3ER CAPÍTULO ANDREAS LOU SALOMÉ Y RAYNER MARÍA RILKE: UN AMOR EN CUERPO Y ALMA. INTRODUCCIÓN AL
En abril de 1897 Lou se encontraba con su amiga Frieda von Bülow, en Munich, de camino hacia San Petersburgo. Allí conocerá a Rilke, quién ya la conocía por su obra, pues frecuentaban los mismo círculos literarios.
Antonio Pau en su libro sobre el poeta checo, “Vida y obra de Rainer María Rilke, la belleza y el espanto”, editado por Trotta, nos cuenta que ambos se conocieron a petición del poeta, cuando se encontraba en Múnich, y había dejado atrás su patria natal, Praga, lugar que encerraba todos sus demonios infantiles, demonios que nunca le abandonarían1.
En Múnich frecuentarían los mismo círculos culturales, él ya había oído hablar de Lou Andreas y había leído sus artículos sobre Psicología de la Religión, en particular su obra “Jesus der Jude”, en original, “Jesús el Judío” Es esta obra la que marca el punto de su primer contacto con Rilke. Su contenido está en relación estrecha con otras publicaciones suyas, en el campo de la psicología de la religión. Este artículo fue editado, junto a otros cuatro de temas religiosos, en lengua francesa, bajo el título, Création de Dieu; en ellos la escritora expresaba de forma clara y magistral lo mismo que Rilke expresaba de forma poética en su ciclo de poemas “Visiones de Cristo”; esto y el hecho ser amiga íntima de Nietzsche, al que Rilke admiraba, le llevo a conocerla.
Así que, para cuando se presentaron, Rilke ya le había escrito un montón de cartas con poemas adjuntos, que en un principio ella rechazaría, pero que finalmente fueron el inicio de una intensa relación amorosa, la admiración que Rilke sentía por ella, se convertiría pronto en pasión, y ella un poco reacia en principio al final se rindió a la pasión
Por aquel entonces, Rilke era un joven inseguro y excéntrico, su infancia no había sido muy feliz, al parecer, había venido al mundo para llenar el vacío que su hermana primogénita había dejado en el corazón de su madre, Sophie Entz, quien no pudo superar la pérdida de su hija, y cuando Rilke nació lo llamo “René” que significa “el renacido”; en sus primeros años de vida lo trataba como si fuera una niña, “le vestía con ropas delicadas” y era un juguete para su madre, “una muñeca grande”2, convirtiendo al niño en un niño frágil y delicado, que creció con grandes carencias emocionales, además su padre le obligó a inscribirse en la escuela militar de instrucción básica de Sankt Pölten (Austria), y después en la escuela militar de instrucción superior de Marhrisch- Weisskirchen (Bohemia), educación completamente contraria a las necesidades del joven muchacho, extremadamente sensible, y que finalmente se vio obligado a abandonar porque cayó enfermo, años más tarde describiría esta experiencia como un “abecedario de los horrores”, su madre pronto se separaría de su padre, pues siempre pensó que se había casado por debajo de sus posibilidades y se mudó a Austria en busca de sus aspiraciones nobiliarias, el joven Rilke siempre sintió la ausencia de su madre. Finalmente ingresó a la Universidad Carolina de Praga, tras un examen de ingreso en 1895, donde comenzó a estudiar Historia del Arte y Filosofía, además de un semestre en Derecho para apaciguar así los ánimos de su familia3, estudios que no finalizaría pero sí comenzó a escribir Literatura y se fue a Munich, una ciudad cuyo ambiente artístico y cosmopolita le resultaba muy atractivo.
Allí conoció a Lou, el poeta quedó inmediatamente fascinado por los encantos y la belleza de una mujer madura, inteligente, de gran carisma y que le aportaba un amplio bagaje de conocimientos. Desde los inicios de su relación amorosa, Lou se convertiría en su musa, fuente de inspiración y a ella le dedicaría todos sus poemas de amor… A Lou también le impresionó Rilke, catorce años más joven que ella, por su humanidad y por el sentimiento de su fuerza poética, que le hacía cercano a las fuerzas de la naturaleza, por lo que Lou, ante la espontaneidad y la vitalidad de sentimientos no pudo resistirse a este amor, y se entregó a una relación en cuerpo y alma que nunca antes había experimentado.
Nació entre ellos una relación profunda, apasionada, como podemos apreciar en los escritos conservados por uno y otro lado. En un fragmento de su obra Mirada retrospectiva así lo recordaba:
“Si durante años fui tu mujer, fue porque tú fuiste para mí una realidad que descubría por primera vez, cuerpo y alma, indiferenciable de cualquier otra. Palabra por palabra habría podido confesarte lo que tú me dijiste al confesar tu amor. “Sólo tú eres real”. Así nos convertimos en esposos aún antes de habernos hecho amigos, y nuestra amistad apenas si fue elegida, sino que vino de bodas igualmente subterráneas. No se buscaban en nosotros dos mitades: nos reconocimos, con un escalofrío, en la abrumadora totalidad. Y así fuimos hermanos, pero como de tiempos remotos, antes de que el incesto se convirtiera en sacrilegio4”.
Estas palabras expresan lo incomprensible y profundo, la fuerza de su enamoramiento, y reflejan a su vez la idea de completud que para ella conllevaba el amor. Idea presente en toda su obra, esa búsqueda en el encuentro de la pareja, de la totalidad perdida y deseada5.
Todos los poemas de amor que Rilke escribió desde su primer encuentro y hasta 1900, son dedicados a Lou. Este poema que el poeta incluyo en el Libro de las Horas como una solemne oración dirigida a Dios, a “su” Dios, fueron en un principio inspirados por el apasionado amor que sentía por Lou6.
“Apágame los ojos, y te seguiré viendo, cierra mis oídos, y te seguiré oyendo, sin pies te seguiré, sin boca continuaré invocándote, arráncame los brazos, te estrechará mi corazón, como una mano. Párame el corazón, y latirá mi mente. Lanza mi mente al fuego y seguiré llevándote en la sangre”.
Aunque Lou y Rainer María Rilke nunca fueron a vivir juntos de manera estable, sus encuentros se fueron repitiendo cada vez con mayor frecuencia en el tiempo, uno de sus refugios secretos sería una casa a la que llamaron Loufried, y que Lou compartiría con Rilke y Frieda von Büllow en Wolfratshausem, un lugar de vacaciones en el vallo del Isar, cercano a Munich, en el verano de 1897, allí Rilke le lee fragmentos de su obra, y le empieza a escribir versos y cartas en las que aparece toda la simbolización poética en la que asociaba el estar con ella y el estar en primavera. Palabras que dan cuenta de su enamoramiento y de la dependencia emocional que estaba desarrollando hacia ella.
«Un día, dentro de muchos años, tu entenderás lo que eres para mí. Lo que el manantial al sediento. …Quiero ver el mundo a través de ti, pues de un solo golpe, veré no el mundo, sino a ti sola, a ti, a ti! Eres mi día de fiesta»7.
Un año después Rilke se instalaría en Wildmersdorf, en una casa cercana donde vivía el matrimonio Andreas, a la que llamó villa Waldfrieden, el mismo nombre de la casa de Lou. Desde ese momento, tendrán lugar encuentros sucesivos.
La influencia de Lou Andrea Salomé en la obra y vida de Rilke fue significativa y decisiva para la evolución del pensamiento del poeta, fue su musa, pero también su mentora y consejera. Fue ella quien lo animo a cambiar su nombre de René, infantil y afrancesado, por el de Rainer, sugiriéndole que este último tenía más fuerza y resonancia germánica. Ella le enseñó ruso para que pudiera leer a Pushkin y a Tolstoi, y después realizaron un viaje a Rusia, su tierra natal, para conocerlo; las vivencias, experiencias y recuerdos de este viaje quedarían plasmados en el libro “Rusia con Rainer”, editado por Gallo Nero, en el que relata el viaje que compartió con Rilke8, un viaje al fondo del alma rusa.
Realizaron dos viajes, el primero Rilke acompañaría al matrimonio Andreas, aquel primer viaje duró apenas una semana, pero fue lo suficientemente inspirador para ambos que se plasmó en la necesidad de planear un segundo viaje, al año siguiente, esta vez los dos solos. Durante ese año se prepararon intelectualmente con la intención de entender, como si fuera una ofrenda, el alma de un pueblo al que ambos tildaban de sagrado. Visitaron Moscú y San Petersburgo, de la primera ciudad siempre recordaría el sonido de las campanas del Kremlim y la vivencia de la Pascua, celebración que para el poeta fue crucial y de la que dejaría constancia en su obra más conocida y celebrada “Elegías de Duino”9. Tras este primer viaje, Rilke escribió “El libro de la vida monástica”, primera parte de una de sus grandes obras, y “El libro de las Horas”, de una gran intensidad espiritual, como búsqueda de una última verdad. A través de sus versos, se pone de manifiesto esa proximidad entre el fervor religioso, la emoción artística del creador y la emoción erótica del enamorado.
Durante aquel periplo, además podemos destacar su encuentro con Tolstoi, ya convertido en una celebridad. Este viaje a la Rusia ancestral y primigenia, donde aún permanecían intactas las viejas costumbres y la poética de un pueblo arraigado a la tierra, y en cuyos paisajes, en “su inmensidad y naturaleza”, hallarían el reflejo de un Dios, “su” Dios. En su tierra natal Lou encontraría el sentido de la totalidad, de la plenitud, al sentirse inmersa y acogida por la inmensidad de la naturaleza que representaba para ella la Totalidad. Ese sentimiento de formar parte de un Todo, e identificarse con ello, seguía la filosofía panteísta de Spinoza, de la que ella era tan devota, en la que lo divino aparece como un fondo común a todas las cosas. El viaje fue muy importante para ambos, para Lou el encontrarse con esos paisajes, lugares, iglesias, museos que la llevan a sentirse parte de ellos, de esa tierra, además el encuentro con la gente, con su manera de pensar y de vivir, y tener esta experiencia junto a Rilke, compartirla con el poeta, la llevaron hacia un encuentro consigo misma, con su esencia, y para Rilke el viaje a Rusia, y el amor por Rusia expresaban el amor hacia ella, y se plasmaría en cada uno de ellos dando un fruto distinto, Rilke tornándose creador, y ella mirando ya hacia el psicoanálisis.
Esta visión panteísta y mística de la Naturaleza la podemos ver en poema al río Volga, con un tono muy parecido al de Rilke:
Aunque estés lejos, te contemplo. Aunque estés lejos, te entregas a mí. En un presente que nada puede destruir. Rodeas mi vida, eres mi paisaje. Me envuelves una y otra vez con tu risueña grandeza. El sol despunta sobre tus altas iglesias. Asciende sobre tus orillas amplias, infinitas. Ilumina tus bosques cada mañana. Cuando vuelva a oscurecer, el cielo de junio iluminará la noche; cuando llegue la madrugada, el agudo graznido de las gaviotas atravesará la niebla que cubre tus olas…. ¡Aunque no hubiera reposado en tus orillas. No habría dejado de conocer tu grandeza, porque la marea de mis sueños me lleva hasta tus enormes soledades!10
Resulta claro que durante el período en el que estuvieron juntos se fraguaron en el interior del poeta, una serie de posos que resonarían en toda su obra poética posterior. Ella le enseñó el dolor de escribir con verdad, le animó a desarrollar su “espacio interior”, a mirar hacia dentro, aceptando las contradicciones de la vida, y usándolas para la creación poética. Ella compartió sin límites sus conocimientos y experiencias, introdujo a Rilke en mundos que ampliaron su visión artística, el simbolismo, la filosofía, el misticismo y el arte como búsqueda espiritual, que quedaría reflejada en su obra “Cartas a un joven poeta”11 que marcarían su forma de entender las emociones humanas y la forma de expresar esta complejidad en su poesía12. Lou estaba sumamente interesada en la mística y junto a Rilke exploraron con entusiasmo este camino de intuición y curiosidad.
Pero Rilke había empezado a generar una profunda dependencia emocional hacia Lou, y no podía respirar cuando se sentía lejos de ella, sufría de momentos de angustia y desesperación, cuando sentía que no podía escribir, y de exaltación cuando lo hacía, acompañados de profundos estados de melancolía, estados anímicos que iban afectando poco a poco a su salud física, él se sentía invalidado para la vida cotidiana y rutinaria.
Lou fue posiblemente quien primero se dio cuenta de la seriedad de la enfermedad de Rilke, de sus crisis de angustia, de sus periodos depresivos, y de cómo todo ello generaba también que enfermase su cuerpo. Estos episodios le confirmaban sus sospechas de la inestabilidad emocional de Rilke, de su enfermedad, y de la gran responsabilidad que tenía ella en su vida, pues cada vez le sentía más dependiente de ella13. Al contrario que Lou, que cada vez añoraba más su independencia afectiva y emocional.
Tras su viaje a Rusia, su relación amorosa terminó, pero dos años después reanudaron su correspondencia, y pero Lou nunca lo abandonaría, seguiría manteniendo con él un vínculo afectivo como amiga, consejera, e incluso “psicóloga” del poeta que duraría durante toda la vida hasta la muerte del Rilke en 1925. De esta relación conservamos una jugosa evidencia epistolar de extraordinaria belleza publicada por Ernst Pfeiffer, albacea de Lou-Andreas, “Rainer María Rilke/Lou Andreas Salomé. Correspondencia”, en la que el poeta expresa su profunda admiración por ella siempre ensombrecida por su miedo a perderla.
Rilke regresó a Alemania, invitado por el pintor Heinrich Vogeler, se fue a Worpswede, cerca de Bremen, donde residía una colonia de artistas bohemios, y donde conoció a la escultora Clara Westhoff que sería después su esposa, con la que tendría una hija “Ruth”, allí conocería también a Rodin, el escultor del amor, que sería después maestro de Clara.
La ruptura fue un verdadero duelo para él; paradójicamente esa pérdida también trajo a su escritura algunos de los momentos más álgidos y profundos de su obra, “Elegías a Duino” y “Sonetos de Orfeo”, las obras cumbre de su poesía.
Los cambios de humor, crisis de angustia y periodos de melancolía de Rilke se fueron haciendo más frecuentes y a Lou le preocupaban cada vez más. La preocupación de Lou por Rilke, se mantuvo siempre, «¡Si dentro de mí misma luchaba en silencio con tu destino, y no llegaba a resultado alguno¡».
El conocimiento de Lou sobre los sufrimientos de Rilke, fue bastante determinante para su interés y dedicación al psicoanálisis14
En su correspondencia podemos ver como Lou ya estaba practicando el psicoanálisis mucho antes de conocer a Freud. Ahora bien, lejos de querer encaminar a Rilke hacia un tratamiento analítico lo apartó de él. La cura de alma que ejerce en muchos períodos de esta larga correspondencia (1896-1925) se fundamentaba en su convicción de que las fuerzas obscuras constituían la única fuente tanto de “curación como de creación del poeta: era necesario pues, que fueran preservadas de una intervención semejante a la del método analítico15, que hubiera destruido la esencia de su creatividad, hubieran desvalijado su alma misma. Una de las mayores obsesiones de Rilke consistía en la alienación de su propio cuerpo, llegando a veces hasta el desdoblamiento (lo “Otro”) a capricho del comportamiento somático de este último. Él se entregaba con tanta exaltación a sus obras que al concluir sus poemas quedaba exhausto cayendo en una profunda melancolía. Como ocurría con Nietzsche en su carácter se mezclaban genio y propensión a la locura16.
La carta de despedida definitiva de Salomé a Rilke que aquella tituló “Última llamada”, que además se la escribió el día del cumpleaños de Rilke, constituye un testimonio elocuente y determinante de esta lucidez monista, de esta unió con el Todo, de la escritora rusa. Se trata de una respuesta de Salomé a los continuos y desesperados reclamos de un Rilke sufriente que se sabía abandonado.
“…a pesar de nuestra diferencia de edad…yo tuve que seguir creciendo, creciendo más y más, hasta llegar a este estado del que con tanta alegría te hablé en nuestra despedida. Sí, por muy extraño que te parezca: tuve que seguir creciendo hasta encontrar mi juventud, pues hasta ahora no había sido joven, hasta ahora no he podido ser lo que otras personas son a los dieciocho años; yo misma, enteramente. Por eso, tu figura…fue poco a poco diluyéndose en el paisaje, en un paisaje dilatado como el del Volga, y la pequeña cabaña que había en él no era la tuya. Sin saberlo, me sometí a la suprema ley de la vida que sonriendo tenía preparado para mí un regalo que está más allá de toda comprensión y esperanza. Yo lo acepto con profunda humildad y ahora veo claro y grito: ¡sigue el mismo camino y sal al encuentro de tu oscuro Dios”, retorna al “Todo”17.
Ella después de sus relaciones amorosas, regresaba una y otra vez sobre sí misma, para recordar e incorporar las nuevas experiencias, concentrarse de nuevo en sí, reconstruir sus vivencias y de nuevo escribir, ahora cambiando sus narraciones por anotaciones sobre temas psicoanalíticos.
Con la experiencia de su relación con Rilke, Lou llega a enlazar el erotismo con la creación artística, a vislumbrar la conexión entre la oración religiosa y la creación. Sus ideas sobre la relación entre vida y creación son fruto de sus vivencias con el poeta. Rilke lo expresó con sus poemas. . Lou lo elaboró, primero desde su filosofía y después desde el psicoanálisis. Rilke fue considerado a finales del siglo XX como el poeta del psicoanálisis o el poeta de la interioridad y sus versos han sido y son utilizados en libros de autoayuda y crecimiento personal
En 1910, Lou-Andreas Salomé publicó su ensayo “EL erotismo”, que incluía los artículos que escribió durante su experiencia con Rilke, en 1899 y 1900, “El ser humano como mujer” y “Reflexiones sobre el problema del amor”, un ensayo sobre Psicología de la sexualidad femenina, en él la autora destacaba la importancia del instinto sexual, al que consideró como uno de los elementos más poderosos de la vida humana, en él profundiza en la íntima relación que existe entre creatividad y sexualidad, y el modo en que el deseo afectas a nuestras relaciones. En él sostenía además que hay diferencias biológicas entres los hombres y las mujeres, mencionando “que una mujer no se libera compitiendo con los hombres y volviéndose como ellos, sino feminizando el mundo y logrando que los hombres encuentren y aprovechen su lado femenino”, esto la atrajo también rivalidades con los círculos feministas que en este momento abogaban por la igualdad entre el hombre y la mujer. Un año después es invitada al Congreso de Weimar de la Asociación Psicoanalítica Internacional donde conocería a Sigmund Freud y el Psicoanálisis.
Este descubrimiento afirmó y amplió las ideas que Lou había desarrollado en su ensayo “El erotismo”. Interesada en las pulsiones humanas y en otras ideas que ya había intuido a lo largo de su vida, se ve como estas ideas e intereses fueron fortalecidas y nutridas por esas relaciones que mantuvo a lo largo de su vida. Podemos ver como la obra y la vida de Lou Andreas Salomé están estrechamente unidas y la importancia que cobra el amor y sus relaciones como mujer en sus inquietudes intelectuales y en la búsqueda de verdad que le llevaran de la literatura y la filosofía al psicoanálisis.
1 Adrián Tejeda, 23 de Enero 2022. https://elvuelodelalechuza.com/2022/01/23/lou-andreas-salome-y-rilke-tras-la-huella-de-una-misma-alma/
2 Freedman, Ralph, Sword Helen, (1998=, Life of a poet Rainer Marie Rilke. Northwestern University Press.
3 Rainer María Rilke, poeta austríaco (1875-1826) wikipedia.
4 Mirada Retrospectiva, pág. 126.
5 Pilar García Pardo “Vida y obra de Lou Andréas Salomé: una aportación al estudio psicoanalítico de la feminidad”. Universidad Complutense de Madrid, 2009. Pág. 125
6 Así lo afirman Antonio Pau y Federico Bermúdez-Cañete en el estudio preliminar de su traducción del Libro de las Horas.
8 Andrea Salomé, Lou ,“Rusia con Rainer” traducido por Roberto Bravo de la Varga. Ed. Gallo Nero.
9 Adrián Tejeda, 23 de Enero 2022. https://elvuelodelalechuza.com/2022/01/23/lou-andreas-salome-y-rilke-tras-la-huella-de-una-misma-alma/
10 Lou, op. cit. 66 y, En Rusia con Rilke, 156.
11 Cartas escritas del poeta Rainer María Rilke, entre 1903 y 1908, en las que ofrece una oportunidad de reflexión sobre la naturaleza del arte, la creatividad y la vida en general. Constituyen el más hondo mensaje de un poeta consagrado para todos aquellos que sientan la llamada de la poesía, del arte y de la vida misma, ayudan al entendimiento de esa relación íntima que existe entre el poeta y la poesía. Entre la vida y la obra de un autor.
12 Poemas del alma. La influencia de Lou Andrea Salomé en la obra de Rilke, Publicado por Tes Nehuén-4 de diciembre de 2024
13 Op. cit. García Pardo, P. “Vida y obra de Lou Andréas Salomé: una aportación al estudio psicoanalítico de la feminidad”. Universidad Complutense de Madrid, 2009. Pág. 130
14 Op. cit. García Pardo, P. “Vida y obra de Lou Andréas Salomé: una aportación al estudio psicoanalítico de la feminidad”. Universidad Complutense de Madrid, 2009
15 Pfeiffer (Rainer Maria Rilke y Lou Andréas-Salomé:Briefwschsel. Max Niehans Verlag Zurich u. Insel Verlag Wiesbaden (1952) Prólogo de Pierre Klosowski (1905-2001). Sr. Erns Pfeiffer, editor y comentarista juicioso de esta correspondencia, nos dice que mucho más tarde Lou se manifiesta con respecto a este tema, en una carta a la Baronesa von Munchhausen (oct. 1929): “..la idea de que tales métodos no hubieran nunca existido en su juventud me llenaba de amargura. Ya que estos métodos no se aplican sin un grave peligro en un artista realizado (SEGÚN MI PROPIO MODO DE VER QUE NO ES EL MISMO DE FREUD). La cuestión de oponerse a este análisis fue una de las más serias de su vida. Más tarde diría que “los gérmenes de lo que posteriormente se manifestaría en ELEGÍAS DE DUINO, y cuya existencia ella conocía, hubieran sido extirpados por el análisis”, era ahí, efectivamente, donde ella veía el peligro. Traducción francesa, Lou Andreas-Salomé y Rainer Maria Rilke, Correspondance, trad. Philippe Jaccottet, ed. Ernst Pfeiffer,París, Gallimard, 1985 (1980)
16 Vilâ, Anna M. Literatura y Psicoanálisis. Lou-Andreas-Salomé y el erotismo intelectual. La vanguardia. Historia y Vida. 04/06/2020
17 En Roldán, J.P. Lou Andrea Salomé y Freud: el psicoanálisis frente a la metafísica de origen romántico Revista Observaciones Filosóficas. nº15/2012/2013. Es cierto que Lou Andrea Salomé se mostró con gran crueldad y frialdad al separarse de Rilke, y también al separarse de Nietzsche, pero esa era su filosofía, no podía mantener relaciones permanentes personales, porque eso lo separaba del “Todo”, de esa fuerza que late, que da vida, pero también mata.
© ANTOÑETA BERNARDINO



