Actividades de cierre de la exposición “Murillo: del barroco a la luz”

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Con más de 280.000 visitantes desde su inauguración en marzo, la exposición Murillo: del barroco a la luz, una de las más ambiciosas organizadas este año por el Museo del Prado, ha llegado a su fin. El cierre de la muestra ha estado acompañado por una intensa programación cultural que ha incluido visitas comentadas, conferencias, talleres familiares y un recital barroco nocturno, celebrando no solo el éxito de público, sino también el renovado interés por una figura fundamental del Siglo de Oro español.

La exposición, comisariada por Leticia Ruiz Gómez, ha ofrecido un recorrido temático y cronológico por la evolución estilística de Bartolomé Esteban Murillo (1617–1682), desde sus primeras obras devocionales en Sevilla hasta sus composiciones más luminosas y humanas, que anticipan —en su particular manera— cierta sensibilidad preilustrada. Bajo el subtítulo del barroco a la luz, el proyecto ha buscado ir más allá de la lectura tradicional de Murillo como pintor amable o dulcificado, y ha mostrado su complejidad técnica, su dominio de la composición y su sensibilidad para representar tanto lo divino como lo cotidiano.

En total, la muestra ha reunido 58 obras procedentes de colecciones nacionales e internacionales —entre ellas, la National Gallery de Londres, el Louvre, la Alte Pinakothek de Múnich o el Museo de Bellas Artes de Sevilla—, incluyendo piezas poco vistas como San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres o La curación del paralítico, junto a clásicos como La Inmaculada Concepción de los Venerables o La Sagrada Familia del pajarito.

Durante la última semana de apertura (25–31 de julio), el Museo del Prado ha reforzado su oferta divulgativa con un ciclo de conferencias titulado Murillo y el realismo compasivo, en el que han participado especialistas como Benito Navarrete, Odile Delenda y Fernando Marías. Estas sesiones han explorado aspectos menos tratados de su obra, como su relación con la pobreza urbana, su uso simbólico de la luz o la influencia de las órdenes religiosas en su imaginario visual.

Una de las actividades más celebradas ha sido el recital nocturno de música barroca a cargo del conjunto La Ritirata, que interpretó obras de Sebastián Durón, Juan Hidalgo y Henry Purcell en el Claustro de los Jerónimos, a escasos metros de las salas de la exposición. Esta actividad formó parte de la iniciativa El Prado de noche, una propuesta que busca vincular las artes visuales y sonoras en espacios patrimoniales.

También se ha puesto en marcha un taller familiar de pintura y claroscuro, en colaboración con la Escuela de Arte de Madrid, orientado a niños y adolescentes interesados en descubrir las técnicas de iluminación dramática utilizadas por Murillo.

Con este cierre, el Museo del Prado reafirma su papel como institución central en la conservación y actualización de los grandes maestros del arte español. Y Murillo, a menudo relegado a una segunda fila frente a Velázquez o Ribera, vuelve a situarse —gracias a esta exposición— en un lugar destacado del canon, como pintor de la ternura y del claroscuro, de lo humano y de lo sagrado, del barroco… hacia la luz.

Redacción

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