Lectura insólita de El Capital, de Raúl Guerra Garrido

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Una relectura crítica de Marx desde la trinchera de la novela española de la Transición

Motivo del rescate

Entre los pliegues menos frecuentados de la narrativa española de los años setenta, Lectura insólita de El Capital (1976) de Raúl Guerra Garrido emerge como una obra singular, arriesgada y lúcida, que bien merece una relectura atenta en nuestro presente. Esta novela ensayística, difícilmente clasificable, representa un momento de inflexión en el trayecto intelectual de su autor, y ofrece una mirada crítica, irónica y profundamente política sobre la recepción del pensamiento marxista en una España en plena transición entre dictadura y democracia.

Poco citada en los estudios generales sobre la narrativa de la época, y a menudo eclipsada por títulos más conocidos del propio Guerra Garrido, como Cacereño (1970) o El año del wólfram (1984), esta Lectura insólita es, sin embargo, una pieza imprescindible para comprender el cruce entre ideología, literatura y compromiso en la narrativa española del siglo XX. Su rescate no es solo un gesto de justicia bibliográfica, sino también una invitación a repensar, desde la literatura, el lugar que ocupa Marx en el imaginario español contemporáneo.

Lectura insólita de El Capital fue publicada por Editorial Planeta en 1976, el mismo año en que se celebraron las primeras elecciones generales democráticas en España desde 1936. La obra está firmada por Raúl Guerra Garrido (Madrid, 1935 – San Sebastián, 2022), farmacéutico de formación y escritor de trayectoria extensa y diversa, cuya producción narrativa combina el compromiso político con una voluntad de experimentación formal. El título ha sido erróneamente atribuido en algunas fuentes a Juan Goytisolo, probablemente por afinidades temáticas o ideológicas, pero no figura en ninguno de sus repertorios bibliográficos. La confusión, aunque comprensible, se disipa fácilmente consultando registros oficiales como el catálogo de la Biblioteca Nacional de España, bases de datos editoriales y estudios sobre la obra de Guerra Garrido.

Por tanto, podemos afirmar con total seguridad que Lectura insólita de El Capital es obra original y exclusiva de Raúl Guerra Garrido, quien la concibe como una novela satírica y crítica, pero también como una herramienta de reflexión política y cultural.

Una de las mayores dificultades (y al mismo tiempo una de las virtudes) de esta obra reside en su carácter híbrido. Formalmente, se presenta como una novela, pero en su estructura y tono se aproxima al ensayo ideológico, con momentos de ironía panfletaria y otros de reflexión filosófica. El protagonista, un farmacéutico de provincias, decide leer El Capital de Karl Marx en su tiempo libre. A partir de esta premisa aparentemente sencilla, Guerra Garrido construye una trama en la que se mezcla la vida cotidiana del lector con sus reacciones ante los pasajes del texto marxista, generando una especie de diálogo imposible entre Marx y el individuo contemporáneo. La elección del protagonista no es casual: el farmacéutico representa al profesional liberal de clase media que, alejado de los centros de decisión política, se ve interpelado por las promesas de transformación social. A través de él, el autor despliega una crítica irónica —y a veces despiadada— de las ideologías, los dogmas políticos y la distancia entre teoría y praxis. La novela se inscribe, por tanto, dentro de una corriente meta-literaria y meta-política, donde el gesto de leer se convierte en un acto de confrontación con la historia, con la ideología y con uno mismo. No se trata de una apología de Marx, ni mucho menos de una lectura ortodoxa de su obra, sino de un intento de pensar el lugar del pensamiento marxista en una sociedad que comienza a sacudirse los escombros del franquismo.

En el contexto de la España de mediados de los años setenta, marcada por el fin de la dictadura y el inicio incierto de la democracia, Lectura insólita de El Capital aparece como una intervención audaz. No es una novela “marxista” ni un texto militante. Es más bien una reflexión crítica sobre la apropiación superficial, casi folklórica, de las ideas revolucionarias por parte de una izquierda que comenzaba a institucionalizarse. Guerra Garrido observa con escepticismo —pero también con humor— cómo el pensamiento marxista se convierte en una suerte de nuevo catecismo, más recitado que comprendido. Su protagonista se adentra en la lectura de Marx con la voluntad sincera de comprender, pero también con una conciencia irónica de sus propias limitaciones. En este proceso, el texto marxiano se convierte en un espejo que refleja tanto las contradicciones del lector como las de una sociedad española en plena transformación. La figura del lector se convierte, así, en símbolo de un país que intenta modernizarse, politizarse y pensarse a sí mismo desde nuevas categorías, sin haber cerrado del todo las heridas del pasado. Leer El Capital en 1976 no es un gesto inocente: es una forma de poner en cuestión los discursos dominantes, incluidos los de la nueva izquierda emergente.

La lectura de esta obra desde el presente permite detectar resonancias sorprendentes. En un momento en que el pensamiento crítico vuelve a estar amenazado por la simplificación ideológica, el negacionismo histórico y la polarización, la propuesta de Guerra Garrido cobra nueva vigencia. Su novela plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo leemos las grandes obras teóricas en la práctica real de nuestras vidas? ¿De qué sirve Marx —o cualquier otro autor fundamental— si no se lo lee con libertad crítica, lejos de todo dogma? En un paisaje cultural dominado por la inmediatez, la mercantilización de la cultura y la superficialidad del discurso político, Lectura insólita de El Capital se presenta como un ejercicio de resistencia intelectual, una apuesta por la lectura como espacio de emancipación personal. No propone respuestas, sino preguntas. No ofrece recetas, sino dudas. Y en ello radica su valor. Además, la figura de Raúl Guerra Garrido, injustamente olvidado en algunos sectores de la crítica actual, merece también ser revisitada. Su condición de escritor “de provincias”, su vinculación con el País Vasco durante los años más duros del conflicto, y su negativa a alinearse con ninguna corriente hegemónica lo convierten en un autor incómodo, independiente y valiente.

Un ejemplo de literatura-puente

Otra de las razones por las que este título merece ser rescatado tiene que ver con su capacidad para tender puentes entre géneros, ideologías y tiempos históricos. En lugar de encerrarse en una estética realista o testimonial, Guerra Garrido opta por la mezcla, la ironía y el distanciamiento crítico. Esto lo convierte en un precursor de ciertos procedimientos que más tarde adoptarán otros autores en la narrativa posmoderna española. Podemos leer esta obra como un laboratorio narrativo, en el que se ensayan nuevas formas de narrar la historia, de pensar la ideología y de habitar el lenguaje. En este sentido, se emparenta más con las derivas ensayísticas de Azúa o con las novelas de experimentación política de Juan Benet, que con la narrativa social al uso.

Una lectura insólita para tiempos inciertos

Lectura insólita de El Capital no es solo una obra singular dentro de la bibliografía de Raúl Guerra Garrido, sino también una pieza reveladora del clima intelectual de la Transición. Su lectura hoy nos invita a repensar no solo la figura de Marx y su influencia en la cultura española, sino también la función de la literatura como espacio de interrogación ideológica. Rescatar este título no es un gesto de nostalgia, sino una apuesta por la memoria crítica, por el pensamiento incómodo y por la capacidad de la literatura para enfrentarse a los grandes textos y sus herencias. En tiempos de simplificación y eslóganes, volver a una lectura insólita —impertinente, híbrida, irónica— es más necesario que nunca.

REDACCIÓN, por Equipo punto y Seguido (Coordinación Valentín Castro)

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