{"id":22926,"date":"2025-09-06T00:00:59","date_gmt":"2025-09-05T23:00:59","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22926"},"modified":"2025-09-06T08:08:39","modified_gmt":"2025-09-06T07:08:39","slug":"fortunata-y-jacinta-segunda-parte-capitulo-2-partes-i-y-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22926","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Segunda parte &#8211; Cap\u00edtulo 2 , partes I y II"},"content":{"rendered":"<h2>-II-<\/h2>\n<h2>Afanes y contratiempos de un redentor<\/h2>\n<hr \/>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">I<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Grande fue el asombro de Fortunata aquella noche cuando vio que Maximiliano sacaba pu\u00f1ados de monedas diferentes, y contaba con rapidez la suma, apartando el oro de la plata. A la sorpresa un tanto alegre de la joven, sigui\u00f3 pronto sospecha de que su improvisado amigo hubiese adquirido aquel caudal por medios no muy limpios. Crey\u00f3 ver en \u00e9l un hijo de familia que, arrastrado de la pasi\u00f3n y cegado por la tonter\u00eda, se hab\u00eda incautado de la caja paterna. Esta idea la mortific\u00f3 mucho, haci\u00e9ndole ver la cruel insistencia con que su destino la maltrataba. Desde que fue lanzada a los azares de aquella vida, se hab\u00eda visto siempre unida a hombres groseros, perversos o tramposos, <i>lo peor de cada casa<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No dej\u00f3 entrever a Maximiliano sus sospechas sobre la procedencia del dinero, que, viniera de donde viniese, no pod\u00eda ser mal recibido, y poco a poco se fue tranquilizando al ver que el apreciable muchacho hac\u00eda alarde de poseer ideas econ\u00f3micas enteramente contrarias a las de sus predecesores. \u00abEsto\u2014dijo mostr\u00e1ndole un grupito de monedas de oro\u2014, es para que desempe\u00f1es la ropa que te sea m\u00e1s necesaria&#8230; Los trajes de lujo, el abrigo de terciopelo, el sombrero y las alhajas se sacar\u00e1n m\u00e1s adelante, y se renovar\u00e1 el pr\u00e9stamo para que no se pierdan. Olv\u00eddate por ahora de todo lo que es pura ostentaci\u00f3n. Acabose el barullo. Se gastar\u00e1 nada m\u00e1s que lo que se tenga, para no hacer ni una trampa, pero ni una sola trampa. F\u00edjate bien\u00bb. Esta sensatez era cosa nueva para Fortunata, y empez\u00f3 a corregir algo sus primeras ideas acerca de su amante y a considerarle mejor que los dem\u00e1s. En los d\u00edas siguientes Olmedo confirm\u00f3 esta buena opini\u00f3n, habl\u00e1ndole con vivos encarecimientos de la formalidad de aquel chico y de lo muy arregladito que era.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qued\u00f3 convenido entre Fortunata y su protector tomar un cuarto que estaba desalquilado en la misma casa. Rub\u00edn insisti\u00f3 mucho en la modestia y baratura de los muebles que se hab\u00edan de poner, porque&#8230; (para que se vea si era juicioso) \u00abconviene empezar por poco\u00bb. Despu\u00e9s se ver\u00eda, y el humilde hogar ir\u00eda creciendo y embelleci\u00e9ndose gradualmente. Aceptaba ella todo sin entusiasmo ni ilusi\u00f3n alguna, m\u00e1s bien <i>por probar<\/i>. Maximiliano le era poco simp\u00e1tico; pero en sus palabras y en sus acciones hab\u00eda visto desde el primer momento la persona decente, novedad grande para ella. Vivir con una persona decente despertaba un poco su curiosidad. Dos d\u00edas estuvo ocupada en instalarse. Los muebles se los alquil\u00f3 una vecina que hab\u00eda levantado casa, y Rub\u00edn atendi\u00f3 a todo con tal tino, que Fortunata se pasmaba de sus admirables dotes administrativas, pues no ten\u00eda ni idea remota de aquel ingenioso modo de defender una peseta, ni sab\u00eda c\u00f3mo se recorta un gasto para reducirlo de seis a cinco, con otras artes financieras que el excelente chico hab\u00eda aprendido de do\u00f1a Lupe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tratando de medir el cari\u00f1o que sent\u00eda por su amiga, Maximiliano hallaba p\u00e1lida e inexpresiva la palabra querer, teniendo que recurrir a las novelas y a la poes\u00eda en busca del verbo amar, tan usado en los ejercicios gramaticales como olvidado en el lenguaje corriente. Y aun aquel verbo le parec\u00eda desabrido para expresar la dulzura y ardor de su cari\u00f1o. Adorar, idolatrar y otros cumpl\u00edan mejor su oficio de dar a conocer la pasi\u00f3n exaltada de un joven enclenque de cuerpo y robusto de esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el enamorado se iba a su casa, llevaba en s\u00ed la impresi\u00f3n de Fortunata transfigurada. Porque no ha habido princesa de cuento oriental ni dama del teatro rom\u00e1ntico que se ofreciera a la mente de un caballero con atributos m\u00e1s ideales ni con rasgos m\u00e1s puros y nobles. Dos Fortunatas exist\u00edan entonces, una la de carne y hueso, otra la que Maximiliano llevaba estampada en su mente. De tal modo se sutilizaron los sentimientos del joven Rub\u00edn con aquel extraordinario amor, que este le inspiraba no s\u00f3lo las buenas acciones, el entusiasmo y la abnegaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la delicadeza llevada hasta la castidad. Su naturaleza pobre no ten\u00eda exigencias; su esp\u00edritu las ten\u00eda grandes, y estas eran las que m\u00e1s le apremiaban. Todo lo que en el alma humana puede existir de noble y hermoso brot\u00f3 en la suya, como los chorros de lava en el volc\u00e1n activo. So\u00f1aba con redenciones y regeneraciones, con lavaduras de manchas y con sacar del pasado negro de su amada una vida de m\u00e9ritos. El generoso gal\u00e1n ve\u00eda los m\u00e1s sublimes problemas morales en la frente de aquella infeliz mujer, y resolverlos en sentido del bien parec\u00edale la m\u00e1s grande empresa de la voluntad humana. Porque su loco entusiasmo le impulsaba a la salvaci\u00f3n social y moral de su \u00eddolo, y a poner en esta obra grandiosa todas las energ\u00edas que alborotaban su alma. Las peripecias vergonzosas de la vida de ella no le desalentaban, y hasta med\u00eda con gozo la hondura del abismo del cual iba a sacar a su amiga; y la hab\u00eda de sacar pura o purificada. En aquellas confidencias que ambos ten\u00edan, cre\u00eda Maximiliano advertir en la pecadora un cierto fondo de rectitud y menos corrupci\u00f3n de lo que a primera vista parec\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfSe equivocar\u00eda en esto? A veces lo sospechaba; pero su buena fe triunfaba al instante de esta sospecha. Lo que s\u00ed pod\u00eda sostener sin miedo a equivocarse era que Fortunata ten\u00eda vivos deseos de mejorar su personalidad, es decir, de adecentarse y pulirse. Su ignorancia era, como puede suponerse, completa. Le\u00eda muy mal y a trompicones, y no sab\u00eda escribir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo esencial del saber, lo que saben los ni\u00f1os y los paletos, ella lo ignoraba, como lo ignoran otras mujeres de su clase y aun de clase superior. Maximiliano se re\u00eda de aquella incultura rasa, tomando en serio la tarea de irla corrigiendo poco a poco. Y ella no disimulaba su barbarie; por el contrario, manifestaba con graciosa sinceridad sus ardientes deseos de adquirir ciertas ideas y de aprender palabras finas y decentes. Cada instante estaba preguntando el significado de tal o cual palabra, e inform\u00e1ndose de mil cosas comunes. No sab\u00eda lo que es el Norte y el Sur. Esto le sonaba a cosa de viento; pero nada m\u00e1s. Cre\u00eda que un senador es algo del Ayuntamiento. Ten\u00eda sobre la imprenta ideas muy extra\u00f1as, creyendo que los autores mismos pon\u00edan en las p\u00e1ginas aquellas letras tan iguales. No hab\u00eda le\u00eddo jam\u00e1s libro ninguno, ni siquiera novela. Pensaba que Europa es un pueblo y que Inglaterra es un pa\u00eds de acreedores. Respecto del sol, la luna y todo lo dem\u00e1s del firmamento, sus nociones pertenec\u00edan al orden de los pueblos primitivos. Confes\u00f3 un d\u00eda que no sab\u00eda qui\u00e9n fue Col\u00f3n. Cre\u00eda que era un general, as\u00ed como O&#8217;Donnell o Prim. En lo religioso no estaba m\u00e1s aventajada que en lo hist\u00f3rico. La poca doctrina cristiana que aprendi\u00f3 se le hab\u00eda olvidado. Comprend\u00eda a la Virgen, a Jesucristo y a San Pedro; les ten\u00eda por muy buenas personas, pero nada m\u00e1s. Respecto a la inmortalidad y a la redenci\u00f3n, sus primeras ideas eran muy confusas. Sab\u00eda que arrepinti\u00e9ndose uno, bien arrepentido, se salva; eso no ten\u00eda duda, y por m\u00e1s que dijeran, nada que se relacionase con el amor era pecado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus defectos de pronunciaci\u00f3n eran atroces. No hab\u00eda fuerza humana que le hiciera decir <i>fragmento, magn\u00edfico, enigma<\/i> y otras palabras usuales. Se esforzaba en vencer esta dificultad, riendo y machacando en ella; pero no lo consegu\u00eda. Las <i>eses<\/i> finales se le convert\u00edan en <i>jotas<\/i>, sin que ella misma lo notase ni evitarlo pudiera, y se com\u00eda muchas s\u00edlabas. Si supiera ella qu\u00e9 bonita boca se le pon\u00eda al com\u00e9rselas, no intentara enmendar su graciosa incorrecci\u00f3n. Pero Maximiliano se hab\u00eda erigido en maestro, con rigores de d\u00f3mine e \u00ednfulas de acad\u00e9mico. No la dejaba vivir, y estaba en acecho de los solecismos para caer sobre ellos como el gato sobre el rat\u00f3n. \u00abNo se dice <i>diferiencia<\/i>, sino diferencia. No se dice <i>Jacometrenzo<\/i>, ni <i>Espiritui Santo<\/i>, ni <i>indilugencias<\/i>. Adem\u00e1s <i>escam\u00f3n<\/i> y <i>escamarse<\/i> son palabras muy feas, y llamar <i>tiolog\u00edas<\/i> a todo lo que no se entiende es una barbaridad. Repetir a cada instante <i>pa chasco<\/i> es costumbre ordinaria\u00bb, etc&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mejorcito que aquella mujer ten\u00eda era su ingenuidad. Repetidas veces sac\u00f3 Maximiliano a relucir el caso de la deshonra de ella, por ser muy importante este punto en el plan de regeneraci\u00f3n. El inspirado y entusiasta mancebo hac\u00eda hincapi\u00e9 en lo malos que son los se\u00f1oritos y en la necesidad de una ley a la inglesa que proteja a las muchachas inocentes contra los seductores. Fortunata no entend\u00eda palotada de estas leyes. Lo \u00fanico que sosten\u00eda era que el tal Juanito Santa Cruz era el \u00fanico hombre a quien hab\u00eda querido de verdad, y que le amaba siempre. \u00bfPor qu\u00e9 decir otra cosa? Reconociendo el otro con caballeresca lealtad que esta consecuencia era laudable, sent\u00eda en su alma punzada de celos, que trastornaba por un instante sus planes de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfY le quieres tanto, que si le vieras en alg\u00fan peligro le salvar\u00edas?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Claro que s\u00ed&#8230; me lo puedes creer. Si le viera en un peligro, le sacar\u00eda en bien, aunque me perdiera yo. No s\u00e9 decir m\u00e1s que lo que me sale de <i>entre m\u00ed<\/i>. Si no es verdad esto, que no llegue a la noche con salud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se puso tan guapa al hacer esta declaraci\u00f3n, que Rub\u00edn la mir\u00f3 mucho antes de decir:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo, no jures; no necesitas jurarlo. Te creo. Di otra cosa. Y si ahora entrara por esa puerta y te dijera: &#8216;Fortunata, ven&#8217; \u00bfir\u00edas?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata mir\u00f3 a la puerta. Rub\u00edn tragaba saliva y buscaba en el sitio donde tenemos el bigote algo que retorcer, y encontrando s\u00f3lo unos pelos muy tenues, los martirizaba cruelmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEso&#8230; seg\u00fan&#8230;\u2014dijo ella plegando su entrecejo\u2014. Me ir\u00eda o no me ir\u00eda&#8230;\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maximiliano quer\u00eda saberlo todo. Era como el buen m\u00e9dico que le pide al enfermo las noticias m\u00e1s insignificantes del mal que padece y de su historia para saber c\u00f3mo ha de curarle. Fortunata no ocultaba nada, eso bueno ten\u00eda, y el doctor amante se encontraba a veces con m\u00e1s quiz\u00e1s de lo necesario para la prodigiosa cura. \u00a1Y qu\u00e9 horrorizado se quedaba oyendo contar lo mal que se port\u00f3 el seductor de aquella hermosura! El honrad\u00edsimo aprendiz de farmac\u00e9utico no comprend\u00eda que pudieran existir hombres tan malos, y las penas todas del infierno parec\u00edanle pocas para castigarles. Criminal m\u00e1s perverso que los asesinos y ladrones era, seg\u00fan \u00e9l, el se\u00f1orito seductor de doncella pobre, que le hac\u00eda creer que se iba a casar con ella, y despu\u00e9s la dejaba plantada en medio del arroyo con su chiquillo o con las v\u00edsperas. \u00bfPor cu\u00e1nto har\u00eda esto \u00e9l, Maximiliano Rub\u00edn?&#8230; El tal Juanito Santa Cruz era, pues, el hombre m\u00e1s infame, m\u00e1s execrable y vil que se pod\u00eda imaginar. Pero la misma ofendida no extremaba mucho, como parec\u00eda natural, los anatemas contra el seductor, por cuya raz\u00f3n tuvo Maximiliano que redoblar su furia contra \u00e9l, llam\u00e1ndole monstruo y otras cosas muy malas. Fortunata ve\u00edase forzada a repetirlo; pero no hab\u00eda medio de que pronunciara la palabra <i>monstruo<\/i>. Se le atravesaba como otras muchas, y al fin, despu\u00e9s de mil tentativas que parec\u00edan n\u00e1useas, la soltaba entre sus bonit\u00edsimos dientes y labios, como si la escupiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Prefer\u00eda contar particularidades de su infancia. Su difunto padre pose\u00eda un caj\u00f3n en la plazuela y era hombre honrado. Su madre ten\u00eda, como Segunda, su t\u00eda paterna, el tr\u00e1fico de huevos. Llam\u00e1banla a ella desde ni\u00f1a la <i>Pitusa<\/i>, porque fue muy raqu\u00edtica y encanijada hasta los doce a\u00f1os; pero de repente dio un gran estir\u00f3n y se hizo mujer de talla y de garbo. Sus padres se murieron cuando ella ten\u00eda doce a\u00f1os&#8230; O\u00eda estas cosas Maximiliano con mucho placer. Pero con todo, mand\u00e1bala que fuese al grano, a las cosas graves, como lo referente al hijo que hab\u00eda tenido. Cuando parte de esta historia fue contada, al joven le falt\u00f3 poco para que se le saltaran las l\u00e1grimas. La tierna criatura sin m\u00e1s amparo que su madre pobre, la aflicci\u00f3n de esta al verse abandonada, eran en verdad un cuadro trist\u00edsimo que part\u00eda el coraz\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 no le cit\u00f3 ante los tribunales? Es lo que deb\u00eda haber hecho. A estos tunantes hay que tratarles a la baqueta. Otra cosa. \u00bfPor qu\u00e9 no se le ocurri\u00f3 darle un esc\u00e1ndalo, ir a la casa con el cr\u00edo en brazos y presentarse a do\u00f1a B\u00e1rbara y a D. Baldomero y contarles all\u00ed bien clarito la gracia que hab\u00eda hecho su hijo?&#8230; Pero no, esto no hubiera sido muy conforme con la dignidad. M\u00e1s val\u00eda despreciarle, dej\u00e1ndole entregado a su conciencia, s\u00ed, a su conciencia, que buen jaleo le hab\u00eda de armar tarde o temprano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata, al o\u00edr esto, fijaba sus ojos en el suelo, repitiendo como una m\u00e1quina aquello de que lo mejor era el desprecio. S\u00ed, despreciarle, repet\u00eda el otro, pues era ignominia solicitar su protecci\u00f3n. Aunque le dieran lo que le dieran, no era capaz Fortunata de decir <i>ignominia<\/i>. Maximiliano insisti\u00f3 en que hab\u00eda sido una gran falta pedir amparo al mismo Juanito Santa Cruz, a aquel infame, cuando volvi\u00f3 ella a Madrid y le cay\u00f3 su ni\u00f1o enfermo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPero, tont\u00edn, si no es por \u00e9l, no hubi\u00e9ramos tenido con qu\u00e9 enterrarle\u00bb dijo Fortunata saliendo a la defensa de su propio verdugo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Primero le dejo yo insepulto, que recurrir&#8230; La dignidad, hija, es antes que todo. F\u00edjate bien en esto. Lo que quiero saber ahora es qu\u00e9 sujeto era ese con quien te uniste despu\u00e9s, el que te sac\u00f3 de Madrid y te llev\u00f3 de pueblo en pueblo como los trastos de una feria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Era un hombre traicionero y malo\u2014dijo Fortunata con desgana, como si el recuerdo de aquella parte de su vida le fuera muy desagradable\u2014. Me fui con \u00e9l porque me vi perdida, y no ten\u00eda a d\u00f3nde volverme. Era hermano de un vecino nuestro en la Cava de San Miguel. Primeramente tuvo un caj\u00f3n de casquer\u00eda en la plaza, y despu\u00e9s puso tienda de quincalla iba a todas las ferias con un sin fin de arcas llenas de baratijas, y armaba tiendas. Le llamaban <i>Ju\u00e1rez el negro<\/i> por tener la color muy morena. Vi\u00e9ndome tan mal, me ofreci\u00f3 el oro y el moro, y que iba a hacer y a acontecer. Mi t\u00eda me ech\u00f3 de la casa y mi t\u00edo se desapareci\u00f3. Yo estaba enferma, y Ju\u00e1rez me dijo que si me iba con \u00e9l, me llevar\u00eda a ba\u00f1os. Dec\u00eda que ganaba montes y montones en las romer\u00edas, y que yo iba a estar como una reina. No se pod\u00eda casar conmigo porque era casado, pero en cuantito que se muriera su mujer, que era una borrachona, cumplir\u00eda, si se\u00f1or, cumplir\u00eda conmigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sigui\u00f3 relatando con rapidez aquella p\u00e1gina fea, deseando concluirla pronto. Lo del se\u00f1orito Santa Cruz, siendo tan desastroso, lo refer\u00eda con prolijidad y aun con cierta amarga complacencia; pero lo de <i>Ju\u00e1rez el negro<\/i> sal\u00eda de sus labios como una confesi\u00f3n forzada o testimonio ante tribunales, de esos que van quemando la boca a medida que salen. \u00a1Cu\u00e1nto le pes\u00f3 ponerse en manos de aquel hombre! Era un perdido, un charr\u00e1n, una mala persona. Hubi\u00e9rase resistido a seguirle, si no le empujaran a ello los parientes con quienes viv\u00eda, los cuales no ten\u00edan maldita gana de mantenerle el pico. Pronto vio que todo lo que ofrec\u00eda <i>Ju\u00e1rez el negro<\/i> era conversaci\u00f3n. No ganaba un cuarto; con el mundo entero armaba camorra, y todo el veneno que iba amasando en su maldecida alma, por la mala suerte, lo descargaba sobre su querida&#8230; En fin, vida m\u00e1s arrastrada no la hab\u00eda pasado ella nunca ni esperaba volverla a pasar&#8230; Con el dinero que Juanito Santa Cruz les dio, cuando estuvieron en Madrid y se muri\u00f3 el ni\u00f1ito, hubiera podido el muy bestia de Ju\u00e1rez arreglar su comercio; pero \u00bfqu\u00e9 hizo? Beber y m\u00e1s beber. El vinazo y el aguardientazo le remataron. Una ma\u00f1ana despert\u00f3 ella oy\u00e9ndole dar unos grandes gru\u00f1idos&#8230; as\u00ed como si le estuvieran apretando el tragadero. \u00bfQu\u00e9 era? Que se estaba muriendo. Salt\u00f3 espantada de la cama, y llam\u00f3 a los vecinos. No hubo tiempo de <i>suministrarle<\/i> y s\u00f3lo le cogi\u00f3 la Unci\u00f3n. Esto pasaba en L\u00e9rida. A los dos d\u00edas, vendi\u00f3 sus cuatro trastos y con los cuartos que pudo juntar plantose en Barcelona. Hab\u00eda hecho juramento de no volver a tratar con animales. Libertad, libertad y libertad era lo que le ped\u00edan el cuerpo y el alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdad ante todo. \u00bfPara qu\u00e9 decir una cosa por otra? La franqueza es una virtud cuando no se tienen otras, y la franqueza obligaba a Fortunata a declarar que en la primera temporada de anarqu\u00eda moral se hab\u00eda divertido algo, olvidando sus penas como las olvidan los borrachos. Su \u00e9xito fue grande, y su falta de educaci\u00f3n ayudaba a cegarla. Lleg\u00f3 a creer que enceneg\u00e1ndose mucho se vengaba de los que la hab\u00edan perdido, y sol\u00eda pensar que si el p\u00edcaro Santa Cruz la ve\u00eda hecha un brazo de mar, tan elegantona y triunfante, se le antojar\u00eda quererla otra vez. \u00a1Pero s\u00ed, para \u00e9l estaba&#8230;! Cont\u00f3 a rengl\u00f3n seguido tantas cosas, que Maximiliano se sinti\u00f3 lastimado. Tuvo precisi\u00f3n de <i>echar un velo, <\/i> como dicen los ret\u00f3ricos, sobre aquella parte de la historia de su amada. El velo ten\u00eda que ser muy denso porque la franqueza de Fortunata arrojaba luz viv\u00edsima sobre los sucesos referidos, y su pintoresco lenguaje los hac\u00eda reverberar&#8230; Dio ella entonces algunos cortes a su relaci\u00f3n, comi\u00e9ndose no ya las letras sino p\u00e1rrafos y cap\u00edtulos enteros, y he aqu\u00ed en sustancia lo que dijo: Torrellas, el c\u00e9lebre paisajista catal\u00e1n, era tan celoso que no la dejaba vivir. Inventaba mil tormentos arm\u00e1ndole trampas para ver si ca\u00eda o no ca\u00eda. Tan odioso lleg\u00f3 a serle aquel hombre, que al fin se dej\u00f3 ella caer. Metiose adrede en la trampa, conoci\u00e9ndola, por gusto de jugarle una partida al muy majadero, porque as\u00ed se vengaba de las muchas que le hab\u00edan jugado a ella. Y nada m\u00e1s&#8230; Total, que por poco la mata el condenado pintor de \u00e1rboles&#8230; Lo que m\u00e1s quemaba a este era que la infidelidad hab\u00eda sido con un \u00edntimo amigo suyo, pintor tambi\u00e9n, autor del cuadro de David mirando a&#8230; Fortunata no se acordaba del nombre, pero era una que estaba ba\u00f1\u00e1ndose&#8230; A ninguno de los dos artistas quer\u00eda ella; por ninguno de los dos hubiera dado dos cuartos, si se compraran con dinero. M\u00e1s que ellos val\u00edan sus cuadros. Desde que enga\u00f1\u00f3 al primero con el segundo, se le puso en la cabeza la idea de peg\u00e1rsela a los dos con otro, y la satisfacci\u00f3n de este deseo se la proporcion\u00f3 un empleado joven, pobre y algo simp\u00e1tico que se parec\u00eda mucho a Juanito Santa Cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro velo&#8230; Maximiliano se vio precisado a echar otro velo&#8230; \u00abC\u00e1llate, hazme el favor de callarte\u00bb le dijo, pensando que, seg\u00fan iba saliendo la historia, necesitaba lo menos una pieza de tul. Pero ella sigui\u00f3 narrando. Pues como iba diciendo, el tal joven sali\u00f3 tambi\u00e9n un buen punto. Una ma\u00f1ana, mientras ella dorm\u00eda, le empe\u00f1\u00f3 todas sus alhajas, para jugar. Y aqu\u00ed paz&#8230; Vino despu\u00e9s un viejo que le daba mucho dinero y la llev\u00f3 a Par\u00eds donde se engalan\u00f3 y afin\u00f3 extraordinariamente su gusto para vestirse. \u00a1Viejo m\u00e1s cuco!&#8230; Hab\u00eda sido general carcunda en la otra guerra, y trataba mucho con gente de sotana. Era muy vicioso y le daba muchas jaquecas con <i>tantismas<\/i> incumbencias como ten\u00eda. Un d\u00eda se quem\u00f3 ella y le plant\u00f3 en la calle. Sucesor, Camps, que le puso casa con gran rumbo. Parec\u00eda hombre muy rico; pero luego result\u00f3 que era un trampa-larga. Antes de venir a Madrid le dio a ella olor de chubasco, y a poco de estar aqu\u00ed vio que se ven\u00eda la tempestad encima. Camps tra\u00eda recomendaciones para el director del Tesoro, y quiso cobrar unos pagar\u00e9s falsos de fusiles que se supon\u00edan comprados por el Gobierno. Una noche entr\u00f3 en casa muy enfurru\u00f1ado, trinc\u00f3 una maleta peque\u00f1a, llenola de ropa, pidi\u00f3 a Fortunata todo el dinero que ten\u00eda y dijo que iba al Escorial. Escorial fue, que no ha vuelto a parecer. Lo dem\u00e1s bien lo sab\u00eda Maximiliano&#8230; El sucesor de Camps hab\u00eda sido \u00e9l, y ya se le conoc\u00eda en cierto resplandor de sus ojos el orgullo que la herencia le produjera. Porque bien claro lo hab\u00eda dicho Fortunata. \u00a1Gracias a Dios que encontraba en su camino una persona decente!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sent\u00edase Maximiliano poseedor de una fuerza redentora, hermana de las fuerzas creadoras de la Naturaleza. \u00a1Ya ver\u00eda el mundo la irradiaci\u00f3n de bondad y de verdad que \u00e9l iba a arrojar sobre aquella infeliz v\u00edctima del hombre!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde que la conoci\u00f3 y sinti\u00f3 que el Cielo se le met\u00eda en su alma, todo en \u00e9l fue idealismo, nobleza y buenas acciones. \u00a1Qu\u00e9 diferencia entre \u00e9l y los perdularios en cuyas manos estuvo aquella pobrecita! Por mucho que se buscara en la vida de Rub\u00edn, no se encontrar\u00edan m\u00e1s que dolores de cabeza y otras molestias f\u00edsicas; pero a ver, que le sacaran alg\u00fan acto ignominioso, ni siquiera una falta.<\/p>\n<p>\u00a0Redacci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-II- Afanes y contratiempos de un redentor &#8211;I&#8211; Grande fue el asombro de Fortunata aquella noche cuando vio que Maximiliano sacaba pu\u00f1ados de monedas diferentes, y contaba con rapidez la suma, apartando el oro de la plata. 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