{"id":25736,"date":"2025-12-20T09:05:15","date_gmt":"2025-12-20T07:05:15","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25736"},"modified":"2025-12-20T09:24:42","modified_gmt":"2025-12-20T07:24:42","slug":"fortunata-y-jacinta-segunda-parte-capitulo-vi-partes-i-y-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25736","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Segunda parte &#8211; Cap\u00edtulo VI, partes I y II"},"content":{"rendered":"<h2>-VI-<\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">Las Micaelas por dentro<\/h2>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\">que han de ser pronto sus amigos, pero que al verle entrar le dirigen miradas de hostilidad y burla. Las recogidas que encontr\u00f3 al paso mir\u00e1banla con tanta impertinencia, que se puso muy colorada y no sab\u00eda qu\u00e9 expresi\u00f3n dar a su cara. Las madres, que tantos y tan diversos rostros de pecadoras hab\u00edan visto entrar all\u00ed, no parec\u00edan dar importancia a la belleza de la nueva recogida. Eran como los m\u00e9dicos que no se espantan ya de ning\u00fan horror patol\u00f3gico que vean entrar en las cl\u00ednicas. Hubo de pasar un buen rato antes de que la joven se serenase y pudiera cambiar algunas palabras con sus compa\u00f1eras de lazareto. Pero entre mujeres se rompe m\u00e1s pronto a\u00fan que entre colegiales ese hielo de las primeras horas, y palabra tras palabra fueron brotando las simpat\u00edas, echando el cimiento de futuras amistades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como ella esperaba y deseaba, pusi\u00e9ronle una toca blanca; mas no hab\u00eda en el convento espejos en que mirar si ca\u00eda bien o mal. Luego le hicieron poner un vestido de lana burda y negra muy sencillo; pero aquellas prendas s\u00f3lo eran de indispensable uso al bajar a la capilla y en las horas de rezo, y pod\u00eda quit\u00e1rselas en las horas de trabajo, poni\u00e9ndose entonces una falda vieja de las de su propio ajuar y un cuerpo, tambi\u00e9n de lana, muy honesto, que recib\u00edan para tales casos. Las recogidas divid\u00edanse en dos clases, una llamada las <i>Filomenas<\/i> y otra las <i>Josefinas<\/i>. Constitu\u00edan la primera, las mujeres sujetas a correcci\u00f3n; la segunda compon\u00edase de ni\u00f1as puestas all\u00ed por sus padres, para que las educaran, y m\u00e1s com\u00fanmente por madrastras que no quer\u00edan tenerlas a su lado. Estos dos grupos o familias no se comunicaban en ninguna ocasi\u00f3n. Dicho se est\u00e1 que Fortunata pertenec\u00eda a la clase de las <i>Filomenas<\/i>. Observ\u00f3 que buena parte del tiempo se dedicaba a ejercicios religiosos, rezos por la ma\u00f1ana, doctrina por la tarde. Enterose luego de que los jueves y domingos hab\u00eda adoraci\u00f3n del Sacramento, con largu\u00edsimas y entretenidas devociones, acompa\u00f1adas de m\u00fasica. En este ejercicio y en la misa matinal, las recogidas, como las madres, entraban en la iglesia con un gran velo por la cabeza, el cual era casi tan grande como una s\u00e1bana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo tomaban en la habitaci\u00f3n pr\u00f3xima a la entrada, y al salir lo volv\u00edan a dejar despu\u00e9s de doblarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acostumbrada la pr\u00f3jima a levantarse a las nueve o las diez de la ma\u00f1ana, \u00e9ranle penosos aquellos madrugones que en el convento se usaban. A las cinco de la ma\u00f1ana ya entraba Sor Antonia en los dormitorios tocando una campana que les desgarraba los o\u00eddos a las pobres durmientes. El madrugar era uno de los mejores medios de disciplina y educaci\u00f3n empleados por las madres, y el velar a altas horas de la noche una mala costumbre que combat\u00edan con ah\u00ednco, como cosa igualmente nociva para el alma y para el cuerpo. Por esto, la monja que estaba de guardia pasaba revista a los dormitorios a diferentes horas de la noche, y como sorprendiese murmullos de secreteo, impon\u00eda sever\u00edsimos castigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los trabajos eran diversos y en ocasiones rudos. Pon\u00edan las maestras especial cuidado en desbastar aquellas naturalezas enviciadas o fogosas, mortificando las carnes y ennobleciendo los esp\u00edritus con el cansancio. Las labores delicadas, como costura y bordados, de que hab\u00eda taller en la casa, eran las que menos agradaban a Fortunata, que ten\u00eda poca afici\u00f3n a los primores de aguja y los dedos muy torpes. M\u00e1s le agradaba que la mandaran lavar, brochar los pisos de baldos\u00edn, limpiar las vidrieras y otros menesteres propios de criadas de escalera abajo. En cambio, como la tuvieran sentada en una silla haciendo trabajos de marca de ropa se aburr\u00eda de lo lindo. Tambi\u00e9n era muy de su gusto que la pusieran en la cocina a las \u00f3rdenes de la hermana cocinera, y era de ver c\u00f3mo fregaba ella sola todo el material de cobre y loza, mejor y m\u00e1s pronto que dos o tres de las m\u00e1s diligentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mucho rigor y vigilancia desplegaban las madres en lo tocante a relaciones entre las llamadas arrepentidas, ya fuesen <i>Filomenas<\/i> o <i>Josefinas<\/i>. Eran centinelas sagaces de las amistades que se pudieran entablar y de las parejas que formara la simpat\u00eda. A las pr\u00f3jimas antiguas y ya conocidas y probadas por su sumisi\u00f3n, se las mandaba a acompa\u00f1ar a las nuevas y sospechosas. Hab\u00eda algunas a quienes no se permit\u00eda hablar con sus compa\u00f1eras sino en el corro principal en las horas de recreo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de la severidad empleada para impedir las parejas \u00edntimas o grupos, siempre hab\u00eda alguna infracci\u00f3n hip\u00f3crita de esta observancia. Era imposible evitar que entre cuarenta o cincuenta mujeres hubiese dos o tres que se pusieran al habla, aprovechando cualquier coyuntura oportuna en las varias ocupaciones de la casa. Un s\u00e1bado por la ma\u00f1ana Sor Natividad, que era la Superiora (por m\u00e1s se\u00f1as la madrecita seca que recibi\u00f3 a Fortunata el d\u00eda de su entrada), mand\u00f3 a esta que brochase los baldosines de la sala de recibir. Era Sor Natividad vizca\u00edna, y tan celosa por el aseo del convento que lo ten\u00eda siempre como tacita de plata, y en viendo ella una mota, un poco de polvo o cualquier suciedad, ya estaba desatinada y fuera de s\u00ed, poniendo el grito en el Cielo como si se tratara de una gran calamidad ca\u00edda sobre el mundo, otro pecado original o cosa as\u00ed. Ap\u00f3stol fan\u00e1tico de la limpieza, a la que segu\u00eda sus doctrinas la agasajaba y mimaba mucho, arrojando tremendos anatemas sobre las que prevaricaban, aunque s\u00f3lo fuera venialmente, en aquella moral cerrada del aseo. Cierto d\u00eda arm\u00f3 un esc\u00e1ndalo porque no hab\u00edan limpiado&#8230; \u00bfqu\u00e9 creer\u00e9is?, las cabezas doradas de los clavos que sosten\u00edan las estampas de la sala. En cuanto a los cuadros, hab\u00eda que descolgarlos y limpiarlos por detr\u00e1s lo mismo que por delante. \u00abSi no ten\u00e9is alma, ni un adarme de gracia de Dios\u2014les dec\u00eda\u2014, y no os hab\u00e9is de condenar por malas, sino por puercas\u00bb. El s\u00e1bado aquel mand\u00f3, como digo, dar cera y brochado al piso de la sala, encargando a Fortunata y a otra compa\u00f1era que se lo hab\u00edan de dejar <i>lo mismo que la cara del Sol<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era para Fortunata este trabajo no s\u00f3lo f\u00e1cil, sino divertido. Gust\u00e1bale calzarse en el pie derecho el grueso escobill\u00f3n, y arrastrando el pa\u00f1o con el izquierdo, andar de un lado para otro en la vasta pieza, con paso de baile o de patinaci\u00f3n, puesta la mano en la cintura y ejercitando en grata gimnasia todos los m\u00fasculos hasta sudar copiosamente, ponerse la cara como un pavo y sentir unos dulc\u00edsimos retozos de alegr\u00eda por todo el cuerpo. La compa\u00f1era que Sor Natividad le dio en aquella faena era una <i>filomena<\/i> en cuyo rostro se hab\u00eda fijado no pocas veces la ne\u00f3fita, creyendo reconocerlo. Indudablemente hab\u00eda visto aquella cara en alguna parte, pero no recordaba d\u00f3nde ni cu\u00e1ndo. Ambas se hab\u00edan mirado mucho, como deseando tener una explicaci\u00f3n; pero no se hab\u00edan dirigido nunca la palabra. Lo que s\u00ed sab\u00eda Fortunata era que aquella mujer daba mucha guerra a las madres por su car\u00e1cter alborotado y desigual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde que la Superiora las dej\u00f3 solas, la otra rompi\u00f3 a patinar y a hablar al mismo tiempo. Par\u00e1ndose despu\u00e9s ante Fortunata, le dijo: \u00abPorque nosotras nos conocemos, \u00bfeh? A m\u00ed me llaman <i>Mauricia la Dura<\/i>. \u00bfNo te acuerdas de haberme visto en casa de la Paca?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Ah&#8230; s\u00ed!&#8230;\u00bb indic\u00f3 Fortunata, y cargando sobre el pie derecho, tir\u00f3 para otro lado frotando el suelo con amaz\u00f3nica fuerza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mauricia la Dura representaba treinta a\u00f1os o poco m\u00e1s, y su rostro era conocido de todo el que entendiese algo de iconograf\u00eda hist\u00f3rica, pues era el mismo, exactamente el mismo de Napole\u00f3n Bonaparte antes de ser Primer C\u00f3nsul. Aquella mujer singular\u00edsima, bella y varonil ten\u00eda el pelo corto y lo llevaba siempre mal peinado y peor sujeto. Cuando se agitaba mucho trabajando, las melenas se le soltaban, lleg\u00e1ndole hasta los hombros, y entonces la semejanza con el precoz caudillo de Italia y Egipto era perfecta. No inspiraba simpat\u00edas Mauricia a todos los que la ve\u00edan; pero el que la viera una vez, no la olvidaba y sent\u00eda deseos de volverla a mirar. Porque ejerc\u00edan indecible fascinaci\u00f3n sobre el observador aquellas cejas rectas y prominentes, los ojos grandes y febriles, escondidos como en acecho bajo la concavidad frontal, la pupila inquieta y \u00e1vida, mucho hueso en los p\u00f3mulos, poca carne en las mejillas, la quijada robusta, la nariz romana, la boca acentuada terminando en flexiones en\u00e9rgicas, y la expresi\u00f3n, en fin, so\u00f1adora y melanc\u00f3lica. Pero en cuanto Mauricia hablaba, adi\u00f3s ilusi\u00f3n. Su voz era bronca, m\u00e1s de hombre que de mujer, y su lenguaje vulgar\u00edsimo, revelando una naturaleza desordenada, con alternativas misteriosas de depravaci\u00f3n y de afabilidad.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s que se reconocieron, callaron un rato, trabajando las dos con igual ah\u00ednco. Un tanto fatigadas se sentaron en el suelo, y entonces Mauricia, arrastr\u00e1ndose hasta llegar junto a su compa\u00f1era, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abAquel d\u00eda&#8230; \u00bfsabes?, acabadita de marcharte t\u00fa, estuvo en casa de la Paca Juanito Santa Cruz\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata la mir\u00f3 aterrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 d\u00eda?\u00bb fue lo \u00fanico que dijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfNo te acuerdas? El d\u00eda que estuviste t\u00fa, el d\u00eda en que te conoc\u00ed&#8230; <i>Paices<\/i> boba. Yo me li\u00e9 con la Visitaci\u00f3n, que me rob\u00f3 un pa\u00f1uelo, la muy ladrona sinverg\u00fcenza. Le met\u00ed mano, y&#8230; \u00a1ras!, le trinqu\u00e9 la oreja y me qued\u00e9 con el pendiente en la mano, parti\u00e9ndole el pulpejo&#8230; por poco me traigo media cara. Ella me mordi\u00f3 un brazo, mira&#8230; todav\u00eda est\u00e1 aqu\u00ed la se\u00f1al; pero yo le dej\u00e9 sella\u00edto un ojo&#8230; todav\u00eda no lo ha abierto, y le saqu\u00e9 una tira de pellejo \u00a1ras!, desde semejante parte, aqu\u00ed por la sien&#8230; hasta la barba. Si no nos apartan, si no me coges t\u00fa a m\u00ed por la cintura, y Paca a ella, la reviento&#8230; cre\u00e9telo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ya me acuerdo de aquella trifulca\u2014dijo Fortunata mirando a su compa\u00f1era con miedo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014A m\u00ed, la que me la hace me la paga. No s\u00e9 si sabes que a la Matilde, aquella silfidona rubia&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No s\u00e9, no la conozco.\u2014Pues all\u00e1 se me vino con unos chismajos, porque yo <i>hablaba<\/i> entonces con el chico de Teller\u00eda y&#8230; Pues la cog\u00ed un d\u00eda, la tir\u00e9 al suelo, me estuve paseando sobre ella todo el tiempo que me dio la gana&#8230; y luego, cog\u00ed una badila y del primer golpe le abr\u00ed un ojal en la cabeza, del tama\u00f1o de un duro&#8230; La llevaron al hospital&#8230; Dicen que por el boquete que le hice se le ve\u00eda la sesada&#8230; Buen repaso le di. Pues otro d\u00eda, estando en el Modelo&#8230; ver\u00e1s&#8230; me dijo una t\u00eda muy pindongona y muy facha que si yo era no s\u00e9 qu\u00e9 y no s\u00e9 cu\u00e1nto, y de la primer bofetada que le alumbr\u00e9 fue rodando por el suelo con las patas al aire. Nada, que tuvieron que atarme&#8230; Pues volviendo a lo que dec\u00eda. Aquel d\u00eda que tuve la zaragata con Visitaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sintieron venir a la Superiora, y r\u00e1pidamente se levantaron y se pusieron a brochar otra vez. La monja mir\u00f3 el piso, ladeando la cara como los p\u00e1jaros cuando miran al suelo, y se retir\u00f3. Un rato despu\u00e9s, las dos arrepentidas volvieron a pegar su hebra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo aportaste m\u00e1s por all\u00ed. Yo le pregunt\u00e9 despu\u00e9s a la Paca si hab\u00eda vuelto por all\u00ed el <i>chico<\/i> de Santa Cruz, y me contest\u00f3: &#8216;Calla hija, si han dicho aqu\u00ed anoche que est\u00e1 con <i>plumon\u00eda<\/i>&#8230;&#8217;. Pobrecito, por poco no lo cuenta. Estuvo si se las l\u00eda, si no se las l\u00eda&#8230; Por ti pregunt\u00e9 a la Feliciana una tarde que fui a ense\u00f1arle los mantones de Manila que yo estaba corriendo, y me dijo que te ibas a casar con un boticario&#8230; ya, el sobrino de do\u00f1a Lupe <i>la de los Pavos<\/i>&#8230; \u00a1Ah!, chica, si esa tal do\u00f1a Lupe es lo que m\u00e1s conozco&#8230; Preg\u00fantale por m\u00ed. Le he vendido m\u00e1s alhajas que pelos tengo en la cabeza. \u00a1Ah!, entonces s\u00ed que estaba yo bien; pero de repente me trastorn\u00e9, y ca\u00ed tan enferma del est\u00f3mago, que no pod\u00eda pasar nada, y lo mismo era entrarme bocado en \u00e9l o gota de agua, que parec\u00eda que me encend\u00edan lumbre; y mi hermana Severiana, que vive en la calle de Mira el R\u00edo, me llev\u00f3 a su casa, y all\u00ed me entraron unos calambres que cre\u00ed que espichaba; y una noche, viendo que aquello no se me quer\u00eda calmar, sal\u00ed de estamp\u00eda, y en la taberna me atiz\u00e9 tres copas de aguardiente, arreo, tras, tras, tras, y sal\u00ed, y en medio a medio de la calle ca\u00edme al suelo, y los chiquillos se me ajuntaron a la redonda, y luego vinieron los guindillas y me soplaron en la prevenci\u00f3n. Severiana quiso llevarme otra vez a su casa; pero entonces una se\u00f1ora que conocemos, esa do\u00f1a Guillermina&#8230; la habr\u00e1s o\u00eddo nombrar&#8230; me cogi\u00f3 por su cuenta y me trajo a este <i>establecimiento<\/i>. La do\u00f1a Guillermina es una que se ha echado mismamente a pobre, \u00bfsabes?, y pide limosna y est\u00e1 haciendo un palaci\u00f3n ah\u00ed abajo para <i>los hu\u00e9rfanos<\/i>. Mi hermana y yo nos criamos en su casa, \u00a1gran casa la de los se\u00f1ores de Pacheco! Personas muy ricas, no te creas, y mi madre era la que les planchaba. Por eso nos tiene tanta ley do\u00f1a Guillermina, que siempre que me ve con miseria me socorre, y dice que mientras m\u00e1s mala sea yo m\u00e1s me ha de socorrer. Pues que quise que no, aqu\u00ed me metieron&#8230; Ya me hab\u00edan metido antes; pero no estuve m\u00e1s que una semana, porque me escap\u00e9 subi\u00e9ndome por la tapia de la huerta como los gatos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta historia, contada con tan aterradora sinceridad, impresion\u00f3 mucho a la otra <i>filomena<\/i>. Siguieron ambas bailando a lo largo de la sala, desliz\u00e1ndose sobre el ya pulimentado piso, como los patinadores sobre el hielo, y Fortunata, a quien le escarbaba en el interior lo que referente a ella habla dicho Mauricia la Dura, quiso aclarar un punto importante, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abYo no fui m\u00e1s que dos veces a casa de la Paca, y por mi gusto no hubiera ido ninguna. La necesidad, hija&#8230; Despu\u00e9s no volv\u00ed m\u00e1s porque me salieron relaciones con el chico con quien me voy a casar\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de una pausa, durante la cual vini\u00e9ronle al pensamiento muchas cosas pasadas, crey\u00f3 oportuno decir algo, conforme a las ideas que aquella casa impon\u00eda: \u00ab\u00bfY para qu\u00e9 me buscaba a m\u00ed ese hombre?&#8230; \u00bfpara qu\u00e9? Para perderme otra vez. Con una basta\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Los hombres son muy caprichosos\u2014dijo en tono de filosof\u00eda Mauricia la Dura\u2014, y cuando la tienen a una a su disposici\u00f3n, no le hacen m\u00e1s caso que a un trasto viejo; pero si una habla con otro, ya el de antes quiere arrimarse, por el aquel de la golosina que otro se lleva. Pues digo&#8230; si una se pone a ser verbigracia honrada, los muy peines no pasan por eso, y si una se mete mucho a rezar y a confesar y comulgar, se les encienden m\u00e1s a ellos las querencias, y se pirran por nosotras desde que nos convertimos por lo eclesi\u00e1stico&#8230; Pues qu\u00e9, \u00bfcrees t\u00fa que Juanito no viene a rondar este convento desde que sabe que est\u00e1s aqu\u00ed? <i>Paices<\/i> boba. Tenlo por cierto, y alguno de los coches que se sienten por ah\u00ed, cr\u00e9ete que es el suyo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No seas tonta&#8230; no digas burradas\u2014replic\u00f3 la otra palideciendo\u2014. No puede ser&#8230; Porque mira t\u00fa, \u00e9l cay\u00f3 con la pulmon\u00eda en Febrero&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Bien enterada est\u00e1s.\u2014Lo s\u00e9 por Feliciana, a quien se lo cont\u00f3, <i>d\u00edas atr\u00e1s<\/i>, un se\u00f1or que es amigo de Villalonga. Pues ver\u00e1s, \u00e9l cay\u00f3 con la pulmon\u00eda en Febrero, y en este <i>entremedio<\/i> conoc\u00ed yo al chico con quien hablo&#8230; El otro estuvo dos meses muy malito&#8230; si se va si no se va. Por fin sali\u00f3, y en Marzo se fue con su mujer a Valencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfY qu\u00e9?\u2014Que todav\u00eda no habr\u00e1 vuelto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014<i>Paices<\/i> boba&#8230; Esto es un decir. Y si no ha vuelto, volver\u00e1&#8230; Quiere decirse que te har\u00e1 la rueda cuando venga y se entere de que ahora vas para santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014T\u00fa s\u00ed que eres boba&#8230; d\u00e9jame en paz. Y suponiendo que venga y me ronde&#8230; \u00bfA m\u00ed qu\u00e9?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sor Natividad examin\u00f3 el brochado y vio \u00abque era bueno\u00bb. Satisfacci\u00f3n de artista resplandec\u00eda en su carita seca. Mir\u00f3 al techo tratando de descubrir alguna mota producida por las moscas; pero no hab\u00eda nada, y hasta las cabezas de los clavos de la pared, limpiados el d\u00eda antes, resplandec\u00edan como estrellitas de oro. La Superiora volv\u00eda las gafas a todas partes buscando algo que reprender; pero nada encontr\u00f3 que mereciese su cr\u00edtica estrecha. Dispuso que antes de entrar los muebles los limpiasen y frotasen bien para que todo el polvo quedase fuera; pero encarg\u00f3 mucho que aquella operaci\u00f3n se hiciese <i>al hilo<\/i> de la madera; y como las dos trabajadoras no entendiesen bien lo que esto significaba, cogi\u00f3 ella misma un trapo y pr\u00e1cticamente les hizo ver con la mayor seriedad cu\u00e1l era su sistema. Cuando se quedaron solas otra vez, Mauricia dijo a su amiga: \u00abHay que tener contenta a esta <i>t\u00eda chiflada<\/i>, que es buena persona, y como le froten los muebles <i>al hilo<\/i>, la tienes partiendo un pi\u00f1\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mauricia ten\u00eda d\u00edas. Las monjas la consideraban lun\u00e1tica, porque si las m\u00e1s de las veces la somet\u00edan f\u00e1cilmente a la obediencia, haci\u00e9ndola trabajar, entr\u00e1bale de golpe como una locura y romp\u00eda a decir y hacer los mayores desatinos. La primera vez que esto pas\u00f3, las religiosas se alarmaron; mas domada la furia sin que fuese preciso apelar a la fuerza, cuando se repet\u00edan los accesos de indisciplina y procacidad no les daban gran importancia. Era un espect\u00e1culo imponente y aun divertido el que de tiempo en tiempo, com\u00fanmente cada quince o veinte d\u00edas, daba Mauricia a todo el personal del convento. La primera vez que lo presenci\u00f3 Fortunata, sinti\u00f3 verdadero terror.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inici\u00e1basele aquel trastorno a Mauricia como se inician las enfermedades, con s\u00edntomas leves, pero infalibles, los cuales se van acentuando y recorren despu\u00e9s todo el proceso morboso. El periodo prodr\u00f3mico sol\u00eda ser una cuesti\u00f3n con cualquier recogida por el chocolate del desayuno, o por si al salir le tropezaron y la otra lo hizo con mala intenci\u00f3n. Las madres interven\u00edan, y Mauricia callaba al fin, qued\u00e1ndose durante dos o tres horas taciturna, rebelde al trato, haci\u00e9ndolo todo al rev\u00e9s de como se le mandaba. Su diligencia pasmosa troc\u00e1base en dejadez; y como las madres la reprendieran, no les respond\u00eda nada cara a cara; pero en cuanto volv\u00edan la espalda, dejaba o\u00edr gru\u00f1idos, masticando entre ellos palabras soeces. A este periodo segu\u00eda por lo com\u00fan una travesura ruidosa y carnavalesca, hecha de improviso para provocar la risa de algunas <i>Filomenas<\/i> y la indignaci\u00f3n de las se\u00f1oras. Mauricia aprovechaba el silencio de la sala de labores para lanzar en medio de ella un gato con una chocolatera amarrada a la cola, o hacer cualquier otro disparate m\u00e1s propio de chiquillos que de mujeres formales. Sor Antonia, que era la bondad misma, mir\u00e1bala con toda la severidad que cab\u00eda en su car\u00e1cter angelical, y Mauricia le devolv\u00eda la mirada con insolente dureza, diciendo: \u00abSi no he sido <i>yio<\/i>&#8230; <i>amos<\/i>, si no he sido <i>yio<\/i>&#8230; \u00bfPara qu\u00e9 me mira usted tantooo?&#8230; \u00bfEs que me quiere retrataaar&#8230;?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel d\u00eda, Sor Antonia llam\u00f3 a la Superiora, que era una vizca\u00edna muy templada. Esta dijo al entrar: \u00ab\u00bfYa est\u00e1 otra vez suelto el enemigo?&#8230;\u00bb. Y decret\u00f3 que fuese encerrada en el cuarto que serv\u00eda de prisi\u00f3n cuando alguna recogida se insubordinaba. Aqu\u00ed fue el estallar la fiereza de aquella maldita mujer. \u00ab\u00a1Encerrarme a m\u00ed!&#8230; \u00bfDe veee&#8230; ras? No me lo diga usted&#8230; prenda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Mauricia\u2014dijo con varonil entereza la monja, soltando una expresi\u00f3n de su tierra\u2014, d\u00e9jese usted de <i>ch\u00ednchirri-m\u00e1ncharras<\/i>, y obedezca. Ya sabe usted que no nos asusta con sus botaratadas. Aqu\u00ed no tenemos miedo a ninguna tarasca. Por compasi\u00f3n y caridad no la echamos a la calle, ya lo sabe usted&#8230; Vamos, hija, pocas palabras y a hacer lo que se le manda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Mauricia le temblaba la quijada, y sus ojos tomaban esa opacidad siniestra de los ojos de los gatos cuando van a atacar. Las recogidas la miraban con miedo, y algunas monjas rodearon a la Superiora para hacerla respetar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abVaya con lo que sale ahora la t\u00eda chiflada&#8230; \u00a1Encerrarme a m\u00ed! A donde voy es a mi casa, \u00a1hala&#8230;!, a mi casa, de donde me sacaron enga\u00f1ada estas indecentonas, s\u00ed se\u00f1or, enga\u00f1ada, porque yo era honrada como un sol, y aqu\u00ed no nos ense\u00f1an m\u00e1s que peines y peinetas&#8230; \u00a1Ja ja ja!&#8230; Vaya con las se\u00f1oras virtuosas y <i>santifiqu\u00edsimas<\/i>. \u00a1Ja ja ja!&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos monos\u00edlabos guturales los emit\u00eda con todo el grueso de su grues\u00edsima voz, y con tal acento de sarcasmo infame y de groser\u00eda, que habr\u00edan sacado de quicio a personas de menos paciencia y flema que Sor Natividad y sus compa\u00f1eras. Estaban tan hechas a ser tratadas de aquel modo y hab\u00edan domado fieras tan espantables, que ya las injurias no les hac\u00edan efecto. \u00abVamos\u2014dijo la Superiora frunciendo el ce\u00f1o\u2014; callando, y baje usted al patio\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues me gusta la santidad de estas traviatonas de iglesia&#8230; \u00a1Ja ja ja!&#8230;\u2014grit\u00f3 la infame puesta en jarras y mirando en redondo a todo el concurso de recogidas\u2014. Se encierran aqu\u00ed para retozar a sus anchas con los cur\u00e1nganos de babero&#8230; \u00a1Ja ja ja!&#8230; \u00a1qu\u00e9 peines!&#8230; y con los que no son de babero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas recogidas se tapaban los o\u00eddos. Otras, suspensa la mano sobre el bastidor, miraban a las monjas y se pasmaban de su serenidad. En aquel instante apareci\u00f3 en la sala una figura extra\u00f1a. Era Sor Marcela, una monja vieja, coja y casi enana, la m\u00e1s desdichada estampa de mujer que puede imaginarse. Su cara, que parec\u00eda de cart\u00f3n, era morena, dura, chata, de tipo mong\u00f3lico, los ojos expresivos y afables como los de algunas bestias de la raza cuadrumana. Su cuerpo no ten\u00eda forma de mujer, y al andar parec\u00eda desbaratarse y hundirse del lado izquierdo, imprimiendo en el suelo un golpe seco que no se sab\u00eda si era de pie de palo o del propio mu\u00f1\u00f3n del hueso roto. Su fealdad s\u00f3lo era igualada por la impavidez y el desd\u00e9n compasivo con que mir\u00f3 a Mauricia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sor Marcela tra\u00eda en la mano derecha una gran llave, y apuntando con ella al estern\u00f3n de la delincuente, hizo un casta\u00f1eteo de lengua y no dijo m\u00e1s que esto: \u00abAndando\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quitose la fiera con r\u00e1pido movimiento su toca, sacudi\u00f3 las melenas y sali\u00f3 al corredor, echando por aquella boca insolencias terribles. La coja volvi\u00f3 a indicarle el camino, y Mauricia, moviendo los brazos como aspas de molino de viento, se puso a gritar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Peines y peinetas!&#8230; \u00bfPues no me quieren deshonrar y encerrarme como si yo fuera una <i>criminala<\/i>? \u00a1Tunantas!&#8230; cuando si yo quisiera, de tres bofetadas las tumbaba a todas patas arriba&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de estas fierezas, la coja la llevaba por delante con la misma calma con que se conduce a un perro que ladra mucho, pero que se sabe no ha de morder. A mitad de la escalera se volvi\u00f3 la harp\u00eda, y mirando con inflamados ojos a las monjas que en el corredor quedaban, les dec\u00eda en un grito estridente: \u00ab\u00a1Ladronas, m\u00e1s que ladronas!&#8230; \u00a1Grand\u00edsimas p\u00faas!&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicho esto, la coja le pon\u00eda suavemente la mano en la espalda, empuj\u00e1ndola hacia adelante. En el patio tuvo que cogerla por un brazo, porque quer\u00eda subir de nuevo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abSi no te hacen caso, est\u00fapida\u2014le dijo\u2014, si no eres t\u00fa la que hablas sino el demonio que te anda dentro de la boca. C\u00e1llate ya por amor de Dios y no marees m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014El demonio eres t\u00fa\u2014replic\u00f3 la fiera, que parec\u00eda ya, por lo muy exaltada, irresponsable de los disparates que dec\u00eda\u2014. Facha, mamarracho, esperpento&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Echa, echa m\u00e1s veneno\u2014murmuraba Sor Marcela con tranquilidad, abriendo la puerta de la prisi\u00f3n\u2014. As\u00ed te pasar\u00e1 m\u00e1s pronto el arrechucho. Vaya, adentro, y ma\u00f1ana como un guante. A la noche te traer\u00e9 de comer. Paciencia, hija&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mauricia ladr\u00f3 un poco m\u00e1s; pero con tanto furor de palabras no hac\u00eda resistencia verdadera, de modo que aquella pobre vieja inv\u00e1lida la manejaba como a un ni\u00f1o. Bast\u00f3 que esta la cogiese por un brazo y la metiera dentro del encierro, para que la prisi\u00f3n se efectuase sin ning\u00fan inconveniente, despu\u00e9s de tanta bulla. Sor Marcela ech\u00f3 la llave dando dos vueltas, y la guard\u00f3 en su bolsillo. Su rostro, tan parecido a una m\u00e1scara japonesa, continuaba imperturbable. Cuando atravesaba el patio en direcci\u00f3n a la escalera, oy\u00f3 el <i>ja ja ja<\/i> de Mauricia, que estaba asomada por uno de los dos tragaluces con barras de hierro que la puerta ten\u00eda en su parte superior. La monja no se detuvo a o\u00edr las injurias que la fiera le dec\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Eh!&#8230; coja&#8230; gal\u00e1pago, vuelve ac\u00e1 y ver\u00e1s qu\u00e9 morrazo te doy&#8230; \u00a1Qu\u00e9 facha!, ca\u00f1am\u00f3n, pata y media&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>R4EDACCI\u00d3N<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-VI- Las Micaelas por dentro que han de ser pronto sus amigos, pero que al verle entrar le dirigen miradas de hostilidad y burla. Las recogidas que encontr\u00f3 al paso mir\u00e1banla con tanta impertinencia, que se puso muy colorada y no sab\u00eda qu\u00e9 expresi\u00f3n dar a su cara. 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