{"id":23452,"date":"2025-09-27T00:00:32","date_gmt":"2025-09-26T22:00:32","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=23452"},"modified":"2025-09-27T08:11:27","modified_gmt":"2025-09-27T06:11:27","slug":"fortunata-y-jacinta-segunda-parte-capitulo-ii-partes-vii-y-viii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=23452","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Segunda Parte &#8211; Cap\u00edtulo II &#8211; partes VII y VIII"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">VII<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La declaraci\u00f3n de Maximiliano hab\u00eda puesto a Fortunata en perplejidad grande y penosa. Aquella noche y las siguientes durmi\u00f3 mal por la viveza del pensar y las contradictorias ideas que se le ocurr\u00edan. Despu\u00e9s de acostada tuvo que levantarse y se arroj\u00f3, liada en una manta, en el sof\u00e1 de la sala; pero no se quedaban las cavilaciones entre las s\u00e1banas, sino que iban con ella a donde quiera que iba. La primera noche dominaron al fin, tras largo debate, las ideas afirmativas. \u00ab\u00a1Casarme yo, y casarme con un hombre de bien, con <i>una persona decente<\/i>&#8230;!\u00bb. Era lo m\u00e1s que pod\u00eda desear&#8230; \u00a1Tener un nombre, no tratar m\u00e1s con gentuza, sino con caballeros y se\u00f1oras! Maximiliano era un bienaventurado, y seguramente la har\u00eda feliz. Esto pensaba por la ma\u00f1ana, despu\u00e9s de lavarse y encender la lumbre, cuando cog\u00eda la cesta para ir a la compra. P\u00fasose el manto y el pa\u00f1uelo por la cabeza, y baj\u00f3 a la calle. Lo mismo fue poner el pie en la v\u00eda p\u00fablica que sus ideas variaron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Pero vivir siempre con este chico&#8230; tan feo como es! Me da por el hombro, y yo le levanto como una pluma. Un marido que tiene menor fuerza que la mujer no es, no puede ser marido. El pobrecillo es un bendito de Dios; pero no le podr\u00e9 querer aunque viva con \u00e9l mil a\u00f1os. Esto ser\u00e1 ingratitud, pero \u00bfqu\u00e9 le vamos a hacer?, no lo puedo remediar&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan distra\u00edda estaba, que el carnicero le pregunt\u00f3 tres veces lo que quer\u00eda sin obtener respuesta. Por fin se enter\u00f3. \u00abHoy no llevo m\u00e1s que media libra de falda para el cocido y una chuletita de lomo. Se\u00f1or Paco, p\u00e9semelo bien\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Tome usted, simpat\u00eda, y mande.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n compr\u00f3 dos onzas de tocino; luego una brecolera en el puesto de verduras de la carnicer\u00eda, y en la tienda de la esquina, arroz, cuatro huevos y una lata de pimientos morrones. Al volver a su casa, revis\u00f3 la lumbre y se puso a limpiar y a barrer. Mientras quitaba el polvo a los muebles, volvi\u00f3 al tema: \u00abNo se encuentra todos los d\u00edas un hombre que quiera echarse encima una carga como esta\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hizo la cama y despu\u00e9s empez\u00f3 a peinarse. Al ver en el espejo su linda cara p\u00e1lida, diole por emplear argumentos comparativos: \u00abPorque \u00a1Mar\u00eda <i>Santisma<\/i>!, si Maximiliano apostaba a feo, no hab\u00eda quien le ganara&#8230; \u00a1Y qu\u00e9 mal huelen las boticas! Debi\u00f3 de haber seguido otra carrera&#8230; Dios me favorezca&#8230; Si tuviera alg\u00fan hijo me acompa\u00f1ar\u00eda con \u00e9l; pero&#8230; \u00a1quia!&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de esta reticencia, que por lo terminante parec\u00eda hija de una convicci\u00f3n profunda, sigui\u00f3 contemplando y admirando su belleza. Estaba orgullosa de sus ojos negros, tan bonitos que, seg\u00fan dictamen de ella misma, <i>le daban la pu\u00f1alada al Espiritui Santo<\/i>. La tez era una preciosidad por su pureza mate y su transparencia y tono de marfil reci\u00e9n labrado; la boca, un poco grande, pero fresca y tan mona en la risa como en el enojo&#8230; \u00a1Y luego unos dientes! \u00abTengo los dientes\u2014dec\u00eda ella mostr\u00e1ndoselos\u2014, como pedacitos de leche cuajada\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La nariz era perfecta. \u00abNarices como la m\u00eda, pocas se ven\u00bb&#8230; Y por fin, componi\u00e9ndose la cabellera negra y abundante como los malos pensamientos, dec\u00eda: \u00ab\u00a1Vaya un pelito que me ha dado Dios!\u00bb. Cuando estaba concluyendo, se le vino a las mientes una observaci\u00f3n, que no hac\u00eda entonces por primera vez. Hac\u00edala todos los d\u00edas, y era esta: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s guapa estoy ahora que&#8230; antes! He ganado mucho\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y despu\u00e9s se puso muy triste. Los pedacitos de leche cuajada desaparecieron bajo los labios fruncidos, y se le arm\u00f3 en el entrecejo como una densa nube. El rayo que por dentro pasaba dec\u00eda as\u00ed: \u00ab\u00a1Si me viera ahora&#8230;!\u00bb. Bajo el peso de esta consideraci\u00f3n estuvo un largo rato quieta y muda, la vista independiente a fuerza de estar fija. Despert\u00f3 al fin de aquello que parec\u00eda letargo, y volviendo a mirarse, animose con la reflexi\u00f3n de su buen palmito en el espejo. \u00abDigan lo que quieran, lo mejor que tengo es el entrecejo&#8230; Hasta cuando me enfado es bonito&#8230; \u00bfA ver c\u00f3mo me pongo cuando me enfado? As\u00ed, as\u00ed&#8230; \u00a1Ah, llaman!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El campanillazo de la puerta la oblig\u00f3 a dejar el tocador. Sali\u00f3 a abrir con la peineta en una mano y la toalla por los hombros. Era el redentor, que entr\u00f3 muy contento y le dijo que acabara de peinarse. Como faltaba tan poco, pronto qued\u00f3 todo hecho. Maximiliano la elogi\u00f3 por su resoluci\u00f3n de no tomar peinadoras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 las mujeres no se han de peinar solas? La que no sabe que aprenda. Eso mismo dec\u00eda Fortunata. El pobre chico no dejaba de expresar su admiraci\u00f3n por el buen arreglo y econom\u00eda de su futura, haciendo por sus propias manos la tarea que desempe\u00f1an mal esas bergantas ladronas que llaman criadas de servir. Fortunata aseguraba que aquella costumbre suya no ten\u00eda m\u00e9rito porque el trabajo le gustaba. \u00abEres una alhajita\u2014le dec\u00eda su amante con orgullo\u2014. En cuanto a las peinadoras, todas son unas grandes alcahuetas, y en la casa donde entran no puede haber paz\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s adelante tomar\u00edan alguna criada, porque no conven\u00eda tampoco que ella se matase a trabajar. Estar\u00edan seguramente en buena posici\u00f3n, y puede que algunos d\u00edas tuvieran convidados a su mesa. La servidumbre es necesaria, y llegar\u00eda un d\u00eda seguramente en que no se podr\u00edan pasar sin una ni\u00f1era. Al o\u00edr esto, por poco suelta la risa Fortunata; pero se contuvo, concret\u00e1ndose a decir en su interior: \u00ab\u00a1Para qu\u00e9 querr\u00e1 ni\u00f1eras este desventurado&#8230;!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A rengl\u00f3n seguido, sac\u00f3 el joven a relucir el tema del casorio, y dijo tales cosas que Fortunata no pudo menos de rendir el esp\u00edritu a tanta generosidad y nobleza de alma. \u00abTu comportamiento decidir\u00e1 de su suerte\u2014afirm\u00f3 \u00e9l\u2014, y como tu comportamiento ha de ser bueno, porque tu alma tiene todos los resortes del bien, estamos al cabo de la calle. Yo pongo sobre tu cabeza la corona de mujer honrada; t\u00fa har\u00e1s porque no se te caiga y por llevarla dignamente. Lo pasado, pasado est\u00e1, y el arrepentimiento no deja ni rastro de mancha, pero ni rastro. Lo que diga el mundo no nos importe. \u00bfQu\u00e9 es el mundo? F\u00edjate bien y ver\u00e1s que no es nada, cuando no es la conciencia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Fortunata se le humedecieron los ojos, porque era muy accesible a la emoci\u00f3n, y siempre que se le hablaba con solemnidad y con un sentido generoso, se conmov\u00eda aunque no entendiera bien ciertos conceptos. La enternec\u00edan el tono, el estilo y la expresi\u00f3n de los ojos. Crey\u00f3 entonces caso de conciencia hacer una observaci\u00f3n a su amigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPiensa bien lo que haces\u2014le dijo\u2014, y no comprometas por m\u00ed tu&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quer\u00eda decir dignidad; pero no dio con la palabra por el poco uso que en su vida hab\u00eda hecho de vocablos de esta naturaleza. Pero se dio sus ma\u00f1as para expresar toscamente la idea, diciendo: \u00abCalcula que los que me conozcan te van a llamar <i>el marido de la Fortunata<\/i>, en vez de llamarte por tu nombre de pila. Yo te agradezco mucho lo que haces por m\u00ed; pero como te estimo no quiero verte con&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quer\u00eda decir con un estigma en la frente; pero ni conoc\u00eda la palabra ni aunque la conociera la habr\u00eda podido decir correctamente. \u00abNo quiero que te tomen el pelo por m\u00ed\u00bb, fue lo que dijo, y se qued\u00f3 tan fresca, esperando convencerle. Pero Maximiliano, fuerte en su idea y en su conciencia, como dentro de un doble baluarte inexpugnable, se ech\u00f3 a re\u00edr. Semejantes argumentos eran para \u00e9l como ser\u00eda para los poseedores de Gibraltar ver que les quisiera asaltar un enemigo armado con una ca\u00f1a. \u00a1Valiente caso hac\u00eda \u00e9l de las estupideces del vulgo!&#8230; Cuando su conciencia le dec\u00eda: \u00abmira, hijo, este es el camino del bien; vete por \u00e9l\u00bb, ya pod\u00eda venir todo el g\u00e9nero humano a detenerle; ya pod\u00edan apuntarle con un ca\u00f1\u00f3n rayado. Porque \u00e9l iba sacando un car\u00e1cter de que a\u00fan no se hab\u00eda enterado la gente, un car\u00e1cter de acero, y todo lo que se dec\u00eda de su timidez era conversaci\u00f3n. \u00abQue t\u00fa seas buena, honrada y leal es lo que importa: lo dem\u00e1s corre de mi cuenta, d\u00e9jame a m\u00ed, t\u00fa d\u00e9jame a m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s almorzaba Fortunata, y Maximiliano estudiaba, cambiando de vez en cuando algunas palabras. Toda aquella tarde dominaron en el esp\u00edritu de la joven las ideas optimistas, porque \u00e9l se dej\u00f3 decir algo de su herencia, de tierras e hipotecas en Molina de Arag\u00f3n, asegurando que <i>sus vi\u00f1as pod\u00edan darle tanto m\u00e1s cuanto<\/i>. Por la noche avisaron para que les trajeran caf\u00e9, y vino el mozo de <i>la Paz<\/i> con \u00e9l. Olmedo y Feliciana entraron de tertulia. Estaban de monos y apenas se hablaban, se\u00f1al inequ\u00edvoca de pelotera dom\u00e9stica. Y es que si los estados m\u00e1s s\u00f3lidos se quebrantan cuando la hacienda no marcha con perfecta regularidad, aquella casa, hogar, familia o lo que fuera, no pod\u00eda menos de resentirse de las anomal\u00edas de un presupuesto cuyo car\u00e1cter permanente era el d\u00e9ficit. Feliciana ten\u00eda ya pignorado lo mejorcito de su ropa, y Olmedo hab\u00eda perdido el cr\u00e9dito de una manera absoluta. Por la falta de cr\u00e9dito se pierden las rep\u00fablicas lo mismo que las monarqu\u00edas. Y no se hac\u00eda ya ilusiones el bueno de Olmedo acerca de la cat\u00e1strofe pr\u00f3xima. Sus amigos, que le conoc\u00edan bien, descubr\u00edan en \u00e9l menos entereza para desempe\u00f1ar el papel de libertino, y a menudo se le clareaba la buena \u00edndole al trav\u00e9s de la m\u00e1scara. A Maximiliano le contaron que hab\u00edan sorprendido a Olmedo en el Retiro estudiando a hurtadillas. Cuando le vieron sus amigos, escondi\u00f3 los libros entre el follaje, porque le sab\u00eda mal que le descubrieran aquella flaqueza. Daba mucha importancia a la consecuencia en los actos humanos, y ten\u00eda por deshonra el soltar de improviso la casaca e insignias de perdulario. \u00bfQu\u00e9 dir\u00eda la gente, qu\u00e9 los amigos, qu\u00e9 los mocosos, m\u00e1s j\u00f3venes que \u00e9l, que le tomaban por modelo? Hall\u00e1base en la situaci\u00f3n de uno de esos chiquillos que para darse aires de hombres encienden un cigarro muy fuerte y se lo empiezan a fumar y se marean con \u00e9l; pero tratan de dominar las n\u00e1useas para que no se diga que se han emborrachado. Olmedo no pod\u00eda aguantar m\u00e1s la horrible desaz\u00f3n, el asco y el v\u00e9rtigo que sent\u00eda; pero continuaba con el cigarro en la boca haciendo que tiraba de \u00e9l, pero sin chupar cosa mayor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Feliciana, por su parte, hab\u00eda empezado a campar por sus respetos. Lo dicho, la honradez y el amor eran cosas muy buenas; pero no daban de comer. El calavera de oficio no se permiti\u00f3 aquella noche ninguna barrabasada. S\u00f3lo al entrar, y cuando los cuatro se sentaron a tomar caf\u00e9 dijo con su habitual desenfado: \u00abNarices, ya est\u00e1 reunido aqu\u00ed to\u00edto el <i>Demi-Monde<\/i>\u00bb. Fortunata y Feliciana no comprendieron; pero Rub\u00edn se puso encarnado y se incomod\u00f3 mucho; porque aplicar tales vocablos a personas dispuestas a unirse en santo v\u00ednculo le parec\u00eda una falta de respeto, una groser\u00eda y una cochinada, s\u00ed se\u00f1or, una cochinada&#8230; Mas se call\u00f3 por no armar camorra ni quitar a la reuni\u00f3n sus tonos de circunspecci\u00f3n y formalidad. Acordose de que nada hab\u00eda dicho a su amigo del casorio proyectado, siendo evidente que Olmedo habl\u00f3 en t\u00e9rminos tan <i>liberales<\/i> por ignorancia. Determin\u00f3, pues, revelarle su pensamiento en la primera ocasi\u00f3n, para que en lo sucesivo midiera y pesara mejor sus palabras.<\/p>\n<hr \/>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">VIII<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella noche fue tambi\u00e9n mala para Fortunata, pues se la pas\u00f3 casi toda cavilando, discurriendo sobre si <i>el otro<\/i> se acordar\u00eda o no de ella. Era muy particular que no le hubiese encontrado nunca en la calle. Y por falta de mirar bien a todos lados no era ciertamente. \u00bfEstar\u00eda malo, estar\u00eda fuera de Madrid? M\u00e1s adelante, cuando supo que en Febrero y Marzo hab\u00eda estado Juanito Santa Cruz enfermo de pulmon\u00eda, acordose de que aquella noche lo hab\u00eda so\u00f1ado ella. Y fue verdad que lo so\u00f1\u00f3 a la madrugada, cuando su caldeado cerebro se adormeci\u00f3, cediendo a una como borrachera de cavilaciones. Al despertar ya de d\u00eda, el reposo profundo aunque breve hab\u00eda vuelto del rev\u00e9s las im\u00e1genes y los pensamientos en su mente. \u00abA mi boticarito me atengo\u2014dijo despu\u00e9s que ech\u00f3 el Padre Nuestro por las \u00e1nimas, de que no se olvidaba nunca\u2014. Viviremos tan apa\u00f1aditos\u00bb. Levantose, encendi\u00f3 su lumbre, baj\u00f3 a la compra, y de tienda en tienda pensaba que Maximiliano pod\u00eda dar un estir\u00f3n, echar m\u00e1s pecho y m\u00e1s carnes, ser m\u00e1s hombre, en una palabra, y curarse de aquel maldito romadizo cr\u00f3nico que le obligaba a estarse sonando constantemente. De la bondad de su coraz\u00f3n no hab\u00eda nada que decir, porque era un santo, y como se casara de verdad, su mujer hab\u00eda de hacer de \u00e9l lo que quisiera. Con cuatro palabritas de miel, ya estaba \u00e9l contento y achantado. Lo que importaba era no llevarle la contraria en todo aquello de la conciencia y de las misiones&#8230; aqu\u00ed un adjetivo que Fortunata no recordaba. Era <i>sublimes<\/i>; pero lo mismo daba; ya se sab\u00eda que era una cosa muy buena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel d\u00eda la compra dur\u00f3 algo m\u00e1s, pues habi\u00e9ndole anunciado Maximiliano que almorzar\u00eda con ella, pensaba hacerle un plato que a entrambos les gustaba mucho, y que era la especialidad culinaria de Fortunata, el arroz con menudillos. Lo hac\u00eda tan ricamente, que era para chuparse los dedos. L\u00e1stima que no fuera tiempo de alcachofas, porque las hubiera tra\u00eddo para el arroz. Pero trajo un poco de cordero que le daba mucho aquel. Compr\u00f3 chuletas de ternera, dos reales de menudillos y unas sardinas escabechadas para segundo plato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De vuelta a su casa arm\u00f3 los tres pucheros con el minucioso cuidado que la cocina espa\u00f1ola exige, y empez\u00f3 a hacer su arroz en la cacerola. Aquel d\u00eda no hubo en la cocina cacharro que no funcionara. Despu\u00e9s de fre\u00edr la cebolla y de machacar el ajo y de picar el menudillo, cuando ninguna cosa importante quedaba olvidada, lavose la pecadora las manos y se fue a peinar, poniendo m\u00e1s cuidado en ello que otros d\u00edas. Pas\u00f3 el tiempo; la cocina desped\u00eda m\u00faltiples y confundidos olores. \u00a1Dios, con la faena que en ella hab\u00eda! Cuando lleg\u00f3 Rub\u00edn, a las doce, sali\u00f3 a abrirle su amiga con semblante risue\u00f1o. Ya estaba la mesa puesta, porque la mujer aquella multiplicaba el tiempo, y como quisiera, todo lo hacia con facilidad y prontitud. Dijo el enamorado que ten\u00eda mucha hambre, y ella le recomend\u00f3 una chispita de paciencia. Se le hab\u00eda olvidado una cosa muy importante, el vino, y bajar\u00eda a buscarlo. Pero Maximiliano se prest\u00f3 a desempe\u00f1ar aquel servicio dom\u00e9stico, y baj\u00f3 m\u00e1s pronto que la vista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Media hora despu\u00e9s estaban sentados a la mesa en amor y compa\u00f1a; pero en aquel instante se vio Fortunata acometida bruscamente de unos pensamientos tan extra\u00f1os, que no sab\u00eda lo que le pasaba. Ella misma compar\u00f3 su alma en aquellos d\u00edas a una veleta. Tan pronto marcaba para un lado como para otro. De improviso, como si se levantara un fuerte viento, la veleta daba la vuelta grande y pon\u00eda la punta donde antes ten\u00eda la cola. De estos cambiazos hab\u00eda sentido ella muchos; pero ninguno como el de aquel momento, el momento en que meti\u00f3 la cuchara dentro del arroz para servir a su futuro esposo. No sabr\u00eda ella decir c\u00f3mo fue ni c\u00f3mo vino aquel sentimiento a su alma, ocup\u00e1ndola toda; no supo m\u00e1s sino que le mir\u00f3 y sinti\u00f3 una antipat\u00eda tan horrible hacia el pobre muchacho, que hubo de violentarse para disimularla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin advertir nada, Maximiliano elogiaba el perfecto condimento del arroz; pero ella se call\u00f3, echando para adentro, con las primeras cucharadas, aquel f\u00e1rrago amargo que se le quer\u00eda salir del coraz\u00f3n. Muy <i>para entre s\u00ed<\/i>, dijo: \u00abPrimero me hacen a m\u00ed en pedacitos como estos, que casarme con semejante hombre&#8230; \u00bfPero no le ven, no le ven que ni siquiera parece un hombre?&#8230; Hasta huele mal&#8230; Yo no quiero decir lo que me da cuando calculo que toda la vida voy a estar mirando delante de m\u00ed esa nariz de rabadilla\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abParece que est\u00e1s triste, mo\u00f1uca\u00bb le dijo Rub\u00edn, que sol\u00eda darle este cari\u00f1oso mote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contest\u00f3 ella que el arroz no hab\u00eda quedado tan bien como deseara. Cuando com\u00edan las chuletas, Maximiliano le dijo con cierta pedanter\u00eda de d\u00f3mine: \u00abUna de las cosas que tengo que ense\u00f1arte es a comer con tenedor y cuchillo, no con tenedor s\u00f3lo. Pero tiempo tengo de instruirte en esa y en otras cosas m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n le cargaba a ella tanta correcci\u00f3n. Deseaba hablar bien y ser persona fina y decente; pero \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s aprovechadas las lecciones si el maestro fuera otro, sin aquella destiladera de nariz, sin aquella cara deslucida y muerta, sin aquel cuerpo que no parec\u00eda de carne, sino de cordilla!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta antipat\u00eda de Fortunata no estorbaba en ella la estimaci\u00f3n, y con la estimaci\u00f3n mezcl\u00e1base una l\u00e1stima profunda de aquel desgraciado, caballero del honor y de la virtud, tan superior moralmente a ella. El aprecio que le ten\u00eda, la gratitud, y aquella conmiseraci\u00f3n inexplicable, porque no se compadece a los superiores, eran causa de que refrenase su repugnancia. No era ella muy fuerte en disimular, y otro menos alucinado que Rub\u00edn habr\u00eda conocido que el lind\u00edsimo entrecejo ocultaba algo. Pero ve\u00eda las cosas por el lente de sus ideas propias, y para \u00e9l todo era como deb\u00eda ser y no como era. Alegrose mucho Fortunata de que el almuerzo concluyese, porque eso de estar sosteniendo una conversaci\u00f3n seria y oyendo advertencias y correcciones no la divert\u00eda mucho. Gust\u00e1bale m\u00e1s el traj\u00edn de recoger la loza y levantar la mesa, operaci\u00f3n en que puso la mano no bien tomaron el caf\u00e9. Y para estar m\u00e1s tiempo en la cocina que en la sala, revis\u00f3 los pucheros, y se puso a picar la ensalada cuando a\u00fan no hac\u00eda falta. De rato en rato daba una vuelta por la sala, donde Maximiliano se hab\u00eda puesto a estudiar. No le era f\u00e1cil aquel d\u00eda fijar su atenci\u00f3n en los libros. Estaba muy distra\u00eddo, y cada vez que su amiga entraba, toda la ciencia farmac\u00e9utica se desvanec\u00eda de su mente. A pesar de esto quer\u00eda que estuviese all\u00ed, y aun se enoj\u00f3 algo por lo mucho que prolongaba los ratos de cocina. \u00abChica, no trabajes tanto, que te vas a cansar. Trae tu labor y si\u00e9ntate aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEs que si me pongo aqu\u00ed no estudias, y lo que te conviene es estudiar para que no pierdas el a\u00f1o\u2014replic\u00f3 ella\u2014. \u00a1Pues si lo pierdes y tienes que volverlo a estudiar&#8230;!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta raz\u00f3n hizo efecto grande en el \u00e1nimo de Rub\u00edn. \u00abNo importa que est\u00e9s aqu\u00ed. Con tal que no me hables, estudiar\u00e9. Vi\u00e9ndote, parece que comprendo mejor las cosas, y que se me abren las compuertas del entendimiento. Te pones aqu\u00ed, t\u00fa a tu costura, yo a mis libros. Cuando me siento muy torpe, \u00a1pim!, te miro y al momento me despabilo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata se ri\u00f3 un poco, y ausent\u00e1ndose un instante, trajo la costura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfSabes?\u2014le dijo Rub\u00edn, apenas ella se sent\u00f3\u2014. Mi hermano Juan Pablo se fue a Molina a arreglar eso de la herencia de la t\u00eda Melitona. Mi t\u00eda Lupe le escribi\u00f3 y antes de venir a Madrid se plant\u00f3 all\u00e1. Escribe diciendo que no habr\u00e1 grandes dificultades\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfDe veras?, \u00a1vamos!&#8230; M\u00e1s vale as\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Como lo oyes. A\u00fan no puedo decir lo que nos tocar\u00e1 a cada hermano. Lo que s\u00ed te aseguro es que me alegro de esto por ti, exclusivamente por ti. Luego te quejar\u00e1s de la Providencia. Porque cuanto m\u00e1s aseguradas est\u00e1n las materialidades de la vida, m\u00e1s segura es la conservaci\u00f3n del honor. La mitad de las deshonras que hay en la vida no son m\u00e1s que pobreza, chica, pobreza. Cr\u00e9ete que ha venido Dios a vernos, y si ahora no nos portamos bien, merecemos que nos arrastren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata hubiera dicho para s\u00ed: \u00ab\u00a1Vaya un moralista que me ha salido!\u00bb pero no ten\u00eda noticia de esta palabra, y lo que dijo fue: \u00abYa estoy de <i>misionero<\/i> hasta aqu\u00ed\u00bb, usando la palabra <i>misionero<\/i> con un sentido doble, a saber: el de predicador y el de agente de aquello que Rub\u00edn llamaba <i>su misi\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p>Redacci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211;VII&#8211; La declaraci\u00f3n de Maximiliano hab\u00eda puesto a Fortunata en perplejidad grande y penosa. 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