El azul me transmite tranquilidad y serenidad.
Salgo de paseo y, mientras camino, empiezo a observar todo a mi alrededor en busca de cosas azules.
En mi recorrido, veo el cielo despejado y radiante, con un azul intenso que me hace sentir libre. También descubro un hermoso río cuyas aguas reflejan el cielo, invitándome a sumergirme en su frescura. A medida que avanzo, encuentro un jardín lleno de flores azules que desprenden un aroma dulce y fresco.
Sigo caminando y me detengo en un café acogedor, donde el color azul está presente en las tazas y platos. Me siento a disfrutar de un delicioso café mientras observo a la gente pasar por la calle, algunos vestidos con prendas azules que destacan entre la multitud.
Finalmente, llego a un parque y me siento en un banco azul. Desde allí contemplo cómo el sol se pone en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos que contrastan con el azul que me ha acompañado durante todo el día.
Al reflexionar, me doy cuenta de que el color azul me ha regalado calma y paz interior. Me ha recordado la importancia de detenerme, de apreciar las pequeñas cosas y de encontrar belleza en los detalles más simples.
Ana Cachinero



