{"id":20594,"date":"2025-05-31T00:00:03","date_gmt":"2025-05-30T23:00:03","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20594"},"modified":"2025-06-06T11:21:18","modified_gmt":"2025-06-06T10:21:18","slug":"fortunata-y-jacinta-primera-parte-capitulo-7-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20594","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Primera parte. Cap\u00edtulo 7  (Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\">Guillermina, virgen y fundadora<\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<em><span class=\"smcap\">I<\/span><\/em>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De cuantas personas entraban en aquella casa, la m\u00e1s agasajada por toda la familia de Santa Cruz era Guillermina Pacheco, que viv\u00eda en la inmediata, t\u00eda de Moreno Isla y prima de Ruiz-Ochoa, los dos socios principales de la antigua banca de Moreno. Los miradores de las dos casas estaban tan pr\u00f3ximos, que por ellos se comunicaba do\u00f1a B\u00e1rbara con su amiga, y un toquecito en los cristales era suficiente para establecer la correspondencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guillermina entraba en aquella casa como en la suya, sin etiqueta ni cumplimiento alguno. Ya ten\u00eda su lugar fijo en el gabinete de Barbarita, una silla baja; y lo mismo era sentarse que empezar a hacer media o a coser. Llevaba siempre consigo un gran l\u00edo o cesto de labor, cal\u00e1base los anteojos, cog\u00eda las herramientas, y ya no paraba en toda la noche. Hubiera o no en las otras habitaciones gente de cumplido, ella no se mov\u00eda de all\u00ed ni ten\u00eda que ver con nadie. Los amigos asiduos de la casa, como el marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz, Aparisi o Federico Ruiz, la miraban ya como se mira lo que est\u00e1 siempre en un mismo sitio y no puede estar en otro. Los de fuera y los de dentro trataban con respeto, casi con veneraci\u00f3n, a la ilustre se\u00f1ora, que era como una figurita de nacimiento, menuda y agraciada, la cabellera con bastantes canas, aunque no tantas como la de Barbarita, las mejillas sonrosadas, la boca risue\u00f1a, el habla tranquila y graciosa, y el vestido humild\u00edsimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos d\u00edas iba a comer all\u00ed, es decir, a sentarse a la mesa. Tomaba un poco de sopa, y en lo dem\u00e1s no hac\u00eda m\u00e1s que picar. D. Baldomero sol\u00eda enfadarse y le dec\u00eda: \u00abHija de mi alma, cuando quieras hacer penitencia no vengas a mi casa. Observo que no pruebas aquello que m\u00e1s te gusta. No me vengas a m\u00ed con cuentos. Yo tengo buena memoria. Te o\u00ed decir muchas veces en casa de mi padre que te gustaban las codornices, y ahora las tienes aqu\u00ed y no las pruebas. \u00a1Que no tienes gana!&#8230; Para esto siempre hay gana. Y veo que no tocas el pan&#8230; Vamos, Guillermina, que perdemos las amistades&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Barbarita, que conoc\u00eda bien a su amiga, no machacaba como D. Baldomero, dej\u00e1ndola comer lo que quisiese o no comer nada. Si por acaso estaba en la mesa el gordo Arnaiz, se permit\u00eda algunas cuchufletas de buen g\u00e9nero sobre aquellos antiqu\u00edsimos estilos de santidad, consistentes en no comer. \u00abLo que entra por la boca no da\u00f1a al alma. Lo ha dicho San Francisco de Sales nada menos\u00bb. La de Pacheco, que ten\u00eda buenas despachaderas, no se quedaba callada, y respond\u00eda con donaire a todas las bromas sin enojarse nunca. Concluida la comida, se diseminaban los comensales, unos a tomar caf\u00e9 al despacho y a jugar al tresillo, otros a formar grupos m\u00e1s o menos animados y chismosos, y Guillermina a su sillita baja y al teje maneje de las agujas. Jacinta se le pon\u00eda al lado y tomaba muy a menudo parte en aquellas tareas, tan simp\u00e1ticas a su coraz\u00f3n. Guillermina hac\u00eda camisolas, calzones y chambritas para sus ciento y pico de hijos de ambos sexos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo referente a esta insigne dama lo sabe mejor que nadie Zalamero, que est\u00e1 casado con una de las chicas de Ruiz-Ochoa. Nos ha prometido escribir la biograf\u00eda de su excelsa pariente cuando se muera, y entretanto no tiene reparo en dar cuantos datos se le pidan, ni en rectificar a ciencia cierta las versiones que el criterio vulgar ha hecho correr sobre las causas que determinaron en Guillermina, hace veinticinco a\u00f1os, la pasi\u00f3n de la beneficencia. Alguien ha dicho que amores desgraciados la empujaron a la devoci\u00f3n primero, a la caridad propagandista y militante despu\u00e9s. Mas Zalamero asegura que esta opini\u00f3n es tan tonta como falsa. Guillermina, que fue bonita y aun un poquillo presumida, no tuvo nunca amores, y si los tuvo no se sabe absolutamente nada de ellos. Es un secreto guardado con sepulcral reserva en su coraz\u00f3n. Lo que la familia admite es que la muerte de su madre la impresion\u00f3 tan vivamente, que hubo de proponerse, como el otro, <i>no servir a m\u00e1s se\u00f1ores que se le pudieran morir<\/i>. No naci\u00f3 aquella sin igual mujer para la vida contemplativa. Era un temperamento so\u00f1ador, activo y emprendedor; un esp\u00edritu con ideas propias y con iniciativas varoniles. No se le hac\u00eda cuesta arriba la disciplina en el terreno espiritual; pero en el material s\u00ed, por lo cual no pens\u00f3 nunca en afiliarse a ninguna de las \u00f3rdenes religiosas m\u00e1s o menos severas que hay en el orbe cat\u00f3lico. No se reconoc\u00eda con bastante paciencia para encerrarse y estar todo el santo d\u00eda bostezando el <i>gori gori<\/i>, ni para ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad. La llama viv\u00edsima que en su pecho ard\u00eda no le inspiraba la sumisi\u00f3n pasiva, sino actividades iniciadoras que deb\u00edan desarrollarse en la libertad. Ten\u00eda un car\u00e1cter inflexible y un tesoro de dotes de mando y de facultades de organizaci\u00f3n que ya quisieran para s\u00ed algunos de los hombres que dirigen los destinos del mundo. Era mujer que cuando se propon\u00eda algo iba a su fin derecha como una bala, con perseverancia grandiosa sin torcerse nunca ni desmayar un momento, inflexible y serena. Si en este camino recto encontraba espinas, las pisaba y adelante, con los pies ensangrentados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Empez\u00f3 por unirse a unas cuantas se\u00f1oras nobles amigas suyas que hab\u00edan establecido asociaciones para socorros domiciliarios, y al poco tiempo Guillermina sobrepuj\u00f3 a sus compa\u00f1eras. Estas lo hac\u00edan por vanidad, a veces de mala gana; aquella trabajaba con ardiente energ\u00eda, y en esto se le fue la mitad de su leg\u00edtima. A los dos a\u00f1os de vivir as\u00ed, se la vio renunciar por completo a vestirse y ataviarse como manda la moda que se atav\u00eden las se\u00f1oras. Adopt\u00f3 el traje liso de merino negro, el manto, pa\u00f1ol\u00f3n oscuro cuando hac\u00eda fr\u00edo, y unos zapatones de pa\u00f1o holgados y feos. Tal hab\u00eda de ser su empaque en todo el resto de sus d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La asociaci\u00f3n ben\u00e9fica a que pertenec\u00eda no se acomodaba al \u00e1nimo emprendedor de Guillermina, pues quer\u00eda ella picar m\u00e1s alto, intentando cosas verdaderamente dif\u00edciles y tenidas por imposibles. Sus talentos de fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel se\u00f1or\u00edo que no sab\u00eda salir de ciertas rutinas. Algunas amigas suyas aseguraron que estaba loca, porque demencia era pensar en la fundaci\u00f3n de un asilo para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes. Pero la infatigable iniciadora no desmayaba, y el asilo <i>fue hecho<\/i>, sosteni\u00e9ndose en los tres primeros a\u00f1os de su dif\u00edcil existencia con parte de la renta que le quedaba a Guillermina y con los donativos de sus parientes ricos. Pero de pronto la instituci\u00f3n empez\u00f3 a crecer; se hinchaba y cund\u00eda como las miserias humanas, y sus necesidades sub\u00edan en proporciones aterradoras. La dama pignor\u00f3 los restos de su leg\u00edtima; despu\u00e9s tuvo que venderlos. Gracias a sus parientes, no se vio en el trance fatal de tener que mandar a la calle a los asilados a que pidieran limosna para s\u00ed y para la fundadora. Y al propio tiempo repart\u00eda peri\u00f3dicamente cuantiosas limosnas entre la gente pobre de los distritos de la Inclusa y Hospital; vest\u00eda muchos ni\u00f1os, daba ropa a los viejos, medicinas a los enfermos, alimentos y socorros diversos a todos. Para no suspender estos auxilios y seguir sosteniendo el asilo era forzoso buscar nuevos recursos. \u00bfD\u00f3nde y c\u00f3mo? Ya las amistades y parentescos estaban tan explotados, que si se tiraba un poco m\u00e1s de la cuerda, era f\u00e1cil que se rompiera. Los m\u00e1s generosos empezaban a poner mala cara, y los cicateros, cuando se les iba a cobrar la cuota, dec\u00edan que no estaban en casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLleg\u00f3 un d\u00eda \u2014dijo Guillermina, suspendiendo su labor, para contar el caso a varios amigos de Barbarita\u2014, en que las cosas se pusieron muy feas. Amaneci\u00f3 aquel d\u00eda, y los veintitr\u00e9s peque\u00f1uelos de Dios que yo hab\u00eda recogido y que estaban en una casucha baja y h\u00fameda de la calle de Zarzal, aposentados como conejos, no ten\u00edan qu\u00e9 comer. Tirando de aqu\u00ed y de all\u00e1, pod\u00edan pasar aquel d\u00eda; pero \u00bfy el siguiente? Yo no ten\u00eda ya ni dinero ni quien me lo diera. Deb\u00eda no s\u00e9 cu\u00e1ntas fanegas de jud\u00edas, doce docenas de alpargatas, tant\u00edsimas arrobas de aceite; no me quedaba que empe\u00f1ar o que vender m\u00e1s que el rosario. Los primos, que me sacaban de tantos apuros, ya hab\u00edan hecho los imposibles&#8230; Me daba verg\u00fcenza de volver a pedirles. Mi sobrino Manolo, que sol\u00eda ser mi pa\u00f1o de l\u00e1grimas, estaba en Londres. Y suponiendo que mi primo Valeriano me tapase mis veintitr\u00e9s bocas (y la m\u00eda veinticuatro) por unos cuantos d\u00edas, \u00bfc\u00f3mo me arreglar\u00eda despu\u00e9s? Nada, nada, era indispensable ara\u00f1ar la tierra y buscar cuartos de otra manera y por otros medios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEl d\u00eda aquel fue d\u00eda de pruebas para m\u00ed. Era un viernes de Dolores, y las siete espadas, se\u00f1ores m\u00edos, estaban clavadas aqu\u00ed&#8230; Me pasaban como unos rayos por la frente. Una idea era lo que yo necesitaba, y m\u00e1s que una idea, valor, s\u00ed, valor para lanzarme&#8230; De repente not\u00e9 que aquel valor tan deseado entraba en m\u00ed, pero un valor tremendo, como el de los soldados cuando se arrojan sobre los ca\u00f1ones enemigos&#8230; Trinqu\u00e9 la mantilla y me ech\u00e9 a la calle. Ya estaba decidida, y no crean, alegre como unas Pascuas, porque sab\u00eda lo que ten\u00eda que hacer. Hasta entonces yo hab\u00eda pedido a los amigos; desde aquel momento pedir\u00eda a todo bicho viviente, ir\u00eda de puerta en puerta con la mano as\u00ed&#8230; Del primer tir\u00f3n me plant\u00e9 en casa de una duquesa extranjera, a quien no hab\u00eda visto en mi vida. Recibiome con cierto recelo; me tom\u00f3 por una trapisondista; pero a m\u00ed, \u00bfqu\u00e9 me importaba? Diome la limosna y, en seguida, para alentarme y apurar el c\u00e1liz de una vez, estuve dos d\u00edas sin parar subiendo escaleras y tirando de las campanillas. Una familia me recomendaba a otra, y no quiero decir a ustedes las humillaciones, los portazos y los desaires que recib\u00ed. Pero el dichoso man\u00e1 iba cayendo a gotitas a gotitas&#8230; Al poco tiempo vi que el negocio iba mejor de lo que yo esperaba. Algunos me recib\u00edan casi con palio; pero la mayor parte se quedaban fr\u00edos, mascullando excusas y buscando pretextos para no darme un c\u00e9ntimo. &#8216;Ya ve usted, hay tantas atenciones&#8230; no se cobra&#8230; el Gobierno se lo lleva todo con las contribuciones&#8230;&#8217;. Yo les tranquilizaba. &#8216;Un <i>perro chico<\/i>, un <i>perro chico<\/i> es lo que me hace falta&#8217;. Y aqu\u00ed me daban el <i>perro<\/i>, all\u00e1 el duro, en otra parte el billetito de cinco o de diez&#8230; o nada. Pero yo tan campante. \u00a1Ah!, se\u00f1ores, este oficio tiene muchas quiebras. Un d\u00eda sub\u00ed a un cuarto segundo, que me hab\u00eda recomendado no s\u00e9 qui\u00e9n. La tal recomendaci\u00f3n fue una broma est\u00fapida. Pues se\u00f1or, llamo, entro, y me salen tres o cuatro tarascas&#8230; \u00a1Ay, Dios m\u00edo, eran mujeres de mala vida!&#8230; Yo, que veo aquello&#8230; lo primero que me ocurri\u00f3 fue echar a correr. &#8216;Pero no\u2014me dije\u2014, no me voy. Veremos si les saco algo&#8217;. Hija, me llenaron de injurias, y una de ellas se fue hacia dentro y volvi\u00f3 con una escoba para pegarme. \u00bfQu\u00e9 creen ustedes que hice? \u00bfAcobardarme? Quia. Me met\u00ed m\u00e1s adentro y les dije cuatro frescas&#8230; pero bien dichas&#8230; \u00a1bonito genio tengo yo&#8230;! \u00a1Pues creer\u00e1n ustedes que les saqu\u00e9 dinero! P\u00e1smense, p\u00e1smense&#8230; la m\u00e1s desvergonzada, la que me sali\u00f3 con la escoba fue a los dos d\u00edas a mi casa a llevarme un napole\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbBueno&#8230; pues ver\u00e1n ustedes. La costumbre de pedir me ha ido dando esta bendita cara de vaqueta que tengo ahora. Conmigo no valen desaires ni s\u00e9 ya lo que son sonrojos. He perdido la verg\u00fcenza. Mi piel no sabe ya lo que es ruborizarse, ni mis o\u00eddos se escandalizan por una palabra m\u00e1s o menos fina. Ya me pueden llamar <i>perra jud\u00eda<\/i>; lo mismo que si me llamaran <i>la perla de Oriente<\/i>; todo me suena igual&#8230; No veo m\u00e1s que mi objeto, y me voy derechita a \u00e9l sin hacer caso de nada. Esto me da tantos \u00e1nimos que me atrevo con todo. Lo mismo le pido al Rey que al \u00faltimo de los obreros. Oigan ustedes este golpe: Un d\u00eda dije: &#8216;Voy a ver a D. Amadeo&#8217;. Pido mi audiencia, llego, entro, me recibe muy serio. Yo imperturbable, le habl\u00e9 de mi asilo y le dije que esperaba alg\u00fan auxilio de su real munificencia. &#8216;\u00bfUn asilo de ancianos?&#8217;\u2014me pregunt\u00f3. &#8216;No se\u00f1or, de ni\u00f1os&#8217;. \u2014&#8217;\u00bfSon muchos?&#8217;. Y no dijo m\u00e1s. Me miraba con afabilidad. \u00a1Qu\u00e9 hombre!, \u00a1qu\u00e9 bocaza! Mand\u00f3 que me dieran seis mil <i>gueal\u00e9s<\/i>&#8230; Luego vi a do\u00f1a Mar\u00eda Victoria, \u00a1qu\u00e9 excelente se\u00f1ora! H\u00edzome sentar a su lado; trat\u00e1bame como su igual; tuve que darle mil noticias del asilo, explicarle todo&#8230; Quer\u00eda saber lo que comen los peque\u00f1os, qu\u00e9 ropa les pongo&#8230; En fin, que nos hicimos amigas&#8230; Empe\u00f1ada en que fuera yo all\u00e1 todos los d\u00edas&#8230; A la semana siguiente me mand\u00f3 montones de ropa, piezas de tela y suscribi\u00f3 a sus ni\u00f1os por una cantidad mensual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbCon que ya ven ustedes c\u00f3mo as\u00ed, a lo tonto a lo tonto, ha venido sobre mi asilo el pan de cada d\u00eda. La suscripci\u00f3n fija creci\u00f3 tanto que al a\u00f1o pude tomar la casa de la calle de Alburquerque, que tiene un gran patio y mucho desahogo. He puesto una zapater\u00eda para que los muchachos grandecitos trabajen, y dos escuelas para que aprendan. El a\u00f1o pasado eran sesenta y ya llegan a ciento diez. Se pasan apuros; pero vamos viviendo. Un d\u00eda andamos mal y al otro llueven provisiones. Cuando veo la despensa vac\u00eda, <i>me echo a la calle<\/i>, como dicen los revolucionarios, y por la noche ya llevo a casa la libreta para tantas bocas. Y hay d\u00edas en que no les falta su extraordinario, \u00bfqu\u00e9 cre\u00edan ustedes? Hoy les he dado un arroz con leche, que no lo comen mejor los que me oyen. Veremos si al fin me salgo con la m\u00eda, que es un grano de an\u00eds, nada menos que levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la holgura y la distribuci\u00f3n convenientes, todo muy propio, con departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan all\u00ed doscientos o trescientos hu\u00e9rfanos, y puedan vivir bien y educarse y ser buenos cristianos\u00bb.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abUn edificio <i>ad hoc<\/i>\u00bb dijo con incredulidad el marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz, que era uno de los presentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014<i>Ad&#8230; hoc<\/i>, s\u00ed se\u00f1or\u2014replic\u00f3 Guillermina, acentuando las dos palabras latinas\u2014. Pues est\u00e1 usted adelantado de noticias. \u00bfNo sabe que tengo el terreno y los planos, y que ya me est\u00e1n haciendo el vaciado? \u00bfSabe usted el sitio? M\u00e1s abajo del que ocupan las <i>Micaelas<\/i>, esas que recogen y corrigen las mujeres p\u00e9rdidas. El arquitecto y los delineantes me trabajan gratis. Ahora no pido s\u00f3lo dinero, sino ladrillo recocho y pint\u00f3n. Con que a ver&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfTiene usted ya la memoria de canter\u00eda?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014pregunt\u00f3 con vivo inter\u00e9s Aparisi, que era hombre fuerte en negocio de berroque\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed, se\u00f1or. \u00bfMe quiere usted dar algo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Le doy a usted\u2014dijo Aparisi, acompa\u00f1ando su generosidad de un gesto imperial\u2014, la friolera de sesenta metros c\u00fabicos de piedra sillar que tengo en la Guindalera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfA c\u00f3mo? \u2014pregunt\u00f3 Guillermina, mir\u00e1ndole con los ojos gui\u00f1ados y apunt\u00e1ndole con la aguja de media.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014A nada&#8230; La piedra es de usted. \u2014Gracias, Dios se lo pague. Y el marqu\u00e9s, \u00bfqu\u00e9 me da?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues yo&#8230; \u00bfQuiere usted dos vigas de hierro de doble T que me sobraron de la casa de la Carrera?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfPues no las he de querer? Yo lo tomo todo, hasta una llave vieja, para cuando se acabe el edificio. \u00bfSaben ustedes lo que me llev\u00e9 ayer a casa? Cuatro azulejos de cocina, un grifo y tres paquetitos de argollas. Todo sirve, amigos. Si en alg\u00fan tejar me dan cuatro ladrillos, los acepto y a la obra con ellos. \u00bfVen ustedes c\u00f3mo hacen los p\u00e1jaros sus nidos? Pues yo construir\u00e9 mi palacio de hu\u00e9rfanos cogiendo aqu\u00ed una pajita y all\u00e1 otra. Ya se lo he dicho a B\u00e1rbara, no ha de tirar ni un clavo, aunque est\u00e9 torcido, ni una tabla, aunque est\u00e9 rota. Los sellos de correo se venden, las cajas de cerillas tambi\u00e9n&#8230; \u00bfCon qu\u00e9 creen ustedes que he comprado yo el gran lavabo que tenemos en el asilo? Pues juntando cabos de vela y vendi\u00e9ndolos al peso. El otro d\u00eda me ofrecieron una petaca de cuero de Rusia. \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 le sirve eso?\u00bb dir\u00e1n estos se\u00f1ores. Pues me sirvi\u00f3 para hacer un regalo a uno de los delineantes que trabajan en el proyecto&#8230; \u00bfVen ustedes a este marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz, que me est\u00e1 oyendo y me ha ofrecido dos vigas de doble T? Bueno: \u00bfcu\u00e1nto apuestan a que le saco algo m\u00e1s? \u00bfPues qu\u00e9, creen ustedes que el se\u00f1or marqu\u00e9s tiene sus grandes yeser\u00edas de Vallecas para ver estos apuros m\u00edos y no acudir a ellos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Guillermina\u2014dijo Casa-Mu\u00f1oz algo conmovido\u2014, cuente usted con doscientos quintales, y del blanco, que es a nueve reales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfQu\u00e9 dije yo? Bueno. Y este se\u00f1or de Ruiz \u00bfqu\u00e9 har\u00e1 por m\u00ed?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Hija de mi alma, yo no tengo ni un clavo ni una astilla, pero le juro a usted por mi salvaci\u00f3n que un domingo me salgo por las afueras y robo una teja para llev\u00e1rsela a usted&#8230; robar\u00e9 dos, tres, una docena de tejas&#8230; Y hay m\u00e1s. Si quiere usted mis dos comedias, mis folletos sobre la <i>Uni\u00f3n ib\u00e9rica<\/i> y sobre la <i>Organizaci\u00f3n de los bomberos en Suiza<\/i>, mi obra de los <i>Castillos<\/i>, todo est\u00e1 a su disposici\u00f3n. Diez ejemplares de cada cosa para que hagan lotes en una <i>t\u00f3mbola<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfLo ven ustedes? Cae el man\u00e1, cae. Si en estas cosas no hay m\u00e1s que ponerse a ello&#8230; Mi amigo Baldomero tambi\u00e9n dar\u00e1 algo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Las campanas\u2014dijo el insigne comerciante\u2014, y si me apuran, el pararrayos y las veletas. Quiero concluir el edificio, ya que el amigo Aparisi lo quiere empezar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014La primera piedra no hay quien me la quite\u2014expres\u00f3 Aparisi con toda la hinchaz\u00f3n de su amor propio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Algo m\u00e1s daremos, \u00bfverdad Baldomero?\u2014apunt\u00f3 Barbarita\u2014, por ejemplo, toda la capilla, con su \u00f3rgano, altares, im\u00e1genes&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Todo lo que t\u00fa quieras, hija. Y eso que las <i>Micaelas<\/i> nos han llevado un pico. Les hemos hecho casi la mitad del edificio. Pero ahora le toca a Guillermina. Ya sabe ella d\u00f3nde estamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El grupo que rodeaba a la fundadora se fue disolviendo. Algunos, creyendo sin duda que lo que all\u00ed se trataba m\u00e1s era broma que otra cosa, se fueron al sal\u00f3n a hablar <i>seriamente<\/i> de pol\u00edtica y negocios. D. Baldomero, que deseaba echar aquella noche una partida de mus, el juego cl\u00e1sico y tradicional de los comerciantes de Madrid, esper\u00f3 a que entrase Pepe Samaniego, que era maestro consumado, para armar la partida. Durante un largo rato no se o\u00eda en el sal\u00f3n m\u00e1s que <i>envido a la chica&#8230; envido a los pares&#8230; \u00f3rdago<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las tres se\u00f1oras estuvieron un momento solas, hablando de aquel proyecto de Guillermina, que segu\u00eda cose que te cose, ayudada por Jacinta. Hac\u00eda alg\u00fan tiempo que a esta se le hab\u00eda despertado vivo entusiasmo por las empresas de la Pacheco, y a m\u00e1s de reservarle todo el dinero que pod\u00eda, se picaba los dedos cosiendo para ella durante largas horas. Es que sent\u00eda un cierto consuelo en confeccionar ropas de ni\u00f1o y en suponer que aquellas mangas iban a abrigar bracitos desnudos. Ya hab\u00eda hecho dos visitas al asilo de la calle de Alburquerque y acompa\u00f1ado una vez a Guillermina en sus excursiones a las miserables zah\u00fardas donde viven los pobres de la Inclusa y Hospital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda que o\u00edrla cuando volvi\u00f3 a aquella su primera visita a los barrios del Sur. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 desigualdades!\u2014dec\u00eda, desflorando sin saberlo el problema social\u2014. Unos tanto y otros tan poco. Falta equilibrio y el mundo parece que se cae. Todo se arreglar\u00eda si los que tienen mucho dieran lo que les sobra a los que no poseen nada. \u00bfPero qu\u00e9 cosa sobra?&#8230; Vaya usted a saber\u00bb. Guillermina aseguraba que se necesita mucha fe para no acobardarse ante los espect\u00e1culos que la miseria ofrece. \u00abPorque se encuentran almas buenas, s\u00ed\u2014dec\u00eda\u2014; pero tambi\u00e9n mucha ingratitud. La falta de educaci\u00f3n es para el pobre una desventaja mayor que la pobreza. Luego la propia miseria les ataca el coraz\u00f3n a muchos y se lo corrompe. A m\u00ed me han insultado; me han arrojado pu\u00f1ados de esti\u00e9rcol y tronchos de berza; me han llamado <i>t\u00eda bruja<\/i>&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Barbarita le daba aquella noche por hablar de arquitectura y no perd\u00eda ripio. Entr\u00f3 a la saz\u00f3n Moreno Isla, y le recibieron con exclamaciones de alegr\u00eda. Llamole la se\u00f1ora y le dijo: \u00ab\u00bfTiene usted cascote?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las tres se re\u00edan viendo la sorpresa y confusi\u00f3n de Moreno, que era una excelente persona, como de cuarenta y cinco a\u00f1os, c\u00e9libe y riqu\u00edsimo, de aficiones tan inglesas que se pasaba en Londres la mayor parte del a\u00f1o; alto, delgado y de muy mal color porque estaba muy delicado de salud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abQue si tengo cascote. \u00bfEs para usted?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Usted conteste y no sea como los gallegos, que cuando se les hace una pregunta hacen otra. Puesto que est\u00e1 usted de derribo, \u00bftiene cascote, s\u00ed o no?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed que lo tengo&#8230; y pedernal magn\u00edfico. A sesenta reales el carro, todo lo que usted quiera. El cascote a ocho reales&#8230; \u00a1Ah, tonto de m\u00ed! Ya s\u00e9 de qu\u00e9 se trata. La santurrona les est\u00e1 embaucando con las fantasmagor\u00edas del asilo que va a edificar&#8230; Cuidado, mucho cuidado con los timos. Antes de que ponga la primera piedra, nos llevar\u00e1 a todos a San Bernardino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014C\u00e1llate, que ya saben todos lo avariento que eres. Si no te pido nada, ro\u00f1oso, cicatero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gu\u00e1rdate tus carros de pedernal, que ya te los pondr\u00e1n en la balanza el d\u00eda del gran saldo final, ya sabes, cuando suenen las trompetas aquellas, s\u00ed, y entonces, cuando veas que la balanza se te cae del lado de la avaricia, dir\u00e1s: \u00abSe\u00f1or, qu\u00edtame estos carros de piedra y cascote que me hunden en el Infierno\u00bb, y todos diremos: \u00abno, no, no&#8230; \u00e9chenle carga, que es muy malo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Con poner en el otro platillo los perros grandes y chicos que me has sacado, me salvo\u2014d\u00edjole Moreno riendo y manose\u00e1ndole la cara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No me hagas caranto\u00f1as, sobrinillo. Si crees que eso te vale, gran miserable, usurero, recocho en dinero\u2014repiti\u00f3 Guillermina con tono y sonrisa de chanza ben\u00e9vola\u2014. \u00a1Qu\u00e9 hombres estos! Todav\u00eda quieres m\u00e1s, y est\u00e1s derribando una manzana de casas viejas para hacer casas domingueras y sacarles las entra\u00f1as a los pobres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No hagan ustedes caso de esta <i>rata eclesi\u00e1stica<\/i>\u2014indic\u00f3 Moreno, sent\u00e1ndose entre Barbarita y Jacinta\u2014. Me est\u00e1 arruinando. Voy a tener que irme a un pueblo porque no me deja vivir. Es que no me puedo descuidar. Estoy en casa visti\u00e9ndome&#8230; siento un susurro, algo as\u00ed como paso de ladrones; miro, veo un bulto, doy un grito&#8230; Es ella, la rata que ha entrado y se va escurriendo por entre los muebles. Nada; por pronto que acudo, ya mi querida t\u00eda me ha registrado la ropa que est\u00e1 en el perchero y se ha llevado todo lo que hab\u00eda en el bolsillo del chaleco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fundadora, atacada de una hilaridad convulsiva, se re\u00eda con toda su alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pero ven ac\u00e1, pillo\u2014dijo sec\u00e1ndose las l\u00e1grimas que la risa hab\u00eda hecho brotar de sus ojos\u2014, si contigo no valen buenos medios. Anda, hijo, el que te roba a ti&#8230;, ya sabes el refr\u00e1n&#8230; el que te roba a ti se va al Cielo derecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014A donde vas t\u00fa a ir es al <i>Modelo<\/i>&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014C\u00e1llate la boca, bob\u00f3n, y no me denuncies, que te traer\u00e1 peor cuenta&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No sigui\u00f3 este di\u00e1logo, que promet\u00eda dar mucho juego, porque del sal\u00f3n llamaron a Moreno con en\u00e9rgica insistencia. O\u00edase desde el gabinete rumor de un hablar vivo, y la mezclada agitaci\u00f3n de varias voces, entre las cuales se distingu\u00edan claramente las de Juan, Villalonga y Zalamero, que acababan de entrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Moreno fue all\u00e1, y Guillermina, que a\u00fan no hab\u00eda acabado de re\u00edr, dec\u00eda a sus amigas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEs un angel\u00f3n&#8230; No ten\u00e9is idea de la pasta celestial de que est\u00e1 formado el coraz\u00f3n de este hombre\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Barbarita no ten\u00eda sosiego hasta no enterarse del por qu\u00e9 de aquel tumulto que en el sal\u00f3n hab\u00eda. Fue a ver y volvi\u00f3 con el cuento:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abHijas, que el rey se marcha\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Qu\u00e9 dices, mujer!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Que D. Amadeo, cansado de bregar con esta gente, tira la corona por la ventana y dice: \u00abVayan ustedes a marcar al Demonio\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Todo sea por Dios! \u2014exclam\u00f3 Guillermina dando un suspiro y volviendo imperturbable a su trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta pas\u00f3 al sal\u00f3n, m\u00e1s que por enterarse de las noticias, por ver a su marido que aquel d\u00eda no hab\u00eda comido en casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abOye\u2014le dijo en secreto Guillermina, deteni\u00e9ndola, y ambas se miraban con picard\u00eda;\u2014con veinte duros que le sonsaques hay bastante\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">III<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEn Bolsa no se supo nada. Yo lo supe en el Bols\u00edn a las diez\u2014dijo Villalonga\u2014. Fui al Casino a llevar la noticia. Cuando volv\u00ed al Bols\u00edn, se estaba haciendo el consolidado a 20.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Lo hemos de ver a 10, se\u00f1ores \u2014dijo el marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz en tono de Hamlet.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1El Banco a 175&#8230;! \u2014exclam\u00f3 D. Baldomero pas\u00e1ndose la mano por la cabeza, y arrojando hacia el suelo una mirada f\u00fanebre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Perdone usted, amigo \u2014rectific\u00f3 Moreno Isla\u2014. Est\u00e1 a 172, y si usted quiere comprarme las m\u00edas a 170, ahora mismo las largo. No quiero m\u00e1s papel de la querida patria. Ma\u00f1ana me vuelvo a Londres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed\u2014dijo Aparisi poniendo semblante prof\u00e9tico\u2014; porque la que se va a armar ahora aqu\u00ed, ser\u00e1 de \u00f3rdago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Se\u00f1ores, no seamos impresionables\u2014indic\u00f3 el marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz, que gustaba de dominar las situaciones con mirada alta\u2014. Ese buen se\u00f1or se ha cansado; no era para menos; ha dicho: \u00abah\u00ed queda eso\u00bb. Yo en su caso habr\u00eda hecho lo mismo. Tendremos alg\u00fan trastorno; habr\u00e1 su poco de Rep\u00fablica; pero ya saben ustedes que las naciones no mueren&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014El golpe viene de fuera \u2014manifest\u00f3 Aparisi\u2014. Esto lo ve\u00eda yo venir. Francia&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No <i>involucremos<\/i> las cuestiones, se\u00f1ores \u2014dijo Casa-Mu\u00f1oz poniendo una cara muy parlamentaria\u2014. Y si he de hablar ingenuamente, dir\u00e9 a ustedes que a m\u00ed no me asusta la Rep\u00fablica, lo que me asusta es el republicanismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mir\u00f3 a todos para ver qu\u00e9 tal hab\u00eda ca\u00eddo esta frase. No pod\u00eda dudarse de que el murmullo aquel con que fue acogida era laudatorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abSe\u00f1or Marqu\u00e9s \u2014declar\u00f3 Aparisi picado de rivalidad\u2014, el pueblo espa\u00f1ol es un pueblo digno&#8230; que en los momentos de peligro, sabe ponerse&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfY qu\u00e9 tiene que ver una cosa con otra?&#8230;\u2014salt\u00f3 el marqu\u00e9s inc\u00f3modo, anonadando a su contrario con una mirada\u2014. No <i>involucre<\/i> usted las cuestiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparisi, propietario y concejal de oficio, era un hombre que se preciaba de <i>poner los puntos sobre las \u00edes<\/i>; pero con el marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz no le val\u00eda su suficiencia, porque este no toleraba imposiciones y era capaz de poner puntos sobre las haches. Hab\u00eda entre los dos una rivalidad t\u00e1cita, que se manifestaba en la emulaci\u00f3n para lanzar observaciones sint\u00e9ticas sobre todas las cosas. Una mirada de profunda antipat\u00eda era lo \u00fanico que a veces dejaba entrever el pugilato espiritual de aquellos dos atletas del pensamiento. Villalonga, que era observador muy picaresco, aseguraba haber descubierto entre Aparisi y Casa-Mu\u00f1oz un antagonismo o competencia en la emisi\u00f3n de palabras escogidas. Se desafiaban a cu\u00e1l hablaba m\u00e1s por lo fino, y si el marqu\u00e9s daba muchas vueltas al <i>involucrar<\/i>, al <i>ad hoc<\/i>, al <i>sui generis<\/i> y otros t\u00e9rminos latinos, en seguida se ve\u00eda al otro poniendo en prensa el cerebro para obtener frases tan selectas como <i>la concatenaci\u00f3n de las ideas<\/i>. A veces parec\u00eda triunfante Aparisi, diciendo que tal o cual cosa era el <i>bello ideal<\/i> de los pueblos; pero Casa-Mu\u00f1oz tomaba arranque y diciendo <i>el desider\u00e1tum<\/i>, hac\u00eda polvo a su contrario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuenta Villalonga que hace a\u00f1os hablaba Casa-Mu\u00f1oz disparatadamente, y sostiene y jura haberle o\u00eddo decir, cuando a\u00fan no era marqu\u00e9s, que las <i>puertas estaban herm\u00e9ticamente<\/i> <i> abiertas<\/i>; pero esto no ha llegado a comprobarse. Dejando a un lado las bromas, conviene decir que era el marqu\u00e9s persona apreciabil\u00edsima, muy corriente, muy afable en su trato, excelente para su familia y amigos. Ten\u00eda la misma edad que D. Baldomero; mas no llevaba tan bien los a\u00f1os. Su dentadura era artificial y sus patillas te\u00f1idas ten\u00edan un viso carminoso, contrastando con la cabeza sin pintar. Aparisi era mucho m\u00e1s joven, hombre que presum\u00eda de pie peque\u00f1o y de manos bonitas, la cara arrebolada, el bigote casta\u00f1o cayendo a lo chino, los ojos grandes, y en la cabeza una de esas calvas que son para sus poseedores un diploma de talento. Lo m\u00e1s caracter\u00edstico en el concejal perpetuo era la expresi\u00f3n de su rostro, semejante a la de una persona que est\u00e1 oliendo algo muy desagradable, lo que proven\u00eda de cierta contracci\u00f3n de los m\u00fasculos nasales y del labio superior. Por lo dem\u00e1s, buena persona, que no deb\u00eda nada a nadie. Hab\u00eda tenido almac\u00e9n de maderas, y se contaba que en cierta \u00e9poca les puso los puntos sobre las \u00edes a los pinares de Balsain. Era hombre sin instrucci\u00f3n, y&#8230; lo que pasa&#8230; por lo mismo que no la ten\u00eda gustaba de aparentarla. Cuenta el tunante de Villalonga que hace a\u00f1os usaba Aparisi el <i>e pur si muove<\/i> de Galileo; pero el pobrecito no le daba la interpretaci\u00f3n verdadera, y cre\u00eda que aquel c\u00e9lebre dicho significaba <i>por si acaso<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, se le oy\u00f3 decir m\u00e1s de una vez: \u00abParece que no llover\u00e1; pero sacar\u00e9 el paraguas <i>e pur si muove<\/i>\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta trinc\u00f3 a su marido por el brazo y le llev\u00f3 un poquito aparte:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abY qu\u00e9, <i>nene<\/i>, \u00bfhay barricadas?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No, hija, no hay nada. Tranquil\u00edzate.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfNo volver\u00e1s a salir esta noche?&#8230; Mira que me asustar\u00e9 mucho si sales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Pues no saldr\u00e9&#8230; \u00bfQu\u00e9&#8230; qu\u00e9 buscas?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta, riendo, deslizaba su mano por el forro de la levita, buscando el bolsillo del pecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Ay!, yo iba a ver si te sacaba la cartera sin que me sintieses&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Vaya con la descuidera&#8230; \u2014\u00a1Quia!, si no s\u00e9&#8230; Esto quien lo hace bien es Guillermina, que le saca a Manolo Moreno las pesetas del bolsillo del chaleco sin que \u00e9l lo sienta&#8230; A ver&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta, due\u00f1a ya de la cartera, la abri\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfTe enfadar\u00edas si te quito este billete de veinte duros? \u00bfTe hace falta?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No por cierto. Toma lo que quieras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Es para Guillermina. Mam\u00e1 le dio dos, y le falta un pico para poder pagar ma\u00f1ana el trimestre del alquiler del asilo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contestole el Delf\u00edn apret\u00e1ndole con mucha efusi\u00f3n las dos manos y arrugando el billete que estaba en ellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto Guillermina pesc\u00f3 lo que le faltaba para completar su cantidad, dej\u00f3 la costura y se puso el manto. Despidi\u00e9ndose brevemente de las dos se\u00f1oras, atraves\u00f3 el sal\u00f3n a prisa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00a1A esa, a esa! \u2014grit\u00f3 Moreno\u2014, sin duda se lleva algo. Caballeros, vean ustedes si les falta el reloj. B\u00e1rbara, que debajo de la mantilla de <i>la rata eclesi\u00e1stica<\/i> veo un bulto&#8230; \u00bfNo hab\u00eda aqu\u00ed candeleros de plata?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En medio de la jovial algazara que estas bromas produc\u00edan, sali\u00f3 Guillermina, esparciendo sobre todos una sonrisa inefable que parec\u00eda una bendici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En seguida, ceb\u00e1ronse todos con furia en el tema suculento de la partida del Rey, y cada cual expon\u00eda sus opiniones con \u00ednfulas de profec\u00eda, como si en su vida hubieran hecho otra cosa que vaticinar acertando. Villalonga estaba ya viendo a D. Carlos entrar en Madrid, y el marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz hablaba de<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>las exageraciones liberticidas<\/i> de la demagogia roja y de la demagogia blanca como si las estuviera mirando pintadas en la pared de enfrente; el ex-subsecretario de Gobernaci\u00f3n, Zalamero, le\u00eda clarito en el porvenir el nombre del Rey Alfonso, y el concejal dec\u00eda que <i>el alfonsismo estaba a\u00fan en la nebulosa de lo desconocido<\/i>. El mismo Aparisi y Federico Ruiz profetizaron luego en una sola cuerda&#8230; \u00a1Qu\u00e9 demonio! Ellos no se asustaban de la Rep\u00fablica. Como si lo vieran&#8230; no iba a pasar nada. Es que aqu\u00ed somos muy impresionables, y por cualquier contratiempo nos parece que se nos cae el Cielo encima. \u00abYo les aseguro a ustedes \u2014dec\u00eda Aparisi, puesta la mano sobre el pecho\u2014, que no pasar\u00e1 nada, pero nada. Aqu\u00ed no se tiene idea de lo que es el pueblo espa\u00f1ol&#8230; Yo respondo de \u00e9l, me atrevo a responder con la cabeza, vaya&#8230;\u00bb. Moreno no vaticinaba; no hac\u00eda m\u00e1s que decir: \u00abPor si vienen mal dadas, me voy ma\u00f1ana para Londres\u00bb. Aquel ricacho soltero alardeaba de carecer en absoluto del sentimiento de la patria, y estaba tan extranjerizado que nada espa\u00f1ol le parec\u00eda bueno. Los autores dram\u00e1ticos lo mismo que las comidas, los ferrocarriles lo mismo que las industrias menudas, todo le parec\u00eda de una inferioridad lamentable. Sol\u00eda decir que aqu\u00ed los tenderos no saben envolver en un papel una libra de cualquier cosa. \u00abCompra usted algo, y despu\u00e9s que le miden mal y le cobran caro, el envoltorio de papel que le dan a usted se le deshace por el camino. No hay que darle vueltas; somos una raza inh\u00e1bil hasta no poder m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Baldomero dec\u00eda con acento de tristeza una cosa muy sensata: \u00ab\u00a1Si D. Juan Prim viviera&#8230;!\u00bb. Juan y Samaniego se apartaron del corrillo y charlaban con Jacinta y do\u00f1a B\u00e1rbara, tratando de quitarles el miedo. No habr\u00eda tiros, ni jarana&#8230; no ser\u00eda preciso hacer provisiones&#8230; \u00a1Ah! Barbarita so\u00f1aba ya con hacer provisiones. A la ma\u00f1ana siguiente, si no hab\u00eda barricadas, ella y Estupi\u00f1\u00e1 se ocupar\u00edan de eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco a poco fueron desfilando. Eran las doce. Aparisi y Casa-Mu\u00f1oz se fueron al Bols\u00edn a saber noticias, no sin que antes de partir dieran una nueva muestra de su rivalidad. El concejal de oficio estaba tan excitado, que la contracci\u00f3n de su hocico se acentuaba, como si el olor aquel imaginario fuera el de la aza f\u00e9tida. Zalamero, que iba a Gobernaci\u00f3n, quiso llevarse al Delf\u00edn; pero este, a quien su mujer ten\u00eda cogido del brazo, se neg\u00f3 a salir&#8230; \u00abMi mujer no me deja\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Mi tocaya\u2014dijo Villalonga\u2014, se est\u00e1 volviendo muy anticonstitucional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin se quedaron solos los de casa. Don Baldomero y Barbarita besaron a sus hijos y se fueron a acostar. Esto mismo hicieron Jacinta y su marido.<\/p>\n<p><strong>Redacci\u00f2n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermina, virgen y fundadora &#8211;I&#8211; De cuantas personas entraban en aquella casa, la m\u00e1s agasajada por toda la familia de Santa Cruz era Guillermina Pacheco, que viv\u00eda en la inmediata, t\u00eda de Moreno Isla y prima de Ruiz-Ochoa, los dos socios principales de la antigua banca de Moreno. 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