Antoni Maria Alcover i Sureda (1862–1932): la lengua como casa, el mito como raíz

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Cuando se habla del gran proyecto de recuperación lingüística y literaria de la lengua catalana en la transición del siglo XIX al XX, nombres como Pompeu Fabra, Àngel Guimerà o Joan Maragall suelen ocupar los primeros planos. Sin embargo, entre los artífices esenciales de esa empresa colectiva, se encuentra una figura tan singular como comprometida, cuyo legado ha quedado en gran parte sepultado por el polvo del tiempo: Antoni Maria Alcover i Sureda. Sacerdote, filólogo, folclorista, narrador y patriota mallorquín, Alcover dedicó su vida a un doble propósito, ambicioso y radical: salvar la lengua catalana de la erosión cultural y dar testimonio de la imaginación popular de su tierra natal, Mallorca. Su contribución, no sólo como recopilador de fábulas y cuentos tradicionales sino como arquitecto de una filología insular rigurosa, le convierte en una figura crucial para entender la historia literaria y lingüística de los Països Catalans.

Nacido en Manacor en 1862, Antoni Maria Alcover fue ordenado sacerdote muy joven, a los 23 años, y siempre compatibilizó su vocación eclesiástica con su labor intelectual. Mallorca, a finales del siglo XIX, era aún una isla más marcada por sus arcaísmos que por los vientos de modernidad que soplaban desde la Península y Europa. Fue precisamente en esa Mallorca anclada en la oralidad, en los ciclos agrarios y en la memoria colectiva, donde Alcover descubrió el valor del patrimonio lingüístico y literario que escondían sus gentes.  Su dedicación al estudio de la lengua catalana —en especial en su variante balear— lo llevó a convertirse en uno de los más fervientes defensores de su uso culto y literario. No es exagerado decir que Alcover encarnó una concepción militante del filólogo: no como mero estudioso académico, sino como alguien que pone su conocimiento al servicio de una causa cultural mayor. En ese sentido, su labor puede leerse también como una forma de resistencia frente a los intentos de homogeneización lingüística y cultural que caracterizaron parte del ideario nacionalista español de la época.

Una de sus aportaciones más monumentales fue el impulso y dirección del Diccionari català-valencià-balear, obra magna que comenzó en 1900 y que sólo pudo ver publicada parcialmente en vida (los diez volúmenes se completaron en 1962, treinta años después de su muerte, bajo la dirección de Francesc de Borja Moll). Este diccionario no era simplemente un compendio léxico, sino un testimonio filológico de las variantes dialectales del catalán habladas en todo el ámbito lingüístico. La metodología de Alcover, basada en el contacto directo con los hablantes, en la recogida oral y en el análisis de fuentes populares, se adelantó a corrientes más modernas de la dialectología. Además de filólogo, Alcover fue un narrador empedernido. No tanto en el sentido de autor literario de obras de ficción (aunque también lo fue), sino como recopilador y transcriptor de la narrativa oral tradicional mallorquina. A partir de la década de 1880, y durante más de veinte años, se dedicó a recorrer los pueblos y aldeas de la isla recogiendo «rondalles», cuentos populares que los mayores transmitían a sus hijos y nietos. El resultado de esa empresa fue una de las recopilaciones de cuentos populares más extensas y sistemáticas de Europa: «Aplec de Rondalles Mallorquines d’en Jordi d’es Racó», cuya publicación [comenzó en 1896 y se prolongó hasta 1931], con más de 24 volúmenes. Bajo el pseudónimo de «Jordi des Racó», Alcover creó un alter ego narrativo que daba voz a los cuentos, en ocasiones introduciendo giros, detalles o comentarios personales. Este trabajo —a medio camino entre la etnografía, la literatura y la pedagogía— supuso no sólo la preservación de un corpus riquísimo de relatos, sino la validación literaria de una tradición oral que hasta entonces había sido considerada menor o irrelevante.

Las «rondalles» de Alcover son un espejo del alma rural mallorquina: humorísticas, absurdas, moralizantes o crueles, conforman una cosmogonía insular que incluye gigantes, animales parlantes, niñas listas, campesinos ingenuos, diablos y santos, y que combina el imaginario medieval con influencias más modernas. Su estructura a menudo arquetípica y su capacidad de síntesis hacen de ellas una lectura que, aún hoy, resulta sorprendentemente fresca. Alcover no se limitó a transcribir: fue moldeando con precisión literaria una forma de narrar que hacía accesible el mundo campesino al lector culto sin desnaturalizarlo.

La polémica Fabra-Alcover: dos visiones de la lengua

Aunque sus objetivos coincidían en la defensa del catalán, Alcover y Pompeu Fabra representaban dos polos opuestos en la manera de entender la normativización lingüística. Mientras que Fabra apostaba por una codificación unificada del catalán moderno, que tendía a privilegiar el catalán central (el barcelonés), Alcover defendía un modelo integrador de todas las variantes dialectales, especialmente el mallorquín, que consideraba una fuente de pureza léxica y fonética. Esta divergencia provocó una célebre ruptura entre ambos, que tuvo repercusiones políticas, ins itucionales y personales.

Alcover fue miembro destacado del Institut d’Estudis Catalans (IEC), donde ocupó el cargo de presidente de la Secció Filològica desde 1911 hasta [su expulsión en 1919], precisamente por sus desavenencias con la orientación centralista que imprimía Fabra al proyecto de normativización. Esta expulsión no solo fue un golpe para él a nivel profesional, sino también simbólico: representaba el triunfo de una visión más moderna y urbana del catalán frente a la propuesta más descentralizada y orgánica que él propugnaba. Desde entonces, Alcover trabajó de forma independiente, creando su propio marco de investigación, a menudo con el apoyo de intelectuales mallorquines y del joven filólogo Francesc de Borja Moll, su principal discípulo y continuador de su obra. Su visión de la lengua como un organismo vivo, moldeado por el habla del pueblo y por sus transformaciones históricas, anticipó algunas de las líneas de la sociolingüística contemporánea.

Nacionalismo y catolicismo: un equilibrio tenso

Otra de las complejidades del personaje de Alcover es su posición ideológica. Como sacerdote, era un firme defensor de los valores del catolicismo tradicional, y durante años sostuvo una postura conservadora y clerical en sus intervenciones públicas. Sin embargo, su defensa del catalán y su compromiso con la cultura autóctona lo vinculan, paradójicamente, con sectores del nacionalismo catalán que poco compartían con su ideario religioso. Esta tensión se hizo patente en su actividad pública: participó en los Jocs Florals, fue un habitual en los Congresos de la Llengua Catalana y colaboró con publicaciones de orientación nacionalista, pero siempre desde un posicionamiento que priorizaba lo cultural frente a lo político. Su idea de «nación» era, en cierto modo, una prolongación de su fe: un cuerpo espiritual unido por la lengua, la tradición y la moral cristiana. Esa ambigüedad —o complejidad— ha hecho que su figura resulte incómoda tanto para los sectores progresistas como para los conservadores, contribuyendo a su relativo olvido.

Legado y olvido

A pesar de la monumentalidad de su obra, Antoni Maria Alcover ha sido progresivamente relegado en los relatos canónicos de la literatura catalana y de la historia filológica. Su talante polémico, su estilo directo y combativo, y su oposición al centralismo barcelonés hicieron que no encontrara nunca una «casa» clara dentro del mapa cultural catalán. Mallorca, por su parte, le rindió homenaje de forma intermitente, pero sin que su figura haya alcanzado el lugar que, por rigor y dedicación, merece. No obstante, su influencia persiste, incluso si no siempre es reconocida. El Diccionari català-valencià-balear sigue siendo una referencia indispensable para los estudios dialectológicos. Las «rondalles» de Jordi d’es Racó forman parte del canon popular y se han reeditado en numerosas ocasiones. La tarea de Francesc de Borja Moll, prolongando su labor, también ha sido revalorizada, lo que indirectamente contribuye a la recuperación de su maestro.

En un tiempo en que se debate sobre la relación entre las lenguas y los territorios, entre los centros y las periferias, la figura de Alcover recobra actualidad. Su insistencia en una visión poliédrica del catalán —no como una lengua única, sino como una constelación de hablas con igual dignidad— plantea una reflexión oportuna sobre el valor de la diversidad interna, tanto lingüística como cultural. Recuperar a Antoni Maria Alcover no es solo hacer justicia con un autor olvidado, sino repensar el lugar que damos en nuestra cultura a los que, desde los márgenes, dedicaron su vida a la defensa de lo propio sin caer en la exclusión de lo ajeno. Su escritura, su pasión por la lengua y su incansable labor de campo siguen siendo una lección de humildad y compromiso para quienes trabajan con la palabra.

Nota biográfica: Antoni Maria Alcover i Sureda (1862–1932)

Filólogo, folclorista, sacerdote y escritor mallorquín, fue uno de los máximos exponentes de la Renaixença en las Islas Baleares. Ordenado sacerdote en 1885, compaginó su labor eclesiástica con una extensa producción intelectual. Fundador del Diccionari català-valencià-balear y autor de las célebres Rondalles Mallorquines, se caracterizó por su defensa del catalán insular y su visión plural del catalán como lengua. Mantuvo una disputa abierta con Pompeu Fabra sobre la estandarización lingüística. Su obra fue continuada por Francesc de Borja Moll y es actualmente considerada fundamental para el estudio del catalán y la cultura popular balear.

Bibliografía y referencias 

  • Alcover, Antoni Maria. Aplec de Rondalles Mallorquines d’en Jordi d’es Racó. Diversos volúmenes, 1896–1931. Editorial Moll.

  • Alcover, Antoni Maria; Moll, Francesc de Borja. Diccionari català-valencià-balear. Editorial Moll, Palma, 1962 (obra iniciada en 1900).

  • Moll, Francesc de Borja. Els meus primers anys amb mossèn Alcover. Editorial Moll, 1972.

  • Perea, Maria. Antoni Maria Alcover i la llengua catalana: identitat i normativització. Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2005.

  • Massot i Muntaner, Josep. La Renaixença a Mallorca. Editorial Moll, 1996.

  • Massot i Muntaner, Josep. Els precedents del Diccionari català-valencià-balear. Editorial Moll, 2002.

  • Badia i Margarit, Antoni M. La llengua dels catalans. Edicions 62, 1975.

REDACCIÓN – Punto y Seguido

2 COMENTARIOS

  1. Estaremos encantados de añadir toda la información que señala dice faltar.

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