{"id":20465,"date":"2025-05-25T00:00:12","date_gmt":"2025-05-24T23:00:12","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20465"},"modified":"2025-05-22T14:38:31","modified_gmt":"2025-05-22T13:38:31","slug":"don-quijote-de-la-mancha-capitulos-37-y-38-miguel-de-cervantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20465","title":{"rendered":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 37 y 38 &#8211; (Miguel de Cervantes)"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XXXVII. Que prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas aventuras<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto escuchaba Sancho, no con poco dolor de su \u00e1nima, viendo que se le desparec\u00edan e iban en humo las esperanzas de su ditado, y que la linda princesa Micomicona se le hab\u00eda vuelto en Dorotea, y el gigante en don Fernando, y su amo se estaba durmiendo a sue\u00f1o suelto, bien descuidado de todo lo sucedido. No se pod\u00eda asegurar Dorotea si era so\u00f1ado el bien que pose\u00eda. Cardenio estaba en el mismo pensamiento, y el de Luscinda corr\u00eda por la misma cuenta. Don Fernando daba gracias al cielo por la merced recebida y haberle sacado de aquel intricado laberinto, donde se hallaba tan a pique de perder el cr\u00e9dito y el alma; y, finalmente, cuantos en la venta estaban, estaban contentos y gozosos del buen suceso que hab\u00edan tenido tan trabados y desesperados negocios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo lo pon\u00eda en su punto el cura, como discreto, y a cada uno daba el parabi\u00e9n del bien alcanzado; pero quien m\u00e1s jubilaba y se contentaba era la ventera, por la promesa que Cardenio y el cura le hab\u00edan hecho de pagalle todos los da\u00f1os e intereses que por cuenta de don Quijote le hubiesen venido. S\u00f3lo Sancho, como ya se ha dicho, era el afligido, el desventurado y el triste; y as\u00ed, con malenc\u00f3nico semblante, entr\u00f3 a su amo, el cual acababa de despertar, a quien dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Bien puede vuestra merced, se\u00f1or Triste Figura, dormir todo lo que quisiere, sin cuidado de matar a ning\u00fan gigante, ni de volver a la princesa su reino: que ya todo est\u00e1 hecho y concluido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Eso creo yo bien \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, porque he tenido con el gigante la m\u00e1s descomunal y desaforada batalla que pienso tener en todos los d\u00edas de mi vida; y de un rev\u00e9s, \u00a1zas!, le derrib\u00e9 la cabeza en el suelo, y fue tanta la sangre que le sali\u00f3, que los arroyos corr\u00edan por la tierra como si fueran de agua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Como si fueran de vino tinto, pudiera vuestra merced decir mejor \u2014 respondi\u00f3 Sancho\u2014, porque quiero que sepa vuestra merced, si es que no lo sabe, que el gigante muerto es un cuero horadado, y la sangre, seis arrobas de vino tinto que encerraba en su vientre; y la cabeza cortada es la puta que me pari\u00f3, y ll\u00e9velo todo Satan\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y \u00bfqu\u00e9 es lo que dices, loco? \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014. \u00bfEst\u00e1s en tu seso?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Lev\u00e1ntese vuestra merced \u2014dijo Sancho\u2014, y ver\u00e1 el buen recado que ha hecho, y lo que tenemos que pagar; y ver\u00e1 a la reina convertida en una dama particular, llamada Dorotea, con otros sucesos que, si cae en ellos, le han de admirar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No me maravillar\u00eda de nada deso \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, porque, si bien te acuerdas, la otra vez que aqu\u00ed estuvimos te dije yo que todo cuanto aqu\u00ed suced\u00eda eran cosas de encantamento, y no ser\u00eda mucho que ahora fuese lo mesmo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Todo lo creyera yo \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, si tambi\u00e9n mi manteamiento fuera cosa dese jaez, mas no lo fue, sino real y verdaderamente; y vi yo que el ventero que aqu\u00ed est\u00e1 hoy d\u00eda ten\u00eda del un cabo de la manta, y me empujaba hacia el cielo con mucho donaire y br\u00edo, y con tanta risa como fuerza; y donde interviene conocerse las personas, tengo para m\u00ed, aunque simple y pecador, que no hay encantamento alguno, sino mucho molimiento y mucha mala ventura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ahora bien, Dios lo remediar\u00e1 \u2014dijo don Quijote\u2014. Dame de vestir y d\u00e9jame salir all\u00e1 fuera, que quiero ver los sucesos y transformaciones que dices.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diole de vestir Sancho, y, en el entretanto que se vest\u00eda, cont\u00f3 el cura a don Fernando y a los dem\u00e1s las locuras de don Quijote, y del artificio que hab\u00edan usado para sacarle de la Pe\u00f1a Pobre, donde \u00e9l se imaginaba estar por desdenes de su se\u00f1ora. Cont\u00f3les asimismo casi todas las aventuras que Sancho hab\u00eda contado, de que no poco se admiraron y rieron, por parecerles lo que a todos parec\u00eda: ser el m\u00e1s estra\u00f1o g\u00e9nero de locura que pod\u00eda caber en pensamiento desparatado. Dijo m\u00e1s el cura: que, pues ya el buen suceso de la se\u00f1ora Dorotea impid\u00eda pasar con su disignio adelante, que era menester inventar y hallar otro para poderle llevar a su tierra. Ofreci\u00f3se Cardenio de proseguir lo comenzado, y que Luscinda har\u00eda y representar\u00eda la persona de Dorotea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No \u2014dijo don Fernando\u2014, no ha de ser as\u00ed: que yo quiero que Dorotea prosiga su invenci\u00f3n; que, como no sea muy lejos de aqu\u00ed el lugar deste buen caballero, yo holgar\u00e9 de que se procure su remedio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No est\u00e1 m\u00e1s de dos jornadas de aqu\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues, aunque estuviera m\u00e1s, gustara yo de caminallas, a trueco de hacer tan buena obra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sali\u00f3, en esto, don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y arrimado a su tronco o lanz\u00f3n. Suspendi\u00f3 a don Fernando y a los dem\u00e1s la estra\u00f1a presencia de don Quijote, viendo su rostro de media legua de andadura, seco y amarillo, la desigualdad de sus armas y su mesurado continente, y estuvieron callando hasta ver lo que \u00e9l dec\u00eda, el cual, con mucha gravedad y reposo, puestos los ojos en la hermosa Dorotea, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Estoy informado, hermosa se\u00f1ora, deste mi escudero que la vuestra grandeza se ha aniquilado, y vuestro ser se ha deshecho, porque de reina y gran se\u00f1ora que sol\u00edades ser os hab\u00e9is vuelto en una particular doncella. Si esto ha sido por orden del rey nigromante de vuestro padre, temeroso que yo no os diese la necesaria y debida ayuda, digo que no supo ni sabe de la misa la media, y que fue poco versado en las historias caballerescas, porque si \u00e9l las hubiera le\u00eddo y pasado tan atentamente y con tanto espacio como yo las pas\u00e9 y le\u00ed, hallara a cada paso c\u00f3mo otros caballeros de menor fama que la m\u00eda hab\u00edan acabado cosas m\u00e1s dificultosas, no si\u00e9ndolo mucho matar a un gigantillo, por arrogante que sea; porque no ha muchas horas que yo me vi con \u00e9l, y&#8230; quiero callar, porque no me digan que miento; pero el tiempo, descubridor de todas las cosas, lo dir\u00e1 cuando menos lo pensemos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 V\u00edstesos vos con dos cueros, que no con un gigante \u2014dijo a esta saz\u00f3n el ventero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cual mand\u00f3 don Fernando que callase y no interrumpiese la pl\u00e1tica de don Quijote en ninguna manera; y don Quijote prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Digo, en fin, alta y desheredada se\u00f1ora, que si por la causa que he dicho vuestro padre ha hecho este metamorf\u00f3seos en vuestra persona, que no le deis cr\u00e9dito alguno, porque no hay ning\u00fan peligro en la tierra por quien no se abra camino mi espada, con la cual, poniendo la cabeza de vuestro enemigo en tierra, os pondr\u00e9 a vos la corona de la vuestra en la cabeza en breves d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No dijo m\u00e1s don Quijote, y esper\u00f3 a que la princesa le respondiese, la cual, como ya sab\u00eda la determinaci\u00f3n de don Fernando de que se prosiguiese adelante en el enga\u00f1o hasta llevar a su tierra a don Quijote, con mucho donaire y gravedad, le respondi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Quienquiera que os dijo, valeroso caballero de la Triste Figura, que yo me hab\u00eda mudado y trocado de mi ser, no os dijo lo cierto, porque la misma que ayer fui me soy hoy. Verdad es que alguna mudanza han hecho en m\u00ed ciertos acaecimientos de buena ventura, que me la han dado la mejor que yo pudiera desearme, pero no por eso he dejado de ser la que antes y de tener los mesmos pensamientos de valerme del valor de vuestro valeroso e invenerable brazo que siempre he tenido. As\u00ed que, se\u00f1or m\u00edo, vuestra bondad vuelva la honra al padre que me engendr\u00f3, y t\u00e9ngale por hombre advertido y prudente, pues con su ciencia hall\u00f3 camino tan f\u00e1cil y tan verdadero para remediar mi desgracia; que yo creo que si por vos, se\u00f1or, no fuera, jam\u00e1s acertara a tener la ventura que tengo; y en esto digo tanta verdad como son buenos testigos della los m\u00e1s destos se\u00f1ores que est\u00e1n presentes. Lo que resta es que ma\u00f1ana nos pongamos en camino, porque ya hoy se podr\u00e1 hacer poca jornada, y en lo dem\u00e1s del buen suceso que espero, lo dejar\u00e9 a Dios y al valor de vuestro pecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto dijo la discreta Dorotea, y, en oy\u00e9ndolo don Quijote, se volvi\u00f3 a Sancho, y, con muestras de mucho enojo, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ahora te digo, Sanchuelo, que eres el mayor bellacuelo que hay en Espa\u00f1a. Dime, ladr\u00f3n vagamundo, \u00bfno me acabaste de decir ahora que esta princesa se hab\u00eda vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea, y que la cabeza que entiendo que cort\u00e9 a un gigante era la puta que te pari\u00f3, con otros disparates que me pusieron en la mayor confusi\u00f3n que jam\u00e1s he estado en todos los d\u00edas de mi vida? \u00a1Voto&#8230; \u2014y mir\u00f3 al cielo y apret\u00f3 los dientes\u2014 que estoy por hacer un estrago en ti, que ponga sal en la mollera a todos cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes, de aqu\u00ed adelante, en el mundo!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Vuestra merced se sosiegue, se\u00f1or m\u00edo \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, que bien podr\u00eda ser que yo me hubiese enga\u00f1ado en lo que toca a la mutaci\u00f3n de la se\u00f1ora princesa Micomicona; pero, en lo que toca a la cabeza del gigante, o, a lo menos, a la horadaci\u00f3n de los cueros y a lo de ser vino tinto la sangre, no me enga\u00f1o, \u00a1vive Dios!, porque los cueros all\u00ed est\u00e1n heridos, a la cabecera del lecho de vuestra merced, y el vino tinto tiene hecho un lago el aposento; y si no, al fre\u00edr de los huevos lo ver\u00e1; quiero decir que lo ver\u00e1 cuando aqu\u00ed su merced del se\u00f1or ventero le pida el menoscabo de todo. De lo dem\u00e1s, de que la se\u00f1ora reina se est\u00e9 como se estaba, me regocijo en el alma, porque me va mi parte, como a cada hijo de vecino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ahora yo te digo, Sancho \u2014dijo don Quijote\u2014, que eres un mentecato; y perd\u00f3name, y basta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Basta \u2014dijo don Fernando\u2014, y no se hable m\u00e1s en esto; y, pues la se\u00f1ora princesa dice que se camine ma\u00f1ana, porque ya hoy es tarde, h\u00e1gase as\u00ed, y esta noche la podremos pasar en buena conversaci\u00f3n hasta el venidero d\u00eda, donde todos acompa\u00f1aremos al se\u00f1or don Quijote, porque queremos ser testigos de las valerosas e inauditas haza\u00f1as que ha de hacer en el discurso desta grande empresa que a su cargo lleva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Yo soy el que tengo de serviros y acompa\u00f1aros \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, y agradezco mucho la merced que se me hace y la buena opini\u00f3n que de m\u00ed se tiene, la cual procurar\u00e9 que salga verdadera, o me costar\u00e1 la vida, y aun m\u00e1s, si m\u00e1s costarme puede.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas palabras de comedimiento y muchos ofrecimientos pasaron entre don Quijote y don Fernando; pero a todo puso silencio un pasajero que en aquella saz\u00f3n entr\u00f3 en la venta, el cual en su traje mostraba ser cristiano reci\u00e9n venido de tierra de moros, porque ven\u00eda vestido con una casaca de pa\u00f1o azul, corta de faldas, con medias mangas y sin cuello; los calzones eran asimismo de lienzo azul, con bonete de la misma color; tra\u00eda unos borcegu\u00edes datilados y un alfanje morisco, puesto en un tahel\u00ed que le atravesaba el pecho. Entr\u00f3 luego tras \u00e9l, encima de un jumento, una mujer a la morisca vestida, cubierto el rostro con una toca en la cabeza; tra\u00eda un bonetillo de brocado, y vestida una almalafa, que desde los hombros a los pies la cubr\u00eda. Era el hombre de robusto y agraciado talle, de edad de poco m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, algo moreno de rostro, largo de bigotes y la barba muy bien puesta. En resoluci\u00f3n, \u00e9l mostraba en su apostura que si estuviera bien vestido, le juzgaran por persona de calidad y bien nacida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pidi\u00f3, en entrando, un aposento, y, como le dijeron que en la venta no le hab\u00eda, mostr\u00f3 recebir pesadumbre; y, lleg\u00e1ndose a la que en el traje parec\u00eda mora, la ape\u00f3 en sus brazos. Luscinda, Dorotea, la ventera, su hija y Maritornes, llevadas del nuevo y para ellas nunca visto traje, rodearon a la mora, y Dorotea, que siempre fue agraciada, comedida y discreta, pareci\u00e9ndole que as\u00ed ella como el que la tra\u00eda se congojaban por la falta del aposento, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No os d\u00e9 mucha pena, se\u00f1ora m\u00eda, la incomodidad de regalo que aqu\u00ed falta, pues es proprio de ventas no hallarse en ellas; pero, con todo esto, si gust\u00e1redes de pasar con nosotras \u2014se\u00f1alando a Luscinda\u2014, quiz\u00e1 en el discurso de este camino habr\u00e9is hallado otros no tan buenos acogimientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No respondi\u00f3 nada a esto la embozada, ni hizo otra cosa que levantarse de donde sentado se hab\u00eda, y, puestas entrambas manos cruzadas sobre el pecho, inclinada la cabeza, dobl\u00f3 el cuerpo en se\u00f1al de que lo agradec\u00eda. Por su silencio imaginaron que, sin duda alguna, deb\u00eda de ser mora, y que no sab\u00eda hablar cristiano. Lleg\u00f3, en esto, el cautivo, que entendiendo en otra cosa hasta entonces hab\u00eda estado, y, viendo que todas ten\u00edan cercada a la que con \u00e9l ven\u00eda, y que ella a cuanto le dec\u00edan callaba, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1oras m\u00edas, esta doncella apenas entiende mi lengua, ni sabe hablar otra ninguna sino conforme a su tierra, y por esto no debe de haber respondido, ni responde, a lo que se le ha preguntado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No se le pregunta otra cosa ninguna \u2014respondi\u00f3 Luscinda\u2014 sino ofrecelle por esta noche nuestra compa\u00f1\u00eda y parte del lugar donde nos acomod\u00e1remos, donde se le har\u00e1 el regalo que la comodidad ofreciere, con la voluntad que obliga a servir a todos los estranjeros que dello tuvieren necesidad, especialmente siendo mujer a quien se sirve.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Por ella y por m\u00ed \u2014respondi\u00f3 el captivo\u2014 os beso, se\u00f1ora m\u00eda, las manos, y estimo mucho y en lo que es raz\u00f3n la merced ofrecida; que en tal ocasi\u00f3n, y de tales personas como vuestro parecer muestra, bien se echa de ver que ha de ser muy grande.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Decidme, se\u00f1or \u2014dijo Dorotea\u2014: \u00bfesta se\u00f1ora es cristiana o mora? Porque el traje y el silencio nos hace pensar que es lo que no querr\u00edamos que fuese.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Mora es en el traje y en el cuerpo, pero en el alma es muy grande cristiana, porque tiene grand\u00edsimos deseos de serlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Luego, \u00bfno es baptizada? \u2014replic\u00f3 Luscinda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No ha habido lugar para ello \u2014respondi\u00f3 el captivo\u2014 despu\u00e9s que sali\u00f3 de Argel, su patria y tierra, y hasta agora no se ha visto en peligro de muerte tan cercana que obligase a baptizalla sin que supiese primero todas las ceremonias que nuestra Madre la Santa Iglesia manda; pero Dios ser\u00e1 servido que presto se bautice con la decencia que la calidad de su persona merece, que es m\u00e1s de lo que muestra su h\u00e1bito y el m\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con estas razones puso gana en todos los que escuch\u00e1ndole estaban de saber qui\u00e9n fuese la mora y el captivo, pero nadie se lo quiso preguntar por entonces, por ver que aquella saz\u00f3n era m\u00e1s para procurarles descanso que para preguntarles sus vidas. Dorotea la tom\u00f3 por la mano y la llev\u00f3 a sentar junto a s\u00ed, y le rog\u00f3 que se quitase el embozo. Ella mir\u00f3 al cautivo, como si le preguntara le dijese lo que dec\u00edan y lo que ella har\u00eda. \u00c9l, en lengua ar\u00e1biga, le dijo que le ped\u00edan se quitase el embozo, y que lo hiciese; y as\u00ed, se lo quit\u00f3, y descubri\u00f3 un rostro tan hermoso que Dorotea la tuvo por m\u00e1s hermosa que a Luscinda, y Luscinda por m\u00e1s hermosa que a Dorotea, y todos los circustantes conocieron que si alguno se podr\u00eda igualar al de las dos, era el de la mora, y aun hubo algunos que le aventajaron en alguna cosa. Y, como la hermosura tenga prerrogativa y gracia de reconciliar los \u00e1nimos y atraer las voluntades, luego se rindieron todos al deseo de servir y acariciar a la hermosa mora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pregunt\u00f3 don Fernando al captivo c\u00f3mo se llamaba la mora, el cual respondi\u00f3 que lela Zoraida; y, as\u00ed como esto oy\u00f3, ella entendi\u00f3 lo que le hab\u00edan preguntado al cristiano, y dijo con mucha priesa, llena de congoja y donaire:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1No, no Zoraida: Mar\u00eda, Mar\u00eda! \u2014dando a entender que se llamaba Mar\u00eda y no Zoraida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas palabras, el grande afecto con que la mora las dijo, hicieron derramar m\u00e1s de una l\u00e1grima a algunos de los que la escucharon, especialmente a las mujeres, que de su naturaleza son tiernas y compasivas. Abraz\u00f3la Luscinda con mucho amor, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 S\u00ed, s\u00ed: Mar\u00eda, Mar\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo cual respondi\u00f3 la mora:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1S\u00ed, s\u00ed: Mar\u00eda; Zoraida macange! \u2014que quiere decir no.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en esto llegaba la noche, y, por orden de los que ven\u00edan con don Fernando, hab\u00eda el ventero puesto diligencia y cuidado en aderezarles de cenar lo mejor que a \u00e9l le fue posible. Llegada, pues, la hora, sent\u00e1ronse todos a una larga mesa, como de tinelo, porque no la hab\u00eda redonda ni cuadrada en la venta, y dieron la cabecera y principal asiento, puesto que \u00e9l lo rehusaba, a don Quijote, el cual quiso que estuviese a su lado la se\u00f1ora Micomicona, pues \u00e9l era su aguardador. Luego se sentaron Luscinda y Zoraida, y frontero dellas don Fernando y Cardenio, y luego el cautivo y los dem\u00e1s caballeros, y, al lado de las se\u00f1oras, el cura y el barbero. Y as\u00ed, cenaron con mucho contento, y acrecent\u00f3seles m\u00e1s viendo que, dejando de comer don Quijote, movido de otro semejante esp\u00edritu que el que le movi\u00f3 a hablar tanto como habl\u00f3 cuando cen\u00f3 con los cabreros, comenz\u00f3 a decir:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Verdaderamente, si bien se considera, se\u00f1ores m\u00edos, grandes e inauditas cosas ven los que profesan la orden de la andante caballer\u00eda. Si no, \u00bfcu\u00e1l de los vivientes habr\u00e1 en el mundo que ahora por la puerta deste castillo entrara, y de la suerte que estamos nos viere, que juzgue y crea que nosotros somos quien somos? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 decir que esta se\u00f1ora que est\u00e1 a mi lado es la gran reina que todos sabemos, y que yo soy aquel Caballero de la Triste Figura que anda por ah\u00ed en boca de la fama? Ahora no hay que dudar, sino que esta arte y ejercicio excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inventaron, y tanto m\u00e1s se ha de tener en estima cuanto a m\u00e1s peligros est\u00e1 sujeto. Qu\u00edtenseme delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas, que les dir\u00e9, y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen. Porque la raz\u00f3n que los tales suelen decir, y a lo que ellos m\u00e1s se atienen, es que los trabajos del esp\u00edritu exceden a los del cuerpo, y que las armas s\u00f3lo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su ejercicio oficio de ganapanes, para el cual no es menester m\u00e1s de buenas fuerzas; o como si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutallos mucho entendimiento; o como si no trabajase el \u00e1nimo del guerrero que tiene a su cargo un ej\u00e9rcito, o la defensa de una ciudad sitiada, as\u00ed con el esp\u00edritu como con el cuerpo. Si no, v\u00e9ase si se alcanza con las fuerzas corporales a saber y conjeturar el intento del enemigo, los disignios, las estratagemas, las dificultades, el prevenir los da\u00f1os que se temen; que todas estas cosas son acciones del entendimiento, en quien no tiene parte alguna el cuerpo. Siendo pues ans\u00ed, que las armas requieren esp\u00edritu, como las letras, veamos ahora cu\u00e1l de los dos esp\u00edritus, el del letrado o el del guerrero, trabaja m\u00e1s. Y esto se vendr\u00e1 a conocer por el fin y paradero a que cada uno se encamina, porque aquella intenci\u00f3n se ha de estimar en m\u00e1s que tiene por objeto m\u00e1s noble fin. Es el fin y paradero de las letras&#8230;, y no hablo ahora de las divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como \u00e9ste ninguno otro se le puede igualar; hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo, entender y hacer que las buenas leyes se guarden. Fin, por cierto, generoso y alto y digno de grande alabanza, pero no de tanta como merece aquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida. Y as\u00ed, las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo y tuvieron los hombres fueron las que dieron los \u00e1ngeles la noche que fue nuestro d\u00eda, cuando cantaron en los aires: \u00bbGloria sea en las alturas, y paz en la tierra, a los hombres de buena voluntad\u00bb; y a la salutaci\u00f3n que el mejor maestro de la tierra y del cielo ense\u00f1\u00f3 a sus allegados y favoridos, fue decirles que cuando entrasen en alguna casa, dijesen: \u00bbPaz sea en esta casa\u00bb; y otras muchas veces les dijo: \u00bbMi paz os doy, mi paz os dejo: paz sea con vosotros\u00bb, bien como joya y prenda dada y dejada de tal mano; joya que sin ella, en la tierra ni en el cielo puede haber bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la guerra, que lo mesmo es decir armas que guerra. Prosupuesta, pues, esta verdad, que el fin de la guerra es la paz, y que en esto hace ventaja al fin de las letras, vengamos ahora a los trabajos del cuerpo del letrado y a los del profesor de las armas, y v\u00e9ase cu\u00e1les son mayores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De tal manera, y por tan buenos t\u00e9rminos, iba prosiguiendo en su pl\u00e1tica don Quijote que oblig\u00f3 a que, por entonces, ninguno de los que escuch\u00e1ndole estaban le tuviese por loco; antes, como todos los m\u00e1s eran caballeros, a quien son anejas las armas, le escuchaban de muy buena gana; y \u00e9l prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Digo, pues, que los trabajos del estudiante son \u00e9stos: principalmente pobreza (no porque todos sean pobres, sino por poner este caso en todo el estremo que pueda ser); y, en haber dicho que padece pobreza, me parece que no hab\u00eda que decir m\u00e1s de su mala ventura, porque quien es pobre no tiene cosa buena. Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en fr\u00edo, ya en desnudez, ya en todo junto; pero, con todo eso, no es tanta que no coma, aunque sea un poco m\u00e1s tarde de lo que se usa, aunque sea de las sobras de los ricos; que es la mayor miseria del estudiante \u00e9ste que entre ellos llaman andar a la sopa; y no les falta alg\u00fan ajeno brasero o chimenea, que, si no callenta, a lo menos entibie su fr\u00edo, y, en fin, la noche duermen debajo de cubierta. No quiero llegar a otras menudencias, conviene a saber, de la falta de camisas y no sobra de zapatos, la raridad y poco pelo del vestido, ni aquel ahitarse con tanto gusto, cuando la buena suerte les depara alg\u00fan banquete. Por este camino que he pintado, \u00e1spero y dificultoso, tropezando aqu\u00ed, cayendo all\u00ed, levant\u00e1ndose acull\u00e1, tornando a caer ac\u00e1, llegan al grado que desean; el cual alcanzado, a muchos hemos visto que, habiendo pasado por estas Sirtes y por estas Scilas y Caribdis, como llevados en vuelo de la favorable fortuna, digo que los hemos visto mandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura, su fr\u00edo en refrigerio, su desnudez en galas, y su dormir en una estera en reposar en holandas y damascos: premio justamente merecido de su virtud. Pero, contrapuestos y comparados sus trabajos con los del m\u00edlite guerrero, se quedan muy atr\u00e1s en todo, como ahora dir\u00e9.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XXXVIII. Que trata del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Prosiguiendo don Quijote, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues comenzamos en el estudiante por la pobreza y sus partes, veamos si es m\u00e1s rico el soldado. Y veremos que no hay ninguno m\u00e1s pobre en la misma pobreza, porque est\u00e1 atenido a la miseria de su paga, que viene o tarde o nunca, o a lo que garbeare por sus manos, con notable peligro de su vida y de su conciencia. Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto acuchillado le sirve de gala y de camisa, y en la mitad del invierno se suele reparar de las inclemencias del cielo, estando en la campa\u00f1a rasa, con s\u00f3lo el aliento de su boca, que, como sale de lugar vac\u00edo, tengo por averiguado que debe de salir fr\u00edo, contra toda naturaleza. Pues esperad que espere que llegue la noche, para restaurarse de todas estas incomodidades, en la cama que le aguarda, la cual, si no es por su culpa, jam\u00e1s pecar\u00e1 de estrecha; que bien puede medir en la tierra los pies que quisiere, y revolverse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las s\u00e1banas. Ll\u00e9guese, pues, a todo esto, el d\u00eda y la hora de recebir el grado de su ejercicio; ll\u00e9guese un d\u00eda de batalla, que all\u00ed le pondr\u00e1n la borla en la cabeza, hecha de hilas, para curarle alg\u00fan balazo, que quiz\u00e1 le habr\u00e1 pasado las sienes, o le dejar\u00e1 estropeado de brazo o pierna. Y, cuando esto no suceda, sino que el cielo piadoso le guarde y conserve sano y vivo, podr\u00e1 ser que se quede en la mesma pobreza que antes estaba, y que sea menester que suceda uno y otro rencuentro, una y otra batalla, y que de todas salga vencedor, para medrar en algo; pero estos milagros vense raras veces. Pero, decidme, se\u00f1ores, si hab\u00e9is mirado en ello: \u00bfcu\u00e1n menos son los premiados por la guerra que los que han perecido en ella? Sin duda, hab\u00e9is de responder que no tienen comparaci\u00f3n, ni se pueden reducir a cuenta los muertos, y que se podr\u00e1n contar los premiados vivos con tres letras de guarismo. Todo esto es al rev\u00e9s en los letrados; porque, de faldas, que no quiero decir de mangas, todos tienen en qu\u00e9 entretenerse. As\u00ed que, aunque es mayor el trabajo del soldado, es mucho menor el premio. Pero a esto se puede responder que es m\u00e1s f\u00e1cil premiar a dos mil letrados que a treinta mil soldados, porque a aqu\u00e9llos se premian con darles oficios, que por fuerza se han de dar a los de su profesi\u00f3n, y a \u00e9stos no se pueden premiar sino con la mesma hacienda del se\u00f1or a quien sirven; y esta imposibilidad fortifica m\u00e1s la raz\u00f3n que tengo. Pero dejemos esto aparte, que es laberinto de muy dificultosa salida, sino volvamos a la preeminencia de las armas contra las letras, materia que hasta ahora est\u00e1 por averiguar, seg\u00fan son las razones que cada una de su parte alega. Y, entre las que he dicho, dicen las letras que sin ellas no se podr\u00edan sustentar las armas, porque la guerra tambi\u00e9n tiene sus leyes y est\u00e1 sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podr\u00e1n sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las rep\u00fablicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios; y, finalmente, si por ellas no fuese, las rep\u00fablicas, los reinos, las monarqu\u00edas, las ciudades, los caminos de mar y tierra estar\u00edan sujetos al rigor y a la confusi\u00f3n que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas. Y es raz\u00f3n averiguada que aquello que m\u00e1s cuesta se estima y debe de estimar en m\u00e1s. Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, v\u00e1guidos de cabeza, indigestiones de est\u00f3mago, y otras cosas a \u00e9stas adherentes, que, en parte, ya las tengo referidas; mas llegar uno por sus t\u00e9rminos a ser buen soldado le cuesta todo lo que a el estudiante, en tanto mayor grado que no tiene comparaci\u00f3n, porque a cada paso est\u00e1 a pique de perder la vida. Y \u00bfqu\u00e9 temor de necesidad y pobreza puede llegar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado, que, hall\u00e1ndose cercado en alguna fuerza, y estando de posta, o guarda, en alg\u00fan revell\u00edn o caballero, siente que los enemigos est\u00e1n minando hacia la parte donde \u00e9l est\u00e1, y no puede apartarse de all\u00ed por ning\u00fan caso, ni huir el peligro que de tan cerca le amenaza? S\u00f3lo lo que puede hacer es dar noticia a su capit\u00e1n de lo que pasa, para que lo remedie con alguna contramina, y \u00e9l estarse quedo, temiendo y esperando cu\u00e1ndo improvisamente ha de subir a las nubes sin alas y bajar al profundo sin su voluntad. Y si \u00e9ste parece peque\u00f1o peligro, veamos si le iguala o hace ventajas el de embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales enclavijadas y trabadas, no le queda al soldado m\u00e1s espacio del que concede dos pies de tabla del espol\u00f3n; y, con todo esto, viendo que tiene delante de s\u00ed tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos ca\u00f1ones de artiller\u00eda se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una lanza, y viendo que al primer descuido de los pies ir\u00eda a visitar los profundos senos de Neptuno; y, con todo esto, con intr\u00e9pido coraz\u00f3n, llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta arcabucer\u00eda, y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario. Y lo que m\u00e1s es de admirar: que apenas uno ha ca\u00eddo donde no se podr\u00e1 levantar hasta la fin del mundo, cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si \u00e9ste tambi\u00e9n cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar tiempo al tiempo de sus muertes: valent\u00eda y atrevimiento el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra. Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artiller\u00eda, a cuyo inventor tengo para m\u00ed que en el infierno se le est\u00e1 dando el premio de su diab\u00f3lica invenci\u00f3n, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que, sin saber c\u00f3mo o por d\u00f3nde, en la mitad del coraje y br\u00edo que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala, disparada de quien quiz\u00e1 huy\u00f3 y se espant\u00f3 del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita m\u00e1quina, y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merec\u00eda gozar luengos siglos. Y as\u00ed, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como es esta en que ahora vivimos; porque, aunque a m\u00ed ning\u00fan peligro me pone miedo, todav\u00eda me pone recelo pensar si la p\u00f3lvora y el esta\u00f1o me han de quitar la ocasi\u00f3n de hacerme famoso y conocido por el valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra. Pero haga el cielo lo que fuere servido, que tanto ser\u00e9 m\u00e1s estimado, si salgo con lo que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los caballeros andantes de los pasados siglos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo este largo pre\u00e1mbulo dijo don Quijote, en tanto que los dem\u00e1s cenaban, olvid\u00e1ndose de llevar bocado a la boca, puesto que algunas veces le hab\u00eda dicho Sancho Panza que cenase, que despu\u00e9s habr\u00eda lugar para decir todo lo que quisiese. En los que escuchado le hab\u00edan sobrevino nueva l\u00e1stima de ver que hombre que, al parecer, ten\u00eda buen entendimiento y buen discurso en todas las cosas que trataba, le hubiese perdido tan rematadamente, en trat\u00e1ndole de su negra y pizmienta caballer\u00eda. El cura le dijo que ten\u00eda mucha raz\u00f3n en todo cuanto hab\u00eda dicho en favor de las armas, y que \u00e9l, aunque letrado y graduado, estaba de su mesmo parecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acabaron de cenar, levantaron los manteles, y, en tanto que la ventera, su hija y Maritornes aderezaban el camaranch\u00f3n de don Quijote de la Mancha, donde hab\u00edan determinado que aquella noche las mujeres solas en \u00e9l se recogiesen, don Fernando rog\u00f3 al cautivo les contase el discurso de su vida, porque no podr\u00eda ser sino que fuese peregrino y gustoso, seg\u00fan las muestras que hab\u00eda comenzado a dar, viniendo en compa\u00f1\u00eda de Zoraida. A lo cual respondi\u00f3 el cautivo que de muy buena gana har\u00eda lo que se le mandaba, y que s\u00f3lo tem\u00eda que el cuento no hab\u00eda de ser tal, que les diese el gusto que \u00e9l deseaba; pero que, con todo eso, por no faltar en obedecelle, le contar\u00eda. El cura y todos los dem\u00e1s se lo agradecieron, y de nuevo se lo rogaron; y \u00e9l, vi\u00e9ndose rogar de tantos, dijo que no eran menester ruegos adonde el mandar ten\u00eda tanta fuerza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Y as\u00ed, est\u00e9n vuestras mercedes atentos, y oir\u00e1n un discurso verdadero, a quien podr\u00eda ser que no llegasen los mentirosos que con curioso y pensado artificio suelen componerse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esto que dijo, hizo que todos se acomodasen y le prestasen un grande silencio; y \u00e9l, viendo que ya callaban y esperaban lo que decir quisiese, con voz agradable y reposada, comenz\u00f3 a decir desta manera:<\/p>\n<p><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXXVII. Que prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas aventuras Todo esto escuchaba Sancho, no con poco dolor de su \u00e1nima, viendo que se le desparec\u00edan e iban en humo las esperanzas de su ditado, y que la linda princesa Micomicona se le hab\u00eda vuelto en Dorotea, y el gigante [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176],"tags":[445],"class_list":["post-20465","post","type-post","status-publish","format-standard","category-don-quijote-de-la-mancha","tag-miguel-de-cervantes"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.7 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 37 y 38 - (Miguel de Cervantes) | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"TESOSROS LITERARIOS; 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