{"id":25507,"date":"2025-12-07T00:00:42","date_gmt":"2025-12-06T22:00:42","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25507"},"modified":"2025-12-12T16:37:57","modified_gmt":"2025-12-12T14:37:57","slug":"don-quijote-de-la-mancha-segunda-parte-capitulos-xxxv-y-xxvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25507","title":{"rendered":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Segunda Parte &#8211; Cap\u00edtulos XXXV y XXXVI"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XXXV. Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al comp\u00e1s de la agradable m\u00fasica vieron que hacia ellos ven\u00eda un carro de los que llaman triunfales tirado de seis mulas pardas, encubertadas, empero, de lienzo blanco, y sobre cada una ven\u00eda un diciplinante de luz, asimesmo vestido de blanco, con una hacha de cera grande encendida en la mano. Era el carro dos veces, y aun tres, mayor que los pasados, y los lados, y encima d\u00e9l, ocupaban doce otros diciplinantes albos como la nieve, todos con sus hachas encendidas, vista que admiraba y espantaba juntamente; y en un levantado trono ven\u00eda sentada una ninfa, vestida de mil velos de tela de plata, brillando por todos ellos infinitas hojas de argenter\u00eda de oro, que la hac\u00edan, si no rica, a lo menos vistosamente vestida. Tra\u00eda el rostro cubierto con un transparente y delicado cendal, de modo que, sin impedirlo sus lizos, por entre ellos se descubr\u00eda un hermos\u00edsimo rostro de doncella, y las muchas luces daban lugar para distinguir la belleza y los a\u00f1os, que, al parecer, no llegaban a veinte ni bajaban de diez y siete.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Junto a ella ven\u00eda una figura vestida de una ropa de las que llaman rozagantes, hasta los pies, cubierta la cabeza con un velo negro; pero, al punto que lleg\u00f3 el carro a estar frente a frente de los duques y de don Quijote, ces\u00f3 la m\u00fasica de las chirim\u00edas, y luego la de las arpas y la\u00fades que en el carro sonaban; y, levant\u00e1ndose en pie la figura de la ropa, la apart\u00f3 a entrambos lados, y, quit\u00e1ndose el velo del rostro, descubri\u00f3 patentemente ser la mesma figura de la muerte, descarnada y fea, de que don Quijote recibi\u00f3 pesadumbre y Sancho miedo, y los duques hicieron alg\u00fan sentimiento temeroso. Alzada y puesta en pie esta muerte viva, con voz algo dormida y con lengua no muy despierta, comenz\u00f3 a decir desta manera:<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"text-align: justify; padding-left: 120px;\">-Yo soy Merl\u00edn, aquel que las historias<br \/>\ndicen que tuve por mi padre al diablo<br \/>\n(mentira autorizada de los tiempos),<br \/>\npr\u00edncipe de la M\u00e1gica y monarca<br \/>\ny archivo de la ciencia zoro\u00e1strica,<br \/>\n\u00e9mulo a las edades y a los siglos<br \/>\nque solapar pretenden las haza\u00f1as<br \/>\nde los andantes bravos caballeros<br \/>\na quien yo tuve y tengo gran cari\u00f1o.<br \/>\nY, puesto que es de los encantadores,<br \/>\nde los magos o m\u00e1gicos contino<br \/>\ndura la condici\u00f3n, \u00e1spera y fuerte,<br \/>\nla m\u00eda es tierna, blanda y amorosa,<br \/>\ny amiga de hacer bien a todas gentes.<br \/>\nEn las cavernas l\u00f3bregas de Dite,<br \/>\ndonde estaba mi alma entretenida<br \/>\nen formar ciertos rombos y car\u00e1teres,<br \/>\nlleg\u00f3 la voz doliente de la bella<br \/>\ny sin par Dulcinea del Toboso.<br \/>\nSupe su encantamento y su desgracia,<br \/>\ny su trasformaci\u00f3n de gentil dama<br \/>\nen r\u00fastica aldeana; condol\u00edme,<br \/>\ny, encerrando mi esp\u00edritu en el hueco<br \/>\ndesta espantosa y fiera notom\u00eda,<br \/>\ndespu\u00e9s de haber revuelto cien mil libros<br \/>\ndesta mi ciencia endemoniada y torpe,<br \/>\nvengo a dar el remedio que conviene<br \/>\na tama\u00f1o dolor, a mal tama\u00f1o.<br \/>\n\u00a1Oh t\u00fa, gloria y honor de cuantos visten<br \/>\nlas t\u00fanicas de acero y de diamante,<br \/>\nluz y farol, sendero, norte y gu\u00eda<br \/>\nde aquellos que, dejando el torpe sue\u00f1o<br \/>\ny las ociosas plumas, se acomodan<br \/>\na usar el ejercicio intolerable<br \/>\nde las sangrientas y pesadas armas!<br \/>\nA ti digo \u00a1oh var\u00f3n, como se debe<br \/>\npor jam\u00e1s alabado!, a ti, valiente<br \/>\njuntamente y discreto don Quijote,<br \/>\nde la Mancha esplendor, de Espa\u00f1a estrella,<br \/>\nque para recobrar su estado primo<br \/>\nla sin par Dulcinea del Toboso,<br \/>\nes menester que Sancho, tu escudero,<br \/>\nse d\u00e9 tres mil azotes y trecientos<br \/>\nen ambas sus valientes posaderas,<br \/>\nal aire descubiertas, y de modo<br \/>\nque le escuezan, le amarguen y le enfaden.<br \/>\nY en esto se resuelven todos cuantos<br \/>\nde su desgracia han sido los autores,<br \/>\ny a esto es mi venida, mis se\u00f1ores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Voto a tal! \u2014dijo a esta saz\u00f3n Sancho\u2014. No digo yo tres mil azotes, pero as\u00ed me dar\u00e9 yo tres como tres pu\u00f1aladas. \u00a1V\u00e1late el diablo por modo de desencantar! \u00a1Yo no s\u00e9 qu\u00e9 tienen que ver mis posas con los encantos! \u00a1Par Dios que si el se\u00f1or Merl\u00edn no ha hallado otra manera como desencantar a la se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, encantada se podr\u00e1 ir a la sepultura!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Tomaros he yo \u2014dijo don Quijote\u2014, don villano, harto de ajos, y amarraros he a un \u00e1rbol, desnudo como vuestra madre os pari\u00f3; y no digo yo tres mil y trecientos, sino seis mil y seiscientos azotes os dar\u00e9, tan bien pegados que no se os caigan a tres mil y trecientos tirones. Y no me repliqu\u00e9is palabra, que os arrancar\u00e9 el alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oyendo lo cual Merl\u00edn, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No ha de ser as\u00ed, porque los azotes que ha de recebir el buen Sancho han de ser por su voluntad, y no por fuerza, y en el tiempo que \u00e9l quisiere; que no se le pone t\u00e9rmino se\u00f1alado; pero perm\u00edtesele que si \u00e9l quisiere redemir su vejaci\u00f3n por la mitad de este vapulamiento, puede dejar que se los d\u00e9 ajena mano, aunque sea algo pesada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ni ajena, ni propia, ni pesada, ni por pesar \u2014replic\u00f3 Sancho\u2014: a m\u00ed no me ha de tocar alguna mano. \u00bfPar\u00ed yo, por ventura, a la se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, para que paguen mis posas lo que pecaron sus ojos? El se\u00f1or mi amo s\u00ed, que es parte suya, pues la llama a cada paso mi vida, mi alma, sustento y arrimo suyo, se puede y debe azotar por ella y hacer todas las diligencias necesarias para su desencanto; pero, \u00bfazotarme yo&#8230;? \u00a1Abernuncio!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas acab\u00f3 de decir esto Sancho, cuando, levant\u00e1ndose en pie la argentada ninfa que junto al esp\u00edritu de Merl\u00edn ven\u00eda, quit\u00e1ndose el sutil velo del rostro, le descubri\u00f3 tal, que a todos pareci\u00f3 mas que demasiadamente hermoso, y, con un desenfado varonil y con una voz no muy adamada, hablando derechamente con Sancho Panza, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Oh malaventurado escudero, alma de c\u00e1ntaro, coraz\u00f3n de alcornoque, de entra\u00f1as guije\u00f1as y apedernaladas! Si te mandaran, ladr\u00f3n desuellacaras, que te arrojaras de una alta torre al suelo; si te pidieran, enemigo del g\u00e9nero humano, que te comieras una docena de sapos, dos de lagartos y tres de culebras; si te persuadieran a que mataras a tu mujer y a tus hijos con alg\u00fan truculento y agudo alfanje, no fuera maravilla que te mostraras melindroso y esquivo; pero hacer caso de tres mil y trecientos azotes, que no hay ni\u00f1o de la doctrina, por ruin que sea, que no se los lleve cada mes, admira, adarva, espanta a todas las entra\u00f1as piadosas de los que lo escuchan, y aun las de todos aquellos que lo vinieren a saber con el discurso del tiempo. Pon, \u00a1oh miserable y endurecido animal!, pon, digo, esos tus ojos de machuelo espantadizo en las ni\u00f1as destos m\u00edos, comparados a rutilantes estrellas, y ver\u00e1slos llorar hilo a hilo y madeja a madeja, haciendo surcos, carreras y sendas por los hermosos campos de mis mejillas. Mu\u00e9vate, socarr\u00f3n y malintencionado monstro, que la edad tan florida m\u00eda, que a\u00fan se est\u00e1 todav\u00eda en el diez y&#8230; de los a\u00f1os, pues tengo diez y nueve y no llego a veinte, se consume y marchita debajo de la corteza de una r\u00fastica labradora; y si ahora no lo parezco, es merced particular que me ha hecho el se\u00f1or Merl\u00edn, que est\u00e1 presente, s\u00f3lo porque te enternezca mi belleza; que las l\u00e1grimas de una afligida hermosura vuelven en algod\u00f3n los riscos, y los tigres en ovejas. Date, date en esas carnazas, besti\u00f3n ind\u00f3mito, y saca de har\u00f3n ese br\u00edo, que a s\u00f3lo comer y m\u00e1s comer te inclina, y pon en libertad la lisura de mis carnes, la mansedumbre de mi condici\u00f3n y la belleza de mi faz; y si por m\u00ed no quieres ablandarte ni reducirte a alg\u00fan razonable t\u00e9rmino, hazlo por ese pobre caballero que a tu lado tienes; por tu amo, digo, de quien estoy viendo el alma, que la tiene atravesada en la garganta, no diez dedos de los labios, que no espera sino tu r\u00edgida o blanda repuesta, o para salirse por la boca, o para volverse al est\u00f3mago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tent\u00f3se, oyendo esto, la garganta don Quijote y dijo, volvi\u00e9ndose al duque:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Por Dios, se\u00f1or, que Dulcinea ha dicho la verdad, que aqu\u00ed tengo el alma atravesada en la garganta, como una nuez de ballesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 dec\u00eds vos a esto, Sancho? \u2014pregunt\u00f3 la duquesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Digo, se\u00f1ora \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, lo que tengo dicho: que de los azotes, abernuncio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Abrenuncio hab\u00e9is de decir, Sancho, y no como dec\u00eds \u2014dijo el duque.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 D\u00e9jeme vuestra grandeza \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, que no estoy agora para mirar en sotilezas ni en letras m\u00e1s a menos; porque me tienen tan turbado estos azotes que me han de dar, o me tengo de dar, que no s\u00e9 lo que me digo, ni lo que me hago. Pero querr\u00eda yo saber de la se\u00f1ora mi se\u00f1ora do\u00f1a Dulcina del Toboso ad\u00f3nde aprendi\u00f3 el modo de rogar que tiene: viene a pedirme que me abra las carnes a azotes, y ll\u00e1mame alma de c\u00e1ntaro y besti\u00f3n ind\u00f3mito, con una tiramira de malos nombres, que el diablo los sufra. \u00bfPor ventura son mis carnes de bronce, o vame a m\u00ed algo en que se desencante o no? \u00bfQu\u00e9 canasta de ropa blanca, de camisas, de tocadores y de escarpines, anque no los gasto, trae delante de s\u00ed para ablandarme, sino un vituperio y otro, sabiendo aquel refr\u00e1n que dicen por ah\u00ed, que un asno cargado de oro sube ligero por una monta\u00f1a, y que d\u00e1divas quebrantan pe\u00f1as, y a Dios rogando y con el mazo dando, y que m\u00e1s vale un \u00abtoma\u00bb que dos \u00abte dar\u00e9\u00bb? Pues el se\u00f1or mi amo, que hab\u00eda de traerme la mano por el cerro y halagarme para que yo me hiciese de lana y de algod\u00f3n cardado, dice que si me coge me amarrar\u00e1 desnudo a un \u00e1rbol y me doblar\u00e1 la parada de los azotes; y hab\u00edan de considerar estos lastimados se\u00f1ores que no solamente piden que se azote un escudero, sino un gobernador; como quien dice: \u00abbebe con guindas\u00bb. Aprendan, aprendan mucho de enhoramala a saber rogar, y a saber pedir, y a tener crianza, que no son todos los tiempos unos, ni est\u00e1n los hombres siempre de un buen humor. Estoy yo ahora reventando de pena por ver mi sayo verde roto, y vienen a pedirme que me azote de mi voluntad, estando ella tan ajena dello como de volverme cacique.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues en verdad, amigo Sancho \u2014dijo el duque\u2014, que si no os abland\u00e1is m\u00e1s que una breva madura, que no hab\u00e9is de empu\u00f1ar el gobierno. \u00a1Bueno ser\u00eda que yo enviase a mis insulanos un gobernador cruel, de entra\u00f1as pedernalinas, que no se doblega a las l\u00e1grimas de las afligidas doncellas, ni a los ruegos de discretos, imperiosos y antiguos encantadores y sabios! En resoluci\u00f3n, Sancho, o vos hab\u00e9is de ser azotado, o os han de azotar, o no hab\u00e9is de ser gobernador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1or \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, \u00bfno se me dar\u00edan dos d\u00edas de t\u00e9rmino para pensar lo que me est\u00e1 mejor?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No, en ninguna manera \u2014dijo Merl\u00edn\u2014; aqu\u00ed, en este instante y en este lugar, ha de quedar asentado lo que ha de ser deste negocio, o Dulcinea volver\u00e1 a la cueva de Montesinos y a su pr\u00edstino estado de labradora, o ya, en el ser que est\u00e1, ser\u00e1 llevada a los El\u00edseos Campos, donde estar\u00e1 esperando se cumpla el n\u00famero del v\u00e1pulo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ea, buen Sancho \u2014dijo la duquesa\u2014, buen \u00e1nimo y buena correspondencia al pan que hab\u00e9is comido del se\u00f1or don Quijote, a quien todos debemos servir y agradar, por su buena condici\u00f3n y por sus altas caballer\u00edas. Dad el s\u00ed, hijo, desta azotaina, y v\u00e1yase el diablo para diablo y el temor para mezquino; que un buen coraz\u00f3n quebranta mala ventura, como vos bien sab\u00e9is.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A estas razones respondi\u00f3 con \u00e9stas disparatadas Sancho, que, hablando con Merl\u00edn, le pregunt\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 D\u00edgame vuesa merced, se\u00f1or Merl\u00edn: cuando lleg\u00f3 aqu\u00ed el diablo correo y dio a mi amo un recado del se\u00f1or Montesinos, mand\u00e1ndole de su parte que le esperase aqu\u00ed, porque ven\u00eda a dar orden de que la se\u00f1ora do\u00f1a Dulcinea del Toboso se desencantase, y hasta agora no hemos visto a Montesinos, ni a sus semejas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo cual respondi\u00f3 Merl\u00edn:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 El Diablo, amigo Sancho, es un ignorante y un grand\u00edsimo bellaco: yo le envi\u00e9 en busca de vuestro amo, pero no con recado de Montesinos, sino m\u00edo, porque Montesinos se est\u00e1 en su cueva entendiendo, o, por mejor decir, esperando su desencanto, que a\u00fan le falta la cola por desollar. Si os debe algo, o ten\u00e9is alguna cosa que negociar con \u00e9l, yo os lo traer\u00e9 y pondr\u00e9 donde vos m\u00e1s quisi\u00e9redes. Y, por agora, acabad de dar el s\u00ed desta diciplina, y creedme que os ser\u00e1 de mucho provecho, as\u00ed para el alma como para el cuerpo: para el alma, por la caridad con que la har\u00e9is; para el cuerpo, porque yo s\u00e9 que sois de complexi\u00f3n sangu\u00ednea, y no os podr\u00e1 hacer da\u00f1o sacaros un poco de sangre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Muchos m\u00e9dicos hay en el mundo: hasta los encantadores son m\u00e9dicos \u2014 replic\u00f3 Sancho\u2014; pero, pues todos me lo dicen, aunque yo no me lo veo, digo que soy contento de darme los tres mil y trecientos azotes, con condici\u00f3n que me los tengo de dar cada y cuando que yo quisiere, sin que se me ponga tasa en los d\u00edas ni en el tiempo; y yo procurar\u00e9 salir de la deuda lo m\u00e1s presto que sea posible, porque goce el mundo de la hermosura de la se\u00f1ora do\u00f1a Dulcinea del Toboso, pues, seg\u00fan parece, al rev\u00e9s de lo que yo pensaba, en efecto es hermosa. Ha de ser tambi\u00e9n condici\u00f3n que no he de estar obligado a sacarme sangre con la diciplina, y que si algunos azotes fueren de mosqueo, se me han de tomar en cuenta. Iten, que si me errare en el n\u00famero, el se\u00f1or Merl\u00edn, pues lo sabe todo, ha de tener cuidado de contarlos y de avisarme los que me faltan o los que me sobran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 De las sobras no habr\u00e1 que avisar \u2014respondi\u00f3 Merl\u00edn\u2014, porque, llegando al cabal n\u00famero, luego quedar\u00e1 de improviso desencantada la se\u00f1ora Dulcinea, y vendr\u00e1 a buscar, como agradecida, al buen Sancho, y a darle gracias, y aun premios, por la buena obra. As\u00ed que no hay de qu\u00e9 tener escr\u00fapulo de las sobras ni de las faltas, ni el cielo permita que yo enga\u00f1e a nadie, aunque sea en un pelo de la cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Ea, pues, a la mano de Dios! \u2014dijo Sancho\u2014. Yo consiento en mi mala ventura; digo que yo acepto la penitencia con las condiciones apuntadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas dijo estas \u00faltimas palabras Sancho, cuando volvi\u00f3 a sonar la m\u00fasica de las chirim\u00edas y se volvieron a disparar infinitos arcabuces, y don Quijote se colg\u00f3 del cuello de Sancho, d\u00e1ndole mil besos en la frente y en las mejillas. La duquesa y el duque y todos los circunstantes dieron muestras de haber recebido grand\u00edsimo contento, y el carro comenz\u00f3 a caminar; y, al pasar, la hermosa Dulcinea inclin\u00f3 la cabeza a los duques y hizo una gran reverencia a Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y ya, en esto, se ven\u00eda a m\u00e1s andar el alba, alegre y risue\u00f1a: las florecillas de los campos se descollaban y ergu\u00edan, y los l\u00edquidos cristales de los arroyuelos, murmurando por entre blancas y pardas guijas, iban a dar tributo a los r\u00edos que los esperaban. La tierra alegre, el cielo claro, el aire limpio, la luz serena, cada uno por s\u00ed y todos juntos, daban manifiestas se\u00f1ales que el d\u00eda, que al aurora ven\u00eda pisando las faldas, hab\u00eda de ser sereno y claro. Y, satisfechos los duques de la caza y de haber conseguido su intenci\u00f3n tan discreta y felicemente, se volvieron a su castillo, con prosupuesto de segundar en sus burlas, que para ellos no hab\u00eda veras que m\u00e1s gusto les diesen.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><a id=\"id_2_xxxvi\"><\/a>Cap\u00edtulo XXXVI. Donde se cuenta la estra\u00f1a y jam\u00e1s imaginada aventura de la due\u00f1a Dolorida, alias de la condesa Trifaldi, con una carta que Sancho Panza escribi\u00f3 a su mujer Teresa Panza<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda un mayordomo el duque de muy burlesco y desenfadado ingenio, el cual hizo la figura de Merl\u00edn y acomod\u00f3 todo el aparato de la aventura pasada, compuso los versos y hizo que un paje hiciese a Dulcinea. Finalmente, con intervenci\u00f3n de sus se\u00f1ores, orden\u00f3 otra del m\u00e1s gracioso y estra\u00f1o artificio que puede imaginarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pregunt\u00f3 la duquesa a Sancho otro d\u00eda si hab\u00eda comenzado la tarea de la penitencia que hab\u00eda de hacer por el desencanto de Dulcinea. Dijo que s\u00ed, y que aquella noche se hab\u00eda dado cinco azotes. Pregunt\u00f3le la duquesa que con qu\u00e9 se los hab\u00eda dado. Respondi\u00f3 que con la mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Eso \u2014replic\u00f3 la duquesa\u2014 m\u00e1s es darse de palmadas que de azotes. Yo tengo para m\u00ed que el sabio Merl\u00edn no estar\u00e1 contento con tanta blandura; menester ser\u00e1 que el buen Sancho haga alguna diciplina de abrojos, o de las de canelones, que se dejen sentir; porque la letra con sangre entra, y no se ha de dar tan barata la libertad de una tan gran se\u00f1ora como lo es Dulcinea por tan poco precio; y advierta Sancho que las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen m\u00e9rito ni valen nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo que respondi\u00f3 Sancho:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 D\u00e9me vuestra se\u00f1or\u00eda alguna diciplina o ramal conveniente, que yo me dar\u00e9 con \u00e9l como no me duela demasiado, porque hago saber a vuesa merced que, aunque soy r\u00fastico, mis carnes tienen m\u00e1s de algod\u00f3n que de esparto, y no ser\u00e1 bien que yo me descr\u00ede por el provecho ajeno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Sea en buena hora \u2014respondi\u00f3 la duquesa\u2014: yo os dar\u00e9 ma\u00f1ana una diciplina que os venga muy al justo y se acomode con la ternura de vuestras carnes, como si fueran sus hermanas propias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo que dijo Sancho:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Sepa vuestra alteza, se\u00f1ora m\u00eda de mi \u00e1nima, que yo tengo escrita una carta a mi mujer Teresa Panza, d\u00e1ndole cuenta de todo lo que me ha sucedido despu\u00e9s que me apart\u00e9 della; aqu\u00ed la tengo en el seno, que no le falta m\u00e1s de ponerle el sobreescrito; querr\u00eda que vuestra discreci\u00f3n la leyese, porque me parece que va conforme a lo de gobernador, digo, al modo que deben de escribir los gobernadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfY qui\u00e9n la not\u00f3? \u2014pregunt\u00f3 la duquesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQui\u00e9n la hab\u00eda de notar sino yo, pecador de m\u00ed? \u2014respondi\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfY escrib\u00edstesla vos? \u2014dijo la duquesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ni por pienso \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, porque yo no s\u00e9 leer ni escribir, puesto que s\u00e9 firmar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ve\u00e1mosla \u2014dijo la duquesa\u2014, que a buen seguro que vos mostr\u00e9is en ella la calidad y suficiencia de vuestro ingenio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sac\u00f3 Sancho una carta abierta del seno, y, tom\u00e1ndola la duquesa, vio que dec\u00eda desta manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carta de Sancho Panza a Teresa Panza, su mujer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si buenos azotes me daban, bien caballero me iba; si buen gobierno me tengo, buenos azotes me cuesta. Esto no lo entender\u00e1s t\u00fa, Teresa m\u00eda, por ahora; otra vez lo sabr\u00e1s. Has de saber, Teresa, que tengo determinado que andes en coche, que es lo que hace al caso, porque todo otro andar es andar a gatas. Mujer de un gobernador eres, \u00a1mira si te roer\u00e1 nadie los zancajos! Ah\u00ed te env\u00edo un vestido verde de cazador, que me dio mi se\u00f1ora la duquesa; acom\u00f3dale en modo que sirva de saya y cuerpos a nuestra hija. Don Quijote, mi amo, seg\u00fan he o\u00eddo decir en esta tierra, es un loco cuerdo y un mentecato gracioso, y que yo no le voy en zaga. Hemos estado en la cueva de Montesinos, y el sabio Merl\u00edn ha echado mano de m\u00ed para el desencanto de Dulcinea del Toboso, que por all\u00e1 se llama Aldonza Lorenzo: con tres mil y trecientos azotes, menos cinco, que me he de dar, quedar\u00e1 desencantada como la madre que la pari\u00f3. No dir\u00e1s desto nada a nadie, porque pon lo tuyo en concejo, y unos dir\u00e1n que es blanco y otros que es negro. De aqu\u00ed a pocos d\u00edas me partir\u00e9 al gobierno, adonde voy con grand\u00edsimo deseo de hacer dineros, porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este mesmo deseo; tomar\u00e9le el pulso, y avisar\u00e9te si has de venir a estar conmigo o no. El rucio est\u00e1 bueno, y se te encomienda mucho; y no le pienso dejar, aunque me llevaran a ser Gran Turco. La duquesa mi se\u00f1ora te besa mil veces las manos; vu\u00e9lvele el retorno con dos mil, que no hay cosa que menos cueste ni valga m\u00e1s barata, seg\u00fan dice mi amo, que los buenos comedimientos. No ha sido Dios servido de depararme otra maleta con otros cien escudos, como la de marras, pero no te d\u00e9 pena, Teresa m\u00eda, que en salvo est\u00e1 el que repica, y todo saldr\u00e1 en la colada del gobierno; sino que me ha dado gran pena que me dicen que si una vez le pruebo, que me tengo de comer las manos tras \u00e9l; y si as\u00ed fuese, no me costar\u00eda muy barato, aunque los estropeados y mancos ya se tienen su calonj\u00eda en la limosna que piden; as\u00ed que, por una v\u00eda o por otra, t\u00fa has de ser rica, de buena ventura. Dios te la d\u00e9, como puede, y a m\u00ed me guarde para servirte. Deste castillo, a veinte de julio de 1614.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tu marido el gobernador,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sancho Panza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En acabando la duquesa de leer la carta, dijo a Sancho:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 En dos cosas anda un poco descaminado el buen gobernador: la una, en decir o dar a entender que este gobierno se le han dado por los azotes que se ha de dar, sabiendo \u00e9l, que no lo puede negar, que cuando el duque, mi se\u00f1or, se le prometi\u00f3, no se so\u00f1aba haber azotes en el mundo; la otra es que se muestra en ella muy codicioso, y no querr\u00eda que or\u00e9gano fuese, porque la codicia rompe el saco, y el gobernador codicioso hace la justicia desgobernada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Yo no lo digo por tanto, se\u00f1ora \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014; y si a vuesa merced le parece que la tal carta no va como ha de ir, no hay sino rasgarla y hacer otra nueva, y podr\u00eda ser que fuese peor si me lo dejan a mi caletre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No, no \u2014replic\u00f3 la duquesa\u2014, buena est\u00e1 \u00e9sta, y quiero que el duque la vea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esto se fueron a un jard\u00edn, donde hab\u00edan de comer aquel d\u00eda. Mostr\u00f3 la duquesa la carta de Sancho al duque, de que recibi\u00f3 grand\u00edsimo contento. Comieron, y despu\u00e9s de alzado los manteles, y despu\u00e9s de haberse entretenido un buen espacio con la sabrosa conversaci\u00f3n de Sancho, a deshora se oy\u00f3 el son trist\u00edsimo de un p\u00edfaro y el de un ronco y destemplado tambor. Todos mostraron alborotarse con la confusa, marcial y triste armon\u00eda, especialmente don Quijote, que no cab\u00eda en su asiento de puro alborotado; de Sancho no hay que decir sino que el miedo le llev\u00f3 a su acostumbrado refugio, que era el lado o faldas de la duquesa, porque real y verdaderamente el son que se escuchaba era trist\u00edsimo y malenc\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, estando todos as\u00ed suspensos, vieron entrar por el jard\u00edn adelante dos hombres vestidos de luto, tan luego y tendido que les arrastraba por el suelo; \u00e9stos ven\u00edan tocando dos grandes tambores, asimismo cubiertos de negro. A su lado ven\u00eda el p\u00edfaro, negro y pizmiento como los dem\u00e1s. Segu\u00eda a los tres un personaje de cuerpo agigantado, amantado, no que vestido, con una negr\u00edsima loba, cuya falda era asimismo desaforada de grande. Por encima de la loba le ce\u00f1\u00eda y atravesaba un ancho tahel\u00ed, tambi\u00e9n negro, de quien pend\u00eda un desmesurado alfanje de guarniciones y vaina negra. Ven\u00eda cubierto el rostro con un trasparente velo negro, por quien se entreparec\u00eda una long\u00edsima barba, blanca como la nieve. Mov\u00eda el paso al son de los tambores con mucha gravedad y reposo. En fin, su grandeza, su contoneo, su negrura y su acompa\u00f1amiento pudiera y pudo suspender a todos aquellos que sin conocerle le miraron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lleg\u00f3, pues, con el espacio y prosopopeya referida a hincarse de rodillas ante el duque, que en pie, con los dem\u00e1s que all\u00ed estaban, le atend\u00eda; pero el duque en ninguna manera le consinti\u00f3 hablar hasta que se levantase. H\u00edzolo as\u00ed el espantajo prodigioso, y, puesto en pie, alz\u00f3 el antifaz del rostro y hizo patente la m\u00e1s horrenda, la m\u00e1s larga, la m\u00e1s blanca y m\u00e1s poblada barba que hasta entonces humanos ojos hab\u00edan visto, y luego desencaj\u00f3 y arranc\u00f3 del ancho y dilatado pecho una voz grave y sonora, y, poniendo los ojos en el duque, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Alt\u00edsimo y poderoso se\u00f1or, a m\u00ed me llaman Trifald\u00edn el de la Barba Blanca; soy escudero de la condesa Trifaldi, por otro nombre llamada la Due\u00f1a Dolorida, de parte de la cual traigo a vuestra grandeza una embajada, y es que la vuestra magnificencia sea servida de darla facultad y licencia para entrar a decirle su cuita, que es una de las m\u00e1s nuevas y m\u00e1s admirables que el m\u00e1s cuitado pensamiento del orbe pueda haber pensado. Y primero quiere saber si est\u00e1 en este vuestro castillo el valeroso y jam\u00e1s vencido caballero don Quijote de la Mancha, en cuya busca viene a pie y sin desayunarse desde el reino de Candaya hasta este vuestro estado, cosa que se puede y debe tener a milagro o a fuerza de encantamento. Ella queda a la puerta desta fortaleza o casa de campo, y no aguarda para entrar sino vuestro benepl\u00e1cito. Dije.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y tosi\u00f3 luego y manose\u00f3se la barba de arriba abajo con entrambas manos, y con mucho sosiego estuvo atendiendo la respuesta del duque, que fue:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ya, buen escudero Trifald\u00edn de la Blanca Barba, ha muchos d\u00edas que tenemos noticia de la desgracia de mi se\u00f1ora la condesa Trifaldi, a quien los encantadores la hacen llamar la Due\u00f1a Dolorida; bien pod\u00e9is, estupendo escudero, decirle que entre y que aqu\u00ed est\u00e1 el valiente caballero don Quijote de la Mancha, de cuya condici\u00f3n generosa puede prometerse con seguridad todo amparo y toda ayuda; y asimismo le podr\u00e9is decir de mi parte que si mi favor le fuere necesario, no le ha de faltar, pues ya me tiene obligado a d\u00e1rsele el ser caballero, a quien es anejo y concerniente favorecer a toda suerte de mujeres, en especial a las due\u00f1as viudas, menoscabadas y doloridas, cual lo debe estar su se\u00f1or\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oyendo lo cual Trifald\u00edn, inclin\u00f3 la rodilla hasta el suelo, y, haciendo al p\u00edfaro y tambores se\u00f1al que tocasen, al mismo son y al mismo paso que hab\u00eda entrado, se volvi\u00f3 a salir del jard\u00edn, dejando a todos admirados de su presencia y compostura. Y, volvi\u00e9ndose el duque a don Quijote, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 En fin, famoso caballero, no pueden las tinieblas de malicia ni de la ignorancia encubrir y escurecer la luz del valor y de la virtud. Digo esto porque apenas ha seis d\u00edas que la vuestra bondad est\u00e1 en este castillo, cuando ya os vienen a buscar de lue\u00f1as y apartadas tierras, y no en carrozas ni en dromedarios, sino a pie y en ayunas; los tristes, los afligidos, confiados que han de hallar en ese fort\u00edsimo brazo el remedio de sus cuitas y trabajos, merced a vuestras grandes haza\u00f1as, que corren y rodean todo lo descubierto de la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Quisiera yo, se\u00f1or duque \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, que estuviera aqu\u00ed presente aquel bendito religioso que a la mesa el otro d\u00eda mostr\u00f3 tener tan mal talante y tan mala ojeriza contra los caballeros andantes, para que viera por vista de ojos si los tales caballeros son necesarios en el mundo: tocara, por lo menos, con la mano que los extraordinariamente afligidos y desconsolados, en casos grandes y en desdichas inormes no van a buscar su remedio a las casas de los letrados, ni a la de los sacristanes de las aldeas, ni al caballero que nunca ha acertado a salir de los t\u00e9rminos de su lugar, ni al perezoso cortesano que antes busca nuevas para referirlas y contarlas, que procura hacer obras y haza\u00f1as para que otros las cuenten y las escriban; el remedio de las cuitas, el socorro de las necesidades, el amparo de las doncellas, el consuelo de las viudas, en ninguna suerte de personas se halla mejor que en los caballeros andantes, y de serlo yo doy infinitas gracias al cielo, y doy por muy bien empleado cualquier desm\u00e1n y trabajo que en este tan honroso ejercicio pueda sucederme. Venga esta due\u00f1a y pida lo que quisiere, que yo le librar\u00e9 su remedio en la fuerza de mi brazo y en la intr\u00e9pida resoluci\u00f3n de mi animoso esp\u00edritu.<\/p>\n<p><strong>REDACCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXXV. Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos Al comp\u00e1s de la agradable m\u00fasica vieron que hacia ellos ven\u00eda un carro de los que llaman triunfales tirado de seis mulas pardas, encubertadas, empero, de lienzo blanco, y sobre cada una ven\u00eda un diciplinante de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":24341,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176],"tags":[445],"class_list":{"0":"post-25507","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-don-quijote-de-la-mancha","8":"tag-miguel-de-cervantes"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de La Mancha - Segunda Parte - Cap\u00edtulos XXXV y XXXVI | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"TESOROS LITERARIOS - Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25507\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Don Quijote de La Mancha - Segunda Parte - Cap\u00edtulos XXXV y XXXVI | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"TESOROS LITERARIOS - Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25507\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2025-12-06T22:00:42+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2025-12-12T14:37:57+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Don-Quijote-de-la-Manca_H.S.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1920\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"23 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":[\"Article\",\"BlogPosting\"],\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=25507#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=25507\"},\"author\":{\"name\":\"Redacci\u00f3n\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/f232bbdb834c61c90aff2245daa401c0\"},\"headline\":\"Don Quijote de La Mancha &#8211; 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