{"id":22979,"date":"2025-09-13T00:00:19","date_gmt":"2025-09-12T23:00:19","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22979"},"modified":"2025-09-13T07:34:53","modified_gmt":"2025-09-13T06:34:53","slug":"fortunata-y-jacinta-segunda-parte-capitulo-ii-partes-3-y-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22979","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Segunda Parte &#8211; Capitulo II &#8211; partes 3 y 4"},"content":{"rendered":"<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">III<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las cosas a que Maximiliano daba m\u00e1s importancia para poner en ejecuci\u00f3n su plan redentorista era que Fortunata le amara, porque sin esto la sublime obra iba a tener sus dificultades. Si Fortunata se prendaba de \u00e9l, aunque se prendara por lo moral, que es la menor cantidad de amor posible, no era tan dif\u00edcil que \u00e9l la convirtiera al bien por la atracci\u00f3n de su alma. De esta necesidad de amor previo emanaba la insistencia con que Maximiliano le preguntaba a su \u00eddolo si le quer\u00eda ya algo, si le iba queriendo. Algunas veces contestaba ella que s\u00ed con esa facilidad mec\u00e1nica y rutinaria de los ni\u00f1os aplicados que se saben la lecci\u00f3n; otras veces, m\u00e1s sincera y reflexiva, respond\u00eda que el cari\u00f1o no depende de la voluntad ni menos de la raz\u00f3n, y por esto acontece que una mujer, que no tiene pelo de tonta, se enamorisca de cualquier pelagatos, y da calabazas a las personas decentes. Aseguraba estar muy agradecida a Maximiliano por lo bien que se hab\u00eda portado con ella, y de aquella gratitud saldr\u00eda, con el trato, el querer. Seg\u00fan Rub\u00edn, el orden natural de las cosas en el mundo espiritual establece que el amor nazca del agradecimiento, aunque tambi\u00e9n nace de otros padres. El coraz\u00f3n le dec\u00eda, como \u00e9l dice las cosas, a la calladita, que Fortunata le hab\u00eda de querer de firme; y esperaba con paciencia el cumplimiento de esta dulce profec\u00eda. Sin embargo, no las ten\u00eda todas consigo, porque como se dan casos de que salga fallido lo que el coraz\u00f3n anuncia, pasaba el pobre chico horas de verdadera angustia, y a solas en su casa, se met\u00eda en unos c\u00e1lculos muy hondos para averiguar el estado de los sentimientos de su querida. R\u00e1pidamente pasaba de la duda m\u00e1s cruel a las afirmaciones terminantes. Tan pronto pensaba que no le quer\u00eda ni pizca, como que le empezaba a querer, y todo era discutir y analizar palabras, gestos y actos de ella, interpret\u00e1ndolos de una manera o de otra. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me dijo tal o cual cosa? \u00bfQu\u00e9 querr\u00eda expresar con aquella reticencia?&#8230; Y aquella carcajadita, \u00bfqu\u00e9 significaba?&#8230; Ayer, cuando me abri\u00f3 la puerta, no me dijo nada&#8230; Pero cuando me march\u00e9 d\u00edjome que me abrigara bien\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa estaba en una de las muchas rinconadas de la antigua calle de San Ant\u00f3n. En el portal hab\u00eda una relojer\u00eda entre cristales, quedando tan poco espacio para la entrada, que los gordos ten\u00edan que pasar de medio lado; en el piso bajo y tienda una boller\u00eda que inundaba la casa de emanaciones de canela y az\u00facar. En el piso principal radicaba una casa de pr\u00e9stamos con farol\u00f3n a la calle, y en ciertos d\u00edas hab\u00eda en los balcones ventilaci\u00f3n de capas empe\u00f1adas. M\u00e1s arriba los pisos estaban divididos en viviendas estrechas y de poco precio. Hab\u00eda derecha, izquierda y dos interiores. Los vecinos eran de dos clases: mujeres sueltas, o familias que ten\u00edan su comercio en el pr\u00f3ximo mercado de San Ant\u00f3n. Hueveras y verduleras poblaban aquellos reducidos aposentos, echando sus hijos a la escalera para que jugasen. En uno de los segundos exteriores viv\u00eda Feliciana, y Fortunata en un tercero interior. Lo alquil\u00f3 Rub\u00edn por encontrarlo tan a mano, con intenci\u00f3n de tomar vivienda mejor cuando variaran las circunstancias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaba Maximiliano all\u00ed todo el tiempo de que pod\u00eda disponer. Por la noche estaba hasta las doce y a veces hasta la una, no faltando ni aun cuando se ve\u00eda acometido de sus terribles jaquecas. La sorpresa y confusi\u00f3n que a do\u00f1a Lupe causaba esto no hay para qu\u00e9 decirlas, y no se satisfac\u00eda con las explicaciones que su sobrinito daba. \u00abAqu\u00ed hay gato encerrado\u2014dec\u00eda la astuta se\u00f1ora\u2014, o en t\u00e9rminos m\u00e1s claros, <i>gata encerrada<\/i>\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Maximiliano iba con jaqueca a la casa de su amante, esta le cuidaba casi tan bien como la propia do\u00f1a Lupe, y hac\u00eda los imposibles por conseguir que no metieran bulla los chicos de la huevera. Esto lo agradec\u00eda tanto el enfermo que se le aumentaba el amor, si fuera capaz de aumento lo que ya era tan grande. Observ\u00f3 con satisfacci\u00f3n que Fortunata sal\u00eda a la calle lo menos posible. Por la ma\u00f1ana bajaba a hacer su compra, con su cesto al brazo, y al cuarto de hora volv\u00eda. Ella misma se hac\u00eda la comida y limpiaba la casa, en cuyas operaciones se le iba casi todo el d\u00eda. No recib\u00eda visitas de mujeres de conducta dudosa, y la suya era estrictamente ajustada a las pr\u00e1cticas de una vida regular. \u00abTiene la honradez en la m\u00e9dula de los huesos\u2014dec\u00eda Maximiliano rebosando alegr\u00eda\u2014. Le gusta tanto trabajar, que cuando tiene hecha una cosa la desbarata y la vuelve a hacer por no estar ociosa. El trabajo es el fundamento de la virtud. Lo que digo, esta mujer ha sido mala a la fuerza\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En medio de estos dulc\u00edsimos ensue\u00f1os de su alma arrebatada, sent\u00eda Maximiliano unos saetazos que le hac\u00edan volver sobresaltado a la realidad. Era como la feroz picada de un mosquito cuando estamos empezando a dormirnos dulcemente&#8230; Por mucho que se estirase el dinero sacado de la hucha, al fin se ten\u00eda que concluir, porque todo es finito en este mundo, y el met\u00e1lico precisamente es una de las cosas m\u00e1s finitas que se pueden imaginar&#8230; \u00a1Mar\u00eda Sant\u00edsima!, cuando el temido momento llegase&#8230; \u00a1cuando la \u00faltima peseta del \u00faltimo duro fuera cambiada&#8230;! Si el mosquito le picaba a Maximiliano cuando estaba en su cama dormido o prepar\u00e1ndose a ello, incorpor\u00e1base tan desvelado cual si fueran las doce del d\u00eda, o se pon\u00eda a dar vueltas en el lecho y a calentarlo con el ardor de su febril zozobra. A veces invocaba al Cielo con \u00edntimo fervor de oraci\u00f3n. Esperaba que la obra generosa que hab\u00eda emprendido pesase mucho en las rec\u00f3nditas intenciones de la Providencia para que Esta le sacase del atolladero en que los amantes iban a caer. \u00c9l no era un granuja; ella se estaba portando bien, y con su conducta echaba velos y m\u00e1s velos sobre lo pasado. Si la Providencia no ten\u00eda en cuenta estas circunstancias, \u00bfde qu\u00e9 le val\u00eda a uno portarse bien y ser un modelo de orden y buena fe? Esto es claro como el agua. Fortunata pensaba lo mismo, cuando \u00e9l le confiaba sus temores. Ten\u00eda que ser as\u00ed, o todo lo que se habla de la Providencia es patra\u00f1a. Pronto dir\u00e9 c\u00f3mo se salieron con la suya, con lo cual se demostr\u00f3 que ten\u00edan all\u00e1 arriba, en los mismos cielos, alguna entidad de peso que les proteg\u00eda. Bien ganada se ten\u00edan esta protecci\u00f3n, porque \u00e9l, enaltecido por su cari\u00f1o, ella, aspirando a la honradez y ensay\u00e1ndose en practicarla, eran dos seres que val\u00edan cualquier dinero, o en otros t\u00e9rminos, dignos de que se les facilitaran los medios de continuar su campa\u00f1a virtuosa.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">IV<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00fanica visita que recib\u00edan era la de Feliciana y Olmedo. Ni una ni otro agradaban mucho a Maximiliano: ella por ser ordinaria y de sentimientos innobles, incapaz de apetecer la honradez como estado permanente; \u00e9l por ser muy atropellado, muy hablador, muy amigo de contar cuentos sucios y de decir palabras indecentes. Entraba siempre con el sombrero echado atr\u00e1s, afectando una groser\u00eda de maneras que no ten\u00eda, imitando los modales y hasta el andar de los borrachos, arrastrando las palabras, pero absteni\u00e9ndose de beber con disculpa de mal de est\u00f3mago, en realidad porque se mareaba y embrutec\u00eda a la segunda copa. En confianza dijo Maximiliano a Fortunata que deb\u00edan mudarse de casa para no tener vecinos tan contrarios al m\u00e9todo de personas decentes que se hab\u00edan impuesto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De todo lo que el enamorado pensaba hacer para la redenci\u00f3n de su querida, nada le parec\u00eda tan urgente como ense\u00f1arla a escribir y a leer bien. Todas las ma\u00f1anas la ten\u00eda media hora haciendo palotes. Fortunata deseaba aprender; pero ni con la paciencia ni con la atenci\u00f3n sostenida se desarrollaban sus talentos caligr\u00e1ficos. Estaban ya muy duros aquellos dedos para tales primores. El h\u00e1bito del trabajo en su infancia hab\u00eda dado robustez a sus manos, que eran bonitas, aunque bastas, cual manos de obrera. No ten\u00eda pulso para escribir, se manchaba de tinta los dedos y sudaba mucho, poni\u00e9ndose sofocada y haciendo con los labios una graciosa trompeta en el momento de trazar el palote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNada de hociquitos, hija de mi alma; eso es muy feo\u2014le dec\u00eda el profesor acarici\u00e1ndole la cabeza\u2014. No agarrotes los dedos&#8230; Si es cosa sencill\u00edsima, y lo m\u00e1s f\u00e1cil&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya se ve, para \u00e9l era f\u00e1cil; pero ella, que en su vida las hab\u00eda visto m\u00e1s gordas, hallaba en la escritura una dificultad invencible. Dec\u00eda con tristeza que no aprender\u00eda jam\u00e1s, y se lamentaba de que en su ni\u00f1ez no la hubieran puesto a la escuela. La lectura la cansaba tambi\u00e9n y la aburr\u00eda soberanamente, porque despu\u00e9s de estarse un mediano rato sacando las s\u00edlabas como quien saca el agua de un pozo, resultaba que no entend\u00eda ni jota de lo que el texto dec\u00eda. Arrojaba con desprecio el libro o peri\u00f3dico, diciendo que ya no estaba la Magdalena para tafetanes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si en el orden literario no mostraba ninguna aplicaci\u00f3n, en lo tocante al arte social no s\u00f3lo era aplicad\u00edsima, sino que revelaba aptitudes notables. Las lecciones que Maximiliano le daba referentes a cosas de urbanidad y a conocimientos rudimentarios de los que exige la buena educaci\u00f3n eran tan provechosas, que le bastaban a veces indicaciones leves para asimilarse una idea o un conjunto de ideas. \u00abAunque te estorbe lo negro\u2014le dec\u00eda \u00e9l\u2014, me parece que t\u00fa tienes talento\u00bb. En poco tiempo le ense\u00f1\u00f3 todas las f\u00f3rmulas que se usan en una visita de cumplido, c\u00f3mo se saluda al entrar y al despedirse, c\u00f3mo se ofrece la casa y otras muchas particularidades del trato fino. Y tambi\u00e9n aprendi\u00f3 cosas tan importantes como la sucesi\u00f3n de los meses del a\u00f1o, que no sab\u00eda, y cu\u00e1l tiene treinta y cu\u00e1l treinta y un d\u00edas. Aunque parezca mentira, este es uno de los rasgos caracter\u00edsticos de la ignorancia espa\u00f1ola, m\u00e1s en las ciudades que en las aldeas, y m\u00e1s en las mujeres que en los hombres. Gustaba mucho de los trabajos dom\u00e9sticos, y no se cansaba nunca. Sus m\u00fasculos eran de acero, y su sangre fogosa se aven\u00eda mal con la quietud. Como pudiera, m\u00e1s se cuidaba de prolongar los trabajos que de abreviarlos. Planchar y lavar le agradaba en extremo, y entreg\u00e1base a estas faenas con delicia y ardor, desarrollando sin cansarse la fuerza de sus pu\u00f1os. Ten\u00eda las carnes duras y apretadas, y la robustez se combinaba en ella con la agilidad, la gracia con la rudeza para componer la m\u00e1s hermosa figura de salvaje que se pudiera imaginar. Su cuerpo no necesitaba cors\u00e9 para ser esbelt\u00edsimo. Vestido enorgullec\u00eda a las modistas; desnudo o a medio vestir, cuando andaba por aquella casa tendiendo ropa en el balc\u00f3n, limpiando los muebles o cargando los colchones cual si fueran cojines, para sacarlos al aire, parec\u00eda una figura de otros tiempos; al menos, as\u00ed lo pensaba Rub\u00edn, que s\u00f3lo hab\u00eda visto belleza semejante en pinturas de amazonas o cosa tal. Otras veces le parec\u00eda mujer de la Biblia, la Betsab\u00e9e aquella del ba\u00f1o, la Rebeca o la Samaritana, se\u00f1oras que hab\u00eda visto en una obra ilustrada, y que, con ser tan barbianas, todav\u00eda se quedaban dos dedos m\u00e1s abajo de la sana hermosura y de la gallard\u00eda de su amiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los comienzos de aquella vida, Maximiliano abandon\u00f3 mucho sus estudios; pero cuando fue metodizando su amor, la conciencia de la misi\u00f3n moral que se propon\u00eda cumplir le estimul\u00f3 al estudio, para hacerse pronto hombre de carrera. Y era muy particular lo que le ocurr\u00eda. Se notaba m\u00e1s despierto, m\u00e1s perspicaz para comprender, m\u00e1s curioso de los secretos de la ciencia, y le interesaba ya lo que antes le aburriera. En sus meditaciones, sol\u00eda decir que <i>le hab\u00eda entrado talento<\/i>, como si dijese que le hab\u00eda entrado calentura. Indudablemente no era ya el mismo. En media hora se aprend\u00eda una lecci\u00f3n que antes le llevaba dos horas y al fin no la sab\u00eda. Creci\u00f3 su admiraci\u00f3n al observarse en clase contestando con relativa facilidad a las preguntas del profesor y al notar que se le ocurr\u00edan apreciaciones muy juiciosas; y el profesor y los alumnos se pasmaban de que <i>Rubinius vulgaris<\/i> se hubiera despabilado como por ensalmo. Al propio tiempo hallaba vivo placer en ciertas lecturas extra\u00f1as a la Farmacia, y que antes le cautivaban poco. Algunos de sus compa\u00f1eros sol\u00edan llevar al aula, para leer a escondidas, obras literarias de las m\u00e1s famosas. Rub\u00edn no fue nunca aficionado a introducir de contrabando en clase, entre las p\u00e1ginas de la <i>Farmacia qu\u00edmico-org\u00e1nica<\/i>, el <i>Werther<\/i> de Go\u00ebthe o los dramas de Shakespeare. Pero despu\u00e9s de aquella sacudida que el amor le dio, entrole tal gusto por las grandes creaciones literarias, que se embebec\u00eda ley\u00e9ndolas. Devor\u00f3 el <i>Fausto<\/i> y los poemas de Heine, con la particularidad de que la lengua francesa, que antes le estorbaba, se le hizo pronto f\u00e1cil. En fin, que mi hombre hab\u00eda pasado una gran crisis. El cataclismo amoroso vari\u00f3 su configuraci\u00f3n interna. Consider\u00e1base como si hubiera estado durmiendo hasta el momento en que su destino le puso delante la mujer aquella y el problema de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abCuando yo era tonto\u2014dec\u00eda sin ocultarse a s\u00ed mismo el desprecio con que se miraba en aquella \u00e9poca que bien podr\u00eda llamarse antediluviana\u2014, cuando yo era tonto, \u00e9ralo por carecer de un objeto en la vida. Porque eso son los tontos, personas que no tienen misi\u00f3n alguna\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata no ten\u00eda criada. Dec\u00eda que ella se bastaba y se sobraba para todos los quehaceres de casa tan reducida. Muchas tardes, mientras estaba en la cocina, Maximiliano estudiaba sus lecciones, tendido en el sof\u00e1 de la sala. Si no fuera porque el espectro de la hucha se le sol\u00eda aparecer de vez en cuando anunci\u00e1ndole el acabamiento del dinero extra\u00eddo de ella, \u00a1cu\u00e1n feliz habr\u00eda sido el pobre chico! A pesar de esto, la dicha le embargaba. Entr\u00e1bale una embriaguez de amor que le hac\u00eda ver todas las cosas te\u00f1idas de optimismo. No hab\u00eda dificultades, no hab\u00eda peligros ni tropiezos. El dinero ya vendr\u00eda de alguna parte. Fortunata era buena, y bien claros estaban ya sus prop\u00f3sitos de decencia. Todo iba a pedir de boca, y lo que faltaba era concluir la carrera y&#8230; Al llegar aqu\u00ed, un pensamiento que desde el principio de aquellos amores ten\u00eda muy guardadito, porque no quer\u00eda manifestarlo sino en saz\u00f3n oportuna, se le vino a los labios. No pudo retener m\u00e1s tiempo aquel secreto que se le sal\u00eda con empuje, y si no lo dec\u00eda reventaba, s\u00ed, reventaba; porque aquel pensamiento era todo su amor, todo su esp\u00edritu, la expresi\u00f3n de todo lo nuevo y sublime que en \u00e9l hab\u00eda, y no se puede encerrar cosa tan grande en la estrechez de la discreci\u00f3n. Entr\u00f3 la pecadora en la sala, que hac\u00eda tambi\u00e9n las veces de comedor, a poner la mesa, operaci\u00f3n en extremo sencilla y que quedaba hecha en cinco minutos. Maximiliano se abalanz\u00f3 a su querida con aquella especie de v\u00e9rtigo de respeto que le entraba en ocasiones, y bes\u00e1ndole castamente un brazo que medio desnudo tra\u00eda, cogi\u00e9ndole despu\u00e9s la mano basta y estrech\u00e1ndola contra su coraz\u00f3n, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abFortunata, yo me caso contigo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella se ech\u00f3 a re\u00edr con incredulidad; pero Rub\u00edn repiti\u00f3 el <i>me caso contigo<\/i> tan solemnemente, que Fortunata lo empez\u00f3 a creer. \u00abHace tiempo\u2014a\u00f1adi\u00f3 \u00e9l\u2014, que lo hab\u00eda pensado&#8230; Lo pens\u00e9 cuando te conoc\u00ed, hace un mes&#8230; Pero me pareci\u00f3 bien no decirte nada hasta no tratarte un poco&#8230; O me caso contigo o me muero. Este es el dilema\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014<i>Tie<\/i> gracia&#8230; \u00bfY qu\u00e9 quiere decir <i>dilema<\/i>?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues esto: que o me caso o me muero. Has de ser m\u00eda ante Dios y los hombres. \u00bfNo quieres ser honrada? Pues con el deseo de serlo y un nombre, ya est\u00e1 hecha la honradez. Me he propuesto hacer de ti una persona decente y lo ser\u00e1s, lo ser\u00e1s si t\u00fa quieres&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inclinose para coger los libros que se hab\u00edan ca\u00eddo al suelo. Fortunata sali\u00f3 para traer lo que en la mesa faltaba, y al entrar le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Esas cosas se calculan bien&#8230; no por m\u00ed, sino por ti.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Ah!, ya lo tengo pensado; pero muy bien pensado&#8230; \u00bfY a ti, te hab\u00eda ocurrido esto?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No&#8230; no me pasaba por la imaginaci\u00f3n. Tu familia ha de hacer la contra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pronto ser\u00e9 mayor de edad\u2014afirm\u00f3 Rub\u00edn con br\u00edo\u2014. Op\u00f3ngase o no, lo mismo me da&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata se sent\u00f3 a su lado, dejando la mesa a medio poner y la comida a punto de quemarse. Maximiliano le dio muchos abrazos y besos, y ella estaba como aturdida&#8230; poco risue\u00f1a en verdad, esparciendo miradas de un lado para otro. La generosidad de su amigo no le era indiferente, y contest\u00f3 a los apretones de manos con otros no tan fuertes, y a las caricias de amor con otras de amistad. Levantose para volver a la cocina, y en ella su pensamiento se balance\u00f3 en aquella idea del casorio, mientras maquinalmente echaba la sopa en la sopera&#8230; \u00ab\u00a1Casarme yo!&#8230; <i>\u00a1pa chasco&#8230;!<\/i>, \u00a1y con este encanijado&#8230;! \u00a1Vivir siempre, siempre con \u00e9l, todos los d\u00edas&#8230; de d\u00eda y de noche!&#8230; \u00a1Pero calcula t\u00fa, mujer&#8230; ser honrada, ser casada, se\u00f1ora de Tal&#8230; persona decente&#8230;!\u00bb.<\/p>\n<p>Redacci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211;III&#8211; Una de las cosas a que Maximiliano daba m\u00e1s importancia para poner en ejecuci\u00f3n su plan redentorista era que Fortunata le amara, porque sin esto la sublime obra iba a tener sus dificultades. 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