{"id":22486,"date":"2025-08-23T00:00:25","date_gmt":"2025-08-22T23:00:25","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22486"},"modified":"2025-08-23T06:57:40","modified_gmt":"2025-08-23T05:57:40","slug":"fortunata-y-jacinta-segunda-parte-capitulo-1-partes-3-y-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22486","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Segunda Parte &#8211; Capitulo 1 &#8211; partes 3 y 4"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">III<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera aquel mis\u00e1ntropo lleg\u00f3 a vivir m\u00e1s con la visi\u00f3n interna que con la externa. El que antes era como una ostra hab\u00eda venido a ser algo como un poeta. Viv\u00eda dos existencias, la del pan y la de las quimeras. Esta la hac\u00eda a veces tan espl\u00e9ndida y tal alta, que cuando ca\u00eda de ella a la del pan, estaba todo molido y maltrecho. Ten\u00eda Maximiliano momentos en que se llegaba a convencer de que era otro, esto siempre de noche y en la soledad vagabunda de sus paseos. Bien era oficial de ej\u00e9rcito y ten\u00eda una cuarta m\u00e1s de alto, nariz aguile\u00f1a, mucha fuerza muscular y una cabeza&#8230; una cabeza que no le dol\u00eda nunca; o bien un paisano pudiente y muy gal\u00e1n, que hablaba por los codos sin turbarse nunca, capaz de echarle una flor a la mujer m\u00e1s arisca, y que estaba en sociedad de mujeres como el pez en el agua. Pues como dije, se iba calentando de tal modo los sesos, que se lo llegaba a creer. Y si aquello le durara, ser\u00eda tan loco como cualquiera de los que est\u00e1n en Legan\u00e9s. La suerte suya era que aquello se pasaba, como pasar\u00eda una jaqueca; pero la alucinaci\u00f3n recobraba su imperio durante el sue\u00f1o, y all\u00ed eran los disparates y el teje maneje de unas aventuras generalmente muy tiernas, muy por lo fino, con abnegaciones, sacrificios, hero\u00edsmos y otros fen\u00f3menos sublimes del alma. Al despertar, en ese momento en que los juicios de la realidad se confunden con las im\u00e1genes mentirosas del sue\u00f1o y hay en el cerebro un crep\u00fasculo, una discusi\u00f3n vaga entre lo que es verdad y lo que no lo es, el enga\u00f1o persist\u00eda un rato, y Maximiliano hac\u00eda por retenerlo, volviendo a cerrar los ojos y atrayendo las im\u00e1genes que se dispersaban. \u00abVerdaderamente\u2014dec\u00eda \u00e9l\u2014, \u00bfpor qu\u00e9 ha de ser una cosa m\u00e1s real que la otra? \u00bfPor qu\u00e9 no ha de ser sue\u00f1o lo del d\u00eda y vida efectiva lo de la noche? Es cuesti\u00f3n de nombres y de que di\u00e9ramos en llamar <i>dormir<\/i> a lo que llamamos <i>despertar<\/i>, y <i>acostarse<\/i> al <i>levantarse<\/i>&#8230; \u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n hay para que no diga yo ahora mientras me visto: &#8216;Maximiliano, ahora te est\u00e1s echando a dormir. Vas a pasar mala noche, con pesadilla y todo, o sea con clase de <i>Materia farmac\u00e9utica animal<\/i>&#8230;?&#8217;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tal <i>Ulmus sylvestris<\/i> era un chico simp\u00e1tico, buen mozo, alegre y de cabeza un tanto ligera. De todos los compa\u00f1eros de <i>Rubinius vulgaris<\/i>, aquel era el que m\u00e1s le quer\u00eda, y Maximiliano le pagaba con un cari\u00f1o que ten\u00eda algo de respeto. Llevaba Olmedo una vida muy poco ejemplar, mudando cada mes de casa de hu\u00e9spedes, pas\u00e1ndose las noches en lugares pecaminosos, y haciendo todos los disparates estudiantiles, como si fueran un programa que hab\u00eda que cumplir sin remedio. \u00daltimamente viv\u00eda con una tal Feliciana, graciosa y muy corrida, d\u00e1ndose importancia con ello, como si el <i>entretener<\/i> mujeres fuese una carrera en que hab\u00eda que matricularse para ganar t\u00edtulo de hombre hecho y derecho. D\u00e1bale \u00e9l lo poco que ten\u00eda, y ella afanaba por su lado para ir viviendo, un d\u00eda con estrecheces, otro con rumbo y siempre con la mayor despreocupaci\u00f3n. Tomaba \u00e9l en serio este g\u00e9nero de vida, y cuando ten\u00eda dinero, invitaba a sus amigos a <i>tomar un bacalao<\/i> en su <i>hotel<\/i>, d\u00e1ndose unos aires de hombre de mundo y pill\u00edn, con cierta imitaci\u00f3n mala del desgaire parisiense que conoc\u00eda por las novelas de Paul de Kock. Feliciana era de Valencia, y pon\u00eda muy bien el arroz; pero el servicio de la mesa y la mesa misma ten\u00edan que ver. Y Olmedo lo hac\u00eda todo tan al vivo y tan con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino, cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hac\u00eda todos los desatinos que, a su parecer, constitu\u00edan el rito de perdido; pues a \u00e9l se le antoj\u00f3 ser perdido, como otros son masones o caballeros cruzados, por el prurito de desempe\u00f1ar papeles y de tener una significaci\u00f3n. Si existiera el uniforme de perdido, Olmedo se lo hubiera puesto con verdadero entusiasmo, y sent\u00eda que no hubiese un distintivo cualquiera, cinta, plumacho o gal\u00f3n, para salir con \u00e9l, diciendo t\u00e1citamente: \u00abVean ustedes lo perdulario que soy\u00bb. Y en el fondo era un infeliz. Aquello no era m\u00e1s que una prolongaci\u00f3n viciosa de la <i>edad del pavo<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maximiliano no iba nunca a las francachelas de su amigo, aunque este le convidaba siempre. Pero se informaba de la salud de Feliciana, como si fuera una se\u00f1ora, y Olmedo tambi\u00e9n tomaba esto en serio, diciendo: \u00abLa tengo un poquillo delicada. Hoy le he dicho a Orfila que se pase por casa\u00bb. Este Orfila era un estudiantillo de \u00faltimo a\u00f1o de Medicina, que se llamaba lo mismo que el c\u00e9lebre doctor, y curaba, es decir, recetaba a los amigos y a las amigas de los amigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda, al salir de clase, dijo Olmedo a Rub\u00edn: \u00abVete por casa si quieres ver una mujer&#8230; hasta all\u00ed. Es una amiga de Feliciana, que se ha ido a nuestro <i>hotel<\/i> unos d\u00edas mientras encuentra colocaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfEs honrada?\u2014pregunt\u00f3 Rub\u00edn, mostrando en su tono la importancia que daba a la honradez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Honrada!, \u00a1qu\u00e9 narices!\u2014exclam\u00f3 el perdis riendo\u2014. \u00bfPero t\u00fa crees que hay alguna mujer que sea&#8230; lo que se llama honrada?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto lo dijo con aplomo filos\u00f3fico, el sombrero inclinado sobre la sien derecha como distintivo de sus ideas acerca de la depravaci\u00f3n humana. Ya no hab\u00eda mujeres honradas: lo dec\u00eda un conocedor profundo de la sociedad y del vicio. El escepticismo de Olmedo era signo de infancia, un desorden de transici\u00f3n fisiol\u00f3gica, algo como una segunda dentici\u00f3n. Todo se reduce a echar muchas babas, y luego ya viene el hombre con otras ideas y otra manera de ser.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Con que no es honrada!&#8230;\u00bb apunt\u00f3 Maximiliano, que habr\u00eda deseado que todas las hembras lo fueran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfQu\u00e9 ha de ser, hombre?&#8230; \u00a1Buena p\u00faa est\u00e1! Lleg\u00f3 a Madrid no hace mucho tiempo con un barbi\u00e1n&#8230; creo que tratante en fusiles. \u00a1Tra\u00edan un tren, chico!&#8230; La vi una noche&#8230; Te juro que daba el puro opio. Parec\u00eda del propio Par\u00eds&#8230; Pero yo no s\u00e9 lo que pas\u00f3, \u00a1narices!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel se\u00f1or no jugaba limpio, y una ma\u00f1ana se larg\u00f3 dejando un pico muy grande en la casa de hu\u00e9spedes, y otro pico no s\u00e9 d\u00f3nde, y picos y picos&#8230; Total, que la pobre tuvo que empe\u00f1ar todos sus trapos y se qued\u00f3 con lo puesto, nada m\u00e1s que con lo puesto, cuando lo tiene puesto se entiende. Feliciana se la encontr\u00f3 no s\u00e9 d\u00f3nde hecha un mar de l\u00e1grimas, y le dijo: \u00abvente a mi casa\u00bb. \u00a1All\u00ed est\u00e1! Hace sus saliditas, ojo al Cristo, para lo cual Feliciana le presta su ropa. No te creas; es una chica muy buena. \u00a1Tiene un \u00e1ngel&#8230;!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por la noche fue Maximiliano al <i>hotel<\/i> de Feliciana, tercer piso en la calle de Pelayo, y al entrar, lo primero que vio&#8230; Es que junto a la puerta de entrada hab\u00eda un cuartito peque\u00f1o, que era donde moraba la hu\u00e9speda, y esta sal\u00eda de su escondrijo cuando Rub\u00edn entraba. Feliciana hab\u00eda salido a abrir con el quinqu\u00e9 en la mano, porque lo llevaba para la sala, y a la luz viv\u00edsima del petr\u00f3leo sin pantalla, encar\u00f3 Maximiliano con la m\u00e1s extraordinaria hermosura que hasta entonces hab\u00edan visto sus ojos. Ella le mir\u00f3 a \u00e9l como a una cosa rara, y \u00e9l a ella como a sobrenatural aparici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pas\u00f3 Rub\u00edn a la salita, y dejando su capa, se sent\u00f3 en un sill\u00f3n de hule cuyos muelles asesinaban la parte del cuerpo que sobre ellos ca\u00eda. Olmedo quer\u00eda que su amigo jugase con \u00e9l a la siete y media; pero como Maximiliano se negase a ello, empez\u00f3 a hacer solitarios. Puso Feliciana sobre la luz una pantalla de figurines vestidos con pegotes de trapo, y despu\u00e9s se ech\u00f3 con indolencia en la butaca, abrig\u00e1ndose con su mant\u00f3n alfombrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abFortunata\u2014grit\u00f3 llamando a su amiga, que daba vueltas por toda la casa como si buscara alguna cosa\u2014. \u00bfQu\u00e9 se te ha perdido?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Chica, mi toquilla azul.\u2014\u00bfVas a salir ya?\u2014S\u00ed: \u00bfqu\u00e9 hora es?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rub\u00edn se alegr\u00f3 de aquella ocasi\u00f3n que se le presentaba de prestar un servicio a mujer tan hermosa, y sacando su reloj con mucha solemnidad, dijo: \u00abLas nueve menos siete minutos&#8230; y medio\u00bb. No pod\u00eda decirse la hora con exactitud m\u00e1s escrupulosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abYa ves\u2014dijo Feliciana\u2014. tienes tiempo&#8230; Hasta las diez. Con que salgas de aqu\u00ed a las diez menos cuarto&#8230; \u00bfPero esa toquilla?&#8230; M\u00edrala, m\u00edrala en esa silla junto a la c\u00f3moda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Ay!, hija&#8230; si llega a ser perro me muerde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se la puso, envolvi\u00e9ndose la cabeza, echando miradas a un espejo de marco negro que sobre la c\u00f3moda estaba, y despu\u00e9s se sent\u00f3 en una silla a hacer tiempo. Entonces Maximiliano la mir\u00f3 mejor. No se hartaba de mirarla, y una obstrucci\u00f3n singular se le fij\u00f3 en el pecho, cort\u00e1ndole la respiraci\u00f3n. \u00bfY qu\u00e9 decir? Porque hab\u00eda que decir algo. El pobre joven se sent\u00eda delante de aquella hermosura m\u00e1s cortado que en la visita de m\u00e1s campanillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abBien puedes abrigarte\u00bb indic\u00f3 Feliciana a su amiga; y Rub\u00edn vio el cielo abierto, porque pudo decir en tono de sentencia filos\u00f3fica:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed, est\u00e1 la noche fresquecita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ll\u00e9vate el llav\u00edn&#8230;\u2014a\u00f1adi\u00f3 Feliciana\u2014. Ya sabes que el sereno se llama Paco. Suele estar en la taberna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La otra no desplegaba sus labios. Parec\u00eda que estaba de muy mal humor. Maximiliano contemplaba como un bobo aquellos ojos, aquel entrecejo incomparable y aquella nariz perfecta, y habr\u00eda dado algo de mucho precio porque ella se hubiese dignado mirarle de otra manera que como se mira a los bichos raros. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima que no sea honrada!\u2014pensaba\u2014. Y qui\u00e9n sabe si lo ser\u00e1, quiero decir que conserve la honradez del alma en medio de&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estaba muy fija en \u00e9l la idea aquella de las dos honradeces, en algunos casos armonizadas, en otros no. Habl\u00f3 Fortunata poco y vulgar; todo lo que dijo fue de lo menos digno de pasar a la historia: que hac\u00eda mucho fr\u00edo, que se le hab\u00eda descosido un mit\u00f3n, que aquel llav\u00edn parec\u00eda la <i>maza de Fraga<\/i>, que al volver a casa entrar\u00eda en la botica a comprar unas pastillas para la tos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maximiliano estaba encantado, y no atrevi\u00e9ndose a desplegar los labios, daba su asentimiento con una sonrisa, sin quitar los ext\u00e1ticos ojos de aquel semblante que le parec\u00eda angelical. Y cuanto ella dijo lo oy\u00f3 como si fuera una sarta de conceptos ingenios\u00edsimos. \u00ab\u00a1Si es un \u00e1ngel!&#8230; No ha dicho ni una palabra malsonante&#8230; \u00a1Y qu\u00e9 metal de voz! No he o\u00eddo en mi vida m\u00fasica tan grata&#8230; \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 el decir esta mujer un <i>te quiero<\/i>, dici\u00e9ndolo con verdad y con alma?\u00bb. Esta idea produjo en la mente de Rub\u00edn sacudidas que le duraron mediano rato. Le corri\u00f3 un fr\u00edo por el espinazo y v\u00ednole cierto picor a la nariz como cuando se ha bebido gaseosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cansado de hacer solitarios, Olmedo se puso a contar cuentos indecentes, lo que a Maximiliano le pareci\u00f3 muy mal. Otras noches hab\u00eda o\u00eddo an\u00e9cdotas parecidas y se hab\u00eda re\u00eddo; pero aquella noche se pon\u00eda de todos colores deseando que a su condenado amigo se le secara la boca. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 desverg\u00fcenza contar aquellas marranadas delante de personas&#8230; de personas decentes, s\u00ed se\u00f1or!\u00bb. Estaba Rub\u00edn tan desconcertado como si las dos mujeres all\u00ed presentes fuesen remilgadas damas o alumnas de un colegio monjil; pero su timidez le imped\u00eda mandar callar a Olmedo. Fortunata no se re\u00eda tampoco de aquellos est\u00fapidos chistes; pero m\u00e1s bien parec\u00eda indiferente que indignada de o\u00edrlos. Estaba distra\u00edda pensando en sus cosas. \u00bfQu\u00e9 cosas ser\u00edan aquellas? Diera Maximiliano por saberlas&#8230; su hucha con todo lo que conten\u00eda. Al acordarse de su tesoro tuvo otra sacudida, y se removi\u00f3 en el asiento lastim\u00e1ndose mucho con el duro contacto de aquellos mal llamados muelles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPero el cuento m\u00e1s salado \u00a1narices!\u2014dijo Olmedo\u2014, es el del panadero. \u00bfLo sabes t\u00fa? Cuando aquel obispo fue a la visita pastoral y se acost\u00f3 en la cama del cura&#8230; Ver\u00e9is&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata se levant\u00f3 para marcharse. Ocurriole a Maximiliano salir detr\u00e1s de ella para ver d\u00f3nde iba. Era la manera especial suya de hacer la corte. En su esp\u00edritu so\u00f1ador exist\u00eda la vaga creencia de que aquellos seguimientos entra\u00f1aban una comunicaci\u00f3n misteriosa, quiz\u00e1s magn\u00e9tica. Seguir, mirando de lejos, era un lenguaje o telegraf\u00eda <i>sui generis<\/i>, y la persona seguida, aunque no volviese la vista atr\u00e1s, deb\u00eda de conocer en s\u00ed los efectos del fluido de atracci\u00f3n. Sali\u00f3 Fortunata despidi\u00e9ndose muy fr\u00edamente, y a los dos minutos se despidi\u00f3 tambi\u00e9n Maximiliano con \u00e1nimo de alcanzarla todav\u00eda en el portal. Pero aquel condenado <i>Ulmus sylvestris<\/i> le entretuvo a la fuerza, cogi\u00e9ndole una mano y apret\u00e1ndosela con b\u00e1rbaros alardes de vigor muscular, para re\u00edrse con los chillidos de dolor que daba el pobre <i>Rubinius vulgaris<\/i>. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 asno eres!\u2014exclamaba este, retirando al fin su mano magullada, con los dedos pegados unos a otros\u2014. \u00a1Vaya unas gracias!..<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto y contar porquer\u00edas es tu fuerte. Mejor te pusieras a estudiar\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014<i>Ni\u00f1o del m\u00e9rito, papos-castos<\/i>, \u00bfquieres hacer el favor de tocarme las narices?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No te hagas ordinario\u2014dijo Rub\u00edn con bondad\u2014. Si no lo eres, si aunque quieras parecerlo no lo puedes conseguir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto lastim\u00f3 el amor propio de Olmedo m\u00e1s que si su amigo le hubiera llenado de insultos, porque todo lo llevaba con paciencia menos que se le rebajase un pelo de la graduaci\u00f3n de perdis que se hab\u00eda dado. Le supo tan mal la indulgencia de Rub\u00edn, que sali\u00f3 tras \u00e9l hasta la puerta, dici\u00e9ndole entre otras tonter\u00edas: \u00ab\u00a1Valiente hip\u00f3crita est\u00e1s t\u00fa&#8230; narices! Estos silfidones, a lo mejor la pegan\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">IV<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maximiliano baj\u00f3 la escalera como la baja uno cuando tiene ocho a\u00f1os y se le ha ca\u00eddo el juguete de la ventana al patio. Lleg\u00f3 sin aliento al portal, y all\u00ed dud\u00f3 si deb\u00eda tomar a la derecha o a la izquierda de la calle. El coraz\u00f3n le dijo que fuera hacia la calle de San Marcos. Apret\u00f3 el paso pensando que Fortunata no deb\u00eda de andar muy a prisa y que la alcanzar\u00eda pronto. \u00ab\u00bfSer\u00e1 aquella?\u00bb. Crey\u00f3 ver la toquilla azul; pero al acercarse not\u00f3 que no era la nube de su cielo. Cuando ve\u00eda una mujer <i>que <\/i> <i> pudiera ser ella<\/i>, acortaba el paso por no aproximarse demasiado, pues acerc\u00e1ndose mucho no eran tan misteriosos los encantos del seguimiento. Anduvo calles y m\u00e1s calles, retrocedi\u00f3, dio vueltas a esta y la otra manzana, y la <i>dama nocturna<\/i> no parec\u00eda. Mayor desconsuelo no sinti\u00f3 en su vida. Si la encontrara era capaz hasta de hablarle y decirle alg\u00fan amoroso atrevimiento. Se agit\u00f3 tanto en aquel paseo vagabundo, que a las once ya no se pod\u00eda tener en pie, y se arrimaba a las paredes para descansar un rato. Irse a su casa sin encontrarla y darse un buen trote con ella&#8230; a distancia de treinta pasos, d\u00e1bale mucha tristeza. Pero al fin se hizo tan tarde y estaba tan fatigado, que no tuvo m\u00e1s remedio que coger el tranv\u00eda de Chamber\u00ed y retirarse. Lleg\u00f3 y se acost\u00f3, deseando apagar la luz para pensar sobre la almohada. Su esp\u00edritu estaba abatid\u00edsimo. Asalt\u00e1ronle pensamientos tristes, y sinti\u00f3 ganas de llorar. Apenas durmi\u00f3 aquella noche, y por la ma\u00f1ana hizo prop\u00f3sito de ir al <i>hotel<\/i> de Feliciana en cuanto saliera de clase.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">H\u00edzolo como lo pens\u00f3, y aquel d\u00eda pudo vencer un poco su timidez. Feliciana le ayudaba, estimul\u00e1ndole con ma\u00f1a, y as\u00ed logr\u00f3 Rub\u00edn decir a la otra algunas cosas que por disimulo de sus sentimientos quiso que fueran maliciosas. \u00abTardecillo vino usted anoche. A las once no hab\u00eda vuelto usted todav\u00eda\u00bb. Y por este estilo otras frases vulgares que Fortunata o\u00eda con indiferencia y que contestaba de un modo desde\u00f1oso. Maximiliano reservaba las purezas de su alma para ocasi\u00f3n m\u00e1s oportuna, y con feliz instinto hab\u00eda determinado iniciarse como uno de tantos, como un cualquiera que no quer\u00eda m\u00e1s que divertirse un rato. Dejoles solos la tunanta de Feliciana, y Rub\u00edn se acobard\u00f3 al principio; pero de repente se reh\u00edzo. No era ya el mismo hombre. La fe que llenaba su alma, aquella pasi\u00f3n nacida en la inocencia y que se desarroll\u00f3 en una noche como \u00e1rbol milagroso que surge de la tierra cargado de fruto, le remov\u00eda y le transfiguraba. Hasta la maldita timidez quedaba reducida a un fen\u00f3meno puramente externo. Mir\u00f3 sin pesta\u00f1ear a Fortunata, y cogi\u00e9ndole una mano, le dijo con voz temblorosa: \u00abSi usted me quiere querer, yo&#8230; la querr\u00e9 m\u00e1s que a mi vida\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata le mir\u00f3 tambi\u00e9n a \u00e9l, sorprendida. Le parec\u00eda imposible que el <i>bicho raro<\/i> se expresase as\u00ed&#8230; Vio en sus ojos una lealtad y una honradez que la dejaron pasmada. Despu\u00e9s reflexion\u00f3 un instante, tratando de apoyarse en un juicio pesimista. Se hab\u00edan burlado tanto de ella, que lo que estaba viendo no pod\u00eda ser sino una nueva burla. Aquel era, sin duda, m\u00e1s pillo y m\u00e1s embustero que los dem\u00e1s. Consecuencia de tales ideas fue la sonora carcajada que solt\u00f3 la mujer aquella ante la faz compungida de un hombre que era todo esp\u00edritu. Pero \u00e9l no se desconcert\u00f3, y la circunstancia de verse escuchado con atenci\u00f3n, d\u00e1bale un valor desconocido. \u00a1\u00c1nimo! \u00abSi usted me quiere, yo la adorar\u00e9, yo la idolatrar\u00e9 a usted&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Revelaba la tal mujer un gran escepticismo, y lo que hac\u00eda la muy p\u00edcara era tomar a risa la pasi\u00f3n del joven.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfY si lo probara?\u2014dijo Maximiliano con seriedad que le dio, \u00a1parece mentira!, un tornasol de hermosura\u2014; \u00bfsi le probara a usted de un modo que no dejase lugar a dudas&#8230;?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfQu\u00e9?\u2014\u00a1Que la idolatrar\u00e9!&#8230; no, que ya la estoy idolatrando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1<i>Tie<\/i> gracia!&#8230; \u00a1idolatrando!, \u00a1ja, ja!\u2014repiti\u00f3 la otra, y devolv\u00eda la palabra como se devuelve una pelota en el juego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maximiliano no insisti\u00f3 en emplear vocablos muy expresivos. Comprendi\u00f3 que lo rid\u00edculo se le ven\u00eda encima. No dijo m\u00e1s que: \u00abBueno, seremos amigos&#8230; Me contento con eso por hoy. Yo soy un infeliz, quiero decir, soy bueno. Hasta ahora no he querido a ninguna mujer\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fortunata le miraba y, francamente, no pod\u00eda acostumbrarse a aquella nariz chafada, a aquella boca tan sin gracia, al endeble cuerpo que parec\u00eda se iba a deshacer de un soplo. \u00a1Que siempre se enamoraran de ella tipos as\u00ed! Obligada a disimular y a hacer ciertos papeles, aunque en verdad no los hac\u00eda muy bien, sigui\u00f3 la conversaci\u00f3n en aquel terreno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEsta noche quiero hablar con usted\u2014dijo Rub\u00edn categ\u00f3ricarnente\u2014. Vendr\u00e9 a las ocho y media. \u00bfMe da usted palabra de no salir&#8230; o de esperarme para salir conmigo?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diole ella la palabra que con tanta necesidad le ped\u00eda el joven, y as\u00ed concluy\u00f3 la entrevista. Rub\u00edn se fue corriendo a su casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Qu\u00e9 chico! Si parec\u00eda otro. \u00c9l mismo notaba que algo se hab\u00eda abierto dentro de s\u00ed, como arca sellada que se rompe, soltando un mundo de cosas, antes comprimidas y ahogadas. Era la crisis, que en otros es larga o poco acentuada, y all\u00ed fue violenta y explosiva. \u00a1Si hasta le parec\u00eda que ten\u00eda talento&#8230;! Como que aquella tarde se le ocurrieron pensamientos magn\u00edficos y juicios de una originalidad sorprendente. Hab\u00eda formado de s\u00ed mismo un concepto poco favorable como hombre de inteligencia; pero ya, por efecto del s\u00fabito amor, cre\u00edase capaz de dar quince y raya a m\u00e1s de cuatro. La modestia cedi\u00f3 el puesto a un cierto orgullo que tomaba posesi\u00f3n de su alma&#8230; \u00abPero \u00bfy si no me quiere?\u2014pensaba desanim\u00e1ndose y cayendo a tierra con las alas rotas\u2014. Es que me tendr\u00e1 que querer&#8230; No es el primer caso&#8230; Cuando me conozca&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo la apat\u00eda y la pereza quedaban vencidas&#8230; And\u00e1banle por dentro comezones y pruritos nuevos, un deseo de hacer algo, y de probar su voluntad en actos grandes y dif\u00edciles&#8230; Iba por la calle sin ver a nadie, tropezando con los transe\u00fantes, y a poco se estrella contra un \u00e1rbol del paseo de Luchana. Al entrar en la calle de Raimundo Lulio vio a su t\u00eda en el balc\u00f3n tomando el sol. Verla y sentir un miedo muy grande, pero muy grande, fue todo uno. \u00ab\u00a1Si mi t\u00eda lo sabe&#8230;!\u00bb. Pero del miedo sali\u00f3 al instante la reacci\u00f3n de valor, y apret\u00f3 los pu\u00f1os debajo de la capa, los apret\u00f3 tanto que le dolieron los dedos. \u00abSi mi t\u00eda se opone, que se oponga y que se vaya a los demonios\u00bb. Nunca, ni aun con el pensamiento, hab\u00eda hablado Maximiliano de do\u00f1a Lupe con tan poco respeto. Pero los antiguos moldes estaban rotos. Todo el mundo y toda la existencia anteriores a aquel estado nov\u00edsimo se hund\u00edan o se disipaban como las tinieblas al salir el sol. Ya no hab\u00eda t\u00eda, ni hermanos, ni familia, ni nada, y quien quiera que se le atravesase en su camino era declarado enemigo. Maximiliano tuvo tal acceso de coraje, que hasta se ofreci\u00f3 a su mente con caracteres odiosos la imagen de do\u00f1a Lupe, de su segunda madre. Al subir las escaleras de la casa se seren\u00f3, pensando que su t\u00eda no sab\u00eda nada, y si lo sab\u00eda, que lo supiera, \u00a1ea!&#8230; \u00ab\u00a1Qu\u00e9 car\u00e1cter estoy echando!\u00bb se dijo al meterse en su cuarto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerr\u00f3 cuidadosamente la puerta y cogi\u00f3 la hucha. Su primer impulso fue estrellarla contra el suelo y romperla para sacar el dinero; y ya la ten\u00eda en la mano para consumar tan antiecon\u00f3mico prop\u00f3sito, cuando le asaltaron temores de que su t\u00eda oyera el ruido y entrase y le armara un cisco. Acordose de lo orgullosa que estaba do\u00f1a Lupe de la hucha de su sobrino. Cuando iban visitas a la casa la ense\u00f1aba como una cosa rara, son\u00e1ndola y dando a probar el peso, para que todos se pasmaran de lo arregladito y previsor que era el ni\u00f1o. \u00abEsto se llama formalidad. Hay pocos chicos que sean as\u00ed&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maximiliano discurri\u00f3 que para realizar su deseo, necesitaba comprar otra hucha de barro exactamente igual a aquella y llenarla de cuartos para que sonara y pesara&#8230; Se estuvo riendo a solas un rato, pensando en el chasco que le iba a dar a su t\u00eda&#8230; \u00a1\u00e9l, que no hab\u00eda cometido nunca una travesura&#8230;!, lo \u00fanico que hab\u00eda hecho, a\u00f1os atr\u00e1s, era robarle a su t\u00eda botones para coleccionarlos. \u00a1Instintos de coleccionista, que son variantes de la avaricia! Alguna vez lleg\u00f3 hasta cortarle los botones de los vestidos; pero con un solfeo que le dieron no le quedaron ganas de repetirlo. Fuera de esto, nada; siempre hab\u00eda sido la misma mansedumbre, y tan econ\u00f3mico que su t\u00eda le amaba m\u00e1s quiz\u00e1 por la virtud del ahorro que por las otras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPues se\u00f1or; manos a la obra. En la cacharrer\u00eda del paseo de Santa Engracia hay huchas exactamente iguales. Comprar\u00e9 una; mirar\u00e9 bien esta para tomarle bien las medidas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estaba Maximiliano con la hucha en la mano mir\u00e1ndola por arriba y por abajo, como si la fuera a retratar, cuando se abri\u00f3 la puerta y entr\u00f3 una chiquilla como de doce a\u00f1os, delgada y espigadita, los brazos arremangados, muy atusada de flequillo y sortijillas, con un delantal que le llegaba a los pies. Lo mismo fue verla Maximiliano, que se turb\u00f3 cual si le hubieran sorprendido en un acto vergonzoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 buscas t\u00fa aqu\u00ed, chiquilla sin verg\u00fcenza?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por toda contestaci\u00f3n, la rapaza le ense\u00f1\u00f3 medio palmo de lengua, plegando los ojos y haciendo unas muecas de careta fea de lo m\u00e1s estrafalario y grotesco que se puede imaginar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed, bonita te pones&#8230; L\u00e1rgate de aqu\u00ed, o ver\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era la criada de la casa. Do\u00f1a Lupe odiaba a las mujeronas, y siempre tomaba a su servicio ni\u00f1as para educarlas y amoldarlas a su gusto y costumbres. Llam\u00e1banla Papitos no s\u00e9 por qu\u00e9. Era m\u00e1s viva que la p\u00f3lvora, activa y trabajadora cuando quer\u00eda, holgazana y ma\u00f1osa algunos d\u00edas. Ten\u00eda el cuerpo esbelto, las manos \u00e1speras del trabajo y el agua fr\u00eda, la cara diablesca, con unos ojos reventones de que sacaba mucho partido para hacer re\u00edr a la gente, la boca hocicuda y graciosa, con un juego de labios y unos dientes blanqu\u00edsimos que eran como de encargo para producir las muecas m\u00e1s extravagantes. Los dos dientes centrales superiores eran enormes, y se le ve\u00edan siempre, porque ni cuando estaba de morros cerraba completamente la boca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">O\u00edda la conminaci\u00f3n que le hizo Maximiliano, Papitos se desvergonz\u00f3 m\u00e1s. Ella las gastaba as\u00ed. Cuanto m\u00e1s la amenazaban m\u00e1s pesadita se pon\u00eda. Volvi\u00f3 a echar fuera una cantidad incre\u00edble de lengua, y luego se puso a decir en voz baja: \u00abFeo, feo&#8230;\u00bb hasta treinta o cuarenta veces. Esta apreciaci\u00f3n, que no era contraria a la verdad ni mucho menos, nunca hab\u00eda inspirado a Rub\u00edn m\u00e1s que desprecio; pero en aquella ocasi\u00f3n le indign\u00f3 tanto, vamos&#8230; que de buena gana le hubiera cortado a Papitos toda aquella lenguaza que sacaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Si no te largas, de la patada que te doy&#8230;!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue tras ella; pero Papitos se puso a salvo. Parec\u00eda que volaba. Desde el fondo del pasillo, en la puerta de la cocina, repet\u00eda sus burlas, haciendo con las manos gestos de mico. Volvi\u00f3 \u00e9l a su cuarto muy incomodado y a poco entr\u00f3 ella otra vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 buscas aqu\u00ed?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Vengo <i>a por<\/i> la l\u00e1mpara para aviarla&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El motivo de haber dicho esto la chiquilla con relativo juicio y serenidad, fue que se oyeron los pasos de do\u00f1a Lupe, y su voz temerosa: \u00abMira, Papitos, que voy all\u00e1&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014T\u00eda, venga usted&#8230; Est\u00e1 de jarana&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Acus\u00f3n!\u2014le dijo por lo bajo la chicuela al coger la l\u00e1mpara\u2014, fe\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014La culpa la tienes t\u00fa\u2014a\u00f1adi\u00f3 severamente do\u00f1a Lupe, en la puerta\u2014, porque te pones a jugar con ella, le r\u00edes las gracias, y ya ves. Cuando quieres que te respete, no puede ser. Es muy mal criada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La t\u00eda y el sobrino hablaron un instante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfTambi\u00e9n vendr\u00e1s tarde esta noche? Mira que las noches est\u00e1n muy fr\u00edas. Estas heladas son crueles. T\u00fa no est\u00e1s para valent\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No, si no siento nada. Nunca he estado mejor\u2014dijo Rub\u00edn, sintiendo que la timidez le ganaba otra vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No hagamos simplezas&#8230; Hace un fr\u00edo horrible. \u00a1Qu\u00e9 a\u00f1o tan malo! \u00bfCreer\u00e1s que anoche no pude entrar en calor hasta la madrugada? Y eso que me ech\u00e9 encima cuatro mantas. \u00a1Qu\u00e9 atrocidad! Como que estamos entre las <i>C\u00e1tedras de Roma y Antioqu\u00eda<\/i>, que es, seg\u00fan dec\u00eda mi J\u00e1uregui, el peor tiempo de Madrid.<\/p>\n<p>REDACCI\u00d3N.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211;III&#8211; De esta manera aquel mis\u00e1ntropo lleg\u00f3 a vivir m\u00e1s con la visi\u00f3n interna que con la externa. El que antes era como una ostra hab\u00eda venido a ser algo como un poeta. Viv\u00eda dos existencias, la del pan y la de las quimeras. 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