Motivo de inclusión en «Lecturas esenciales»
Incluimos A lo lejos en esta sección no sólo por su relevancia literaria y su proyección crítica internacional, sino por su extraordinaria arquitectura narrativa, que ofrece una lección técnica sobre perspectiva, ritmo y desmontaje genérico. La novela emplea un narrador testigo con focalización limitada, desde cuya mirada opaca y fragmentaria se construye el retrato de un mundo extraño y desbordante. En lugar de una narración omnisciente o transparente, Hernán Díaz opta por una voz narrativa que bordea el silencio, evitando explicaciones y privilegiando la elipsis, la omisión y la sugerencia.
Esta decisión estilística se integra con una estructura de western invertido: la novela invierte la lógica de la expansión hacia el Oeste para construir una peregrinación contraria, sin rumbo, sin redención y sin moraleja. A través de esta inversión, la obra desmonta el mito del héroe americano, alejándose de los relatos de conquista y éxito para ofrecer una reflexión sobre el exilio, la extranjería y el desarraigo.
Además, A lo lejos constituye una propuesta ideal para el análisis de la perspectiva narrativa no omnisciente, así como del ritmo contenido y atmosférico que estructura toda la novela. Su lectura permite trabajar con profundidad la construcción del punto de vista, la noción de voz literaria, y la tensión entre lo dicho y lo callado.
Parte I: En busca del hermano, en busca de sí mismo
En los márgenes de la épica tradicional, A lo lejos propone una travesía inversa: la de un protagonista que no avanza hacia el descubrimiento del mundo, sino hacia su desmantelamiento. Hernán Díaz sitúa la historia de Håkan Söderström en el imaginario fundacional de los Estados Unidos —la Frontera, la conquista del Oeste, la Fiebre del Oro— para desmontar, pieza a pieza, los mitos que sostienen ese relato. Lejos de ser una novela de aventuras en sentido clásico, A lo lejos se sitúa en el espacio ambiguo del western filosófico, donde la introspección reemplaza al heroísmo, y el silencio de los paisajes pesa más que las gestas narradas.
El punto de partida es el extravío. Håkan, apenas un adolescente sueco que no habla inglés, llega a California por error. Su intención era llegar con su hermano Linus a Nueva York, pero durante el viaje en barco ambos se separan. Este extravío inicial se convierte en metáfora de una vida entera marcada por la desorientación. A lo largo del libro, Håkan caminará en dirección contraria a la del flujo migratorio de la época, en un gesto que condensa ya el carácter contracultural de la novela. No es el Oeste lo que busca, sino el Este. No la promesa de una tierra virgen para ser conquistada, sino el reencuentro con el lazo fraterno, desgarrado y perdido. Este trayecto imposible se enmarca en un paisaje hostil que la novela describe con un lirismo seco, casi mineral. La tierra no es generosa ni reveladora. Lejos de la épica expansiva de los pioneros, Díaz opta por el detenimiento, por una geografía del aislamiento. Cada estación del viaje está marcada por un nuevo desencuentro, una nueva violencia, una nueva imposibilidad. La estructura episódica de la novela refuerza esta lógica de deriva: no hay un hilo argumental continuo, sino una sucesión de acontecimientos que se desmoronan sobre sí mismos, sin ofrecer redención ni aprendizaje convencional.
A lo largo de su viaje, Håkan se encuentra con una galería de personajes que son, en el fondo, proyecciones de distintas versiones del fracaso norteamericano: naturalistas desbordados por su propia racionalidad, religiosos fanatizados hasta el delirio, mujeres invisibles, buscadores de oro que devienen asesinos. A cada encuentro, Håkan responde con un silencio casi místico, como si el lenguaje le resultara ajeno o insuficiente. El aprendizaje que propone la novela no es el del dominio del entorno, sino el de la pérdida de referencias, la renuncia al sentido impuesto. Uno de los grandes aciertos de Díaz es construir a Håkan como un personaje a la vez monumental y espectral. Su figura se agiganta a medida que se disuelve su identidad. En un momento de la narración, su fama se extiende por el Oeste: lo llaman “el Halcón”, circulan leyendas sobre su fuerza, su resistencia, su supuesta violencia. Pero el lector sabe que esa mitificación es infundada, que el verdadero Håkan no es un héroe sino un paria, un joven que rehúye el contacto, que teme hacer daño, que no entiende el mundo que pisa. En esa tensión entre la leyenda y la intimidad radica buena parte de la potencia del libro.
La novela se inscribe, por tanto, en la tradición del coming of age, aunque desde una óptica radicalmente desromantizada. Håkan no madura en el sentido clásico; más bien, se despoja de todo lo que pudiera parecer una brújula moral o emocional. A medida que avanza, se deshumaniza, pero no por brutalidad, sino por pasividad, por una suerte de entrega ascética al silencio y al vacío. El punto culminante de esta transformación llega cuando se retira a vivir a las montañas, solo, aislado, convertido en figura de leyenda. La suya no es una huida, sino un desvío definitivo: ha renunciado a la búsqueda, ha abrazado la imposibilidad. En este sentido, A lo lejos dialoga con otras obras que han abordado el desarraigo desde una perspectiva alegórica. La travesía de Håkan recuerda, por ejemplo, a ciertos pasajes de Meridiano de sangre de Cormac McCarthy, pero también al Bartleby de Melville, con su negativa a participar del mundo que se le ofrece. Como aquellos personajes, Håkan encarna una resistencia muda, casi vegetal, ante las fuerzas de la Historia. No hay en él voluntad de transformación, sino aceptación de un destino errante. Su único anclaje emocional, el recuerdo de su hermano, se va diluyendo a medida que avanza la narración, hasta convertirse en un eco.
Pero más allá de la historia personal, A lo lejos propone una relectura de la fundación de Estados Unidos. A través de la mirada extrañada de un inmigrante que no entiende las normas, las palabras ni los símbolos del país al que ha llegado, Díaz construye una crítica feroz del relato hegemónico: el del progreso, la libertad, el destino manifiesto. El Oeste no aparece aquí como una promesa, sino como un espacio de exclusión, de violencia estructural, de alienación absoluta. En lugar de exaltarlo, la novela lo desconstruye. El uso de la tercera persona en la narración —siempre pegada a la perspectiva de Håkan, pero sin acceder del todo a su conciencia— refuerza esta distancia. No hay introspección psicológica; todo se sugiere a través de gestos, actos, omisiones. La narración se desarrolla con un tono contenido, deliberadamente neutro, que potencia el carácter casi mítico de los acontecimientos. Esa distancia formal se convierte en estrategia política: A lo lejos no quiere explicar, quiere mostrar. No hay tesis, sino una atmósfera.
Como novela de formación, A lo lejos no ofrece una conclusión ni una síntesis. Su aprendizaje es negativo: aprender a vivir sin certezas, a moverse sin mapa, a desear sin esperanza. Es en esa negatividad —en ese desierto físico y moral— donde la novela alcanza su plenitud. Håkan, convertido ya en símbolo, no es el hombre que ha sobrevivido, sino el que ha desaparecido del mundo de los hombres. El que, como el western que lo acoge, se ha vuelto sombra.
Parte II: Una voz extrañada, un paisaje en ruinas
Una de las virtudes más notables de A lo lejos reside en su prosa, que se despliega con una sobriedad que roza lo hipnótico. Hernán Díaz escribe con una economía verbal que no empobrece, sino que concentra. Las descripciones del paisaje no caen nunca en la postal ni en el tópico: hay algo de extrañeza fundamental en la manera en que el mundo se presenta ante los ojos del protagonista. Esto se debe, en parte, a la condición del narrador: Håkan no domina el idioma ni los códigos del país en el que se encuentra. La percepción lingüística deformada de lo que le rodea produce un efecto de desautomatización que permea toda la narración. Es aquí donde se manifiesta una decisión estilística decisiva: el idioma literario de Díaz —escrito originalmente en inglés— trabaja desde dentro esa extranjería, logrando que el lector también se sienta expulsado del mundo que contempla. Lo americano aparece como un paisaje mental y político opaco, y la lengua, supuestamente neutral, se vuelve refractaria. En este sentido, puede decirse que Díaz convierte el inglés en una lengua extranjera, como lo es para Håkan. De ahí el peso del silencio, de las elipsis, de los espacios vacíos entre las acciones.
Resulta revelador que muchos de los diálogos estén construidos sobre malentendidos o sobre formas de comunicación no verbal. En lugar de usar la palabra para articular relaciones o resolver conflictos, Díaz muestra cómo el lenguaje puede ser un obstáculo o una amenaza. Håkan, que apenas habla, se convierte en una figura sobre la que los otros proyectan temores, fábulas y fantasías. Esa dimensión alegórica —el inmigrante como espejo deformante de la nación— es uno de los ejes de lectura más potentes del libro. En términos formales, la novela se aproxima más a la crónica existencial que al relato clásico de aventuras. El ritmo es pausado, casi contemplativo, con capítulos largos que se articulan como estaciones del camino. Esta fragmentación episódica, sin embargo, no rompe la cohesión interna del relato: hay una tensión constante entre la linealidad del viaje y la suspensión del tiempo que impone el paisaje. Es un libro que camina, pero no avanza; que se desplaza, pero no progresa.
Otra filiación ineludible es la de Cormac McCarthy, especialmente Meridiano de sangre, donde el espacio estadounidense se convierte en una topografía de la crueldad. Como en la obra de McCarthy, Díaz recurre a la figura del «forastero» para construir una mirada que desmonta los valores fundacionales de la nación. Sin embargo, A lo lejos introduce una variante significativa: frente al nihilismo y la brutalidad casi bíblica de McCarthy, Díaz propone una ética del retiro, una forma de resistencia pasiva. Håkan no combate al sistema; simplemente lo evita, se borra, se convierte en espectro. La recepción crítica de la novela ha sido notable desde su publicación en inglés en 2017 (In the Distance, Coffee House Press). Fue finalista del Pulitzer y del PEN/Faulkner. En España, su primera edición corrió a cargo de Impedimenta en 2020, con traducción de Javier Calvo, y La editorial madrileña supo captar de inmediato el valor singular de la obra, situándola en su línea de narrativa internacional con voz propia.
Entre la crítica española, se ha subrayado con frecuencia cómo A lo lejos transforma el western en un género introspectivo, más cerca de la alegoría y la meditación que de la aventura. También se ha destacado su estructura abierta, sin moraleja, donde el vagabundeo sustituye a la conquista. En ese desplazamiento reside buena parte de su actualidad. Por un lado, representa una apuesta por una narrativa de largo aliento, densa en su composición, pero clara en su exposición. Frente a cierta tendencia hacia el fragmento o la autoficción ligera, Díaz propone un texto sólido, trabajado con un tempo deliberado, donde cada escena cumple una función dentro de una arquitectura mayor. Por otro lado, se inscribe en un esfuerzo reciente por reimaginar géneros tradicionales desde perspectivas críticas.
La naturaleza “antisistema” de A lo lejos no reside en la denuncia explícita, sino en su propia estructura de sentido. Al contar la historia de un hombre que no logra insertarse en el relato americano, Díaz subvierte desde dentro los códigos de esa narrativa. Lo hace con una prosa precisa, cargada de resonancias, y con una estructura que evita el clímax, el desenlace, la moraleja. El resultado es un libro de enorme potencia estética, que invita a una lectura lenta y profunda, y que deja una huella silenciosa pero persistente.
Referencias
Obra principal:
-
A lo lejos, Hernán Díaz. Coffee House Press, 2017.
-
Ed. española: Impedimenta, 2020. Traducción de Javier Calvo.
Obras citadas:
-
Meridiano de sangre, Cormac McCarthy, 1985.
-
Pedro Páramo, Juan Rulfo, 1955.
-
Bartleby, el escribiente, Herman Melville, 1853.
-
Antes que anochezca, Reinaldo Arenas, 1992.
-
Los ingrávidos, Valeria Luiselli, 2011.
REDACCIÓN, por Punto y Seguido



