Pelusa y las hermanas García

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En el corazón del madrileño barrio de Malasaña, dos hermanas —Clara y Sofía García— compartían un pequeño piso de estudiantes. Clara, la mayor, era una joven vivaracha y extrovertida, apasionada por la literatura y la música. Sofía, por su parte, era más tranquila y reflexiva, dedicada al mundo del arte y la fotografía.

Un día lluvioso, mientras Clara regresaba a casa con un paraguas rojo, se topó con una pequeña figura peluda acurrucada en un portal. Era una gatita de apenas unos meses, con ojos grandes y asustados, y un pelaje grisáceo apagado por el frío y la humedad. Sin pensarlo dos veces, Clara la recogió y la llevó al piso.

Sofía, al verla, no pudo evitar la ternura. La bautizaron como Pelusa y le improvisaron un refugio con una caja de cartón y una manta suave. Desde ese momento, la vida en el piso se llenó de nuevas aventuras.

Pelusa, con su curiosidad natural y su espíritu juguetón, pronto se convirtió en el centro de atención. Clara le inventaba historias y le enseñaba trucos, mientras Sofía la fotografiaba una y otra vez, fascinada con sus poses caprichosas.

Las anécdotas no tardaron en llegar. Un día, mientras Clara preparaba un examen de literatura, Pelusa se subió al ordenador y comenzó a jugar con el teclado, borrando párrafos enteros y enviando correos sin sentido a varios profesores. Sofía, por su parte, la encontró una vez enredada en un rollo de película fotográfica, dejando una huella imborrable en sus imágenes más preciadas.

A pesar de las travesuras, Pelusa llenó el piso de alegría y calidez. Se convirtió en la mejor amiga de las hermanas, acompañándolas en los estudios, en los sueños, y en los ratos de ocio. Era una confidente silenciosa: siempre parecía escuchar, y acariciar la preocupación humana con su ronroneo.

Un día, mientras Clara y Sofía estaban en clase, un vecino les avisó de que Pelusa había escapado. Las hermanas, desesperadas, la buscaron por el barrio, pegaron carteles y preguntaron a cada persona que encontraban.

Al final, la encontraron en un árbol del Retiro, maullando con fuerza y a punto de caerse.

Desde ese día, las hermanas tomaron más precauciones: le compraron un collar con su nombre y teléfono, y reforzaron la ventana con una red. Pelusa, agradecida, se convirtió en una gatita más prudente, aunque nunca perdió su espíritu juguetón.

© Anika

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Anika, escritora invidente, nació en Andújar (Jaén) el 16 de febrero de 1962. Hija de un militar y de una ama de casa dedicada a sus labores. Es la mayor de dos hermanas. Cursó estudios primarios, la antigua EGB, bachillerato y carrera universitaria, diplomándose en Magisterio en la especialidad de humanidades. Ana, una autora incansable en el oficio de escribir, inició sus primeros pasos en la lectura de tebeos, cuentos y libros de grandes escritores hasta que un día, animada y tras descubrir su pasión por la escritura, cae en sus manos un importante material literario para iniciarse en el arte de escribir. En 2002 publicó su primer libro de relatos infantiles-juveniles titulado “Las aventuras de Carol”, siguió otra publicación en 2017 con la obra “Aventuras salvajes”, con buena acogida en los medios de comunicación, y dos obras más en 2021 en formato digital, “En los ojos de un niño” y "Rous Rose”. Y en 2023, un libro de poesías titulado "A través de mi espacio".

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