{"id":24064,"date":"2025-10-19T00:00:51","date_gmt":"2025-10-18T22:00:51","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=24064"},"modified":"2025-10-19T07:47:10","modified_gmt":"2025-10-19T05:47:10","slug":"don-quijote-de-la-mancha-segunda-parte-capitulos-xxiii-y-xxiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=24064","title":{"rendered":"Don Quijote de la Mancha &#8211; Segunda parte | Cap\u00edtulos  XXIII y XXIV"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XXIII. De las admirables cosas que el estremado don Quijote cont\u00f3 que hab\u00eda visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por ap\u00f3crifa<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cuatro de la tarde ser\u00edan cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos, dio lugar a don Quijote para que, sin calor y pesadumbre, contase a sus dos clar\u00edsimos oyentes lo que en la cueva de Montesinos hab\u00eda visto. Y comenz\u00f3 en el modo siguiente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas. \u00c9ntrale una peque\u00f1a luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio vi yo a tiempo cuando ya iba cansado y moh\u00edno de verme, pendiente y colgado de la soga, caminar por aquella escura regi\u00f3n abajo, sin llevar cierto ni determinado camino; y as\u00ed, determin\u00e9 entrarme en ella y descansar un poco. Di voces, pidi\u00e9ndoos que no descolg\u00e1sedes m\u00e1s soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de o\u00edrme. Fui recogiendo la soga que envi\u00e1bades, y, haciendo della una rosca o rimero, me sent\u00e9 sobre \u00e9l, pensativo adem\u00e1s, considerando lo que hacer deb\u00eda para calar al fondo, no teniendo qui\u00e9n me sustentase; y, estando en este pensamiento y confusi\u00f3n, de repente y sin procurarlo, me salte\u00f3 un sue\u00f1o profund\u00edsimo; y, cuando menos lo pensaba, sin saber c\u00f3mo ni c\u00f3mo no, despert\u00e9 d\u00e9l y me hall\u00e9 en la mitad del m\u00e1s bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza ni imaginar la m\u00e1s discreta imaginaci\u00f3n humana. Despabil\u00e9 los ojos, limpi\u00e9melos, y vi que no dorm\u00eda, sino que realmente estaba despierto; con todo esto, me tent\u00e9 la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo mismo el que all\u00ed estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha; pero el tacto, el sentimiento, los discursos concertados que entre m\u00ed hac\u00eda, me certificaron que yo era all\u00ed entonces el que soy aqu\u00ed ahora. Ofreci\u00f3seme luego a la vista un real y suntuoso palacio o alc\u00e1zar, cuyos muros y paredes parec\u00edan de transparente y claro cristal fabricados; del cual abri\u00e9ndose dos grandes puertas, vi que por ellas sal\u00eda y hac\u00eda m\u00ed se ven\u00eda un venerable anciano, vestido con un capuz de bayeta morada, que por el suelo le arrastraba: ce\u00f1\u00edale los hombros y los pechos una beca de colegial, de raso verde; cubr\u00edale la cabeza una gorra milanesa negra, y la barba, can\u00edsima, le pasaba de la cintura; no tra\u00eda arma ninguna, sino un rosario de cuentas en la mano, mayores que medianas nueces, y los dieces asimismo como huevos medianos de avestruz; el continente, el paso, la gravedad y la anch\u00edsima presencia, cada cosa de por s\u00ed y todas juntas, me suspendieron y admiraron. Lleg\u00f3se a m\u00ed, y lo primero que hizo fue abrazarme estrechamente, y luego decirme: \u00bbLuengos tiempos ha, valeroso caballero don Quijote de la Mancha, que los que estamos en estas soledades encantados esperamos verte, para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: haza\u00f1a s\u00f3lo guardada para ser acometida de tu invencible coraz\u00f3n y de tu \u00e1nimo stupendo. Ven conmigo, se\u00f1or clar\u00edsimo, que te quiero mostrar las maravillas que este transparente alc\u00e1zar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetua, porque soy el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre\u00bb. Apenas me dijo que era Montesinos, cuando le pregunt\u00e9 si fue verdad lo que en el mundo de ac\u00e1 arriba se contaba: que \u00e9l hab\u00eda sacado de la mitad del pecho, con una peque\u00f1a daga, el coraz\u00f3n de su grande amigo Durandarte y llev\u00e1dole a la Se\u00f1ora Belerma, como \u00e9l se lo mand\u00f3 al punto de su muerte. Respondi\u00f3me que en todo dec\u00edan verdad, sino en la daga, porque no fue daga, ni peque\u00f1a, sino un pu\u00f1al buido, m\u00e1s agudo que una lezna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Deb\u00eda de ser \u2014dijo a este punto Sancho\u2014 el tal pu\u00f1al de Ram\u00f3n de Hoces, el sevillano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No s\u00e9 \u2014prosigui\u00f3 don Quijote\u2014, pero no ser\u00eda dese pu\u00f1alero, porque Ram\u00f3n de Hoces fue ayer, y lo de Roncesvalles, donde aconteci\u00f3 esta desgracia, ha muchos a\u00f1os; y esta averiguaci\u00f3n no es de importancia, ni turba ni altera la verdad y contesto de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 As\u00ed es \u2014respondi\u00f3 el primo\u2014; prosiga vuestra merced, se\u00f1or don Quijote, que le escucho con el mayor gusto del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No con menor lo cuento yo \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014; y as\u00ed, digo que el venerable Montesinos me meti\u00f3 en el cristalino palacio, donde en una sala baja, fresqu\u00edsima sobremodo y toda de alabastro, estaba un sepulcro de m\u00e1rmol, con gran maestr\u00eda fabricado, sobre el cual vi a un caballero tendido de largo a largo, no de bronce, ni de m\u00e1rmol, ni de jaspe hecho, como los suele haber en otros sepulcros, sino de pura carne y de puros huesos. Ten\u00eda la mano derecha (que, a mi parecer, es algo peluda y nervosa, se\u00f1al de tener muchas fuerzas su due\u00f1o) puesta sobre el lado del coraz\u00f3n, y, antes que preguntase nada a Montesinos, vi\u00e9ndome suspenso mirando al del sepulcro, me dijo: \u00bb\u00c9ste es mi amigo Durandarte, flor y espejo de los caballeros enamorados y valientes de su tiempo; ti\u00e9nele aqu\u00ed encantado, como me tiene a m\u00ed y a otros muchos y muchas, Merl\u00edn, aquel franc\u00e9s encantador que dicen que fue hijo del diablo; y lo que yo creo es que no fue hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un punto m\u00e1s que el diablo. El c\u00f3mo o para qu\u00e9 nos encant\u00f3 nadie lo sabe, y ello dir\u00e1 andando los tiempos, que no est\u00e1n muy lejos, seg\u00fan imagino. Lo que a m\u00ed me admira es que s\u00e9, tan cierto como ahora es de d\u00eda, que Durandarte acab\u00f3 los de su vida en mis brazos, y que despu\u00e9s de muerto le saqu\u00e9 el coraz\u00f3n con mis propias manos; y en verdad que deb\u00eda de pesar dos libras, porque, seg\u00fan los naturales, el que tiene mayor coraz\u00f3n es dotado de mayor valent\u00eda del que le tiene peque\u00f1o. Pues siendo esto as\u00ed, y que realmente muri\u00f3 este caballero, \u00bfc\u00f3mo ahora se queja y sospira de cuando en cuando, como si estuviese vivo?\u00bb Esto dicho, el m\u00edsero Durandarte, dando una gran voz, dijo:<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"text-align: justify;\">\u00bb\u00a1Oh, mi primo Montesinos!<br \/>\nLo postrero que os rogaba,<br \/>\nque cuando yo fuere muerto,<br \/>\ny mi \u00e1nima arrancada,<br \/>\nque llev\u00e9is mi coraz\u00f3n<br \/>\nadonde Belerma estaba,<br \/>\nsac\u00e1ndomele del pecho,<br \/>\nya con pu\u00f1al, ya con daga.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oyendo lo cual el venerable Montesinos, se puso de rodillas ante el lastimado caballero, y, con l\u00e1grimas en los ojos, le dijo: \u00bbYa, se\u00f1or Durandarte, car\u00edsimo primo m\u00edo, ya hice lo que me mandastes en el aciago d\u00eda de nuestra p\u00e9rdida: yo os saqu\u00e9 el coraz\u00f3n lo mejor que pude, sin que os dejase una m\u00ednima parte en el pecho; yo le limpi\u00e9 con un pa\u00f1izuelo de puntas; yo part\u00ed con \u00e9l de carrera para Francia, habi\u00e9ndoos primero puesto en el seno de la tierra, con tantas l\u00e1grimas, que fueron bastantes a lavarme las manos y limpiarme con ellas la sangre que ten\u00edan, de haberos andado en las entra\u00f1as; y, por m\u00e1s se\u00f1as, primo de mi alma, en el primero lugar que top\u00e9, saliendo de Roncesvalles, ech\u00e9 un poco de sal en vuestro coraz\u00f3n, porque no oliese mal, y fuese, si no fresco, a lo menos amojamado, a la presencia de la se\u00f1ora Belerma; la cual, con vos, y conmigo, y con Guadiana, vuestro escudero, y con la due\u00f1a Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aqu\u00ed encantados el sabio Merl\u00edn ha muchos a\u00f1os; y, aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros: solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasi\u00f3n que debi\u00f3 de tener Merl\u00edn dellas, las convirti\u00f3 en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de los reyes de Espa\u00f1a, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden sant\u00edsima, que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, pla\u00f1endo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un r\u00edo llamado de su mesmo nombre; el cual, cuando lleg\u00f3 a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sinti\u00f3 de ver que os dejaba, que se sumergi\u00f3 en las entra\u00f1as de la tierra; pero, como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean. Vanle administrando de sus aguas las referidas lagunas, con las cuales y con otras muchas que se llegan, entra pomposo y grande en Portugal. Pero, con todo esto, por dondequiera que va muestra su tristeza y melancol\u00eda, y no se precia de criar en sus aguas peces regalados y de estima, sino burdos y desabridos, bien diferentes de los del Tajo dorado; y esto que agora os digo, \u00a1oh primo m\u00edo!, os lo he dicho muchas veces; y, como no me respond\u00e9is, imagino que no me dais cr\u00e9dito, o no me o\u00eds, de lo que yo recibo tanta pena cual Dios lo sabe. Unas nuevas os quiero dar ahora, las cuales, ya que no sirvan de alivio a vuestro dolor, no os le aumentar\u00e1n en ninguna manera. Sabed que ten\u00e9is aqu\u00ed en vuestra presencia, y abrid los ojos y ver\u00e9islo, aquel gran caballero de quien tantas cosas tiene profetizadas el sabio Merl\u00edn, aquel don Quijote de la Mancha, digo, que de nuevo y con mayores ventajas que en los pasados siglos ha resucitado en los presentes la ya olvidada andante caballer\u00eda, por cuyo medio y favor podr\u00eda ser que nosotros fu\u00e9semos desencantados; que las grandes haza\u00f1as para los grandes hombres est\u00e1n guardadas\u00bb. \u00bbY cuando as\u00ed no sea \u2014respondi\u00f3 el lastimado Durandarte con voz desmayada y baja\u2014, cuando as\u00ed no sea, \u00a1oh primo!, digo, paciencia y barajar\u00bb. Y, volvi\u00e9ndose de lado, torn\u00f3 a su acostumbrado silencio, sin hablar m\u00e1s palabra. Oy\u00e9ronse en esto grandes alaridos y llantos, acompa\u00f1ados de profundos gemidos y angustiados sollozos; volv\u00ed la cabeza, y vi por las paredes de cristal que por otra sala pasaba una procesi\u00f3n de dos hileras de hermos\u00edsimas doncellas, todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas, al modo turquesco. Al cabo y fin de las hileras ven\u00eda una se\u00f1ora, que en la gravedad lo parec\u00eda, asimismo vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas y largas, que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces que el mayor de alguna de las otras; era cejijunta y la nariz algo chata; la boca grande, pero colorados los labios; los dientes, que tal vez los descubr\u00eda, mostraban ser ralos y no bien puestos, aunque eran blancos como unas peladas almendras; tra\u00eda en las manos un lienzo delgado, y entre \u00e9l, a lo que pude divisar, un coraz\u00f3n de carne momia, seg\u00fan ven\u00eda seco y amojamado. D\u00edjome Montesinos como toda aquella gente de la procesi\u00f3n eran sirvientes de Durandarte y de Belerma, que all\u00ed con sus dos se\u00f1ores estaban encantados, y que la \u00faltima, que tra\u00eda el coraz\u00f3n entre el lienzo y en las manos, era la se\u00f1ora Belerma, la cual con sus doncellas cuatro d\u00edas en la semana hac\u00edan aquella procesi\u00f3n y cantaban, o, por mejor decir, lloraban endechas sobre el cuerpo y sobre el lastimado coraz\u00f3n de su primo; y que si me hab\u00eda parecido algo fea, o no tan hermosa como ten\u00eda la fama, era la causa las malas noches y peores d\u00edas que en aquel encantamento pasaba, como lo pod\u00eda ver en sus grandes ojeras y en su color quebradiza. \u00bbY no toma ocasi\u00f3n su amarillez y sus ojeras de estar con el mal mensil, ordinario en las mujeres, porque ha muchos meses, y aun a\u00f1os, que no le tiene ni asoma por sus puertas, sino del dolor que siente su coraz\u00f3n por el que de contino tiene en las manos, que le renueva y trae a la memoria la desgracia de su mal logrado amante; que si esto no fuera, apenas la igualara en hermosura, donaire y br\u00edo la gran Dulcinea del Toboso, tan celebrada en todos estos contornos, y aun en todo el mundo\u00bb. \u00bb\u00a1Cepos quedos! \u2014dije yo entonces\u2014, se\u00f1or don Montesinos: cuente vuesa merced su historia como debe, que ya sabe que toda comparaci\u00f3n es odiosa, y as\u00ed, no hay para qu\u00e9 comparar a nadie con nadie. La sin par Dulcinea del Toboso es quien es, y la se\u00f1ora do\u00f1a Belerma es quien es, y quien ha sido, y qu\u00e9dese aqu\u00ed\u00bb. A lo que \u00e9l me respondi\u00f3: \u00bbSe\u00f1or don Quijote, perd\u00f3neme vuesa merced, que yo confieso que anduve mal, y no dije bien en decir que apenas igualara la se\u00f1ora Dulcinea a la se\u00f1ora Belerma, pues me bastaba a m\u00ed haber entendido, por no s\u00e9 qu\u00e9 barruntos, que vuesa merced es su caballero, para que me mordiera la lengua antes de compararla sino con el mismo cielo\u00bb. Con esta satisfaci\u00f3n que me dio el gran Montesinos se quiet\u00f3 mi coraz\u00f3n del sobresalto que receb\u00ed en o\u00edr que a mi se\u00f1ora la comparaban con Belerma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y aun me maravillo yo \u2014dijo Sancho\u2014 de c\u00f3mo vuestra merced no se subi\u00f3 sobre el vejote, y le moli\u00f3 a coces todos los huesos, y le pel\u00f3 las barbas, sin dejarle pelo en ellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No, Sancho amigo \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, no me estaba a m\u00ed bien hacer eso, porque estamos todos obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros, y principalmente a los que lo son y est\u00e1n encantados; yo s\u00e9 bien que no nos quedamos a deber nada en otras muchas demandas y respuestas que entre los dos pasamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A esta saz\u00f3n dijo el primo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Yo no s\u00e9, se\u00f1or don Quijote, c\u00f3mo vuestra merced en tan poco espacio de tiempo como ha que est\u00e1 all\u00e1 bajo, haya visto tantas cosas y hablado y respondido tanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfCu\u00e1nto ha que baj\u00e9? \u2014pregunt\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Poco m\u00e1s de una hora \u2014respondi\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Eso no puede ser \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, porque all\u00e1 me anocheci\u00f3 y amaneci\u00f3, y torn\u00f3 a anochecer y amanecer tres veces; de modo que, a mi cuenta, tres d\u00edas he estado en aquellas partes remotas y escondidas a la vista nuestra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Verdad debe de decir mi se\u00f1or \u2014dijo Sancho\u2014, que, como todas las cosas que le han sucedido son por encantamento, quiz\u00e1 lo que a nosotros nos parece un hora, debe de parecer all\u00e1 tres d\u00edas con sus noches.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 As\u00ed ser\u00e1 \u2014respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y \u00bfha comido vuestra merced en todo este tiempo, se\u00f1or m\u00edo? \u2014pregunt\u00f3 el primo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No me he desayunado de bocado \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, ni aun he tenido hambre, ni por pensamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y los encantados, \u00bfcomen? \u2014dijo el primo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No comen \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, ni tienen escrementos mayores; aunque es opini\u00f3n que les crecen las u\u00f1as, las barbas y los cabellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfY duermen, por ventura, los encantados, se\u00f1or? \u2014pregunt\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No, por cierto \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014; a lo menos, en estos tres d\u00edas que yo he estado con ellos, ninguno ha pegado el ojo, ni yo tampoco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Aqu\u00ed encaja bien el refr\u00e1n \u2014dijo Sancho\u2014 de dime con qui\u00e9n andas, decirte he qui\u00e9n eres: \u00e1ndase vuestra merced con encantados ayunos y vigilantes, mirad si es mucho que ni coma ni duerma mientras con ellos anduviere. Pero perd\u00f3neme vuestra merced, se\u00f1or m\u00edo, si le digo que de todo cuanto aqu\u00ed ha dicho, ll\u00e9veme Dios, que iba a decir el diablo, si le creo cosa alguna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfC\u00f3mo no? \u2014dijo el primo\u2014, pues \u00bfhab\u00eda de mentir el se\u00f1or don Quijote, que, aunque quisiera, no ha tenido lugar para componer e imaginar tanto mill\u00f3n de mentiras?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Yo no creo que mi se\u00f1or miente \u2014respondi\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Si no, \u00bfqu\u00e9 crees? \u2014le pregunt\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Creo \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014 que aquel Merl\u00edn, o aquellos encantadores que encantaron a toda la chusma que vuestra merced dice que ha visto y comunicado all\u00e1 bajo, le encajaron en el mag\u00edn o la memoria toda esa m\u00e1quina que nos ha contado, y todo aquello que por contar le queda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Todo eso pudiera ser, Sancho \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, pero no es as\u00ed, porque lo que he contado lo vi por mis propios ojos y lo toqu\u00e9 con mis mismas manos. Pero, \u00bfqu\u00e9 dir\u00e1s cuando te diga yo ahora c\u00f3mo, entre otras infinitas cosas y maravillas que me mostr\u00f3 Montesinos, las cuales despacio y a sus tiempos te las ir\u00e9 contando en el discurso de nuestro viaje, por no ser todas deste lugar, me mostr\u00f3 tres labradoras que por aquellos amen\u00edsimos campos iban saltando y brincando como cabras; y, apenas las hube visto, cuando conoc\u00ed ser la una la sin par Dulcinea del Toboso, y las otras dos aquellas mismas labradoras que ven\u00edan con ella, que hablamos a la salida del Toboso? Pregunt\u00e9 a Montesinos si las conoc\u00eda, respondi\u00f3me que no, pero que \u00e9l imaginaba que deb\u00edan de ser algunas se\u00f1oras principales encantadas, que pocos d\u00edas hab\u00eda que en aquellos prados hab\u00edan parecido; y que no me maravillase desto, porque all\u00ed estaban otras muchas se\u00f1oras de los pasados y presentes siglos, encantadas en diferentes y estra\u00f1as figuras, entre las cuales conoc\u00eda \u00e9l a la reina Ginebra y su due\u00f1a Quinta\u00f1ona, escanciando el vino a Lanzarote,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">cuando de Breta\u00f1a vino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Sancho Panza oy\u00f3 decir esto a su amo, pens\u00f3 perder el juicio, o morirse de risa; que, como \u00e9l sab\u00eda la verdad del fingido encanto de Dulcinea, de quien \u00e9l hab\u00eda sido el encantador y el levantador de tal testimonio, acab\u00f3 de conocer indubitablemente que su se\u00f1or estaba fuera de juicio y loco de todo punto; y as\u00ed, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 En mala coyuntura y en peor saz\u00f3n y en aciago d\u00eda baj\u00f3 vuestra merced, caro patr\u00f3n m\u00edo, al otro mundo, y en mal punto se encontr\u00f3 con el se\u00f1or Montesinos, que tal nos le ha vuelto. Bien se estaba vuestra merced ac\u00e1 arriba con su entero juicio, tal cual Dios se le hab\u00eda dado, hablando sentencias y dando consejos a cada paso, y no agora, contando los mayores disparates que pueden imaginarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Como te conozco, Sancho \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, no hago caso de tus palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ni yo tampoco de las de vuestra merced \u2014replic\u00f3 Sancho\u2014, siquiera me hiera, siquiera me mate por las que le he dicho, o por las que le pienso decir si en las suyas no se corrige y enmienda. Pero d\u00edgame vuestra merced, ahora que estamos en paz: \u00bfc\u00f3mo o en qu\u00e9 conoci\u00f3 a la se\u00f1ora nuestra ama? Y si la habl\u00f3, \u00bfqu\u00e9 dijo, y qu\u00e9 le respondi\u00f3?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Conoc\u00edla \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014 en que trae los mesmos vestidos que tra\u00eda cuando t\u00fa me le mostraste. Habl\u00e9la, pero no me respondi\u00f3 palabra; antes, me volvi\u00f3 las espaldas, y se fue huyendo con tanta priesa, que no la alcanzara una jara. Quise seguirla, y lo hiciera, si no me aconsejara Montesinos que no me cansase en ello, porque ser\u00eda en balde, y m\u00e1s porque se llegaba la hora donde me conven\u00eda volver a salir de la sima. D\u00edjome asimesmo que, andando el tiempo, se me dar\u00eda aviso c\u00f3mo hab\u00edan de ser desencantados \u00e9l, y Belerma y Durandarte, con todos los que all\u00ed estaban; pero lo que m\u00e1s pena me dio, de las que all\u00ed vi y not\u00e9, fue que, est\u00e1ndome diciendo Montesinos estas razones, se lleg\u00f3 a m\u00ed por un lado, sin que yo la viese venir, una de las dos compa\u00f1eras de la sin ventura Dulcinea, y, llenos los ojos de l\u00e1grimas, con turbada y baja voz, me dijo: \u00bbMi se\u00f1ora Dulcinea del Toboso besa a vuestra merced las manos, y suplica a vuestra merced se la haga de hacerla saber c\u00f3mo est\u00e1; y que, por estar en una gran necesidad, asimismo suplica a vuestra merced, cuan encarecidamente puede, sea servido de prestarle sobre este faldell\u00edn que aqu\u00ed traigo, de coton\u00eda, nuevo, media docena de reales, o los que vuestra merced tuviere, que ella da su palabra de volv\u00e9rselos con mucha brevedad\u00bb. Suspendi\u00f3me y admir\u00f3me el tal recado, y, volvi\u00e9ndome al se\u00f1or Montesinos, le pregunt\u00e9: \u00bb\u00bfEs posible, se\u00f1or Montesinos, que los encantados principales padecen necesidad?\u00bb A lo que \u00e9l me respondi\u00f3: \u00bbCr\u00e9ame vuestra merced, se\u00f1or don Quijote de la Mancha, que \u00e9sta que llaman necesidad adondequiera se usa, y por todo se estiende, y a todos alcanza, y aun hasta los encantados no perdona; y, pues la se\u00f1ora Dulcinea del Toboso env\u00eda a pedir esos seis reales, y la prenda es buena, seg\u00fan parece, no hay sino d\u00e1rselos; que, sin duda, debe de estar puesta en alg\u00fan grande aprieto\u00bb. \u00bbPrenda, no la tomar\u00e9 yo \u2014le respond\u00ed\u2014, ni menos le dar\u00e9 lo que pide, porque no tengo sino solos cuatro reales\u00bb; los cuales le di (que fueron los que t\u00fa, Sancho, me diste el otro d\u00eda para dar limosna a los pobres que topase por los caminos), y le dije: \u00bbDecid, amiga m\u00eda, a vuesa se\u00f1ora que a m\u00ed me pesa en el alma de sus trabajos, y que quisiera ser un F\u00facar para remediarlos; y que le hago saber que yo no puedo ni debo tener salud careciendo de su agradable vista y discreta conversaci\u00f3n, y que le suplico, cuan encarecidamente puedo, sea servida su merced de dejarse ver y tratar deste su cautivo servidor y asendereado caballero. Dir\u00e9isle tambi\u00e9n que, cuando menos se lo piense, oir\u00e1 decir como yo he hecho un juramento y voto, a modo de aquel que hizo el marqu\u00e9s de Mantua, de vengar a su sobrino Baldovinos, cuando le hall\u00f3 para espirar en mitad de la monti\u00f1a, que fue de no comer pan a manteles, con las otras zarandajas que all\u00ed a\u00f1adi\u00f3, hasta vengarle; y as\u00ed le har\u00e9 yo de no sosegar, y de andar las siete partidas del mundo, con m\u00e1s puntualidad que las anduvo el infante don Pedro de Portugal, hasta desencantarla\u00bb. \u00bbTodo eso, y m\u00e1s, debe vuestra merced a mi se\u00f1ora\u00bb, me respondi\u00f3 la doncella. Y, tomando los cuatro reales, en lugar de hacerme una reverencia, hizo una cabriola, que se levant\u00f3 dos varas de medir en el aire.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Oh santo Dios! \u2014dijo a este tiempo dando una gran voz Sancho\u2014. \u00bfEs posible que tal hay en el mundo, y que tengan en \u00e9l tanta fuerza los encantadores y encantamentos, que hayan trocado el buen juicio de mi se\u00f1or en una tan disparatada locura? \u00a1Oh se\u00f1or, se\u00f1or, por quien Dios es, que vuestra merced mire por s\u00ed y vuelva por su honra, y no d\u00e9 cr\u00e9dito a esas vaciedades que le tienen menguado y descabalado el sentido!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Como me quieres bien, Sancho, hablas desa manera \u2014dijo don Quijote\u2014; y, como no est\u00e1s experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles; pero andar\u00e1 el tiempo, como otra vez he dicho, y yo te contar\u00e9 algunas de las que all\u00e1 abajo he visto, que te har\u00e1n creer las que aqu\u00ed he contado, cuya verdad ni admite r\u00e9plica ni disputa.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><a id=\"id_2_xxiv\"><\/a>Cap\u00edtulo XXIV. Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al verdadero entendimiento desta grande historia<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dice el que tradujo esta grande historia del original, de la que escribi\u00f3 su primer autor Cide Hamete Benengeli, que, llegando al cap\u00edtulo de la aventura de la cueva de Montesinos, en el margen d\u00e9l estaban escritas, de mano del mesmo Hamete, estas mismas razones:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbNo me puedo dar a entender, ni me puedo persuadir, que al valeroso don Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el antecedente cap\u00edtulo queda escrito: la raz\u00f3n es que todas las aventuras hasta aqu\u00ed sucedidas han sido contingibles y veris\u00edmiles, pero \u00e9sta desta cueva no le hallo entrada alguna para tenerla por verdadera, por ir tan fuera de los t\u00e9rminos razonables. Pues pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el m\u00e1s verdadero hidalgo y el m\u00e1s noble caballero de sus tiempos, no es posible; que no dijera \u00e9l una mentira si le asaetearan. Por otra parte, considero que \u00e9l la cont\u00f3 y la dijo con todas las circunstancias dichas, y que no pudo fabricar en tan breve espacio tan gran m\u00e1quina de disparates; y si esta aventura parece ap\u00f3crifa, yo no tengo la culpa; y as\u00ed, sin afirmarla por falsa o verdadera, la escribo. T\u00fa, letor, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere, que yo no debo ni puedo m\u00e1s; puesto que se tiene por cierto que al tiempo de su fin y muerte dicen que se retrat\u00f3 della, y dijo que \u00e9l la hab\u00eda inventado, por parecerle que conven\u00eda y cuadraba bien con las aventuras que hab\u00eda le\u00eddo en sus historias\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y luego prosigue, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Espant\u00f3se el primo, as\u00ed del atrevimiento de Sancho Panza como de la paciencia de su amo, y juzg\u00f3 que del contento que ten\u00eda de haber visto a su se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, aunque encantada, le nac\u00eda aquella condici\u00f3n blanda que entonces mostraba; porque, si as\u00ed no fuera, palabras y razones le dijo Sancho, que merec\u00edan molerle a palos; porque realmente le pareci\u00f3 que hab\u00eda andado atrevidillo con su se\u00f1or, a quien le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Yo, se\u00f1or don Quijote de la Mancha, doy por bien emplead\u00edsima la jornada que con vuestra merced he hecho, porque en ella he granjeado cuatro cosas. La primera, haber conocido a vuestra merced, que lo tengo a gran felicidad. La segunda, haber sabido lo que se encierra en esta cueva de Montesinos, con las mutaciones de Guadiana y de las lagunas de Ruidera, que me servir\u00e1n para el Ovidio espa\u00f1ol que traigo entre manos. La tercera, entender la antig\u00fcedad de los naipes, que, por lo menos, ya se usaban en tiempo del emperador Carlomagno, seg\u00fan puede colegirse de las palabras que vuesa merced dice que dijo Durandarte, cuando, al cabo de aquel grande espacio que estuvo hablando con \u00e9l Montesinos, \u00e9l despert\u00f3 diciendo: \u00bbPaciencia y barajar\u00bb; y esta raz\u00f3n y modo de hablar no la pudo aprender encantado, sino cuando no lo estaba, en Francia y en tiempo del referido emperador Carlomagno. Y esta averiguaci\u00f3n me viene pintiparada para el otro libro que voy componiendo , que es Suplemento de Virgilio Polidoro, en la invenci\u00f3n de las antig\u00fcedades; y creo que en el suyo no se acord\u00f3 de poner la de los naipes, como la pondr\u00e9 yo ahora, que ser\u00e1 de mucha importancia, y m\u00e1s alegando autor tan grave y tan verdadero como es el se\u00f1or Durandarte. La cuarta es haber sabido con certidumbre el nacimiento del r\u00edo Guadiana, hasta ahora ignorado de las gentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Vuestra merced tiene raz\u00f3n \u2014dijo don Quijote\u2014, pero querr\u00eda yo saber, ya que Dios le haga merced de que se le d\u00e9 licencia para imprimir esos sus libros, que lo dudo, a qui\u00e9n piensa dirigirlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1ores y grandes hay en Espa\u00f1a a quien puedan dirigirse \u2014dijo el primo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No muchos \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014; y no porque no lo merezcan, sino que no quieren admitirlos, por no obligarse a la satisfaci\u00f3n que parece se debe al trabajo y cortes\u00eda de sus autores. Un pr\u00edncipe conozco yo que puede suplir la falta de los dem\u00e1s, con tantas ventajas que, si me atreviere a decirlas, quiz\u00e1 despertara la invidia en m\u00e1s de cuatro generosos pechos; pero qu\u00e9dese esto aqu\u00ed para otro tiempo m\u00e1s c\u00f3modo, y vamos a buscar adonde recogernos esta noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No lejos de aqu\u00ed \u2014respondi\u00f3 el primo\u2014 est\u00e1 una ermita, donde hace su habitaci\u00f3n un ermita\u00f1o, que dicen ha sido soldado, y est\u00e1 en opini\u00f3n de ser un buen cristiano, y muy discreto y caritativo adem\u00e1s. Junto con la ermita tiene una peque\u00f1a casa, que \u00e9l ha labrado a su costa; pero, con todo, aunque chica, es capaz de recibir hu\u00e9spedes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfTiene por ventura gallinas el tal ermita\u00f1o? \u2014pregunt\u00f3 Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pocos ermita\u00f1os est\u00e1n sin ellas \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, porque no son los que agora se usan como aquellos de los desiertos de Egipto, que se vest\u00edan de hojas de palma y com\u00edan ra\u00edces de la tierra. Y no se entienda que por decir bien de aqu\u00e9llos no lo digo de aqu\u00e9stos, sino que quiero decir que al rigor y estrecheza de entonces no llegan las penitencias de los de agora; pero no por esto dejan de ser todos buenos; a lo menos, yo por buenos los juzgo; y, cuando todo corra turbio, menos mal hace el hip\u00f3crita que se finge bueno que el p\u00fablico pecador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estando en esto, vieron que hacia donde ellos estaban ven\u00eda un hombre a pie, caminando apriesa, y dando varazos a un macho que ven\u00eda cargado de lanzas y de alabardas. Cuando lleg\u00f3 a ellos, los salud\u00f3 y pas\u00f3 de largo. Don Quijote le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Buen hombre, deteneos, que parece que vais con m\u00e1s diligencia que ese macho ha menester.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No me puedo detener, se\u00f1or \u2014respondi\u00f3 el hombre\u2014, porque las armas que veis que aqu\u00ed llevo han de servir ma\u00f1ana; y as\u00ed, me es forzoso el no detenerme, y a Dios. Pero si quisi\u00e9redes saber para qu\u00e9 las llevo, en la venta que est\u00e1 m\u00e1s arriba de la ermita pienso alojar esta noche; y si es que hac\u00e9is este mesmo camino, all\u00ed me hallar\u00e9is, donde os contar\u00e9 maravillas. Y a Dios otra vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y de tal manera aguij\u00f3 el macho, que no tuvo lugar don Quijote de preguntarle qu\u00e9 maravillas eran las que pensaba decirles; y, como \u00e9l era algo curioso y siempre le fatigaban deseos de saber cosas nuevas, orden\u00f3 que al momento se partiesen y fuesen a pasar la noche en la venta, sin tocar en la ermita, donde quisiera el primo que se quedaran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">H\u00edzose as\u00ed, subieron a caballo, y siguieron todos tres el derecho camino de la venta, a la cual llegaron un poco antes de anochecer. Dijo el primo a don Quijote que llegasen a ella a beber un trago. Apenas oy\u00f3 esto Sancho Panza, cuando encamin\u00f3 el rucio a la ermita, y lo mismo hicieron don Quijote y el primo; pero la mala suerte de Sancho parece que orden\u00f3 que el ermita\u00f1o no estuviese en casa; que as\u00ed se lo dijo una sotaermita\u00f1o que en la ermita hallaron. Pidi\u00e9ronle de lo caro; respondi\u00f3 que su se\u00f1or no lo ten\u00eda, pero que si quer\u00edan agua barata, que se la dar\u00eda de muy buena gana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Si yo la tuviera de agua \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, pozos hay en el camino, donde la hubiera satisfecho. \u00a1Ah bodas de Camacho y abundancia de la casa de don Diego, y cu\u00e1ntas veces os tengo de echar menos!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esto, dejaron la ermita y picaron hacia la venta; y a poco trecho toparon un mancebito, que delante dellos iba caminando no con mucha priesa; y as\u00ed, le alcanzaron. Llevaba la espada sobre el hombro, y en ella puesto un bulto o envoltorio, al parecer de sus vestidos; que, al parecer, deb\u00edan de ser los calzones o greguescos, y herreruelo, y alguna camisa, porque tra\u00eda puesta una ropilla de terciopelo con algunas vislumbres de raso, y la camisa, de fuera; las medias eran de seda, y los zapatos cuadrados, a uso de corte; la edad llegar\u00eda a diez y ocho o diez y nueve a\u00f1os; alegre de rostro, y, al parecer, \u00e1gil de su persona. Iba cantando seguidillas, para entretener el trabajo del camino. Cuando llegaron a \u00e9l, acababa de cantar una, que el primo tom\u00f3 de memoria, que dicen que dec\u00eda:<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"text-align: justify;\">A la guerra me lleva<br \/>\nmi necesidad;<br \/>\nsi tuviera dineros,<br \/>\nno fuera, en verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero que le habl\u00f3 fue don Quijote, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Muy a la ligera camina vuesa merced, se\u00f1or gal\u00e1n. Y \u00bfad\u00f3nde bueno? Sepamos, si es que gusta decirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo que el mozo respondi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 El caminar tan a la ligera lo causa el calor y la pobreza, y el ad\u00f3nde voy es a la guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfC\u00f3mo la pobreza? \u2014pregunt\u00f3 don Quijote\u2014; que por el calor bien puede ser.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1or \u2014replic\u00f3 el mancebo\u2014, yo llevo en este envoltorio unos greguescos de terciopelo, compa\u00f1eros desta ropilla; si los gasto en el camino, no me podr\u00e9 honrar con ellos en la ciudad, y no tengo con qu\u00e9 comprar otros; y, as\u00ed por esto como por orearme, voy desta manera, hasta alcanzar unas compa\u00f1\u00edas de infanter\u00eda que no est\u00e1n doce leguas de aqu\u00ed, donde asentar\u00e9 mi plaza, y no faltar\u00e1n bagajes en que caminar de all\u00ed adelante hasta el embarcadero, que dicen ha de ser en Cartagena. Y m\u00e1s quiero tener por amo y por se\u00f1or al rey, y servirle en la guerra, que no a un pel\u00f3n en la corte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y \u00bflleva vuesa merced alguna ventaja por ventura? \u2014pregunt\u00f3 el primo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Si yo hubiera servido a alg\u00fan grande de Espa\u00f1a, o alg\u00fan principal personaje \u2014respondi\u00f3 el mozo\u2014, a buen seguro que yo la llevara, que eso tiene el servir a los buenos: que del tinelo suelen salir a ser alf\u00e9rez o capitanes, o con alg\u00fan buen entretenimiento; pero yo, desventurado, serv\u00ed siempre a catarriberas y a gente advenediza, de raci\u00f3n y quitaci\u00f3n tan m\u00edsera y atenuada, que en pagar el almidonar un cuello se consum\u00eda la mitad della; y ser\u00eda tenido a milagro que un paje aventurero alcanzase alguna siquiera razonable ventura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y d\u00edgame, por su vida, amigo \u2014pregunt\u00f3 don Quijote\u2014: \u00bfes posible que en los a\u00f1os que sirvi\u00f3 no ha podido alcanzar alguna librea?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Dos me han dado \u2014respondi\u00f3 el paje\u2014; pero, as\u00ed como el que se sale de alguna religi\u00f3n antes de profesar le quitan el h\u00e1bito y le vuelven sus vestidos, as\u00ed me volv\u00edan a m\u00ed los m\u00edos mis amos, que, acabados los negocios a que ven\u00edan a la corte, se volv\u00edan a sus casas y recog\u00edan las libreas que por sola ostentaci\u00f3n hab\u00edan dado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Notable espilorcher\u00eda, como dice el italiano \u2014dijo don Quijote\u2014; pero, con todo eso, tenga a felice ventura el haber salido de la corte con tan buena intenci\u00f3n como lleva; porque no hay otra cosa en la tierra m\u00e1s honrada ni de m\u00e1s provecho que servir a Dios, primeramente, y luego, a su rey y se\u00f1or natural, especialmente en el ejercicio de las armas, por las cuales se alcanzan, si no m\u00e1s riquezas, a lo menos, m\u00e1s honra que por las letras, como yo tengo dicho muchas veces; que, puesto que han fundado m\u00e1s mayorazgos las letras que las armas, todav\u00eda llevan un no s\u00e9 qu\u00e9 los de las armas a los de las letras, con un s\u00ed s\u00e9 qu\u00e9 de esplendor que se halla en ellos, que los aventaja a todos. Y esto que ahora le quiero decir ll\u00e9velo en la memoria, que le ser\u00e1 de mucho provecho y alivio en sus trabajos; y es que, aparte la imaginaci\u00f3n de los sucesos adversos que le podr\u00e1n venir, que el peor de todos es la muerte, y como \u00e9sta sea buena, el mejor de todos es el morir. Pregunt\u00e1ronle a Julio C\u00e9sar, aquel valeroso emperador romano, cu\u00e1l era la mejor muerte; respondi\u00f3 que la impensada, la de repente y no prevista; y, aunque respondi\u00f3 como gentil y ajeno del conocimiento del verdadero Dios, con todo eso, dijo bien, para ahorrarse del sentimiento humano; que, puesto caso que os maten en la primera facci\u00f3n y refriega, o ya de un tiro de artiller\u00eda, o volado de una mina, \u00bfqu\u00e9 importa? Todo es morir, y acab\u00f3se la obra; y, seg\u00fan Terencio, m\u00e1s bien parece el soldado muerto en la batalla que vivo y salvo en la huida; y tanto alcanza de fama el buen soldado cuanto tiene de obediencia a sus capitanes y a los que mandarle pueden. Y advertid, hijo, que al soldado mejor le est\u00e1 el oler a p\u00f3lvora que algalia, y que si la vejez os coge en este honroso ejercicio, aunque sea lleno de heridas y estropeado o cojo, a lo menos no os podr\u00e1 coger sin honra, y tal, que no os la podr\u00e1 menoscabar la pobreza; cuanto m\u00e1s, que ya se va dando orden c\u00f3mo se entretengan y remedien los soldados viejos y estropeados, porque no es bien que se haga con ellos lo que suelen hacer los que ahorran y dan libertad a sus negros cuando ya son viejos y no pueden servir, y, ech\u00e1ndolos de casa con t\u00edtulo de libres, los hacen esclavos de la hambre, de quien no piensan ahorrarse sino con la muerte. Y por ahora no os quiero decir m\u00e1s, sino que sub\u00e1is a las ancas deste mi caballo hasta la venta, y all\u00ed cenar\u00e9is conmigo, y por la ma\u00f1ana seguir\u00e9is el camino, que os le d\u00e9 Dios tan bueno como vuestros deseos merecen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El paje no acept\u00f3 el convite de las ancas, aunque s\u00ed el de cenar con \u00e9l en la venta; y, a esta saz\u00f3n, dicen que dijo Sancho entre s\u00ed:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1V\u00e1late Dios por se\u00f1or! Y \u00bfes posible que hombre que sabe decir tales, tantas y tan buenas cosas como aqu\u00ed ha dicho, diga que ha visto los disparates imposibles que cuenta de la cueva de Montesinos? Ahora bien, ello dir\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en esto, llegaron a la venta, a tiempo que anochec\u00eda, y no sin gusto de Sancho, por ver que su se\u00f1or la juzg\u00f3 por verdadera venta, y no por castillo, como sol\u00eda. No hubieron bien entrado, cuando don Quijote pregunt\u00f3 al ventero por el hombre de las lanzas y alabardas; el cual le respondi\u00f3 que en la caballeriza estaba acomodando el macho. Lo mismo hicieron de sus jumentos el primo y Sancho, dando a Rocinante el mejor pesebre y el mejor lugar de la caballeriza.<\/p>\n<p>REDACCI\u00d3N<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXIII. De las admirables cosas que el estremado don Quijote cont\u00f3 que hab\u00eda visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por ap\u00f3crifa Las cuatro de la tarde ser\u00edan cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos, dio lugar a don [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":22490,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176],"tags":[445],"class_list":{"0":"post-24064","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-don-quijote-de-la-mancha","8":"tag-miguel-de-cervantes"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de la Mancha - Segunda parte | Cap\u00edtulos XXIII y XXIV | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"TESOROS LITERARIOS = De las admirables cosas que el estremado don Quijote cont\u00f3 que hab\u00eda visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por ap\u00f3crifa\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=24064\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Don Quijote de la Mancha - Segunda parte | Cap\u00edtulos XXIII y XXIV | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"TESOROS LITERARIOS = De las admirables cosas que el estremado don Quijote cont\u00f3 que hab\u00eda visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por ap\u00f3crifa\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=24064\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2025-10-18T22:00:51+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2025-10-19T05:47:10+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Don-Quijote-de-La-Mancha_H.S.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"550\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"750\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"29 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":[\"Article\",\"BlogPosting\"],\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=24064#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=24064\"},\"author\":{\"name\":\"Redacci\u00f3n\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/f232bbdb834c61c90aff2245daa401c0\"},\"headline\":\"Don Quijote de la Mancha &#8211; 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