{"id":20830,"date":"2025-06-14T00:00:52","date_gmt":"2025-06-13T23:00:52","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20830"},"modified":"2026-05-30T19:12:45","modified_gmt":"2026-05-30T17:12:45","slug":"fortunata-y-jacinta-capitulo-9-partes-i-a-iv-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20830","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Cap\u00edtulo 9 &#8211; Partes I a IV &#8211;  (Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\">Una visita al Cuarto Estado<\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">I<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente, el Delf\u00edn estaba poco m\u00e1s o menos lo mismo. Por la ma\u00f1ana, mientras Barbarita y Pl\u00e1cido andaban por esas calles de tienda en tienda, entregados al deleite de las compras precursoras de Navidad, Jacinta sali\u00f3 acompa\u00f1ada de Guillermina. Hab\u00eda dejado a su esposo con Villalonga, despu\u00e9s de enjaretarle la mentirilla de que iba a la Virgen de la Paloma a o\u00edr una misa que hab\u00eda prometido. El atav\u00edo de las dos damas era tan distinto, que parec\u00edan ama y criada. Jacinta se puso su abrigo, sayo o <i>pardessus<\/i> color de pasa, y Guillermina llevaba el traje modest\u00edsimo de costumbre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Iba Jacinta tan pensativa, que la bulla de la calle de Toledo no la distrajo de la atenci\u00f3n que a su propio interior prestaba. Los puestos a medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparec\u00edan dentro de aquellos nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante su vista sin determinar una apreciaci\u00f3n exacta de lo que eran. Recib\u00eda tan s\u00f3lo la imagen borrosa de los objetivos diversos que iban pasando, y lo digo as\u00ed, porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca v\u00eda se corriese delante de ella como un tel\u00f3n. En aquel tel\u00f3n hab\u00eda racimos de d\u00e1tiles colgados de una percha; puntillas blancas que ca\u00edan de un palo largo, en ondas, como los v\u00e1stagos de una trepadora, pelmazos de higos pasados, en bloques, turr\u00f3n en trozos como sillares que parec\u00edan acabados de traer de una cantera; aceitunas en barriles rezumados; una mujer puesta sobre una silla y delante de una jaula, mostrando dos pajarillos amaestrados, y luego montones de oro, naranjas en seretas o hacinadas en el arroyo. El suelo intransitable pon\u00eda obst\u00e1culos sin fin, pilas de c\u00e1ntaros y vasijas, ante los pies del gent\u00edo presuroso, y la vibraci\u00f3n de los adoquines al paso de los carros parec\u00eda hacer bailar a personas y cacharros. Hombres con sartas de pa\u00f1uelos de diferentes colores se pon\u00edan delante del transe\u00fante como si fueran a capearlo. Mujeres chillonas taladraban el o\u00eddo con pregones enf\u00e1ticos, acosando al p\u00fablico y poni\u00e9ndole en la alternativa de comprar o morir. Jacinta ve\u00eda las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas r\u00fabricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En algunos huecos brillaba el naranjado que chilla como los ejes sin grasa; el bermell\u00f3n nativo, que parece rasgu\u00f1ar los ojos; el carm\u00edn, que tiene la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento; el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila, que tiene cierto aire de poes\u00eda mezclado con la tisis, como en la <i>Traviatta<\/i>. Las bocas de las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de ellas tan abigarrado como la parte externa, los horteras de bruces en el mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si nadasen en un mar de pa\u00f1uelos. El sentimiento pintoresco de aquellos tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten de cors\u00e9s encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen graciosas combinaciones decorativas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dio Jacinta de cara a diferentes personas muy ceremoniosas. Eran maniqu\u00eds vestidos de se\u00f1ora con tremendos <i>polisones<\/i>, o de caballero con terno completo de lanilla. Despu\u00e9s gorras muchas gorras, posadas y alineadas en percheros del largo de toda una casa; chaquetas ahuecadas con un palo, zamarras y otras prendas que algo, s\u00ed, algo ten\u00edan de seres humanos sin piernas ni cabeza. Jacinta, al fin, no miraba nada; \u00fanicamente se fij\u00f3 en unos hombres amarillos, completamente amarillos, que colgados de unas horcas se balanceaban a impulsos del aire. Eran juegos de calz\u00f3n y camisa de bayeta, cosidas una pieza a otra, y que as\u00ed, al pronto, parec\u00edan personajes de azufre. Los hab\u00eda tambi\u00e9n encarnados. \u00a1Oh!, el rojo abundaba tanto, que aquello parec\u00eda un pueblo que tiene la religi\u00f3n de la sangre. Telas rojas, arneses rojos, collarines y frontiles rojos con madro\u00f1aje arabesco. Las puertas de las tabernas tambi\u00e9n de color de sangre. Y que no son ni tina ni dos. Jacinta se asustaba de ver tantas, y Guillermina no pudo menos de exclamar: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nta perdici\u00f3n!, una puerta s\u00ed y otra no, taberna. De aqu\u00ed salen todos los cr\u00edmenes\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se hall\u00f3 cerca del fin de su viaje, la Delfina fijaba exclusivamente su atenci\u00f3n en los chicos que iba encontrando. Pasm\u00e1base la se\u00f1ora de Santa Cruz de que hubiera tant\u00edsima madre por aquellos barrios, pues a cada paso tropezaba con una, con su cr\u00edo en brazos, muy bien agasajado bajo el ala del mant\u00f3n. A todos estos ciudadanos del porvenir no se les ve\u00eda m\u00e1s que la cabeza por encima del hombro de su madre. Algunos iban vueltos hacia atr\u00e1s, mostrando la carita redonda dentro del c\u00edrculo del gorro y los ojuelos vivos, y se re\u00edan con los transe\u00fantes. Otros ten\u00edan el semblante mal humorado, como personas que se llaman a enga\u00f1o en los comienzos de la vida humana. Tambi\u00e9n vio Jacinta no uno, sino dos y hasta tres, camino del cementerio. Supon\u00edales muy tranquilos y de color de cera dentro de aquella caja que llevaba un t\u00edo cualquiera al hombro, como se lleva una escopeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abAqu\u00ed es\u00bb dijo Guillermina, despu\u00e9s de andar un trecho por la calle del Bastero y de doblar una esquina. No tardaron en encontrarse dentro de un patio cuadrilongo. Jacinta mir\u00f3 hacia arriba y vio dos filas de corredores con antepechos de f\u00e1brica y pilastrones de madera pintada de ocre, mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea puesta a secar, y oy\u00f3 un zumbido como de enjambre. En el patio, que era casi todo de tierra, empedrado s\u00f3lo a trechos, hab\u00eda chiquillos de ambos sexos y de diferentes edades. Una zagalona ten\u00eda en la cabeza toquilla roja con agujeros, o con <i>orificios<\/i>, como dir\u00eda Aparisi; otra, toquilla blanca, y otra estaba con las gre\u00f1as al aire. Esta llevaba zapatillas de orillo, y aquella botitas finas de ca\u00f1a blanca, pero ajadas ya y con el tac\u00f3n torcido. Los chicos eran de diversos tipos. Estaba el que va para la escuela con su cartera de estudio, y el pillete descalzo que no hace m\u00e1s que vagar. Por el vestido se diferenciaban poco, y menos a\u00fan por el lenguaje, que era duro y con inflexiones dejosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abChicooo&#8230; mia \u00e9ste&#8230; Que te rompo la cara&#8230; \u00bfsabeees&#8230;?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfVes esa farolona?\u2014dijo Guillermina a su amiga\u2014, es una de las hijas de Ido&#8230; Esa, esa que est\u00e1 dando brincos como un saltamontes&#8230; \u00a1Eh!, chiquilla&#8230; No oyen&#8230; venid ac\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los chicos, varones y hembras, se pusieron a mirar a las dos se\u00f1oras, y callaban entre burlones y respetuosos, sin atreverse a acercarse. Las que se acercaban paso a paso eran seis u ocho palomas pardas, con reflejos irisados en el cuello; lind\u00edsimas, gordas. Ven\u00edan muy confiadas meneando el cuerpo como las chulas, picoteando en el suelo lo que encontraban, y eran tan mansas, que llegaron sin asustarse hasta muy cerca de las se\u00f1oras. De pronto levantaron el vuelo y se plantaron en el tejado. En algunas puertas hab\u00eda mujeres que sacaban esteras a que se orearan, y sillas y mesas. Por otras sal\u00eda como una humareda: era el polvo del barrido. Hab\u00eda vecinas que se estaban peinando las trenzas negras y aceitosas, o las guedejas rubias, y ten\u00edan todo aquel matorral echado sobre la cara como un velo. Otras sal\u00edan arrastrando zapatos en chancleta por aquellos empedrados de Dios, y al ver a las forasteras corr\u00edan a sus guaridas a llamar a otras vecinas, y la noticia cund\u00eda, y aparec\u00edan por las enrejadas ventanas cabezas peinadas o a medio peinar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Eh!, chiquillos, venid ac\u00e1\u00bb repiti\u00f3 Guillermina; y se fueron acercando escalonados por secciones, como cuando se va a dar un ataque. Algunos, m\u00e1s resueltos, las manos a la espalda, miraron a las dos damas del modo m\u00e1s insolente. Pero uno de ellos, que sin duda ten\u00eda instintos de caballero, se quit\u00f3 de la cabeza un andrajo que hac\u00eda el papel de gorra y les pregunt\u00f3 que a qui\u00e9n buscaban. \u00ab\u00bfEres t\u00fa del se\u00f1or de Ido?\u00bb. El rapaz respondi\u00f3 que no, y al punto destacose del grupo la ni\u00f1a de las zancas largas, de las gre\u00f1as sueltas y de los zapatos de orillo, apartando a manotadas a todos los dem\u00e1s muchachos que se enracimaban ya en derredor de las se\u00f1oras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfEst\u00e1 tu padre arriba?\u00bb. La chica respondi\u00f3 que s\u00ed, y desde entonces convirtiose en individuo de Orden P\u00fablico. No dejaba acercar a nadie; quer\u00eda que todos los granujas se retiraran y ser ella sola la que guiase a las dos damas hasta arriba. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 pesados, qu\u00e9 sobones!&#8230; En todo quieren meter las narices&#8230; Atr\u00e1s, gateras, atr\u00e1s&#8230; Quitarvos de en medio; dejar paso\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su anhelo era marchar delante. Habr\u00eda deseado tener una campanilla para ir tocando por aquellos corredores a fin de que supieran todos qu\u00e9 gran visita ven\u00eda a la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNi\u00f1a, no es preciso que nos acompa\u00f1es\u2014dijo Guillermina que no gustaba de que nadie se sofocase tanto por ella\u2014. Nos basta con saber que est\u00e1n en casa\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la zancuda no hac\u00eda caso. En el primer pelda\u00f1o de la escalera estaba sentada una mujer que vend\u00eda higos pasados en una sereta, y por poco no la planta el zapato de orillo en mitad de la cara. Y todo porque no se apartaba de un salto para dejar el paso libre&#8230; \u00ab\u00a1Vaya d\u00f3nde se va usted a poner, t\u00eda bruja!&#8230; Afuera o la reviento de una patada&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Subieron, no sin que a Jacinta le quedaran ganas de examinar bien toda la piller\u00eda que en el patio quedaba. All\u00e1 en el fondo hab\u00eda divisado dos ni\u00f1os y una ni\u00f1a. Uno de ellos era rubio y como de tres a\u00f1os. Estaban jugando con el fango, que es el juguete m\u00e1s barato que se conoce. Amas\u00e1banlo para hacer tortas del tama\u00f1o de <i>perros grandes<\/i>. La ni\u00f1a, que era de m\u00e1s edad, hab\u00eda construido un hornito con pedazos de ladrillo, y a la derecha de ella hab\u00eda un mont\u00f3n de panes, bollos y tortas, todo de la misma masa que tanto abundaba all\u00ed. La se\u00f1ora de Santa Cruz observ\u00f3 este grupo desde lejos. \u00bfSer\u00eda alguno de aquellos? El coraz\u00f3n le saltaba en el pecho y no se atrev\u00eda a preguntar a la zancuda. En el \u00faltimo pelda\u00f1o de la escalera encontraron otro obst\u00e1culo: dos muchachuelas y tres nenes, uno de estos en mantillas, interceptaban el paso. Estaban jugando con arena <i>fina<\/i> de fregar. El mam\u00f3n estaba fajado y en el suelo, con las patas y las manos al aire, berreando, sin que nadie le hiciera caso. Las dos ni\u00f1as hab\u00edan extendido la arena sobre el piso, y de trecho en trecho hab\u00edan puesto diferentes palitos con cuerdas y trapos. Era el secadero de ropa de las Injurias, propiamente imitado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Qu\u00e9 tropa, Dios! \u2014exclam\u00f3 la zancuda con indignaci\u00f3n de celador de ornato p\u00fablico, que no caus\u00f3 efecto\u2014. Cuidado donde se van a poner&#8230; \u00a1Fuera, fuera!&#8230; y t\u00fa, <i>pitoja<\/i>, recoge a tu hermanillo, que le vamos a espachurrar\u00bb. Estas amonestaciones de una autoridad tan celosa fueron o\u00eddas con el m\u00e1s insolente desd\u00e9n. Uno de los mocosos arrastraba su panza por el suelo, abierto de las cuatro patas; el otro cog\u00eda pu\u00f1ados de arena y se lavaba la cara con ella, acci\u00f3n muy l\u00f3gica, puesto que la arena representaba el agua. \u00abVamos, hijos, quitaos de en medio\u2014les dijo Guillermina a punto que la zancuda destru\u00eda con el pie el lavadero, gritando\u2014: Sinverg\u00fcenzonas, \u00bfno ten\u00e9is otro sitio donde jugar? \u00a1Vaya con la canalla esta&#8230;!\u00bb. y ech\u00f3 adelante resuelta a destruir cualquier obst\u00e1culo que se pusiera al paso. Las otras chiquillas cogieron a los mocosos, como habr\u00edan cogido una mu\u00f1eca, y poni\u00e9ndoselos al cuadril, volaron por aquellos corredores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abVamos\u2014dijo Guillermina a su gu\u00eda\u2014, no las ri\u00f1as tanto, que tambi\u00e9n t\u00fa eres buena&#8230;\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Avanzaron por el corredor, y a cada paso un estorbo. Bien era un brasero que se estaba encendiendo, con el tubo de hierro sobre las brasas para hacer tiro; bien el mont\u00f3n de zaleas o de ruedos, ya una banasta de ropa; ya un c\u00e1ntaro de agua. De todas las puertas abiertas y de las ventanillas sal\u00edan voces o de disputa, o de algazara festiva. Ve\u00edan las cocinas con los pucheros armados sobre las ascuas, las artesas de lavar junto a la puerta, y all\u00e1 en el testero de las breves estancias la indispensable c\u00f3moda con su hule, el vel\u00f3n con pantalla verde y en la pared una especie de altarucho formado por diferentes estampas, alguna l\u00e1mina al cromo de prospectos o peri\u00f3dicos sat\u00edricos, y muchas fotograf\u00edas. Pasaban por un domicilio que era taller de zapater\u00eda, y los golpazos que los zapateros daban a la suela, unidos a sus cantorrios, hac\u00edan una algazara de mil demonios. M\u00e1s all\u00e1 sonaba el convulsivo tiquitique de una m\u00e1quina de coser, y acud\u00edan a las ventanas bustos y caras de mujeres curiosas. Por aqu\u00ed se ve\u00eda un enfermo tendido en un camastro, m\u00e1s all\u00e1 un matrimonio que disputaba a gritos. Algunas vecinas conocieron a do\u00f1a Guillermina y la saludaban con respeto. En otros c\u00edrculos causaba admiraci\u00f3n el empaque elegante de Jacinta. Poco m\u00e1s all\u00e1 cruz\u00e1ronse de una puerta a otra observaciones picantes e irrespetuosas. \u00abSe\u00f1\u00e1 Mariana, \u00bfha visto que nos hemos tra\u00eddo el sof\u00e1 en la rabadilla? \u00a1Ja, ja, ja!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guillermina se par\u00f3, mirando a su amiga: \u00abEsas chafalditas no van conmigo. No puedes figurarte el odio que esta gente tiene a los <i>polisones<\/i>, en lo cual demuestran un sentido&#8230; \u00bfc\u00f3mo se dice?, un sentido <i>est\u00e9tico<\/i> superior al de esos haraganes franceses que inventan tanto pegote est\u00fapido\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta estaba algo corrida; pero tambi\u00e9n se re\u00eda, Guillermina dio dos pasos atr\u00e1s, diciendo: \u00abEa, se\u00f1oras, cada una a su trabajo, y dejen en paz a quien no se mete con ustedes\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego se detuvo junto a una de las puertas y toc\u00f3 en ella con los nudillos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa se\u00f1\u00e1 Severiana no est\u00e1\u2014dijo una de las vecinas\u2014. \u00bfQuiere la se\u00f1ora dejar recado?&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No; la ver\u00e9 otro d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de recorrer dos lados del corredor principal, penetraron en una especie de t\u00fanel en que tambi\u00e9n hab\u00eda puertas numeradas; subieron como unos seis pelda\u00f1os, precedidas siempre de la zancuda, y se encontraron en el corredor de otro patio, mucho m\u00e1s feo, sucio y triste que el anterior. Comparado con el segundo, el primero ten\u00eda algo de aristocr\u00e1tico y podr\u00eda pasar por albergue de familias <i>distinguidas<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre uno y otro patio, que pertenec\u00edan a un mismo due\u00f1o y por eso estaban unidos, hab\u00eda un escal\u00f3n social, la distancia entre eso que se llama <i>capas<\/i>. Las viviendas, en aquella segunda <i>capa<\/i>, eran m\u00e1s estrechas y miserables que en la primera; el revoco se ca\u00eda a pedazos, y los rasgu\u00f1os trazados con un clavo en las paredes parec\u00edan hechos con m\u00e1s sa\u00f1a, los versos escritos con l\u00e1piz en algunas puertas m\u00e1s necios y groseros, las maderas m\u00e1s despintadas y ro\u00f1osas, el aire m\u00e1s viciado, el vaho que sal\u00eda por puertas y ventanas m\u00e1s espeso y repugnante. Jacinta, que hab\u00eda visitado algunas casas de corredor, no hab\u00eda visto ninguna tan t\u00e9trica y mal oliente. \u00ab\u00bfQu\u00e9, te asustas, ni\u00f1a bonita?\u2014le dijo Guillermina\u2014. \u00bfPues qu\u00e9 te cre\u00edas t\u00fa, que esto era el Teatro Real o la casa de Fern\u00e1n-N\u00fa\u00f1ez? \u00c1nimo. Para venir aqu\u00ed se necesitan dos cosas: caridad y est\u00f3mago\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Echando una mirada a lo alto del tejado, vio la Delfina que por encima de este asomaba un tenderete en que hab\u00eda muchos cueros, tripas u otros despojos, puestos a secar. De aquella regi\u00f3n ven\u00eda, arrastrado por las ondas del aire, un olor nauseabundo. Por los desiguales tejados pase\u00e1banse gatos de feroz aspecto, flacos, con las quijadas angulosas, los ojos dormilones, el pelo erizado. Otros bajaban a los corredores y se tend\u00edan al sol; pero los propiamente salvajes, viv\u00edan y aun se criaban arriba, persiguiendo el sabroso rat\u00f3n de los secaderos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaron junto a las dos damas figuras andrajosas, ciegos que iban dando palos en el suelo, lisiados con montera de pelo, pantal\u00f3n de soldado, horribles caras. Jacinta se apretaba contra la pared para dejar paso franco. Encontraban mujeres con pa\u00f1uelo a la cabeza y mant\u00f3n pardo, tap\u00e1ndose la boca con la mano envuelta en un pliegue del mismo mant\u00f3n. Parec\u00edan moras; no se les ve\u00eda m\u00e1s que un ojo y parte de la nariz. Algunas eran agraciadas; pero la mayor parte eran flacas, p\u00e1lidas, tripudas y envejecidas antes de tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por los ventanuchos abiertos sal\u00eda, con el olor a fritangas y el ambiente chinchoso, murmullo de conversaciones dejosas, arrastrando toscamente las s\u00edlabas finales. Este modo de hablar de la tierra ha nacido en Madrid de una mixtura entre el deje andaluz, puesto de moda por los soldados, y el dejo aragon\u00e9s, que se asimilan todos los que quieren darse aires varoniles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nueva barricada de chiquillos les cort\u00f3 el paso. Al verles, Jacinta y aun Guillermina, a pesar de su costumbre de ver cosas raras, qued\u00e1ronse pasmadas, y hubi\u00e9rales dado espanto lo que miraban, si las risas de ellos no disiparan toda impresi\u00f3n terror\u00edfica. Era una manada de salvajes, compuesta de dos tagarotes como de diez y doce a\u00f1os, una ni\u00f1a m\u00e1s chica, y otros dos <i>chavales<\/i>, cuya edad y sexo no se pod\u00eda saber. Ten\u00edan todos ellos la cara y las manos llenas de chafarrinones negros, hechos con algo que deb\u00eda de ser bet\u00fan o barniz japon\u00e9s del m\u00e1s fuerte. Uno se hab\u00eda pintado rayas en el rostro, otro anteojos, aqu\u00e9l bigotes, cejas y patillas con tan mala ma\u00f1a, que toda la cara parec\u00eda revuelta en heces de tintero. Los peque\u00f1uelos no parec\u00edan pertenecer a la raza humana, y con aquel maldito tizne extendido y resobado por la cara y las manos semejaban micos, diablillos o engendros infernales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abMalditos se\u00e1is&#8230; \u2014grit\u00f3 la zancuda, cuando vio aquellas fachas horrorosas\u2014. \u00a1Pero c\u00f3mo os hab\u00e9is puesto as\u00ed, sinverg\u00fcenzones, indecentes, puercos, marranos&#8230;!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014En el nombre del Padre&#8230; \u2014exclam\u00f3 Guillermina persign\u00e1ndose\u2014. \u00bfPero has visto&#8230;?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contemplaban ellos a las damas, mudos y con grand\u00edsima emoci\u00f3n, gozando \u00edntimamente en la sorpresa y terror que sus espantables cataduras produc\u00edan en aquellas se\u00f1oriticas tan requetefinas. Uno de los peque\u00f1os intent\u00f3 echar la zarpa al abrigo de Jacinta; pero la zancuda empez\u00f3 a dar chillidos: \u00abQuitarvos all\u00e1, desaparta\u00edsos, gorrinos asquerosos&#8230; que manch\u00e1is a estas se\u00f1oras con esas manazas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Bendito Dios!&#8230; Si parecen can\u00edbales&#8230; No nos toqu\u00e9is&#8230; La culpa no ten\u00e9is vosotros, sino vuestras madres, que tal os consienten&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si no me enga\u00f1o, estos dos gandulones son tus hermanos, ni\u00f1a\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dos aludidos, mostrando al sonre\u00edr sus dientes blancos como la leche y sus labios m\u00e1s rojos que cerezas entre el negro que los rodeaba, contestaron que s\u00ed con sus cabezas de salvaje. Empezaban a sentirse avergonzados y no sab\u00edan por d\u00f3nde tirar. En el mismo instante sali\u00f3 una mujeraza de la puerta m\u00e1s pr\u00f3xima, y agarrando a una de las ni\u00f1as embadurnadas, le levant\u00f3 las enaguas y empez\u00f3 a darle tal solfa en salva la parte, que los casta\u00f1etazos se o\u00edan desde el primer patio. No tard\u00f3 en aparecer otra madre furiosa, que m\u00e1s que mujer parec\u00eda una loba, y la emprendi\u00f3 con otro de los mandingas a bofetada sucia, sin miedo a mancharse ella tambi\u00e9n. \u00abCanallas, cafres, \u00a1c\u00f3mo se han puesto!\u00bb. Y al punto fueron saliendo m\u00e1s madres irritadas. \u00a1La que se arm\u00f3! Pronto se vieron l\u00e1grimas resbalando sobre el bet\u00fan, llanto que al punto se volv\u00eda negro. \u00abTe voy a matar, grand\u00edsimo pillo, ladr\u00f3n&#8230;\u00bb. Estos son los condenados charoles que usa la se\u00f1\u00e1 Nicanora. Pero, \u00a1re\u2014Dios!, se\u00f1\u00e1 Nicanora, \u00bfpara qu\u00e9 deja ust\u00e9 que las criaturas&#8230;?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las mujeres que m\u00e1s alborotaban se aplac\u00f3 al ver a las dos damas. Era la se\u00f1ora de Ido del Sagrario, que ten\u00eda en la cara sombrajos y manchurrones de aquel mismo bet\u00fan de los caribes, y las manos enteramente negras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Turbose un poco ante la visita: \u00abPasen las se\u00f1oras&#8230; Me encuentran hecha una compasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guillermina y Jacinta entraron en la mansi\u00f3n de Ido, que se compon\u00eda de una salita angosta y de dos alcobas interiores m\u00e1s oprimidas y l\u00f3bregas a\u00fan, las cuales daban el <i>qui\u00e9n vive<\/i> al que a ellas se asomaba. No faltaban all\u00ed la c\u00f3moda y la l\u00e1mina del Cristo del <i>Gran Poder<\/i>, ni las fotograf\u00edas descoloridas de individuos de la familia y de ni\u00f1os muertos. La cocina era un cubil fr\u00edo donde hab\u00eda mucha ceniza, pucheros volcados, tinajas rotas y el artes\u00f3n de lavar lleno de trapos secos y de polvo. En la salita, los ladrillos tecleaban bajo los pies. Las paredes eran como de carboner\u00eda, y en ciertos puntos hab\u00edan recibido bofetadas de cal, por lo que resultaba un claro-oscuro muy fant\u00e1stico. Creer\u00edase que andaban espectros por all\u00ed, o al menos sombras de linterna m\u00e1gica. El sof\u00e1 de Vitoria era uno de los muebles m\u00e1s alarmantes que se pueden imaginar. No hab\u00eda m\u00e1s que verle para comprender que no respond\u00eda de la seguridad de quien en \u00e9l se sentase. Las dos o tres sillas eran tambi\u00e9n muy sospechosas. La que parec\u00eda mejor, seguramente la pegaba. Vio Jacinta, salteados por aquellos fant\u00e1sticos muros, carteles de publicaciones ilustradas, de librillos de papel de fumar y cartones de almanaques americanos que ya no ten\u00edan hojas. Eran a\u00f1os muertos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero lo que mayormente excit\u00f3 la curiosidad de ambas se\u00f1oras fue un gran tablero que en el centro de la estancia hab\u00eda, cogi\u00e9ndola casi toda; una mesa armada sobre bancos como la que usan los papelistas, y encima de ella grandes paquetes o manos de pliegos de papel fino de escribir. A un extremo los cuadernillos apilados formaban compactas resmas blancas; a otro las mismas resmas ya con bordes negros, convertidas en papel de luto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ido extend\u00eda sobre el tablero los pliegos de papel abiertos. Una muchacha, que deb\u00eda de ser Rosita, contaba los pliegos ya enlutados y formaba los cuadernillos. Nicanora pidi\u00f3 permiso a las se\u00f1oras para seguir trabajando. Era una mujer m\u00e1s envejecida que vieja, y bien se conoc\u00eda que nunca hab\u00eda sido hermosa. Debi\u00f3 de tener en otro tiempo buenas carnes, pero ya su cuerpo estaba lleno de pliegues y abolladuras como un zurr\u00f3n vac\u00edo. All\u00ed, valga la verdad, no se sab\u00eda lo que era pecho, ni lo que era barriga. La cara era hocicuda y desagradable. Si algo expresaba era un genio muy malo y un car\u00e1cter de vinagre; pero en esto enga\u00f1aba aquel rostro como otros muchos que hacen creer lo que no es. Era Nicanora una infeliz mujer, de m\u00e1s bondad que entendimiento, probada en las luchas de la vida, que hab\u00eda sido para ella una batalla sin victorias ni respiro alguno. Ya no se defend\u00eda m\u00e1s que con la paciencia, y de tanto mirarle la cara a la adversidad deb\u00eda de provenirle aquel alargamiento de morros que la afeaba considerablemente. La <i>Venus de M\u00e9dicis<\/i> ten\u00eda los p\u00e1rpados enfermos, rojos y siempre h\u00famedos, privados de pesta\u00f1as, por lo cual dec\u00edan de ella que <i>con un ojo lloraba a su padre y con otro a su madre<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta no sab\u00eda a qui\u00e9n compadecer m\u00e1s, si a Nicanora por ser como era, o a su marido por creerla Venus cuando se <i>electrizaba<\/i>. Ido estaba muy cohibido delante de las dos damas. Como la silla en que do\u00f1a Guillermina se sent\u00f3 empezase a exhalar ciertos quejidos y a hacer desperezos, anunciando quiz\u00e1s que se iba a deshacer, D. Jos\u00e9 sali\u00f3 corriendo a traer una de la vecindad. Rosita era graciosa, pero desmedrada y clor\u00f3tica, de color de marfil. Llamaba la atenci\u00f3n su peinado en sortijillas, batido, engomado y puesto con much\u00edsimo aquel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfPero qu\u00e9 hace usted, mujer, con esa pintura?\u00bb pregunt\u00f3 Guillermina a Nicanora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>\u2014Soy lutera<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Somos <i>luteranos<\/i>\u2014dijo Ido sonriendo, muy satisfecho por tener ocasi\u00f3n de soltar aquel chiste que era viejo y hab\u00eda sido soltado sin n\u00famero de veces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Qu\u00e9 dice este hombre! \u2014exclam\u00f3 la fundadora horrorizada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014C\u00e1llate t\u00fa y no disparates\u2014replic\u00f3 Nicanora\u2014. Yo soy <i>lutera<\/i>, vamos al decir, pinto papel de luto. Cuando no tengo otro trabajo, me traigo a casa unas cuantas resmas, y las enluto mismamente como las se\u00f1oras ven. El almacenista paga un real por resma. Yo pongo el tinte, y trabajando todo el d\u00eda, me quedan seis o siete reales. Pero los tiempos est\u00e1n malos, y hay poco papel que te\u00f1ir. Todas las luteras est\u00e1n paradas, se\u00f1ora&#8230; porque, naturalmente, o se muere poca gente, o no les echan papeletas&#8230; Hombre\u2014dijo a su marido, haci\u00e9ndole estremecer\u2014, \u00bfqu\u00e9 haces ah\u00ed con la boca abierta? <i>Desmiente<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ido, que estaba oyendo a su mujer, como se oye a un orador brillante, despert\u00f3 de su \u00e9xtasis y se puso a <i>desmentir<\/i>. Llaman as\u00ed al acto de colocar los pliegos de papel unos sobre otros, escalonados, dejando descubierta en todos una fajita igual, que es lo que se ti\u00f1e. Como Jacinta observaba atentamente el trabajo de D. Jos\u00e9, este se esmer\u00f3 en hacerlo con desusada perfecci\u00f3n y ligereza. Daba gusto ver aquellos bordes, que por lo iguales parec\u00edan hechos a comp\u00e1s. Rosita apilaba pliegos y resmas sin decir una palabra. Nicanora hizo a Jacinta, mirando a su marido, una se\u00f1a que quer\u00eda decir: \u00abHoy est\u00e1 bueno\u00bb. Despu\u00e9s empez\u00f3 a pasar r\u00e1pidamente la brocha sobre el papel, como se hace con los estarcidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Y las suscriciones de entregas \u2014pregunt\u00f3 Guillermina\u2014, \u00bfdan algo que comer?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ido abri\u00f3 la boca para emitir pronta y juiciosa respuesta a esta pregunta; pero su mujer tom\u00f3 r\u00e1pidamente la palabra, qued\u00e1ndose \u00e9l un buen rato con la boca abierta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Las suscripciones\u2014declar\u00f3 la <i>Venus de M\u00e9dicis<\/i>\u2014, son una calamidad. Aqu\u00ed Jos\u00e9 tiene poca suerte&#8230; es muy honrado y le enga\u00f1a cualisquiera. El p\u00fablico es cosa mala, se\u00f1oras, y suscritor hay que no paga ni aunque le arrastren. Luego, como el mes pasado perdi\u00f3 <i>aqu\u00ed<\/i> (este aqu\u00ed era D. Jos\u00e9) un billete de cuatrocientos reales, el encargado de las obras se lo va cobrando, descont\u00e1ndole de las primas que le tocan. Por eso, naturalmente, nos hemos atrasado tanto, y lo poco que se apa\u00f1a se lo birla el casero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ido, desde que se dijo aquello del billete perdido, no volvi\u00f3 a levantar los ojos de su trabajo. Aquel descuido que tuvo le avergonzaba como si hubiera sido un delito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPues lo primero que tienen ustedes que hacer\u2014indic\u00f3 la Pacheco\u2014, es poner una escuela a esos dos tagarotes y a la berganta de su ni\u00f1a peque\u00f1a\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No los mando, porque me da verg\u00fcenza de que salgan a la calle con tanto pingajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No importa. Adem\u00e1s, esta amiguita y yo daremos a ustedes alguna ropa para los muchachos. Y el mayor, \u00bfgana algo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Me gana cinco reales en una imprenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero no tiene formalidad. Cuando le parece deja el trabajo, y se va a las becerradas de Getafe o de Legan\u00e9s, y no parece en tres d\u00edas. Quiere ser torero y nos trae crucificados. Se va al matadero por las tardes, cuando deg\u00fcellan, y en casa, dormido, habla de que si puso las banderillas a <i>porta-gayola<\/i>&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Y usted\u2014pregunt\u00f3 Jacinta a Rosita\u2014, \u00bfen qu\u00e9 se ocupa?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rosita se puso muy encarnada. Iba a contestar; pero su madre, que llevaba la palabra por toda la familia, respondi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEs peinadora&#8230; Est\u00e1 aprendiendo con una vecina maestra. Ya tiene algunas parroquianas. Pero no le pagan, naturalmente&#8230; Es una sosona, y como no le pongan los cuartos en la mano, no hay de qu\u00e9. Yo le digo que no sea <i>panoli<\/i> y que tenga genio; pero&#8230; ya usted la ve. Como su padre, que el d\u00eda que no le enga\u00f1a uno le enga\u00f1an dos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guillermina, despu\u00e9s de sacar varios bonos, como billetes de teatro, y dar a la infeliz familia los que necesitaba para proveerse de garbanzos, pan y carne por media semana, dijo que se marchaba. Pero Jacinta no se conform\u00f3 con salir tan pronto. Hab\u00eda ido all\u00ed con determinado fin, y por nada del mundo se retirar\u00eda sin intentar al menos realizarlo. Varias veces tuvo la palabra en la boca para hacer una pregunta a D. Jos\u00e9, y este la miraba como diciendo: \u00abestoy rabiando porque me pregunte usted por el <i>Pituso<\/i>\u00bb. Por fin, decidiose la dama a romper el silencio sobre punto tan capital, y levant\u00e1ndose dio algunos pasos hacia donde Ido estaba. Este no necesit\u00f3 m\u00e1s que verla venir; y saliendo r\u00e1pidamente del cuarto, volvi\u00f3 al poco con una criatura de la mano.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">III<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1El Dulce Nombre!&#8230;\u00bb exclam\u00f3 la Pacheco viendo entrar aquel adefesio, y todos los dem\u00e1s lanzaron una exclamaci\u00f3n parecida al mirar al ni\u00f1o, con la cara tan completamente pintada de negro que no se ve\u00eda el color de su carne por parte alguna. Sus manos chorreaban bet\u00fan, y en el traje se hab\u00edan limpiado las suyas asqueros\u00edsimas los otros muchachos. El <i>Pitus\u00edn<\/i> ten\u00eda el cabello negro. Sus labios rojos sobre aquel chapapote superaban al coral m\u00e1s puro. Los dientecillos le brillaban cual si fueran de cristal. La lengua que sacaba, por tener la creencia de que todo negrito, para ser tal negrito, debe estirar la lengua todo lo m\u00e1s posible, parec\u00eda una hoja de rosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Qu\u00e9 horror!&#8230; \u00a1Ah!, tunantes&#8230; \u00a1Bendito Dios!, \u00a1c\u00f3mo le han puesto!&#8230; Anda, \u00a1que apa\u00f1ado est\u00e1s!&#8230;\u00bb. Las vecinas se enracimaban en las puertas riendo y alborotando. Jacinta estaba at\u00f3nita y apenada. Pas\u00e1ronle por la mente ideas extra\u00f1as; la mancha del pecado era tal, que aun a la misma inocencia extend\u00eda su sombra; y el maldito se re\u00eda detr\u00e1s de su infernal careta, gozoso de ver que todos se ocupaban de \u00e9l, aunque fuera para escarnecerle. Nicarona dej\u00f3 sus pinturas para correr detr\u00e1s de los bergantes y de la zancuda, que tambi\u00e9n deb\u00eda de tener alguna parte en aquel desaguisado. La osad\u00eda del negrito no conoc\u00eda l\u00edmites, y extendi\u00f3 sus manos pringadas hacia aquella se\u00f1ora tan maja que le miraba tanto. \u00abQuita all\u00e1, demonio&#8230; quita all\u00e1 esas manos\u00bb le gritaron. Viendo que no le dejaban tocar a nadie, y que su facha causaba risa, el chico daba patadas en medio del corro, sacando la lengua y presentando sus diez dedos como garras. De este modo ten\u00eda, a su parecer, el aspecto de un bicho muy malo que se com\u00eda a la gente, o por lo menos que se la quer\u00eda comer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oyose el pie de paliza que Nicarona, hecha una veneno, estaba dando a sus hijos, y el gemir de ellos. El <i>Pituso<\/i> empez\u00f3 a cansarse pronto de su papel de mico, porque eso de no poder pegarse a nadie ten\u00eda poca gracia. Lo mejor que pod\u00eda hacer en su situaci\u00f3n desairada, era meterse los dedos en la boca; pero sab\u00eda tan mal aquel endiablo potaje negro, que pronto los hubo de retirar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfSer\u00e1 veneno eso? \u2014observ\u00f3 Jacinta, alarmada\u2014. Que lo laven, \u00bfpor qu\u00e9 no lo lavan?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues est\u00e1s bonito, Juan\u00edn\u2014d\u00edjole Ido\u2014. \u00a1Y esta se\u00f1ora que te quer\u00eda dar un beso!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c1vida de tocarle, la Delfina le agarr\u00f3 un mech\u00f3n de cabello, lo \u00fanico en que no hab\u00eda pintura. \u00ab\u00a1Pobrecito, c\u00f3mo est\u00e1!&#8230;\u00bb. De repente le entraron a Juan\u00edn ganas de llorar. Ya no ense\u00f1aba la lengua; lo que hac\u00eda era dar suspiros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfPero ese Sr. Izquierdo, no est\u00e1?\u2014pregunt\u00f3 a Ido Jacinta llev\u00e1ndole aparte\u2014. Yo tengo que hablar con \u00e9l. \u00bfD\u00f3nde vive?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Se\u00f1ora\u2014replic\u00f3 D. Jos\u00e9 con finura\u2014, la puerta de su domicilio est\u00e1 cerrada&#8230; herm\u00e9ticamente, muy herm\u00e9ticamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues quiero verle, quiero hablar con \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Yo lo pondr\u00e9 en su conocimiento\u2014repuso el corredor de obras, que gustaba de emplear formas burocr\u00e1ticas cuando la ocasi\u00f3n lo ped\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ea, v\u00e1monos, que es tarde \u2014dijo impaciente Guillermina\u2014. Otro d\u00eda volveremos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed, volveremos&#8230; Pero que lo laven&#8230; \u00a1pobre ni\u00f1o! Debe de estar en un martirio horrible con ese emplasto en la cara. Di, tont\u00edn, \u00bfquieres que te laven?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El <i>Pituso<\/i> dijo que s\u00ed con la cabeza. Su aflicci\u00f3n crec\u00eda, y poco le faltaba para romper a llorar. Todas las vecinas reconocieron la necesidad de lavarle; pero unas no ten\u00edan agua y otras no quer\u00edan gastarla en tal objeto. Por fin una mujer agitanada y con faldas de percal rameado, el talle muy bajo, un pa\u00f1uelo ca\u00eddo por los hombros, el pelo lacio y la tez crasa y de color de <i>terra-cotta<\/i>, se pareci\u00f3 por all\u00ed de repente, y quiso dar una lecci\u00f3n a las vecinas delante de las se\u00f1oras, diciendo que ella ten\u00eda agua de sobra para <i>despercudir<\/i> y <i>chovelar<\/i> a aquel \u00e1ngel. Se le llevaron en burlesca procesi\u00f3n, \u00e9l delante, aislado por su propio tizne, y ya con la dignidad tan por los suelos, que empezaba a dar <i>jip\u00edos<\/i>; los chicos detr\u00e1s haciendo una bulla infernal, y la tarasca aquella del mo\u00f1o lacio amenaz\u00e1ndolos con <i>endi\u00f1arles<\/i> si no se quitaban de en medio. Desapareci\u00f3 la comparsa por una puerqu\u00edsima y angosta escalera que del \u00e1ngulo del corredor part\u00eda. Jacinta hubiera querido subir tambi\u00e9n; pero Guillermina la sofocaba con sus prisas. \u00ab\u00bfHija, sabes t\u00fa la hora que es?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abS\u00ed, nos iremos&#8230; Lo que es por m\u00ed, ya estamos andando\u00bb dec\u00eda la otra sin moverse del corredor, mirando a la techumbre, en la cual no ve\u00eda otra cosa que el horrible tinglado donde colgaban los cueros puestos a secar. Entre tanto, la fundadora, a pesar de su mucha prisa, entablaba una r\u00e1pida conversaci\u00f3n con D. Jos\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfNo tiene usted ya nada que hacer en casa?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Absolutamente nada, se\u00f1ora. Ya est\u00e1n <i>desmentidas<\/i> las \u00faltimas resmas. Pensaba yo ahora irme a dar una vuelta y a tomar el aire.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Le conviene a usted el ejercicio&#8230; perfectamente. Pues oiga usted, al mismo tiempo que se orea un poco, me va a hacer un servicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Estoy a disposici\u00f3n de la se\u00f1ora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Se sale usted a la Ronda&#8230; tira usted para abajo, dejando a la izquierda la f\u00e1brica del gas. \u00bfEntiende usted?&#8230; \u00bfSabe usted la estaci\u00f3n de las Pulgas? Bueno, pues antes de llegar a ella hay una casa en construcci\u00f3n&#8230; Est\u00e1 concluida la obra de f\u00e1brica y ahora est\u00e1n armando una chimenea muy larga, porque va a ser <i>sierra mec\u00e1nica<\/i>&#8230; \u00bfSe va usted enterando? No tiene p\u00e9rdida. Pues entra usted y pregunta por el guarda de la obra, que se llama Pacheco&#8230; lo mismito que yo. Usted le dice: \u00abVengo por los ladrillos de do\u00f1a Guillermina\u00bb. Ido repiti\u00f3, como los chicos que aprenden una lecci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abVengo por los ladrillos, etc&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014El due\u00f1o de esa f\u00e1brica me ha dado unos setenta ladrillos, lo \u00fanico que le sobra&#8230; poca cosa, pero a m\u00ed todo me sirve&#8230; Bueno; coge usted los ladrillos y me los lleva a la obra&#8230; son para mi obra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfA la obra?&#8230; \u00bfQu\u00e9 obra?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Hombre, en Chamber\u00ed&#8230; mi asilo&#8230; \u00bfEst\u00e1 usted lelo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Ah! perdone la se\u00f1ora&#8230; cuando o\u00ed la obra, cre\u00ed al pronto que era una obra literaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Si no puede usted de un viaje, emplee dos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014O tres, o cuatro&#8230; tant\u00edsimo gusto en ello&#8230; Si necesario fuese, naturalmente, tantos viajes como ladrillos&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Y si me hace bien el recado, cuente con un hongo casi nuevo&#8230; Me lo han dado ayer en una casa, y lo reservo para los amigos que me ayudan&#8230; \u00bfCon que lo har\u00e1 usted? Hoy por ti y ma\u00f1ana por m\u00ed. Vaya, abur, abur.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ido y su mujer se deshac\u00edan en cumplidos y fueron escoltando a las se\u00f1oras hasta la puerta de la calle. En la calle de Toledo tomaron ellas un sim\u00f3n para ganar tiempo, y el bendito Ido se fue a cumplir el encargo que la fundadora le hab\u00eda hecho. No era una misi\u00f3n <i>delicada<\/i> ciertamente, como \u00e9l deseara; pero el principio de caridad que entra\u00f1aba aquel acto lo trocaba de vulgar en sublime. Toda la santa tarde estuvo mi hombre ocupado en el transporte de los ladrillos, y tuvo la satisfacci\u00f3n de que ni uno solo de los setenta se le rompiera por el camino. El contento que inundaba su alma le quitaba el cansancio, y proven\u00eda su gozo casi exclusivamente de que Jacinta, en aquel ratito en que le llev\u00f3 aparte, le hab\u00eda dado un duro. No puso \u00e9l la moneda en el bolsillo de su chaleco, donde la habr\u00eda descubierto Nicanora, sino en la cintura, muy bien escondida en una faja que usaba pegada a la carne para abrigarse la boca del est\u00f3mago. Porque conviene fijar bien las cosas&#8230; aquel duro, dado aparte, lejos de las miradas fam\u00e9licas del resto de la familia, era exclusivamente para \u00e9l. Tal hab\u00eda sido la intenci\u00f3n de la se\u00f1orita, y D. Jos\u00e9 habr\u00eda cre\u00eddo ofender a su bienhechora interpret\u00e1ndola de otro modo. Guardar\u00eda, pues, su tesoro, y se valdr\u00eda de todas las trazas de su ingenio para defenderlo de las miradas y de las u\u00f1as de Nicanora&#8230; porque si esta lo descubr\u00eda, \u00a1Santo Cristo de los Guardias&#8230;!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pas\u00f3 la noche en grand\u00edsima intranquilidad. Tem\u00eda que su mujer descubriese con ojo perspicaz el matute que \u00e9l encerraba en su cintura. La maldita parec\u00eda que ol\u00eda la plata. Por eso estaba tan azorado y no se daba por seguro en ninguna posici\u00f3n, creyendo que al trav\u00e9s de la ropa se le iba a ver la moneda. Durante la cena estuvieron todos muy alegres; tiempo hac\u00eda que no hab\u00edan cenado tan bien. Pero al acostarse volvi\u00f3 Ido a ser atormentado por sus temores, y no tuvo m\u00e1s remedio que estar toda la noche hecho un ovillo, con las manos cruzadas en la cintura, porque si en una de las revueltas que ambos daban sobre los accidentados jergones la mano de su mujer llegaba a tocar el duro, se lo quitaba, tan fijo como tres y dos son cinco. Durmi\u00f3, pues, tan mal que en realidad dorm\u00eda con un ojo y velaba con el otro, atento siempre a defender su contrabando. Lo peor fue que vi\u00e9ndole su mujer tan retortijado y hecho todo una <i>ese<\/i>, crey\u00f3 que ten\u00eda el dolor espasm\u00f3dico que le sol\u00eda dar; y como el mejor remedio para eso eran las friegas, Nicanora le propuso d\u00e1rselas, y al o\u00edr tal proposici\u00f3n, tembl\u00e1ronle a Ido las carnes, vi\u00e9ndose descubierto y perdido. \u00abAhora s\u00ed que la hemos hecho buena\u00bb pens\u00f3. Pero su talento le sugiri\u00f3 la respuesta, y dijo que no ten\u00eda ni pizca de dolor, sino fr\u00edo, y sin m\u00e1s explicaciones se volvi\u00f3 contra la pared, peg\u00e1ndose a ella como un engrudo, y haci\u00e9ndose el dormido. Lleg\u00f3 por fin el d\u00eda y con \u00e9l la calma al coraz\u00f3n de Ido, quien se acical\u00f3 y se lav\u00f3 casi toda la cara, poni\u00e9ndose la corbata encarnada con cierta presunci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eran ya las diez de la ma\u00f1ana, porque con aquello de lavarse <i>bien<\/i> se hab\u00eda ido bastante tiempo. Rosita tard\u00f3 mucho en traer el agua, y Nicanora se hab\u00eda dado la inmensa satisfacci\u00f3n de ir a la compra. Todos los individuos de la familia, cuando se encontraban uno frente a otro, se echaban a re\u00edr, y el m\u00e1s risue\u00f1o era D. Jos\u00e9, porque&#8230; \u00a1si supieran!&#8230;<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">IV<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Echose mi hombre a la calle, y tir\u00f3 por la de Mira el R\u00edo baja, cuya cuesta es tan empinada que se necesita hacer algo de volatines para no ir rodando de cabeza por aquellos pedernales. Ido la baj\u00f3, casi como la bajan los chiquillos, de un aliento, y una vez en la explanada que llaman el <i>Mundo Nuevo<\/i>, su esp\u00edritu se espaci\u00f3, como p\u00e1jaro lanzado a los aires. Empez\u00f3 a dar resoplidos, cual si quisiera meter en sus pulmones m\u00e1s aire del que cab\u00eda, y sacudi\u00f3 el cuerpo como las gallinas. El picorcillo del sol le agradaba, y la contemplaci\u00f3n de aquel cielo azul, de incomparable limpieza y diafanidad, daba alas a su alma voladora. Candoroso e impresionable, D. Jos\u00e9 era como los ni\u00f1os o los poetas de verdad, y las sensaciones eran siempre en \u00e9l viv\u00edsimas, las im\u00e1genes de un relieve extraordinario. Todo lo ve\u00eda agrandado hiperb\u00f3licamente o empeque\u00f1ecido, seg\u00fan los casos. Cuando estaba alegre, los objetos se revest\u00edan a sus ojos de maravillosa hermosura; todo le <i>sonre\u00eda<\/i>, seg\u00fan la expresi\u00f3n com\u00fan que le gustaba mucho usar. En cambio cuando estaba afligido, que era lo m\u00e1s frecuente, las cosas m\u00e1s bellas se afeaban volvi\u00e9ndose negras, y se cubr\u00edan de un velo&#8230; parec\u00edale m\u00e1s propio decir <i>de un sudario<\/i>. Aquel d\u00eda estaba el hombre de buenas, y la excitaci\u00f3n de la dicha hac\u00edale m\u00e1s ni\u00f1o y m\u00e1s poeta que otras veces. Por eso el campo del <i>Mundo Nuevo<\/i>, que es el sitio m\u00e1s desamparado y m\u00e1s feo del globo terr\u00e1queo, le pareci\u00f3 una bonita plaza. Sali\u00f3 a la Ronda y ech\u00f3 miradas de artista a una parte y otra. All\u00ed la puerta de Toledo \u00a1qu\u00e9 soberbia arquitectura! A la otra parte la f\u00e1brica del gas&#8230; \u00a1oh prodigios de la industria!&#8230; Luego el cielo espl\u00e9ndido y aquellos lejos de Carabanchel, perdi\u00e9ndose en la inmensidad, con remedos y aun con murmullos de Oc\u00e9ano&#8230; \u00a1sublimidades de la Naturaleza!&#8230; Andando, andando, le entr\u00f3 de improviso un celo tan vehemente por la instrucci\u00f3n p\u00fablica, que le falt\u00f3 poco para caerse de espaldas ante los est\u00f3lidos letreros que ve\u00eda por todas partes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>No se premite tender rropa, y ni clabar clabos<\/i>, dec\u00eda en una pared, y D. Jos\u00e9 exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Vaya una barbaridad!&#8230; \u00a1Ignorantes!&#8230; \u00a1emplear dos conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, \u00bfno veis que la primera, naturalmente, junta las voces o cl\u00e1usulas en concepto afirmativo y la segunda en concepto negativo?&#8230; \u00a1Y que no tenga qu\u00e9 comer un hombre que podr\u00eda ense\u00f1ar la Gram\u00e1tica a todo Madrid y corregir estos delitos del lenguaje!&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 no me hab\u00eda de dar el Gobierno, vamos a ver, por qu\u00e9 no me hab\u00eda de dar el encargo, mediante proporcionales emolumentos, de vigilar los r\u00f3tulos?&#8230; \u00a1Zoquetes, qu\u00e9 multas os pondr\u00eda!&#8230; Pues tambi\u00e9n t\u00fa est\u00e1s bueno: <i>Se alquilan qartos<\/i>&#8230; muy bien, se\u00f1or m\u00edo. \u00bfLe gustan a usted tanto las <i>\u00faes<\/i> que se las come con arroz? \u00a1Ah!, si el Gobierno me nombrara <i>ort\u00f3grafo de la v\u00eda p\u00fablica<\/i>, ya ver\u00edais&#8230; Vamos, otro que tal: <i>se proive<\/i>&#8230; Se proh\u00edbe rebuznar, digo yo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hall\u00e1base en lo m\u00e1s entretenido de aquella cr\u00edtica literaria, tan propia de su oficio, cuando vio que hacia \u00e9l iban tres individuos de calz\u00f3n ajustado, botas de ca\u00f1a, chaqueta corta, gorra, el pelo echadito <i>palante<\/i>, caras de poca verg\u00fcenza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eran los tales tipos muy madrile\u00f1os y pertenec\u00edan al gremio de los <i>randas<\/i>. El uno era <i>descuidero<\/i>, el otro <i>tomador<\/i>, y el tercero hac\u00eda a pelo y a pluma. Ido les conoc\u00eda, porque viv\u00edan en su patio, siempre que no eran inquilinos de los del Saladero, y no gustaba de tratarse con semejante gentuza. De buena gana les habr\u00eda dado una puntera en salva la parte; pero no se atrev\u00eda. Una cosa es reformar la ortograf\u00eda p\u00fablica, y otra aplicar ciertos correctivos a la especie humana. \u00abAll\u00e1 van los buenos d\u00edas\u00bb le dijeron los chulos alegremente, y a Ido se le puso la carne como la de las gallinas, porque se acord\u00f3 del duro y temi\u00f3 que se lo <i>garfi\u00f1aran<\/i> si entraba en parola con ellos. Pasando de largo, les dijo con mucha cortes\u00eda: \u00abDios les guarde, caballeros&#8230; Conservarse\u00bb y apret\u00f3 a correr. No le volvi\u00f3 el alma al cuerpo hasta que les hubo perdido de vista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEs preciso que me convide a algo\u00bb pensaba el pendolista; y hac\u00eda la cr\u00edtica mental de los manjares que m\u00e1s le gustaban. Cerca de la puerta de Toledo se encontr\u00f3 con un mielero alcarre\u00f1o que paraba en su misma casa. Estaban hablando, cuando pas\u00f3 un pintor de panderetas, tambi\u00e9n vecino, y ambos le convidaron a unas copas. \u00abV\u00e1yanse al r\u00e1bano, ordinariotes&#8230;\u00bb pens\u00f3 Ido, y les dio las gracias, separ\u00e1ndose al punto de ellos. Andando m\u00e1s vio un ventorro en la acera derecha de la Ronda&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Comer de fonda!\u00bb. Esta idea se le clav\u00f3 en el cerebro. Un rato estuvo Ido del Sagrario ante el establecimiento de <i>El Tartera<\/i>, que as\u00ed se llamaba, mirando los dos tiestos de <i>b\u00f3nibus<\/i> llenos de polvo, las insignias de los bolos y la rayuela, la mano negra con el dedo tieso se\u00f1alando la puerta, y no se decid\u00eda a obedecer la indicaci\u00f3n de aquel dedo. \u00a1Le sentaba tan mal la carne&#8230;! Desde que la com\u00eda le entraba aquel mal tan extra\u00f1o y daba en la gracia est\u00fapida de creer que Nicanora era la Venus de M\u00e9dicis. Acordose, no obstante, de que el m\u00e9dico le recetaba siempre comer carne, y cuanto m\u00e1s cruda mejor. De lo m\u00e1s hondo de su naturaleza sal\u00eda un bramido que le ped\u00eda \u00a1carne, carne, carne! Era una voz, un prurito irresistible, una imperiosa necesidad org\u00e1nica, como la que sienten los borrachos cuando est\u00e1n privados del fuego y de la picaz\u00f3n del alcohol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin no pudo resistir; colose dentro del ventorrillo, y tomando asiento junto a una de aquellas despintadas mesas, empez\u00f3 a palmotear para que viniera el mozo, que era el mismo <i>Tartera<\/i>, un hombre gord\u00edsimo, con chaleco de Bayona y mandil de lanilla verde rayado de negro. No lejos de donde estaba Ido hab\u00eda un rescoldo dentro de enorme braser\u00f3n, y encima una parrilla casi tan grande como la reja de una ventana. All\u00ed se asaban las chuletas de ternera, que con la chamusquina en tan viva lumbre, desped\u00edan un olor apetitoso. \u00abChuletas\u00bb dijo D. Jos\u00e9, y a punto vio entrar a un amigo, el cual le hab\u00eda visto a \u00e9l y por eso sin duda entraba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abHola, amigo Izquierdo&#8230; Dios le guarde\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Le vi pasar, maestro y dije, digo: A cuenta que voy a echar un espotrique con mi tocayo&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sentose sin ceremonia el tal, y poniendo los codos sobre la mesa, mir\u00f3 fijamente a su tocayo. O las miradas no expresaban nada, o la de aquel sujeto era un memorial pidiendo que se le convidara. Ido era tan caballero que le falt\u00f3 tiempo para hacer la invitaci\u00f3n, a\u00f1adiendo una frase muy prudente. \u00abPero, tocayo, sepa que no tengo m\u00e1s que un duro&#8230; Con que no se corra mucho&#8230;\u00bb. Hizo el otro un gesto tranquilizador y cuando el <i>Tartera<\/i> puso el servicio, si servicio puede llamarse un par de cuchillos con mango de cuerno, servilleta sucia y salero, y pidi\u00f3 \u00f3rdenes acerca del vino, le dijo, dice: \u00ab\u00bfPardillo yo?&#8230; pa chasco&#8230; Tr\u00e1ete de la tierra\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A todo esto asinti\u00f3 Ido del Sagrario, y sigui\u00f3 contemplando a su amigo, el cual parec\u00eda un grande hombre aburrido, car\u00e1cter agriado por la continuidad de las luchas humanas. Jos\u00e9 Izquierdo representaba cincuenta a\u00f1os, y era de arrogante estatura. Pocas veces se ve una cabeza tan hermosa como la suya y una mirada tan noble y varonil. Parec\u00eda m\u00e1s bien italiano que espa\u00f1ol, y no es maravilla que haya sido, en \u00e9poca posterior al 73, en plena Restauraci\u00f3n, el modelo predilecto de nuestros pintores m\u00e1s afanados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abMe alegro de verle a usted tocayo\u2014le dijo Ido, a punto que las chuletas eran puestas sobre la mesa\u2014, porque ten\u00eda que comunicarle cosas de importancia. Es que ayer estuvo en casa do\u00f1a Jacinta, la esposa del Sr. D. Juanito Santa Cruz, y pregunt\u00f3 por el chico y le vio&#8230; quiero decir, no le vio porque estaba todito dado de negro&#8230; y luego dijo que d\u00f3nde estaba usted, y como usted no estaba, qued\u00f3 en volver&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Izquierdo deb\u00eda de tener hambre atrasada, porque al ver las chuletas, les ech\u00f3 una mirada guerrera que quer\u00eda decir: \u00ab\u00a1Santiago y a ellas!\u00bb y sin responder nada a lo que el otro hablaba, les embisti\u00f3 con furia. Ido empez\u00f3 a engullir comi\u00e9ndose grandes pedazos sin masticarlos. Durante un rato, ambos guardaron silencio. Izquierdo lo rompi\u00f3 dando fuerte golpe en la mesa con el mango del cuchillo, y diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Re-hostia con la Rep\u00f3blica!&#8230; \u00a1Vaya una porquer\u00eda!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ido asinti\u00f3 con una cabezada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1Repoblicanos de chanfaina&#8230; pillos, buleros, piores que serviles, moderaos, piores que moderaos!\u2014prosigui\u00f3 Izquierdo con fiera exaltaci\u00f3n\u2014.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No colocarme a m\u00ed, a m\u00ed, que soy el endivido que m\u00e1s breg\u00f3 por la Rep\u00f3blica en esta jud\u00eda tierra&#8230; Es la que se dice: cr\u00eda cuervos&#8230; \u00a1Ah! Se\u00f1or de Martos, se\u00f1or de Figueras, se\u00f1or de Pi&#8230; a cuenta que ahora no conocen a este pobrete de Izquierdo, porque lo ven maltrajeao&#8230; pero antes, cuando Izquierdo ten\u00eda por s\u00ed las afloencias de la Inclusa y cuando Bicerra le ven\u00eda a ver pal cuento de echarnos a la calle, entonces&#8230; \u00a1Hostia! Hamos venido a menos. Pero si por un es caso golvi\u00e9semos a m\u00e1s, yo les juro a esos figurones que tendremos una <i>yeci\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una visita al Cuarto Estado &#8211;I&#8211; Al d\u00eda siguiente, el Delf\u00edn estaba poco m\u00e1s o menos lo mismo. Por la ma\u00f1ana, mientras Barbarita y Pl\u00e1cido andaban por esas calles de tienda en tienda, entregados al deleite de las compras precursoras de Navidad, Jacinta sali\u00f3 acompa\u00f1ada de Guillermina. 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