{"id":2182,"date":"2023-07-29T00:03:43","date_gmt":"2023-07-28T22:03:43","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.aldoediciones.es\/?p=2182"},"modified":"2024-05-07T16:09:26","modified_gmt":"2024-05-07T14:09:26","slug":"la-decima-leccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=2182","title":{"rendered":"La d\u00e9cima lecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h3>LA D\u00c9CIMA LECCI\u00d3N<\/h3>\n<p>Por <strong>Mar\u00eda Jos\u00e9 Moreno<\/strong><\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debra pag\u00f3 con un billete de veinte euros y baj\u00f3 del taxi. Se colg\u00f3 el bolso del hombro y, mientras esperaba a que el taxista le diera su maleta, ech\u00f3 un vistazo a su alrededor fascinada. Sent\u00eda predilecci\u00f3n por los viejos barrios de las capitales europeas con sus estrechas calles, sus edificios cl\u00e1sicos, sus farolas antiguas que alumbraban tenuemente proporcionando cierto ambiente t\u00e9trico&#8230; Con una sonrisa en los labios, comprob\u00f3 la hora en su reloj. Las diez en punto de la noche, solo dispon\u00eda de sesenta minutos antes de la cita. -Es lo que tiene depender siempre de los aviones-, pens\u00f3 mientras se ajustaba el cintur\u00f3n de la gabardina reversible que llevaba, dos tallas m\u00e1s grande que la que usaba ella, que imped\u00eda que se adivinaran sus formas reales. Tirando de su equipaje entr\u00f3 en el hotel y se acerc\u00f3 a la recepci\u00f3n. Un joven, de sonrisa f\u00e1cil y hablar circunspecto, le pidi\u00f3 el pasaporte y comenz\u00f3 a teclear en el ordenador. Debra, oculta tras unas grandes gafas de sol, a pesar de lo inadecuado del momento, lo miraba con insistencia. Su intenci\u00f3n era no pasar desapercibida tal como rezaba la primera lecci\u00f3n de un asesino experto. Firm\u00f3 el registro sin quitarse los guantes y cogi\u00f3 la llave que el chico le tend\u00eda, la de la habitaci\u00f3n que ella hab\u00eda reservado: la 404. Despu\u00e9s, con andar decidido se dirigi\u00f3 al ascensor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el elevador se quit\u00f3 las gafas y se contempl\u00f3 en el espejo. Su rostro no evidenciaba cansancio alguno. Con un r\u00e1pido movimiento se liber\u00f3 del guante de su mano derecha y con el dedo me\u00f1ique elimin\u00f3 un resto de la sombra de los p\u00e1rpados que se hab\u00eda depositado en el lagrimal. Se lo volvi\u00f3 a poner justo antes de llegar a la cuarta planta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n sin encender la luz. Se detuvo a observar el edificio de enfrente a trav\u00e9s del fino visillo que cubr\u00eda los cristales de las puertas del balc\u00f3n. Cont\u00f3 mentalmente las ventanas hasta dar con la que se correspond\u00eda con la habitaci\u00f3n de Sumiko Makino, su cita de las once. Busc\u00f3 los prism\u00e1ticos y enfoc\u00f3 a la ventana. Se cercior\u00f3 de que el rostro de aquel hombre se correspond\u00eda con el de la fotograf\u00eda que le hab\u00edan enviado junto a la documentaci\u00f3n. Lo vigil\u00f3 unos minutos desde la impunidad que le aportaba no ser vista. Sumiko, con la luz de la habitaci\u00f3n encendida y las cortinas descorridas, paseaba arriba y abajo delante del balc\u00f3n mientras hablaba por tel\u00e9fono gesticulando con la mano libre. Debra musit\u00f3: \u00abNo tiene conciencia alguna del peligro que corre su vida\u00bb. Sonri\u00f3. Esa era la segunda lecci\u00f3n que siempre hab\u00eda que tener en cuenta, no asomarte ni pasearte delante de las ventanas, y menos, con la luz encendida, si no quieres convertirte en un blanco f\u00e1cil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del bolsillo exterior de la maleta sac\u00f3 un pl\u00e1stico que extendi\u00f3 sobre la cama y sobre \u00e9l puso su equipaje, el bolso y la peluca rubio platino de melena larga que se acababa de quitar y que dejaba al descubierto un corto cabello oscuro como el carb\u00f3n. Disfrazarte, ocultar tu verdadera identidad era la tercera lecci\u00f3n que aprendi\u00f3 en su per\u00edodo de adiestramiento y una de las me m\u00e1s le gustaba. Fingir quien no era, cambiar a voluntad le hac\u00eda sentirse grande, poderosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno a uno, fue sacando los artilugios que necesitaba para ejecutar su plan: una cajita con dos comprimidos de color rosa por si ten\u00eda que dormirlo, un conjunto de ropa interior de encaje y seda en color negro, un liguero compa\u00f1ero, unos zapatos nuevos de tac\u00f3n fino y alto, un l\u00e1tigo y unas esposas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se desnud\u00f3 y coloc\u00f3 su ropa sobre el pl\u00e1stico. Hasta el momento estaba completamente segura de que no hab\u00eda tocado ni se hab\u00eda rozado con nada de la habitaci\u00f3n, a excepci\u00f3n de la suela de sus zapatos, de la que se ocupar\u00eda al terminar su trabajo. Seguir un perfecto e inamovible ritual era la base de la cuarta lecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un escalofr\u00edo le recorri\u00f3 la espalda y sinti\u00f3 como sus pezones se ergu\u00edan \u00e1vidos de contacto. Hac\u00eda mucho tiempo que no estaba con un hombre. Ten\u00eda demasiados enemigos&#8230; Pas\u00f3 los dedos enguatados por ellos y se detuvo a contemplar el mandala que tatuaba su pecho izquierdo en la que cada punto representaba a cada una de las personas a las que hasta la fecha hab\u00eda dado muerte. En total, hasta hoy, cincuenta y dos. Cuatro por a\u00f1o, ni una m\u00e1s ni una menos, desde que cumpli\u00f3 los veintid\u00f3s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se puso la ropa interior, sujet\u00f3 las medias que llevaba con el liguero y sac\u00f3 de la maleta un vestido rojo, muy ajustado, que dejaba a la vista unas rotundas curvas. A continuaci\u00f3n, rebusc\u00f3 en su bolso hasta que dio con una caja met\u00e1lica alargada en la que guardaba una jeringa con un cent\u00edmetro c\u00fabico de un l\u00edquido de color azul esmeralda y el \u00abanillo de la muerte\u00bb. Tal como aprendi\u00f3 en la quinta lecci\u00f3n, deber\u00eda utilizar siempre un arma definitiva con la que se sintiera segura. Por eso escogi\u00f3 un anillo dise\u00f1ado por ella y hecho <em>ex profeso <\/em>para inyectar un veneno mortal que no dejaba rastro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Prob\u00f3 que el resorte, de donde sal\u00eda una fin\u00edsima aguja, funcionaba y lo carg\u00f3 con medio cent\u00edmetro c\u00fabico del l\u00edquido letal. Cuando concluy\u00f3, lo coloc\u00f3 sobre su dedo \u00edndice por encima del guante. En el bolso guard\u00f3 el l\u00e1tigo, las esposas y la caja con las pastillas rosas. Cerr\u00f3 la puerta y baj\u00f3 por las escaleras con la gabardina en el brazo. En la amplia y transitada recepci\u00f3n, nadie reparaba en nadie, lo que la anim\u00f3 a seguir con paso firme hasta la salida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al salir, Debra se coloc\u00f3 la gabardina por el rev\u00e9s y se anud\u00f3 un pa\u00f1uelo al cuello que le tapaba parte de la cara, nada extra\u00f1o dado el fr\u00edo que hac\u00eda. Cruz\u00f3 la calle lateral y entr\u00f3 en el hotel donde se alojaba Sumiko. Faltaban diez minutos para las once. Fue derecha a recepci\u00f3n, le entreg\u00f3 su pasaporte y pidi\u00f3 una habitaci\u00f3n. Le explic\u00f3 a la recepcionista que su equipaje no hab\u00eda llegado en su vuelo y charl\u00f3 amigablemente con ella mientras le hac\u00eda el registro a nombre de Janice Morgan. Su prop\u00f3sito era cumplir con la sexta lecci\u00f3n, que ense\u00f1aba que hab\u00eda que mostrarse como la gente normal que no tiene en mente cometer un asesinato. Y, por supuesto, pag\u00f3 por adelantado y en efectivo, para cumplir con la s\u00e9ptima instrucci\u00f3n, que indicaba que nunca se deb\u00edan utilizar tarjetas de cr\u00e9dito. Cogi\u00f3 la llave y se dirigi\u00f3 al ascensor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puls\u00f3 el bot\u00f3n marcado con un cuatro y respir\u00f3 hondo. Llegado a ese momento, las mariposas que se alojaban en su est\u00f3mago borboteaban confundidas. Nunca sab\u00eda hasta qu\u00e9 punto lo que sent\u00eda era placer o miedo. De cualquier modo, un c\u00f3ctel que le sub\u00eda la adrenalina que la excitaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Toc\u00f3 en la puerta y delante de ella apareci\u00f3 su v\u00edctima, que la invit\u00f3 a pasar. Debra le pidi\u00f3 que corriera las gruesas cortinas y \u00e9l fue diligente a hacerlo. Con eso se aseguraba la intimidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-As\u00ed est\u00e1 mejor -dijo ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Te has retrasado cinco minutos -le se\u00f1al\u00f3 Simiko.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Lo s\u00e9, un imprevisto. Pero no te preocupes que te resarcir\u00e9 -manifest\u00f3, \u00a0quit\u00e1ndose la gabardina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00bfHas tra\u00eddo eso?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Por supuesto -se\u00f1al\u00f3 mientras se quitaba el vestido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Eso es lo que quer\u00eda -dijo Sumiko, yendo hacia ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debra lo par\u00f3 en seco con la mano enguatada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-No te atrevas a tocarme. \u00a1Desv\u00edstete! -grit\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sumiko, obediente, se fue despojando de sus prendas hasta quedarse desnudo. Debra estaba tranquila, todo iba mucho mejor de como lo hab\u00eda planeado. No lo esperaba tan deseoso y entregado. Si segu\u00eda con ese entusiasmo no tendr\u00eda que utilizar el truco de las pastillas en la bebida, por lo que su tiempo en aquella habitaci\u00f3n se acortar\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Ahora s\u00ed. Mira lo que tengo para ti, si eres un ni\u00f1o bueno -dijo Debra, quit\u00e1ndose las braguitas y dejando a la vista su rasurado sexo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Lo soy. Soy muy bueno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00a1Calla! \u00a1Ponte de rodillas y no me mires! -le orden\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sumiko obedeci\u00f3 sin rechistar y agach\u00f3 la cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debra sac\u00f3 de su bolso las esposas, le mand\u00f3 que juntara las manos y se las coloc\u00f3. Comenz\u00f3 a pavonearse a su alrededor exhibiendo el l\u00e1tigo ante sus ojos. Se acercaba y le ped\u00eda a Sumiko que la lamiera y cuando estaba a punto de rozar su piel con la lengua, ella se alejaba riendo; as\u00ed pasaron algunos minutos en los que el japon\u00e9s la miraba de reojo con extremo deseo, pero cumpliendo a la perfecci\u00f3n su papel de sumiso en aquel juego que supuestamente lo abocar\u00eda a un final feliz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debra con disimulo gir\u00f3 su anillo, se coloc\u00f3 tras \u00e9l y pos\u00f3 sus enguatadas manos sobre el cuello del japon\u00e9s, lo acarici\u00f3 hasta dar con la car\u00f3tida y pinch\u00f3 el l\u00edquido mortal. Un leve aguijonazo que ni siquiera fue percibido por el excitado hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Segundos despu\u00e9s, Sumiko Makino yac\u00eda muerto a sus pies.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con rapidez guard\u00f3 el anillo, le quit\u00f3 las esposas y las guard\u00f3, se puso las braguitas y se visti\u00f3. No pod\u00eda demorarse, cuanto antes se fuese, menos peligro corr\u00eda, pens\u00f3 recordando la octava lecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de salir, examin\u00f3 la escena con ojos expertos para cerciorarse de que todo estaba correcto y dar as\u00ed por cumplida la novena instrucci\u00f3n. No vio nada fuera de lo normal. Sumiko no la hab\u00eda tocado y el suelo de m\u00e1rmol estaba impoluto. Los zapatos que llevaba no dejar\u00edan ning\u00fan rastro porque eran nuevos, se los hab\u00eda cambiado justo antes de llamar a la puerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerr\u00f3 los ojos. Al poco, se imagin\u00f3 lo que suceder\u00eda en aquel mismo lugar a la ma\u00f1ana siguiente: la camarera entrar\u00eda para hacer la cama y lo hallar\u00eda tumbado en el suelo. Se acercar\u00eda para ver qu\u00e9 le pasaba, intentar\u00eda despertarlo y al comprobar que estaba muerto, gritar\u00eda despavorida y saldr\u00eda de la habitaci\u00f3n pidiendo ayuda. En poco tiempo, la habitaci\u00f3n se llenar\u00eda de gente: los polic\u00edas, los t\u00e9cnicos, el juez, el forense&#8230; Pensar\u00edan que se trataba de asesinato y, al encontrarlo desnudo, teorizar\u00edan que una puta estar\u00eda implicada&#8230; La autopsia revelar\u00eda que solo hab\u00eda sufrido un infarto de miocardio, durante unos d\u00edas, alg\u00fan desocupado inspector seguir\u00eda buscando a esa supuesta prostituta&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto, la habitaci\u00f3n se ilumin\u00f3 y, unos segundos despu\u00e9s, se escuch\u00f3 un estrepitoso trueno. Debra no pudo contener la furia de su coraz\u00f3n que asustado galopaba sin freno y tuvo que hacer por respirar porque se ahogaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la calma que precedi\u00f3 al siguiente estruendo le pareci\u00f3 escuchar un gemido. Se cercior\u00f3 de que no procediera de Sumiko. De nuevo, la tormenta rugi\u00f3 tan feroz que temblaron los cristales del viejo balc\u00f3n. A continuaci\u00f3n, escuch\u00f3 con claridad que alguien ped\u00eda auxilio: \u00a1Debraaaa, Debraaaa, ay\u00fadame!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo puede ser. Lo que escucho es producto de mi imaginaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se tapo los o\u00eddos, pero la voz insist\u00eda demandando su ayuda. Sacudi\u00f3 la cabeza queriendo ahuyentar aquellas palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00a1\u00a1Noooooo!!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El grito de Debra se confundi\u00f3 con el siguiente trueno. Intent\u00f3 volver a la realidad, pero las voces segu\u00edan reclamando su atenci\u00f3n y ella dej\u00f3 volar su mente, mecida por el viento que arreciaba y por el repiqueteo de las gotas de lluvia, hasta la casa de su madre, el d\u00eda en que se convirti\u00f3 en una asesina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquella ocasi\u00f3n, s\u00ed era su madre la que ped\u00eda auxilio. El hombre enfurecido, con el que se hab\u00eda ido a la cama por un pu\u00f1ado de d\u00f3lares, la golpeaba sin compasi\u00f3n. Aquel d\u00eda tambi\u00e9n se hab\u00eda desatado una terrible tormenta con vientos huracanados. Debra sent\u00eda p\u00e1nico; sobre todo, a los rayos que con frecuencia ca\u00edan por la zona quemando lo que encontraban a su paso. Desde debajo de la cama, donde se hab\u00eda refugiado, escuchaba los chillidos de su madre, sin ser capaz de abandonar la seguridad de su dormitorio. Se tap\u00f3 los o\u00eddos para no escucharla, pero no sirvi\u00f3 de nada; cada vez vociferaba m\u00e1s fuerte. El miedo la atenazaba, los rel\u00e1mpagos y los truenos se suced\u00edan sin cesar y una fuerza sobrenatural le imped\u00eda moverse. Sin saber c\u00f3mo, record\u00f3 las repetitivas palabras de su madre cuando ella le preparaba la inyecci\u00f3n de insulina que todos los d\u00edas se pinchaba: \u00abSolo debes coger la cantidad exacta, la insulina en grandes dosis puede ser mortal\u00bb. Mortal, matar, mortal, matar, matar&#8230;, terminar con aquello. Eso era lo que ten\u00eda que hacer. Nunca supo de d\u00f3nde surgi\u00f3 el impulso que le llev\u00f3 hasta el armario del cuarto de ba\u00f1o. Cuando se dio cuenta, su rostro p\u00e1lido y ojeroso se reflejaba en el espejo. Lo abri\u00f3, rebusc\u00f3 hasta dar con la jeringa m\u00e1s grande y la carg\u00f3 con el l\u00edquido transparente. De fondo, segu\u00eda oyendo los gritos confundidos con el estruendo de la tormenta. Fue hasta el dormitorio de su madre, abri\u00f3 con sigilo y, por detr\u00e1s, sin dudarlo, clav\u00f3 la aguja en el espalda desnuda de aquel desconocido y apret\u00f3 el \u00e9mbolo hasta verter toda la insulina. El hombre se alej\u00f3 de su madre. Su alterado estado de conciencia no le permit\u00eda saber con claridad el alcance de lo que le hab\u00eda sucedido. Manote\u00f3 para arrancarse la jeringa y la mir\u00f3 con fijeza antes de comenzar a convulsionar. Cuando ces\u00f3 la agitaci\u00f3n, su madre se incorpor\u00f3 dolorida. Fue hasta \u00e9l y comprob\u00f3 que a\u00fan respiraba. Estaba en coma, pero ella sab\u00eda que si no le administraba glucosa acabar\u00eda por morir. Le dijo a Debra que se acostara con ella. La ni\u00f1a se durmi\u00f3 feliz entre sus brazos, contenta de haber ayudado a su madre y vencer su p\u00e1nico a la tormenta. A la ma\u00f1ana siguiente, la madre llam\u00f3 a la polic\u00eda y se inculp\u00f3 de un crimen que no hab\u00eda cometido. Un a\u00f1o despu\u00e9s muri\u00f3 en la c\u00e1rcel cuando en una reyerta un improvisado estilete le raj\u00f3 el vientre. Debra fue de una familia de acogida a otra, sin superar aquella culpa, hasta que con veinte a\u00f1os ley\u00f3 un anuncio en el peri\u00f3dico en el que ofrec\u00edan un trabajo seguro, bien remunerado y con un periodo de aprendizaje previo. Sin saber de qu\u00e9 se trataba, pero dispuesta a cambiar su vida, acept\u00f3. En el fondo sab\u00eda que ten\u00eda alma de asesina, para qu\u00e9 enga\u00f1arse. Hab\u00eda disfrutado matando a aquel individuo indeseable; ahora, adem\u00e1s, cobrar\u00eda por ello. Dos a\u00f1os de adiestramiento y se convirti\u00f3 en una experta asesina, desbancando a los cl\u00e1sicos y haci\u00e9ndose con el mercado mundial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De nuevo escuch\u00f3 c\u00f3mo la l\u00fagubre voz la llamaba: \u00a1Debraaaa, Debraaaa, Debraaaa, ay\u00fadame!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo le hagas caso, la mente te est\u00e1 jugando una mala pasada. Ella est\u00e1 muerta, no puede llamarte. No te dejes llevar. Tienes que ser fuerte, luchar contra las alucinaciones\u00bb, se orden\u00f3, a la vez que su respiraci\u00f3n se hac\u00eda m\u00e1s ca\u00f3tica y su coraz\u00f3n palpitaba tan r\u00e1pido que sent\u00eda los latidos en sus sienes. \u00ab\u00bfY si no son alucinaciones? \u00bfY si de verdad alguien me necesita? Puede que no sea mi madre, parece que proviene de la habitaci\u00f3n de al lado. Tengo que comprobarlo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambale\u00e1ndose por la angustia fue hasta la pared y acerc\u00f3 la oreja. Durante unos interminables segundos esper\u00f3 sin o\u00edr nada. Intent\u00f3 tranquilizarse. Lo mejor era marcharse. Huir de aquel infierno que la estaba enloqueciendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abCuando pase la tormenta todo volver\u00e1 a la normalidad. Esto es una mala pasada de mi mente. No puedo dejarme llevar por los recuerdos, es peligroso. Lo que pas\u00f3, pas\u00f3. Ya no tiene arreglo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la mano en el picaporte de la puerta, a punto de abandonar la habitaci\u00f3n, volvi\u00f3 a o\u00edr tan claramente que la llamaban, que se volvi\u00f3 hacia el balc\u00f3n. Estaba segura de que la voz proven\u00eda de ah\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abElla est\u00e1 tras los cristales, esperando mi ayuda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El p\u00e1nico se apoder\u00f3 de su ser. No era capaz de razonar. Su madre la llamaba, ten\u00eda que auxiliarla, no pod\u00eda abandonarla a su suerte, la necesitaba&#8230; Despacio, muy despacio, como pose\u00edda por un espectro se acerc\u00f3. Tras aquellas gruesas cortinas, en medio de la terrible tormenta, su madre la esperaba. Podr\u00eda volver a abrazarla, decirle cu\u00e1nto sent\u00eda lo que le hab\u00eda ocurrido&#8230; Con la mano temblando y el coraz\u00f3n a punto de estallar, descorri\u00f3 unos cent\u00edmetros el pesado cortinaje, suficientes para que el francotirador, apostado en el hotel de enfrente, hiciera blanco entre sus ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El asesino recogi\u00f3 con precipitaci\u00f3n su arma y la meti\u00f3 en el estuche. Coloc\u00f3 encima la carpeta con la fotograf\u00eda de Debra y la orden de matarla que acompa\u00f1aba una serie de peculiaridades que deb\u00eda tener en cuenta si quer\u00eda dar caza a esa rigurosa asesina a sueldo. Entre ellas, destacaba: \u00abEnloquece con las tormentas\u00bb. Cerr\u00f3 el estuche y abandon\u00f3 la habitaci\u00f3n. \u00abLa suerte del principiante\u00bb, pens\u00f3, mientras descend\u00eda veloz por las escaleras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cuerpo de Debra cay\u00f3 desmadejado por el impacto de la bala que le atraves\u00f3 el cerebro y le sali\u00f3 por su nuca llegando a alojarse definitivamente en la pared, encima del cabecero. Mientras la moqueta se iba empapando de la sangre, el silencio de la habitaci\u00f3n se perturb\u00f3 con los agonizantes estertores. Su \u00faltimo pensamiento fue para su maestro y su d\u00e9cima lecci\u00f3n: no permitas que los problemas de tu pasado te afecten, si lo haces te llevar\u00e1n a la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su maestro nunca se equivocaba.<\/p>\n<p>\u00a9 Mar\u00eda Jos\u00e9 Moreno. Todos los derechos reservados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA D\u00c9CIMA LECCI\u00d3N Por Mar\u00eda Jos\u00e9 Moreno Debra pag\u00f3 con un billete de veinte euros y baj\u00f3 del taxi. Se colg\u00f3 el bolso del hombro y, mientras esperaba a que el taxista le diera su maleta, ech\u00f3 un vistazo a su alrededor fascinada. 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