La ternura como trinchera: apuntes sobre la literatura “cuqui” japonesa

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En los últimos años, ciertos sectores de la literatura japonesa contemporánea han sido descritos con un adjetivo tan inusual como inquietante: kawaii, es decir, «cuqui». Este término, asociado inicialmente al mundo del diseño gráfico, el manga o la estética de personajes como Hello Kitty, ha ido impregnando lentamente otras esferas de la cultura nipona, incluida la literatura. Pero, ¿qué significa exactamente que una novela sea kawaii? ¿Estamos hablando de un estilo, de una sensibilidad, de una estrategia editorial o de una forma de evasión emocional?

En la narrativa, la «cuquificación» —si se permite el neologismo— no implica superficialidad, sino una suerte de contención estética y emocional. La ternura, en este caso, no es un adorno, sino un lenguaje: un modo de abordar las grietas de la existencia sin necesidad de recurrir al dramatismo. Autoras como Hiromi Kawakami, Banana Yoshimoto, Yoko Ogawa o la más reciente Sayaka Murata han sido vinculadas a esta sensibilidad, aunque ninguna de ellas se reivindique expresamente como tal. El común denominador entre sus obras es una escritura que elude lo estridente y se concentra en las texturas mínimas de la vida cotidiana: los vínculos silenciosos, las rutinas solitarias, los espacios liminales entre la rareza y la costumbre.

La etiqueta de «literatura cuqui» se sostiene en buena medida por una recepción occidental que tiende a exotizar o dulcificar lo japonés. No obstante, una lectura atenta permite advertir que, bajo el ropaje de lo entrañable, se despliega una crítica soterrada a las estructuras sociales contemporáneas: la presión laboral, el aislamiento urbano, la pérdida de vínculos comunitarios, la normatividad afectiva. En El cielo es azul, la tierra blanca (2001), de Hiromi Kawakami, una historia aparentemente anodina de amor entre una mujer madura y su antiguo profesor esconde una poderosa reflexión sobre la soledad elegida y la ternura como refugio. En Kitchen (1988), de Banana Yoshimoto, la cocina como espacio simbólico funciona como sustituto del hogar perdido tras la muerte de los progenitores, y en ella se construyen nuevos afectos sin necesidad de seguir los dictados de la familia tradicional.

Por su parte, Sayaka Murata lleva esta estética al límite con una propuesta mucho más radical. En La dependienta (2016), la protagonista encuentra sentido a su existencia únicamente a través de su trabajo en una tienda de conveniencia, mientras la sociedad la presiona para llevar una vida «normal». Lo que parece un retrato amable de la rutina laboral se convierte en una crítica feroz al encorsetamiento social. Murata va más allá del tono «cuqui» para utilizarlo como trampa narrativa: bajo su superficie amable, se esconde un cuestionamiento demoledor de los modelos de éxito y feminidad impuestos.

En estos relatos, lo «cuqui» no es un valor estético aislado, sino un dispositivo narrativo que opera en tensión con lo disfuncional. Hay una ternura doliente, una fragilidad que no implora compasión, sino reconocimiento. En ese equilibrio entre lo delicado y lo desajustado reside la fuerza de esta corriente, que puede interpretarse también como una forma de resistencia simbólica: ante la crudeza del mundo, elige la suavidad. No para escapar de la realidad, sino para iluminarla desde otro ángulo.

Lecturas recomendadas y perfiles de autoras 

Hiromi Kawakami (Tokio, 1958) Escritora de formación científica, Kawakami es una de las voces más singulares de la literatura japonesa contemporánea. Su obra combina lo cotidiano con lo insólito, y muchas de sus historias están marcadas por una sensibilidad intimista. En El cielo es azul, la tierra blanca (2001), ofrece una mirada lírica y contenida sobre el amor en la madurez. Otras obras destacadas: Manazuru (2006), Extraños (2003).

Banana Yoshimoto (Tokio, 1964) Pseudónimo de Mahoko Yoshimoto, debutó con Kitchen (1988), novela que la consagró como icono de la nueva literatura japonesa. Su estilo directo, emocional y teñido de melancolía ha conquistado lectores de varias generaciones. Aunque sus tramas pueden parecer sencillas, abordan temas como el duelo, la identidad o la soledad juvenil con una profundidad insospechada. Otras obras recomendadas: Tsugumi (1989), Amrita (1994).

Yoko Ogawa (Okayama, 1962) Autora versátil y prolífica, Ogawa combina una prosa delicada con tramas inquietantes. En novelas como La fórmula preferida del profesor (2003) o La policía de la memoria (1994), alterna la ternura con el desasosiego. Su capacidad para construir atmósferas opresivas con un lenguaje suave la convierte en una figura clave para comprender el potencial ambiguo de lo «cuqui».

Sayaka Murata (Inzai, 1979) Considerada una de las escritoras más provocadoras del Japón actual, Murata ha renovado el panorama narrativo con personajes marginales y situaciones absurdas que cuestionan las normas sociales. En La dependienta (2016), plantea una crítica feroz al sistema laboral y a las expectativas impuestas sobre las mujeres. También destacable: Vida ceremonial del individuo (2022), aún no traducido al español.

La etiqueta de «literatura cuqui» puede parecer reductora, pero sirve como punto de partida para explorar una estética que, lejos de lo superficial, propone nuevas formas de mirar lo íntimo, lo quebrado y lo cotidiano. En manos de estas autoras, la dulzura no es evasión, sino una estrategia literaria cargada de intención: una ternura que observa, resiste y, en última instancia, transforma. 

© Valentín Castro. Redactor Jefe

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Nació en una aldea de A Coruña. Emigra con sus padres a Méjico. Licenciado en Comunicación y Periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Vive en Madrid, publica artículos y ensayos en diversos medios de comunicación mejicanos y españoles bajo varios seudónimos. Actualmente prepara una saga con personajes nacidos durante la ocupación de México por Hernán Cortés. Sus artículos y ensayos son efectistas, en ocasiones cáustico, y muy crítico. ES Redactor Jefe de Hojas Sueltas, dedicando su tiempo libre a escribir artículos con especial dedicación a la literatura y la historia.

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