Doble «D» – Capítulo 7

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Durante tres días Derque estuvo pendiente de la información, que el chip incorporado al teléfono de Curtis podía proporcionarle. Le facilitó numerosas referencias traducidas en coordenadas. Tres llamadas correspondían a una dirección en Madrid cercana al Estadio Bernabeu. Cinco a diferentes situaciones en provincias, posiblemente agentes destacados en alguna misión informativa. Las comprobó más tarde. Y dos llamadas posiblemente más importantes. Una, nada más recuperarse del susto que le produjo en el coche. Otra, al tercer día y coincidentes con las realizadas segundos después de ésta, a la misma dirección del apartamento donde vivía Marina.

Lo tenía claro. Ella parecía pertenecer a un grupo operativo encargado de buscarle, las coordenadas marcaban indefectiblemente el domicilio donde la acompañó la noche en que cenaron juntos. Las llamadas que Curtis realizó previamente obedecían a contactos realizados con los números Uno y Dos de la Agencia. Los bucles así lo hacían prever. De nuevo viajaban a diversas ciudades, al final la secuencia terminaba en Los Molinos. Comprobó los datos, metió las coordenadas en la agenda para su posterior utilización, y comenzó a trazar el plan que le llevaría ante los números Uno y Dos. Antes sin embargo, quiso cerciorarse de sus sospechas. A primera hora de la mañana se dispuso a vigilar las entradas y salidas del edificio donde vivía Marina. Pegado a un Supermercado encontró el lugar idóneo para vigilar. Un pequeño bar provisto de banquetas. Se sentó, pidió un café y sacó la cámara fotográfica.

Perdone —dijo al camarero— soy detective privado. Le importa que haga mi trabajo desde aquí.

No señor, en absoluto.

Gracias.

No había conocido nunca a un detective privado.

Gracias de nuevo. Sabe, llevo un asunto de faldas. Ya me entiende.

Claro.

Su ayuda será buena para mi.

Lo que sea.

Derque aprovecho que algún hombre abría la puerta y pasaba dentro del edificio para hacer alguna foto. Sin embargo solo esperaba, que apareciera Marina acompañada por algún compañero o compañera. No tuvo suerte durante las dos primeras horas, aunque disparó numerosas instantáneas apoyando la cobertura mencionada al camarero. Marina salió acompañada por dos mujeres jóvenes y un hombre con un casco de moto en la mano. Sacó más de veinte instantáneas en un momento. Primero juntos y luego aprovechando el zoom, tratando de averiguar si aquel hombre era el mismo que intentó matarle días atrás. Tal vez observando la foto en el programa, lograría confrontar la figura con la del motorista que permanecía indeleble en su cerebro.

Los cuatro se saludaron y tomaron diferentes direcciones. Marina se acercó hacia donde él se encontraba. Temiendo pudiera descubrirle, optó por esperar para eludirla metiendose en el cuarto de baño. No entró, pasó de largo. La vio doblar la esquina y avanzar posiblemente buscando una parada de autobús. Pagó las consumiciones y dejó una buena propina al camarero, luego le pidió no comentar nada, que volvería para agradecérselo. Corrió para no perder la figura de Marina. Enfundada en un pantalón negro y una chaqueta corta de igual color. Cruzaba por el paso de peatones hacia la acera de los impares del paseo de la Castellana en dirección a una parada de bus. Siguió corriendo, atravesó la calzada con el semáforo recién abierto a los vehículos. Desde el lateral de la avenida paró un taxi, se introdujo en la parte posterior, y una vez sentado aprovecho para decirle al conductor debían seguir a una persona.

Esperó a que Marina subiera al autobús, para decir al taxista lo siguiera sin pasarlo. Así fueron bajando la avenida hasta llegar a la plaza de Colón. En la parada cercana al Museo de Cera, ella bajó por la puerta central. Miró a ambos lados de la acera sin percatarse de Derque, que bajaba en ese momento del taxi con la cámara en ristre. Bajó por el paseo central dejando a un lado el cenador de El Espejo, para afrontar posteriormente el cruce de la calle Bárbara de Braganza. La vio entrar en el Café Gijón. Se mantuvo disparando la cámara hasta que un hombre mayor fue al encuentro de Marina. Ambos permanecieron sentados hablando durante más de quince minutos frente a una mesa y dos tazas de café. El sacó diferentes cartulinas que la ofreció, las miraba para posteriormente negar con la cabeza. Después el hombre salio dejándola sola. Le sacó más de quince fotos antes de que se metiera en un Volvo aparcado, y de igual color que el del jefe de operaciones Curtis. También le sacó fotos, cuando comenzó a circular en dirección a la plaza de Cibeles.

Ella no salio del establecimiento, permaneció sentada durante un buen rato, el necesario para tomarse otra taza de café. Cuando vio que se levantaba iniciando el camino hacia la salida, Derque retrocedió unos pasos y trazó sobre la marcha, un plan de encuentro fortuito. Corrió paseo arriba y comenzó a disparar fotos sobre los edificios y plantas que en aquel momento un equipo de hombres colocaba arrodillados sobre el verde césped. Se paró frente a la puerta del Café Gijón y siguió sacando fotos. En ese momento salio Marina quien se quedó mirándole sorprendida.

Bueno, pero si es la hermosa Marina. ¿Que hace por aquí a estas horas?

¿Y tu?

Fotos. Lo mío son las fotos. Vengo de la Plaza de Santa Bárbara y me dirijo a la de Atocha.

Yo acabo de tomarme un café. Me gusta este sitio.

Eso es estupendo, tiene un buen frontal, precisamente estaba sacando unas fotos cuando te he visto por el objetivo.

Ya es coincidencia.

Si que lo es.

¿Qué te ocurre?

Te veo un poco triste.

Nada, no tengo un buen día.

¿Puedo ayudarte?

¿En que?

No se, tal vez en eliminar el motivo de esa cara de tristeza.

Es posible. ¿Qué tienes que hacer?

Seguir haciendo fotos. Necesito presentar un paquete de ellas sobre Madrid. Me lo ha pedido un periódico. ¿Por qué lo preguntas?

A lo mejor podíamos pasear juntos, incluso almorzar.

De cuerdo, pero necesito hacer mi recorrido. Si no te importa.

Claro. Mientras podamos hablar.

Por supuesto

Caminaron, a lo largo del paseo de Recoletos hasta la Plaza de la Cibeles. Derque mientras tanto, se mantuvo fotografiando cuantos rincones y gente encontraba. Luego avanzaron hasta el edificio del Banco de España y cruzaron al paseo central del Prado, para desde allí dejar constancia del Palacio de Comunicaciones y del Cuartel General de la Armada, la Bolsa de Madrid, y el Museo Thyssen, hasta alcanzar la plaza de Neptuno. Al terminar el supuesto recorrido previsto, recogió la Nikon, la metió en la bolsa y tomando la mano de Marina, le dijo:

Ahora dime que te ocurre.

Nada y mucho.

Conceptúa por favor. Así no puedo entenderte y aún menos ayudar a que cambies esa cara y sentimiento de tristeza.

Nada, supongo que estaré confundida, al menos eso espero. Y mucho, porque de ser así sería terrible, ya que me obligaría a hacer algo que no deseo.

Discúlpame, pero aun sigo sin entenderte.

Tal vez sea mejor así. Pero debo preguntarte algo muy importante para mi.

Tiene algo que ver con ese “nada y mucho”.

Es posible.

Adelante entonces, si eso te ayuda.

Me dijiste que tus padres y hermano viven en Tenerife, ¿verdad?

Claro, ¿pero que tienen que ver contigo?

¿No tendrás unas fotos de ellos aquí verdad?

Aquí mismo no. No suelo llevarlos en la cartera, como mucha gente, pero esta tarde o tal vez mañana podré traerte un par de ellas. Me traje alguna de Santa Cruz, pero las tengo en casa. Pero, dime por favor, a que viene esto.

Debo decirte algo.

No soy la persona que crees.

Disculpa, yo no creo nada. Solo que me recordaste a alguien, me gustaste nada más verte y me encuentro bien contigo. Es como si te conociera de toda la vida. Solo se lo que me has dicho, no he elucubrado nada sobre ti.

Perdona. No se como empezar a contarte.

No lo hagas, no te encuentres obligada. Acabo de decirte que no he elucubrado sobre ti.

Entonces lo haré después de que me enseñes las fotos de tu familia. ¿Te parece bien?

Perfecto, y ahora dejarás que te haga una buena colección de fotos.

Como quieras, pero antes me gustaría que me abrazaras, necesito sentirme así. Estoy vacía de cariño ¿puedes hacerlo?

Claro ahora mismo y con el mismo deseo que tu.

Tras el abrazo en el inicio de la Cuesta Moyano, ambos jóvenes caminaron con las manos enlazadas. Observaron tanto a la subida como a la bajada, los innumerables puestos de libros nuevos, antiguos y usados. Continuaron paseando dentro del Jardín Botánico. Más tarde tomaron unas cervezas en La Dolores y terminaron almorzando junto a la Plaza de Isabel II.

Debo dejarte, Marina. Esta tarde no tengo más remedio que preparar el book de las fotos que hice esta mañana para entregarlas a eso de las ocho de la tarde. ¿Te importa?

Claro que no, pero tienes que prometerme que mañana me enseñarás las de tu familia. ¿Lo harás?

Por supuesto. Si quieres podemos vernos en el Café Gijón como esta mañana.

Estupendo. O quizás…,bueno, está bien. Mañana en el Café Gijón a las diez de la mañana.

Derque abrazó y besó repetidamente a Marina, que comenzó a dejar caer dos perlas de sus verdes ojos. Luego miró como él comenzó a bajar las escaleras de la estación de Opera del Metro. Ella tomó un taxi y fue al encuentro de su Jefa de Grupo, Julia. El nada más llegar se dispuso a manipular una serie de instantáneas, se incluyó en tres de ellas y después de analizar la fusión de píxeles, comenzó a eliminar las impurezas. Tras tres horas de intenso trabajo, logró cuatro copias casi perfectas. Las mismas que entregaría por la mañana a Marina.

Sabía, o mejor intuía, que la Agencia estaba muy cerca de él. Que pese a su esfuerzo por ocultar su tercera o cuarta personalidad, darían con él. Aún tenía tiempo para localizar a los números Uno y Dos. Ni más remedio que olvidarse de Marina por un par de días. Sin embargo no pudo olvidar la mirada de tristeza que encontró por la mañana, y las sensaciones tan extrañas que advirtió.

Al día siguiente desayunaron juntos. Le hizo entrega de las cuatro fotos manipuladas y toscamente dañadas y tras disculparse, pues debía recoger y entregar trabajos para el periódico, se dejó llevar unos minutos como persona, no como agente. Durante en corto espacio de tiempo que rozó la hora, se mantuvieron conversando. Al acabar comenzó a acariciar repetidamente el rostro de Marina, que no cesó de regalarle sonrisas, regadas por cortas aunque continúas lágrimas. Las besó alcanzando su salado sabor y después de transmutarlas, las volvió a depositar en sus labios. No habría terminado nunca de besarla, sin embargo, volvió a ser agente, y sobre todo responsable de su propia vida. Debía lograr el fin que se propuso. Se despidió, recogió la cámara y salió sin volver la mirada. Ella quedó llorando y mirando una y otra vez las fotos entregadas por Derque. Volverían a verse a las dos de la tarde, tal y como establecieron.

Recogió el coche y enfiló hacia Guadarrama, tras cruzar la población giró a la derecha para entrar en la M-614. Encendió el ordenador y conectó el GPS después de aplicar las coordenadas anotadas en su agenda. Condujo despacio. A medida que se adentraba en la carretera su mente inesperadamente advirtió y asumió aromas olvidados hasta entonces. Incluso algunas edificaciones le recordaban algo que sospechaba desde hacia tiempo. A su izquierda y alejado de la carretera, vio un edificio que le era familiar. Buscó un espacio para aparcar, sacó la cámara de fotos y disparó una serie de instantáneas. Más tarde al llegar a casa, corroboraría que estuvo en aquel edificio. Siguió conduciendo hasta acercarse al edificio marcado en el plano, que parpadeante señalaba encontrarse a menos de 300 metros.

Aparcó el coche y tras situarse físicamente en las calles, comenzó a caminar hacia la sede central de la Agencia “GH & Asociados”. Era un edificio de tres plantas totalmente ocupadas por una aparente agencia inmobiliaria denominada Api Noroeste. La puerta de cristal estaba cubierta con numerosos anuncios, similares a los fijados en los ventanales que a ambos lados la custodiaban. Dentro, dos mesas con sendas pantallas de ordenador ocupadas por dos jóvenes y elegantes mujeres. En un costado del edificio aparecía una puerta metálica con cerradura de seguridad, y pocos metros al norte, otra más grande e igualmente metálica, ocultaba posiblemente la entrada al garaje. Recorrió todo el perímetro del edificio, miró arriba y comprobó la existencia de cámaras de 360º situadas estratégicamente, bajo los salientes del tejado junto a los canalones de bajada de aguas. Junto a ellas unas potentes lámparas de infrarrojos. Los cristales de las ventanas parecían reforzados y en el tejado, entre numerosas antenas captadoras de emisiones televisivas, vía terrestre y satélite, dos de amplia banda de radio, que al ciudadano de a pie se le antojarían de televisión.

Salio de la zona y buscó un punto de observación tanto de ambas puertas, como del garaje. Debía encontrar la forma de entrar. Así se mantuvo durante unos minutos, sin apenas moverse. Sobre las doce de la mañana, las dos agentes de la inmobiliaria regresaron a la oficina, y minutos después alguien a quien reconoció, salió del garaje conduciendo el mismo modelo de Volvo que llevaba el hombre que se entrevistó con Marina en el Café Gijón. Tras de él salió otro vehículo de la misma marca cuya matricula solo difería en el ultimo digito. A su volante otro hombre de similar edad. Les hizo cuantas fotos pudo hasta perderles de vista. Después llamó al timbre y entró.

Quiero localizar un chalet o un piso amplio en la zona. Mis padres y yo queremos venirnos a vivir aquí. ¿Pueden ayudarme a encontrar algo?

Claro señor, para eso estamos aquí. Le ayudaremos cuanto podamos.

Muy bien.

Dígamos de que cifra máxima podemos fijarnos.

Eso depende de la situación y los metros de parcela que puedan tener. Primero veré los pisos, y después los chalets. Si no les importa.

En absoluto.

Por cierto, ¿podría pasar al cuarto de baño?

Claro, señor, pase por aquella puerta —dijo señalando una al fondo de la oficina— encontrará una puerta que da a una escalera, pásela y la segunda puerta es el baño.

Gracias, son muy amables.

Derque atravesó la puerta, abrió la correspondiente a la escalera fijándose que tanto subía como bajaba al menos dos plantas de sótano. Luego la siguiente y la opuesta, que no cedió en su intento de abrirla y por ultimo la del baño. La abrió, entró y dejó correr el agua del grifo. Abrió una rendija y observó la situación de las posibles cámaras de observación. Entro de nuevo, tiro de la cisterna y encendió el secador de manos por aire caliente. Antes de abrir la puerta de la oficina, intentó abrir otra con una singular cerradura de seguridad que conocía.

Perdón, me he despistado con tanta puerta —dijo nada más volver a la oficina.

No importa. Ya tenemos algunas cosas para enseñarle. Dentro de la población tenemos dos viviendas amplias. Podemos visitarlas si le apetece.

Claro. No les importará que haga unas fotos, así podré mostrárselas a mi familia —dijo sacando una pequeña cámara digital plateada.

No es preciso señor …

Cuellar, Alfonso Cuellar.

Como decía, no es preciso señor Cuellar, tenemos una pagina Web, donde puede ver cada uno de nuestros pisos y chalets recomendados.

Perfecto. Bien, de todas formas me gustaría verlos personalmente.

No hay inconveniente. Yo le acompañaré.

Media hora más tarde estaba de regreso, tras ver los dos pisos. Después de dejar una dirección falsa y prometer que volvería otro día para ver los chalets, recogió una tarjeta con los teléfonos, dirección, donde se incluían los datos de la página Web. Se cruzó con el hombre del Café Gijón cuando salía en busca de su coche. Ambos se quedaron mirando mientras una de las señoritas le decía.

Adiós, señor Cuellar, vuelva pronto a visitarnos, le tendremos preparada la visita a los chalets.

Claro, en un par de días. En cuando mi familia vea los pisos que me enseñaron. Muchas gracias.

Adiós.

Nada más cerrar la puerta preguntó.

¿Quien era ese?

Un cliente. Busca un buen piso o chalet en la zona. Le hemos enseñado dos pisos.

¿Ha pasado dentro de la oficina?

Si. Tenia necesidad de entrar al cuarto de baño.

Estúpida. ¿Sabes quien se supone que es ese hombre?

No señor. No lo se.

Si no me equivoco es Diego aunque sin barba. El equipo de Julia lo está buscando en Madrid y tu le dejas entrar en la oficina. ¿ o has visto las fotos?

No, he creído que era un cliente de verdad.

A partir de ahora reforzaré la vigilancia las 24 horas del día. Os pondré un par de agentes de refuerzo dentro y otros dos fuera.

Si señor. Lo siento.

No lo sientas, aprovecha el cien por cien de lo que te hemos enseñado y no vuelvas a fallar.

Si señor.

José Hernández Valiño, atravesó la misma puerta que minutos antes atravesara Derque, metió la llave en la cerradura de seguridad, abrió y cerró inmediatamente. Una luz azul se encendió mientras marcaba sobre una pantalla una clave alfanumérica de cuatro letras y cuatro dígitos. Después de recibir la conformidad, acercó su ojo derecho a la pantalla que escaneó su iris. Seguidamente la puerta metálica se abrió dejándolo pasar. Una vez dentro.

Curtis, soy JH. Supongo que no sabes el error que has cometido ¿verdad?

De que me estas hablando.

Acabo de cruzarme con Diego. Ha estado aquí en la central.

¿Como es posible?

Has tenido un encuentro con él. Estoy seguro.

Pero JH, ¿como puedes pensar algo así?

Muy fácil, ha debido colocarte un localizador en tu teléfono, y por él nos ha encontrado. No tiene otra forma.

Lo cierto es que me sorprendió el otro día cuando salía de “mi central”.

Y lo dices ahora. Estás acabado Curtis. Me oyes, acabado. Pásame un informe de cuanto ocurrió con él inmediatamente.

Pero JH, como puedes decirme eso. Tengo a cinco grupos buscándole por Madrid, y según tengo entendido una de las agentes de Julia, ha podido localizarle.

¿Quien Marina?

Si. Ella precisamente. Aunque dice que es posible no sea él. Tiene dudas, precisamente le ha pedido unas fotos con su familia que dice tener en Tenerife.

Ya. Entonces es que tiene un sosia ese… ¿Cómo dice llamarse?

Derque Abrante. Es fotógrafo.

Ocúpate de él, me lo debes. Borra el fallo y descubre si es o no Diego, de lo contrario…

Entendido JH, entendido.

Nada más colgar a JH, Curtis marcó el número de Julia.

Que ocurre. Habíamos quedado en llamarnos esta tarde, cuando Marina trajera las fotos del guanche. Ha quedado a comer con él.

¿Estáis seguras?

Eso me dijo anoche. Estaría en situación de búsqueda hasta las 14:00 horas en que se citó con el. Pasaría toda la tarde juntos y a eso de las ocho volvería para cambiarse de ropa, dejar las fotos e irse a cenar.

Pasa algo ¿verdad?

De momento no, si todo se cumple como has dicho.

Haz el favor de llamar a Marina y comprobar si está con el.

Está bien lo haré ahora mismo.

Luego llámame.

Derque condujo por encima de los límites de velocidad marcados, dejó el coche en el primer hueco que encontró, sacó la cámara de la bolsa, y con ella en la mano elevada, hizo ademán de parar un taxi. Entró al establecimiento cinco minutos después de que lo hiciera Marina y segundos antes de que Julia la llamara. Nada más besarla el teléfono comenzó a sonar.

Disculpa —pidió a Derque.

Claro, adelante.

Si, dígame.

Marina, soy Julia. ¿Está contigo el guanche?

Claro. Llevamos toda la mañana juntos. Ahora tomando un aperitivo y charlando. Después almorzaremos —mintió.

Puedes pasarme con él.

Supongo que también él querrá hablar contigo.

Tu pásale el teléfono y déjate de monsergas.

Toma —dijo a Derque— mi amiga Julia quiere hablar contigo.

¿Si?

Hola Derque, soy Julia, amiga íntima de Marina.

¡Ah¡ que bien. Ya tenia ganas de conocerte, bueno al menos de escucharte.

¿Qué tal te va la vida como fotógrafo?

Bueno, voy tirando, a punto de lograr un trabajo.

Ya veo que tenéis tiempo para vuestro … bueno, para vosotros.

Si de momento si. En cuanto tengo un momento libre prefiero estar con ella.

Oye, ten cuidado con Marina, es una buena chica, no se te ocurra tomarla el pelo, o te las verás conmigo.

Tranquila. Me gusta y no la haré nada que no quisiera me hicieran a mi.

Eso es estupendo. Pásame con ella por favor. Me alegra haber hablado contigo.

A mi también. Te paso.

Toma, Julia quiere hablar de nuevo contigo.

Si. Esta bien. Ya hablaremos esta noche, no le dejes ni un solo momento. No se te ocurra venir a cambiarte de ropa. Ve a cenar y tomar una copa pero no vengas más tarde de las 12, tenemos que hablar, acabo de colgar a Curtis y está algo enfadado.

Claro Julia, no te preocupes, le diré a Derque que esta noche me deje antes.

Julia cortó la comunicación con Marina y llamó inmediatamente a Curtis.

Tranquilo Curtis, Derque no es Diego. Ha estado toda la mañana con el. Comerán juntos y no le ha dejará un minuto hasta esta noche. Es imposible que ese hombre tenga el don de la oblicuidad.

Me dejas más tranquilo. Lo comunicaré a Uno. Gracias Julia.

Los dos jóvenes se miraron para después abrazarse y besarse repetidamente¿Como te ha ido la gestión? Ya puedes decirme que bien, acabo de mentir por ti.

Bien, difícil, pero bien. Y a ti, ya veo que tu amiga te tiene controlada.

Si. Esta noche deberás dejarme antes de las doce. Creo que hay algo importante que al parecer debe decifre.

Vale. No nos demoraremos más de lo preciso. Te dejaré allí, antes de esa hora.

No Derque, me dejaras a las once y media donde estemos y yo me iré en un taxi.

Pero antes deberíamos ir a mi casa, he dicho a mis amigos que vengan tarde.

No. No quiero ir a tu casa. De momento no.

¿Pero?

No. He dicho que no iré. Es más, no quiero saber siquiera la dirección. Así que por favor, no se te ocurra decírmelo. ¿Has entendido bien?

Vale, vale, no te pongas así. Ya iremos un fin de semana a León.

Eso está mejor.

Ahora disfrutemos de nuestro tiempo, se está acabando. Mañana y pasado estaré muy ocupado. No podremos vernos.

¿Tendrás cuidado verdad?

Siempre lo tengo. Pero, ¿a que viene esa inquietud?

A nada Derque, a nada.

Cerca de las nueve y media, cambiaron el Cenador de El Espejo, por la mesa de un restaurante. Luego buscaron un lugar tranquilo donde tomar una copa ,y como habían previsto, ella tomó un taxi y el hizo lo propio hasta donde tenia el coche aparcado después de verla alejarse.

Marina nada más abrir la puerta del apartamento.

¿Qué ocurre? —pregunto a Julia nada más entrar en el apartamento.

Como te dije antes, hablé con Curtis, parece que ha tenido una llamada del numero Uno, diciendo que Diego ha estado en la Agencia esta mañana. Al menos se parecía mucho.

Pero eso no es posible. Tu misma has hablado con el esta misma tarde.

Lo se, y así se lo he hecho saber a Curtis.

Y las fotos. ¿Se las has mandado?

Claro.

¿Que ha dicho?

Que son verdaderas. No hay manipulación aparente.

Entonces quien ha estado en la Agencia desde luego no es Derque, sino Diego, o alguien que se le parece. También a mi lo pareció cuando le vi por primera vez. Es una sospecha grave, si no fuera porque yo estuve con el y tu hablaste a través de mi teléfono.

Desde luego. Es más, Curtis nos ha pedido un esfuerzo mayor en la búsqueda de Diego. Por lo que deberás olvidarte de tu amor por unos días.

Que se le va a hacer. Además Derque se va fuera también, creo que a Sevilla, tiene el encargo de un periódico.

Bien, mejor que mejor. Así si vuelve a aparecer sabremos que no es Derque.

Me alegra saberlo.

Bien, mañana irás con refuerzo de un par de agentes enviados por Curtis. Yo debo verle a primera hora de la mañana para comprobar unos puntos. Nos veremos a última hora.

De acuerdo Julia. Ahora quiero acostarme estoy cansada de tanto caminar y hacer de cámara fotográfica por si encuentro entre la gente a Diego. A veces Derque se mosquea cuando ve que me fijo tanto en otros hombres.

Que ocurre, ¿es celoso?

No, pero supongo que tú también te enojarías si tu amigo fuera fijándose en otras mujeres.

Tienes razón. Pon más cuidado la próxima vez.

Lo haré. Bueno hasta mañana Julia.

Adiós, descansa.

Derque extrajo las fotografías y trazó un hipotético plano del edificio. Sin duda estaría lleno de trampas, por lo que dudó en la posibilidad de poder entrar y enfrentarse a su pasado. Dió un respingo cuando sacó el rostro del conductor del segundo coche. Su cara, aunque avejentada, era muy conocida. En principio no supo identificarle, luego cerró los ojos, puso en funcionamiento el apartado de recuerdos de su cerebro y descubrió de quien se trataba. El, con otro hombre fue quien le secuestró de su vida, quien le arrancó de sus padres, quien eliminó su niñez, pubertad y juventud. Evitaron que viviera como cualquier niño de su edad. Fijó mentalmente su rostro y se dispuso a trazar el plan definitivo. Por la mañana volvería a la oficina de Curtis, en la calle Raimundo Fernández Villaverde.

Descansó unas horas después de permanecer otras frente a la pantalla del ordenador. A estas horas habrá descubierto quien le puso el localizador en el teléfono —se dijo entre dientes— . No importa —respondió— mañana acabará el primer paso. Tendré cuidado.

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© Anxo do Rego. Todos los derechos reservados.

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Narrador. Fundador, director y editor de la extinta editorial PG Ediciones. Actualmente asesora y colabora en las editoriales: Editorial Skytale y Aldo Ediciones, del Grupo Editorial Regina Exlibris. Director y redactor del diario cultural Hojas Sueltas. Fundador en 2014 de una de las primeras revistas digitales del género negro y policial «Solo Novela Negra». Participa en numerosas instituciones culturales. Su narrativa se sustenta principalmente en la novela policíaca con dieciséis títulos del comisario del CNP, Roberto H.C. como protagonista, aunque realiza incursiones en otros géneros literarios, tales como la ficción histórica, ciencia ficción, suspense y sentimentales. Mantiene su creatividad literaria con novelas, relatos, artículos, reseñas literarias y ensayos.

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