El director español, Calixto Bieito, propuso una lectura contemporánea, sombría y profundamente política del clásico de Mozart
El martes 10 de septiembre de 2025, la Wiener Staatsoper (Ópera Estatal de Viena) levantó el telón con una nueva producción de la ópera Don Giovanni, de Wolfgang Amadeus Mozart, dirigida escénicamente por el español Calixto Bieito, en una de las propuestas más esperadas de la temporada europea. Este estreno marcó la primera colaboración del director con el coliseo vienés, y ha generado un notable interés tanto por su aproximación estética como por la reinterpretación radical del célebre libreto de Lorenzo Da Ponte.
Fiel a su estilo transgresor, Bieito presentó un Don Giovanni alejado de los clichés románticos o barrocos habituales. En su lugar, construyó una puesta en escena seca, violenta y actual, en la que el protagonista se revela como una figura de poder corrompido, abusador sistemático y símbolo de una masculinidad tóxica que atraviesa siglos. El montaje situó la acción en un espacio arquitectónico brutalista, sin ornamentos, donde la oscuridad y el vacío dominaban la escenografía. El uso de luz cruda y sombras marcadas acentuó el carácter opresivo y angustioso de la propuesta.
La orquesta, bajo la batuta del director musical Philippe Jordan, ofreció una lectura clara, enérgica y muy articulada de la partitura mozartiana, con tempi dinámicos y un trabajo notable en los contrastes expresivos. El reparto vocal estuvo encabezado por el barítono polaco Tomasz Konieczny en el papel titular, cuya interpretación destacó por su presencia escénica y su capacidad para transmitir la tensión psicológica del personaje. Le acompañaron la soprano Marlis Petersen como Donna Anna, Andrè Schuen como Leporello y Kate Lindsey como una Donna Elvira desgarrada y oscura.
Uno de los momentos más comentados del montaje fue el final de la ópera: en lugar de presentar la condena moral del protagonista al infierno de forma espectacular, Bieito optó por una desaparición ambigua y silenciosa, sin efectos especiales, en una decisión escénica que subrayó el carácter inacabado e inquietante del mito. Como ha declarado en entrevistas previas, para él Don Giovanni «no es una historia de redención, sino un espejo de impunidad».
La recepción del estreno fue intensa: aplausos entusiastas para el elenco vocal y la orquesta, y división de opiniones entre el público respecto a la propuesta escénica. Mientras una parte del auditorio celebró la valentía conceptual y la coherencia estética del montaje, otros manifestaron su incomodidad ante una visión tan cruda y despojada del clásico mozartiano. La crítica austríaca, sin embargo, fue mayoritariamente favorable, destacando que Bieito «ha ofrecido una lectura incómoda pero necesaria, que interpela al espectador contemporáneo».
Con este montaje, la Staatsoper volvió a situarse en el foco de la ópera europea, apostando por una lectura contemporánea y políticamente comprometida de uno de los títulos más representados del repertorio. Para Bieito, que ya había abordado Don Giovanni en otras ocasiones, esta versión vienesa supuso una madurez estilística, con un lenguaje escénico más depurado, pero igual de provocador que en sus primeras producciones.
Redacción



