Relatos con brújula:
Una polifonía rural en el Pirineo catalán
1. Sinopsis comentada
Canto yo y la montaña baila es una novela singular que se desmarca de la narrativa convencional para ofrecer una experiencia de lectura múltiple, coral y profundamente poética. Publicada originalmente en catalán en 2019 (Canto jo i la muntanya balla) y traducida al castellano en 2020 por Concha Cardeñoso, la obra consolidó a Irene Solà como una de las voces más originales de la literatura catalana contemporánea.
La novela se sitúa en un espacio geográfico muy concreto: los Pirineos de la comarca del Ripollès, un territorio montañoso y escasamente poblado, lleno de historia, leyenda y memoria rural. Pero, más allá del lugar físico, lo que define la novela es su estructura: cada capítulo está narrado por una voz diferente, y esas voces no se restringen a los personajes humanos. Hablan también una tormenta, una cierva, un fantasma, las setas, las montañas.
La narración gira en torno a una pequeña comunidad rural y a las vidas entrelazadas de varias familias a lo largo del tiempo: Dolceta, Domènec, Mia, Hilari, entre otros. La historia se va construyendo de manera no lineal, a través de múltiples capas de voces y tiempos que superponen la historia íntima con la memoria colectiva, el presente con lo ancestral, y lo realista con lo mítico.
La autora desdibuja las fronteras entre géneros literarios y entre especies, haciendo que la novela respire un aire antiguo pero insólitamente nuevo. En su universo narrativo, los muertos siguen habitando los lugares que conocieron, los animales piensan, la naturaleza observa, y el lector se ve empujado a leer desde una sensibilidad más amplia, más porosa.
2. Análisis interpretativo y comparativo
Canto yo y la montaña baila se inscribe dentro de una línea literaria que podríamos llamar eco-literatura simbólica, pero también podría leerse como una novela coral de resonancias rurales, o como una reelaboración contemporánea de las leyendas populares desde una mirada crítica y actual. Su riqueza formal reside precisamente en su hibridación de registros y perspectivas.
Uno de los rasgos más sobresalientes de la obra es su ruptura con la visión antropocéntrica del relato. Solà propone una narración donde la voz humana ya no es central, y con ello subvierte una tradición narrativa largamente dominada por lo humano. Aquí, una tormenta puede contar una historia con más coherencia emocional que un testigo presencial. La cierva narra la muerte del cazador, no como tragedia, sino como un acto de equilibrio natural. Esta elección narrativa no es solo estética: es profundamente política. Es una propuesta de convivencia, de revisión del lugar que el ser humano ocupa en su entorno.
La estructura fragmentaria, que en otras obras podría producir desconcierto, se convierte en esta novela en una brújula literaria: cada voz añade una dirección, una temperatura emocional, una capa de significado. En este sentido, la novela se acerca a la lógica del tejido más que a la del relato lineal: el lector no avanza, se enreda.
El uso del catalán como lengua original —aunque aquí accedamos a la versión castellana— también es relevante. No por exotismo, sino porque marca una relación intrínseca con el territorio que se narra. La oralidad, los topónimos, la manera de nombrar el mundo rural catalán desde dentro, no desde la traducción cultural, aportan una autenticidad difícil de simular desde fuera. La traducción, sin embargo, conserva admirablemente el tono lírico y a la vez telúrico del original.
Comparativamente, la novela se puede situar junto a obras como El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez, pero superando el costumbrismo amable para proponer una poética de la alteridad más ambiciosa. También comparte con Intemperie, de Jesús Carrasco, una preocupación por el entorno rural como espacio ético, aunque aquí no hay violencia explícita, sino una tensión más sutil entre naturaleza, tiempo y presencia.
Respecto a otras voces actuales, Solà se distancia de la nostalgia rural que aún pervive en parte de la narrativa española contemporánea. Lo rural no es aquí un decorado perdido ni un santuario de valores: es un espacio vivo, contradictorio, lleno de muerte y belleza, de historia y olvido. No se idealiza la vida de campo, pero se restituye su densidad simbólica y su potencial narrativo.
3. Breve biografía de la autora
Irene Solà (Malla, Barcelona, 1990) es escritora y artista visual. Se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona y realizó un máster en Literatura, Cine y Cultura Visual en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Su doble formación artística y literaria se percibe en el enfoque sensorial, visual y simbólico de su narrativa.
Debutó en la literatura con Els dics (2018), que obtuvo el Premi Documenta y ya anticipaba un estilo singular, entre lo poético y lo narrativo. Sin embargo, fue Canto jo i la muntanya balla (2019) la obra que la catapultó al reconocimiento nacional e internacional. Con esta novela ganó el Premi Llibres Anagrama de Novel·la y el Premi de Literatura de la Unión Europea, entre otros. La novela ha sido traducida a más de veinte lenguas y ha sido adaptada al teatro con notable éxito.
Solà combina su labor de escritora con su participación en proyectos artísticos, performances y residencias creativas. Su obra es una de las más representativas de la nueva narrativa catalana, comprometida con el territorio, la pluralidad de voces y una literatura que cruza géneros, disciplinas y formas de percepción.
Redacción, por Punto y Seguido



