Robo de libros raros en la Biblioteca Nacional de Praga

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Inquietud por la vulnerabilidad del patrimonio europeo

La Biblioteca Nacional de Praga —una de las instituciones culturales más antiguas y respetadas de Europa Central— ha confirmado esta semana la desaparición de al menos 17 volúmenes raros, algunos de ellos con un valor histórico incalculable, datados entre los siglos XVII y XIX. La noticia, publicada inicialmente por Radio Prague International el 6 de julio de 2025, ha sacudido tanto a la comunidad académica como a los responsables de la custodia del patrimonio documental europeo.

El hallazgo del robo tuvo lugar el pasado sábado, 5 de julio, cuando un equipo interno de conservadores llevó a cabo una revisión rutinaria del depósito de manuscritos y colecciones especiales, ubicado en el histórico edificio Clementinum, un imponente complejo barroco en pleno centro de Praga. Según detalló el director general de la Biblioteca, Tomáš Foltýn, las primeras irregularidades se detectaron al comprobar un registro digital que no coincidía con la localización física de varios ejemplares de la colección de cartografía antigua y tratados encuadernados en piel.

Entre los volúmenes sustraídos se encontrarían mapas únicos de Bohemia y Moravia del siglo XVII, ediciones comentadas de obras de astronomía de Johannes Kepler —quien residió en Praga durante parte de su vida— y manuscritos religiosos que formaban parte del legado de la Universidad Carolina de Praga. Se calcula que su valor de mercado podría superar fácilmente los 3 millones de euros, aunque expertos como Martin Souček, profesor de Historia del Libro en la Universidad Masaryk de Brno, advierten que “su verdadero valor no es económico sino cultural, pues se trata de piezas únicas que no pueden sustituirse ni reproducirse sin perder parte de su autenticidad”.

Foltýn confirmó en declaraciones recogidas por el diario Lidové noviny (6 julio 2025) que existen indicios de complicidad interna, dado que los sistemas de alarma del archivo no registraron ninguna intrusión externa y no se forzaron vitrinas ni cerraduras. “Estamos cooperando estrechamente con la Policía Nacional y la Interpol, pues tememos que estos ejemplares puedan acabar en el circuito clandestino de casas de subastas internacionales”, explicó el director, quien además no descartó la posibilidad de que el robo se hubiera gestado durante varios meses mediante pequeñas sustracciones invisibles a simple vista.

El caso recuerda inevitablemente otros episodios similares ocurridos en Europa en la última década, como el célebre robo de códices de la Biblioteca Girolamini de Nápoles, que salió a la luz en 2012 tras una investigación impulsada por el bibliotecario Marino Massimo De Caro, quien resultó ser, irónicamente, el principal artífice de la desaparición de más de 200 volúmenes raros vendidos a coleccionistas privados. Para Michaela Šojdrová, eurodiputada checa del Partido Popular Europeo, este suceso es “una nueva llamada de atención sobre la urgente necesidad de reforzar la seguridad en archivos y bibliotecas públicas que custodian piezas irreemplazables del pasado común europeo” (Česká televize, 6 julio 2025).

Desde el propio Ministerio de Cultura checo se ha prometido una auditoría exhaustiva de los protocolos de seguridad en la Biblioteca Nacional, cuyas colecciones suman más de siete millones de documentos. El ministro Martin Baxa declaró a Hospodářské noviny (6 julio 2025) que “es inaceptable que la negligencia o la corrupción interna puedan poner en riesgo bienes de todos los ciudadanos”. Baxa también reconoció que la falta de financiación suficiente para renovar sistemas de vigilancia y digitalización de registros es uno de los puntos débiles del sector bibliotecario en la República Checa, algo que comparten muchas instituciones en Europa del Este.

El robo ha despertado la solidaridad de varias instituciones hermanas, como la Biblioteca Nacional de Austria o la Biblioteca Nacional de España, que ya han ofrecido colaboración para rastrear cualquier intento de venta ilícita de estos ejemplares a través de catálogos, ferias de libros antiguos o subastas online.

Mientras tanto, se han reactivado redes de cooperación con la UNESCO y el ICOM (Consejo Internacional de Museos) para difundir listados detallados de los títulos robados, lo que dificulta su comercialización en mercados legítimos. Sin embargo, expertos como Karel Ksandr, director del Archivo Nacional Checo, recuerdan que “el coleccionismo privado de libros raros sigue siendo un mercado opaco y global, donde muchas transacciones se realizan en efectivo y sin documentación formal”.

Este incidente vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la fragilidad del patrimonio documental europeo y la necesidad de actualizar normativas de protección y conservación. Según cifras de la International Federation of Library Associations and Institutions (IFLA), se estima que cada año desaparecen en Europa centenares de volúmenes raros de bibliotecas públicas, muchos de los cuales jamás se recuperan.

Por ahora, la Biblioteca Nacional de Praga ha restringido el acceso a varias de sus salas de colecciones especiales y ha iniciado una revisión pieza por pieza, lo que supondrá cerrar temporalmente algunas áreas a investigadores y estudiantes. A pesar de ello, Tomáš Foltýn asegura que “la institución seguirá cumpliendo su función pública, porque el mayor daño sería aislar el conocimiento por miedo”.

Mientras se esclarecen los hechos, la comunidad académica internacional sigue de cerca este caso, consciente de que cada libro perdido es una ventana que se cierra sobre la memoria cultural de Europa.

Redacción


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