Muere José María Guelbenzu

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Fallece a los 81 años José María Guelbenzu, figura clave de la narrativa española contemporánea

El escritor madrileño José María Guelbenzu, una de las voces más relevantes y consistentes de la narrativa española de las últimas décadas, ha fallecido a los 81 años. Su carrera literaria, extensa y diversa, abarcó más de medio siglo e incluyó facetas como novelista, ensayista, crítico literario, editor y articulista, consolidándolo como una figura central del panorama cultural español.

Nacido en Madrid el 14 de abril de 1944, Guelbenzu se inició en el ámbito literario en los años sesenta, vinculado a la influyente revista Cuadernos para el Diálogo, donde desempeñó funciones de confección editorial y más tarde fue jefe de producción en la sección de libros hasta 1969. Su actividad intelectual en esta época se extendió también al cine —fue codirector del Cine-Club Imagen de Madrid— y a colaboraciones en publicaciones como Informaciones, Madrid, Signo y otras revistas literarias de referencia.

Su debut novelístico llegó en 1968 con El mercurio (Seix Barral), obra que fue saludada por la crítica como una muestra del vigor renovador de la narrativa española del momento. Le siguieron títulos como Antifaz (1970) y El pasajero de ultramar (1976), en los que ya se percibía una preocupación constante por la forma literaria, el lenguaje y la introspección psicológica de los personajes, rasgos que caracterizaron buena parte de su obra posterior.

Guelbenzu también dejó una huella profunda en el género policiaco gracias a la exitosa serie protagonizada por la jueza Mariana de Marco, iniciada en 2001 con No acosen al asesino y culminada en 2022 con Asesinato en el Jardín Botánico. A lo largo de diez entregas, esta saga —publicada en su mayoría por Siruela— supuso una aportación singular al ámbito de la novela negra en España, dotando al género de una mirada más introspectiva y literaria. La jueza De Marco se convirtió en uno de los personajes más reconocibles de la ficción criminal nacional contemporánea.

Su labor no se limitó a la escritura de ficción. Fue también un destacado editor en Alfaguara, donde impulsó nuevas voces de la narrativa española e iberoamericana durante los años ochenta y noventa, y desarrolló una reconocida trayectoria como crítico literario. En los últimos años colaboró regularmente en el suplemento Babelia de El País, periódico en el que escribía desde su fundación, y en la Revista de Libros, publicaciones que lo consagraron como una de las opiniones más autorizadas del ámbito literario en lengua española.

Su obra recibió numerosos reconocimientos a lo largo de los años. Entre los más destacados figuran el Premio de la Crítica de narrativa en 1981 por El río de la luna, el Premio Internacional de Novela Plaza & Janés en 1991, el Premio Fundación Sánchez Ruipérez de Periodismo en 2007 y el Premio Torrente Ballester de Narrativa en 2010 por El amor verdadero. Además, fue jurado habitual en premios tan prestigiosos como los Nacionales de Literatura, el Nadal o el Café Gijón, contribuyendo a dar visibilidad a nuevas generaciones de escritores.

Su última obra, Una gota de afecto (Siruela, 2024), publicada este mismo año, cierra una trayectoria de compromiso con la literatura y con el pensamiento crítico, en la que nunca dejó de interrogar los vínculos entre lenguaje, verdad y ficción.

Con su fallecimiento desaparece una voz singular, lúcida y reflexiva, que supo conjugar la exigencia estilística con la voluntad de dialogar con los lectores desde el rigor y la complejidad narrativa. Su legado permanecerá como testimonio de una literatura comprometida con su tiempo.

Descanse en paz.

Redacción

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