{"id":26125,"date":"2026-01-11T00:00:55","date_gmt":"2026-01-10T22:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=26125"},"modified":"2026-01-11T10:40:10","modified_gmt":"2026-01-11T08:40:10","slug":"fortunata-y-jacinta-segunda-parte-capitulo-vi-partes-iii-y-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=26125","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Segunda Parte | Cap\u00edtulo VI | partes III y IV"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">III<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La faz napole\u00f3nica, l\u00edvida y con la melena suelta, volvi\u00f3 a asomar en la reja a la ca\u00edda de la tarde. Y Sor Marcela pas\u00f3 repetidas veces por delante de la c\u00e1rcel, volviendo de registrar los nidos de las gallinas, por ver si ten\u00edan huevos, o de regar los pensamientos y francesillas que cultivaba en un rinc\u00f3n de la huerta. El patio, que era peque\u00f1o y se comunicaba con la huerta por una reja de madera casi siempre abierta, estaba muy mal empedrado, resultando tan irregular el paso de la coja, que los balanceos de su cuerpo semejaban los de una peque\u00f1a embarcaci\u00f3n en un mar muy agitado. Muy a menudo andaba Sor Marcela por all\u00ed, pues ten\u00eda la llave de la le\u00f1era y carbonera, la del calabozo y la de otra pieza en que se guardaban trastos de la casa y de la iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya cerca de la noche, como he dicho, Mauricia no se quitaba de la reja para hablar a la monja cuando pasaba. Su acento hab\u00eda perdido la aspereza iracunda de por la ma\u00f1ana, aunque estaba m\u00e1s ronca y ten\u00eda tonos de dolor y de miseria, implorando caridad. La fiera estaba domada. Fuertemente asida con ambas manos a los hierros, la cara pegada a estos, alargando la boca para ser mejor o\u00edda, dec\u00eda con voz pla\u00f1idera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abCojita m\u00eda&#8230; ca\u00f1amoncito de mi alma, \u00a1cu\u00e1nto te quiero!&#8230; All\u00e1 va el patito con sus meneos; una, dos, tres&#8230; Lucero del convento, ven y escucha, que te quiero decir una cosita\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A estas expresiones de ternura, mezcladas de burla cari\u00f1osa, la monja no contestaba ni siquiera con una mirada. Y la otra segu\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Ay, mi galapaguito de mi alma, qu\u00e9 enfadadito est\u00e1 conmigo, que le quiero tanto!&#8230; Sor Marcela, una palabrita, nada m\u00e1s que una palabrita. Yo no quiero que me saques de aqu\u00ed, porque me merezco la encerrona. Pero \u00a1ay ni\u00f1ita m\u00eda, si vieras qu\u00e9 mala me he puesto! <i>Paice<\/i> que me est\u00e1n arrancando el est\u00f3mago con unas tenazas de fuego&#8230; Es de la tremolina de esta ma\u00f1ana. Me dan tentaciones de ahorcarme colg\u00e1ndome de esta reja con un cord\u00f3n hecho de tiras del refajo. Y lo voy a hacer, s\u00ed, lo hago y me cuelgo si no me miras y me dices algo&#8230; Cojita graciosa, enanita remonona, mira, oye: si quieres que te quiera m\u00e1s que a mi vida y te obedezca como un perro, hazme un favor que voy a pedirte; tr\u00e1eme nada m\u00e1s que una lagrimita de aquella gloria divina que t\u00fa tienes, de aquello que te recet\u00f3 el m\u00e9dico para tu mal de barriga&#8230; Anda, \u00e1ngel, mira que te lo pido con toda mi alma, porque esta penita que tengo aqu\u00ed no se me quiere quitar, y parece que me voy a morir. Anda, rica, ca\u00f1am\u00f3n de los \u00e1ngeles; tr\u00e1eme lo que te pido, as\u00ed Dios te d\u00e9 la vida celestial que te tienes ganada, y tres m\u00e1s, y as\u00ed te coronen los serafines cuando entres en el Cielo con tu patita coja&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La monja pasaba&#8230; trun, trun&#8230; hiriendo los guijarros con aquel pie duro que deb\u00eda ser como la pata de una silla; y no conced\u00eda a la prisionera ni respuesta ni mirada. Al anochecer, baj\u00f3 con la cena para la presa, y abriendo la puerta penetr\u00f3 en el l\u00f3brego aposento. Por el pronto no vio a Mauricia, que estaba acurrucada sobre unas tablas, las rodillas junto al pecho, las manos cruzadas sobre las rodillas, y en las manos apoyada la barba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo veo. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s?\u00bb murmur\u00f3 la coja sent\u00e1ndose sobre otro rimero de tablas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contest\u00f3 Mauricia con un gru\u00f1ido, como el de un mast\u00edn a quien dan con el pie para que se despierte. Sor Marcela puso junto a s\u00ed un plato de menestra y un pan. \u00abLa Superiora\u2014dijo\u2014, no quer\u00eda que te trajera m\u00e1s que pan y agua; pero interced\u00ed por ti&#8230; No te lo mereces. Aunque me proponga no tener entra\u00f1as, no lo puedo conseguir. A ti te manejo yo a mi modo y s\u00e9 que mientras peor se te trate, m\u00e1s rabiosa te pones&#8230; Y para que veas, hija, hasta d\u00f3nde llevo mi condescendencia&#8230;\u00bb a\u00f1adi\u00f3 sacando de debajo del manto un objeto&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Crey\u00e9rase que Mauricia lo hab\u00eda olido, porque de improviso alz\u00f3 la cabeza, adquiriendo tal animaci\u00f3n y vida su cara que parec\u00eda <i>mismamente<\/i> la del otro cuando, se\u00f1alando las pir\u00e1mides, dijo lo de los <i>cuarenta siglos<\/i>. La mazmorra estaba oscura, mas por la puerta entraba la \u00faltima claridad del d\u00eda, y las dos mujeres all\u00ed encerradas se pod\u00edan ver y se ve\u00edan, aunque m\u00e1s bien como bultos que como personas. Mauricia alarg\u00f3 las manos con ansia hasta tocar la botella, pronunciando palabras truncadas y balbucientes para expresar su gratitud; pero la monja apartaba el codiciado objeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Eh!&#8230; las manos quietas. Si no tenemos formalidad, me voy. Ya ves que no soy tirana, que llevo la caridad hasta un l\u00edmite que quiz\u00e1s sea imprudente. Pero yo digo: &#8216;D\u00e1ndole un poquito, nada m\u00e1s que una miajita, la consuelo, y aqu\u00ed no puede haber vicio&#8217;. Porque yo s\u00e9 lo que es la debilidad de est\u00f3mago y cu\u00e1nto hace sufrir. Negar y negar siempre al preso pecador todo lo que pide, no es bueno. El Se\u00f1or no puede negar esto. Tengamos misericordia y consolemos al triste\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diciendo esto sac\u00f3 un cortadillo y se prepar\u00f3 a escanciar corta porci\u00f3n del precioso licor, el cual era un co\u00f1ac muy bueno que sol\u00eda usar para combatir sus rebeldes dispepsias. Luego cay\u00f3 en la cuenta de que antes deb\u00eda comerse Mauricia el plato de menestra. La presa lo comprendi\u00f3 as\u00ed, apresur\u00e1ndose a devorar la cena para abreviar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEsto que te doy\u2014a\u00f1adi\u00f3 la monja\u2014, es una reparaci\u00f3n de los nervios y un puntal del \u00e1nimo desmayado. No creas que lo hago a escondidas de la Superiora, pues acaba de autorizarme para darte esta golosina, siempre que sea en la medida que separa la necesidad del apetito y el remedio del deleite. Yo s\u00e9 que esto te entona y te da la alegr\u00eda necesaria para cumplir bien con los deberes. Mira t\u00fa por d\u00f3nde lo que algunos podr\u00edan tener por malo, es bueno en medida razonable\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mauricia estaba tan agradecida, que no acertaba a expresar su gratitud. La cojita ech\u00f3 en el cortadillo una cantidad, as\u00ed como un dedo, inclinando la botella con extraordinario pulso para que no saliera m\u00e1s de lo conveniente; y al d\u00e1rselo a la presa, le repiti\u00f3 el serm\u00f3n. \u00a1Y c\u00f3mo se relam\u00eda la otra despu\u00e9s de beber, y qu\u00e9 bien le supo! Conoc\u00eda muy bien al galapaguito para atreverse a pedir m\u00e1s. Sab\u00eda, por experiencia de casos an\u00e1logos, que no traspasaba jam\u00e1s el l\u00edmite que su bondad y su caridad le impon\u00edan. Era buena como un \u00e1ngel para conceder, y firme como una roca para detenerse en el punto que deb\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abYa s\u00e9\u2014dijo tapando cuidadosamente la botella\u2014, que con este consuelo de tus nervios desmayados estar\u00e1s m\u00e1s dispuesta, y la reparaci\u00f3n del cuerpo ayuda la del alma\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, Mauricia empez\u00f3 a sentirse alegre, y con la alegr\u00eda v\u00ednole una viva disposici\u00f3n del \u00e1nimo para la obediencia y el trabajo, y tantas ganas le entraron de todo lo bueno, que hasta tuvo deseos de rezar, de confesarse y de hacer devociones exageradas como las que hac\u00eda Sor Marcela, que, al decir de las recogidas, llevaba cilicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abD\u00edgale por Dios a la Superiora que estoy arrepentida y que me perdone&#8230; que yo cuando me da el toque y me pongo a despotricar soy un papagayo, y la lengua se lo dice sola. S\u00e1queme pronto de aqu\u00ed, y trabajar\u00e9 como nunca, y si me mandan fregar toda la casa de arriba a abajo, la fregar\u00e9. \u00c9chenme penitencias gordas y las cumplir\u00e9 en un decir luz\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Me gusta verte tan entrada en raz\u00f3n\u2014le dijo la madre, recogiendo el plato\u2014; pero por esta noche no saldr\u00e1s de aqu\u00ed. Medita, medita en tus pecados, reza mucho y p\u00eddele al Se\u00f1or y a la Sant\u00edsima Virgen que te iluminen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mauricia cre\u00eda que estaba ya bastante iluminada, porque la excitaci\u00f3n encend\u00eda sus ideas d\u00e1ndole un cierto entusiasmo; y despu\u00e9s de hacer un poco de ejercicio corporal colg\u00e1ndose de la reja, porque sus miembros apetec\u00edan estirarse, se puso a rezar con toda la devoci\u00f3n de que era capaz, luchando con las varias distracciones que llevaban su mente de un lado para otro, y por fin se qued\u00f3 dormida sobre el duro lecho de tablas. Sac\u00e1ronla del encierro al d\u00eda siguiente temprano, y al punto se puso a trabajar en la cocina, sumisa, callada y desplegando maravillosas actividades. Despu\u00e9s de cumplir una condena, lo que ocurr\u00eda infaliblemente una vez cada treinta o cuarenta d\u00edas, la mujer napole\u00f3nica estaba cohibida y como avergonzada entre sus compa\u00f1eras, poniendo toda su atenci\u00f3n en las obligaciones, demostrando un celo y obediencia que encantaban a las madres. Durante cuatro o cinco d\u00edas desempe\u00f1aba sin embarazo ni fatiga la tarea de tres mujeres. Pasadas dos semanas, advert\u00edan que se iba cansando; ya no hab\u00eda en su trabajo aquella correcci\u00f3n y diligencia admirables; empezaban las omisiones, los olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la repetici\u00f3n de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido. Con Fortunata volvi\u00f3 a intimar despu\u00e9s de la escena violenta que he descrito, y juntas echaron largos p\u00e1rrafos en la cocina, mientras pelaban patatas o fregaban los peroles y cazuelas. All\u00ed gozaban de cierta libertad, y estaban sin tocas y en traje de <i>mec\u00e1nica<\/i> como las criadas de cualquier casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abYo tengo una ni\u00f1a\u2014dijo Mauricia en una de sus confidencias\u2014. La puse por nombre Adoraci\u00f3n. \u00a1Es m\u00e1s mona&#8230;! Est\u00e1 con mi hermana Severiana, porque yo, como gasto este geniazo, le doy malos ejemplos sin querer, \u00bft\u00fa sabes?, y mejor vive el angelito con Severiana que conmigo. Esa do\u00f1a Jacinta, esposa de tu se\u00f1or, quiere mucho a mi ni\u00f1a, y le compra ropa y le da el toque por llev\u00e1rsela consigo; como que est\u00e1 rabiando por tener chiquillos y el Se\u00f1or no se los quiere dar. Mal hecho, \u00bfverdad? Pues los hijos deben ser para los ricos y no para los pobres, que no los pueden mantener\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata se manifest\u00f3 conforme con estas ideas. Algo hab\u00eda o\u00eddo ella contar del desmedido af\u00e1n de aquella se\u00f1ora por tener hijos; pero Mauricia le dijo algo m\u00e1s, cont\u00e1ndole tambi\u00e9n el caso del <i>Pituso<\/i>, a quien Jacinta quiso recoger crey\u00e9ndolo hijo de su marido y de la propia Fortunata. Tal efecto hizo en esta la historia de aquel incre\u00edble caso de delirio maternal y de pasi\u00f3n no satisfecha, que estuvo tres d\u00edas sin poder apartarlo del pensamiento.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">IV<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el corredor alto se ve\u00eda parte del Campo de Guardias, el Dep\u00f3sito de aguas del Lozoya, el cementerio de San Mart\u00edn y el caser\u00edo de Cuatro Caminos, y detr\u00e1s de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y el admirable horizonte que parece el mar, l\u00edneas ligeramente onduladas, en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco, la torre de Aravaca o de H\u00famera. Al ponerse el sol, aquel magn\u00edfico cielo de Occidente se encend\u00eda en espl\u00e9ndidas llamas, y despu\u00e9s de puesto, apag\u00e1base con gracia infinita, fundi\u00e9ndose en las palideces del \u00f3palo. Las recortadas nubes oscuras hac\u00edan figuras extra\u00f1as, acomod\u00e1ndose al pensamiento o a la melancol\u00eda de los que las miraban, y cuando en las calles y en las casas era ya de noche, permanec\u00eda en aquella parte del cielo la claridad blanda, cola del d\u00eda fugitivo, la cual lentamente tambi\u00e9n se iba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas hermosuras se ocultar\u00edan completamente a la vista de <i>Filomenas<\/i> y <i>Josefinas<\/i> cuando estuviera concluida la iglesia en que se trabajaba constantemente. Cada d\u00eda, la creciente masa de ladrillos tapaba una l\u00ednea de paisaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parec\u00eda que los alba\u00f1iles, al poner cada hilada, no constru\u00edan, sino que borraban. De abajo arriba, el panorama iba desapareciendo como un mundo que se anega. Hundi\u00e9ronse las casas del paseo de Santa Engracia, el Dep\u00f3sito de aguas, despu\u00e9s el cementerio. Cuando los ladrillos rozaban ya la bell\u00edsima l\u00ednea del horizonte, a\u00fan sobresal\u00edan las lejanas torres de H\u00famera y las puntas de los cipreses del Campo Santo. Lleg\u00f3 un d\u00eda en que las recogidas se alzaban sobre las puntas de los pies o daban saltos para ver algo m\u00e1s y despedirse de aquellos amigos que se iban para siempre. Por fin la techumbre de la iglesia se lo trag\u00f3 todo, y s\u00f3lo se pudo ver la claridad del crep\u00fasculo, la cola del d\u00eda arrastrada por el cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero si ya no se ve\u00eda nada, se o\u00eda, pues el tiqui tiqui del taller de canteros parec\u00eda formar parte de la atm\u00f3sfera que rodeaba el convento. Era ya un fen\u00f3meno familiar, y los domingos, cuando cesaba, la falta de aquella m\u00fasica era para todas las habitantes de la casa la mejor apreciaci\u00f3n de d\u00eda de fiesta. Los domingos, empezaba a o\u00edrse desde las dos el tambor que ameniza el T\u00edo Vivo y balancines que est\u00e1n junto al Dep\u00f3sito de aguas. Este bullicio y el de la muchedumbre que concurre a los merenderos de los Cuatro Caminos y de Tetu\u00e1n, duraba hasta muy entrada la noche. Mucho molest\u00f3 en los primeros tiempos a algunas monjas el tal tamboril, no s\u00f3lo por la pesadez de su toque, sino por la idea de lo mucho que se peca al son de aquel mundano instrumento. Pero se fueron acostumbrando, y por fin lo mismo o\u00edan el rumor del T\u00edo Vivo los domingos, que el de los picapedreros los d\u00edas de labor. Algunas tardes de d\u00eda de fiesta, cuando las recogidas se paseaban por la huerta o el patio, la tolerancia de las madres llegaba hasta el extremo de permitirles bailar una chispita, con decencia se entiende, al son de aquellas m\u00fasicas populares. \u00a1Cu\u00e1ntas memorias evocadas, cu\u00e1ntas sensaciones reverdecidas en aquellos poquitos compases y vueltas de las pobres reclusas! \u00a1Qu\u00e9 recuerdo tan vivo de las polkas bailadas con horteras en el sal\u00f3n de la Alhambra, de tarde, levantando mucho polvo del piso, las manos muy sudadas y chupando caramelos revenidos! Y lo peor de todo y lo que en definitiva las hab\u00eda perdido era que aquellos benditos horteras iban todos con buen fin. El buen fin precisamente, disculpando los malos medios, era la m\u00e1s negra. Porque despu\u00e9s, ni fin ni principio ni nada m\u00e1s que verg\u00fcenza y miseria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La monja que m\u00e1s empe\u00f1adamente abogaba porque se las dejase zarandearse un ratito era Sor Marcela, que por su cojera y su facha parec\u00eda incapaz de apreciar el sentimiento est\u00e9tico de la danza. Pero la mujer aquella con su aplastada cara japonesa, sab\u00eda mucho del mundo y de las pasiones humanas, ten\u00eda el coraz\u00f3n rebosando tolerancia y caridad, y sosten\u00eda esta tesis: que la privaci\u00f3n absoluta de los apetitos alimentados por la costumbre m\u00e1s o menos viciosa, es el peor de los remedios, por engendrar la desesperaci\u00f3n, y que para curar a\u00f1ejos defectos es conveniente permitirlos de vez en cuando con mucha medida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda sorprendi\u00f3 a Mauricia en la carbonera fum\u00e1ndose un cigarrillo, cosa ciertamente fea e impropia de una mujer. La coja no se apresur\u00f3 a quitarle el cigarro de la boca, como parec\u00eda natural. S\u00f3lo le dijo: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 cochina eres! No s\u00e9 c\u00f3mo te puede gustar eso. \u00bfNo te mareas?\u00bb. Mauricia se re\u00eda; y cerrando fuertemente un ojo porque el humo se le hab\u00eda metido en \u00e9l, mir\u00f3 a la monja con el otro, y alarg\u00e1ndole el cigarro, le dijo: \u00abPruebe, se\u00f1ora\u00bb. \u00a1Cosa inaudita! Sor Marcela dio una chupada y despu\u00e9s arroj\u00f3 el cigarro, haciendo ascos, escupiendo mucho y poniendo una cara tan fea como la de esos fetiches monstruosos de las idolatr\u00edas malayas. Mauricia lo recogi\u00f3 y sigui\u00f3 chupando, alternando un ojo con otro en el cerrarse y en el mirar. Despu\u00e9s hablaron de la procedencia del pitillo. La otra no quer\u00eda confesarlo; pero la madrecita, que sab\u00eda tanto, le dijo: \u00abLos alba\u00f1iles te lo han tirado desde la obra. No lo niegues. Ya te vi haci\u00e9ndoles garatusas. Si la Superiora sabe que andas en tel\u00e9grafos con los alba\u00f1iles, buena te la arma&#8230; y con raz\u00f3n. Tira ya el tabacazo, indecente&#8230; \u00a1Ay, qu\u00e9 asco! Me ha dejado la boca perdida. No comprendo c\u00f3mo os puede gustar ese ardor, ese picor de mil demonios. Los hombres, como si no tuvieran bastantes vicios, los inventan cada d\u00eda&#8230;\u00bb. Mauricia tir\u00f3 el cigarro y apagolo con el pie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata, al mes de estar all\u00ed, tuvo otra amiga con quien intim\u00f3 bastante. Do\u00f1a Manolita era <i>se\u00f1ora<\/i> en regla, puesto que era casada, ayudaba a las monjas en las clases de lectura y escritura, y pon\u00eda un empe\u00f1o particular en ense\u00f1ar a Fortunata, de lo que principalmente vino su amistad. Permit\u00edan las madres a aquella recogida cierta latitud en la observancia de las reglas; se la dejaba sola con una o dos <i>filomenas<\/i> durante largo rato, bien en la sala de estudio, bien en la huerta; se le permit\u00eda ir al departamento de <i>Josefinas<\/i>, y como ten\u00eda habitaci\u00f3n aparte y pagaba buena pensi\u00f3n, gozaba de m\u00e1s comodidad que sus compa\u00f1eras de encierro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata y ella, una vez que se conocieron, no tardaron en referirse sus respectivas historias. La que ya conocemos sali\u00f3 descarnada; pero Manolita adorn\u00f3 la suya tanto y de tal modo la quiso hacer pat\u00e9tica, que no la conocer\u00eda nadie. Seg\u00fan su relato, no hab\u00eda pecado, todo hab\u00eda sido pura equivocaci\u00f3n; pero su marido, que era muy bruto y ten\u00eda la culpa, s\u00ed, \u00e9l ten\u00eda la culpa, de las equivocaciones, o si se quiere, malas tentaciones de ella, la hab\u00eda metido all\u00ed sin andarse con rodeos. Como aquella se\u00f1ora hab\u00eda ocupado una regular posici\u00f3n, contaba con embeleso cosas del mundo y sus pompas, de los saraos a que asist\u00eda, de los muchos y buenos vestidos que usaba. Porque su marido era comerciante de novedades, hombre inferior a ella por el nacimiento; como que su pap\u00e1 era oficial primero de la Direcci\u00f3n de la Deuda. Oyendo estas ponderaciones orgullosas, Fortunata se echaba a pensar qu\u00e9 cosa tan empingorotada ser\u00eda aquel destino del pap\u00e1 de su amiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero lo mejor fue que en la conversaci\u00f3n sali\u00f3 de repente una cosa interesant\u00edsima. Manolita conoc\u00eda a los de Santa Cruz. \u00a1Vaya!, si su marido, Pepe Reoyos, era \u00edntimo, pero \u00edntimo, de D. Baldomero. Y ella, la propia Manolita, visitaba mucho a do\u00f1a B\u00e1rbara. De aqu\u00ed salt\u00f3 la conversaci\u00f3n a hablar de Jacinta. \u00a1Ah! Jacinta era una mujer muy mona: lo ten\u00eda todo, bondad, belleza, talento y virtud. El danzante de Juan no merec\u00eda tal joya, por ser muy dado a picos pardos. Pero fuera de esto, era un excelente chico, y muy simp\u00e1tico, pero mucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abYa sabr\u00e1 usted\u2014dijo luego\u2014, que cay\u00f3 malo con pulmon\u00eda en Febrero de este a\u00f1o. Por poco se muere. En esta casa, que debe mucha protecci\u00f3n a los se\u00f1ores de Santa Cruz, pusieron al Se\u00f1or de Manifiesto, y cuando estuvo fuera de peligro, Jacinta coste\u00f3 unas funciones solemnes. Como que vino el obispo auxiliar a decirnos la misa&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfDe veras?&#8230; <i>tie<\/i> gracia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Como usted lo oye. \u00a1Lo que usted se perdi\u00f3! Jacinta es una de las se\u00f1oras que m\u00e1s han ayudado a sostener esta casa. Ya se ve, como no tiene hijos&#8230; no sabe en qu\u00e9 gastar el dinero. \u00bfSe ha fijado usted en aquellos grandes ramos, mon\u00edsimos, con flores de tis\u00fa de oro y hojas de plata?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed\u2014replic\u00f3 Fortunata que atend\u00eda con toda su alma\u2014. \u00a1Los que se pusieron en el altar el d\u00eda de Pentecost\u00e9s!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Los mismos. Pues los regal\u00f3 Jacinta. Y el manto de la Virgen, el manto de brocado con ramos&#8230; \u00a1qu\u00e9 mono!, tambi\u00e9n es donativo suyo, en acci\u00f3n de gracias por haberse puesto bueno su marido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata lanz\u00f3 una exclamaci\u00f3n de pasmo y maravilla. \u00a1Cosa m\u00e1s rara! \u00a1Y ella hab\u00eda tenido en su mano, d\u00edas antes, para limpiarle unas gotas de cera, aquel mismo manto que hab\u00eda servido para pagar, dig\u00e1moslo as\u00ed, la salvaci\u00f3n del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural, s\u00f3lo que a ella se le revolv\u00edan los pensamientos y le daba qu\u00e9 pensar, no el hecho en s\u00ed, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social, con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues no sabe usted lo mejor\u2014a\u00f1adi\u00f3 Manolita, goz\u00e1ndose en el asombro de la otra, el cual m\u00e1s bien parec\u00eda espanto\u2014. La custodia, sabe usted, la custodia en que se pone al propio Dios, tambi\u00e9n vino de all\u00e1. Fue regalo de Barbarita, que hizo promesa de ofrecerla a estas monjas si su hijo se pon\u00eda bueno. No vaya usted a creer que es de oro; es de plata sobredorada; pero muy <i>mona<\/i>, \u00bfverdad?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata ten\u00eda sus pensamientos tan en lo hondo, que no par\u00f3 mientes en la incre\u00edble tonter\u00eda de llamar mona a una custodia.<\/p>\n<p>REDACCI\u00d3N<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211;III&#8211; La faz napole\u00f3nica, l\u00edvida y con la melena suelta, volvi\u00f3 a asomar en la reja a la ca\u00edda de la tarde. 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