El Parlamento de Rumanía, alberga una de las bibliotecas más infravaloradas de Europa

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¿Sabías que el Parlamento de Rumanía, uno de los edificios más grandes del mundo, alberga una de las bibliotecas más infravaloradas de Europa, con incunables únicos en latín y griego?

La imagen imponente del Palacio del Parlamento de Rumanía, en Bucarest, evoca con frecuencia la megalomanía de la dictadura de Nicolae Ceaușescu. Con sus más de 330.000 metros cuadrados, es el segundo edificio administrativo más grande del mundo después del Pentágono. Su construcción, iniciada en 1984, implicó la demolición de un vasto sector histórico de la ciudad, lo que acentuó su simbolismo autoritario. No obstante, tras la caída del régimen en 1989, este coloso arquitectónico ha sido progresivamente resignificado, y entre los espacios más sorprendentes que alberga, destaca una joya poco conocida incluso por los propios rumanos: su biblioteca.

Esta biblioteca, ubicada en el ala sur del edificio, constituye una de las colecciones patrimoniales más notables —y paradójicamente menos reconocidas— del país. Su fondo incluye no solo documentos parlamentarios contemporáneos, sino también un archivo histórico y una colección bibliográfica de incalculable valor. En sus salas se custodian incunables en latín y griego que datan de los siglos XV y XVI, muchos de los cuales provienen de donaciones privadas o de antiguos monasterios ortodoxos rumanos.

El desconocimiento de esta biblioteca se debe en parte al carácter semi-institucional del Parlamento como custodio cultural, pero también a que no es una biblioteca de acceso público habitual. Solo investigadores acreditados o visitantes guiados pueden contemplar sus vitrinas y recorrer sus salas, decoradas con mármol, arañas de cristal y madera tallada procedente de los Cárpatos. Este marco palaciego contrasta con la humildad que suele rodear a los centros de estudio y lectura, generando una extraña combinación entre ostentación y saber.

Entre los volúmenes más singulares figuran tratados teológicos bizantinos, obras de Aristóteles impresas en Venecia a mediados del siglo XVI y gramáticas latinas utilizadas en las academias principescas de Valaquia. Estos libros no solo son raros por su contenido, sino también por la historia de su supervivencia: muchos fueron salvados de la quema o el abandono durante las reformas religiosas y políticas que afectaron a Rumanía en los siglos XIX y XX.

La biblioteca del Parlamento rumano podría compararse, por su riqueza, con las grandes bibliotecas monásticas centroeuropeas, pero su proyección pública es mínima. Rumanía, aún marcada por décadas de aislamiento cultural durante el comunismo, parece estar redescubriendo su legado humanista lentamente. Esta biblioteca, silenciosa y olvidada entre los mármoles del poder, representa un símbolo elocuente: entre los restos de una arquitectura de dominación, sobrevive el testimonio frágil pero persistente de la sabiduría antigua.

Tal vez llegue el día en que este tesoro deje de ser un secreto institucional para convertirse en un verdadero faro cultural. De momento, permanece ahí, resguardando entre muros monumentales las palabras de los antiguos, que aún esperan ser leídas.

Redacción

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