El desayuno de los no elegidos

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Daniel S. Lardon: Diario de un eterno finalista

Hoy he desayunado con un café amargo y una noticia aún peor. He leído, por casualidad, que un certamen literario —de esos que no suelo frecuentar porque piden más fe que talento— ha sido ganado por una autora debutante “con una voz fresca y madura a la vez”, según el jurado. Me ha picado la curiosidad. He seguido el enlace. He leído el texto. Era mío.

O mejor dicho: fue mío. Lo escribí hace seis meses por encargo. Una novela breve, con aires rurales y final circular. Me pagaron poco, sin derechos. Como siempre. Y ahí estaba, firmada con otro nombre, sonriendo en la foto de ganadora.

He mirado la taza de mi primer café como si esperase una explicación, parecía juzgarme.

La autora —Marisa C., según la nota de prensa— agradecía a su gato, a sus talleres de escritura y al viento del norte. Nadie agradece a su negro literario, por supuesto. ¿A quién se le ocurre agradecer a un desconocido que simplemente hizo su trabajo? No siento rabia. O no del todo. Es más una mezcla agria de resignación y lucidez. Lo que duele no es el premio. Es que nadie sepa que aún escribo con las tripas. Que mis palabras viven mejor sin mí.

A media mañana, Clara me ha llamado.

¿Lo has visto? —ha preguntado, sin rodeos.

Sí —he respondido, mirando por la ventana, como si eso cambiara algo.

¿Te molesta si te invito a un desayuno de desagravio? Croissants calientes y café sin pretensiones.

He dicho que sí. Porque con ella los silencios no se disfrazan, y el café sabe menos a derrota.

Nos hemos encontrado en la cafetería de siempre, esa que tiene las tazas desportilladas y periódicos de hace días. Clara ha pedido su café con leche templado, como siempre. Yo, el habitual solo sin azúcar. Ella me ha mirado como se mira a alguien que insiste en esconderse.

Podrías haberlo firmado tú. El premio era tuyo.

O de nadie —he dicho—. Las palabras no reclaman dueño. Yo las vendí. A cambio de luz y calefacción.

No deberías tener que elegir entre escribir y calentar tu casa.

He sonreído, o lo he intentado. Clara siempre encuentra la frase justa, la que no es piadosa pero tampoco cruel. Me gusta eso. Hemos hablado un rato más. De cosas menores: libros atrasados, películas que ninguno vio, proyectos que duermen en cajones. Cuando nos despedimos, ella me ha tocado el brazo. Un gesto breve, casi accidental. Pero no lo ha sido.

Al volver a casa, he abierto el archivo del nuevo encargo. Otra historia romántica, esta vez entre un violinista ciego y una arquitecta sin sentido del humor. Que tenga tensión sexual desde el capítulo uno, pide el cliente. Claro. Y que llueva sólo cuando convenga a la trama. He escrito tres líneas y me he detenido. Hoy no me salen. Demasiada ironía en el aire. O demasiada verdad.

He abierto la libreta donde escribí Darlingtonia. No tiene destino, ni encargo, ni promesa. Solo es mía. En una página en blanco he escrito:

Los autores invisibles también desayunan. Aunque nadie los invite.”

Por la tarde, Clara me ha escrito:
“He pensado en ti toda la tarde. No por lo del premio. Por cómo lo llevas. ¿Te apetece otro café mañana?”

He dudado. No por ella, sino por mí. Pero he respondido:
“A la misma hora. Esta vez invito yo. Con babás al ron, si las encuentro.”

Ha contestado con un emoji de copa de vino y uno de esos puntos suspensivos que dicen más de lo que muestran.

Por la noche, mientras me servía una copa de lo que queda del Pedro Ximénez de Nochevieja, he recordado una frase que escribí hace años y que nadie ha leído:

El éxito es una máscara prestada. Lo único verdadero es el gesto de escribir cuando nadie mira.”

Clara me está mirando. A su manera. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, no quiero esconderme.

© Anxo do Rego. Todos los derechos reservados.

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Narrador. Fundador, director y editor de la extinta editorial PG Ediciones. Actualmente asesora y colabora en las editoriales: Editorial Skytale y Aldo Ediciones, del Grupo Editorial Regina Exlibris. Director y redactor del diario cultural Hojas Sueltas. Fundador en 2014 de una de las primeras revistas digitales del género negro y policial «Solo Novela Negra». Participa en numerosas instituciones culturales. Su narrativa se sustenta principalmente en la novela policíaca con dieciséis títulos del comisario del CNP, Roberto H.C. como protagonista, aunque realiza incursiones en otros géneros literarios, tales como la ficción histórica, ciencia ficción, suspense y sentimentales. Mantiene su creatividad literaria con novelas, relatos, artículos, reseñas literarias y ensayos.

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