{"id":25505,"date":"2025-12-06T00:00:48","date_gmt":"2025-12-05T22:00:48","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25505"},"modified":"2025-12-12T16:37:57","modified_gmt":"2025-12-12T14:37:57","slug":"fortunata-y-jacinta-seguna-parte-capitulo-v-partes-i-y-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=25505","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Seguna Parte &#8211; Cap\u00edtulo V | Partes I y II"},"content":{"rendered":"<h2>Las Micaelas por fuera<\/h2>\n<hr \/>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">I<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay en Madrid tres conventos destinados a la correcci\u00f3n de mujeres. Dos de ellos est\u00e1n en la poblaci\u00f3n antigua, uno en la ampliaci\u00f3n del Norte, que es la zona predilecta de los nuevos institutos religiosos y de las comunidades expulsadas del centro por la incautaci\u00f3n revolucionaria de sus hist\u00f3ricas casas. En esta faja Norte son tantos los edificios religiosos que casi es dif\u00edcil contarlos. Los hay para monjas reclusas, y para las religiosas que viven en comunicaci\u00f3n con el mundo y en batalla ruda con la miseria humana, en estas \u00f3rdenes modernas derivadas de la de San Vicente de Pa\u00fal, cuya mortificaci\u00f3n consiste en recoger ancianos, asistir enfermos o educar ni\u00f1os. Como por encanto hemos visto levantarse en aquella zona grandes pelmazos de ladrillo, de dudoso valer arquitect\u00f3nico, que manifiestan cu\u00e1n positiva es a\u00fan la propaganda religiosa, y qu\u00e9 resultados tan pr\u00e1cticos se obtienen del ahorro espiritual, o sea la limosna, cultivado por buena mano. Las <i>Hermanitas de los Pobres<\/i>, las <i>Siervas de Mar\u00eda<\/i> y otras, tan apreciadas en Madrid por los positivos auxilios que prestan al vecindario, han labrado en esta zona sus casas con la prontitud de las obras de contrata. De institutos para cl\u00e9rigos s\u00f3lo hay uno, grand\u00f3n, vulgar y triste como un falansterio. Las Salesas Reales, arrojadas del convento que les hizo do\u00f1a B\u00e1rbara, tienen tambi\u00e9n domicilio nuevo, y otras monjas hist\u00f3ricas, las que recogieron y guardaron los huesos de D. Pedro el Cruel, acampan all\u00e1 sobre las alturas del barrio de Salamanca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La planicie de Chamber\u00ed, desde los Pozos y Santa B\u00e1rbara hasta m\u00e1s all\u00e1 de Cuatro Caminos, es el sitio preferido de las \u00f3rdenes nuevas. All\u00ed hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer constante y extraordinaria, y all\u00ed tambi\u00e9n la casa de las Micaelas. Estos edificios tienen cierto car\u00e1cter de improvisaci\u00f3n, y en todos, combinando la baratura con la prisa, se ha empleado el ladrillo al descubierto, con ciertos aires mud\u00e9jares y pegotes de g\u00f3tico a la francesa. Las iglesias afectan, en las fr\u00e1giles escayolas que las decoran interiormente, el estilo adamado con pretensiones de elegante de la bas\u00edlica de Lourdes. Hay, pues, en ellas una impresi\u00f3n de aseo y arreglo que encanta la vista, y una deplorable manera arquitect\u00f3nica. La importaci\u00f3n de los nuevos estilos de piedad, como el del Sagrado Coraz\u00f3n, y esas manadas de curas de babero expulsados de Francia, nos han tra\u00eddo una cosa buena, el aseo de los lugares destinados al culto; y una cosa mala, la perversi\u00f3n del gusto en la decoraci\u00f3n religiosa. Verdad que Madrid apenas ten\u00eda elementos de defensa contra esta invasi\u00f3n, porque las iglesias de esta villa, adem\u00e1s de muy sucias, son verdaderos adefesios como arte. As\u00ed es que no podemos alzar mucho el gallo. El barroquismo sin gracia de nuestras parroquias, los canceles llenos de mugre, las capillas cubiertas de horribles escayolas empolvadas y todo lo dem\u00e1s que constituye la vulgaridad indecorosa de los templos madrile\u00f1os, no tiene que echar nada en cara a las cursiler\u00edas de esta nov\u00edsima monumentalidad, tambi\u00e9n armada en yesos deleznables y con derroche de oro y pinturas al temple, pero que al menos despide olor de aseo, y tiene el decoro de los sitios en que anda mucho la santidad de la escoba, del agua y el jab\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caser\u00f3n que llamamos <i>Las Micaelas<\/i> estaba situado m\u00e1s arriba del de Guillermina, all\u00e1 donde las rarificaciones de la poblaci\u00f3n aumentan en t\u00e9rminos de que es mucho m\u00e1s extenso el suelo bald\u00edo que el edificado. Por algunos huecos del caser\u00edo se ven horizontes esteparios y luminosos, tapias de cementerios coronadas de cipreses, esbeltas chimeneas de f\u00e1bricas como palmeras sin ramas, grandes extensiones de terreno mal sembrado para pasto de las burras de leche y de las cabras. Las casas son bajas, como las de los pueblos, y hay algunas de corredor con habitaciones numeradas, cuyas puertas se ven por la medianer\u00eda. El edificio de las Micaelas hab\u00eda sido una casa particular, a la que se agreg\u00f3 un ala interior costeando dos lados de la huerta en forma de medio claustro, y a la saz\u00f3n se le estaba a\u00f1adiendo por el lado opuesto la iglesia, que era amplia y del estilo de moda, ladrillo sin revoco modelado a lo mud\u00e9jar y cabos de canter\u00eda de Novelda labrada en ojival constructivo. Como la iglesia estaba a\u00fan a medio hacer, el culto se celebraba en la capilla provisional, que era una gran cruj\u00eda baja, a la izquierda de la puerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el arreglo de esta cruj\u00eda para convertirla en templo interino, manifest\u00e1base el buen deseo, la pulcritud y la inocencia art\u00edstica de las excelentes se\u00f1oras que compon\u00edan la comunidad. Las paredes estaban estucadas, como las de nuestras alcobas, porque este es un g\u00e9nero de decoraci\u00f3n barato en Madrid y sumamente favorable a la limpieza. En el fondo estaba el altar, que era, ya se sabe, blanco y oro, de un estilo tan visto y tan determinado, que parece que viene en los figurines. A derecha e izquierda, en cromos chillones de gran tama\u00f1o, los dos Sagrados Corazones, y sobre ellos se abr\u00edan dos ventanas enjut\u00edsimas, terminadas por arriba en corte ojival, con vidrios blancos, rojos y azules, combinados en rombo, como se usan en las escaleras de las casas modernas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerca de la puerta hab\u00eda una reja de madera que separaba el p\u00fablico de las monjas los d\u00edas en que el p\u00fablico entraba, que eran los jueves y domingos. De la reja para adentro, el piso estaba cubierto de hule, y a los costados de lo que bien podremos llamar nave hab\u00eda dos filas de sillas reclinatorios. A la derecha de la nave dos puertas, no muy grandes: la una conduc\u00eda a la sacrist\u00eda, la otra a la habitaci\u00f3n que hac\u00eda de coro. De all\u00ed ven\u00edan los flauteados de un harmonium ta\u00f1ido candorosamente en los acordes de la t\u00f3nica y la dominante, y con las modulaciones m\u00e1s elementales; de all\u00ed ven\u00edan tambi\u00e9n los exaltados acentos de las dos o tres monjas cantoras. La m\u00fasica era digna de la arquitectura, y sonaba a zarzuela sentimental o a canci\u00f3n de las que se reparten como regalo a las suscritoras en los peri\u00f3dicos de modas. En esto ha venido a parar el grandioso canto eclesi\u00e1stico, por el abandono de los que mandan en estas cosas y la latitud con que se vienen permitiendo novedades en el severo culto cat\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pecadora fue llevada a las Micaelas pocos d\u00edas despu\u00e9s de la Pascua de Resurrecci\u00f3n. Aquel d\u00eda, desde que despert\u00f3, se le puso a Maxi la obstrucci\u00f3n en la boca del est\u00f3mago, pero tan fuerte como si tuviera entre pecho y espalda atravesado un palo. Molestia semejante sent\u00eda en los d\u00edas de ex\u00e1menes, pero no con tanta intensidad. Fortunata parec\u00eda contenta, y deseaba que la hora llegase pronto para abreviar la expectaci\u00f3n y perplejidad en que los dos amantes estaban, sin saber qu\u00e9 decirse. A ella por lo menos no se le ocurr\u00eda nada que decirle, y aunque a \u00e9l se le pasaban por el mag\u00edn muchas cosas, ten\u00eda cierta aversi\u00f3n innata a lo teatral, y no gustaba de hablar gordo en ciertas ocasiones. Si ha de decirse verdad, Maxi inspiraba aquel d\u00eda a su novia un sentimiento de cari\u00f1o dulce y sosegado, con su poquillo de l\u00e1stima. Y \u00e9l procuraba dar a la conversaci\u00f3n tono familiar, hablando del tiempo o recomendando a la joven que tuviese cuidado de no olvidar alguna importante prenda de ropa. Nicol\u00e1s, que estaba presente, no habr\u00eda permitido tampoco zalamer\u00edas de amor ni besuqueo, y ayudaba a recoger y agrupar todas las cosas que hab\u00edan de llevarse, a\u00f1adiendo observaciones tan pr\u00e1cticas como esta: \u00abYa sabe usted que ni perfumes ni joyas ni ringorrangos de ninguna clase entran en aquella casa. Todo el bagaje mundano se arroja a la puerta\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando vino el mozo que deb\u00eda llevar el ba\u00fal, Fortunata estaba ya dispuesta, vestida con la mayor sencillez. Maximiliano mir\u00f3 diferentes veces su reloj sin enterarse de la hora. Nicol\u00e1s, que estaba m\u00e1s sereno, mir\u00f3 el suyo y dijo que era tarde. Bajaron los tres, y fueron pausadamente y sin hablar hacia la calle de Hortaleza a tomar un coche sim\u00f3n. Instalose el joven con no poco trabajo en la bigotera, porque las faldas de su futura esposa y la ropa talar del cl\u00e9rigo estorbaban lo que no es decible la entrada y la salida; y si el trayecto fuera m\u00e1s largo, el martirio de aquellas seis piernas que no sab\u00edan c\u00f3mo colocarse habr\u00eda sido muy grande. La ne\u00f3fita miraba por la ventanilla, atra\u00edda vagamente y sin inter\u00e9s su atenci\u00f3n por la gente que pasaba. Creer\u00edase que miraba hacia fuera por no mirar hacia dentro; Maximiliano se la com\u00eda con los ojos, mientras el presb\u00edtero procuraba en vano animar la conversaci\u00f3n con algunas cuchufletas bien poco ingeniosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegaron por fin al convento. En la puerta hab\u00eda dos o tres mendigas viejas, que pidieron limosna, y a Maximiliano le falt\u00f3 tiempo para d\u00e1rsela. Le amargaba extraordinariamente la boca, y su voz ahilada sal\u00eda de la garganta con interrupciones y s\u00edncopas como la de un asm\u00e1tico. Su turbaci\u00f3n le obligaba a refugiarse en los temas vulgares&#8230; \u00ab\u00a1Vaya que son pesados estos pobres!&#8230; Parece que hay misa, porque se oye la campanilla de alzar&#8230; Es bonita la casa, y alegre, s\u00ed se\u00f1or, alegre\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entraron en una sala que hay a la derecha, en el lado opuesto a la capilla. En dicha sala recib\u00edan visitas las monjas, y las recogidas a quienes se permit\u00eda ver a su familia los jueves por la tarde, durante hora y media, en presencia de dos madres. Adornada con sencillez rayana en pobreza, la tal sala no ten\u00eda m\u00e1s que algunas estampas de santos y un cuadrote de San Jos\u00e9, al \u00f3leo, que parec\u00eda hecho por la misma mano que pint\u00f3 el J\u00e1uregui de la casa de do\u00f1a Lupe. El piso era de baldos\u00edn, bien lavado y frotado, sin m\u00e1s defensa contra el fr\u00edo que dos esteritas de junco delante de los dos bancos que ocupaban los testeros principales. Dichos bancos, las sillas y un canap\u00e9 de patas curvas eran piezas diferentes, y bien se conoc\u00eda que todo aquel pobre menaje proven\u00eda de donativos o limosnas de esta y la otra casa. Ni cinco minutos tuvieron que esperar, porque al punto entraron dos madres que ya estaban avisadas, y casi pis\u00e1ndoles los talones entr\u00f3 el se\u00f1or capell\u00e1n, un hombr\u00f3n muy campechano y que de todo se re\u00eda. Llam\u00e1base D. Le\u00f3n Pintado, y en nada correspond\u00eda la persona al nombre. Nicol\u00e1s Rub\u00edn y aquel pasmarote tan grande y tan jovial se abrazaron y se saludaron tute\u00e1ndose. Una de las dos monjas era joven, coloradita, de boca agraciada y ojos que habr\u00edan sido lind\u00edsimos si no adolecieran de estrabismo. La otra era seca y de edad madura, con gafas, y daba bien claramente a entender que ten\u00eda en la casa m\u00e1s autoridad que su compa\u00f1era. A las palabras que dijeron, impregnadas de esa cortes\u00eda dulzona que informa el estilo y el metal de voz de las religiosas del d\u00eda, iba la ne\u00f3fita a contestar alguna cosa apropiada al caso; pero se cort\u00f3 y de sus labios no pudo salir m\u00e1s que un <i>ju ju<\/i>, que las otras no entendieron. La sesi\u00f3n fue breve. Sin duda las madres Micaelas no gustaban de perder el tiempo. \u00abDesp\u00eddase usted\u00bb le dijo la seca, tom\u00e1ndola por un brazo. Fortunata estrech\u00f3 la mano de Maxi y de Nicol\u00e1s, sin distinguir entre los dos, y dejose llevar. <i>Rubinius vulgaris<\/i> dio un paso, dejando solos a los dos curas que hablaban cogi\u00e9ndose rec\u00edprocamente las borlas de sus manteos, y vio desaparecer a su amada, a su \u00eddolo, a su ilusi\u00f3n, por la puerta aquella pintada de blanco, que comunicaba la sala con el resto de la religiosa morada. Era una puerta como otra cualquiera; pero cuando se cerr\u00f3 otra vez, pareciole al enamorado chico cosa diferente de todo lo que contiene el mundo en el vast\u00edsimo reino de las puertas.<\/p>\n<hr \/>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ech\u00f3 a andar hacia Madrid por el polvoriento camino del antiguo Campo de Guardias, y volviendo a mirar su reloj por un movimiento maquinal, tampoco entonces se hizo cargo de la hora que era. No se dio cuenta de que su hermano y D. Le\u00f3n Pintado, entretenidos en una conversaci\u00f3n interesante y par\u00e1ndose cada diez palabras, se hab\u00edan quedado atr\u00e1s. Hablaban de las oposiciones a la lectoral de Sig\u00fcenza y de las peloteras que ocurrieron en ella. El capell\u00e1n, como candidato reventado, pon\u00eda de oro y azul al obispo de la di\u00f3cesis y a todo el cabildo. Maximiliano, sin advertir las paradas, sigui\u00f3 andando hasta que se encontr\u00f3 en su casa. Abriole do\u00f1a Lupe la puerta y le hizo varias preguntas: \u00abY qu\u00e9 tal, \u00bfiba contenta?\u00bb. Revelaban estas interrogaciones tanto inter\u00e9s como curiosidad, y el joven, animado por la benevolencia que en su t\u00eda observaba, departi\u00f3 con ella, arranc\u00e1ndose a mostrarle algunas de las afiladas p\u00faas que le rasgu\u00f1aban el coraz\u00f3n. Ten\u00eda un presentimiento vago de no volverla a ver, no porque ella se muriese, sino porque dentro del convento y contagiada de la piedad de las monjas, pod\u00eda chiflarse demasiado con las cosas divinas y enamorarse de la vida espiritual hasta el punto de no querer ya marido de carne y hueso, sino a Jesucristo, que es el esposo que a las monjas de verdadera santidad les hace til\u00edn. Esto lo expres\u00f3 irreverentemente con medias palabras; pero do\u00f1a Lupe sac\u00f3 toda la sustancia a los conceptos. \u00abBien podr\u00eda suceder eso\u2014le dijo con acento de convicci\u00f3n, que turb\u00f3 m\u00e1s a Maximiliano\u2014, y no ser\u00eda el primer caso de mujeres malas&#8230; quiero decir ligeras&#8230; que se han convertido en un abrir y cerrar de ojos, volvi\u00e9ndose tan del rev\u00e9s, que luego no ha habido m\u00e1s remedio que canonizarlas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El redentor sinti\u00f3 fr\u00edo en el coraz\u00f3n. \u00a1Fortunata canonizada! Esta idea, por lo muy absurda que era, le atorment\u00f3 toda la ma\u00f1ana. \u00abFrancamente \u2014dijo al fin, despu\u00e9s de muchas meditaciones\u2014, tanto como canonizar, no; pero bien podr\u00eda darle por el misticismo y no querer salir, y quedarme yo <i>in albis<\/i>\u00bb. Vamos, que semejante idea le aterraba! En tal caso no ten\u00eda m\u00e1s remedio que volverse \u00e9l santito tambi\u00e9n, dedicarse a la Iglesia y hacerse cura&#8230; \u00a1Jes\u00fas qu\u00e9 disparate! \u00a1Cura!, \u00bfy para qu\u00e9? De vuelta en vuelta, su mente lleg\u00f3 a un torbellino doloroso en el cual no tuvo ya m\u00e1s remedio que ahogar las ideas, para librarse del tormento que le ocasionaban. Intent\u00f3 estudiar&#8230; Imposible. Ocurriole escribir a Fortunata, encarg\u00e1ndole que no hiciera caso alguno de lo que le dijesen las monjas acerca de la vida espiritual, la gracia y el amor m\u00edstico&#8230; Otro disparate. Por fin se fue calmando, y la raz\u00f3n se clareaba un poco tras aquellas nieblas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las once ser\u00edan ya, cuando desde su cuarto sinti\u00f3 un grande altercado entre do\u00f1a Lupe y Papitos. El motivo de aquella dom\u00e9stica zaragata fue que a Nicol\u00e1s Rub\u00edn se le ocurri\u00f3 la idea tr\u00e1gica de convidar a almorzar a su amigo el padre Pintado, y no fue lo peor que se le ocurriera, sino que se apresurase a ejecutarla con aquella frescura clerical que en tan alto grado ten\u00eda, metiendo a su camarada por las puertas de la casa sin ocuparse para nada de si en esta hab\u00eda o no los bastimentos necesarios para dos bocas de tal naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Do\u00f1a Lupe que tal vio y oy\u00f3, no pudo decir nada, por estar el otro cl\u00e9rigo delante; pero ten\u00eda la sangre requemada. Su orgullo no le permit\u00eda desprestigiar la casa, poni\u00e9ndoles un artes\u00f3n de bazofia para que se hartaran; y afrontando despechada el conflicto, dec\u00eda para su sayo cosas que habr\u00edan hecho saltar a toda la curia eclesi\u00e1stica. \u00abNo s\u00e9 lo que se figura este heliog\u00e1balo&#8230; cree que mi casa es la posada del Peine. Despu\u00e9s que \u00e9l me come un codo, trae a su compinche para que me coma el otro. Y por las trazas, debe tener buen diente y un est\u00f3mago como las galer\u00edas del Dep\u00f3sito de aguas&#8230; \u00a1Ay, Dios m\u00edo!, \u00a1qu\u00e9 ego\u00edstas son estos curas&#8230;! Lo que yo deb\u00eda hacer era ponerle la cuentecita, y entonces&#8230; \u00a1ah!, entonces s\u00ed que no se volv\u00eda a descolgar con invitados, porque es <i>Alejandro en pu\u00f1o<\/i> y no le gusta ser rumboso sino con dinero ajeno\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El volc\u00e1n que rug\u00eda en el pecho de la se\u00f1ora de J\u00e1uregui no pod\u00eda arrojar su lava sino sobre Papitos, que para esto justamente estaba. Hab\u00eda empezado aquel d\u00eda la monilla por hacer bien las cosas; pero la ri\u00f1\u00f3 su ama tan sin raz\u00f3n, que&#8230; \u00a1diablo de chica!, concluy\u00f3 por hacerlo todo al rev\u00e9s. Si le ordenaban quitar agua de un puchero, echaba m\u00e1s. En vez de picar cebolla, machacaba ajos; la mandaron a la tienda por una lata de sardinas y trajo cuatro libras de bacalao de Escocia; rompi\u00f3 una escudilla, y tantos disparates hizo que do\u00f1a Lupe por poco le aporrea el cr\u00e1neo con la mano del almirez. \u00abDe esto tengo la culpa yo, grand\u00edsima bestia, por empe\u00f1arme en domar ac\u00e9milas y en hacer de ellas personas&#8230; Hoy te vas a tu casa, a la choza del muladar de Cuatro Caminos donde estabas, entre cerdos y gallinas, que es la sociedad que te cuadra&#8230;\u00bb. Y por aqu\u00ed segu\u00eda la retah\u00edla&#8230; \u00a1Pobre Papitos! Suspiraba y le corr\u00edan las l\u00e1grimas por la cara abajo. Hab\u00eda llegado ya a tal punto su azoramiento, que no daba pie con bola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre tanto los dos curas estaban en la sala, fumando cigarrillos, las canalejas sobre sillas, groseramente espatarrados ambos en los dos sillones principales, y hablando sin cesar del mismo tema de las oposiciones de Sig\u00fcenza. La culpa de todo la ten\u00eda el de\u00e1n, que era un trasto y quer\u00eda la lectoral a todo trance para su sobrinito. \u00a1Valientes perros estaban t\u00edo y sobrino! Este hab\u00eda hecho discursos racionalistas, y cuando la <i>Gloriosa<\/i> dio vivas a Topete y a Prim en una reuni\u00f3n de dem\u00f3cratas. Do\u00f1a Lupe entr\u00f3 al fin haciendo violent\u00edsimas contorsiones con los m\u00fasculos de su cara para poder brindarles una sonrisa en el momento de decir que ya pod\u00edan pasar&#8230; que tendr\u00edan que dispensar muchas faltas, y que iban a hacer penitencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y mientras se sentaban, mir\u00f3 con terror al amigo de su sobrino, que era lo mismo que un buey puesto en dos pies, y pensaba que si el apetito correspond\u00eda al volumen, todo lo que en la mesa hab\u00eda no bastara para llenar aquel inmenso est\u00f3mago. Felizmente, Maxi estaba tan sin gana, que apenas prob\u00f3 bocado; do\u00f1a Lupe se declar\u00f3 tambi\u00e9n inapetente, y de este modo se fue resolviendo el problema y no hubo conflicto que lamentar. El padre Pintado, a pesar de ser tan proceroso, no era hombre de mucho comer y ameniz\u00f3 la reuni\u00f3n contando otra vez&#8230; las oposiciones de Sig\u00fcenza. Do\u00f1a Lupe, por cortes\u00eda, afirmaba que era una barbaridad que no le hubieran dado a \u00e9l la lectoral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ira de la se\u00f1ora de J\u00e1uregui no se calm\u00f3 con el feliz \u00e9xito del almuerzo&#8230; y sigui\u00f3 machacando sobre la pobre Papitos. Esta, que tambi\u00e9n ten\u00eda su genio, herv\u00eda interiormente en despecho y deseos de revancha. \u00ab\u00a1Miren la t\u00eda bruja\u2014dec\u00eda para s\u00ed, bebi\u00e9ndose las l\u00e1grimas\u2014, con su teta menos&#8230;! Mejor tuviera verg\u00fcenza de ponerse la teta de trapo para que crea la gente que tiene las dos de verdad, como las tienen todas y como las tendr\u00e9 yo el d\u00eda de ma\u00f1ana&#8230;\u00bb. Por la tarde, cuando la se\u00f1ora sali\u00f3, encargando que le limpiara la ropa, ocurriole a la mona tomar de su ama una venganza terrible; pero una de esas venganzas que dejan eterna memoria. Se le ocurri\u00f3 poner, colgado en el balc\u00f3n, el cuerpo de vestido que pegada ten\u00eda la <i>cosa falsa<\/i> con que do\u00f1a Lupe enga\u00f1aba al p\u00fablico. La malicia de Papitos imaginaba que puesto en el balc\u00f3n el testimonio de la falta de su se\u00f1ora, la gente que pasase lo hab\u00eda de ver y se hab\u00eda de re\u00edr mucho. Pero no ocurrieron de este modo las cosas, porque ning\u00fan transe\u00fante se fij\u00f3 en el pecho postizo, que era lo mismo que una vejiga de manteca; y al fin la chiquilla se apresur\u00f3 a quitarlo, discurriendo con buen juicio que si do\u00f1a Lupe al entrar ve\u00eda colgado del balc\u00f3n aquel acusador de su defecto, se hab\u00eda de poner hecha una fiera, y ser\u00eda capaz de cortarle a su criada <i>las dos cosas de verdad<\/i> que pensaba tener.<\/p>\n<p><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las Micaelas por fuera &#8211;I&#8211; Hay en Madrid tres conventos destinados a la correcci\u00f3n de mujeres. Dos de ellos est\u00e1n en la poblaci\u00f3n antigua, uno en la ampliaci\u00f3n del Norte, que es la zona predilecta de los nuevos institutos religiosos y de las comunidades expulsadas del centro por la incautaci\u00f3n revolucionaria de sus hist\u00f3ricas casas. 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