ¿verdad?

Claro. No quiero que vuelvas a llorar como lo has hecho. Te afea mucho, no dejan que esos ojos verdes hablen por ti. Ahora tomemos algo, luego te acompañaré a casa.

No. Sigo en mis trece.

Como quieras.

En la comisaría.

Roberto —dijo pausadamente Dobles— la comisaría afecta a la zona de Cuatro Caminos nos ha pasado cierta información que deberías ver.

¿La tienes en tu despacho?

En efecto, acabo de recibirla.

Voy para allá.

Mira —señaló nada más entrar.

¿Que es?

Las fotos de tres cuerpos que han encontrado en un despacho en la calle Raimundo Fernández Villaverde.

¿Y que tiene que ver con nosotros?

Se supone que han aparecido en una oficina de la Agencia “GH & Asociados”.

Vale. Ponme al corriente.

He pedido que nos envíen el expediente para ocuparnos nosotros. Acabo de mandar a Pinillas y dos agentes a los domicilios de los dos jóvenes encontrados muertos. También al de el otro hombre. Fíjate en los chicos, no tienen más de 24 años. Tienen documentación y sin embargo la comisaría que se hizo cargo, no ha encontrado paralelo de sus huellas con las que figuran en los documentos. Suponen que son falsos. Están comprobándolo. He pasado las fotos al periodista para que compruebe con sus “niños”. Tendré respuesta en un momento.

Tenme al corriente.

Por cierto Roberto, no han encontrado las armas con las que fueron asesinados. En estos momentos están procesando en balística los proyectiles sacados de los cuerpos.

Roberto salió hacia su despacho mientras Dobles volvía a recibir otra llamada, en esta ocasión de la Jefatura de la Guardia Civil de Tráfico.

¿Inspector Dobles?

Dígame.

Soy el Teniente Matas. Tengo orden de pasarle un expediente que al parecer sigue usted. en esa comisaría.

Adelánteme algo por favor.

Acabamos de detener a un conductor en la Autopista A-6. Su coche echaba humo y al abrir el capot trasero hemos encontrado una bolsa conteniendo tres armas cortas. El vehículo se encuentra matriculado a nombre de la Agencia de Publicidad y Marketing Empresarial “GH & Asociados”. Al reflejar la empresa en el sistema, apareció un vide que nos lleva a ustedes. ¿Puedo enviárselo?

Por supuesto, teniente.

El detenido se encuentra a su disposición. ¿Quiere que le llevemos a su comisaría?

Se lo agradecería mucho.

¿Entonces se hacen cargo del seguimiento?

Por supuesto, se trata de un importante expediente de asesinatos.

Le acompañamos el atestado de la detención. El coche queda retenido en nuestro estacionamiento y precintado.

Muchas gracias de nuevo.

Regresó corriendo al despacho de Roberto y le informó de la conversación y el detenido que a punto estaba de llegar.

Esto parece que se va embrollando cada día más. Espero que nos lleve a descubrir algo de los primeros asesinatos —mencionó el comisario.

Yo también. Pero todo esto se esta poniendo muy interesante ¿No crees?

Interesante, pero insatisfactorio por el momento.

Venga, jefe no seas gafe —remachó el inspector Dobles.

De nuevo a su despacho a esperar la llegada del detenido, el atestado y su confrontación con la información recibida de la comisaría de la zona de Cuatro Caminos. Mientras, Pariente apareció con nuevas noticias.

Acabo de sacar esto —dijo mientras le mostraba dos fotos.

¿Quienes son?

Los niños, ahora jóvenes asesinados, cuyas fotos me han entregado hace poco.

¿También son niños desaparecidos?

Lo son.

Esto es para volverse loco. ¿Qué esta ocurriendo aquí?

No lo sé, inspector, pero es demasiada coincidencia. ¿No cree?

En efecto. ¿ Le ha dado tiempo a verlo Pinillas?

No, salio antes de que acabara la búsqueda.

Dígaselo en cuanto regrese.

Por supuesto.

Dos horas más tarde recibía una última llamada telefónica.

¿Inspector Dobles?

Si. Dígame.

Soy Suertes, del Grupo Lasso.

Ah, si. En que puedo ayudarle.

Mañana tendré la entrevista con un gerente de “GH & Asociados”. Le he dejado dicho que después del asesinato de mi jefe, no me muevo si no voy acompañado de mi guardaespaldas. Y lo ha aceptado.

Estupendo. ¿A qué hora?

Sobre las doce de la mañana en unas oficinas al pie de la Carretera de La Coruña.

De acuerdo. Iré a recogerle una hora antes. Gracias por su ayuda.

De nada inspector. Le esperaré.

Poco después entraba de nuevo en el despacho de Roberto tras haber comentado a Pinillas junto al periodista y el observador de S & P, Ismael Frutos.

¿Que pasa ahora Ignacio?

Mañana iré como guardaespaldas de un directivo del Grupo Lasso a ver a un miembro de la Agencia “GH & Asociados”.

Muy bien.

Ahora bien, necesito que alguien cubra la zona y haga cuantas fotos pueda en los alrededores, de toda la gente que salga y entre en el edificio.

Claro. Encargárlo a un agente, que acompañe al periodista. El te hará las fotos.

Bien.

Tras dejar a Marina en un taxi, Derque recupero su personalidad y regresó caminando al apartamento. Se sentó frente el televisor, se sirvió una copa de ron, disponiéndose a escuchar las últimas noticias del día. Al final, a punto de acabar el noticiario, la locutora comenzó a decir:

Según las ultimas informaciones que esta emisora ha podido saber, se ha detenido a un sospechoso de los supuestos asesinatos cometidos en unas oficinas situadas junto a la calle Orense de Madrid. Dicho sospechoso fue detenido fortuitamente por la Guardia Civil cuando el vehículo que conducía comenzó a soltar humo por la parte trasera. Los agentes al inspeccionar el vehículo, encontraron las armas con las que al parecer fueron asesinados las tres personas en las citadas oficinas. Estos hechos han sido corroborados por el inspector Dobles afecto a la comisaría que dirige Roberto Hernán Carrillo, quien también investiga los asesinatos de Nereo Lasso y su esposa Mayra Corona. Cambiamos de tema. El dirigente político retenido en la aduana de la terminal internacional del aeropuerto de Barajas, ha declarado que su viaje a Colombia, obedecía a…

Cerró la emisión y volvió a recorrer mentalmente los pasos que debía dar. Acabó la copa y se fue a la cama con la decisión tomada.

© Anxo do Rego. Todos los derechos reservados.

>> Leer capítulos anteriores

Artículo anteriorRevisar no es corregir: planos y niveles del texto
Artículo siguienteTxema Arinas: escribir para incomodar
Narrador. Fundador, director y editor de la extinta editorial PG Ediciones. Actualmente asesora y colabora en las editoriales: Editorial Skytale y Aldo Ediciones, del Grupo Editorial Regina Exlibris. Director y redactor del diario cultural Hojas Sueltas. Fundador en 2014 de una de las primeras revistas digitales del género negro y policial «Solo Novela Negra». Participa en numerosas instituciones culturales. Su narrativa se sustenta principalmente en la novela policíaca con dieciséis títulos del comisario del CNP, Roberto H.C. como protagonista, aunque realiza incursiones en otros géneros literarios, tales como la ficción histórica, ciencia ficción, suspense y sentimentales. Mantiene su creatividad literaria con novelas, relatos, artículos, reseñas literarias y ensayos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí