Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.
Mucho antes de que imaginara la imperecedera historia del sórdido amor de un profesor por una nínfula, Vladimir Nabokov (1899-1977) había sido un oscuro...
Las revoluciones requieren de la masa, de la colectividad. Cuando descienden al hombre sencillo, a las personas tomadas como individuos, se convierten en una...
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