{"id":20601,"date":"2025-06-01T00:00:55","date_gmt":"2025-05-31T23:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20601"},"modified":"2025-06-06T11:42:27","modified_gmt":"2025-06-06T10:42:27","slug":"don-quijote-de-la-mancha-capitulos-39-y-40-miguel-de-cervantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20601","title":{"rendered":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 39 y 40 (Miguel de Cervantes)"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XXXIX. Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abEn un lugar de las Monta\u00f1as de Le\u00f3n tuvo principio mi linaje, con quien fue m\u00e1s agradecida y liberal la naturaleza que la fortuna, aunque, en la estrecheza de aquellos pueblos, todav\u00eda alcanzaba mi padre fama de rico, y verdaderamente lo fuera si as\u00ed se diera ma\u00f1a a conservar su hacienda como se la daba en gastalla. Y la condici\u00f3n que ten\u00eda de ser liberal y gastador le procedi\u00f3 de haber sido soldado los a\u00f1os de su joventud, que es escuela la soldadesca donde el mezquino se hace franco, y el franco, pr\u00f3digo; y si algunos soldados se hallan miserables, son como monstruos, que se ven raras veces. Pasaba mi padre los t\u00e9rminos de la liberalidad, y rayaba en los de ser pr\u00f3digo: cosa que no le es de ning\u00fan provecho al hombre casado, y que tiene hijos que le han de suceder en el nombre y en el ser. Los que mi padre ten\u00eda eran tres, todos varones y todos de edad de poder elegir estado. Viendo, pues, mi padre que, seg\u00fan \u00e9l dec\u00eda, no pod\u00eda irse a la mano contra su condici\u00f3n, quiso privarse del instrumento y causa que le hac\u00eda gastador y dadivoso, que fue privarse de la hacienda, sin la cual el mismo Alejandro pareciera estrecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbY as\u00ed, llam\u00e1ndonos un d\u00eda a todos tres a solas en un aposento, nos dijo unas razones semejantes a las que ahora dir\u00e9: \u00bbHijos, para deciros que os quiero bien, basta saber y decir que sois mis hijos; y, para entender que os quiero mal, basta saber que no me voy a la mano en lo que toca a conservar vuestra hacienda. Pues, para que entend\u00e1is desde aqu\u00ed adelante que os quiero como padre, y que no os quiero destruir como padrastro, quiero hacer una cosa con vosotros que ha muchos d\u00edas que la tengo pensada y con madura consideraci\u00f3n dispuesta. Vosotros est\u00e1is ya en edad de tomar estado, o, a lo menos, de elegir ejercicio, tal que, cuando mayores, os honre y aproveche. Y lo que he pensado es hacer de mi hacienda cuatro partes: las tres os dar\u00e9 a vosotros, a cada uno lo que le tocare, sin exceder en cosa alguna, y con la otra me quedar\u00e9 yo para vivir y sustentarme los d\u00edas que el cielo fuere servido de darme de vida. Pero querr\u00eda que, despu\u00e9s que cada uno tuviese en su poder la parte que le toca de su hacienda, siguiese uno de los caminos que le dir\u00e9. Hay un refr\u00e1n en nuestra Espa\u00f1a, a mi parecer muy verdadero, como todos lo son, por ser sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia; y el que yo digo dice: \u00abIglesia, o mar, o casa real\u00bb, como si m\u00e1s claramente dijera: \u00abQuien quisiere valer y ser rico, siga o la Iglesia, o navegue, ejercitando el arte de la mercanc\u00eda, o entre a servir a los reyes en sus casas\u00bb; porque dicen: \u00abM\u00e1s vale migaja de rey que merced de se\u00f1or\u00bb. Digo esto porque querr\u00eda, y es mi voluntad, que uno de vosotros siguiese las letras, el otro la mercanc\u00eda, y el otro sirviese al rey en la guerra, pues es dificultoso entrar a servirle en su casa; que, ya que la guerra no d\u00e9 muchas riquezas, suele dar mucho valor y mucha fama. Dentro de ocho d\u00edas, os dar\u00e9 toda vuestra parte en dineros, sin defraudaros en un ardite, como lo ver\u00e9is por la obra. Decidme ahora si quer\u00e9is seguir mi parecer y consejo en lo que os he propuesto\u00bb. Y, mand\u00e1ndome a m\u00ed, por ser el mayor, que respondiese, despu\u00e9s de haberle dicho que no se deshiciese de la hacienda, sino que gastase todo lo que fuese su voluntad, que nosotros \u00e9ramos mozos para saber ganarla, vine a concluir en que cumplir\u00eda su gusto, y que el m\u00edo era seguir el ejercicio de las armas, sirviendo en \u00e9l a Dios y a mi rey. El segundo hermano hizo los mesmos ofrecimientos, y escogi\u00f3 el irse a las Indias, llevando empleada la hacienda que le cupiese. El menor, y, a lo que yo creo, el m\u00e1s discreto, dijo que quer\u00eda seguir la Iglesia, o irse a acabar sus comenzados estudios a Salamanca. As\u00ed como acabamos de concordarnos y escoger nuestros ejercicios, mi padre nos abraz\u00f3 a todos, y, con la brevedad que dijo, puso por obra cuanto nos hab\u00eda prometido; y, dando a cada uno su parte, que, a lo que se me acuerda, fueron cada tres mil ducados, en dineros (porque un nuestro t\u00edo compr\u00f3 toda la hacienda y la pag\u00f3 de contado, porque no saliese del tronco de la casa), en un mesmo d\u00eda nos despedimos todos tres de nuestro buen padre; y, en aquel mesmo, pareci\u00e9ndome a m\u00ed ser inhumanidad que mi padre quedase viejo y con tan poca hacienda, hice con \u00e9l que de mis tres mil tomase los dos mil ducados, porque a m\u00ed me bastaba el resto para acomodarme de lo que hab\u00eda menester un soldado. Mis dos hermanos, movidos de mi ejemplo, cada uno le dio mil ducados: de modo que a mi padre le quedaron cuatro mil en dineros, y m\u00e1s tres mil, que, a lo que parece, val\u00eda la hacienda que le cupo, que no quiso vender, sino quedarse con ella en ra\u00edces. Digo, en fin, que nos despedimos d\u00e9l y de aquel nuestro t\u00edo que he dicho, no sin mucho sentimiento y l\u00e1grimas de todos, encarg\u00e1ndonos que les hici\u00e9semos saber, todas las veces que hubiese comodidad para ello, de nuestros sucesos, pr\u00f3speros o adversos. Promet\u00edmosselo, y, abraz\u00e1ndonos y ech\u00e1ndonos su bendici\u00f3n, el uno tom\u00f3 el viaje de Salamanca, el otro de Sevilla y yo el de Alicante, adonde tuve nuevas que hab\u00eda una nave ginovesa que cargaba all\u00ed lana para G\u00e9nova.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bb\u00c9ste har\u00e1 veinte y dos a\u00f1os que sal\u00ed de casa de mi padre, y en todos ellos, puesto que he escrito algunas cartas, no he sabido d\u00e9l ni de mis hermanos nueva alguna. Y lo que en este discurso de tiempo he pasado lo dir\u00e9 brevemente. Embarqu\u00e9me en Alicante, llegu\u00e9 con pr\u00f3spero viaje a G\u00e9nova, fui desde all\u00ed a Mil\u00e1n, donde me acomod\u00e9 de armas y de algunas galas de soldado, de donde quise ir a asentar mi plaza al Piamonte; y, estando ya de camino para Alejandr\u00eda de la Palla, tuve nuevas que el gran duque de Alba pasaba a Flandes. Mud\u00e9 prop\u00f3sito, fuime con \u00e9l, serv\u00edle en las jornadas que hizo, hall\u00e9me en la muerte de los condes de Eguem\u00f3n y de Hornos, alcanc\u00e9 a ser alf\u00e9rez de un famoso capit\u00e1n de Guadalajara, llamado Diego de Urbina; y, a cabo de alg\u00fan tiempo que llegu\u00e9 a Flandes, se tuvo nuevas de la liga que la Santidad del Papa P\u00edo Quinto, de felice recordaci\u00f3n, hab\u00eda hecho con Venecia y con Espa\u00f1a, contra el enemigo com\u00fan, que es el Turco; el cual, en aquel mesmo tiempo, hab\u00eda ganado con su armada la famosa isla de Chipre, que estaba debajo del dominio del veneciano: y p\u00e9rdida lamentable y desdichada. S\u00fapose cierto que ven\u00eda por general desta liga el seren\u00edsimo don Juan de Austria, hermano natural de nuestro buen rey don Felipe. Divulg\u00f3se el grand\u00edsimo aparato de guerra que se hac\u00eda. Todo lo cual me incit\u00f3 y conmovi\u00f3 el \u00e1nimo y el deseo de verme en la jornada que se esperaba; y, aunque ten\u00eda barruntos, y casi promesas ciertas, de que en la primera ocasi\u00f3n que se ofreciese ser\u00eda promovido a capit\u00e1n, lo quise dejar todo y venirme, como me vine, a Italia. Y quiso mi buena suerte que el se\u00f1or don Juan de Austria acababa de llegar a G\u00e9nova, que pasaba a N\u00e1poles a juntarse con la armada de Venecia, como despu\u00e9s lo hizo en Mecina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbDigo, en fin, que yo me hall\u00e9 en aquella felic\u00edsima jornada, ya hecho capit\u00e1n de infanter\u00eda, a cuyo honroso cargo me subi\u00f3 mi buena suerte, m\u00e1s que mis merecimientos. Y aquel d\u00eda, que fue para la cristiandad tan dichoso, porque en \u00e9l se desenga\u00f1\u00f3 el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar: en aquel d\u00eda, digo, donde qued\u00f3 el orgullo y soberbia otomana quebrantada, entre tantos venturosos como all\u00ed hubo (porque m\u00e1s ventura tuvieron los cristianos que all\u00ed murieron que los que vivos y vencedores quedaron), yo solo fui el desdichado, pues, en cambio de que pudiera esperar, si fuera en los romanos siglos, alguna naval corona, me vi aquella noche que sigui\u00f3 a tan famoso d\u00eda con cadenas a los pies y esposas a las manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbY fue desta suerte: que, habiendo el Uchal\u00ed, rey de Argel, atrevido y venturoso cosario, embestido y rendido la capitana de Malta, que solos tres caballeros quedaron vivos en ella, y \u00e9stos malheridos, acudi\u00f3 la capitana de Juan Andrea a socorrella, en la cual yo iba con mi compa\u00f1\u00eda; y, haciendo lo que deb\u00eda en ocasi\u00f3n semejante, salt\u00e9 en la galera contraria, la cual, desvi\u00e1ndose de la que la hab\u00eda embestido, estorb\u00f3 que mis soldados me siguiesen, y as\u00ed, me hall\u00e9 solo entre mis enemigos, a quien no pude resistir, por ser tantos; en fin, me rindieron lleno de heridas. Y, como ya habr\u00e9is, se\u00f1ores, o\u00eddo decir que el Uchal\u00ed se salv\u00f3 con toda su escuadra, vine yo a quedar cautivo en su poder, y solo fui el triste entre tantos alegres y el cautivo entre tantos libres; porque fueron quince mil cristianos los que aquel d\u00eda alcanzaron la deseada libertad, que todos ven\u00edan al remo en la turquesca armada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbLlev\u00e1ronme a Costantinopla, donde el Gran Turco Selim hizo general de la mar a mi amo, porque hab\u00eda hecho su deber en la batalla, habiendo llevado por muestra de su valor el estandarte de la religi\u00f3n de Malta. Hall\u00e9me el segundo a\u00f1o, que fue el de setenta y dos, en Navarino, bogando en la capitana de los tres fanales. Vi y not\u00e9 la ocasi\u00f3n que all\u00ed se perdi\u00f3 de no coger en el puerto toda el armada turquesca, porque todos los leventes y jen\u00edzaros que en ella ven\u00edan tuvieron por cierto que les hab\u00edan de embestir dentro del mesmo puerto, y ten\u00edan a punto su ropa y pasamaques, que son sus zapatos, para huirse luego por tierra, sin esperar ser combatidos: tanto era el miedo que hab\u00edan cobrado a nuestra armada. Pero el cielo lo orden\u00f3 de otra manera, no por culpa ni descuido del general que a los nuestros reg\u00eda, sino por los pecados de la cristiandad, y porque quiere y permite Dios que tengamos siempre verdugos que nos castiguen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn efeto, el Uchal\u00ed se recogi\u00f3 a Mod\u00f3n, que es una isla que est\u00e1 junto a Navarino, y, echando la gente en tierra, fortific\u00f3 la boca del puerto, y est\u00favose quedo hasta que el se\u00f1or don Juan se volvi\u00f3. En este viaje se tom\u00f3 la galera que se llamaba La Presa, de quien era capit\u00e1n un hijo de aquel famoso cosario Barbarroja. Tom\u00f3la la capitana de N\u00e1poles, llamada La Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel venturoso y jam\u00e1s vencido capit\u00e1n don \u00c1lvaro de Baz\u00e1n, marqu\u00e9s de Santa Cruz. Y no quiero dejar de decir lo que sucedi\u00f3 en la presa de La Presa. Era tan cruel el hijo de Barbarroja, y trataba tan mal a sus cautivos, que, as\u00ed como los que ven\u00edan al remo vieron que la galera Loba les iba entrando y que los alcanzaba, soltaron todos a un tiempo los remos, y asieron de su capit\u00e1n, que estaba sobre el estanterol gritando que bogasen apriesa, y pas\u00e1ndole de banco en banco, de popa a proa, le dieron bocados, que a poco m\u00e1s que pas\u00f3 del \u00e1rbol ya hab\u00eda pasado su \u00e1nima al infierno: tal era, como he dicho, la crueldad con que los trataba y el odio que ellos le ten\u00edan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbVolvimos a Constantinopla, y el a\u00f1o siguiente, que fue el de setenta y tres, se supo en ella c\u00f3mo el se\u00f1or don Juan hab\u00eda ganado a T\u00fanez, y quitado aquel reino a los turcos y puesto en posesi\u00f3n d\u00e9l a Muley Hamet, cortando las esperanzas que de volver a reinar en \u00e9l ten\u00eda Muley Hamida, el moro m\u00e1s cruel y m\u00e1s valiente que tuvo el mundo. Sinti\u00f3 mucho esta p\u00e9rdida el Gran Turco, y, usando de la sagacidad que todos los de su casa tienen, hizo paz con venecianos, que mucho m\u00e1s que \u00e9l la deseaban; y el a\u00f1o siguiente de setenta y cuatro acometi\u00f3 a la Goleta y al fuerte que junto a T\u00fanez hab\u00eda dejado medio levantado el se\u00f1or don Juan. En todos estos trances andaba yo al remo, sin esperanza de libertad alguna; a lo menos, no esperaba tenerla por rescate, porque ten\u00eda determinado de no escribir las nuevas de mi desgracia a mi padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbPerdi\u00f3se, en fin, la Goleta; perdi\u00f3se el fuerte, sobre las cuales plazas hubo de soldados turcos, pagados, setenta y cinco mil, y de moros, y al\u00e1rabes de toda la Africa, m\u00e1s de cuatrocientos mil, acompa\u00f1ado este tan gran n\u00famero de gente con tantas municiones y pertrechos de guerra, y con tantos gastadores, que con las manos y a pu\u00f1ados de tierra pudieran cubrir la Goleta y el fuerte. Perdi\u00f3se primero la Goleta, tenida hasta entonces por inexpugnable; y no se perdi\u00f3 por culpa de sus defensores, los cuales hicieron en su defensa todo aquello que deb\u00edan y pod\u00edan, sino porque la experiencia mostr\u00f3 la facilidad con que se pod\u00edan levantar trincheas en aquella desierta arena, porque a dos palmos se hallaba agua, y los turcos no la hallaron a dos varas; y as\u00ed, con muchos sacos de arena levantaron las trincheas tan altas que sobrepujaban las murallas de la fuerza; y, tir\u00e1ndoles a caballero, ninguno pod\u00eda parar, ni asistir a la defensa. Fue com\u00fan opini\u00f3n que no se hab\u00edan de encerrar los nuestros en la Goleta, sino esperar en campa\u00f1a al desembarcadero; y los que esto dicen hablan de lejos y con poca experiencia de casos semejantes, porque si en la Goleta y en el fuerte apenas hab\u00eda siete mil soldados, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda tan poco n\u00famero, aunque m\u00e1s esforzados fuesen, salir a la campa\u00f1a y quedar en las fuerzas, contra tanto como era el de los enemigos?; y \u00bfc\u00f3mo es posible dejar de perderse fuerza que no es socorrida, y m\u00e1s cuando la cercan enemigos muchos y porfiados, y en su mesma tierra? Pero a muchos les pareci\u00f3, y as\u00ed me pareci\u00f3 a m\u00ed, que fue particular gracia y merced que el cielo hizo a Espa\u00f1a en permitir que se asolase aquella oficina y capa de maldades, y aquella gomia o esponja y polilla de la infinidad de dineros que all\u00ed sin provecho se gastaban, sin servir de otra cosa que de conservar la memoria de haberla ganado la felic\u00edsima del invict\u00edsimo Carlos Quinto; como si fuera menester para hacerla eterna, como lo es y ser\u00e1, que aquellas piedras la sustentaran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbPerdi\u00f3se tambi\u00e9n el fuerte; pero fu\u00e9ronle ganando los turcos palmo a palmo, porque los soldados que lo defend\u00edan pelearon tan valerosa y fuertemente, que pasaron de veinte y cinco mil enemigos los que mataron en veinte y dos asaltos generales que les dieron. Ninguno cautivaron sano de trecientos que quedaron vivos, se\u00f1al cierta y clara de su esfuerzo y valor, y de lo bien que se hab\u00edan defendido y guardado sus plazas. Rindi\u00f3se a partido un peque\u00f1o fuerte o torre que estaba en mitad del esta\u00f1o, a cargo de don Juan Zanoguera, caballero valenciano y famoso soldado. Cautivaron a don Pedro Puertocarrero, general de la Goleta, el cual hizo cuanto fue posible por defender su fuerza; y sinti\u00f3 tanto el haberla perdido que de pesar muri\u00f3 en el camino de Constantinopla, donde le llevaban cautivo. Cautivaron ansimesmo al general del fuerte, que se llamaba Gabrio Cervell\u00f3n, caballero milan\u00e9s, grande ingeniero y valent\u00edsimo soldado. Murieron en estas dos fuerzas muchas personas de cuenta, de las cuales fue una Pag\u00e1n de Oria, caballero del h\u00e1bito de San Juan, de condici\u00f3n generoso, como lo mostr\u00f3 la summa liberalidad que us\u00f3 con su hermano, el famoso Juan de Andrea de Oria; y lo que m\u00e1s hizo lastimosa su muerte fue haber muerto a manos de unos al\u00e1rabes de quien se fi\u00f3, viendo ya perdido el fuerte, que se ofrecieron de llevarle en h\u00e1bito de moro a Tabarca, que es un portezuelo o casa que en aquellas riberas tienen los ginoveses que se ejercitan en la pesquer\u00eda del coral; los cuales al\u00e1rabes le cortaron la cabeza y se la trujeron al general de la armada turquesca, el cual cumpli\u00f3 con ellos nuestro refr\u00e1n castellano: \u00abQue aunque la traici\u00f3n aplace, el traidor se aborrece\u00bb; y as\u00ed, se dice que mand\u00f3 el general ahorcar a los que le trujeron el presente, porque no se le hab\u00edan tra\u00eddo vivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEntre los cristianos que en el fuerte se perdieron, fue uno llamado don Pedro de Aguilar, natural no s\u00e9 de qu\u00e9 lugar del Andaluc\u00eda, el cual hab\u00eda sido alf\u00e9rez en el fuerte, soldado de mucha cuenta y de raro entendimiento: especialmente ten\u00eda particular gracia en lo que llaman poes\u00eda. D\u00edgolo porque su suerte le trujo a mi galera y a mi banco, y a ser esclavo de mi mesmo patr\u00f3n; y, antes que nos parti\u00e9semos de aquel puerto, hizo este caballero dos sonetos, a manera de epitafios, el uno a la Goleta y el otro al fuerte. Y en verdad que los tengo de decir, porque los s\u00e9 de memoria y creo que antes causar\u00e1n gusto que pesadumbre.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el punto que el cautivo nombr\u00f3 a don Pedro de Aguilar, don Fernando mir\u00f3 a sus camaradas, y todos tres se sonrieron; y, cuando lleg\u00f3 a decir de los sonetos, dijo el uno:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Antes que vuestra merced pase adelante, le suplico me diga qu\u00e9 se hizo ese don Pedro de Aguilar que ha dicho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Lo que s\u00e9 es \u2014respondi\u00f3 el cautivo\u2014 que, al cabo de dos a\u00f1os que estuvo en Constantinopla, se huy\u00f3 en traje de arna\u00fate con un griego esp\u00eda, y no s\u00e9 si vino en libertad, puesto que creo que s\u00ed, porque de all\u00ed a un a\u00f1o vi yo al griego en Constantinopla, y no le pude preguntar el suceso de aquel viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues lo fue \u2014respondi\u00f3 el caballero\u2014, porque ese don Pedro es mi hermano, y est\u00e1 ahora en nuestro lugar, bueno y rico, casado y con tres hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Gracias sean dadas a Dios \u2014dijo el cautivo\u2014 por tantas mercedes como le hizo; porque no hay en la tierra, conforme mi parecer, contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y m\u00e1s \u2014replic\u00f3 el caballero\u2014, que yo s\u00e9 los sonetos que mi hermano hizo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 D\u00edgalos, pues, vuestra merced \u2014dijo el cautivo\u2014, que los sabr\u00e1 decir mejor que yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Que me place \u2014respondi\u00f3 el caballero\u2014; y el de la Goleta dec\u00eda as\u00ed:<\/p>\n<hr \/>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XL. Donde se prosigue la historia del cautivo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soneto<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\">Almas dichosas que del mortal velo<br \/>\nlibres y esentas, por el bien que obrastes,<br \/>\ndesde la baja tierra os levantastes<br \/>\na lo m\u00e1s alto y lo mejor del cielo,<br \/>\ny, ardiendo en ira y en honroso celo,<br \/>\nde los cuerpos la fuerza ejercitastes,<br \/>\nque en propia y sangre ajena colorastes<br \/>\nel mar vecino y arenoso suelo;<br \/>\nprimero que el valor falt\u00f3 la vida<br \/>\nen los cansados brazos, que, muriendo,<br \/>\ncon ser vencidos, llevan la vitoria.<br \/>\nY esta vuestra mortal, triste ca\u00edda<br \/>\nentre el muro y el hierro, os va adquiriendo<br \/>\nfama que el mundo os da, y el cielo gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\">\u2014 Desa mesma manera le s\u00e9 yo \u2014dijo el cautivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\">\u2014 Pues el del fuerte, si mal no me acuerdo \u2014dijo el caballero\u2014, dice as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soneto<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\">De entre esta tierra est\u00e9ril, derribada,<br \/>\ndestos terrones por el suelo echados,<br \/>\nlas almas santas de tres mil soldados<br \/>\nsubieron vivas a mejor morada,<br \/>\nsiendo primero, en vano, ejercitada<br \/>\nla fuerza de sus brazos esforzados,<br \/>\nhasta que, al fin, de pocos y cansados,<br \/>\ndieron la vida al filo de la espada.<br \/>\nY \u00e9ste es el suelo que continuo ha sido<br \/>\nde mil memorias lamentables lleno<br \/>\nen los pasados siglos y presentes.<br \/>\nMas no m\u00e1s justas de su duro seno<br \/>\nhabr\u00e1n al claro cielo almas subido,<br \/>\nni aun \u00e9l sostuvo cuerpos tan valientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No parecieron mal los sonetos, y el cautivo se alegr\u00f3 con las nuevas que de su camarada le dieron; y, prosiguiendo su cuento, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abRendidos, pues, la Goleta y el fuerte, los turcos dieron orden en desmantelar la Goleta, porque el fuerte qued\u00f3 tal, que no hubo qu\u00e9 poner por tierra, y para hacerlo con m\u00e1s brevedad y menos trabajo, la minaron por tres partes; pero con ninguna se pudo volar lo que parec\u00eda menos fuerte, que eran las murallas viejas; y todo aquello que hab\u00eda quedado en pie de la fortificaci\u00f3n nueva que hab\u00eda hecho el Frat\u00edn, con mucha facilidad vino a tierra. En resoluci\u00f3n, la armada volvi\u00f3 a Constantinopla, triunfante y vencedora: y de all\u00ed a pocos meses muri\u00f3 mi amo el Uchal\u00ed, al cual llamaban Uchal\u00ed Fartax, que quiere decir, en lengua turquesca, el renegado ti\u00f1oso, porque lo era; y es costumbre entre los turcos ponerse nombres de alguna falta que tengan, o de alguna virtud que en ellos haya. Y esto es porque no hay entre ellos sino cuatro apellidos de linajes, que decienden de la casa Otomana, y los dem\u00e1s, como tengo dicho, toman nombre y apellido ya de las tachas del cuerpo y ya de las virtudes del \u00e1nimo. Y este Ti\u00f1oso bog\u00f3 el remo, siendo esclavo del Gran Se\u00f1or, catorce a\u00f1os, y a m\u00e1s de los treinta y cuatro de sus edad reneg\u00f3, de despecho de que un turco, estando al remo, le dio un bofet\u00f3n, y por poderse vengar dej\u00f3 su fe; y fue tanto su valor que, sin subir por los torpes medios y caminos que los m\u00e1s privados del Gran Turco suben, vino a ser rey de Argel, y despu\u00e9s, a ser general de la mar, que es el tercero cargo que hay en aquel se\u00f1or\u00edo. Era calabr\u00e9s de naci\u00f3n, y moralmente fue un hombre de bien, y trataba con mucha humanidad a sus cautivos, que lleg\u00f3 a tener tres mil, los cuales, despu\u00e9s de su muerte, se repartieron, como \u00e9l lo dej\u00f3 en su testamento, entre el Gran Se\u00f1or (que tambi\u00e9n es hijo heredero de cuantos mueren, y entra a la parte con los m\u00e1s hijos que deja el difunto) y entre sus renegados; y yo cupe a un renegado veneciano que, siendo grumete de una nave, le cautiv\u00f3 el Uchal\u00ed, y le quiso tanto, que fue uno de los m\u00e1s regalados garzones suyos, y \u00e9l vino a ser el m\u00e1s cruel renegado que jam\u00e1s se ha visto. Llam\u00e1base Az\u00e1n Ag\u00e1, y lleg\u00f3 a ser muy rico, y a ser rey de Argel; con el cual yo vine de Constantinopla, algo contento, por estar tan cerca de Espa\u00f1a, no porque pensase escribir a nadie el desdichado suceso m\u00edo, sino por ver si me era m\u00e1s favorable la suerte en Argel que en Constantinopla, donde ya hab\u00eda probado mil maneras de huirme, y ninguna tuvo saz\u00f3n ni ventura; y pensaba en Argel buscar otros medios de alcanzar lo que tanto deseaba, porque jam\u00e1s me desampar\u00f3 la esperanza de tener libertad; y cuando en lo que fabricaba, pensaba y pon\u00eda por obra no correspond\u00eda el suceso a la intenci\u00f3n, luego, sin abandonarme, fing\u00eda y buscaba otra esperanza que me sustentase, aunque fuese d\u00e9bil y flaca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbCon esto entreten\u00eda la vida, encerrado en una prisi\u00f3n o casa que los turcos llaman ba\u00f1o, donde encierran los cautivos cristianos, as\u00ed los que son del rey como de algunos particulares; y los que llaman del almac\u00e9n, que es como decir cautivos del concejo, que sirven a la ciudad en las obras p\u00fablicas que hace y en otros oficios, y estos tales cautivos tienen muy dificultosa su libertad, que, como son del com\u00fan y no tienen amo particular, no hay con quien tratar su rescate, aunque le tengan. En estos ba\u00f1os, como tengo dicho, suelen llevar a sus cautivos algunos particulares del pueblo, principalmente cuando son de rescate, porque all\u00ed los tienen holgados y seguros hasta que venga su rescate. Tambi\u00e9n los cautivos del rey que son de rescate no salen al trabajo con la dem\u00e1s chusma, si no es cuando se tarda su rescate; que entonces, por hacerles que escriban por \u00e9l con m\u00e1s ah\u00ednco, les hacen trabajar y ir por le\u00f1a con los dem\u00e1s, que es un no peque\u00f1o trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbYo, pues, era uno de los de rescate; que, como se supo que era capit\u00e1n, puesto que dije mi poca posibilidad y falta de hacienda, no aprovech\u00f3 nada para que no me pusiesen en el n\u00famero de los caballeros y gente de rescate. Pusi\u00e9ronme una cadena, m\u00e1s por se\u00f1al de rescate que por guardarme con ella; y as\u00ed, pasaba la vida en aquel ba\u00f1o, con otros muchos caballeros y gente principal, se\u00f1alados y tenidos por de rescate. Y, aunque la hambre y desnudez pudiera fatigarnos a veces, y aun casi siempre, ninguna cosa nos fatigaba tanto como o\u00edr y ver, a cada paso, las jam\u00e1s vistas ni o\u00eddas crueldades que mi amo usaba con los cristianos. Cada d\u00eda ahorcaba el suyo, empalaba a \u00e9ste, desorejaba aqu\u00e9l; y esto, por tan poca ocasi\u00f3n, y tan sin ella, que los turcos conoc\u00edan que lo hac\u00eda no m\u00e1s de por hacerlo, y por ser natural condici\u00f3n suya ser homicida de todo el g\u00e9nero humano. S\u00f3lo libr\u00f3 bien con \u00e9l un soldado espa\u00f1ol, llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedar\u00e1n en la memoria de aquellas gentes por muchos a\u00f1os, y todas por alcanzar libertad, jam\u00e1s le dio palo, ni se lo mand\u00f3 dar, ni le dijo mala palabra; y, por la menor cosa de muchas que hizo, tem\u00edamos todos que hab\u00eda de ser empalado, y as\u00ed lo temi\u00f3 \u00e9l m\u00e1s de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbDigo, pues, que encima del patio de nuestra prisi\u00f3n ca\u00edan las ventanas de la casa de un moro rico y principal, las cuales, como de ordinario son las de los moros, m\u00e1s eran agujeros que ventanas, y aun \u00e9stas se cubr\u00edan con celos\u00edas muy espesas y apretadas. Acaeci\u00f3, pues, que un d\u00eda, estando en un terrado de nuestra prisi\u00f3n con otros tres compa\u00f1eros, haciendo pruebas de saltar con las cadenas, por entretener el tiempo, estando solos, porque todos los dem\u00e1s cristianos hab\u00edan salido a trabajar, alc\u00e9 acaso los ojos y vi que por aquellas cerradas ventanillas que he dicho parec\u00eda una ca\u00f1a, y al remate della puesto un lienzo atado, y la ca\u00f1a se estaba blandeando y movi\u00e9ndose, casi como si hiciera se\u00f1as que lleg\u00e1semos a tomarla. Miramos en ello, y uno de los que conmigo estaban fue a ponerse debajo de la ca\u00f1a, por ver si la soltaban, o lo que hac\u00edan; pero, as\u00ed como lleg\u00f3, alzaron la ca\u00f1a y la movieron a los dos lados, como si dijeran no con la cabeza. Volvi\u00f3se el cristiano, y torn\u00e1ronla a bajar y hacer los mesmos movimientos que primero. Fue otro de mis compa\u00f1eros, y sucedi\u00f3le lo mesmo que al primero. Finalmente, fue el tercero y av\u00ednole lo que al primero y al segundo. Viendo yo esto, no quise dejar de probar la suerte, y, as\u00ed como llegu\u00e9 a ponerme debajo de la ca\u00f1a, la dejaron caer, y dio a mis pies dentro del ba\u00f1o. Acud\u00ed luego a desatar el lienzo, en el cual vi un nudo, y dentro d\u00e9l ven\u00edan diez cian\u00edis, que son unas monedas de oro bajo que usan los moros, que cada una vale diez reales de los nuestros. Si me holgu\u00e9 con el hallazgo, no hay para qu\u00e9 decirlo, pues fue tanto el contento como la admiraci\u00f3n de pensar de donde pod\u00eda venirnos aquel bien, especialmente a m\u00ed, pues las muestras de no haber querido soltar la ca\u00f1a sino a m\u00ed claro dec\u00edan que a m\u00ed se hac\u00eda la merced. Tom\u00e9 mi buen dinero, quebr\u00e9 la ca\u00f1a, volv\u00edme al terradillo, mir\u00e9 la ventana, y vi que por ella sal\u00eda una muy blanca mano, que la abr\u00edan y cerraban muy apriesa. Con esto entendimos, o imaginamos, que alguna mujer que en aquella casa viv\u00eda nos deb\u00eda de haber hecho aquel beneficio; y, en se\u00f1al de que lo agradec\u00edamos, hecimos zalemas a uso de moros, inclinando la cabeza, doblando el cuerpo y poniendo los brazos sobre el pecho. De all\u00ed a poco sacaron por la mesma ventana una peque\u00f1a cruz hecha de ca\u00f1as, y luego la volvieron a entrar. Esta se\u00f1al nos confirm\u00f3 en que alguna cristiana deb\u00eda de estar cautiva en aquella casa, y era la que el bien nos hac\u00eda; pero la blancura de la mano, y las ajorcas que en ella vimos, nos deshizo este pensamiento, puesto que imaginamos que deb\u00eda de ser cristiana renegada, a quien de ordinario suelen tomar por leg\u00edtimas mujeres sus mesmos amos, y aun lo tienen a ventura, porque las estiman en m\u00e1s que las de su naci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn todos nuestros discursos dimos muy lejos de la verdad del caso; y as\u00ed, todo nuestro entretenimiento desde all\u00ed adelante era mirar y tener por norte a la ventana donde nos hab\u00eda aparecido la estrella de la ca\u00f1a; pero bien se pasaron quince d\u00edas en que no la vimos, ni la mano tampoco, ni otra se\u00f1al alguna. Y, aunque en este tiempo procuramos con toda solicitud saber qui\u00e9n en aquella casa viv\u00eda, y si hab\u00eda en ella alguna cristiana renegada, jam\u00e1s hubo quien nos dijese otra cosa, sino que all\u00ed viv\u00eda un moro principal y rico, llamado Agi Morato, alcaide que hab\u00eda sido de La Pata, que es oficio entre ellos de mucha calidad. Mas, cuando m\u00e1s descuidados est\u00e1bamos de que por all\u00ed hab\u00edan de llover m\u00e1s cian\u00edis, vimos a deshora parecer la ca\u00f1a, y otro lienzo en ella, con otro nudo m\u00e1s crecido; y esto fue a tiempo que estaba el ba\u00f1o, como la vez pasada, solo y sin gente. Hecimos la acostumbrada prueba, yendo cada uno primero que yo, de los mismos tres que est\u00e1bamos, pero a ninguno se rindi\u00f3 la ca\u00f1a sino a m\u00ed, porque, en llegando yo, la dejaron caer. Desat\u00e9 el nudo, y hall\u00e9 cuarenta escudos de oro espa\u00f1oles y un papel escrito en ar\u00e1bigo, y al cabo de lo escrito hecha una grande cruz. Bes\u00e9 la cruz, tom\u00e9 los escudos, volv\u00edme al terrado, hecimos todos nuestras zalemas, torn\u00f3 a parecer la mano, hice se\u00f1as que leer\u00eda el papel, cerraron la ventana. Quedamos todos confusos y alegres con lo sucedido; y, como ninguno de nosotros no entend\u00eda el ar\u00e1bigo, era grande el deseo que ten\u00edamos de entender lo que el papel conten\u00eda, y mayor la dificultad de buscar quien lo leyese.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn fin, yo me determin\u00e9 de fiarme de un renegado, natural de Murcia, que se hab\u00eda dado por grande amigo m\u00edo, y puesto prendas entre los dos, que le obligaban a guardar el secreto que le encargase; porque suelen algunos renegados, cuando tienen intenci\u00f3n de volverse a tierra de cristianos, traer consigo algunas firmas de cautivos principales, en que dan fe, en la forma que pueden, como el tal renegado es hombre de bien, y que siempre ha hecho bien a cristianos, y que lleva deseo de huirse en la primera ocasi\u00f3n que se le ofrezca. Algunos hay que procuran estas fees con buena intenci\u00f3n, otros se sirven dellas acaso y de industria: que, viniendo a robar a tierra de cristianos, si a dicha se pierden o los cautivan, sacan sus firmas y dicen que por aquellos papeles se ver\u00e1 el prop\u00f3sito con que ven\u00edan, el cual era de quedarse en tierra de cristianos, y que por eso ven\u00edan en corso con los dem\u00e1s turcos. Con esto se escapan de aquel primer \u00edmpetu, y se reconcilian con la Iglesia, sin que se les haga da\u00f1o; y, cuando veen la suya, se vuelven a Berber\u00eda a ser lo que antes eran. Otros hay que usan destos papeles, y los procuran, con buen intento, y se quedan en tierra de cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbPues uno de los renegados que he dicho era este mi amigo, el cual ten\u00eda firmas de todas nuestras camaradas, donde le acredit\u00e1bamos cuanto era posible; y si los moros le hallaran estos papeles, le quemaran vivo. Supe que sab\u00eda muy bien ar\u00e1bigo, y no solamente hablarlo, sino escribirlo; pero, antes que del todo me declarase con \u00e9l, le dije que me leyese aquel papel, que acaso me hab\u00eda hallado en un agujero de mi rancho. Abri\u00f3le, y estuvo un buen espacio mir\u00e1ndole y construy\u00e9ndole, murmurando entre los dientes. Pregunt\u00e9le si lo entend\u00eda; d\u00edjome que muy bien, y, que si quer\u00eda que me lo declarase palabra por palabra, que le diese tinta y pluma, porque mejor lo hiciese. D\u00edmosle luego lo que ped\u00eda, y \u00e9l poco a poco lo fue traduciendo; y, en acabando, dijo: \u00bbTodo lo que va aqu\u00ed en romance, sin faltar letra, es lo que contiene este papel morisco; y hase de advertir que adonde dice Lela Mari\u00e9n quiere decir Nuestra Se\u00f1ora la Virgen Mar\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbLe\u00edmos el papel, y dec\u00eda as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando yo era ni\u00f1a, ten\u00eda mi padre una esclava, la cual en mi lengua me mostr\u00f3 la zal\u00e1 cristianesca, y me dijo muchas cosas de Lela Mari\u00e9n. La cristiana muri\u00f3, y yo s\u00e9 que no fue al fuego, sino con Al\u00e1, porque despu\u00e9s la vi dos veces, y me dijo que me fuese a tierra de cristianos a ver a Lela Mari\u00e9n, que me quer\u00eda mucho. No s\u00e9 yo c\u00f3mo vaya: muchos cristianos he visto por esta ventana, y ninguno me ha parecido caballero sino t\u00fa. Yo soy muy hermosa y muchacha, y tengo muchos dineros que llevar conmigo: mira t\u00fa si puedes hacer c\u00f3mo nos vamos, y ser\u00e1s all\u00e1 mi marido, si quisieres, y si no quisieres, no se me dar\u00e1 nada, que Lela Mari\u00e9n me dar\u00e1 con quien me case. Yo escrib\u00ed esto; mira a qui\u00e9n lo das a leer: no te f\u00edes de ning\u00fan moro, porque son todos marfuces. Desto tengo mucha pena: que quisiera que no te descubrieras a nadie, porque si mi padre lo sabe, me echar\u00e1 luego en un pozo, y me cubrir\u00e1 de piedras. En la ca\u00f1a pondr\u00e9 un hilo: ata all\u00ed la respuesta; y si no tienes quien te escriba ar\u00e1bigo, d\u00edmelo por se\u00f1as, que Lela Mari\u00e9n har\u00e1 que te entienda. Ella y Al\u00e1 te guarden, y esa cruz que yo beso muchas veces; que as\u00ed me lo mand\u00f3 la cautiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbMirad, se\u00f1ores, si era raz\u00f3n que las razones deste papel nos admirasen y alegrasen. Y as\u00ed, lo uno y lo otro fue de manera que el renegado entendi\u00f3 que no acaso se hab\u00eda hallado aquel papel, sino que realmente a alguno de nosotros se hab\u00eda escrito; y as\u00ed, nos rog\u00f3 que si era verdad lo que sospechaba, que nos fi\u00e1semos d\u00e9l y se lo dij\u00e9semos, que \u00e9l aventurar\u00eda su vida por nuestra libertad. Y, diciendo esto, sac\u00f3 del pecho un crucifijo de metal, y con muchas l\u00e1grimas jur\u00f3 por el Dios que aquella imagen representaba, en quien \u00e9l, aunque pecador y malo, bien y fielmente cre\u00eda, de guardarnos lealtad y secreto en todo cuanto quisi\u00e9semos descubrirle, porque le parec\u00eda, y casi adevinaba que, por medio de aquella que aquel papel hab\u00eda escrito, hab\u00eda \u00e9l y todos nosotros de tener libertad, y verse \u00e9l en lo que tanto deseaba, que era reducirse al gremio de la Santa Iglesia, su madre, de quien como miembro podrido estaba dividido y apartado por su ignorancia y pecado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbCon tantas l\u00e1grimas y con muestras de tanto arrepentimiento dijo esto el renegado, que todos de un mesmo parecer consentimos, y venimos en declararle la verdad del caso; y as\u00ed, le dimos cuenta de todo, sin encubrirle nada. Mostr\u00e1mosle la ventanilla por donde parec\u00eda la ca\u00f1a, y \u00e9l marc\u00f3 desde all\u00ed la casa, y qued\u00f3 de tener especial y gran cuidado de informarse qui\u00e9n en ella viv\u00eda. Acordamos, ansimesmo, que ser\u00eda bien responder al billete de la mora; y, como ten\u00edamos quien lo supiese hacer, luego al momento el renegado escribi\u00f3 las razones que yo le fui notando, que puntualmente fueron las que dir\u00e9, porque de todos los puntos sustanciales que en este suceso me acontecieron, ninguno se me ha ido de la memoria, ni aun se me ir\u00e1 en tanto que tuviere vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn efeto, lo que a la mora se le respondi\u00f3 fue esto:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El verdadero Al\u00e1 te guarde, se\u00f1ora m\u00eda, y aquella bendita Mari\u00e9n, que es la verdadera madre de Dios y es la que te ha puesto en coraz\u00f3n que te vayas a tierra de cristianos, porque te quiere bien. Ru\u00e9gale t\u00fa que se sirva de darte a entender c\u00f3mo podr\u00e1s poner por obra lo que te manda, que ella es tan buena que s\u00ed har\u00e1. De mi parte y de la de todos estos cristianos que est\u00e1n conmigo, te ofrezco de hacer por ti todo lo que pudi\u00e9remos, hasta morir. No dejes de escribirme y avisarme lo que pensares hacer, que yo te responder\u00e9 siempre; que el grande Al\u00e1 nos ha dado un cristiano cautivo que sabe hablar y escribir tu lengua tan bien como lo ver\u00e1s por este papel. As\u00ed que, sin tener miedo, nos puedes avisar de todo lo que quisieres. A lo que dices que si fueres a tierra de cristianos, que has de ser mi mujer, yo te lo prometo como buen cristiano; y sabe que los cristianos cumplen lo que prometen mejor que los moros. Al\u00e1 y Mari\u00e9n, su madre, sean en tu guarda, se\u00f1ora m\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEscrito y cerrado este papel, aguard\u00e9 dos d\u00edas a que estuviese el ba\u00f1o solo, como sol\u00eda, y luego sal\u00ed al paso acostumbrado del terradillo, por ver si la ca\u00f1a parec\u00eda, que no tard\u00f3 mucho en asomar. As\u00ed como la vi, aunque no pod\u00eda ver qui\u00e9n la pon\u00eda, mostr\u00e9 el papel, como dando a entender que pusiesen el hilo, pero ya ven\u00eda puesto en la ca\u00f1a, al cual at\u00e9 el papel, y de all\u00ed a poco torn\u00f3 a parecer nuestra estrella, con la blanca bandera de paz del atadillo. Dej\u00e1ronla caer, y alc\u00e9 yo, y hall\u00e9 en el pa\u00f1o, en toda suerte de moneda de plata y de oro, m\u00e1s de cincuenta escudos, los cuales cincuenta veces m\u00e1s doblaron nuestro contento y confirmaron la esperanza de tener libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbAquella misma noche volvi\u00f3 nuestro renegado, y nos dijo que hab\u00eda sabido que en aquella casa viv\u00eda el mesmo moro que a nosotros nos hab\u00edan dicho que se llamaba Agi Morato, riqu\u00edsimo por todo estremo, el cual ten\u00eda una sola hija, heredera de toda su hacienda, y que era com\u00fan opini\u00f3n en toda la ciudad ser la m\u00e1s hermosa mujer de la Berber\u00eda; y que muchos de los virreyes que all\u00ed ven\u00edan la hab\u00edan pedido por mujer, y que ella nunca se hab\u00eda querido casar; y que tambi\u00e9n supo que tuvo una cristiana cautiva, que ya se hab\u00eda muerto; todo lo cual concertaba con lo que ven\u00eda en el papel. Entramos luego en consejo con el renegado, en qu\u00e9 orden se tendr\u00eda para sacar a la mora y venirnos todos a tierra de cristianos, y, en fin, se acord\u00f3 por entonces que esper\u00e1semos el aviso segundo de Zoraida, que as\u00ed se llamaba la que ahora quiere llamarse Mar\u00eda; porque bien vimos que ella, y no otra alguna era la que hab\u00eda de dar medio a todas aquellas dificultades. Despu\u00e9s que quedamos en esto, dijo el renegado que no tuvi\u00e9semos pena, que \u00e9l perder\u00eda la vida o nos pondr\u00eda en libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbCuatro d\u00edas estuvo el ba\u00f1o con gente, que fue ocasi\u00f3n que cuatro d\u00edas tardase en parecer la ca\u00f1a; al cabo de los cuales, en la acostumbrada soledad del ba\u00f1o, pareci\u00f3 con el lienzo tan pre\u00f1ado, que un felic\u00edsimo parto promet\u00eda. Inclin\u00f3se a m\u00ed la ca\u00f1a y el lienzo, hall\u00e9 en \u00e9l otro papel y cien escudos de oro, sin otra moneda alguna. Estaba all\u00ed el renegado, d\u00edmosle a leer el papel dentro de nuestro rancho, el cual dijo que as\u00ed dec\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo no s\u00e9, mi se\u00f1or, c\u00f3mo dar orden que nos vamos a Espa\u00f1a, ni Lela Mari\u00e9n me lo ha dicho, aunque yo se lo he preguntado. Lo que se podr\u00e1 hacer es que yo os dar\u00e9 por esta ventana much\u00edsimos dineros de oro: rescataos vos con ellos y vuestros amigos, y vaya uno en tierra de cristianos, y compre all\u00e1 una barca y vuelva por los dem\u00e1s; y a m\u00ed me hallar\u00e1n en el jard\u00edn de mi padre, que est\u00e1 a la puerta de Babaz\u00f3n, junto a la marina, donde tengo de estar todo este verano con mi padre y con mis criados. De all\u00ed, de noche, me podr\u00e9is sacar sin miedo y llevarme a la barca; y mira que has de ser mi marido, porque si no, yo pedir\u00e9 a Mari\u00e9n que te castigue. Si no te f\u00edas de nadie que vaya por la barca, resc\u00e1tate t\u00fa y ve, que yo s\u00e9 que volver\u00e1s mejor que otro, pues eres caballero y cristiano. Procura saber el jard\u00edn, y cuando te pasees por ah\u00ed sabr\u00e9 que est\u00e1 solo el ba\u00f1o, y te dar\u00e9 mucho dinero. Al\u00e1 te guarde, se\u00f1or m\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEsto dec\u00eda y conten\u00eda el segundo papel. Lo cual visto por todos, cada uno se ofreci\u00f3 a querer ser el rescatado, y prometi\u00f3 de ir y volver con toda puntualidad, y tambi\u00e9n yo me ofrec\u00ed a lo mismo; a todo lo cual se opuso el renegado, diciendo que en ninguna manera consentir\u00eda que ninguno saliese de libertad hasta que fuesen todos juntos, porque la experiencia le hab\u00eda mostrado cu\u00e1n mal cumpl\u00edan los libres las palabras que daban en el cautiverio; porque muchas veces hab\u00edan usado de aquel remedio algunos principales cautivos, rescatando a uno que fuese a Valencia, o Mallorca, con dineros para poder armar una barca y volver por los que le hab\u00edan rescatado, y nunca hab\u00edan vuelto; porque la libertad alcanzada y el temor de no volver a perderla les borraba de la memoria todas las obligaciones del mundo. Y, en confirmaci\u00f3n de la verdad que nos dec\u00eda, nos cont\u00f3 brevemente un caso que casi en aquella mesma saz\u00f3n hab\u00eda acaecido a unos caballeros cristianos, el m\u00e1s estra\u00f1o que jam\u00e1s sucedi\u00f3 en aquellas partes, donde a cada paso suceden cosas de grande espanto y de admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn efecto, \u00e9l vino a decir que lo que se pod\u00eda y deb\u00eda hacer era que el dinero que se hab\u00eda de dar para rescatar al cristiano, que se le diese a \u00e9l para comprar all\u00ed en Argel una barca, con achaque de hacerse mercader y tratante en Tetu\u00e1n y en aquella costa; y que, siendo \u00e9l se\u00f1or de la barca, f\u00e1cilmente se dar\u00eda traza para sacarlos del ba\u00f1o y embarcarlos a todos. Cuanto m\u00e1s, que si la mora, como ella dec\u00eda, daba dineros para rescatarlos a todos, que, estando libres, era facil\u00edsima cosa aun embarcarse en la mitad del d\u00eda; y que la dificultad que se ofrec\u00eda mayor era que los moros no consienten que renegado alguno compre ni tenga barca, si no es bajel grande para ir en corso, porque se temen que el que compra barca, principalmente si es espa\u00f1ol, no la quiere sino para irse a tierra de cristianos; pero que \u00e9l facilitar\u00eda este inconveniente con hacer que un moro tagarino fuese a la parte con \u00e9l en la compa\u00f1\u00eda de la barca y en la ganancia de las mercanc\u00edas, y con esta sombra \u00e9l vendr\u00eda a ser se\u00f1or de la barca, con que daba por acabado todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbY, puesto que a m\u00ed y a mis camaradas nos hab\u00eda parecido mejor lo de enviar por la barca a Mallorca, como la mora dec\u00eda, no osamos contradecirle, temerosos que, si no hac\u00edamos lo que \u00e9l dec\u00eda, nos hab\u00eda de descubrir y poner a peligro de perder las vidas, si descubriese el trato de Zoraida, por cuya vida di\u00e9ramos todos las nuestras. Y as\u00ed, determinamos de ponernos en las manos de Dios y en las del renegado, y en aquel mismo punto se le respondi\u00f3 a Zoraida, dici\u00e9ndole que har\u00edamos todo cuanto nos aconsejaba, porque lo hab\u00eda advertido tan bien como si Lela Mari\u00e9n se lo hubiera dicho, y que en ella sola estaba dilatar aquel negocio, o ponello luego por obra. Ofrec\u00edmele de nuevo de ser su esposo, y, con esto, otro d\u00eda que acaeci\u00f3 a estar solo el ba\u00f1o, en diversas veces, con la ca\u00f1a y el pa\u00f1o, nos dio dos mil escudos de oro, y un papel donde dec\u00eda que el primer jum\u00e1, que es el viernes, se iba al jard\u00edn de su padre, y que antes que se fuese nos dar\u00eda m\u00e1s dinero, y que si aquello no bastase, que se lo avis\u00e1semos, que nos dar\u00eda cuanto le pidi\u00e9semos: que su padre ten\u00eda tantos, que no lo echar\u00eda menos, cuanto m\u00e1s, que ella ten\u00eda la llaves de todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbDimos luego quinientos escudos al renegado para comprar la barca; con ochocientos me rescat\u00e9 yo, dando el dinero a un mercader valenciano que a la saz\u00f3n se hallaba en Argel, el cual me rescat\u00f3 del rey, tom\u00e1ndome sobre su palabra, d\u00e1ndola de que con el primer bajel que viniese de Valencia pagar\u00eda mi rescate; porque si luego diera el dinero, fuera dar sospechas al rey que hab\u00eda muchos d\u00edas que mi rescate estaba en Argel, y que el mercader, por sus granjer\u00edas, lo hab\u00eda callado. Finalmente, mi amo era tan caviloso que en ninguna manera me atrev\u00ed a que luego se desembolsase el dinero. El jueves antes del viernes que la hermosa Zoraida se hab\u00eda de ir al jard\u00edn, nos dio otros mil escudos y nos avis\u00f3 de su partida, rog\u00e1ndome que, si me rescatase, supiese luego el jard\u00edn de su padre, y que en todo caso buscase ocasi\u00f3n de ir all\u00e1 y verla. Respond\u00edle en breves palabras que as\u00ed lo har\u00eda, y que tuviese cuidado de encomendarnos a Lela Mari\u00e9n, con todas aquellas oraciones que la cautiva le hab\u00eda ense\u00f1ado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbHecho esto, dieron orden en que los tres compa\u00f1eros nuestros se rescatasen, por facilitar la salida del ba\u00f1o, y porque, vi\u00e9ndome a m\u00ed rescatado, y a ellos no, pues hab\u00eda dinero, no se alborotasen y les persuadiese el diablo que hiciesen alguna cosa en perjuicio de Zoraida; que, puesto que el ser ellos quien eran me pod\u00eda asegurar deste temor, con todo eso, no quise poner el negocio en aventura, y as\u00ed, los hice rescatar por la misma orden que yo me rescat\u00e9, entregando todo el dinero al mercader, para que, con certeza y seguridad, pudiese hacer la fianza; al cual nunca descubrimos nuestro trato y secreto, por el peligro que hab\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXXIX. Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos \u2014 \u00abEn un lugar de las Monta\u00f1as de Le\u00f3n tuvo principio mi linaje, con quien fue m\u00e1s agradecida y liberal la naturaleza que la fortuna, aunque, en la estrecheza de aquellos pueblos, todav\u00eda alcanzaba mi padre fama de rico, y verdaderamente lo fuera si as\u00ed [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176],"tags":[],"class_list":{"0":"post-20601","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-don-quijote-de-la-mancha"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 39 y 40 (Miguel de Cervantes) | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"TESOROS LITERARIOS. 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