Reflexiones sobre géneros
Durante siglos, el canon literario occidental se ha configurado como una suerte de vitrina elitista en la que sólo algunas obras y autores han tenido cabida. El criterio de selección, lejos de ser neutro, ha respondido a dinámicas de poder, ideologías dominantes y estructuras sociales profundamente patriarcales. En ese contexto, la voz de las mujeres —y en general de todo sujeto que se apartase del modelo masculino, blanco y heteronormativo— ha sido sistemáticamente silenciada, subestimada o excluida. La literatura escrita por mujeres no sólo ha sido menos publicada y difundida, sino también menos estudiada, citada o considerada “alta literatura”. Esta omisión no es casual ni inocente, y desmontarla exige una revisión crítica tanto del canon como de los criterios sobre los que se construye.
Este ensayo se aproxima a esa revisión desde una mirada que abarca tanto el análisis histórico como las consecuencias culturales que dicha exclusión ha generado, y se apoya en ejemplos concretos de autoras españolas cuya obra ha sido injustamente ignorada o marginada.
El concepto de canon literario suele asociarse con la idea de valor, universalidad y permanencia. Se trata de una selección de obras que supuestamente representan lo mejor de una tradición literaria, aquellas que «merecen ser leídas» y transmitidas a las futuras generaciones. Sin embargo, lo que se presenta como un conjunto de obras atemporales. Desde el Siglo de Oro hasta bien entrado el siglo XX, la historia de la literatura española ha sido narrada a través de un puñado de nombres masculinos: Cervantes, Quevedo, Góngora, Larra, Galdós, Unamuno, Lorca, Cela… La imagen de la mujer escritora, cuando aparece, suele estar distorsionada: musa, amante, lectora, en raras ocasiones autora reconocida. Las que lograron escribir y publicar, como sor Juana Inés de la Cruz (aunque mexicana), Teresa de Jesús o María de Zayas, lo hicieron sorteando una multiplicidad de obstáculos sociales, religiosos y económicos. Aún así, sus textos fueron leídos en clave excepcional, y no como parte de una corriente literaria sólida o representativa.
La pregunta, por tanto, no es sólo quiénes están en el canon, sino quiénes no están y por qué. Las ausencias del canon no son meras lagunas; son los síntomas de un sistema que ha legitimado unas voces a costa de acallar otras.
Uno de los cambios más significativos del pensamiento feminista en el ámbito literario ha sido el paso de considerar a la mujer como objeto dentro del texto a reconocerla como sujeto productor de discurso. A lo largo de los siglos, la figura femenina ha sido omnipresente en la literatura escrita por hombres: como símbolo de belleza, pureza, pecado o redención, pero raramente como individuo complejo. Esta representación reducida ha contribuido a fijar estereotipos y a limitar la posibilidad de que las mujeres se pensaran a sí mismas fuera de esos márgenes. Cuando las mujeres comenzaron a escribir desde su experiencia, la literatura adquirió otros matices. La maternidad, la sexualidad femenina, el trabajo doméstico, la sororidad, la violencia simbólica y real, el deseo, la educación, la vejez… temas que rara vez aparecían en los textos canónicos, irrumpieron con fuerza en la literatura escrita por mujeres. No se trataba sólo de incluir nuevos asuntos, sino de narrarlos desde una perspectiva que rompía con la mirada patriarcal. En otras palabras, escribir desde el cuerpo y la subjetividad de las mujeres significaba también cuestionar el lenguaje, las formas y los géneros tradicionales.
La historia literaria española está plagada de ejemplos de autoras cuyo valor fue relegado al margen por razones de género. Pensemos, por ejemplo, en Rosalía de Castro, cuya poesía fundacional del Rexurdimento gallego fue durante mucho tiempo considerada sentimental o localista, cuando en realidad representa una de las propuestas más originales y profundas del siglo XIX en nuestra lengua. Su visión desgarrada del mundo, su cuestionamiento del poder, su tratamiento de la muerte y la identidad anticipan una modernidad que a menudo se le ha negado. O en Carmen de Burgos, «Colombine», una de las primeras periodistas profesionales en España, ensayista y novelista feminista, que defendió causas como el divorcio, la educación de la mujer o el sufragio femenino. Su producción literaria, sin embargo, ha sido durante décadas ignorada por los manuales de historia literaria.
Otro caso llamativo es el de María Lejárraga, dramaturga y novelista, quien escribió la mayor parte de la obra atribuida a su marido, Gregorio Martínez Sierra. A ella debemos textos como Canción de cuna o libretos de óperas de Falla. Su caso ilustra de manera paradigmática cómo el patriarcado no sólo excluye, sino que también usurpa la autoría.
En tiempos más recientes, escritoras como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Esther Tusquets o Montserrat Roig han tenido que abrirse paso en un terreno literario hostil, conquistando espacios con una obra de enorme calidad y riqueza temática. Aunque hoy se las reconoce, su inclusión en el canon ha sido tardía y, en ocasiones, parcial. Las reediciones, la crítica y los programas escolares todavía no reflejan plenamente su importancia.
La reivindicación de una historia literaria más inclusiva no implica la creación de un “canon femenino” separado, sino la transformación profunda del concepto mismo de canon. Se trata de repensar los criterios de valoración, las metodologías de lectura, los espacios de legitimación —universidades, editoriales, premios, medios de comunicación— y las formas de circulación de los textos. En este sentido, iniciativas como el rescate editorial de autoras olvidadas, los estudios de género aplicados a la literatura, la creación de antologías paritarias o la incorporación de obras escritas por mujeres en los programas escolares son pasos imprescindibles. En España, editoriales como Renacimiento, Sabina o Hoja de Lata están realizando una labor encomiable de recuperación de voces olvidadas, mientras que colectivos académicos y críticos han comenzado a revisar el canon desde una óptica feminista.
No obstante, el trabajo no está terminado. La visibilidad de las mujeres en la literatura sigue siendo menor, su acceso a premios y al reconocimiento institucional es desigual, y el peso de los estereotipos de género sigue condicionando la recepción crítica de sus obras.
Las autoras contemporáneas españolas —como Elvira Navarro, Cristina Morales, Sara Mesa, Luna Miguel o Rosa Berbel, entre muchas otras— escriben desde una consciencia aguda del lugar que ocupan en una tradición que ha sido parcial y excluyente. En sus textos se percibe la voluntad de inscribirse en la historia literaria desde una mirada crítica, de tensionar los límites del lenguaje, de repensar la subjetividad, el deseo, la violencia, el poder. Estas voces no sólo reivindican su derecho a ser escuchadas, sino que actúan como transmisoras de una genealogía femenina que durante mucho tiempo fue invisible. Leen a sus predecesoras, dialogan con ellas, las rescatan, las homenajean. Se percibe un movimiento de recuperación, pero también de renovación, que dinamiza el panorama literario actual.
Despatriarcalizar el canon no es una moda ni un gesto de corrección política: es una necesidad crítica y ética. La literatura tiene el poder de configurar imaginarios, de moldear sensibilidades, de construir comunidad. Si seguimos perpetuando una visión parcial y excluyente, condenamos a generaciones enteras a leer el mundo desde un único punto de vista. Si, por el contrario, abrimos el canon a otras voces, otras lenguas, otras formas de mirar, enriquecemos no sólo nuestra historia literaria, sino también nuestra capacidad de comprender lo humano en su complejidad. Escuchar esas voces que no eran escuchadas no es un acto de caridad, sino de justicia. Porque sin ellas, nuestra memoria cultural está incompleta. Y porque, en definitiva, la buena literatura no tiene género, pero sí tiene historia. Y esa historia debe contarse en plural.
Referencias :
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Rosalía de Castro
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Obras principales:
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Cantares gallegos (1863), primera obra escrita íntegramente en gallego tras siglos de represión lingüística.
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Follas novas (1880), que profundiza en la introspección y la melancolía.
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En las orillas del Sar (1884), escrita en castellano, muestra un lirismo maduro y existencial.
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Ediciones recomendadas: Editorial Cátedra (colección Letras Hispánicas).
Carmen de Burgos “Colombine”
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Escritora, periodista y activista feminista (1867-1932).
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Obras destacadas:
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La mujer moderna y sus derechos (1927), ensayo pionero en defensa de los derechos de las mujeres.
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Puñal de claveles (1931), novela breve basada en un crimen real y precursora de algunos temas lorquianos.
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Ediciones recientes: Editorial Renacimiento ha recuperado buena parte de su obra, incluyendo Puñal de claveles y sus ensayos.
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Fue redactora de Diario Universal, ABC y El Heraldo de Madrid, entre otros.
María Lejárraga (1874-1974)
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Autora de numerosas obras atribuidas oficialmente a su marido, Gregorio Martínez Sierra.
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Obras más conocidas:
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Canción de cuna (1911), obra teatral que tuvo gran éxito internacional.
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Libretista de El amor brujo y El sombrero de tres picos de Manuel de Falla.
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Su autobiografía, Gregorio y yo (1953), reveló la autoría real de muchas obras.
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Edición recomendada: Obras Completas, Editorial Renacimiento; Cartas a Gregorio, Ed. Renacimiento, 2022.
Ana María Matute (1925-2014)
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Miembro de la Real Academia Española desde 1996. Premio Cervantes 2010.
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Obras destacadas:
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Los hijos muertos (1958), Premio Nacional de Literatura.
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Primera memoria (1960), Premio Nadal.
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Olvidado Rey Gudú (1996), novela fantástica de gran resonancia.
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Editorial: Destino y Austral.
Carmen Martín Gaite (1925-2000)
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Figura clave de la narrativa de la posguerra española.
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Obras principales:
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Entre visillos (1958), Premio Nadal.
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El cuarto de atrás (1978), Premio Nacional de Literatura.
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Nubosidad variable (1992).
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Editorial: Anagrama y Siruela.
Esther Tusquets (1936-2012)
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Escritora, editora (fue directora de Lumen durante décadas) y ensayista.
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Obras destacadas:
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El mismo mar de todos los veranos (1978), primera entrega de una trilogía sobre el deseo y la identidad femenina.
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Para no volver (1985).
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Editorial: Lumen.
Montserrat Roig (1946-1991)
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Escritora y periodista
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Obras destacadas:
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Ramona, adéu (1972), novela feminista clave.
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L’hora violeta (1980), sobre la conciencia política de las mujeres.
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Traducciones disponibles en castellano: Edicions 62, Anagrama.
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lvira Navarro (n. 1978):
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La trabajadora (2014), Los últimos días de Adelaida García Morales (2016).
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Editorial: Random House, Literatura Random House.
Cristina Morales (n. 1985):
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Lectura fácil (2018), Premio Nacional de Narrativa.
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Editorial: Anagrama.
Sara Mesa (n. 1976):
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Cicatriz (2015), Un amor (2020).
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Editorial: Anagrama.
Luna Miguel (n. 1990):
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Poeta y ensayista. El coloquio de las perras (2019), ensayo sobre escritoras olvidadas.
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Editorial: Capitan Swing.
Rosa Berbel (n. 1997):
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Poemario Las niñas siempre dicen la verdad (2018), Premio València Nova.
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Editoriales de rescate de autoras
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Renacimiento (Colección “Los cuatro vientos”)
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Sabina Editorial
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Hoja de Lata
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Estas editoriales se dedican a recuperar escritoras olvidadas del ámbito español e hispanoamericano.
Estudios recomendados sobre canon y género
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Joanna Russ, How to Suppress Women’s Writing (1983). Trad. al castellano: Cómo acabar con la escritura de las mujeres, Editorial Dos Bigotes, 2019.
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Toril Moi, Sexual/Textual Politics (1985).
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Alicia Puleo, Feminismo y filosofía (1990).
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María-Milagros Rivera Garretas, Nombrar el mundo en femenino: Pensamiento de las mujeres y teoría feminista (1994).
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Nuria Capdevila-Argüelles, Autoras inciertas: Voces olvidadas del exilio republicano femenino (2008), Editorial Renacimiento.
REDACCIÓN. Punto y Seguido (coordinado por Susana Diéguez)



