{"id":20841,"date":"2025-06-15T00:00:52","date_gmt":"2025-06-14T23:00:52","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20841"},"modified":"2025-06-15T09:06:07","modified_gmt":"2025-06-15T08:06:07","slug":"don-quijote-de-la-manda-capitulos-43-y-44-miguel-de-cervantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20841","title":{"rendered":"Don Quijote de La Manda &#8211; Cap\u00edtulos 43 y 44 (Miguel de Cervantes)"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XLIII. Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estra\u00f1os acaecimientos en la venta sucedidos<\/h3>\n<p class=\"verse\" style=\"padding-left: 120px; text-align: justify;\">Marinero soy de amor,<br \/>\ny en su pi\u00e9lago profundo<br \/>\nnavego sin esperanza<br \/>\nde llegar a puerto alguno.<br \/>\nSiguiendo voy a una estrella<br \/>\nque desde lejos descubro,<br \/>\nm\u00e1s bella y resplandeciente<br \/>\nque cuantas vio Palinuro.<br \/>\nYo no s\u00e9 ad\u00f3nde me gu\u00eda,<br \/>\ny as\u00ed, navego confuso,<br \/>\nel alma a mirarla atenta,<br \/>\ncuidadosa y con descuido.<br \/>\nRecatos impertinentes,<br \/>\nhonestidad contra el uso,<br \/>\nson nubes que me la encubren<br \/>\ncuando m\u00e1s verla procuro.<br \/>\n\u00a1Oh clara y luciente estrella,<br \/>\nen cuya lumbre me apuro!;<br \/>\nal punto que te me encubras,<br \/>\nser\u00e1 de mi muerte el punto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegando el que cantaba a este punto, le pareci\u00f3 a Dorotea que no ser\u00eda bien que dejase Clara de o\u00edr una tan buena voz; y as\u00ed, movi\u00e9ndola a una y a otra parte, la despert\u00f3 dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Perd\u00f3name, ni\u00f1a, que te despierto, pues lo hago porque gustes de o\u00edr la mejor voz que quiz\u00e1 habr\u00e1s o\u00eddo en toda tu vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Clara despert\u00f3 toda so\u00f1olienta, y de la primera vez no entendi\u00f3 lo que Dorotea le dec\u00eda; y, volvi\u00e9ndoselo a preguntar, ella se lo volvi\u00f3 a decir, por lo cual estuvo atenta Clara. Pero, apenas hubo o\u00eddo dos versos que el que cantaba iba prosiguiendo, cuando le tom\u00f3 un temblor tan estra\u00f1o como si de alg\u00fan grave accidente de cuartana estuviera enferma, y, abraz\u00e1ndose estrechamente con Teodora, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Ay se\u00f1ora de mi alma y de mi vida!, \u00bfpara qu\u00e9 me despertastes?; que el mayor bien que la fortuna me pod\u00eda hacer por ahora era tenerme cerrados los ojos y los o\u00eddos, para no ver ni o\u00edr a ese desdichado m\u00fasico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 es lo que dices, ni\u00f1a?; mira que dicen que el que canta es un mozo de mulas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No es sino se\u00f1or de lugares \u2014respondi\u00f3 Clara\u2014, y el que le tiene en mi alma con tanta seguridad que si \u00e9l no quiere dejalle, no le ser\u00e1 quitado eternamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Admirada qued\u00f3 Dorotea de las sentidas razones de la muchacha, pareci\u00e9ndole que se aventajaban en mucho a la discreci\u00f3n que sus pocos a\u00f1os promet\u00edan; y as\u00ed, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Habl\u00e1is de modo, se\u00f1ora Clara, que no puedo entenderos: declaraos m\u00e1s y decidme qu\u00e9 es lo que dec\u00eds de alma y de lugares, y deste m\u00fasico, cuya voz tan inquieta os tiene. Pero no me dig\u00e1is nada por ahora, que no quiero perder, por acudir a vuestro sobresalto, el gusto que recibo de o\u00edr al que canta; que me parece que con nuevos versos y nuevo tono torna a su canto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Sea en buen hora \u2014respondi\u00f3 Clara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, por no o\u00edlle, se tap\u00f3 con las manos entrambos o\u00eddos, de lo que tambi\u00e9n se admir\u00f3 Dorotea; la cual, estando atenta a lo que se cantaba, vio que prosegu\u00edan en esta manera:<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"padding-left: 120px; text-align: justify;\">Dulce esperanza m\u00eda,<br \/>\nque, rompiendo imposibles y malezas,<br \/>\nsigues firme la v\u00eda<br \/>\nque t\u00fa mesma te finges y aderezas:<br \/>\nno te desmaye el verte<br \/>\na cada paso junto al de tu muerte.<br \/>\nNo alcanzan perezosos<br \/>\nhonrados triunfos ni vitoria alguna,<br \/>\nni pueden ser dichosos<br \/>\nlos que, no contrastando a la fortuna,<br \/>\nentregan, desvalidos,<br \/>\nal ocio blando todos los sentidos.<br \/>\nQue amor sus glorias venda<br \/>\ncaras, es gran raz\u00f3n, y es trato justo,<br \/>\npues no hay m\u00e1s rica prenda<br \/>\nque la que se quilata por su gusto;<br \/>\ny es cosa manifiesta<br \/>\nque no es de estima lo que poco cuesta.<br \/>\nAmorosas porf\u00edas<br \/>\ntal vez alcanzan imposibles cosas;<br \/>\ny ans\u00ed, aunque con las m\u00edas<br \/>\nsigo de amor las m\u00e1s dificultosas,<br \/>\nno por eso recelo<br \/>\nde no alcanzar desde la tierra el cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed dio fin la voz, y principio a nuevos sollozos Clara. Todo lo cual encend\u00eda el deseo de Dorotea, que deseaba saber la causa de tan suave canto y de tan triste lloro. Y as\u00ed, le volvi\u00f3 a preguntar qu\u00e9 era lo que le quer\u00eda decir denantes. Entonces Clara, temerosa de que Luscinda no la oyese, abrazando estrechamente a Dorotea, puso su boca tan junto del o\u00eddo de Dorotea, que seguramente pod\u00eda hablar sin ser de otro sentida, y as\u00ed le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Este que canta, se\u00f1ora m\u00eda, es un hijo de un caballero natural del reino de Arag\u00f3n, se\u00f1or de dos lugares, el cual viv\u00eda frontero de la casa de mi padre en la Corte; y, aunque mi padre ten\u00eda las ventanas de su casa con lienzos en el invierno y celos\u00edas en el verano, yo no s\u00e9 lo que fue, ni lo que no, que este caballero, que andaba al estudio, me vio, ni s\u00e9 si en la iglesia o en otra parte. Finalmente, \u00e9l se enamor\u00f3 de m\u00ed, y me lo dio a entender desde las ventanas de su casa con tantas se\u00f1as y con tantas l\u00e1grimas, que yo le hube de creer, y aun querer, sin saber lo que me quer\u00eda. Entre las se\u00f1as que me hac\u00eda, era una de juntarse la una mano con la otra, d\u00e1ndome a entender que se casar\u00eda conmigo; y, aunque yo me holgar\u00eda mucho de que ans\u00ed fuera, como sola y sin madre, no sab\u00eda con qui\u00e9n comunicallo, y as\u00ed, lo dej\u00e9 estar sin dalle otro favor si no era, cuando estaba mi padre fuera de casa y el suyo tambi\u00e9n, alzar un poco el lienzo o la celos\u00eda y dejarme ver toda, de lo que \u00e9l hac\u00eda tanta fiesta, que daba se\u00f1ales de volverse loco. Lleg\u00f3se en esto el tiempo de la partida de mi padre, la cual \u00e9l supo, y no de m\u00ed, pues nunca pude dec\u00edrselo. Cay\u00f3 malo, a lo que yo entiendo, de pesadumbre; y as\u00ed, el d\u00eda que nos partimos nunca pude verle para despedirme d\u00e9l, siquiera con los ojos. Pero, a cabo de dos d\u00edas que camin\u00e1bamos, al entrar de una posada, en un lugar una jornada de aqu\u00ed, le vi a la puerta del mes\u00f3n, puesto en h\u00e1bito de mozo de mulas, tan al natural que si yo no le trujera tan retratado en mi alma fuera imposible conocelle. Conoc\u00edle, admir\u00e9me y alegr\u00e9me; \u00e9l me mir\u00f3 a hurto de mi padre, de quien \u00e9l siempre se esconde cuando atraviesa por delante de m\u00ed en los caminos y en las posadas do llegamos; y, como yo s\u00e9 qui\u00e9n es, y considero que por amor de m\u00ed viene a pie y con tanto trabajo, mu\u00e9rome de pesadumbre, y adonde \u00e9l pone los pies pongo yo los ojos. No s\u00e9 con qu\u00e9 intenci\u00f3n viene, ni c\u00f3mo ha podido escaparse de su padre, que le quiere estraordinariamente, porque no tiene otro heredero, y porque \u00e9l lo merece, como lo ver\u00e1 vuestra merced cuando le vea. Y m\u00e1s le s\u00e9 decir: que todo aquello que canta lo saca de su cabeza; que he o\u00eddo decir que es muy gran estudiante y poeta. Y hay m\u00e1s: que cada vez que le veo o le oigo cantar, tiemblo toda y me sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en conocimiento de nuestros deseos. En mi vida le he hablado palabra, y, con todo eso, le quiero de manera que no he de poder vivir sin \u00e9l. Esto es, se\u00f1ora m\u00eda, todo lo que os puedo decir deste m\u00fasico, cuya voz tanto os ha contentado; que en sola ella echar\u00e9is bien de ver que no es mozo de mulas, como dec\u00eds, sino se\u00f1or de almas y lugares, como yo os he dicho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No dig\u00e1is m\u00e1s, se\u00f1ora do\u00f1a Clara \u2014dijo a esta saz\u00f3n Dorotea, y esto, bes\u00e1ndola mil veces\u2014; no dig\u00e1is m\u00e1s, digo, y esperad que venga el nuevo d\u00eda, que yo espero en Dios de encaminar de manera vuestros negocios, que tengan el felice fin que tan honestos principios merecen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Ay se\u00f1ora! \u2014dijo do\u00f1a Clara\u2014, \u00bfqu\u00e9 fin se puede esperar, si su padre es tan principal y tan rico que le parecer\u00e1 que aun yo no puedo ser criada de su hijo, cuanto m\u00e1s esposa? Pues casarme yo a hurto de mi padre, no lo har\u00e9 por cuanto hay en el mundo. No querr\u00eda sino que este mozo se volviese y me dejase; quiz\u00e1 con no velle y con la gran distancia del camino que llevamos se me aliviar\u00eda la pena que ahora llevo, aunque s\u00e9 decir que este remedio que me imagino me ha de aprovechar bien poco. No s\u00e9 qu\u00e9 diablos ha sido esto, ni por d\u00f3nde se ha entrado este amor que le tengo, siendo yo tan muchacha y \u00e9l tan muchacho, que en verdad que creo que somos de una edad mesma, y que yo no tengo cumplidos diez y seis a\u00f1os; que para el d\u00eda de San Miguel que vendr\u00e1 dice mi padre que los cumplo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No pudo dejar de re\u00edrse Dorotea, oyendo cu\u00e1n como ni\u00f1a hablaba do\u00f1a Clara, a quien dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Reposemos, se\u00f1ora, lo poco que creo queda de la noche, y amanecer\u00e1 Dios y medraremos, o mal me andar\u00e1n las manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soseg\u00e1ronse con esto, y en toda la venta se guardaba un grande silencio; solamente no dorm\u00edan la hija de la ventera y Maritornes, su criada, las cuales, como ya sab\u00edan el humor de que pecaba don Quijote, y que estaba fuera de la venta armado y a caballo haciendo la guarda, determinaron las dos de hacelle alguna burla, o, a lo menos, de pasar un poco el tiempo oy\u00e9ndole sus disparates.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es, pues, el caso que en toda la venta no hab\u00eda ventana que saliese al campo, sino un agujero de un pajar, por donde echaban la paja por defuera. A este agujero se pusieron las dos semidoncellas, y vieron que don Quijote estaba a caballo, recostado sobre su lanz\u00f3n, dando de cuando en cuando tan dolientes y profundos suspiros que parec\u00eda, que con cada uno se le arrancaba el alma. Y asimesmo oyeron que dec\u00eda con voz blanda, regalada y amorosa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Oh mi se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, estremo de toda hermosura, fin y remate de la discreci\u00f3n, archivo del mejor donaire, dep\u00f3sito de la honestidad, y, ultimadamente, idea de todo lo provechoso, honesto y deleitable que hay en el mundo! Y \u00bfqu\u00e9 far\u00e1 agora la tu merced? \u00bfSi tendr\u00e1s por ventura las mientes en tu cautivo caballero, que a tantos peligros, por s\u00f3lo servirte, de su voluntad ha querido ponerse? Dame t\u00fa nuevas della, \u00a1oh luminaria de las tres caras! Quiz\u00e1 con envidia de la suya la est\u00e1s ahora mirando; que, o pase\u00e1ndose por alguna galer\u00eda de sus suntuosos palacios, o ya puesta de pechos sobre alg\u00fan balc\u00f3n, est\u00e1 considerando c\u00f3mo, salva su honestidad y grandeza, ha de amansar la tormenta que por ella este mi cuitado coraz\u00f3n padece, qu\u00e9 gloria ha de dar a mis penas, qu\u00e9 sosiego a mi cuidado y, finalmente, qu\u00e9 vida a mi muerte y qu\u00e9 premio a mis servicios. Y t\u00fa, sol, que ya debes de estar apriesa ensillando tus caballos, por madrugar y salir a ver a mi se\u00f1ora, as\u00ed como la veas, supl\u00edcote que de mi parte la saludes; pero gu\u00e1rdate que al verla y saludarla no le des paz en el rostro, que tendr\u00e9 m\u00e1s celos de ti que t\u00fa los tuviste de aquella ligera ingrata que tanto te hizo sudar y correr por los llanos de Tesalia, o por las riberas de Peneo, que no me acuerdo bien por d\u00f3nde corriste entonces celoso y enamorado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A este punto llegaba entonces don Quijote en su tan lastimero razonamiento, cuando la hija de la ventera le comenz\u00f3 a cecear y a decirle:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1or m\u00edo, ll\u00e9guese ac\u00e1 la vuestra merced si es servido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A cuyas se\u00f1as y voz volvi\u00f3 don Quijote la cabeza, y vio, a la luz de la luna, que entonces estaba en toda su claridad, c\u00f3mo le llamaban del agujero que a \u00e9l le pareci\u00f3 ventana, y aun con rejas doradas, como conviene que las tengan tan ricos castillos como \u00e9l se imaginaba que era aquella venta; y luego en el instante se le represent\u00f3 en su loca imaginaci\u00f3n que otra vez, como la pasada, la doncella fermosa, hija de la se\u00f1ora de aquel castillo, vencida de su amor, tornaba a solicitarle; y con este pensamiento, por no mostrarse descort\u00e9s y desagradecido, volvi\u00f3 las riendas a Rocinante y se lleg\u00f3 al agujero, y, as\u00ed como vio a las dos mozas, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 L\u00e1stima os tengo, fermosa se\u00f1ora, de que hayades puesto vuestras amorosas mientes en parte donde no es posible corresponderos conforme merece vuestro gran valor y gentileza; de lo que no deb\u00e9is dar culpa a este miserable andante caballero, a quien tiene amor imposibilitado de poder entregar su voluntad a otra que aquella que, en el punto que sus ojos la vieron, la hizo se\u00f1ora absoluta de su alma. Perdonadme, buena se\u00f1ora, y recogeos en vuestro aposento, y no quer\u00e1is, con significarme m\u00e1s vuestros deseos, que yo me muestre m\u00e1s desagradecido; y si del amor que me ten\u00e9is hall\u00e1is en m\u00ed otra cosa con que satisfaceros, que el mismo amor no sea, ped\u00eddmela; que yo os juro, por aquella ausente enemiga dulce m\u00eda, de d\u00e1rosla en continente, si bien me pidi\u00e9sedes una guedeja de los cabellos de Medusa, que eran todos culebras, o ya los mesmos rayos del sol encerrados en una redoma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No ha menester nada deso mi se\u00f1ora, se\u00f1or caballero \u2014dijo a este punto Maritornes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues, \u00bfqu\u00e9 ha menester, discreta due\u00f1a, vuestra se\u00f1ora? \u2014respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Sola una de vuestras hermosas manos \u2014dijo Maritornes\u2014, por poder deshogar con ella el gran deseo que a este agujero la ha tra\u00eddo, tan a peligro de su honor que si su se\u00f1or padre la hubiera sentido, la menor tajada della fuera la oreja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Ya quisiera yo ver eso! \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014; pero \u00e9l se guardar\u00e1 bien deso, si ya no quiere hacer el m\u00e1s desastrado fin que padre hizo en el mundo, por haber puesto las manos en los delicados miembros de su enamorada hija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pareci\u00f3le a Maritornes que sin duda don Quijote dar\u00eda la mano que le hab\u00edan pedido, y, proponiendo en su pensamiento lo que hab\u00eda de hacer, se baj\u00f3 del agujero y se fue a la caballeriza, donde tom\u00f3 el cabestro del jumento de Sancho Panza, y con mucha presteza se volvi\u00f3 a su agujero, a tiempo que don Quijote se hab\u00eda puesto de pies sobre la silla de Rocinante, por alcanzar a la ventana enrejada, donde se imaginaba estar la ferida doncella; y, al darle la mano, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Tomad, se\u00f1ora, esa mano, o, por mejor decir, ese verdugo de los malhechores del mundo; tomad esa mano, digo, a quien no ha tocado otra de mujer alguna, ni aun la de aquella que tiene entera posesi\u00f3n de todo mi cuerpo. No os la doy para que la bes\u00e9is, sino para que mir\u00e9is la contestura de sus nervios, la trabaz\u00f3n de sus m\u00fasculos, la anchura y espaciosidad de sus venas; de donde sacar\u00e9is qu\u00e9 tal debe de ser la fuerza del brazo que tal mano tiene.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ahora lo veremos \u2014dijo Maritornes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, haciendo una lazada corrediza al cabestro, se la ech\u00f3 a la mu\u00f1eca, y, baj\u00e1ndose del agujero, at\u00f3 lo que quedaba al cerrojo de la puerta del pajar muy fuertemente. Don Quijote, que sinti\u00f3 la aspereza del cordel en su mu\u00f1eca, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 M\u00e1s parece que vuestra merced me ralla que no que me regala la mano; no la trat\u00e9is tan mal, pues ella no tiene la culpa del mal que mi voluntad os hace, ni es bien que en tan poca parte vengu\u00e9is el todo de vuestro enojo. Mirad que quien quiere bien no se venga tan mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero todas estas razones de don Quijote ya no las escuchaba nadie, porque, as\u00ed como Maritornes le at\u00f3, ella y la otra se fueron, muertas de risa, y le dejaron asido de manera que fue imposible soltarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estaba, pues, como se ha dicho, de pies sobre Rocinante, metido todo el brazo por el agujero y atado de la mu\u00f1eca, y al cerrojo de la puerta, con grand\u00edsimo temor y cuidado, que si Rocinante se desviaba a un cabo o a otro, hab\u00eda de quedar colgado del brazo; y as\u00ed, no osaba hacer movimiento alguno, puesto que de la paciencia y quietud de Rocinante bien se pod\u00eda esperar que estar\u00eda sin moverse un siglo entero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resoluci\u00f3n, vi\u00e9ndose don Quijote atado, y que ya las damas se hab\u00edan ido, se dio a imaginar que todo aquello se hac\u00eda por v\u00eda de encantamento, como la vez pasada, cuando en aquel mesmo castillo le moli\u00f3 aquel moro encantado del arriero; y maldec\u00eda entre s\u00ed su poca discreci\u00f3n y discurso, pues, habiendo salido tan mal la vez primera de aquel castillo, se hab\u00eda aventurado a entrar en \u00e9l la segunda, siendo advertimiento de caballeros andantes que, cuando han probado una aventura y no salido bien con ella, es se\u00f1al que no est\u00e1 para ellos guardada, sino para otros; y as\u00ed, no tienen necesidad de probarla segunda vez. Con todo esto, tiraba de su brazo, por ver si pod\u00eda soltarse; mas \u00e9l estaba tan bien asido, que todas sus pruebas fueron en vano. Bien es verdad que tiraba con tiento, porque Rocinante no se moviese; y, aunque \u00e9l quisiera sentarse y ponerse en la silla, no pod\u00eda sino estar en pie, o arrancarse la mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed fue el desear de la espada de Amad\u00eds, contra quien no ten\u00eda fuerza de encantamento alguno; all\u00ed fue el maldecir de su fortuna; all\u00ed fue el exagerar la falta que har\u00eda en el mundo su presencia el tiempo que all\u00ed estuviese encantado, que sin duda alguna se hab\u00eda cre\u00eddo que lo estaba; all\u00ed el acordarse de nuevo de su querida Dulcinea del Toboso; all\u00ed fue el llamar a su buen escudero Sancho Panza, que, sepultado en sue\u00f1o y tendido sobre el albarda de su jumento, no se acordaba en aquel instante de la madre que lo hab\u00eda parido; all\u00ed llam\u00f3 a los sabios Lirgandeo y Alquife, que le ayudasen; all\u00ed invoc\u00f3 a su buena amiga Urganda, que le socorriese, y, finalmente, all\u00ed le tom\u00f3 la ma\u00f1ana, tan desesperado y confuso que bramaba como un toro; porque no esperaba \u00e9l que con el d\u00eda se remediara su cuita, porque la ten\u00eda por eterna, teni\u00e9ndose por encantado. Y hac\u00edale creer esto ver que Rocinante poco ni mucho se mov\u00eda, y cre\u00eda que de aquella suerte, sin comer ni beber ni dormir, hab\u00edan de estar \u00e9l y su caballo, hasta que aquel mal influjo de las estrellas se pasase, o hasta que otro m\u00e1s sabio encantador le desencantase.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero enga\u00f1\u00f3se mucho en su creencia, porque, apenas comenz\u00f3 a amanecer, cuando llegaron a la venta cuatro hombres de a caballo, muy bien puestos y aderezados, con sus escopetas sobre los arzones. Llamaron a la puerta de la venta, que a\u00fan estaba cerrada, con grandes golpes; lo cual, visto por don Quijote desde donde a\u00fan no dejaba de hacer la centinela, con voz arrogante y alta dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Caballeros, o escuderos, o quienquiera que se\u00e1is: no ten\u00e9is para qu\u00e9 llamar a las puertas deste castillo; que asaz de claro est\u00e1 que a tales horas, o los que est\u00e1n dentro duermen, o no tienen por costumbre de abrirse las fortalezas hasta que el sol est\u00e9 tendido por todo el suelo. Desviaos afuera, y esperad que aclare el d\u00eda, y entonces veremos si ser\u00e1 justo o no que os abran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 diablos de fortaleza o castillo es \u00e9ste \u2014dijo uno\u2014, para obligarnos a guardar esas ceremonias? Si sois el ventero, mandad que nos abran, que somos caminantes que no queremos m\u00e1s de dar cebada a nuestras cabalgaduras y pasar adelante, porque vamos de priesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfPar\u00e9ceos, caballeros, que tengo yo talle de ventero? \u2014respondi\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No s\u00e9 de qu\u00e9 ten\u00e9is talle \u2014respondi\u00f3 el otro\u2014, pero s\u00e9 que dec\u00eds disparates en llamar castillo a esta venta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Castillo es \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, y aun de los mejores de toda esta provincia; y gente tiene dentro que ha tenido cetro en la mano y corona en la cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Mejor fuera al rev\u00e9s \u2014dijo el caminante\u2014: el cetro en la cabeza y la corona en la mano. Y ser\u00e1, si a mano viene, que debe de estar dentro alguna compa\u00f1\u00eda de representantes, de los cuales es tener a menudo esas coronas y cetros que dec\u00eds, porque en una venta tan peque\u00f1a, y adonde se guarda tanto silencio como \u00e9sta, no creo yo que se alojan personas dignas de corona y cetro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Sab\u00e9is poco del mundo \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, pues ignor\u00e1is los casos que suelen acontecer en la caballer\u00eda andante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cans\u00e1banse los compa\u00f1eros que con el preguntante ven\u00edan del coloquio que con don Quijote pasaba, y as\u00ed, tornaron a llamar con grande furia; y fue de modo que el ventero despert\u00f3, y aun todos cuantos en la venta estaban; y as\u00ed, se levant\u00f3 a preguntar qui\u00e9n llamaba. Sucedi\u00f3 en este tiempo que una de las cabalgaduras en que ven\u00edan los cuatro que llamaban se lleg\u00f3 a oler a Rocinante, que, melanc\u00f3lico y triste, con las orejas ca\u00eddas, sosten\u00eda sin moverse a su estirado se\u00f1or; y como, en fin, era de carne, aunque parec\u00eda de le\u00f1o, no pudo dejar de resentirse y tornar a oler a quien le llegaba a hacer caricias; y as\u00ed, no se hubo movido tanto cuanto, cuando se desviaron los juntos pies de don Quijote, y, resbalando de la silla, dieran con \u00e9l en el suelo, a no quedar colgado del brazo: cosa que le caus\u00f3 tanto dolor que crey\u00f3 o que la mu\u00f1eca le cortaban, o que el brazo se le arrancaba; porque \u00e9l qued\u00f3 tan cerca del suelo que con los estremos de las puntas de los pies besaba la tierra, que era en su perjuicio, porque, como sent\u00eda lo poco que le faltaba para poner las plantas en la tierra, fatig\u00e1base y estir\u00e1base cuanto pod\u00eda por alcanzar al suelo: bien as\u00ed como los que est\u00e1n en el tormento de la garrucha, puestos a toca, no toca, que ellos mesmos son causa de acrecentar su dolor, con el ah\u00ednco que ponen en estirarse, enga\u00f1ados de la esperanza que se les representa, que con poco m\u00e1s que se estiren llegar\u00e1n al suelo.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><a id=\"id_1_xliv\"><\/a>Cap\u00edtulo XLIV. Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efeto, fueron tantas las voces que don Quijote dio, que, abriendo de presto las puertas de la venta, sali\u00f3 el ventero, despavorido, a ver qui\u00e9n tales gritos daba, y los que estaban fuera hicieron lo mesmo. Maritornes, que ya hab\u00eda despertado a las mismas voces, imaginando lo que pod\u00eda ser, se fue al pajar y desat\u00f3, sin que nadie lo viese, el cabestro que a don Quijote sosten\u00eda, y \u00e9l dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los caminantes, que, lleg\u00e1ndose a \u00e9l, le preguntaron qu\u00e9 ten\u00eda, que tales voces daba. \u00c9l, sin responder palabra, se quit\u00f3 el cordel de la mu\u00f1eca, y, levant\u00e1ndose en pie, subi\u00f3 sobre Rocinante, embraz\u00f3 su adarga, enristr\u00f3 su lanz\u00f3n, y, tomando buena parte del campo, volvi\u00f3 a medio galope, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Cualquiera que dijere que yo he sido con justo t\u00edtulo encantado, como mi se\u00f1ora la princesa Micomicona me d\u00e9 licencia para ello, yo le desmiento, le rieto y desaf\u00edo a singular batalla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Admirados se quedaron los nuevos caminantes de las palabras de don Quijote, pero el ventero les quit\u00f3 de aquella admiraci\u00f3n, dici\u00e9ndoles que era don Quijote, y que no hab\u00eda que hacer caso d\u00e9l, porque estaba fuera de juicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pregunt\u00e1ronle al ventero si acaso hab\u00eda llegado a aquella venta un muchacho de hasta edad de quince a\u00f1os, que ven\u00eda vestido como mozo de mulas, de tales y tales se\u00f1as, dando las mesmas que tra\u00eda el amante de do\u00f1a Clara. El ventero respondi\u00f3 que hab\u00eda tanta gente en la venta, que no hab\u00eda echado de ver en el que preguntaban. Pero, habiendo visto uno dellos el coche donde hab\u00eda venido el oidor, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Aqu\u00ed debe de estar sin duda, porque \u00e9ste es el coche que \u00e9l dicen que sigue; qu\u00e9dese uno de nosotros a la puerta y entren los dem\u00e1s a buscarle; y aun ser\u00eda bien que uno de nosotros rodease toda la venta, porque no se fuese por las bardas de los corrales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 As\u00ed se har\u00e1 \u2014respondi\u00f3 uno dellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, entr\u00e1ndose los dos dentro, uno se qued\u00f3 a la puerta y el otro se fue a rodear la venta; todo lo cual ve\u00eda el ventero, y no sab\u00eda atinar para qu\u00e9 se hac\u00edan aquellas diligencias, puesto que bien crey\u00f3 que buscaban aquel mozo cuyas se\u00f1as le hab\u00edan dado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya a esta saz\u00f3n aclaraba el d\u00eda; y, as\u00ed por esto como por el ruido que don Quijote hab\u00eda hecho, estaban todos despiertos y se levantaban, especialmente do\u00f1a Clara y Dorotea, que la una con sobresalto de tener tan cerca a su amante, y la otra con el deseo de verle, hab\u00edan podido dormir bien mal aquella noche. Don Quijote, que vio que ninguno de los cuatro caminantes hac\u00eda caso d\u00e9l, ni le respond\u00edan a su demanda, mor\u00eda y rabiaba de despecho y sa\u00f1a; y si \u00e9l hallara en las ordenanzas de su caballer\u00eda que l\u00edcitamente pod\u00eda el caballero andante tomar y emprender otra empresa, habiendo dado su palabra y fe de no ponerse en ninguna hasta acabar la que hab\u00eda prometido, \u00e9l embistiera con todos, y les hiciera responder mal de su grado. Pero, por parecerle no convenirle ni estarle bien comenzar nueva empresa hasta poner a Micomicona en su reino, hubo de callar y estarse quedo, esperando a ver en qu\u00e9 paraban las diligencias de aquellos caminantes; uno de los cuales hall\u00f3 al mancebo que buscaba, durmiendo al lado de un mozo de mulas, bien descuidado de que nadie ni le buscase, ni menos de que le hallase. El hombre le trab\u00f3 del brazo y le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Por cierto, se\u00f1or don Luis, que responde bien a quien vos sois el h\u00e1bito que ten\u00e9is, y que dice bien la cama en que os hallo al regalo con que vuestra madre os cri\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Limpi\u00f3se el mozo los so\u00f1olientos ojos y mir\u00f3 de espacio al que le ten\u00eda asido, y luego conoci\u00f3 que era criado de su padre, de que recibi\u00f3 tal sobresalto, que no acert\u00f3 o no pudo hablarle palabra por un buen espacio. Y el criado prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Aqu\u00ed no hay que hacer otra cosa, se\u00f1or don Luis, sino prestar paciencia y dar la vuelta a casa, si ya vuestra merced no gusta que su padre y mi se\u00f1or la d\u00e9 al otro mundo, porque no se puede esperar otra cosa de la pena con que queda por vuestra ausencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues, \u00bfc\u00f3mo supo mi padre \u2014dijo don Luis\u2014 que yo ven\u00eda este camino y en este traje?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Un estudiante \u2014respondi\u00f3 el criado\u2014 a quien distes cuenta de vuestros pensamientos fue el que lo descubri\u00f3, movido a l\u00e1stima de las que vio que hac\u00eda vuestro padre al punto que os ech\u00f3 de menos; y as\u00ed, despach\u00f3 a cuatro de sus criados en vuestra busca, y todos estamos aqu\u00ed a vuestro servicio, m\u00e1s contentos de lo que imaginar se puede, por el buen despacho con que tornaremos, llev\u00e1ndoos a los ojos que tanto os quieren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Eso ser\u00e1 como yo quisiere, o como el cielo lo ordenare \u2014respondi\u00f3 don Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 hab\u00e9is de querer, o qu\u00e9 ha de ordenar el cielo, fuera de consentir en volveros?; porque no ha de ser posible otra cosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas estas razones que entre los dos pasaban oy\u00f3 el mozo de mulas junto a quien don Luis estaba; y, levant\u00e1ndose de all\u00ed, fue a decir lo que pasaba a don Fernando y a Cardenio, y a los dem\u00e1s, que ya vestido se hab\u00edan; a los cuales dijo c\u00f3mo aquel hombre llamaba de don a aquel muchacho, y las razones que pasaban, y c\u00f3mo le quer\u00eda volver a casa de su padre, y el mozo no quer\u00eda. Y con esto, y con lo que d\u00e9l sab\u00edan de la buena voz que el cielo le hab\u00eda dado, vinieron todos en gran deseo de saber m\u00e1s particularmente qui\u00e9n era, y aun de ayudarle si alguna fuerza le quisiesen hacer; y as\u00ed, se fueron hacia la parte donde a\u00fan estaba hablando y porfiando con su criado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sal\u00eda en esto Dorotea de su aposento, y tras ella do\u00f1a Clara, toda turbada; y, llamando Dorotea a Cardenio aparte, le cont\u00f3 en breves razones la historia del m\u00fasico y de do\u00f1a Clara, a quien \u00e9l tambi\u00e9n dijo lo que pasaba de la venida a buscarle los criados de su padre, y no se lo dijo tan callando que lo dejase de o\u00edr Clara; de lo que qued\u00f3 tan fuera de s\u00ed que, si Dorotea no llegara a tenerla, diera consigo en el suelo. Cardenio dijo a Dorotea que se volviesen al aposento, que \u00e9l procurar\u00eda poner remedio en todo, y ellas lo hicieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya estaban todos los cuatro que ven\u00edan a buscar a don Luis dentro de la venta y rodeados d\u00e9l, persuadi\u00e9ndole que luego, sin detenerse un punto, volviese a consolar a su padre. \u00c9l respondi\u00f3 que en ninguna manera lo pod\u00eda hacer hasta dar fin a un negocio en que le iba la vida, la honra y el alma. Apret\u00e1ronle entonces los criados, dici\u00e9ndole que en ning\u00fan modo volver\u00edan sin \u00e9l, y que le llevar\u00edan, quisiese o no quisiese.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Eso no har\u00e9is vosotros \u2014replic\u00f3 don Luis\u2014, si no es llev\u00e1ndome muerto; aunque, de cualquiera manera que me llev\u00e9is, ser\u00e1 llevarme sin vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya a esta saz\u00f3n hab\u00edan acudido a la porf\u00eda todos los m\u00e1s que en la venta estaban, especialmente Cardenio, don Fernando, sus camaradas, el oidor, el cura, el barbero y don Quijote, que ya le pareci\u00f3 que no hab\u00eda necesidad de guardar m\u00e1s el castillo. Cardenio, como ya sab\u00eda la historia del mozo, pregunt\u00f3 a los que llevarle quer\u00edan que qu\u00e9 les mov\u00eda a querer llevar contra su voluntad aquel muchacho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Mu\u00e9venos \u2014respondi\u00f3 uno de los cuatro\u2014 dar la vida a su padre, que por la ausencia deste caballero queda a peligro de perderla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A esto dijo don Luis:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No hay para qu\u00e9 se d\u00e9 cuenta aqu\u00ed de mis cosas: yo soy libre, y volver\u00e9 si me diere gusto, y si no, ninguno de vosotros me ha de hacer fuerza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Har\u00e1sela a vuestra merced la raz\u00f3n \u2014respondi\u00f3 el hombre\u2014; y, cuando ella<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">no bastare con vuestra merced, bastar\u00e1 con nosotros para hacer a lo que venimos y lo que somos obligados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Sepamos qu\u00e9 es esto de ra\u00edz \u2014dijo a este tiempo el oidor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el hombre, que lo conoci\u00f3, como vecino de su casa, respondi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfNo conoce vuestra merced, se\u00f1or oidor, a este caballero, que es el hijo de su vecino, el cual se ha ausentado de casa de su padre en el h\u00e1bito tan indecente a su calidad como vuestra merced puede ver?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mir\u00f3le entonces el oidor m\u00e1s atentamente y conoci\u00f3le; y, abraz\u00e1ndole, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 ni\u00f1er\u00edas son \u00e9stas, se\u00f1or don Luis, o qu\u00e9 causas tan poderosas, que os hayan movido a venir desta manera, y en este traje, que dice tan mal con la calidad vuestra?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mozo se le vinieron las l\u00e1grimas a los ojos, y no pudo responder palabra. El oidor dijo a los cuatro que se sosegasen, que todo se har\u00eda bien; y, tomando por la mano a don Luis, le apart\u00f3 a una parte y le pregunt\u00f3 qu\u00e9 venida hab\u00eda sido aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, en tanto que le hac\u00eda esta y otras preguntas, oyeron grandes voces a la puerta de la venta, y era la causa dellas que dos hu\u00e9spedes que aquella noche hab\u00edan alojado en ella, viendo a toda la gente ocupada en saber lo que los cuatro buscaban, hab\u00edan intentado a irse sin pagar lo que deb\u00edan; mas el ventero, que atend\u00eda m\u00e1s a su negocio que a los ajenos, les asi\u00f3 al salir de la puerta y pidi\u00f3 su paga, y les afe\u00f3 su mala intenci\u00f3n con tales palabras, que les movi\u00f3 a que le respondiesen con los pu\u00f1os; y as\u00ed, le comenzaron a dar tal mano, que el pobre ventero tuvo necesidad de dar voces y pedir socorro. La ventera y su hija no vieron a otro m\u00e1s desocupado para poder socorrerle que a don Quijote, a quien la hija de la ventera dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Socorra vuestra merced, se\u00f1or caballero, por la virtud que Dios le dio, a mi pobre padre, que dos malos hombres le est\u00e1n moliendo como a cibera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo cual respondi\u00f3 don Quijote, muy de espacio y con mucha flema:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Fermosa doncella, no ha lugar por ahora vuestra petici\u00f3n, porque estoy impedido de entremeterme en otra aventura en tanto que no diere cima a una en que mi palabra me ha puesto. Mas lo que yo podr\u00e9 hacer por serviros es lo que ahora dir\u00e9: corred y decid a vuestro padre que se entretenga en esa batalla lo mejor que pudiere, y que no se deje vencer en ning\u00fan modo, en tanto que yo pido licencia a la princesa Micomicona para poder socorrerle en su cuita; que si ella me la da, tened por cierto que yo le sacar\u00e9 della.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Pecadora de m\u00ed! \u2014dijo a esto Maritornes, que estaba delante\u2014: primero que vuestra merced alcance esa licencia que dice, estar\u00e1 ya mi se\u00f1or en el otro mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Dadme vos, se\u00f1ora, que yo alcance la licencia que digo \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014; que, como yo la tenga, poco har\u00e1 al caso que \u00e9l est\u00e9 en el otro mundo; que de all\u00ed le sacar\u00e9 a pesar del mismo mundo que lo contradiga; o, por lo menos, os dar\u00e9 tal venganza de los que all\u00e1 le hubieren enviado, que qued\u00e9is m\u00e1s que medianamente satisfechas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sin decir m\u00e1s se fue a poner de hinojos ante Dorotea, pidi\u00e9ndole con palabras caballerescas y andantescas que la su grandeza fuese servida de darle licencia de acorrer y socorrer al castellano de aquel castillo, que estaba puesto en una grave mengua. La princesa se la dio de buen talante, y \u00e9l luego, embrazando su adarga y poniendo mano a su espada, acudi\u00f3 a la puerta de la venta, adonde a\u00fan todav\u00eda tra\u00edan los dos hu\u00e9spedes a mal traer al ventero; pero, as\u00ed como lleg\u00f3, embaz\u00f3 y se estuvo quedo, aunque Maritornes y la ventera le dec\u00edan que en qu\u00e9 se deten\u00eda, que socorriese a su se\u00f1or y marido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Det\u00e9ngome \u2014dijo don Quijote\u2014 porque no me es l\u00edcito poner mano a la espada contra gente escuderil; pero llamadme aqu\u00ed a mi escudero Sancho, que a \u00e9l toca y ata\u00f1e esta defensa y venganza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto pasaba en la puerta de la venta, y en ella andaban las pu\u00f1adas y mojicones muy en su punto, todo en da\u00f1o del ventero y en rabia de Maritornes, la ventera y su hija, que se desesperaban de ver la cobard\u00eda de don Quijote, y de lo mal que lo pasaba su marido, se\u00f1or y padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero dej\u00e9mosle aqu\u00ed, que no faltar\u00e1 quien le socorra, o si no, sufra y calle el que se atreve a m\u00e1s de a lo que sus fuerzas le prometen, y volv\u00e1monos atr\u00e1s cincuenta pasos, a ver qu\u00e9 fue lo que don Luis respondi\u00f3 al oidor, que le dejamos aparte, pregunt\u00e1ndole la causa de su venida a pie y de tan vil traje vestido. A lo cual el mozo, asi\u00e9ndole fuertemente de las manos, como en se\u00f1al de que alg\u00fan gran dolor le apretaba el coraz\u00f3n, y derramando l\u00e1grimas en grande abundancia, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1or m\u00edo, yo no s\u00e9 deciros otra cosa sino que desde el punto que quiso el cielo y facilit\u00f3 nuestra vecindad que yo viese a mi se\u00f1ora do\u00f1a Clara, hija vuestra y se\u00f1ora m\u00eda, desde aquel instante la hice due\u00f1o de mi voluntad; y si la vuestra, verdadero se\u00f1or y padre m\u00edo, no lo impide, en este mesmo d\u00eda ha de ser mi esposa. Por ella dej\u00e9 la casa de mi padre, y por ella me puse en este traje, para seguirla dondequiera que fuese, como la saeta al blanco, o como el marinero al norte. Ella no sabe de mis deseos m\u00e1s de lo que ha podido entender de algunas veces que desde lejos ha visto llorar mis ojos. Ya, se\u00f1or, sab\u00e9is la riqueza y la nobleza de mis padres, y como yo soy su \u00fanico heredero: si os parece que \u00e9stas son partes para que os aventur\u00e9is a hacerme en todo venturoso, recebidme luego por vuestro hijo; que si mi padre, llevado de otros disignios suyos, no gustare deste bien que yo supe buscarme, m\u00e1s fuerza tiene el tiempo para deshacer y mudar las cosas que las humanas voluntades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Call\u00f3, en diciendo esto, el enamorado mancebo, y el oidor qued\u00f3 en o\u00edrle suspenso, confuso y admirado, as\u00ed de haber o\u00eddo el modo y la discreci\u00f3n con que don Luis le hab\u00eda descubierto su pensamiento, como de verse en punto que no sab\u00eda el que poder tomar en tan repentino y no esperado negocio; y as\u00ed, no respondi\u00f3 otra cosa sino que se sosegase por entonces, y entretuviese a sus criados, que por aquel d\u00eda no le volviesen, porque se tuviese tiempo para considerar lo que mejor a todos estuviese. Bes\u00f3le las manos por fuerza don Luis, y aun se las ba\u00f1\u00f3 con l\u00e1grimas, cosa que pudiera enternecer un coraz\u00f3n de m\u00e1rmol, no s\u00f3lo el del oidor, que, como discreto, ya hab\u00eda conocido cu\u00e1n bien le estaba a su hija aquel matrimonio; puesto que, si fuera posible, lo quisiera efetuar con voluntad del padre de don Luis, del cual sab\u00eda que pretend\u00eda hacer de t\u00edtulo a su hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya a esta saz\u00f3n estaban en paz los hu\u00e9spedes con el ventero, pues, por persuasi\u00f3n y buenas razones de don Quijote, m\u00e1s que por amenazas, le hab\u00edan pagado todo lo que \u00e9l quiso, y los criados de don Luis aguardaban el fin de la pl\u00e1tica del oidor y la resoluci\u00f3n de su amo, cuando el demonio, que no duerme, orden\u00f3 que en aquel mesmo punto entr\u00f3 en la venta el barbero a quien don Quijote quit\u00f3 el yelmo de Mambrino y Sancho Panza los aparejos del asno, que troc\u00f3 con los del suyo; el cual barbero, llevando su jumento a la caballeriza, vio a Sancho Panza que estaba aderezando no s\u00e9 qu\u00e9 de la albarda, y as\u00ed como la vio la conoci\u00f3, y se atrevi\u00f3 a arremeter a Sancho, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Ah don ladr\u00f3n, que aqu\u00ed os tengo! \u00a1Venga mi bac\u00eda y mi albarda, con todos mis aparejos que me robastes!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sancho, que se vio acometer tan de improviso y oy\u00f3 los vituperios que le dec\u00edan, con la una mano asi\u00f3 de la albarda, y con la otra dio un mojic\u00f3n al barbero que le ba\u00f1\u00f3 los dientes en sangre; pero no por esto dej\u00f3 el barbero la presa que ten\u00eda hecha en el albarda; antes, alz\u00f3 la voz de tal manera que todos los de la venta acudieron al ruido y pendencia, y dec\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Aqu\u00ed del rey y de la justicia, que, sobre cobrar mi hacienda, me quiere matar este ladr\u00f3n salteador de caminos!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ment\u00eds \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, que yo no soy salteador de caminos; que en buena guerra gan\u00f3 mi se\u00f1or don Quijote estos despojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya estaba don Quijote delante, con mucho contento de ver cu\u00e1n bien se defend\u00eda y ofend\u00eda su escudero, y t\u00favole desde all\u00ed adelante por hombre de pro, y propuso en su coraz\u00f3n de armalle caballero en la primera ocasi\u00f3n que se le ofreciese, por parecerle que ser\u00eda en \u00e9l bien empleada la orden de la caballer\u00eda. Entre otras cosas que el barbero dec\u00eda en el discurso de la pendencia, vino a decir:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1ores, as\u00ed esta albarda es m\u00eda como la muerte que debo a Dios, y as\u00ed la conozco como si la hubiera parido; y ah\u00ed est\u00e1 mi asno en el establo, que no me dejar\u00e1 mentir; si no, pru\u00e9bensela, y si no le viniere pintiparada, yo quedar\u00e9 por infame. Y hay m\u00e1s: que el mismo d\u00eda que ella se me quit\u00f3, me quitaron tambi\u00e9n una bac\u00eda de az\u00f3far nueva, que no se hab\u00eda estrenado, que era se\u00f1ora de un escudo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed no se pudo contener don Quijote sin responder: y, poni\u00e9ndose entre los dos y apart\u00e1ndoles, depositando la albarda en el suelo, que la tuviese de manifiesto hasta que la verdad se aclarase, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Porque vean vuestras mercedes clara y manifiestamente el error en que est\u00e1 este buen escudero, pues llama bac\u00eda a lo que fue, es y ser\u00e1 yelmo de Mambrino, el cual se lo quit\u00e9 yo en buena guerra, y me hice se\u00f1or d\u00e9l con lig\u00edtima y l\u00edcita posesi\u00f3n! En lo del albarda no me entremeto, que lo que en ello sabr\u00e9 decir es que mi escudero Sancho me pidi\u00f3 licencia para quitar los jaeces del caballo deste vencido cobarde, y con ellos adornar el suyo; yo se la di, y \u00e9l los tom\u00f3, y, de haberse convertido de jaez en albarda, no sabr\u00e9 dar otra raz\u00f3n si no es la ordinaria: que como esas transformaciones se ven en los sucesos de la caballer\u00eda; para confirmaci\u00f3n de lo cual, corre, Sancho hijo, y saca aqu\u00ed el yelmo que este buen hombre dice ser bac\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Pardiez, se\u00f1or \u2014dijo Sancho\u2014, si no tenemos otra prueba de nuestra intenci\u00f3n que la que vuestra merced dice, tan bac\u00eda es el yelmo de Malino como el jaez deste buen hombre albarda!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Haz lo que te mando \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, que no todas las cosas deste castillo han de ser guiadas por encantamento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sancho fue a do estaba la bac\u00eda y la trujo; y, as\u00ed como don Quijote la vio, la tom\u00f3 en las manos y dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Miren vuestras mercedes con qu\u00e9 cara pod\u00eda decir este escudero que \u00e9sta es bac\u00eda, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballer\u00eda que profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quit\u00e9, sin haber a\u00f1adido en \u00e9l ni quitado cosa alguna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 En eso no hay duda \u2014dijo a esta saz\u00f3n Sancho\u2014, porque desde que mi se\u00f1or le gan\u00f3 hasta agora no ha hecho con \u00e9l m\u00e1s de una batalla, cuando libr\u00f3 a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.<\/p>\n<p>Redacci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XLIII. Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estra\u00f1os acaecimientos en la venta sucedidos Marinero soy de amor, y en su pi\u00e9lago profundo navego sin esperanza de llegar a puerto alguno. Siguiendo voy a una estrella que desde lejos descubro, m\u00e1s bella y resplandeciente que cuantas vio Palinuro. 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