{"id":20462,"date":"2025-05-24T00:00:58","date_gmt":"2025-05-23T23:00:58","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20462"},"modified":"2025-05-22T14:29:15","modified_gmt":"2025-05-22T13:29:15","slug":"fortunata-y-jacinta-capitulo-6-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20462","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Cap\u00edtulo 6 &#8211; (Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\">-VI-<\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s y m\u00e1s pormenores referentes a esta ilustre familia<\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">I<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaban meses, pasaban a\u00f1os, y en aquella dichosa casa todo era paz y armon\u00eda. No se ha conocido en Madrid familia mejor avenida que la de Santa Cruz, compuesta de dos parejas; ni es posible imaginar una compatibilidad de caracteres como la que exist\u00eda entre Barbarita y Jacinta. He visto juntas muchas veces a la suegra y a la nuera, y por Dios que se manifestaba muy poco en ellas la diferencia de edades. Barbarita conservaba a los cincuenta y tres a\u00f1os una frescura maravillosa, el talle perfecto y la dentadura sorprendente. Verdad que ten\u00eda el cabello casi enteramente blanco; el cual m\u00e1s parec\u00eda empolvado conforme al estilo Pompadour, que encanecido por la edad. Pero lo que la hac\u00eda m\u00e1s joven era su afabilidad constante, aquel sonre\u00edr gracioso y ben\u00e9volo con que iluminaba su rostro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De veras que no ten\u00edan por qu\u00e9 quejarse de su destino aquellas cuatro personas. Se dan casos de individuos y familias a quienes Dios no les debe nada; y sin embargo, piden y piden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es que hay en la naturaleza humana un vicio de mendicidad; eso no tiene duda. Ejemplo los de Santa Cruz, que gozaban de salud cabal, eran ricos, estimados de todo el mundo y se quer\u00edan entra\u00f1ablemente. \u00bfQu\u00e9 les hac\u00eda falta? Parece que nada. Pues alguno de los cuatro pordioseaba. Es que cuando un conjunto de circunstancias favorables pone en las manos del hombre gran cantidad de bienes, priv\u00e1ndole de uno solo, la fatalidad de nuestra naturaleza o el principio de descontento que existe en nuestro barro constitutivo le impulsan a desear precisamente lo poquito que no se le ha otorgado. Salud, amor, riqueza, paz y otras ventajas no satisfac\u00edan el alma de Jacinta; y al a\u00f1o de casada, m\u00e1s a\u00fan a los dos a\u00f1os, deseaba ardientemente lo que no ten\u00eda. \u00a1Pobre joven! Lo ten\u00eda todo, menos chiquillos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta pena, que al principio fue desaz\u00f3n insignificante, impaciencia tan s\u00f3lo convirtiose pronto en dolorosa idea de vac\u00edo. Era poco cristiano, al decir de Barbarita, desesperarse por la falta de sucesi\u00f3n. Dios, que les diera tantos bienes, hab\u00edales privado de aquel. No hab\u00eda m\u00e1s remedio que resignarse, alabando la mano del que lo mismo muestra su omnipotencia dando que quitando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este modo consolaba a su nuera, que m\u00e1s le parec\u00eda hija; pero all\u00e1 en sus adentros deseaba tanto como Jacinta la aparici\u00f3n de un muchacho que perpetuase la casta y les alegrase a todos. Se callaba este ardiente deseo por no aumentar la pena de la otra; mas atend\u00eda con ansia a todo lo que pudiera ser s\u00edntoma de esperanzas de sucesi\u00f3n. \u00a1Pero quia! Pasaba un a\u00f1o, dos, y nada; ni aun siquiera esas presunciones vagas que hacen palpitar el coraz\u00f3n de las que sue\u00f1an con la maternidad, y a veces les hacen decir y hacer muchas tonter\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo tengas prisa, hija \u2014dec\u00eda Barbarita a su sobrina\u2014. Eres muy joven. No te apures por los chiquillos, que ya los tendr\u00e1s, te cargar\u00e1s de familia, y te aburrir\u00e1s como se aburri\u00f3 tu madre, y pedir\u00e1s a Dios que no te d\u00e9 m\u00e1s. \u00bfSabes una cosa? Mejor estamos as\u00ed. Los muchachos lo revuelven todo y no dan m\u00e1s que disgustos. El sarampi\u00f3n, el garrotillo&#8230; \u00a1Pues nada te quiero decir de las amas!&#8230; \u00a1qu\u00e9 calamidad!&#8230; Luego est\u00e1s hecha una esclava&#8230; Que si comen, que si se indigestan, que si se caen y se abren la cabeza. Vienen despu\u00e9s las inclinaciones que sacan. Si salen de mala \u00edndole&#8230; si no estudian&#8230; \u00a1qu\u00e9 s\u00e9 yo!&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta no se convenc\u00eda. Quer\u00eda canarios de alcoba a todo trance, aunque salieran raqu\u00edticos y feos; aunque luego fueran traviesos, enfermos y calaveras; aunque de hombres la mataran a disgustos. Sus dos hermanas mayores par\u00edan todos los a\u00f1os, como su madre. Y ella nada, ni esperanzas. Para mayor contrasentido, Candelaria, que estaba casada con un pobre, hab\u00eda tenido dos de un vientre. \u00a1Y ella, que era rica, no ten\u00eda ni siquiera medio!&#8230; Dios estaba ya chocho sin duda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vamos ahora a otra cosa. Los de Santa Cruz, como familia respetabil\u00edsima y rica, estaban muy bien relacionados y ten\u00edan amigos en todas las esferas, desde la m\u00e1s alta a la m\u00e1s baja. Es curioso observar c\u00f3mo nuestra edad, por otros conceptos infeliz, nos presenta una dichosa confusi\u00f3n de todas las clases, mejor dicho, la concordia y reconciliaci\u00f3n de todas ellas. En esto aventaja nuestro pa\u00eds a otros, donde est\u00e1n pendientes de sentencia los graves pleitos hist\u00f3ricos de la igualdad. Aqu\u00ed se ha resuelto el problema sencilla y pac\u00edficamente, gracias al temple democr\u00e1tico de los espa\u00f1oles y a la escasa vehemencia de las preocupaciones nobiliarias. Un gran defecto nacional, la empleoman\u00eda, tiene tambi\u00e9n su parte en esta gran conquista. Las oficinas han sido el tronco en que se han injertado las ramas hist\u00f3ricas, y de ellas han salido amigos el noble tronado y el plebeyo ensoberbecido por un t\u00edtulo universitario; y de amigos, pronto han pasado a parientes. Esta confusi\u00f3n es un bien, y gracias a ella no nos aterra el contagio de la guerra social, porque tenemos ya en la masa de la sangre un socialismo atenuado e inofensivo. Insensiblemente, con la ayuda de la burocracia, de la pobreza y de la educaci\u00f3n acad\u00e9mica que todos los espa\u00f1oles reciben, se han ido compenetrando las clases todas, y sus miembros se introducen de una en otra, tejiendo una red espesa que amarra y solidifica la masa nacional. El nacimiento no significa nada entre nosotros, y todo cuanto se dice de los pergaminos es conversaci\u00f3n. No hay m\u00e1s diferencias que las esenciales, las que se fundan en la buena o mala educaci\u00f3n, en ser tonto o discreto, en las desigualdades del esp\u00edritu, eternas como los atributos del esp\u00edritu mismo. La otra determinaci\u00f3n positiva de clases, el dinero, est\u00e1 fundada en principios econ\u00f3micos tan inmutables como las leyes f\u00edsicas, y querer impedirla viene a ser lo mismo que intentar beberse la mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las amistades y parentescos de las familias de Santa Cruz y Arnaiz pueden ser ejemplo de aquel feliz revoltijo de las clases sociales; mas, \u00bfqui\u00e9n es el guapo que se atreve a formar estad\u00edstica de las ramas de tan dilatado y laber\u00edntico \u00e1rbol, que m\u00e1s bien parece enredadera, cuyos v\u00e1stagos se cruzan, suben, bajan y se pierden en los huecos de un follaje dens\u00edsimo? S\u00f3lo se puede intentar tal empresa con la ayuda de Estupi\u00f1\u00e1, que sabe al dedillo la historia de todas las familias comerciales de Madrid, y todos los enlaces que se han hecho en medio siglo. Arnaiz el gordo tambi\u00e9n se pirra por hablar de linajes y por buscar parentescos, averiguando or\u00edgenes humildes de fortunas orgullosas, y haciendo hincapi\u00e9 en la desigualdad de ciertos matrimonios, a los cuales, en rigor de verdad, se debe la formaci\u00f3n del terreno democr\u00e1tico sobre que se asienta la sociedad espa\u00f1ola. De una conversaci\u00f3n entre Arnaiz y Estupi\u00f1\u00e1 han salido las siguientes noticias:<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya sabemos que la madre de D. Baldomero Santa Cruz y la de Gumersindo y Barbarita Arnaiz eran parientes y ven\u00edan del Trujillo extreme\u00f1o y albardero. La actual casa de banca <i>Trujillo<\/i> y <i>Fern\u00e1ndez<\/i>, de una respetabilidad y solidez intachables, procede del mismo tronco. Barbarita es, pues, pariente del jefe de aquella casa, aunque su parentesco resulta algo lejano. El primer conde de Trujillo est\u00e1 casado con una de las hijas del famoso negociante Casarredonda, que hizo colosal fortuna vendiendo fardos de <i>Coru\u00f1as<\/i> y <i>Viveros<\/i> para vestir a la tropa y a la Milicia Nacional. Otra de las hijas del marqu\u00e9s de Casarredonda era duquesa de Gravelinas. Ya tenemos aqu\u00ed, perfectamente enganchadas, a la aristocracia antigua y al comercio moderno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero existe en C\u00e1diz una antigua y opulenta familia comercial que sirvi\u00f3 como ninguna para enredar m\u00e1s la madeja social. Las hijas del famoso Bonilla, importador de pa\u00f1oler\u00eda y despu\u00e9s banquero y extractor de vinos, casaron: la una con S\u00e1nchez Bot\u00edn, propietario, de quien vino la generala Minio, la marquesa de Teller\u00eda y Alejandro S\u00e1nchez Bot\u00edn, la otra con uno de los Morenos de Madrid, co-fundador de los Cinco Gremios y del Banco de San Fernando, y la tercera con el duque de Trastamara, de donde vino Pepito Trastamara. El hijo \u00fanico de Bonilla cas\u00f3 con una Trujillo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasemos ahora a los Morenos, procedentes del valle de Mena, una de las familias m\u00e1s dilatadas y que ofrecen m\u00e1s desigualdades y contrastes en sus infinitos y desparramados miembros. Arnaiz y Estupi\u00f1\u00e1 disputan, sin llegar a entenderse, sobre si el tronco de los Morenos estuvo en una droguer\u00eda o en una peleter\u00eda. En esto reina cierta oscuridad, que no se disipar\u00e1 mientras no venga uno de estos averiguadores fan\u00e1ticos que son capaces de contarle a No\u00e9 los pelos que ten\u00eda en la cabeza y el n\u00famero de <i>eses<\/i> que hizo cuando cogi\u00f3 la primera <i>p\u00edtima<\/i> de que la historia tiene noticia. Lo que s\u00ed se sabe es que un Moreno cas\u00f3 con una Isla-Bonilla a principios del siglo, viniendo de aqu\u00ed la Casa de giro que del 19 al 35 estuvo en la subida de Santa Cruz junto a la iglesia, y despu\u00e9s en la plazuela de Pontejos. Por la misma \u00e9poca hallamos un Moreno en la Magistratura, otro en la Armada, otro en el Ej\u00e9rcito y otro en la Iglesia. La Casa de banca no era ya <i>Moreno<\/i> en 1870, sino <i>Ruiz-Ochoa<\/i> y <i>Compa\u00f1\u00eda<\/i>, aunque uno de sus principales socios era don Manuel Moreno-Isla. Tenemos diferentes estirpes del tronco remot\u00edsimo de los Morenos. Hay los Moreno-Isla, los Moreno-Vallejo y los Moreno-Rubio, o sea los Morenos ricos y los Morenos pobres, ya tan distantes unos de otros que muchos ni se tratan ni se consideran afines. Castita Moreno, aquella presumida amiga de Barbarita en la escuela de la calle Imperial, hab\u00eda nacido en los Morenos ricos y fue a parar, con los vaivenes de la vida, a los Morenos pobres. Se cas\u00f3 con un farmac\u00e9utico de la interminable familia de los Samaniegos, que tambi\u00e9n tienen su puesto aqu\u00ed. Una joven perteneciente a los Morenos ricos cas\u00f3 con un Pacheco, arist\u00f3crata segund\u00f3n, hermano del duque de Gravelinas, y de esta uni\u00f3n vino Guillermina Pacheco a quien conoceremos luego. Ved ahora c\u00f3mo una rama de los Morenos se mete entre el follaje de los Gravelinas, donde ya se engancha tambi\u00e9n el ramojo de los Trujillos, el cual ven\u00eda ya trabado con los Arnaiz de Madrid y con los Bonillas de C\u00e1diz, formando una mara\u00f1a cuyos hilos no es posible seguir con la vista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan hay m\u00e1s. D. Pascual Mu\u00f1oz, due\u00f1o de un acreditad\u00edsimo establecimiento de hierros en la calle de Tintoreros, progresista de inmenso prestigio en los barrios del Sur, verdadera potencia electoral y pol\u00edtica en Madrid, cas\u00f3 con una Moreno de no s\u00e9 qu\u00e9 rama, emparentada con Mendiz\u00e1bal y con Bonilla, de C\u00e1diz. Su hijo, que despu\u00e9s fue marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz, cas\u00f3 con la hija de Albert, el que daba la cara en las contratas de pa\u00f1os y lienzos con el Gobierno. Eulalia Moreno, hija tambi\u00e9n del D. Pascual y hermana del actual marqu\u00e9s, se uni\u00f3 a D. Cayetano Villuendas, rico propietario de casas, progresista rancio. Dejamos sueltos estos cabos para tomarlos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Samaniegos, oriundos, como los Morenos, del pa\u00eds de Mena tambi\u00e9n son ciento y la madre. Ya sabemos que la hija segunda de Gumersindo Arnaiz, hermana de Jacinta, cas\u00f3 con Pepe Samaniego, hijo de un droguista arruinado de la Concepci\u00f3n Jer\u00f3nima&#8230; Hay muchos Samaniegos en el comercio menudo, y leyendo el instructivo libro de los r\u00f3tulos de tiendas, se encuentra la <i>Farmacia de Samaniego<\/i> en la calle del Ave Mar\u00eda (cuyo due\u00f1o era el marido de Castita Moreno), y la <i>Carnicer\u00eda de Samaniego<\/i> en la de las Maldonadas. Sin r\u00f3tulo hay un Samaniego prestamista y medio curial, otro cobrador del Banco, otro que tiene tienda de sedas en la calle de Botoneras y, por fin, varios que son horteras en diferentes tiendas. El Samaniego agente de Bolsa es primo de estos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hija mayor de Gumersindo Arnaiz se cas\u00f3 con Ram\u00f3n Villuendas, ya viudo con dos hijos, c\u00e9lebre cambiante de la calle de Toledo, la casa de Madrid que m\u00e1s trabaja en el negocio de moneda. Un hermano de este cas\u00f3 con la hija de la viuda de Aparisi, due\u00f1o de la camiser\u00eda en que fue dependiente Pepe Samaniego. El t\u00edo de ambos, D. Cayetano Villuendas, progresist\u00f3n y riqu\u00edsimo casero, era el esposo de Eulalia Mu\u00f1oz, y su gran fortuna proced\u00eda del negocio de curtidos en una \u00e9poca anterior a la de C\u00e9spedes. Ya se at\u00f3 el cabo que quedara pendiente poco ha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora se nos presentan algunos ramos que parecen sueltos y no lo est\u00e1n. \u00bfPero qui\u00e9n podr\u00e1 descubrir su misterioso enlace con los revueltos y cruzados v\u00e1stagos de esta colosal enredadera? \u00bfQui\u00e9n puede indagar si D\u00e1maso Trujillo, el que puso en la Plaza Mayor la zapater\u00eda <i>Al ramo de azucenas<\/i>, pertenece al genuino linaje de los Trujillos antes mencionados? \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 el averiguador que se lance a poner en claro si el due\u00f1o de <i>El Buen gusto<\/i>, un tenducho de mantas de la calle de la Encomienda, es pariente indudable de los Villuendas ricos? Hay quien dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepci\u00f3n Jer\u00f3nima, es primo hermano de D. Manuel Moreno-Isla, uno de los Morenos que atan perros con longaniza; y se dice que un Arnaiz, empleado de poco sueldo, es pariente de Barbarita. Hay un Mu\u00f1oz y Aparisi, tripicallero en las inmediaciones del Rastro, que se supone primo segundo del marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz y de su hermana la viuda de Aparisi; y por fin, es preciso hacer constar que un cierto Trujillo, jesuita, reclama un lugar en nuestra enredadera, y tambi\u00e9n hay que d\u00e1rsele al Ilustr\u00edsimo Obispo de Plasencia, fray Luis Moreno-Isla y Bonilla. Asimismo lleva en su \u00e1rbol el nombre de Trujillo, la mujer de Zalamero, subsecretario de Gobernaci\u00f3n; pero su primer apellido es Ruiz Ochoa y es hija de la distinguida persona que hoy est\u00e1 al frente de la banca de Moreno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Barbarita no se trataba con todos los individuos que aparecen en esta complicada enredadera. A muchos les esquivaba por hallarse demasiado altos; a otros apenas les distingu\u00eda por hallarse muy bajos. Sus amistades verdaderas, como los parentescos reconocidos, no eran en gran n\u00famero, aunque s\u00ed abarcaban un c\u00edrculo muy extenso, en el cual se entremezclaban todas las jerarqu\u00edas. En un mismo d\u00eda, al salir de paseo o de compras, cambiaba saludos m\u00e1s o menos afectuosos con la de Ruiz Ochoa, con la generala Minio, con Adela Trujillo, con un Villuendas rico, con un Villuendas pobre, con el pescadero pariente de Samaniego, con la duquesa de Gravelinas, con un Moreno Vallejo magistrado, con un Moreno Rubio m\u00e9dico, con un Moreno J\u00e1uregui sombrerero, con un Aparisi can\u00f3nigo, con varios horteras, con tan diversa gente, en fin, que otra persona de menos tino habr\u00eda trocado los nombres y tratamientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mente m\u00e1s segura no es capaz de seguir en su laber\u00edntico enredo las direcciones de los v\u00e1stagos de este colosal \u00e1rbol de linajes matritenses. Los hilos se cruzan, se pierden y reaparecen donde menos se piensa. Al cabo de mil vueltas para arriba y otras tantas para abajo, se juntan, se separan, y de su empalme o bifurcaci\u00f3n salen nuevos enlaces, madejas y mara\u00f1as nuevas. C\u00f3mo se tocan los extremos del inmenso ramaje es curioso de ver; por ejemplo, cuando Pepito Trastamara, que lleva el nombre de los bastardos de D. Alfonso XI, va a pedir dinero a C\u00e1ndido Samaniego, prestamista usurero, individuo de la <i>Sociedad protectora de se\u00f1oritos necesitados<\/i>.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">III<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los de Santa Cruz viv\u00edan en su casa propia de la calle de Pontejos, dando frente a la plazuela del mismo nombre; finca comprada al difunto Aparisi, uno de los socios de la Compa\u00f1\u00eda de Filipinas. Ocupaban los due\u00f1os el principal, que era inmenso, con doce balcones a la calle y mucha comodidad interior. No lo cambiara Barbarita por ninguno de los modernos hoteles, donde todo se vuelve escaleras y est\u00e1n adem\u00e1s abiertos a los cuatro vientos. All\u00ed ten\u00eda n\u00famero sobrado de habitaciones, todas en un solo andar desde el sal\u00f3n a la cocina. Ni trocara tampoco su barrio, aquel <i>ri\u00f1\u00f3n de Madrid<\/i> en que hab\u00eda nacido, por ninguno de los caser\u00edos flamantes que gozan fama de m\u00e1s ventilados y alegres. Por m\u00e1s que dijeran, el barrio de Salamanca es <i>campo<\/i>&#8230; Tan apegada era la buena se\u00f1ora al terru\u00f1o de su arrabal nativo, que para ella no viv\u00eda en Madrid quien no oyera por las ma\u00f1anas el ruido c\u00f3ncavo de las cubas de los aguadores en la fuente de Pontejos; quien no sintiera por ma\u00f1ana y tarde la batahola que arman los coches correos; quien no recibiera a todas horas el h\u00e1lito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz; quien no oyera las campanadas del reloj de la Casa de Correos tan claras como si estuvieran dentro de la casa; quien no viera pasar a los cobradores del Banco cargados de dinero y a los carteros salir en procesi\u00f3n. Barbarita se hab\u00eda acostumbrado a los ruidos de la vecindad, cual si fueran amigos, y no pod\u00eda vivir sin ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa era tan grande, que los dos matrimonios viv\u00edan en ella holgadamente y les sobraba espacio. Ten\u00edan un sal\u00f3n algo anticuado, con tres balcones. Segu\u00eda por la izquierda el gabinete de Barbarita, luego otro aposento, despu\u00e9s la alcoba. A la derecha del sal\u00f3n estaba el despacho de Juanito, as\u00ed llamado no porque este tuviese nada que despachar all\u00ed, sino porque hab\u00eda mesa con tintero y dos hermosas librer\u00edas. Era una habitaci\u00f3n muy bien puesta y c\u00f3moda. El gabinetito de Jacinta, inmediato a esta pieza, era la estancia m\u00e1s bonita y elegante de la casa y la \u00fanica tapizada con tela; todas las dem\u00e1s lo estaban con colgadura de papel, de un arte dudoso, dominando los grises y t\u00f3rtola con oro. Ve\u00edanse en esta pieza algunas acuarelas muy lindas compradas por Juanito, y dos o tres \u00f3leos ligeros, todo selecto y de regulares firmas, porque Santa Cruz ten\u00eda buen gusto dentro del gusto vigente. Los muebles eran de raso o de felpa y seda combinadas con arreglo a la moda, siendo de notar que lo que all\u00ed se ve\u00eda no chocaba por original ni tampoco por rutinario. Segu\u00eda luego la alcoba del matrimonio joven, la cual se distingu\u00eda principalmente de la paterna en que en esta hab\u00eda lecho com\u00fan y los j\u00f3venes los ten\u00edan separados. Sus dos camas de palosanto eran muy elegantes, con pabellones de seda azul. La de los padres parec\u00eda un andamiaje de caoba con cabecera de morri\u00f3n y columnas como las de un sagrario de Jueves Santo. La alcoba <i>de los pollos<\/i> se comunicaba con habitaciones de servicio, y le segu\u00edan dos grandes piezas que Jacinta destinaba a los ni\u00f1os&#8230; cuando Dios se los diera. Hall\u00e1banse amuebladas con lo que iba sobrando de los aposentos que se pon\u00edan de nuevo, y su aspecto era por dem\u00e1s heterog\u00e9neo. Pero el arreglo definitivo de estas habitaciones vacantes exist\u00eda completo en la imaginaci\u00f3n de Jacinta, quien ya ten\u00eda previstos hasta los \u00faltimos detalles de todo lo que se hab\u00eda de poner all\u00ed cuando el caso llegara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y aparadores de nogal llenos de fin\u00edsima loza de China, la consabida siller\u00eda de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble, listones claveteados tambi\u00e9n, y los bodegones al \u00f3leo, no malos, con la invariable raja de sand\u00eda, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que de tan bien pintadas parec\u00eda que ol\u00edan mal. Asimismo era interior el despacho de D. Baldomero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estaban abonados los de Santa Cruz a un land\u00f3. Se les ve\u00eda en los paseos; pero su tren era de los que <i>no llaman la atenci\u00f3n<\/i>. Juan sol\u00eda tener por temporadas un faet\u00f3n o un t\u00edlburi, que guiaba muy bien, y tambi\u00e9n ten\u00eda caballo de silla; mas le picaba tanto la comez\u00f3n de la variedad que a poco de montar un caballo, ya empezaba a encontrarle defectos y quer\u00eda venderlo para comprar otro. Los dos matrimonios se daban buena vida; pero sin presumir, huyendo siempre de se\u00f1alarse y de que los peri\u00f3dicos les llamaran <i>anfitriones<\/i>. Com\u00edan bien; en su casa hab\u00eda muy poca etiqueta y cierto patriarcalismo, porque a veces se sentaban a la mesa personas de clase humilde y otras muy decentes que hab\u00edan venido a menos. No ten\u00edan cocinero de estos de gorro blanco, sino una cocinera antigua muy bien ama\u00f1ada, que pod\u00eda medir sus talentos con cualquier <i>jefe<\/i>; y la ayudaban dos <i>pinchas<\/i>, que m\u00e1s bien eran alumnas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los primeros de mes recib\u00eda Barbarita de su esposo mil duretes. D. Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de Espa\u00f1a y lo dem\u00e1s de la participaci\u00f3n que conservaba en su antiguo almac\u00e9n. Daba adem\u00e1s a su hijo dos mil duros cada semestre para sus gastos particulares, y en diferentes ocasiones le ofreci\u00f3 un peque\u00f1o capital para que emprendiera negocios por s\u00ed; pero al chico le iba bien con su dorada indolencia y no quer\u00eda quebraderos de cabeza. El resto de su renta lo capitalizaba D. Baldomero, bien adquiriendo m\u00e1s acciones cada a\u00f1o, bien amasando para hacerse con una casa m\u00e1s. De aquellos mil duros que la se\u00f1ora cog\u00eda cada mes, daba al Delf\u00edn dos o tres mil reales, que con esto y lo que del pap\u00e1 recib\u00eda estaba como en la gloria; y los diez y siete mil reales restantes eran para el gasto diario de la casa y para los de ambas damas, que all\u00e1 se las arreglaban muy bien en la distribuci\u00f3n, sin que jam\u00e1s hubiese entre ellas el m\u00e1s ligero pique por un duro de m\u00e1s o de menos. Del gobierno dom\u00e9stico cuidaban las dos, pero m\u00e1s particularmente la suegra, que mostraba ciertas tendencias al despotismo ilustrado. La nuera ten\u00eda el delicado talento de respetar esto, y cuando ve\u00eda que alguna disposici\u00f3n suya era derogada por la aut\u00f3crata, mostr\u00e1base conforme. Barbarita era administradora general de puertas adentro, y su marido mismo, despu\u00e9s que religiosamente le entregaba el dinero, no ten\u00eda que pensar en nada de la casa, como no fuese en los viajes de verano. La se\u00f1ora lo pagaba todo, desde el alquiler del coche a la peseta de <i>El Imparcial<\/i>, sin que necesitara llevar cuentas para tan complicada distribuci\u00f3n, ni apuntar cifra alguna. Era tan admirable su tino aritm\u00e9tico, que ni una sola vez pas\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de la indecisa raya que tan f\u00e1cilmente traspasan los ricos; llegaba el fin de mes y siempre hab\u00eda un <i>super\u00e1vit<\/i> con el cual ayudaba a ciertas empresas caritativas de que se hablar\u00e1 m\u00e1s adelante. Jacinta gastaba siempre mucho menos de lo que su suegra le daba para menudencias; no era aficionada a estrenar a menudo, ni a enriquecer a las modistas. Los h\u00e1bitos de econom\u00eda adquiridos en su ni\u00f1ez estaban tan arraigados que, aunque nunca le falt\u00f3 dinero, tra\u00eda a casa una costurera para hacer trabajillos de ropa y arreglos de trajes que otras se\u00f1oras menos ricas suelen encargar fuera. Y por dicha suya, no ten\u00eda que calentarse la cabeza para discurrir el empleo de sus sobrantes, pues all\u00ed estaba su hermana Candelaria, que era pobre y se iba cargando de familia. Sus hermanitas solteras tambi\u00e9n recib\u00edan de ella frecuentes d\u00e1divas; ya los sombreritos de moda, ya el <i>fich\u00fa<\/i> o la manteleta, y hasta vestidos completos acabados de venir de Par\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abono que tomaron en el Real a un turno de palco principal fue idea de D. Baldomero quien no ten\u00eda malditas ganas de o\u00edr \u00f3peras, pero quer\u00eda que Barbarita fuera a ellas para que le contase, al acostarse o despu\u00e9s de acostados, todo lo que hab\u00eda visto en el <i>Regio coliseo<\/i>. Result\u00f3 que a Barbarita no la llamaba mucho el Real; mas acept\u00f3 con gozo para que fuera Jacinta. Esta, a su vez, no ten\u00eda verdaderamente muchas ganas de teatro; pero alegrose mucho de poder llevar al Real a sus hermanitas solteras, porque las pobrecillas, si no fuera as\u00ed, no lo catar\u00edan nunca. Juan, que era muy aficionado a la m\u00fasica, estaba abonado a diario, con seis amigos, a un palco alto de proscenio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las de Santa Cruz no llamaban la atenci\u00f3n en el teatro, y si alguna mirada ca\u00eda sobre el palco era para las pollas colocadas en primer t\u00e9rmino con simetr\u00eda de escaparate. Barbarita sol\u00eda ponerse en primera fila para echar los gemelos en redondo y poder contarle a Baldomero algo m\u00e1s que cosas de decoraciones y del argumento de la \u00f3pera. Las dos hermanas casadas, Candelaria y Benigna, iban alguna vez, Jacinta casi siempre; pero se divert\u00eda muy poco. Aquella mujer mimada por Dios, que la puso rodeada de ternura y bienandanzas en el lugar m\u00e1s sano, hermoso y tranquilo de este valle de l\u00e1grimas, sol\u00eda decir en tono quejumbroso que <i>no ten\u00eda gusto para nada<\/i>. La envidiada de todos, envidiaba a cualquier mujer pobre y descalza que pasase por la calle con un mam\u00f3n en brazos liado en trapos. Se le iban los ojos tras de la infancia en cualquier forma que se le presentara, ya fuesen los ni\u00f1os ricos, vestidos de marineros y conducidos por la institutriz inglesa, ya los mocosos pobres, envueltos en bayeta amarilla, sucios, con caspa en la cabeza y en la mano un pedazo de pan lamido. No aspiraba ella a tener uno solo, sino que quer\u00eda verse rodeada de una <i>serie<\/i>, desde el pill\u00edn de cinco a\u00f1os, hablador y travieso, hasta el rorr\u00f3 de meses que no hace m\u00e1s que re\u00edr como un bobo, tragar leche y apretar los pu\u00f1os. Su desconsuelo se manifestaba a cada instante, ya cuando encontraba una bandada que iba al colegio, con sus pizarras al hombro y el l\u00edo de libros llenos de mugre, ya cuando le sal\u00eda al paso alg\u00fan precoz mendigo cubierto de andrajos, mostrando para excitar la compasi\u00f3n sus carnes sin abrigo y los pies descalzos, llenos de saba\u00f1ones. Pues como viera los alumnos de la Escuela P\u00eda, con su uniforme galonado y sus guantes, tan limpios y bien puestos que parec\u00edan caballeros chiquitos, se los com\u00eda con los ojos. Las ni\u00f1as vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda en el Prado y que parecen flores vivas que se han ca\u00eddo de los \u00e1rboles; las pobrecitas que envuelven su cabeza en una toquilla agujereada; los que hacen sus primeros pinitos en la puerta de una tienda agarr\u00e1ndose a la pared; los que chupan el seno de sus madres mirando por el rabo del ojo a la persona que se acerca a curiosear; los pilletes que enredan en las calles o en el solar vac\u00edo arroj\u00e1ndose piedras y rompi\u00e9ndose la ropa para desesperaci\u00f3n de las madres; las nenas que en Carnaval se visten de chulas y se contonean con la mano clavada en la cintura; las que piden para la Cruz de Mayo; los talluditos que usan ya bast\u00f3n y ganan premios en los colegios, y los que en las funciones de teatro por la tarde sueltan el grito en la escena m\u00e1s interesante, distrayendo a los actores y enfureciendo al p\u00fablico&#8230; todos, en una palabra, le interesaban igualmente.<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">IV<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y de tal modo se iba ense\u00f1oreando de su alma el af\u00e1n de la maternidad, que pronto empez\u00f3 a embotarse en ella la facultad de apreciar las ventajas que disfrutaba. Estas llegaron a ser para ella invisibles, como lo es para todos los seres el fundamental medio de nuestra vida, la atm\u00f3sfera. \u00bfPero qu\u00e9 hac\u00eda Dios que no mandaba uno siquiera de los chiquillos que en n\u00famero infinito tiene por all\u00e1? \u00bfEn qu\u00e9 estaba pensando su Divina Majestad? Y Candelaria, que apenas ten\u00eda con qu\u00e9 vivir, \u00a1uno cada a\u00f1o!&#8230; Y que vinieran diciendo que hay equidad en el Cielo&#8230; S\u00ed; no est\u00e1 mala justicia la de arriba&#8230; s\u00ed&#8230; ya lo estamos viendo&#8230; De tanto pensar en esto, parec\u00eda en ocasiones monomaniaca, y ten\u00eda que apelar a su buen juicio para no dar a conocer el desatino de su esp\u00edritu, que casi casi iba tocando en la ridiculez. \u00a1Y le ocurr\u00edan cosas tan raras&#8230;! Su pena ten\u00eda las intermitencias m\u00e1s extra\u00f1as, y despu\u00e9s de largos periodos de sosiego se presentaba impetuosa y aguda, como un mal cr\u00f3nico que est\u00e1 siempre en acecho para acometer cuando menos se le espera. A veces, una palabra insignificante que en la calle o en su casa oyera o la vista de cualquier objeto le encend\u00edan de s\u00fabito en la mente la llama de aquel tema, produci\u00e9ndole opresiones en el pecho y un sobresalto inexplicable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se distra\u00eda cuidando y mimando a los ni\u00f1os de sus hermanas, a los cuales quer\u00eda entra\u00f1ablemente; pero siempre hab\u00eda entre ella y sus sobrinitos una distancia que no pod\u00eda llenar. No eran suyos, no los hab\u00eda <i>tenido<\/i> ella, no se los sent\u00eda unidos a s\u00ed por un hilo misterioso. Los verdaderamente unidos no exist\u00edan m\u00e1s que en su pensamiento, y ten\u00eda que encender y avivar este, como una fragua, para forjarse las alegr\u00edas verdaderas de la maternidad. Una noche sali\u00f3 de la casa de Candelaria para volverse a la suya poco antes de la hora de comer. Ella y su hermana se hab\u00edan puesto de puntas por una tonter\u00eda, porque Jacinta mimaba demasiado a Pepito, nene de tres a\u00f1os, el primog\u00e9nito de Samaniego. Le compraba juguetes caros, le pon\u00eda en la mano, para que las rompiera, las figuras de china de la sala y le permit\u00eda comer mil golosinas. \u00ab\u00a1Ah!, si fueras madre de verdad no har\u00edas esto&#8230;\u00bb. \u2014\u00abPues si no lo soy, mejor&#8230; \u00bfA ti qu\u00e9 te importa?\u00bb. \u2014\u00abA m\u00ed nada. Dispensa, hija, \u00a1qu\u00e9 genio!\u00bb. \u2014\u00abSi no me enfado&#8230;\u00bb.\u2014\u00ab\u00a1Vaya, que est\u00e1s mimadita!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas y otras tonter\u00edas no ten\u00edan consecuencias, y al cuarto de hora se echaban a re\u00edr, y en paz. Pero aquella noche, al retirarse, sent\u00eda la Delfina ganas de llorar. Nunca se hab\u00eda mostrado en su alma de un modo tan imperioso el deseo de tener hijos. Su hermana la hab\u00eda humillado, su hermana se enfadaba de que quisiera tanto al sobrinito. \u00bfY aquello qu\u00e9 era sino celos?&#8230; Pues cuando ella tuviera un chico, no permitir\u00eda a nadie ni siquiera mirarle&#8230; Recorri\u00f3 el espacio desde la calle de las Hileras a la de Pontejos, extraordinariamente excitada, sin ver a nadie. Llov\u00eda un poco y ni siquiera se acord\u00f3 de abrir su paraguas. El gas de los escaparates estaba ya encendido, pero Jacinta, que acostumbraba pararse a ver las novedades, no se detuvo en ninguna parte. Al llegar a la esquina de la plazuela de Pontejos y cuando iba a atravesar la calle para entrar en el portal de su casa, que estaba enfrente, oy\u00f3 algo que la detuvo. Corriole un fr\u00edo cortante por todo el cuerpo; quedose parada, el o\u00eddo atento a un rumor que al parecer ven\u00eda del suelo, de entre las mismas piedras de la calle. Era un gemido, una voz de la naturaleza animal pidiendo auxilio y defensa contra el abandono y la muerte. Y el lamento era tan penetrante, tan afilado y agudo, que m\u00e1s que voz de un ser viviente parec\u00eda el sonido de la prima de un viol\u00edn herida tenuemente en lo m\u00e1s alto de la escala. Sonaba de esta manera: <i>miiii<\/i>&#8230; Jacinta miraba al suelo; porque sin duda el quejido aquel ven\u00eda de lo profundo de la tierra. En sus desconsoladas entra\u00f1as lo sent\u00eda ella penetrar, traspas\u00e1ndole como una aguja el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Busca por aqu\u00ed, busca por all\u00e1, vio al fin junto a la acera por la parte de la plaza una de esas hendiduras practicadas en el encintado, que se llaman <i>absorbederos<\/i> en el lenguaje municipal, y que sirven para dar entrada en la alcantarilla al agua de las calles. De all\u00ed, s\u00ed, de all\u00ed ven\u00edan aquellos lamentos que trastornaban el alma de la Delfina, produci\u00e9ndole un dolor, una efusi\u00f3n de piedad que a nada pueden compararse. Todo lo que en ella exist\u00eda de presunci\u00f3n materna, toda la ternura que los \u00e9xtasis de madre so\u00f1adora hab\u00edan ido acumulando en su alma se hicieron fuerza activa para responder al <i>miiiii<\/i> subterr\u00e1neo con otro <i>miiii<\/i> dicho a su manera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfA qui\u00e9n pedir\u00eda socorro? \u00abDeogracias\u00bb grit\u00f3 llamando al portero. Felizmente, el portero estaba en la esquina de la calle de la Paz hablando con un conductor del coche-correo, y al punto oy\u00f3 la voz de su se\u00f1orita. En cuatro trancos se puso a su lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abDeogracias&#8230; eso&#8230; que ah\u00ed suena&#8230; mira a ver&#8230;\u00bb dijo la se\u00f1orita temblando y p\u00e1lida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El portero prest\u00f3 atenci\u00f3n; despu\u00e9s se puso de cuatro pies, mirando a su ama con semblante de marruller\u00eda y jovialidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPues&#8230; esto&#8230; \u00a1Ah!, son unos gatitos que han tirado a la alcantarilla\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Gatitos!&#8230; \u00bfest\u00e1s seguro&#8230; pero est\u00e1s seguro de que son gatitos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed, se\u00f1orita; y deben ser de la gata de la librer\u00eda de ah\u00ed enfrente, que pari\u00f3 anoche y no los puede criar todos&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinta se inclin\u00f3 para o\u00edr mejor. El <i>miiii<\/i> sonaba ya tan profundo que apenas se percib\u00eda. \u00abS\u00e1calos\u00bb dijo la dama con voz de autoridad indiscutible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Deogracias se volvi\u00f3 a poner en cuatro pies, se arremang\u00f3 el brazo y lo meti\u00f3 por aquel hueco. Jacinta no pod\u00eda advertir en su rostro la expresi\u00f3n de incredulidad, casi de burla. Llov\u00eda m\u00e1s, y por el absorbedero empezaba a entrar agua, chorreando dentro con un ruido de freidera que apenas permit\u00eda ya o\u00edr el ahilado <i>miiii<\/i>. No obstante, la Delfina lo o\u00eda siempre bien claro. El portero volvi\u00f3 hacia arriba, como quien invoca al Cielo, su cara est\u00fapida, y dijo sonriendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abSe\u00f1orita, no se puede. Est\u00e1n muy hondos&#8230; pero muy hondos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfY no se puede levantar esta baldosa?\u2014indic\u00f3 ella, pisando fuerte en ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfEsta baldosa?\u2014repiti\u00f3 Deogracias, poni\u00e9ndose de pie y mirando a su ama como se mira a la persona de cuya raz\u00f3n se duda\u2014. Por poderse&#8230; avisando al Ayuntamiento&#8230; El teniente alcalde Sr. Aparisi, es vecino de casa&#8230; Pero&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ambos aguzaban su o\u00eddo. \u00abYa no se oye nada \u2014observ\u00f3 Deogracias, poni\u00e9ndose m\u00e1s est\u00fapido\u2014. Se han ahogado&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No sab\u00eda el muy bruto la pu\u00f1alada que daba a su ama con estas palabras. Jacinta, sin embargo, cre\u00eda o\u00edr el gemido en lo profundo. Pero aquello no pod\u00eda continuar. Empez\u00f3 a ver la inmensa desproporci\u00f3n que hab\u00eda entre la grandeza de su piedad y la peque\u00f1ez del objeto a que la consagraba. Arreci\u00f3 la lluvia, y el absorbedero deglutaba ya una onda gruesa que hac\u00eda gargarismos y bascas al chocar con las paredes de aquel gaznate&#8230; Jacinta ech\u00f3 a correr hacia la casa y subi\u00f3. Los nervios se le pusieron tan alborotados y el coraz\u00f3n tan oprimido, que sus suegros y su marido la creyeron enferma; y sufri\u00f3 toda la noche la molestia indecible de o\u00edr constantemente el <i>miiii<\/i> del absorbedero. En verdad que aquello era una tonter\u00eda, quiz\u00e1s desorden nervioso; pero no lo pod\u00eda remediar. \u00a1Ah! Si su suegra sab\u00eda por Deogracias lo ocurrido en la calle \u00a1cu\u00e1nto se hab\u00eda de burlar! Jacinta se avergonzaba de antemano, poni\u00e9ndose colorada, s\u00f3lo de considerar que entraba Barbarita dici\u00e9ndole con su maleante estilo: \u00abPero hija, \u00bfconque es cierto que mandaste a Deogracias meterse en las alcantarillas para salvar unos ni\u00f1os abandonados&#8230;?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo a su marido, <i>bajo palabra de secreto<\/i>, cont\u00f3 el lance de los gatitos. Jacinta no pod\u00eda ocultarle nada, y ten\u00eda un gusto particular en hacerle confianza hasta de las m\u00e1s vanas tonter\u00edas que por su cabeza pasaban referentes a aquel tema de la maternidad. Y Juan, que ten\u00eda talento, era indulgente con estos desvar\u00edos del cari\u00f1o vacante o de la maternidad sin hijo. Aventur\u00e1base ella a contarle cuanto le pasaba, y muchas cosas que a la luz del d\u00eda no osara decir, dec\u00edalas en la intimidad y soledad conyugales, porque all\u00ed ven\u00edan como de molde, porque all\u00ed se dec\u00edan sin esfuerzo cual si se dijeran por s\u00ed solas, porque, en fin, los comentarios sobre la sucesi\u00f3n ten\u00edan como una base en la renovaci\u00f3n de las probabilidades de ella.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">&#8211;<span class=\"smcap\">V<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hac\u00eda mal Barbarita, pero muy mal, en burlarse de la man\u00eda de su hija. \u00a1Como si ella no tuviera tambi\u00e9n su man\u00eda, y buena! Por cierto que llevaba a Jacinta la gran ventaja de poder satisfacerse y dar realidad a su pensamiento. Era una viciosa que se hartaba de los goces ansiados, mientras que la nuera padec\u00eda horriblemente por no poseer nunca lo que anhelaba. La satisfacci\u00f3n del deseo <i>chiflaba<\/i> a la una tanto como a la otra la privaci\u00f3n del mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Barbarita ten\u00eda la <i>chifladura<\/i> de las compras. Cultivaba el arte por el arte, es decir, la compra por la compra. Adquir\u00eda por el simple placer de adquirir, y para ella no hab\u00eda mayor gusto que hacer una excursi\u00f3n de tiendas y entrar luego en la casa cargada de cosas que, aunque no estaban dem\u00e1s, no eran de una necesidad absoluta. Pero no se sal\u00eda nunca del l\u00edmite que le marcaban sus medios de fortuna, y en esto precisamente estaba su magistral arte de marchante rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El vicio aquel ten\u00eda sus depravaciones, porque la se\u00f1ora de Santa Cruz no s\u00f3lo iba a las tiendas de lujo, sino a los mercados, y recorr\u00eda de punta a punta los cajones de la plazuela de San Miguel, las poller\u00edas de la calle de la Caza y los puestos de la ternera fina en la costanilla de Santiago. Era tan conocida <i>do\u00f1a Barbarita<\/i> en aquella zona, que las placeras se la disputaban y armaban entre s\u00ed grandes ciscos por la preferencia de una tan ilustre parroquiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo en los mercados que en las tiendas ten\u00eda un auxiliar inestimable, un ojeador que tomaba aquellas cosas cual si en ello le fuera la salvaci\u00f3n del alma. Este era Pl\u00e1cido Estupi\u00f1\u00e1. Como viv\u00eda en la Cava de San Miguel, desde que se levantaba, a la primera luz del d\u00eda, echaba una mirada de \u00e1guila sobre los cajones de la plaza. Bajaba cuando todav\u00eda estaba la gente tomando la ma\u00f1ana en las tabernas y en los caf\u00e9s ambulantes, y daba un vistazo a los puestos, enter\u00e1ndose del cariz del mercado y de las cotizaciones. Despu\u00e9s, bien embozado en la pa\u00f1osa, se iba a San Gin\u00e9s, a donde llegaba algunas veces antes de que el sacrist\u00e1n abriera la puerta. Echaba un p\u00e1rrafo con las beatas que le hab\u00edan cogido la delantera, alguna de las cuales llevaba su chocolatera y cocinilla, y hac\u00eda su desayuno en el mismo p\u00f3rtico de la iglesia. Abierta esta, se met\u00edan todos dentro con tanta prisa como si fueran a coger puesto en una funci\u00f3n de gran lleno, y empezaban las misas. Hasta la tercera o la cuarta no llegaba Barbarita, y en cuanto la ve\u00eda entrar, Estupi\u00f1\u00e1 se corr\u00eda despacito hasta ella, desliz\u00e1ndose de banco en banco como una sombra, y se le pon\u00eda al lado. La se\u00f1ora rezaba en voz baja moviendo los labios. Pl\u00e1cido ten\u00eda que decirle muchas cosas, y entrecortaba su rezo para irlas desembuchando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abVa a salir la de D. Germ\u00e1n en la capilla de los Dolores&#8230; Hoy reciben congrio en la casa de Mart\u00ednez; me han ense\u00f1ado los despachos de Laredo&#8230; llena eres de gracia; el Se\u00f1or es contigo&#8230; coliflor no hay, porque no han venido los arrieros de Villaviciosa por estar perdidos los caminos&#8230; \u00a1Con estas malditas aguas&#8230;!, y bendito es el fruto de tu vientre, Jes\u00fas&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaba tiempo a veces sin que ninguno de los dos chistara, ella a un extremo del banco, \u00e9l a cierta distancia, detr\u00e1s, ora de rodillas, ora sentados. Estupi\u00f1\u00e1 se aburr\u00eda algunas veces por m\u00e1s que no lo declarase, y le gustaba que alguna beata rezagada o beato sob\u00f3n le preguntara por la misa: \u00ab\u00bfSe alcanza esta?\u00bb. Estupi\u00f1\u00e1 respond\u00eda que s\u00ed o que no de la manera m\u00e1s cort\u00e9s, a\u00f1adiendo siempre en el caso negativo algo que consolara al interrogador: \u00abPero est\u00e9 usted tranquilo; va a salir en seguida la del padre Quesada, que es una p\u00f3lvora&#8230;\u00bb. Lo que \u00e9l quer\u00eda era ver si saltaba conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de un gran rato de silencio, consagrado a las devociones, Barbarita se volv\u00eda a \u00e9l dici\u00e9ndole con altaner\u00eda impropia de aquel santo lugar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abVaya, que tu amigo el Sordo nos la ha jugado buena\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfPor qu\u00e9, se\u00f1ora?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Porque te dije que le encargaras medio solomillo, y \u00bfsabes lo que me mand\u00f3?, un pedazo enorme de contrafalda o babilla y un trozo de espaldilla, lleno de piltrafas y tendones&#8230; Vaya un modo de portarse con los parroquianos. Nunca m\u00e1s se le compra nada. La culpa la tienes t\u00fa&#8230; Ah\u00ed tienes lo que son tus <i>protegidos<\/i>&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicho esto, Barbarita segu\u00eda rezando y Pl\u00e1cido se pon\u00eda a echar pestes mentalmente contra el Sordo, un tablajero a quien \u00e9l&#8230; No le proteg\u00eda; era que <i>le hab\u00eda recomendado<\/i>. Pero ya se las cantar\u00eda \u00e9l muy claras al tal Sordo. Otras familias a quienes le recomendara, quej\u00e1ronse de que les hab\u00eda dado <i>tapa del cencerro<\/i>, es decir, pescuezo, que es la carne peor, en vez de tapa verdadera. En estos tiempos tan desmoralizados no se puede recomendar a nadie. Otras ma\u00f1anas iba con esta monserga: \u00ab\u00a1C\u00f3mo est\u00e1 hoy el mercado de caza! \u00a1Qu\u00e9 perdices, se\u00f1ora! Divinidades, verdaderas divinidades\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No m\u00e1s perdiz. Hoy hemos de ver si Pantale\u00f3n tiene buenos cabritos. Tambi\u00e9n quisiera una buena lengua de vaca, <i>cargada<\/i>, y ver si hay ternera fina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014La hay tan fina, se\u00f1ora, que parece <i>talmente<\/i> merluza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Bueno, pues que me manden un buen solomillo y chuletas ri\u00f1onadas. Ya sabes; no vayas a descolgarte con las agujas cortas del otro d\u00eda. Conmigo no se juega.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Descuide usted&#8230; \u00bfTiene la se\u00f1ora convidados ma\u00f1ana?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014S\u00ed; y de pescados \u00bfqu\u00e9 hay?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014He <i>apalabrado<\/i> el salm\u00f3n por si viene ma\u00f1ana&#8230; Lo que tenemos hoy es peste de langosta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y concluidas las misas, se iban por la calle Mayor adelante en busca de emociones puras, inocentes, logradas con la oficiosidad amable del uno y el dinero copioso de la otra. No siempre se ocupaban de cosas de comer. Repetidas veces llev\u00f3 Estupi\u00f1\u00e1 cuentos como este:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abSe\u00f1ora, se\u00f1ora, no deje de ver las cretonas que han recibido los <i>chicos<\/i> de Sobrino&#8230; \u00a1Qu\u00e9 divinidad!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Barbarita interrump\u00eda un <i>Padrenuestro<\/i> para decir, todav\u00eda con la expresi\u00f3n de la religiosidad en el rostro: \u00ab\u00bfRameaditas?, s\u00ed, y con golpes de oro. Eso es lo que se estila ahora\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en el p\u00f3rtico, donde ya estaba Pl\u00e1cido esper\u00e1ndola, dec\u00eda: \u00abVamos a casa de los <i>chicos<\/i> de Sobrino\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cuales ense\u00f1aban a Barbarita, a m\u00e1s de las cretonas, unos satenes de algod\u00f3n floreados que eran la gran novedad del d\u00eda; y a la viciosa le faltaba tiempo para comprarle un vestido a su nuera, quien sol\u00eda pasarlo a alguna de sus hermanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra embajada: \u00abSe\u00f1ora, se\u00f1ora, esta ya no se alcanza; pero pronto va a salir la del sobrino del se\u00f1or cura, que es otro padre Fuguilla por lo pronto que la despacha. Ya recibi\u00f3 Pla los quesitos aquellos&#8230; no recuerdo c\u00f3mo se llaman\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ahora y en la hora de nuestra muerte&#8230; s\u00ed, ya&#8230; \u00a1Si son como las rosquillas inglesas que me hiciste comprar el otro d\u00eda y que ol\u00edan a viejo&#8230;! Parec\u00edan de la boda de San Isidro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de este rega\u00f1o, al salir iban a casa de Pla con \u00e1nimo de no comprar m\u00e1s que dos libras de pasas de Corinto para hacer un pastel ingl\u00e9s, y la se\u00f1ora se iba enredando, enredando, hasta dejarse en la tienda obra de ochocientos o novecientos reales. Mientras Estupi\u00f1\u00e1 admiraba, de mostrador adentro, las grandes novedades de aquel Museo universal de comestibles, dando su opini\u00f3n pericial sobre todo, probando ya una galleta de almendra y coco, que parec\u00eda <i>talmente<\/i> mazap\u00e1n de Toledo, ya apreciando por el olor la superioridad del t\u00e9 o de las especias, la dama se tomaba por su cuenta a uno de los dependientes, que era un Samaniego, y&#8230; adi\u00f3s mi dinero. A cada instante dec\u00eda Barbarita que no m\u00e1s, y tras de la colecci\u00f3n de pur\u00e9s para sopas, iban las <i>perlas del Niz\u00e1n<\/i>, el <i>gluten de la estrella<\/i>, las salsas inglesas, el <i>caldo de carne de tortuga de mar<\/i>, la docena de botellas de Saint-Emilion, que tanto le gustaba a Juanito, el bote de <i>champignons extra<\/i>, que agradaban a D. Baldomero, la lata de anchoas, las trufas y otras menudencias. Del portamonedas de Barbarita, siempre bien provisto, sal\u00eda el importe, y como hubiera un pico en la suma, tom\u00e1base la libertad de suprimirlo <i>por pronto pago<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ea, chicos, que lo mand\u00e9is todo al momento <i>a casa<\/i>\u2014dec\u00eda con despotismo Estupi\u00f1\u00e1 al despedirse, se\u00f1alando las compras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Vaya, quedaos con Dios\u2014dec\u00eda do\u00f1a Barbarita, levant\u00e1ndose de la silla a punto que aparec\u00eda el principal por la puerta de la trastienda, y saludaba con mil afectos a su parroquiana, quit\u00e1ndose la gorra de seda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Vamos pasando hijo&#8230; \u00a1Ay, que <i>ladronicio<\/i> el de esta casa!&#8230; No vuelvo a entrar m\u00e1s aqu\u00ed&#8230; Abur, abur.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014<i>Hasta ma\u00f1ana<\/i>, se\u00f1ora. A los pies de usted&#8230; Tantas cosas a D. Baldomero&#8230; Pl\u00e1cido, Dios le guarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Maestro&#8230; que haya salud. Ciertos art\u00edculos se compraban siempre al por mayor, y si era posible de primera mano. Barbarita ten\u00eda en la m\u00e9dula de los huesos la fibra de comerciante, y se pirraba por sacar el g\u00e9nero <i>arreglado<\/i>. Pero, \u00a1cu\u00e1n distantes de la realidad habr\u00edan quedado estos intentos sin la ayuda del espejo de los corredores, Estupi\u00f1\u00e1 el Grande! \u00a1Lo que aquel santo hombre andaba para encontrar huevos frescos en gran cantidad&#8230;! Todos los polleros de la Cava le tra\u00edan en palmitas, y \u00e9l se daba no poca importancia, dici\u00e9ndoles: \u00abo tenemos formalidad o no tenemos formalidad. Examinemos el art\u00edculo, y despu\u00e9s se discutir\u00e1&#8230; calma, hombre, calma\u00bb. Y all\u00ed era el mirar huevo por huevo al trasluz, el sopesarlos y el hacer mil comentarios sobre su probable antig\u00fcedad. Como alguno de aquellos t\u00edos le enga\u00f1ase, ya pod\u00eda encomendarse a Dios, porque llegaba Estupi\u00f1\u00e1 como una fiera amenaz\u00e1ndole con el teniente alcalde, con la inspecci\u00f3n municipal y hasta con la horca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el vino, Pl\u00e1cido se entend\u00eda con los vinateros de la Cava Baja, que van a hacer sus compras a Arganda, Taranc\u00f3n o a la Sagra, y se pon\u00eda de acuerdo con un medidor para que le tomase una partida de tantos o cuantos cascos, y la remitiese por conducto de un carromatero ya conocido. Ello hab\u00eda de ser g\u00e9nero de confianza, <i>talmente<\/i> moro. El chocolate era una de las cosas en que m\u00e1s actividad y celo desplegaba Pl\u00e1cido, porque en cuanto Barbarita le daba \u00f3rdenes ya no viv\u00eda el hombre. Compraba el cacao superior, el az\u00facar y la canela en casa de Gallo, y lo llevaba todo a hombros de un mozo, sin perderlo de vista, a la casa del que hac\u00eda las tareas. Los de Santa Cruz no transig\u00edan con los chocolates industriales, y el que tomaban hab\u00eda de ser hecho a brazo. Mientras el chocolatero trabajaba, Estupi\u00f1\u00e1 se convert\u00eda en mosca, quiero decir que estaba todo el d\u00eda dando vueltas alrededor de la tarea para ver si se hac\u00eda <i>a toda conciencia<\/i>, porque en estas cosas hay que andar con mucho ojo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda d\u00edas de compras grandes y otros de menudencias; pero d\u00edas sin comprar no los hubo nunca. A falta de cosa mayor, la viciosa no entraba nunca en su casa sin el par de guantes, el imperdible, los polvos para limpiar metales, el paquete de horquillas o cualquier chucher\u00eda de los bazares de <i>todo a real<\/i>. A su hijo le llevaba regalitos sin fin, corbatas que no usaba, botonaduras que no se pon\u00eda nunca. Jacinta recib\u00eda con gozo lo que su suegra llevaba para ella, y lo iba trasmitiendo a sus hermanas solteras y casadas, menos ciertas cosas cuyo traspaso no le permit\u00edan. Por la ropa blanca y por la manteler\u00eda ten\u00eda la se\u00f1ora de Santa Cruz verdadera pasi\u00f3n. De la tienda de su hermano tra\u00eda piezas enteras de holanda fin\u00edsima, de batistas y madapolanes. D. Baldomero II y D. Juan I ten\u00edan ropa para un siglo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A entrambos les surt\u00eda de cigarros la propia Barbarita. El primero fumaba puros, el segundo papel. Estupi\u00f1\u00e1 se encargaba de traer estos peligrosos art\u00edculos de la casa de un truchim\u00e1n que los vend\u00eda de <i>ocultis<\/i>, y cuando atravesaba las calles de Madrid con las cajas debajo de su capa verde, el coraz\u00f3n le palpitaba de gozo, considerando la trastada que le jugaba a la Hacienda p\u00fablica y recordando sus hermosos tiempos juveniles. Pero en los liberalescos a\u00f1os de 71 y 72 ya era otra cosa&#8230; La polic\u00eda fiscal no se met\u00eda en muchos dibujos. El temerario contrabandista, no obstante, hubiera deseado tener un mal encuentro para probar al mundo entero que era hombre capaz de arruinar la <i>Renta<\/i> si se lo propon\u00eda. Barbarita examinaba las cajas y sus marcas, las regateaba, ol\u00eda el tabaco, escog\u00eda lo que le parec\u00eda mejor y pagaba muy bien. Siempre ten\u00eda D. Baldomero un surtido tan variado como excelente, y el buen se\u00f1or conservaba, entre ciertos h\u00e1bitos tenaces del antiguo hortera, el de reservar los cigarros mejores para los domingos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-VI- M\u00e1s y m\u00e1s pormenores referentes a esta ilustre familia &#8211;I&#8211; Pasaban meses, pasaban a\u00f1os, y en aquella dichosa casa todo era paz y armon\u00eda. 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