¿Sabías que el escritor esloveno Boris Pahor fue superviviente de varios campos de concentración y escribió en esloveno desde Italia para denunciar la persecución de su cultura?
Boris Pahor, una de las voces más conmovedoras de la literatura europea del siglo XX, nació en 1913 en Trieste, ciudad de cultura eslava e italiana situada en la frontera noreste de Italia. Su vida estuvo marcada desde el principio por el conflicto identitario: pertenecía a la minoría eslovena, pero vivía bajo el dominio del Estado italiano. Desde muy joven, Pahor presenció cómo el régimen fascista trataba de erradicar toda manifestación de cultura eslovena: se prohibía el uso del idioma, se clausuraban escuelas, periódicos y asociaciones. Aquel intento de borrado cultural no solo le causó una profunda herida personal, sino que marcó para siempre su literatura.
Durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó como traductor en el ejército italiano, pero pronto se unió a la resistencia antifascista. Fue capturado por los nazis en 1944 y deportado a varios campos de concentración, entre ellos Natzweiler-Struthof (en Alsacia), Dachau, Dora-Mittelbau, Harzungen y finalmente Bergen-Belsen. Sobrevivir al horror del exterminio lo convirtió en un testigo incómodo pero necesario de la barbarie del siglo XX. Como Primo Levi, Imre Kertész o Jorge Semprún, Pahor transformó su memoria del sufrimiento en literatura.
Su obra más reconocida, Necrópolis (1967), es una meditación íntima y poderosa sobre la fragilidad humana en los límites del dolor. En ella, el protagonista regresa como visitante al campo de concentración de Natzweiler, donde fue prisionero, y ese viaje desencadena un flujo de recuerdos y reflexiones que oscilan entre la desesperación y la lucidez. Lo más singular de su escritura es la combinación de denuncia política, humanismo radical y lirismo introspectivo. A diferencia de otros supervivientes, Pahor eligió escribir en esloveno, su lengua materna, un gesto profundamente político en una Italia que durante décadas ignoró —cuando no reprimió— la existencia de la minoría eslava de Trieste y la región de Friuli-Venecia Julia.
Durante años, sus libros fueron poco conocidos fuera del ámbito esloveno. Fue necesario que se tradujeran al francés para que, a partir de los años noventa, su figura alcanzara un reconocimiento internacional. En 2010, fue recibido en la Academia Francesa, y numerosos premios literarios europeos reconocieron su obra. Murió en 2022, a los 108 años, como uno de los últimos testigos vivos del Holocausto.
Pahor no solo escribió contra el fascismo y el nazismo, sino también contra el olvido. Su defensa de la lengua eslovena en suelo italiano fue una forma de resistencia cultural. Rechazó siempre la pasividad ante la injusticia y mantuvo una postura crítica incluso frente a la tibieza de los Estados democráticos en la defensa de las minorías.
Su vida y su literatura son un recordatorio necesario: que la memoria es un deber moral, y que escribir en una lengua perseguida puede ser un acto de dignidad insobornable.
Redacción



