En el corazón de la Biblioteca Nacional de España se conserva un testimonio singular de la historia del libro y de la transmisión de los textos sagrados: el Papiro de Ezequiel, considerado el documento más antiguo custodiado por la institución. Su relevancia no se limita a su antigüedad –probablemente del siglo III d.C.–, sino a la riqueza que ofrece para entender el proceso de traducción, circulación y conservación de los textos bíblicos en la Antigüedad tardía.
Este papiro ingresó en la Biblioteca Nacional en el año 1983, como depósito de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos, propietaria del manuscrito. Su custodia en una institución pública responde no solo a su fragilidad material, sino a la voluntad de preservar y difundir un patrimonio documental de valor incalculable, que remite tanto a los orígenes del cristianismo como a la compleja historia del libro como objeto.
El Papiro de Ezequiel forma parte de lo que fue en su día un códice –formato precursor del libro tal y como lo conocemos hoy– que reunía, en 236 páginas, los textos de tres libros bíblicos: Ezequiel, Daniel (incluidos los relatos de Bel y Susana) y Ester. Escritos en griego, estos textos pertenecen a una versión próxima a la Septuaginta, la primera traducción de la Biblia hebrea al griego, realizada entre los siglos III y I a.C. por comunidades judías de la diáspora alejandrina. Esta traducción adquirió una importancia crucial no solo en el judaísmo helenístico, sino también en los primeros siglos del cristianismo, siendo ampliamente utilizada por los Padres de la Iglesia.
El manuscrito fue hallado a principios del siglo XX en Egipto, en un contexto en el que las excavaciones arqueológicas y el comercio internacional de antigüedades impulsaron el hallazgo y la dispersión de numerosos papiros y manuscritos antiguos. A diferencia de los rollos, formato predominante en épocas anteriores, este códice estaba compuesto por hojas de papiro cosidas entre sí, reflejo del cambio de paradigma en la fabricación del libro. Su estado de conservación, excepcional en términos generales, ha permitido identificar no solo el contenido, sino también importantes detalles paleográficos y codicológicos, que lo convierten en objeto de estudio recurrente para filólogos, historiadores del libro y biblistas.
Como ocurrió con tantos otros manuscritos antiguos, este códice no permaneció íntegro. A lo largo del siglo XX, sus hojas fueron dispersadas entre diferentes colecciones, a menudo como consecuencia de ventas fragmentadas en el mercado de antigüedades. Hoy, las 200 páginas que han sobrevivido se encuentran repartidas en cinco importantes instituciones: la Kölner Papyrussammlung de Colonia, la colección John H. Scheide de Princeton (hoy parte de la Biblioteca de la Universidad de Princeton), la colección Chester Beatty de Dublín, la colección Pastor de Estudios Clásicos en Madrid y la colección Roca-Puig, conservada en la Abadía de Montserrat, en Barcelona. Esta dispersión física representa uno de los desafíos fundamentales de la investigación textual y la conservación patrimonial en el ámbito de los manuscritos antiguos.
Conscientes de este contexto, la Biblioteca Nacional de España organiza, hasta el 1 de noviembre de 2025, una exposición dedicada exclusivamente al Papiro de Ezequiel. Se trata de una oportunidad única para conocer no solo el fragmento depositado en la BNE, sino también para recorrer, mediante tecnologías digitales, la historia completa del códice y sus avatares. La muestra permite observar de cerca las hojas originales del papiro y acceder, mediante reconstrucciones virtuales, a una visión de conjunto del códice en su forma original, tal como debió leerse hace más de mil setecientos años.
La exposición ofrece además un enfoque transversal, que va más allá del interés teológico o bíblico. Recorre las claves de la transmisión del texto en la Antigüedad, la evolución de los soportes materiales del libro, las particularidades del griego bíblico y la compleja historia del coleccionismo y del mercado de manuscritos antiguos en el siglo XX. Al hacerlo, contribuye a visibilizar el valor cultural de las primeras traducciones bíblicas y a cuestionar los efectos que la fragmentación patrimonial tiene sobre la integridad de obras de gran valor histórico.
Gracias a la colaboración internacional entre las instituciones que conservan los fragmentos, ha sido posible reunir virtualmente la mayor parte del códice y presentarlo al público en un contexto museográfico accesible, didáctico y científicamente riguroso. Esta reconstrucción digital no solo permite ver el manuscrito en su totalidad, sino también revivir una experiencia lectora del pasado, transportando al visitante a una época en la que los textos bíblicos circulaban en copias manuscritas, en papiro, copiadas por escribas probablemente monásticos, destinadas a comunidades que leían en griego y vivían en un mundo cultural y religioso en transformación.
El Papiro de Ezequiel, más que un simple vestigio arqueológico, es una ventana abierta a la historia del libro, a la historia del cristianismo y a los caminos de la transmisión textual. En un tiempo en que las palabras se dispersaban a la vez que se perpetuaban, este manuscrito nos habla de la pervivencia y de la fragilidad, del sentido profundo de conservar, estudiar y compartir el legado escrito de la humanidad.
Propiedad de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos (en depósito en la Biblioteca Nacional de España).
REDACCIÓN



