{"id":22389,"date":"2025-08-16T00:00:57","date_gmt":"2025-08-15T23:00:57","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22389"},"modified":"2025-08-16T07:00:08","modified_gmt":"2025-08-16T06:00:08","slug":"fortunata-y-jacinta-parte-segunda-capitulo-i-partes-1-y-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=22389","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Parte Segunda &#8211; Cap\u00edtulo I &#8211; Partes 1 y 2"},"content":{"rendered":"<h2>Maximiliano Rub\u00edn<\/h2>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">I<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La venerable tienda de tirador de oro que desde inmemorial tiempo estuvo en los soportales de Plater\u00edas, entre las calles de la Caza y San Felipe Neri, desapareci\u00f3, si no estoy equivocado, en los primeros d\u00edas de la revoluci\u00f3n del 68. En una misma fecha cayeron, pues, dos cosas seculares, el trono aquel y la tienda aquella, que si no era tan antigua como la Monarqu\u00eda espa\u00f1ola, \u00e9ralo m\u00e1s que los Borbones, pues su fundaci\u00f3n databa de 1640, como lo dec\u00eda un letrero muy mal pintado en la anaqueler\u00eda. Dicho establecimiento s\u00f3lo ten\u00eda una puerta, y encima de ella este breve r\u00f3tulo: <i>Rub\u00edn<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Federico Ruiz, que tuvo a\u00f1os ha la man\u00eda de escribir art\u00edculos sobre los <i>Oscuros pero indudables vestigios de la raza israelita en la moderna Espa\u00f1a<\/i> (con los cuales art\u00edculos le hicieron un folletito los editores de la Revista que los public\u00f3 gratis), sosten\u00eda que el apellido de Rub\u00edn era jud\u00edo y fue usado por algunos conversos que permanecieron aqu\u00ed despu\u00e9s de la expulsi\u00f3n. \u00abEn la calle de Milaneses, en la de Mes\u00f3n de Pa\u00f1os y en Plater\u00edas se albergaban diferentes familias de <i>ex-deicidas<\/i>, cuyos \u00faltimos v\u00e1stagos han llegado hasta nosotros, ya sin car\u00e1cter <i>fison\u00f3mico ni etnogr\u00e1fico<\/i>\u00bb. As\u00ed lo dec\u00eda el fecundo publicista, y dedicaba medio art\u00edculo a demostrar que el verdadero apellido de los Rub\u00edn era <i>Rub\u00e9n<\/i>. Como nadie le contradec\u00eda, d\u00e1base \u00e9l a probar cuanto le daba la gana, con esa buena fe y ese honrado entusiasmo que ponen algunos sabios del d\u00eda en ciertos trabajos de erudici\u00f3n que el p\u00fablico no lee y que los editores no pagan. Bastante hacen con publicarlos. No quisiera equivocarme; pero me parece que todo aquel juda\u00edsmo de mi amigo era pura fluxi\u00f3n de su acatarrado cerebro, el cual eliminaba aquellas enfadosas materias como otras muchas, seg\u00fan el tiempo y las circunstancias. Y me consta que D. Nicol\u00e1s Rub\u00edn, \u00faltimo poseedor de la mencionada tienda, era cristiano viejo, y ni siquiera se le pasaba por la cabeza que sus antecesores hubieran sido fariseos con rabo o sayones narigudos de los que salen en los pasos de Semana Santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte de este D. Nicol\u00e1s Rub\u00edn y el acabamiento de la tienda fueron simult\u00e1neos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tiempo hac\u00eda que las deudas socavaban la casa, y se sosten\u00eda apuntalada por las consideraciones personales que los acreedores ten\u00edan a su due\u00f1o. El motivo de la ruina, seg\u00fan opini\u00f3n de todos los amigos de la familia, fue la mala conducta de la esposa de Nicol\u00e1s Rub\u00edn, mujer desarreglada y escandalosa, que viv\u00eda con un lujo impropio de su clase, y dio mucho que hablar por sus devaneos y trapisondas. Diversas e inexplicables alternativas hubo en aquel matrimonio, que tan pronto estaba unido como disuelto de hecho, y el marido pasaba de las violencias m\u00e1s b\u00e1rbaras a las tolerancias m\u00e1s vergonzosas. Cinco veces la ech\u00f3 de su casa y otras tantas volvi\u00f3 a admitirla, despu\u00e9s de pagarle todas sus trampas. Cuentan que Maximiliana Llorente era una mujer bella y deseosa de agradar, de esas que no caben en la estrechez vulgar de una tienda. Se la llev\u00f3 Dios en 1867, y al a\u00f1o siguiente pas\u00f3 a mejor vida el pobre Nicol\u00e1s Rub\u00edn, de una rotura de varisis, no dejando a sus hijos m\u00e1s herencia que la detestable reputaci\u00f3n dom\u00e9stica y comercial, y un pasivo enorme que dif\u00edcilmente pudo ser pagado con las existencias de la tienda. Los acreedores arramblaron por todo, hasta por la anaqueler\u00eda, que s\u00f3lo sirvi\u00f3 para le\u00f1a. Era contempor\u00e1nea del Conde-Duque de Olivares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hijos de aquel infortunado comerciante eran tres. Fijarse bien en sus nombres y en la edad que ten\u00edan cuando acaeci\u00f3 la muerte del padre.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li><i>Juan Pablo<\/i>, de veintiocho a\u00f1os.<\/li>\n<li><i>Nicol\u00e1s<\/i>, de veinticinco.<\/li>\n<li><i>Maximiliano<\/i>, de diecinueve.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ninguno de los tres se parec\u00eda a los otros dos ni en el semblante ni en la complexi\u00f3n, y s\u00f3lo con muy buena voluntad se les encontraba el aire de familia. De esta heterogeneidad de las tres caras vino sin duda la maliciosa versi\u00f3n de que los tales eran hijos de diferentes padres. Pod\u00eda ser calumnia, pod\u00eda no serlo; pero debe decirse para que el lector vaya formando juicio. Algo ten\u00edan de com\u00fan, ahora que recuerdo, y era que todos padec\u00edan de fuertes y molest\u00edsimas jaquecas. Juan Pablo era guapo, simp\u00e1tico y muy bien plantado, de buena estatura, ameno y f\u00e1cil en el decir, de inteligencia flexible y despierta. Nicol\u00e1s era desgarbado, vulgarote, la cara encendida y agujereada como un cedazo a causa de la viruela, y tan peludo, que le sal\u00edan mechones por la nariz y por las orejas. Maximiliano era raqu\u00edtico, de naturaleza pobre y linf\u00e1tica, absolutamente privado de gracias personales. Como que hab\u00eda nacido de siete meses y luego se le criaron con biber\u00f3n y con una cabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando muri\u00f3 el padre de estos tres mozos, Nicol\u00e1s, o sea el peludo (para que se les vaya distinguiendo), se fue a vivir a Toledo con su t\u00edo D. Mateo Zacar\u00edas Llorente, capell\u00e1n de <i>Doncellas Nobles<\/i>, el cual le meti\u00f3 en el Seminario y le hizo sacerdote; Juan Pablo y Maximiliano se fueron a vivir con su t\u00eda paterna do\u00f1a Guadalupe Rub\u00edn, viuda de J\u00e1uregui, conocida vulgarmente por <i>Do\u00f1a Lupe la de los pavos<\/i>, la cual vivi\u00f3 primero en el barrio de Salamanca y despu\u00e9s en Chamber\u00ed, se\u00f1ora de tales circunstancias, que bien merece toda la atenci\u00f3n que le voy a consagrar m\u00e1s adelante. En un pueblo de la Alcarria ten\u00edan los hermanos Rub\u00edn una t\u00eda materna, viuda, sin hijos y rica; mas como estaba vendiendo vidas, la herencia de esta se\u00f1ora no era m\u00e1s que una esperanza remota.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hab\u00eda m\u00e1s remedio que trabajar, y Juan Pablo empez\u00f3 a buscarse la vida. Odiaba de tal modo las tiendas de tiradores de oro, que cuando pasaba por alguna, parec\u00eda que le entraba la jaqueca. Metiose en un negocio de pescado, uni\u00e9ndose a cierto individuo que lo recib\u00eda en comisi\u00f3n para venderlo al por mayor por seretas de fresco y barriles de escabeche en la misma estaci\u00f3n o en la plaza de la Cebada; pero en los primeros meses surgieron tales desavenencias con el socio, que Juan Pablo abandon\u00f3 la pesca y se dedic\u00f3 a viajante de comercio. Durante un par de a\u00f1os estuvo rodando por los ferrocarriles con sus cajas de muestras. De Barcelona hasta Huelva, y desde Pontevedra a Almer\u00eda no le qued\u00f3 rinc\u00f3n que no visitase, deteni\u00e9ndose en Madrid todo el tiempo que pod\u00eda. Trabaj\u00f3 en sombreros de fieltro, en calzado de Soldevilla, y derram\u00f3 por toda la Pen\u00ednsula, como se esparce sobre el papel la arenilla de una salvadera, diferentes art\u00edculos de comercio. En otra temporada corri\u00f3 chocolates, pa\u00f1uelos y chales <i>galer\u00eda<\/i>, conservas, devocionarios y hasta palillos de dientes. Por su diligencia, su honradez y por la puntualidad con que remit\u00eda los fondos recaudados, sus comitentes le apreciaban mucho. Pero no se sabe c\u00f3mo se las compon\u00eda, que siempre estaba <i>m\u00e1s pobre que las ratas<\/i>, y se lamentaba con amanerado pesimismo de su p\u00edcara suerte. Todas sus ganancias se le iban <i>por entre los dedos<\/i>, frecuentando mucho los caf\u00e9s en sus ratos de descanso, convidando sin tasa a los amigos y d\u00e1ndose la mejor vida posible en las poblaciones que visitaba. A los funestos resultados de este sistema llamaba \u00e9l <i>haber nacido con mala sombra<\/i>. La misma heterogeneidad y muchedumbre de art\u00edculos que corr\u00eda merm\u00f3 pronto los resultados de sus viajes y algunas casas empezaron a retirarle su confianza, y el aburrido viajante, siempre de mal temple y echando maldiciones y ternos contra los mercachifles, aspiraba a un cambio de vida y a ocupaci\u00f3n m\u00e1s lucrativa y noble.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00eda memorable fue para Juan Pablo aquel en que tropez\u00f3 con un cierto amigote de la infancia, camarada suyo en San Isidro. El amigo era diputado de los que llamaban <i>cimbros<\/i>, y Juan Pablo, que era hombre de mucha labia, le encareci\u00f3 tanto su aburrimiento de la vida comercial y lo bien dispuesto que estaba para la administrativa, que el otro se lo crey\u00f3, y h\u00e1gote empleado. Rub\u00edn fue al mes siguiente inspector de polic\u00eda en no s\u00e9 qu\u00e9 provincia. Pero su infame estrella se la hab\u00eda jurado: a los tres meses cambi\u00f3 la situaci\u00f3n pol\u00edtica, y mi Rub\u00edn cesante. Hab\u00eda tomado el gusto a la carne de n\u00f3mina, y ya no pod\u00eda ser m\u00e1s que empleado o pretendiente. No s\u00e9 qu\u00e9 hay en ello, pero es lo cierto que hasta la cesant\u00eda parece que es un goce amargo para ciertas naturalezas, porque las emociones del pretender las vigorizan y entonan, y por eso hay muchos que el d\u00eda que les colocan se mueren. La irritabilidad les ha dado vida y la sedaci\u00f3n brusca les mata. Juan Pablo sent\u00eda incre\u00edbles deleites en ir al caf\u00e9, hablar mal del Gobierno, anticipar nombramientos, darse una vuelta por los ministerios, acechar al protector en las esquinas de Gobernaci\u00f3n o a la salida del Congreso, dar el salto del tigre y caerle encima cuando le ve\u00eda venir. Por fin sali\u00f3 la credencial. Pero, \u00a1qu\u00e9 demonio!, siempre la condenada suerte persigui\u00e9ndole, porque todos los empleos que le daban eran de lo m\u00e1s antip\u00e1tico que imaginarse puede. Cuando no era algo de la polic\u00eda secreta, era cosa de c\u00e1rceles o presidios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entretanto cuidaba de su hermano peque\u00f1o, por quien sent\u00eda un cari\u00f1o que se confund\u00eda con la l\u00e1stima, a causa de las continuas enfermedades que el pobre chico padec\u00eda. Pasados los veinte a\u00f1os, se vigoriz\u00f3 un poco, aunque siempre ten\u00eda sus arrechuchos; y vi\u00e9ndole m\u00e1s entonado, Juan Pablo determin\u00f3 darle una carrera para que no se malograse como \u00e9l se malogr\u00f3, por falta de una direcci\u00f3n fija desde la edad en que se plantea el porvenir de los hombres. Achacaba el mayor de los Rub\u00edn su desgracia a la disparidad entre sus aptitudes innatas y los medios de exteriorizarse. \u00ab\u00a1Oh, si mi padre me hubiera dado una carrera!\u2014-pensaba\u2014-, yo ser\u00eda hoy algo en el mundo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tard\u00f3 en recibir un nuevo golpe, pues cuando so\u00f1aba con un ascenso le limpiaron otra vez el comedero. Y he aqu\u00ed a mi hombre pase\u00e1ndose por Madrid con las manos en los bolsillos, o viendo correr tontamente las horas en este y el otro caf\u00e9, hablando de la situaci\u00f3n \u00a1siempre de la situaci\u00f3n, de la guerra y de lo infames, indecentes y mamarrachos que son los pol\u00edticos espa\u00f1oles! \u00a1Duro en ellos! As\u00ed se desahogan los esp\u00edritus alborotados y tempestuosos. Y por aquella vez no hab\u00eda esperanzas para Juan Pablo, porque los <i>suyos<\/i>, los que \u00e9l llamaba con tanto \u00e9nfasis los <i>m\u00edos<\/i>, estaban por los suelos, y hab\u00eda lo que llaman <i>racha<\/i> en las regiones burocr\u00e1ticas. A veces exploraba el m\u00edsero cesante su conciencia, y se asombraba de no encontrar en ella nada en qu\u00e9 fundar terminantemente su filiaci\u00f3n pol\u00edtica. Porque ideas fijas&#8230; Dios las diera; hab\u00eda le\u00eddo muy poco y nutr\u00eda su entendimiento de lo que en los caf\u00e9s escuchaba y de lo que los peri\u00f3dicos le dec\u00edan. No sab\u00eda fijamente si era liberal o no, y con el mayor desparpajo del mundo llamaba <i>doctrinario<\/i> a cualquiera sin saber lo que la palabra significaba. Tan pronto sent\u00eda en su esp\u00edritu, sin saber por qu\u00e9 ni por qu\u00e9 no, fren\u00e9tico entusiasmo por los derechos del hombre; tan pronto se le inundaba el alma de gozo oyendo decir que el Gobierno iba a dar mucho estacazo y a pasarse los tales derechos por las narices.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tal situaci\u00f3n, presentose inopinadamente en Madrid Nicol\u00e1s Rub\u00edn, el curita peludo, que tambi\u00e9n ten\u00eda sus pretensiones de ingresar no s\u00e9 si en el clero castrense o en el catedral, y ambos hermanos celebraron unos coloquios muy reservados, paseando solos por las afueras. De resultas de esto, Juan Pablo apareci\u00f3 un d\u00eda en el caf\u00e9 con cierta animaci\u00f3n, mucho desenfado en sus juicios pol\u00edticos, d\u00e1ndolas de profeta y expresando m\u00e1s altaneramente que nunca su desprecio de la situaci\u00f3n dominante. A los que de esta manera se conducen, se les mira en los caf\u00e9s con un poquillo de respeto y aun con cierta envidia, suponi\u00e9ndoles conocedores de secretos de Estado o de alguna intriga muy gorda. \u00abEl amigo Rub\u00edn\u2014dijo, en ausencia de \u00e9l D. Basilio Andr\u00e9s de la Ca\u00f1a, que era uno de los puntos fijos en la mesa\u2014, me parece a m\u00ed que no juega limpio con nosotros. Si le van a colocar que lo diga de una vez. \u00bfQu\u00e9 tenemos, viene <i>la federal<\/i> o qu\u00e9? <i>\u00a1Misterios! \u00a1Meditemos!<\/i>&#8230; \u00bfO es que le lleva cuentos a don Pr\u00e1xedes? Bueno, se\u00f1ores, que se los lleve. No me importa el espionaje\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto pasaba a fines de 1872. De pronto Rub\u00edn dijo que iba al extranjero a reanudar sus trabajos de viajante de comercio. Desapareci\u00f3 de Madrid, y al cabo de meses se susurr\u00f3 en la tertulia del caf\u00e9 que estaba en la facci\u00f3n, y que D. Carlos le hab\u00eda nombrado algo como contador o intendente en su Cuartel Real. S\u00fapose m\u00e1s tarde que hab\u00eda ido a Inglaterra a comprar fusiles, que hizo un alijo cerca de Guetaria, que vino disfrazado a Madrid y pas\u00f3 a la Mancha y Andaluc\u00eda en el verano del 73, cuando la Pen\u00ednsula, ardiendo por los cuatro costados, era una inmensa pira a la cual cada espa\u00f1ol hab\u00eda llevado su tea y el Gobierno soplaba.<\/p>\n<hr \/>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juan Pablo, que siempre se hab\u00eda equivocado en lo referente a s\u00ed mismo y andaba por caminos torcidos, acert\u00f3 al disponer que su hermano peque\u00f1o siguiese la carrera de Farmacia. Muchas personas que no hacen m\u00e1s que disparates, poseen esta perspicacia del consejo y de la direcci\u00f3n de los dem\u00e1s, y no dando pie con bola en los destinos propios, ven claro en los del pr\u00f3jimo. En tal decisi\u00f3n tuvo adem\u00e1s bastante parte un grande amigo del difunto Nicol\u00e1s Rub\u00edn y de toda la familia (el farmac\u00e9utico Samaniego, due\u00f1o de la acreditada botica de la calle del Ave Mar\u00eda), prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llev\u00e1rsele de mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase al frente del establecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Empez\u00f3 Maximiliano sus estudios el 69, y su hermano y su t\u00eda le ponderaban lo bonita que era la Farmacia y lo mucho que con ella se ganaba, por ser muy caros los medicamentos y muy baratas las primeras materias: agua del pozo, ceniza del fog\u00f3n, tierra de los tiestos, etc\u00e9tera&#8230; El pobre chico, que era muy d\u00f3cil, con todo se mostraba conforme. Lo que es entusiasmo, hablando en plata, no lo ten\u00eda por esta carrera ni por otra alguna; no se hab\u00eda despertado en \u00e9l ning\u00fan af\u00e1n grande ni esa curiosidad sedienta de que sale la sabidur\u00eda. Era tan endeble que la mayor parte del a\u00f1o estaba enfermo, y su entendimiento no ve\u00eda nunca claro en los senos de la ciencia, ni se apoderaba de una idea sino despu\u00e9s de echarle muchas lazadas como si la amarrara. Usaba de su escasa memoria como de un ave de cetrer\u00eda para cazar las ideas; pero el halc\u00f3n se le marchaba a lo mejor, dej\u00e1ndole con la boca abierta y mirando al cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fueron penos\u00edsimos los primeros pasos en la carrera. La pereza y la debilidad le reten\u00edan en el lecho por las ma\u00f1anas m\u00e1s tiempo del regular, y la pobre do\u00f1a Lupe pasaba la pena negra para sacarle de las s\u00e1banas. Levant\u00e1base ella muy temprano, y se pon\u00eda a dar golpes con el almirez junto a la misma cabeza del durmiente, que las m\u00e1s de las veces no se daba por entendido de tal estruendo. Luego le hac\u00eda cosquillas, acostaba al gato con \u00e9l, le retiraba las s\u00e1banas con la debida precauci\u00f3n para que no se enfriase. El sue\u00f1o se cebaba de tal modo en aquel cuerpo, por las exigencias de la reparaci\u00f3n org\u00e1nica, que el despertar del estudiante era obra de romanos y una de las cosas en que m\u00e1s energ\u00eda y constancia desplegaba do\u00f1a Lupe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El muchacho estudiaba y quer\u00eda cumplir con su deber; pero no pod\u00eda ir m\u00e1s all\u00e1 de sus alcances. Do\u00f1a Lupe le ayudaba a estudiar las lecciones, anim\u00e1bale en sus desfallecimientos, y cuando le ve\u00eda apurado y temeroso por la proximidad de los ex\u00e1menes, se pon\u00eda la mantilla y se iba a hablar con los profesores. Tales cosas les dec\u00eda, que el chico pasaba, aunque con malas notas. Como no estuviese enfermo, asist\u00eda puntualmente a clase, y era de los que tra\u00edan mayor traj\u00edn de notas, apuntes y cuadernos. Entraba en el aula cargado con aquel fardo, y no perd\u00eda s\u00edlaba de lo que el profesor dec\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era de cuerpo peque\u00f1o y no bien conformado, tan endeble que parec\u00eda que se lo iba a llevar el viento, la cabeza chata, el pelo lacio y ralo. Cuando estaban juntos \u00e9l y su hermano Nicol\u00e1s, a cualquiera que les viese se le ocurrir\u00eda proponer al segundo que otorgase al primero los pelos que le sobraban. Nicol\u00e1s se hab\u00eda llevado todo el cabello de la familia, y por esta usurpaci\u00f3n pilosa, la cabeza de Maximiliano anunciaba que tendr\u00eda calva antes de los treinta a\u00f1os. Su piel era lustrosa, fina, cutis de ni\u00f1o con transparencias de mujer desmedrada y clor\u00f3tica. Ten\u00eda el hueso de la nariz hundido y chafado, como si fuera de sustancia blanda y hubiese recibido un golpe, resultando de esto no s\u00f3lo fealdad sino obstrucciones de respiraci\u00f3n nasal, que eran sin duda la causa de que tuviera siempre la boca abierta. Su dentadura hab\u00eda salido con tanta desigualdad que cada pieza estaba, como si dij\u00e9ramos, donde le daba la gana. Y menos mal si aquellos condenados huesos no le molestaran nunca; \u00a1pero si ten\u00eda el pobrecito cada dolor de muelas que le hac\u00eda poner el grito m\u00e1s all\u00e1 del Cielo! Padec\u00eda tambi\u00e9n de corizas y las empalmaba, de modo que resultaba un coriza cr\u00f3nico, con la pituitaria echando fuego y destilando sin cesar. Como ya iba aprendiendo el oficio, se administraba el yoduro de potasio en todas las formas posibles, y andaba siempre con un canuto en la boca aspirando brea, demonios o no s\u00e9 qu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edgase lo que se quiera, Rub\u00edn no ten\u00eda ilusi\u00f3n ninguna con la Farmacia. Mas no estaba vac\u00eda de aspiraciones altas el alma de aquel joven, tan desfavorecido por la Naturaleza que f\u00edsica y moralmente parec\u00eda hecho de sobras. A los dos o tres a\u00f1os de carrera, aquel molusco empez\u00f3 a sentir vibraciones de hombre, y aquel ciego de nacimiento empez\u00f3 a entrever las fases grandes y gloriosas del astro de la vida. Viv\u00eda do\u00f1a Lupe en aquella parte del barrio de Salamanca que llamaban <i>Pajaritos<\/i>. Maximiliano ve\u00eda desde la ventana de su tercer piso a los alumnos de Estado Mayor, cuando la Escuela estaba en el 40 antiguo de la calle de Serrano; y no hay idea de la admiraci\u00f3n que le causaban aquellos j\u00f3venes, ni del arrobamiento que le produc\u00eda la franja azul en el pantal\u00f3n, el ros, la levita con las hojas de roble bordadas en el cuello, y la espada&#8230; \u00a1tan chicos algunos y ya con espada! Algunas noches, Maximiliano so\u00f1aba que ten\u00eda su tizona, bigote y uniforme, y hablaba dormido. Despierto deliraba tambi\u00e9n, figur\u00e1ndose haber crecido una cuarta, tener las piernas derechas y el cuerpo no tan ca\u00eddo para adelante, imagin\u00e1ndose que se le arreglaba la nariz, que le brotaba el pelo y que se le pon\u00eda un empaque marcial como el del m\u00e1s pintado. \u00a1Qu\u00e9 suerte tan negra! Si \u00e9l no fuera tan desgarbado de cuerpo y le hubieran puesto a estudiar aquella carrera, \u00a1cu\u00e1nto se habr\u00eda aplicado! Seguramente, a fuerza de sobar los libros, le habr\u00eda salido el talento, como se saca lumbre a la madera frot\u00e1ndola mucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los s\u00e1bados por la tarde, cuando los alumnos iban al ejercicio con su fusil al hombro, Maximiliano se iba tras ellos para verles maniobrar, y la fascinaci\u00f3n de este espect\u00e1culo dur\u00e1bale hasta el lunes. En la clase misma, que por la placidez del local y la monoton\u00eda de la lecci\u00f3n convidaba a la somnolencia, se pon\u00eda a jugar con la fantas\u00eda y a provocar y encender la ilusi\u00f3n. El resultado era un completo \u00e9xtasis, y al trav\u00e9s de la explicaci\u00f3n sobre las propiedades terap\u00e9uticas de las tinturas madres, ve\u00eda a los alumnos militares en su estudio t\u00e1ctico de campo, como se puede ver un paisaje al trav\u00e9s de una vidriera de colores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los chicos de la clase de Bot\u00e1nica se entreten\u00edan en ponerse motes semejantes a las nomenclaturas de Linneo. A un tal Anacleto que se las tiraba de muy fino y muy se\u00f1orito, le llamaban <i>Anacletus obsequiosissimus<\/i>; a Encinas, que era de muy corta estatura, le llamaban <i>Quercus gigantea<\/i>. Olmedo era muy abandonado y le ca\u00eda admirablemente el <i>Ulmus sylvestris<\/i>. Narciso Puerta era feo, sucio y mal oliente. Pusi\u00e9ronle <i>Pseudo-Narcissus odoripherus<\/i>. A otro que era muy pobre y gozaba de un emple\u00edto, le pusieron <i>Christophorus oficinalis<\/i> y por \u00faltimo, a Maximiliano Rub\u00edn, que era fe\u00edsimo, desma\u00f1ado y de muy cortos alcances, se le llam\u00f3 durante toda la carrera <i>Rubinius vulgaris<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al entrar el a\u00f1o de 1874, ten\u00eda Maximiliano veinticinco y no representaba a\u00fan m\u00e1s de veinte. Carec\u00eda de bigote, pero no de granos que le sal\u00edan en diferentes puntos de la cara. A los veintitr\u00e9s a\u00f1os tuvo una fiebre nerviosa que puso en peligro su vida; pero cuando sali\u00f3 de ella parec\u00eda un poco m\u00e1s fuerte; ya no era su respiraci\u00f3n tan fatigosa ni sus corizas tan tenaces, y hasta los condenados raigones de sus muelas parec\u00edan m\u00e1s civilizados. No usaba ya el ioduro tan a pasto ni el canuto de brea, y s\u00f3lo las jaquecas persist\u00edan, como esos amigos machacones cuya visita peri\u00f3dica causa espanto. Juan Pablo estaba entonces en el Cuartel Real, y do\u00f1a Lupe dejaba a Maximiliano en libertad, porque le cre\u00eda inaccesible a los vicios por raz\u00f3n de su pobreza f\u00edsica, de su natural ap\u00e1tico y de la timidez que era el resultado de aquellas desventajas. Y adem\u00e1s de libertad, d\u00e1bale su t\u00eda alg\u00fan dinero para sus placeres de mozo, segura de que no hab\u00eda de gastarlo sino con mucho pulso. Inclin\u00e1base el chico a economizar, y ten\u00eda una hucha de barro en la cual iba metiendo las monedas de plata y alg\u00fan cent\u00e9n de oro que le daban sus hermanos cuando ven\u00edan a Madrid. En la ropa era muy mirado, y gustaba de hacerse trajes baratos y de moda, que cuidaba como a las ni\u00f1as de sus ojos. De esto le sobrevino alguna presunci\u00f3n, y gracias a ella su figura no parec\u00eda tan mala como era realmente. Ten\u00eda su buena capa de embozos colorados; por la noche se liaba en ella, met\u00edase en el tranv\u00eda y se iba a dar una vuelta hasta las once, rara vez hasta las doce. Por aquel tiempo se mud\u00f3 do\u00f1a Lupe a Chamber\u00ed, buscando siempre casas baratas, y Maximiliano fue perdiendo poco a poco la ilusi\u00f3n de los alumnos de Estado Mayor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su timidez, lejos de disminuir con los a\u00f1os, parec\u00eda que aumentaba. Cre\u00eda que todos se burlaban de \u00e9l consider\u00e1ndole insignificante y para poco. Exageraba sin duda su inferioridad, y su desaliento le hac\u00eda huir del trato social. Cuando le era forzoso ir a alguna visita, la casa en que deb\u00eda entrar impon\u00edale miedo, aun vista por fuera, y estaba dando vueltas por la calle antes de decidirse a penetrar en ella. Tem\u00eda encontrar a alguien que le mirara con malicia, y pensaba lo que hab\u00eda de decir, aconteciendo las m\u00e1s de las veces que no dec\u00eda nada. Ciertas personas le infund\u00edan un respeto que casi casi era p\u00e1nico, y al verlas venir por la calle se pasaba a la otra acera. Estas personas no le hab\u00edan hecho da\u00f1o alguno; al contrario, eran amigos de su padre, o de do\u00f1a Lupe o de Juan Pablo. Cuando iba al caf\u00e9 con los amigos, estaba muy bien si no hab\u00eda m\u00e1s que dos o tres. En este caso hasta se le soltaba la lengua y se pon\u00eda a hablar sobre cualquier asunto. Pero como se reunieran seis u ocho personas, enmudec\u00eda, incapaz de tener una opini\u00f3n sobre nada. Si se ve\u00eda obligado a expresarse, o porque se quer\u00edan <i>quedar con \u00e9l<\/i> o porque sin malicia le preguntaban algo, ya estaba mi hombre como la grana y tartamudeando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esto le gustaba m\u00e1s, cuando el tiempo no era muy fr\u00edo, vagar por las calles, embozadito en su pa\u00f1osa, viendo escaparates y la gente que iba y ven\u00eda, par\u00e1ndose en los corros en que cantaba un ciego, y mirando por las ventanas de los caf\u00e9s. En estas excursiones pod\u00eda muy bien emplear dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cog\u00eda impulso, el cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presi\u00f3n alt\u00edsima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo aventuras y ser muy otro de lo que era. La calle con su bullicio y la diversidad de cosas que en ella se ven, ofrec\u00eda gran incentivo a aquella imaginaci\u00f3n, que al desarrollarse tarde, sol\u00eda desplegar los br\u00edos de que dan muestras algunos enfermos graves. Al principio no le llamaban la atenci\u00f3n las mujeres que encontraba; pero al poco tiempo empez\u00f3 a distinguir las guapas de las que no lo eran, y se iba en seguimiento de alguna, por puro \u00e9xtasis de aventura, hasta que encontraba otra mejor y la segu\u00eda tambi\u00e9n. Pronto supo distinguir de <i>clases<\/i>, es decir, lleg\u00f3 a tener tan buen ojo, que conoc\u00eda al instante las que eran honradas y las que no. Su amigo <i>Ulmus sylvestris<\/i>, que a veces le acompa\u00f1aba, ind\u00fajole a romper la reserva que su encogimiento le impon\u00eda, y Maximiliano conoci\u00f3 a algunas que hab\u00eda visto m\u00e1s de una vez y que le hab\u00edan parecido muy guapetonas. Pero su alma permanec\u00eda serena en medio de sus tentativas viciosas: las mismas con quienes pas\u00f3 ratos agradables le repugnaban despu\u00e9s, y como las viera venir por la calle, les hu\u00eda el bulto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agrad\u00e1bale m\u00e1s vagar solo que en compa\u00f1\u00eda de Olmedo, porque este le distra\u00eda, y el goce de Maximiliano consist\u00eda en pensar e imaginar libremente y a sus anchas, figur\u00e1ndose realidades y volando sin tropiezo por los espacios de lo posible, aunque fuera improbable. Andar, andar y so\u00f1ar al comp\u00e1s de las piernas, como si su alma repitiera una m\u00fasica cuyo ritmo marcaban los pasos, era lo que a \u00e9l le deleitaba. Y como encontrara mujeres bonitas, solas, en parejas o en grupos, bien con toquilla a la cabeza o con manto, gozaba mucho en afirmarse a s\u00ed mismo que <i>aquellas eran honradas<\/i>, y en seguirlas hasta ver a d\u00f3nde iban. \u00ab\u00a1Una honrada! \u00a1Que me quiera una honrada!\u00bb. Tal era su ilusi\u00f3n&#8230; Pero no hab\u00eda que pensar en tal cosa. S\u00f3lo de pensar que le dirig\u00eda la palabra a una honrada, le temblaban las carnes. \u00a1Si cuando iba a su casa y estaban en ella Rufinita Torquemada o la se\u00f1ora de Samaniego con su hija Olimpia, se met\u00eda en la cocina por no verse obligado a saludarlas&#8230;!<\/p>\n<p>Redacci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maximiliano Rub\u00edn &#8211;I&#8211; La venerable tienda de tirador de oro que desde inmemorial tiempo estuvo en los soportales de Plater\u00edas, entre las calles de la Caza y San Felipe Neri, desapareci\u00f3, si no estoy equivocado, en los primeros d\u00edas de la revoluci\u00f3n del 68. 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