{"id":26528,"date":"2026-01-24T00:00:42","date_gmt":"2026-01-23T22:00:42","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=26528"},"modified":"2026-01-24T09:39:22","modified_gmt":"2026-01-24T07:39:22","slug":"fortunata-y-jacinta-segunda-parte-capitulo-vi-partes-vii-y-viii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=26528","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Segunda parte &#8211; Cap\u00edtulo VI | partes VII y VIII"},"content":{"rendered":"<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">VII<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p>Sorprendidas por una monja en esta sabrosa conversaci\u00f3n que las hac\u00eda desmayar en el trabajo, tuvieron que callarse. Mauricia dio salida al agua sucia, y Fortunata abri\u00f3 el grifo para que se llenara la artesa con el agua limpia del dep\u00f3sito de palastro. Creer\u00edase que aquello simbolizaba la necesidad de llevar pensamientos claros al di\u00e1logo un tanto impuro de las dos amigas. La artesa tardaba mucho en llenarse, porque el dep\u00f3sito ten\u00eda poca agua. El gran disco que transmit\u00eda a la bomba la fuerza del viento, estaba aquel d\u00eda muy perezoso, movi\u00e9ndose tan s\u00f3lo a ratos con indolente majestad; y el aparato, despu\u00e9s de gemir un instante como si trabajara de mala gana, quedaba inactivo en medio del silencio del campo. Ganas ten\u00edan las dos recogidas de seguir charlando; pero la monja no las dejaba y quiso ver c\u00f3mo aclaraban la ropa. Despu\u00e9s las amigas tuvieron que separarse, porque era jueves y Fortunata hab\u00eda de vestirse para recibir la visita de los de Rub\u00edn. Mauricia se qued\u00f3 sola tendiendo la ropa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maximiliano dijo categ\u00f3ricamente aquella tarde que por acuerdo de la familia y con asentimiento de la Superiora, en el pr\u00f3ximo mes de Setiembre se dar\u00eda por concluida la reclusi\u00f3n de Fortunata, y esta saldr\u00eda para casarse. Las madres no ten\u00edan queja de ella y alababan su humildad y obediencia. No se distingu\u00eda, como Bel\u00e9n y Felisa, por su ardiente celo religioso, lo que indicaba falta de vocaci\u00f3n para la vida claustral; pero cumpl\u00eda sus deberes puntualmente, y esto bastaba. Hab\u00eda adelantado mucho en la lectura y escritura, y se sab\u00eda de corrido la doctrina cristiana, con cuya luz las Micaelas reputaban a su disc\u00edpula suficientemente alumbrada para guiarse en los senderos rectos o tortuosos del mundo; y ten\u00edan por cierto que la posesi\u00f3n de aquellos principios daba a sus alumnas incre\u00edble fuerza para hacer frente a todas las dudas. En esto hay que contar con la \u00edndole, con el esqueleto espiritual, con esa forma interna y perdurable de la persona, que suele sobreponerse a todas las transfiguraciones epid\u00e9rmicas producidas por la ense\u00f1anza; pero con respecto a Fortunata, ninguna de las madres, ni aun las que m\u00e1s de cerca la hab\u00edan tratado, ten\u00edan motivos para creer que fuera mala. Consider\u00e1banla de poco entendimiento, docilota y f\u00e1cilmente gobernable. Verdad que en todo lo que corresponde al reino inmenso de las pasiones, las monjas apenas ejercitaban su facultad educatriz, bien porque no conocieran aquel reino, bien porque se asustaran de asomarse a sus fronteras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debe decirse que aquella tarde, cuando Maximiliano habl\u00f3 a su futura de pr\u00f3xima salida, los sentimientos de ella experimentaron un retroceso. \u00a1Salir, casarse!&#8230; En aquel instante parec\u00edale su dichoso novio m\u00e1s antip\u00e1tico que nunca, y advirti\u00f3 con miedo que aquellas regiones magn\u00edficas de la hermosura del alma no hab\u00edan sido descubiertas por ella en la soledad y santidad de las Micaelas, como le anunciara Nicol\u00e1s Rub\u00edn, a pesar de haber rezado tanto y de haber o\u00eddo <i>tantismos<\/i> sermones. Porque lo que el capell\u00e1n dec\u00eda en el p\u00falpito era que debemos hacer todo lo posible para salvarnos, que seamos buenos y que no pequemos; tambi\u00e9n dec\u00eda que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y que Dios es <i>hermosismo<\/i> en s\u00ed y tal como el alma le ve; pero a ella se le figuraba que por bajo de esto quedaba libre el coraz\u00f3n para el amor mundano, que este entra por los ojos o por la simpat\u00eda, y no tiene nada que ver con que la persona querida se parezca o no se parezca a los santos. De este modo ca\u00eda por tierra toda la doctrina del cura Rub\u00edn, el cual entend\u00eda tanto de amor como de herrar mosquitos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, que los sentimientos de la pr\u00f3jima hacia su marido futuro no hab\u00edan cambiado en nada. No obstante, cuando Maximiliano le dijo que ya ten\u00eda elegida la casita que iba a alquilar y le consult\u00f3 acerca de los muebles que comprar\u00eda, aquella presunci\u00f3n o sentimiento de su hogar honrado despert\u00f3 en el \u00e1nimo de Fortunata la dignidad de la nueva vida, se sinti\u00f3 impulsada hacia aquel hombre que la redim\u00eda y la regeneraba. De este modo vino a mostrarse complacid\u00edsima con la salida pr\u00f3xima, y dijo mil cosas oportunas acerca de los muebles, de la vajilla y hasta de la bater\u00eda de cocina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despidi\u00e9ronse muy gozosos, y Fortunata se retir\u00f3 con la mente hecha a aquel orden de ideas. \u00a1Un hogar honrado y tranquilo!&#8230; \u00a1Si era lo que ella hab\u00eda deseado toda su vida!&#8230; \u00a1Si jam\u00e1s tuvo afici\u00f3n al lujo ni a la vida de aparato y perdici\u00f3n!&#8230; \u00a1Si su gusto fue siempre la oscuridad y la paz, y su maldito destino la llevaba a la publicidad y a la inquietud!&#8230; \u00a1Si ella hab\u00eda so\u00f1ado siempre con verse rodeada de un corro chiquito de personas queridas, y vivir como Dios manda, queriendo bien a los suyos y bien querida de ellos, pasando la vida sin afanes!&#8230; \u00a1Si fue lanzada a la vida mala por despecho y contra su voluntad, y no le gustaba, no se\u00f1or, no le gustaba!&#8230; Despu\u00e9s de pensar mucho en esto hizo examen de conciencia, y se pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00eda obtenido de la religi\u00f3n en aquella casa. Si en lo tocante a prendarse de las guapezas del alma hab\u00eda adelantado poco, en otro orden algo iba ganando. Gozaba de cierta paz espiritual, desconocida para ella en \u00e9pocas anteriores, paz que s\u00f3lo turbaba Mauricia arrojando en sus o\u00eddos una maligna frase. Y no fue esto la \u00fanica conquista, pues tambi\u00e9n prendi\u00f3 en ella la idea de la resignaci\u00f3n y el convencimiento de que debemos tomar las cosas de la vida como vienen, recibir con alegr\u00eda lo que se nos da, y no aspirar a la realizaci\u00f3n cumplida y total de nuestros deseos. Esto se lo dec\u00eda aquella misma claridad esencial, aquella <i>idea blanca<\/i> que sal\u00eda de la custodia. Lo malo era que en aquellas largas horas, a veces aburridas, que pasaba de rodillas ante el Sacramento, la faz envuelta en un gran velo al modo de mosquitero, la pecadora sol\u00eda fijarse m\u00e1s en la custodia, marco y continente de la sagrada forma, que en la forma misma, por las asociaciones de ideas que aquella joya despertaba en su mente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y llegaba a creerse la muy tonta que la forma, <i>la idea blanca<\/i>, le dec\u00eda con familiar lenguaje semejante al suyo: \u00abNo mires tanto este cerco de oro y piedras que me rodea, y m\u00edrame a m\u00ed que soy la verdad. Yo te he dado el \u00fanico bien que puedes esperar. Con ser poco, es m\u00e1s de lo que te mereces. Ac\u00e9ptalo y no me pidas imposibles. \u00bfCrees que estamos aqu\u00ed para mandar, verbi gracia, que se altere la ley de la sociedad s\u00f3lo porque a una marmotona como t\u00fa se le antoja? El hombre que me pides es un se\u00f1or de muchas campanillas y t\u00fa una pobre muchacha. \u00bfTe parece f\u00e1cil que Yo haga casar a los se\u00f1oritos con las criadas o que a las muchachas del pueblo las convierta en se\u00f1oras? \u00a1Qu\u00e9 cosas se os ocurren, hijas! Y adem\u00e1s, tonta, \u00bfno ves que es casado, casado por mi religi\u00f3n y en mis altares?, \u00a1y con qui\u00e9n!, con uno de mis \u00e1ngeles hembras. \u00bfTe parece que no hay m\u00e1s que enviudar a un hombre para satisfacer el antojito de una corrida como t\u00fa? Cierto que lo que a m\u00ed me conviene, como t\u00fa has dicho, es traerme ac\u00e1 a Jacinta. Pero eso no es cuenta tuya. Y sup\u00f3n que la traigo, sup\u00f3n que se queda viudo. \u00a1Bah! \u00bfCrees que se va a casar contigo? S\u00ed, para ti estaba. \u00a1Pues no se casar\u00eda si te hubieras conservado honrada, <i>cuanti m\u00e1s<\/i>, sosona, habi\u00e9ndote echado tan a perder! Si es lo que Yo digo: parece que est\u00e1is locas rematadas, y que el vicio os ha secado la mollera. Me ped\u00eds unos disparates que no s\u00e9 c\u00f3mo los oigo. Lo que importa es dirigirse a M\u00ed con el coraz\u00f3n limpio y la intenci\u00f3n recta, como os ha dicho ayer vuestro capell\u00e1n, que no habr\u00e1 inventado la p\u00f3lvora; pero, en fin, es buen hombre y sabe su obligaci\u00f3n. A ti, Fortunata, te mir\u00e9 con <i>indilugencia<\/i> entre las descarriadas, porque volv\u00edas a M\u00ed tus ojos alguna vez, y Yo vi en ti deseos de enmienda; pero ahora, hija, me sales con que s\u00ed, ser\u00e1s honrada, todo lo honrada que Yo quiera, siempre y cuando que te d\u00e9 el hombre de tu gusto&#8230; \u00a1Vaya una gracia!&#8230; Pero en fin, no me quiero enfadar. Lo dicho, dicho: soy infinitamente misericordioso contigo, d\u00e1ndote un bien que no mereces, depar\u00e1ndote un marido honrado y que te adora, y todav\u00eda refunfu\u00f1as y pides m\u00e1s, m\u00e1s, m\u00e1s&#8230; Ved aqu\u00ed por qu\u00e9 se cansa Uno de decir que s\u00ed a todo&#8230; No calculan, no se hacen cargo estas desgraciadas. Dispone Uno que a tal o cual hombre se le meta en la cabeza la idea de regenerarlas, y luego vienen ellas poniendo peros. Ya salen con que ha de ser bonito, ya con que ha de ser Fulano y si no, no. Hijas de mi alma, Yo no puedo alterar mis obras ni hacer mangas y capirotes de mis propias leyes. \u00a1Para hombres bonitos est\u00e1 el tiempo! Con que resignarse, hijas m\u00edas, que por ser cabras no ha de abandonaros vuestro pastor; tomad ejemplo de las ovejas con quien viv\u00eds; y t\u00fa, Fortunata, agrad\u00e9ceme sinceramente el bien inmenso que te doy y que no te mereces, y d\u00e9jate de hacer melindres y de pedir goller\u00edas, porque entonces no te doy nada y tirar\u00e1s otra vez al monte. Con que, cuidadito&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando las recogidas, al retirarse, se quitaban el velo, las m\u00e1s pr\u00f3ximas a Fortunata notaron que esta se sonre\u00eda.<\/p>\n<hr \/>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">VIII<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es cosa muy cargante para el historiador verse obligado a hacer menci\u00f3n de muchos pormenores y circunstancias enteramente pueriles, y que m\u00e1s bien han de excitar el desd\u00e9n que la curiosidad del que lee, pues aunque luego resulte que estas nimiedades tienen su engranaje efectivo en la m\u00e1quina de los acontecimientos, no por esto parecen dignas de que se las traiga a cuento en una relaci\u00f3n ver\u00eddica y grave. Ved, pues, por qu\u00e9 pienso que se han de re\u00edr los que lean aqu\u00ed ahora que Sor Marcela ten\u00eda miedo a los ratones; y no valdr\u00e1 seguramente a\u00f1adir que el miedo de la cojita era grande, espantoso, ocasionado a desagradables incidentes y aun a derivaciones tr\u00e1gicas. Como ella sintiera en la soledad de su celda el bulle bulle del maldecido animal, ya no pegaba los ojos en toda la noche. Le entraba tal rabia, que no pod\u00eda ni siquiera rezar, y la rabia, m\u00e1s que contra el rat\u00f3n, era contra Sor Natividad, que se hab\u00eda empe\u00f1ado en que no hubiera gatos en el convento, porque el \u00faltimo que all\u00ed existi\u00f3 no participaba de sus ideas en punto al aseo de todos los rincones de la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una de aquellas noches de Agosto le dio el diminuto roedor tanta guerra a la madrecita, que esta se levant\u00f3 al amanecer con la firm\u00edsima resoluci\u00f3n de cazarlo y hacer el m\u00e1s terrible de los escarmientos. Era tan insolente el tal, que despu\u00e9s de ser d\u00eda claro se paseaba por la celda muy tranquilo y miraba a Sor Marcela con sus ojuelos negros y pillines. \u00abVer\u00e1s, ver\u00e1s\u2014dijo esta subi\u00e9ndose con gran trabajo a la cama, porque la idea de que el rat\u00f3n se acercase a uno de sus pies, aunque fuera el de palo, caus\u00e1bale terror\u2014, lo que es hoy no te escapas&#8230; d\u00e9jate estar, que ya te compondremos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llam\u00f3 a Fortunata y a Mauricia, y en breves palabras las puso al corriente de la situaci\u00f3n. Ambas recogidas, particularmente la Dura, no quer\u00edan otra cosa. O se apoderaban del enemigo, o no eran ellas quienes eran. Baj\u00f3 Sor Marcela a la iglesia, y las dos mujeres emprendieron su campa\u00f1a. No qued\u00f3 trasto que no removieran, y para separar de su sitio la c\u00f3moda, que era pesad\u00edsima, estuvieron haciendo esfuerzos varoniles cosa de un cuarto de hora, no acabando antes porque la risa les cortaba las fuerzas. Por fin, tanto trabajaron que cuando Sor Marcela sali\u00f3 de la iglesia, una monja le dio la feliz noticia de que el rat\u00f3n hab\u00eda sido cogido. Subi\u00f3 la enana a su celda, y la algazara de las recogidas le anunciaba por el camino las diabluras de Mauricia, que ten\u00eda el rat\u00f3n vivo en la mano y asustaba con \u00e9l a sus compa\u00f1eras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cost\u00f3 alg\u00fan trabajo restablecer el orden y que Mauricia diese muerte a la v\u00edctima y la arrojase. Sor Marcela dispuso que le volviesen a poner los trastos de la celda lo mismo que estaban, y acabose el cuento del rat\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda siguiente fue uno de los m\u00e1s calurosos de aquel verano. En las habitaciones que ca\u00edan al Mediod\u00eda era imposible parar, porque faltaba el aire respirable. Donde quiera que daba el sol, el ambiente seco, quieto y abrasado tostaba. Ni aun las ramas m\u00e1s altas de los \u00e1rboles de la huerta se mov\u00edan, y el disco de Parson, inm\u00f3vil, miraba a la inmensidad como una pupila cuajada y moribunda. De doce a tres, se suspend\u00eda todo trabajo en la casa, porque no hab\u00eda cuerpo ni esp\u00edritu que lo resistiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas monjas se retiraban a su celda a dormir la siesta; otras se iban a la iglesia que era lo m\u00e1s fresco de la casa, y sentadas en las banquetas, apoyando en la pared su espalda, o rezaban con somnolencia, o descabezaban un sue\u00f1ecillo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las <i>Filomenas<\/i> ca\u00edan tambi\u00e9n rendidas de cansancio. Algunas se iban a sus dormitorios, y otras tend\u00edanse en el suelo de la sala de labores o de la escuela. Las monjas que las vigilaban permit\u00edan aquella infracci\u00f3n a la regla, porque ellas tampoco pod\u00edan resistir, y cerrando dulcemente sus ojos y arrull\u00e1ndose en un pl\u00e1cido arrobo, conservaban en las facciones, como una careta, el moh\u00edn de la maestra, cuya obligaci\u00f3n es mantener la disciplina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la sala de escuela hab\u00eda dos o tres grupos de mujeres sentadas en los bancos, con la cabeza y el busto descansando sobre las mesas. Algunas roncaban con estr\u00e9pito. La monja se hab\u00eda dormido tambi\u00e9n con la cabeza echada hacia atr\u00e1s y la boca abierta. En una de las carpetas de estudio, dos recogidas velaban: una era Bel\u00e9n, que le\u00eda en su libro de rezos, y la otra Mauricia la Dura, que ten\u00eda la cabeza inclinada sobre la carpeta, apoyando la frente en un pu\u00f1o cerrado. Al principio, su vecina Bel\u00e9n crey\u00f3 que rezaba, porque oy\u00f3 cierto murmullo y alg\u00fan silabeo fugaz. Pero luego observ\u00f3 que lo que hac\u00eda Mauricia era llorar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 tienes, mujer?\u00bb le dijo Bel\u00e9n, alz\u00e1ndole a viva fuerza la cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pecadora no contest\u00f3 nada; mas la otra pudo observar que su rostro estaba tan ba\u00f1ado en l\u00e1grimas como si le hubiesen echado por la frente un cubo de agua, y sus ojos encendidos y aquella grand\u00edsima humedad igualaban el rostro de Mauricia al de la Magdalena; as\u00ed al menos lo vio Bel\u00e9n. Tantas preguntas le hizo esta y tanto cari\u00f1o le mostr\u00f3, que al fin obtuvo respuesta de la pobre mujer desolada, que no parec\u00eda tener consuelo ni hartarse nunca de llorar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 he de tener, desgraciada de m\u00ed?\u2014exclam\u00f3 al fin bebi\u00e9ndose sus l\u00e1grimas\u2014, sino que hoy, sin saber por qu\u00e9 ni por qu\u00e9 no, me veo tal y como soy; soy mala, mala, m\u00e1s que mala, y se me vienen al filo del pensamiento toditos los pecados que he cometido, desde el primero hasta el \u00faltimo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues, hija\u2014arguy\u00f3 Bel\u00e9n con aquel sonsonete que hab\u00eda aprendido y que tan bien se acomodaba a su figura angelical y a sus moditos insinuantes\u2014, ten entendido que aunque tus cr\u00edmenes fueran tantos como las arenas de la mar, Dios te los perdonar\u00e1 si te arrepientes de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">O\u00edr esto Mauricia y dar un gran berrido y soltar otra catarata de l\u00e1grimas fue todo uno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo, no, no\u2014murmur\u00f3 luego entre sollozos tales que parec\u00eda que se ahogaba\u2014. A m\u00ed no me puede perdonar, a m\u00ed no, porque he sido muy arrastrada, pero mucho, y cuanto pecado hay, chica, lo he cometido yo&#8230; Y si no, di uno, n\u00f3mbrame el que quieras, y de seguro que lo tengo metido aqu\u00ed&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Qu\u00e9 cosas tienes, mujer\u2014observ\u00f3 Bel\u00e9n muy apurada, acord\u00e1ndose de cuando fue corista y represent\u00e1ndose con terror el escenario de la Zarzuela\u2014; otras han hecho tambi\u00e9n pecados feos, pero los han llorado como t\u00fa, y c\u00e1talas perdonadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mauricia ten\u00eda un pa\u00f1uelo en la mano; pero con la humedad del lloro y del sudor era ya como una pelota. Amas\u00e1balo en la mano y se lo pasaba por la angustiada frente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfPero c\u00f3mo te ha dado as\u00ed&#8230; tan de repente?\u2014dijo la otra confusa. \u00a1Ah!, es que Dios toca en el coraz\u00f3n cuando menos lo piensa una. Llora, hija, desah\u00f3gate, y no te asustes&#8230; \u00bfSabes lo que vas a hacer? Ma\u00f1ana te confiesas&#8230; Puede que se te haya quedado algo por decir y confesar, porque siempre se queda algo sin saber c\u00f3mo, y esos pozos son lo que m\u00e1s atormenta&#8230; pues dilo todo, reba\u00f1a bien&#8230; As\u00ed lo hice yo, y hasta que lo hice no tuve tranquilidad. Luego el perro de Satan\u00e1s me atormentaba por vengarse, y cuando empezaba la misa, a m\u00ed me parec\u00eda que alzaban el tel\u00f3n, y cuando yo romp\u00eda a cantar, se me ven\u00eda a la boca aquello de <i>El <\/i> <i> Siglo<\/i>, que dice: <i>&#8216;Somos figurines vivos&#8230;&#8217;<\/i>. Y un d\u00eda por poco no lo suelto&#8230; Pillinadas del diablo; pero no pod\u00eda conmigo ni con mi fe, y tanto hice que lo met\u00ed en un pu\u00f1o, y ahora, que se atreva, \u00bfa que no se atreve?&#8230; Llora, hija, llora todo lo que quieras, que Dios te iluminar\u00e1 y te dar\u00e1 su gracia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni por esas. Mientras m\u00e1s consuelos le daba Bel\u00e9n, m\u00e1s inconsolable estaba la otra, y m\u00e1s caudaloso era el r\u00edo de sus l\u00e1grimas. Sor Antonia, la madre que gobernaba all\u00ed, se despert\u00f3, y para disimular su descuido, dio una fuerte voz, sin incomodarse mucho con las durmientes y a\u00f1adiendo que hac\u00eda un calor horrible. Un instante despu\u00e9s, Bel\u00e9n y la monja cuchichearon, sin duda a prop\u00f3sito de Mauricia a quien miraban. Ten\u00eda Bel\u00e9n vara alta con las se\u00f1oras, por su humildad y devoci\u00f3n y por la diligencia con que iba a contarles cuanto hac\u00edan y dec\u00edan sus compa\u00f1eras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era domingo, y a las cuatro toda la comunidad entr\u00f3 en la iglesia donde hab\u00eda ejercicio y serm\u00f3n. Las <i>Filomenas<\/i> ocuparon su sitio detr\u00e1s de las monjas, unas y otras con los velos por la cabeza. Las <i>Josefinas<\/i> permanec\u00edan en la habitaci\u00f3n que hac\u00eda de coro. Bel\u00e9n y las damas cantoras entonaban inocentes romanzas, mientras dur\u00f3 el Manifiesto, en las cuales se dec\u00eda que ten\u00edan el <i>pecho ardiendo en llamas de amor<\/i> y otras candideces por el estilo. La que tocaba el <i>harmonium<\/i> hac\u00eda en los descansos unos ritornellos muy cursis. Pero a pesar de estas profanaciones art\u00edsticas, la iglesita estaba muy mona, como dir\u00eda Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la fragancia de las flores naturales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Fortunata le toc\u00f3 al lado Mauricia. Cuenta la que despu\u00e9s fue se\u00f1ora de Rub\u00edn que en una ocasi\u00f3n que mir\u00f3 a su compa\u00f1era, hubo de observar al trav\u00e9s del velo suyo y del de ella una expresi\u00f3n tan particular que se qued\u00f3 at\u00f3nita. Mauricia, al entrar, lloraba; pero al cabo de un rato m\u00e1s bien parec\u00eda re\u00edrse con contenida y sat\u00e1nica risa. Fortunata no pudo comprender el motivo de esto, y crey\u00f3 que la oscuridad del velo le desfiguraba la realidad de la cara de su pareja. Volvi\u00f3 a mirar con disimulo, haciendo que se volv\u00eda para ahuyentar una mosca, y&#8230; ello podr\u00eda ser ilusi\u00f3n, pero los ojos de Mauricia parec\u00edan dos ascuas. En fin, todo ser\u00eda aprensi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Subi\u00f3 D. Le\u00f3n Pintado al p\u00falpito y ech\u00f3 un sermonazo lleno de los amaneramientos que el tal usaba en su oratoria. Lo que aquella tarde dijo hab\u00edalo dicho ya otras tardes, y ciertas frases no se le ca\u00edan de la boca. Tron\u00f3, como siempre, contra los librepensadores, a quienes llam\u00f3 <i>ap\u00f3stoles del error<\/i> unas mil y quinientas veces. Al salir de la iglesia, Fortunata ech\u00f3, como de costumbre, una mirada al p\u00fablico, que estaba tras de la verja de madera, y vio a Maximiliano, que no faltaba ning\u00fan domingo a aquella amorosa cita muda. Le vio con simpat\u00eda. Notaba gozosa que empezaban a perder valor ante sus ojos los defectos f\u00edsicos del apreciable joven. \u00a1Si ser\u00edan aquellos los brotes del amor por la hermosura del alma! Lo que m\u00e1s consolaba a Fortunata era la esperanza cada d\u00eda m\u00e1s firme, porque el capell\u00e1n se lo hab\u00eda dicho no pocas veces en el confesonario, de que cuando se casase y viviese santamente con su marido a la sombra de las leyes divinas y humanas, le hab\u00eda de amar; pero no as\u00ed de cualquier modo, sino con verdadero calor y arranque del alma. Tambi\u00e9n le dec\u00eda esto la forma, <i>la idea blanca<\/i> encerrada en la custodia.<\/p>\n<p>REDACCI\u00d3N<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211;VII&#8211; Sorprendidas por una monja en esta sabrosa conversaci\u00f3n que las hac\u00eda desmayar en el trabajo, tuvieron que callarse. Mauricia dio salida al agua sucia, y Fortunata abri\u00f3 el grifo para que se llenara la artesa con el agua limpia del dep\u00f3sito de palastro. 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