Cuando en 1713 se fundó la Real Academia Española, uno de sus primeros propósitos fue fijar y limpiar la lengua mediante un repertorio de voces que permitiera unificar criterios. Tras décadas de trabajo, en 1780 se publicó la primera edición del Diccionario de la lengua castellana, un volumen monumental que recogía la riqueza léxica del español de la época. A diferencia de otros repertorios bilingües, como los de Nebrija o Covarrubias, este fue estrictamente monolingüe y normativo.
La obra incluía definiciones, etimologías y ejemplos de uso, y se convirtió en una herramienta imprescindible para eruditos, juristas, escritores y maestros. El espíritu del proyecto se resumía en el lema de la Academia: “Limpia, fija y da esplendor”. Con el paso de los siglos, el diccionario se ha ido actualizando, reflejando la evolución de la lengua y la incorporación de nuevos términos. Hoy, la RAE mantiene su versión digital gratuita, herencia directa de aquel primer tomo de 1780 que aspiraba a custodiar el idioma de todos.
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