La fiesta del fin del mundo, de Natalia Castro Picón

0
171

Aquí el ensayo se toma en serio una evidencia contemporánea: vivimos rodeados de relatos de colapso, y esos relatos no son un decorado, sino una forma de política cultural. El acierto de Castro Picón es tratar el “apocalipsis” como imaginario operativo, no como metáfora vaga. Es decir: indaga qué hace esa retórica en nosotros, cómo organiza expectativas, miedos, consumo cultural y hasta maneras de discutir. Su escritura trabaja por montaje: fragmentos, cruces de referencias, conexiones entre cultura popular y discurso social. Ese procedimiento —si está bien resuelto— produce una verdad propia del ensayo moderno: no la linealidad demostrativa, sino la constelación (las piezas se iluminan entre sí). Lo interesante es que, cuando el libro funciona, lo hace porque el estilo no se limita a adornar: es la forma de pensamiento.
En esa línea, puede leerse en diálogo con una tradición española de crítica cultural que mira lo cotidiano como síntoma: de Vázquez Montalbán (la cultura como campo de batalla) a ciertos análisis contemporáneos que entienden la estética como política sin convertirlo en consigna.

Por qué: porque explica por qué el “fin del mundo” es, muchas veces, una economía del deseo y del miedo, y porque da herramientas para leer la cultura reciente sin paternalismo.

© Valentin Castro

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí