{"id":20351,"date":"2025-05-18T00:00:49","date_gmt":"2025-05-17T23:00:49","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20351"},"modified":"2025-05-18T07:24:25","modified_gmt":"2025-05-18T06:24:25","slug":"don-quijote-de-la-mancha-capitulos-35-y-36-miguel-de-cervantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=20351","title":{"rendered":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 35 y 36 (Miguel de Cervantes)"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Cap\u00edtulo XXXV. Donde se da fin a la novela del Curioso impertinente<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Poco m\u00e1s quedaba por leer de la novela, cuando del caramanch\u00f3n donde reposaba don Quijote sali\u00f3 Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Acudid, se\u00f1ores, presto y socorred a mi se\u00f1or, que anda envuelto en la m\u00e1s re\u00f1ida y trabada batalla que mis ojos han visto. \u00a1Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la se\u00f1ora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza, cercen a cercen, como si fuera un nabo!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 dices, hermano? \u2014dijo el cura, dejando de leer lo que de la novela quedaba\u2014. \u00bfEst\u00e1is en vos, Sancho? \u00bfC\u00f3mo diablos puede ser eso que dec\u00eds, estando el gigante dos mil leguas de aqu\u00ed?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En esto, oyeron un gran ruido en el aposento, y que don Quijote dec\u00eda a voces:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00a1Tente, ladr\u00f3n, malandr\u00edn, foll\u00f3n, que aqu\u00ed te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Y parec\u00eda que daba grandes cuchilladas por las paredes. Y dijo Sancho:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 No tienen que pararse a escuchar, sino entren a despartir la pelea, o a ayudar a mi amo; aunque ya no ser\u00e1 menester, porque, sin duda alguna, el gigante est\u00e1 ya muerto, y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida, que yo vi correr la sangre por el suelo, y la cabeza cortada y ca\u00edda a un lado, que es tama\u00f1a como un gran cuero de vino.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Que me maten \u2014dijo a esta saz\u00f3n el ventero\u2014 si don Quijote, o don diablo, no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Y, con esto, entr\u00f3 en el aposento, y todos tras \u00e9l, y hallaron a don Quijote en el m\u00e1s estra\u00f1o traje del mundo: estaba en camisa, la cual no era tan cumplida que por delante le acabase de cubrir los muslos, y por detr\u00e1s ten\u00eda seis dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas de vello y no nada limpias; ten\u00eda en la cabeza un bonetillo colorado, grasiento, que era del ventero; en el brazo izquierdo ten\u00eda revuelta la manta de la cama, con quien ten\u00eda ojeriza Sancho, y \u00e9l se sab\u00eda bien el porqu\u00e9; y en la derecha, desenvainada la espada, con la cual daba cuchilladas a todas partes, diciendo palabras como si verdaderamente estuviera peleando con alg\u00fan gigante. Y es lo bueno que no ten\u00eda los ojos abiertos, porque estaba durmiendo y so\u00f1ando que estaba en batalla con el gigante; que fue tan intensa la imaginaci\u00f3n de la aventura que iba a fenecer, que le hizo so\u00f1ar que ya hab\u00eda llegado al reino de Micomic\u00f3n, y que ya estaba en la pelea con su enemigo. Y hab\u00eda dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que las daba en el gigante, que todo el aposento estaba lleno de vino; lo cual visto por el ventero, tom\u00f3 tanto enojo que arremeti\u00f3 con don Quijote, y a pu\u00f1o cerrado le comenz\u00f3 a dar tantos golpes que si Cardenio y el cura no se le quitaran, \u00e9l acabara la guerra del gigante; y, con todo aquello, no despertaba el pobre caballero, hasta que el barbero trujo un gran caldero de agua fr\u00eda del pozo y se le ech\u00f3 por todo el cuerpo de golpe, con lo cual despert\u00f3 don Quijote; mas no con tanto acuerdo que echase de ver de la manera que estaba.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Dorotea, que vio cu\u00e1n corta y sotilmente estaba vestido, no quiso entrar a ver la batalla de su ayudador y de su contrario.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Andaba Sancho buscando la cabeza del gigante por todo el suelo, y, como no la hallaba, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Ya yo s\u00e9 que todo lo desta casa es encantamento; que la otra vez, en este mesmo lugar donde ahora me hallo, me dieron muchos mojicones y porrazos, sin saber qui\u00e9n me los daba, y nunca pude ver a nadie; y ahora no parece por aqu\u00ed esta cabeza que vi cortar por mis mism\u00edsimos ojos, y la sangre corr\u00eda del cuerpo como de una fuente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 sangre ni qu\u00e9 fuente dices, enemigo de Dios y de sus santos? \u2014dijo el ventero\u2014. \u00bfNo vees, ladr\u00f3n, que la sangre y la fuente no es otra cosa que estos cueros que aqu\u00ed est\u00e1n horadados y el vino tinto que nada en este aposento, que nadando vea yo el alma en los infiernos de quien los horad\u00f3? \u2014 No s\u00e9 nada \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014; s\u00f3lo s\u00e9 que vendr\u00e9 a ser tan desdichado que, por no hallar esta cabeza, se me ha de deshacer mi condado como la sal en el agua.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Y estaba peor Sancho despierto que su amo durmiendo: tal le ten\u00edan las promesas que su amo le hab\u00eda hecho. El ventero se desesperaba de ver la flema del escudero y el maleficio del se\u00f1or, y juraba que no hab\u00eda de ser como la vez pasada, que se le fueron sin pagar; y que ahora no le hab\u00edan de valer los previlegios de su caballer\u00eda para dejar de pagar lo uno y lo otro, aun hasta lo que pudiesen costar las botanas que se hab\u00edan de echar a los rotos cueros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Ten\u00eda el cura de las manos a don Quijote, el cual, creyendo que ya hab\u00eda acabado la aventura, y que se hallaba delante de la princesa Micomicona, se hinc\u00f3 de rodillas delante del cura, diciendo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa se\u00f1ora, vivir, de hoy m\u00e1s, segura que le pueda hacer mal esta mal nacida criatura; y yo tambi\u00e9n, de hoy m\u00e1s, soy quito de la palabra que os di, pues, con el ayuda del alto Dios y con el favor de aquella por quien yo vivo y respiro, tan bien la he cumplido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfNo lo dije yo? \u2014dijo oyendo esto Sancho\u2014. S\u00ed que no estaba yo borracho: \u00a1mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante! \u00a1Ciertos son los toros: mi condado est\u00e1 de molde!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bfQui\u00e9n no hab\u00eda de re\u00edr con los disparates de los dos, amo y mozo? Todos re\u00edan sino el ventero, que se daba a Satan\u00e1s. Pero, en fin, tanto hicieron el barbero, Cardenio y el cura que, con no poco trabajo, dieron con don Quijote en la cama, el cual se qued\u00f3 dormido, con muestras de grand\u00edsimo cansancio. Dej\u00e1ronle dormir, y sali\u00e9ronse al portal de la venta a consolar a Sancho Panza de no haber hallado la cabeza del gigante; aunque m\u00e1s tuvieron que hacer en aplacar al ventero, que estaba desesperado por la repentina muerte de sus cueros. Y la ventera dec\u00eda en voz y en grito: \u2014 En mal punto y en hora menguada entr\u00f3 en mi casa este caballero andante, que nunca mis ojos le hubieran visto, que tan caro me cuesta. La vez pasada se fue con el costo de una noche, de cena, cama, paja y cebada, para \u00e9l y para su escudero, y un roc\u00edn y un jumento, diciendo que era caballero aventurero (que mala ventura le d\u00e9 Dios a \u00e9l y a cuantos aventureros hay en el mundo) y que por esto no estaba obligado a pagar nada, que as\u00ed estaba escrito en los aranceles de la caballer\u00eda andantesca. Y ahora, por su respeto, vino estotro se\u00f1or y me llev\u00f3 mi cola, y h\u00e1mela vuelto con m\u00e1s de dos cuartillos de da\u00f1o, toda pelada, que no puede servir para lo que la quiere mi marido. Y, por fin y remate de todo, romperme mis cueros y derramarme mi vino; que derramada le vea yo su sangre. \u00a1Pues no se piense; que, por los huesos de mi padre y por el siglo de mi madre, si no me lo han de pagar un cuarto sobre otro, o no me llamar\u00eda yo como me llamo ni ser\u00eda hija de quien soy!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Estas y otras razones tales dec\u00eda la ventera con grande enojo, y ayud\u00e1bala su buena criada Maritornes. La hija callaba, y de cuando en cuando se sonre\u00eda. El cura lo soseg\u00f3 todo, prometiendo de satisfacerles su p\u00e9rdida lo mejor que pudiese, as\u00ed de los cueros como del vino, y principalmente del menoscabo de la cola, de quien tanta cuenta hac\u00edan. Dorotea consol\u00f3 a Sancho Panza dici\u00e9ndole que cada y cuando que pareciese haber sido verdad que su amo hubiese descabezado al gigante, le promet\u00eda, en vi\u00e9ndose pac\u00edfica en su reino, de darle el mejor condado que en \u00e9l hubiese. Consol\u00f3se con esto Sancho, y asegur\u00f3 a la princesa que tuviese por cierto que \u00e9l hab\u00eda visto la cabeza del gigante, y que, por m\u00e1s se\u00f1as, ten\u00eda una barba que le llegaba a la cintura; y que si no parec\u00eda, era porque todo cuanto en aquella casa pasaba era por v\u00eda de encantamento, como \u00e9l lo hab\u00eda probado otra vez que hab\u00eda posado en ella. Dorotea dijo que as\u00ed lo cre\u00eda, y que no tuviese pena, que todo se har\u00eda bien y suceder\u00eda a pedir de boca. Sosegados todos, el cura quiso acabar de leer la novela, porque vio que faltaba poco. Cardenio, Dorotea y todos los dem\u00e1s le rogaron la acabase. \u00c9l, que a todos quiso dar gusto, y por el que \u00e9l ten\u00eda de leerla, prosigui\u00f3 el cuento, que as\u00ed dec\u00eda:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00abSucedi\u00f3, pues, que, por la satisfaci\u00f3n que Anselmo ten\u00eda de la bondad de Camila, viv\u00eda una vida contenta y descuidada, y Camila, de industria, hac\u00eda mal rostro a Lotario, porque Anselmo entendiese al rev\u00e9s de la voluntad que le ten\u00eda; y, para m\u00e1s confirmaci\u00f3n de su hecho, pidi\u00f3 licencia Lotario para no venir a su casa, pues claramente se mostraba la pesadumbre que con su vista Camila receb\u00eda; mas el enga\u00f1ado Anselmo le dijo que en ninguna manera tal hiciese. Y, desta manera, por mil maneras era Anselmo el fabricador de su deshonra, creyendo que lo era de su gusto.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbEn esto, el que ten\u00eda Leonela de verse cualificada, no de con sus amores, lleg\u00f3 a tanto que, sin mirar a otra cosa, se iba tras \u00e9l a suelta rienda, fiada en que su se\u00f1ora la encubr\u00eda, y aun la advert\u00eda del modo que con poco recelo pudiese ponerle en ejecuci\u00f3n. En fin, una noche sinti\u00f3 Anselmo pasos en el aposento de Leonela, y, queriendo entrar a ver qui\u00e9n los daba, sinti\u00f3 que le deten\u00edan la puerta, cosa que le puso m\u00e1s voluntad de abrirla; y tanta fuerza hizo, que la abri\u00f3, y entr\u00f3 dentro a tiempo que vio que un hombre saltaba por la ventana a la calle; y, acudiendo con presteza a alcanzarle o conocerle, no pudo conseguir lo uno ni lo otro, porque Leonela se abraz\u00f3 con \u00e9l, dici\u00e9ndole:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014Sosi\u00e9gate, se\u00f1or m\u00edo, y no te alborotes, ni sigas al que de aqu\u00ed salt\u00f3; es cosa m\u00eda, y tanto, que es mi esposo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbNo lo quiso creer Anselmo; antes, ciego de enojo, sac\u00f3 la daga y quiso herir a Leonela, dici\u00e9ndole que le dijese la verdad, si no, que la matar\u00eda. Ella, con el miedo, sin saber lo que se dec\u00eda, le dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014No me mates, se\u00f1or, que yo te dir\u00e9 cosas de m\u00e1s importancia de las que puedes imaginar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014Dilas luego \u2014dijo Anselmo\u2014; si no, muerta eres.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014Por ahora ser\u00e1 imposible \u2014dijo Leonela\u2014, seg\u00fan estoy de turbada; d\u00e9jame hasta ma\u00f1ana, que entonces sabr\u00e1s de m\u00ed lo que te ha de admirar; y est\u00e1 seguro que el que salt\u00f3 por esta ventana es un mancebo desta ciudad, que me ha dado la mano de ser mi esposo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbSoseg\u00f3se con esto Anselmo y quiso aguardar el t\u00e9rmino que se le ped\u00eda, porque no pensaba o\u00edr cosa que contra Camila fuese, por estar de su bondad tan satisfecho y seguro; y as\u00ed, se sali\u00f3 del aposento y dej\u00f3 encerrada en \u00e9l a Leonela, dici\u00e9ndole que de all\u00ed no saldr\u00eda hasta que le dijese lo que ten\u00eda que decirle.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbFue luego a ver a Camila y a decirle, como le dijo, todo aquello que con su doncella le hab\u00eda pasado, y la palabra que le hab\u00eda dado de decirle grandes cosas y de importancia. Si se turb\u00f3 Camila o no, no hay para qu\u00e9 decirlo, porque fue tanto el temor que cobr\u00f3, creyendo verdaderamente \u2014y era de creer\u2014 que Leonela hab\u00eda de decir a Anselmo todo lo que sab\u00eda de su poca fe, que no tuvo \u00e1nimo para esperar si su sospecha sal\u00eda falsa o no. Y aquella mesma noche, cuando le pareci\u00f3 que Anselmo dorm\u00eda, junt\u00f3 las mejores joyas que ten\u00eda y algunos dineros, y, sin ser de nadie sentida, sali\u00f3 de casa y se fue a la de Lotario, a quien cont\u00f3 lo que pasaba, y le pidi\u00f3 que la pusiese en cobro, o que se ausentasen los dos donde de Anselmo pudiesen estar seguros. La confusi\u00f3n en que Camila puso a Lotario fue tal, que no le sab\u00eda responder palabra, ni menos sab\u00eda resolverse en lo que har\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbEn fin, acord\u00f3 de llevar a Camila a un monesterio, en quien era priora una su hermana. Consinti\u00f3 Camila en ello, y, con la presteza que el caso ped\u00eda, la llev\u00f3 Lotario y la dej\u00f3 en el monesterio, y \u00e9l, ansimesmo, se ausent\u00f3 luego de la ciudad, sin dar parte a nadie de su ausencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbCuando amaneci\u00f3, sin echar de ver Anselmo que Camila faltaba de su lado, con el deseo que ten\u00eda de saber lo que Leonela quer\u00eda decirle, se levant\u00f3 y fue adonde la hab\u00eda dejado encerrada. Abri\u00f3 y entr\u00f3 en el aposento, pero no hall\u00f3 en \u00e9l a Leonela: s\u00f3lo hall\u00f3 puestas unas s\u00e1banas a\u00f1udadas a la ventana, indicio y se\u00f1al que por all\u00ed se hab\u00eda descolgado e ido. Volvi\u00f3 luego muy triste a dec\u00edrselo a Camila, y, no hall\u00e1ndola en la cama ni en toda la casa, qued\u00f3 asombrado.Pregunt\u00f3 a los criados de casa por ella, pero nadie le supo dar raz\u00f3n de lo que ped\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbAcert\u00f3 acaso, andando a buscar a Camila, que vio sus cofres abiertos y que dellos faltaban las m\u00e1s de sus joyas, y con esto acab\u00f3 de caer en la cuenta de su desgracia, y en que no era Leonela la causa de su desventura. Y, ans\u00ed como estaba, sin acabarse de vestir, triste y pensativo, fue a dar cuenta de su desdicha a su amigo Lotario. Mas, cuando no le hall\u00f3, y sus criados le dijeron que aquella noche hab\u00eda faltado de casa y hab\u00eda llevado consigo todos los dineros que ten\u00eda, pens\u00f3 perder el juicio. Y, para acabar de concluir con todo, volvi\u00e9ndose a su casa, no hall\u00f3 en ella ninguno de cuantos criados ni criadas ten\u00eda, sino la casa desierta y sola.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbNo sab\u00eda qu\u00e9 pensar, qu\u00e9 decir, ni qu\u00e9 hacer, y poco a poco se le iba volviendo el juicio. Contempl\u00e1base y mir\u00e1base en un instante sin mujer, sin amigo y sin criados; desamparado, a su parecer, del cielo que le cubr\u00eda, y sobre todo sin honra, porque en la falta de Camila vio su perdici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbResolvi\u00f3se, en fin, a cabo de una gran pieza, de irse a la aldea de su amigo, donde hab\u00eda estado cuando dio lugar a que se maquinase toda aquella desventura. Cerr\u00f3 las puertas de su casa, subi\u00f3 a caballo, y con desmayado aliento se puso en camino; y, apenas hubo andado la mitad, cuando, acosado de sus pensamientos, le fue forzoso apearse y arrendar su caballo a un \u00e1rbol, a cuyo tronco se dej\u00f3 caer, dando tiernos y dolorosos suspiros, y all\u00ed se estuvo hasta casi que anochec\u00eda; y aquella hora vio que ven\u00eda un hombre a caballo de la ciudad, y, despu\u00e9s de haberle saludado, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 nuevas hab\u00eda en Florencia. El ciudadano respondi\u00f3:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014Las m\u00e1s estra\u00f1as que muchos d\u00edas ha se han o\u00eddo en ella; porque se dice p\u00fablicamente que Lotario, aquel grande amigo de Anselmo el rico, que viv\u00eda a San Juan, se llev\u00f3 esta noche a Camila, mujer de Anselmo, el cual tampoco parece. Todo esto ha dicho una criada de Camila, que anoche la hall\u00f3 el gobernador descolg\u00e1ndose con una s\u00e1bana por las ventanas de la casa de Anselmo. En efeto, no s\u00e9 puntualmente c\u00f3mo pas\u00f3 el negocio; s\u00f3lo s\u00e9 que toda la ciudad est\u00e1 admirada deste suceso, porque no se pod\u00eda esperar tal hecho de la mucha y familiar amistad de los dos, que dicen que era tanta, que los llamaban los dos amigos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014\u00bfS\u00e1bese, por ventura \u2014dijo Anselmo\u2014, el camino que llevan Lotario y Camila?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014Ni por pienso \u2014dijo el ciudadano\u2014, puesto que el gobernador ha usado de mucha diligencia en buscarlos<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014A Dios vais, se\u00f1or \u2014dijo Anselmo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bb\u2014Con \u00c9l qued\u00e9is \u2014respondi\u00f3 el ciudadano, y fuese.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbCon tan desdichadas nuevas, casi casi lleg\u00f3 a t\u00e9rminos Anselmo, no s\u00f3lo de perder el juicio, sino de acabar la vida. Levant\u00f3se como pudo y lleg\u00f3 a casa de su amigo, que a\u00fan no sab\u00eda su desgracia; mas, como le vio llegar amarillo, consumido y seco, entendi\u00f3 que de alg\u00fan grave mal ven\u00eda fatigado. Pidi\u00f3 luego Anselmo que le acostasen, y que le diesen aderezo de escribir. H\u00edzose as\u00ed, y dej\u00e1ronle acostado y solo, porque \u00e9l as\u00ed lo quiso, y aun que le cerrasen la puerta. Vi\u00e9ndose, pues, solo, comenz\u00f3 a cargar tanto la imaginaci\u00f3n de su desventura, que claramente conoci\u00f3 que se le iba acabando la vida; y as\u00ed, orden\u00f3 de dejar noticia de la causa de su estra\u00f1a muerte; y, comenzando a escribir, antes que acabase de poner todo lo que quer\u00eda, le falt\u00f3 el aliento y dej\u00f3 la vida en las manos del dolor que le caus\u00f3 su curiosidad impertinente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbViendo el se\u00f1or de casa que era ya tarde y que Anselmo no llamaba, acord\u00f3 de entrar a saber si pasaba adelante su indisposici\u00f3n, y hall\u00f3le tendido boca abajo, la mitad del cuerpo en la cama y la otra mitad sobre el bufete, sobre el cual estaba con el papel escrito y abierto, y \u00e9l ten\u00eda a\u00fan la pluma en la mano. Lleg\u00f3se el hu\u00e9sped a \u00e9l, habi\u00e9ndole llamado primero; y, trab\u00e1ndole por la mano, viendo que no le respond\u00eda y hall\u00e1ndole fr\u00edo, vio que estaba muerto. Admir\u00f3se y congoj\u00f3se en gran manera, y llam\u00f3 a la gente de casa para que viesen la desgracia a Anselmo sucedida; y, finalmente, ley\u00f3 el papel, que conoci\u00f3 que de su mesma mano estaba escrito, el cual conten\u00eda estas razones:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Un necio e impertinente deseo me quit\u00f3 la vida. Si las nuevas de mi muerte llegaren a los o\u00eddos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaba ella obligada a hacer milagros, ni yo ten\u00eda necesidad de querer que ella los hiciese; y, pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay para qu\u00e9&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00bbHasta aqu\u00ed escribi\u00f3 Anselmo, por donde se ech\u00f3 de ver que en aquel punto, sin poder acabar la raz\u00f3n, se le acab\u00f3 la vida. Otro d\u00eda dio aviso su amigo a los parientes de Anselmo de su muerte, los cuales ya sab\u00edan su desgracia, y el monesterio donde Camila estaba, casi en el t\u00e9rmino de acompa\u00f1ar a su esposo en aquel forzoso viaje, no por las nuevas del muerto esposo, mas por las que supo del ausente amigo. D\u00edcese que, aunque se vio viuda, no quiso salir del monesterio, ni, menos, hacer profesi\u00f3n de monja, hasta que, no de all\u00ed a muchos d\u00edas, le vinieron nuevas que Lotario hab\u00eda muerto en una batalla que en aquel tiempo dio monsiur de Lautrec al Gran Capit\u00e1n Gonzalo Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba en el reino de N\u00e1poles, donde hab\u00eda ido a parar el tarde arrepentido amigo; lo cual sabido por Camila, hizo profesi\u00f3n, y acab\u00f3 en breves d\u00edas la vida a las rigurosas manos de tristezas y melancol\u00edas. \u00c9ste fue el fin que tuvieron todos, nacido de un tan desatinado principio.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Bien \u2014dijo el cura\u2014 me parece esta novela, pero no me puedo persuadir que esto sea verdad; y si es fingido, fingi\u00f3 mal el autor, porque no se puede imaginar que haya marido tan necio que quiera hacer tan costosa experiencia como Anselmo. Si este caso se pusiera entre un gal\u00e1n y una dama, pudi\u00e9rase llevar, pero entre marido y mujer, algo tiene del imposible; y, en lo que toca al modo de contarle, no me descontenta.<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><a id=\"id_1_xxxvi\"><\/a><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Cap\u00edtulo XXXVI. Que trata de la brava y descomunal batalla que don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos que en la venta le sucedieron<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Estando en esto, el ventero, que estaba a la puerta de la venta, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Esta que viene es una hermosa tropa de hu\u00e9spedes: si ellos paran aqu\u00ed, gaudeamus tenemos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 gente es? \u2014dijo Cardenio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Cuatro hombres \u2014respondi\u00f3 el ventero\u2014 vienen a caballo, a la jineta, con lanzas y adargas, y todos con antifaces negros; y junto con ellos viene una mujer vestida de blanco, en un sill\u00f3n, ansimesmo cubierto el rostro, y otros dos mozos de a pie.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfVienen muy cerca? \u2014pregunt\u00f3 el cura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Tan cerca \u2014respondi\u00f3 el ventero\u2014, que ya llegan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Oyendo esto Dorotea, se cubri\u00f3 el rostro, y Cardenio se entr\u00f3 en el aposento de don Quijote; y casi no hab\u00edan tenido lugar para esto, cuando entraron en la venta todos los que el ventero hab\u00eda dicho; y, ape\u00e1ndose los cuatro de a caballo, que de muy gentil talle y disposici\u00f3n eran, fueron a apear a la mujer que en el sill\u00f3n ven\u00eda; y, tom\u00e1ndola uno dellos en sus brazos, la sent\u00f3 en una silla que estaba a la entrada del aposento donde Cardenio se hab\u00eda escondido. En todo este tiempo, ni ella ni ellos se hab\u00edan quitado los antifaces, ni hablado palabra alguna; s\u00f3lo que, al sentarse la mujer en la silla, dio un profundo suspiro y dej\u00f3 caer los brazos, como persona enferma y desmayada. Los mozos de a pie llevaron los caballos a la caballeriza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Viendo esto el cura, deseoso de saber qu\u00e9 gente era aquella que con tal traje y tal silencio estaba, se fue donde estaban los mozos, y a uno dellos le pregunt\u00f3 lo que ya deseaba; el cual le respondi\u00f3:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Pardiez, se\u00f1or, yo no sabr\u00e9 deciros qu\u00e9 gente sea \u00e9sta; s\u00f3lo s\u00e9 que muestra ser muy principal, especialmente aquel que lleg\u00f3 a tomar en sus brazos a aquella se\u00f1ora que hab\u00e9is visto; y esto d\u00edgolo porque todos los dem\u00e1s le tienen respeto, y no se hace otra cosa m\u00e1s de la que \u00e9l ordena y manda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Y la se\u00f1ora, \u00bfqui\u00e9n es? \u2014pregunt\u00f3 el cura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Tampoco sabr\u00e9 decir eso \u2014respondi\u00f3 el mozo\u2014, porque en todo el camino no la he visto el rostro; suspirar s\u00ed la he o\u00eddo muchas veces, y dar unos gemidos que parece que con cada uno dellos quiere dar el alma. Y no es de maravillar que no sepamos m\u00e1s de lo que habemos dicho, porque mi compa\u00f1ero y yo no ha m\u00e1s de dos d\u00edas que los acompa\u00f1amos; porque, habi\u00e9ndolos encontrado en el camino, nos rogaron y persuadieron que vini\u00e9semos con ellos hasta el Andaluc\u00eda, ofreci\u00e9ndose a pag\u00e1rnoslo muy bien.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfY hab\u00e9is o\u00eddo nombrar a alguno dellos? \u2014pregunt\u00f3 el cura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 No, por cierto \u2014respondi\u00f3 el mozo\u2014, porque todos caminan con tanto silencio que es maravilla, porque no se oye entre ellos otra cosa que los suspiros y sollozos de la pobre se\u00f1ora, que nos mueven a l\u00e1stima; y sin duda tenemos cre\u00eddo que ella va forzada dondequiera que va, y, seg\u00fan se puede colegir por su h\u00e1bito, ella es monja, o va a serlo, que es lo m\u00e1s cierto, y quiz\u00e1 porque no le debe de nacer de voluntad el monj\u00edo, va triste, como parece.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Todo podr\u00eda ser \u2014dijo el cura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Y, dej\u00e1ndolos, se volvi\u00f3 adonde estaba Dorotea, la cual, como hab\u00eda o\u00eddo suspirar a la embozada, movida de natural compasi\u00f3n, se lleg\u00f3 a ella y le dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 mal sent\u00eds, se\u00f1ora m\u00eda? Mirad si es alguno de quien las mujeres suelen tener uso y experiencia de curarle, que de mi parte os ofrezco una buena voluntad de serviros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">A todo esto callaba la lastimada se\u00f1ora; y, aunque Dorotea torn\u00f3 con mayores ofrecimientos, todav\u00eda se estaba en su silencio, hasta que lleg\u00f3 el caballero embozado que dijo el mozo que los dem\u00e1s obedec\u00edan, y dijo a Dorotea:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 No os cans\u00e9is, se\u00f1ora, en ofrecer nada a esa mujer, porque tiene por costumbre de no agradecer cosa que por ella se hace, ni procur\u00e9is que os responda, si no quer\u00e9is o\u00edr alguna mentira de su boca.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Jam\u00e1s la dije \u2014dijo a esta saz\u00f3n la que hasta all\u00ed hab\u00eda estado callando\u2014; antes, por ser tan verdadera y tan sin trazas mentirosas, me veo ahora en tanta desventura; y desto vos mesmo quiero que se\u00e1is el testigo, pues mi pura verdad os hace a vos ser falso y mentiroso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Oy\u00f3 estas razones Cardenio bien clara y distintamente, como quien estaba tan junto de quien las dec\u00eda que sola la puerta del aposento de don Quijote estaba en medio; y, as\u00ed como las oy\u00f3, dando una gran voz dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00a1V\u00e1lgame Dios! \u00bfQu\u00e9 es esto que oigo? \u00bfQu\u00e9 voz es esta que ha llegado a mis o\u00eddos?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Volvi\u00f3 la cabeza a estos gritos aquella se\u00f1ora, toda sobresaltada, y, no viendo qui\u00e9n las daba, se levant\u00f3 en pie y fuese a entrar en el aposento; lo cual visto por el caballero, la detuvo, sin dejarla mover un paso. A ella, con la turbaci\u00f3n y desasosiego, se le cay\u00f3 el tafet\u00e1n con que tra\u00eda cubierto el rostro, y descubri\u00f3 una hermosura incomparable y un rostro milagroso, aunque descolorido y asombrado, porque con los ojos andaba rodeando todos los lugares donde alcanzaba con la vista, con tanto ah\u00ednco, que parec\u00eda persona fuera de juicio; cuyas se\u00f1ales, sin saber por qu\u00e9 las hac\u00eda, pusieron gran l\u00e1stima en Dorotea y en cuantos la miraban. Ten\u00edala el caballero fuertemente asida por las espaldas, y, por estar tan ocupado en tenerla, no pudo acudir a alzarse el embozo, que se le ca\u00eda, como, en efeto, se le cay\u00f3 del todo; y, alzando los ojos Dorotea, que abrazada con la se\u00f1ora estaba, vio que el que abrazada ansimesmo la ten\u00eda era su esposo don Fernando; y, apenas le hubo conocido, cuando, arrojando de lo \u00edntimo de sus entra\u00f1as un luengo y trist\u00edsimo \u00bb\u00a1ay!\u00bb, se dej\u00f3 caer de espaldas desmayada; y, a no hallarse all\u00ed junto el barbero, que la recogi\u00f3 en los brazos, ella diera consigo en el suelo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Acudi\u00f3 luego el cura a quitarle el embozo, para echarle agua en el rostro, y as\u00ed como la descubri\u00f3 la conoci\u00f3 don Fernando, que era el que estaba abrazado con la otra, y qued\u00f3 como muerto en verla; pero no porque dejase, con todo esto, de tener a Luscinda, que era la que procuraba soltarse de sus brazos; la cual hab\u00eda conocido en el suspiro a Cardenio, y \u00e9l la hab\u00eda conocido a ella. Oy\u00f3 asimesmo Cardenio el \u00a1ay! que dio Dorotea cuando se cay\u00f3 desmayada, y, creyendo que era su Luscinda, sali\u00f3 del aposento despavorido, y lo primero que vio fue a don Fernando, que ten\u00eda abrazada a Luscinda. Tambi\u00e9n don Fernando conoci\u00f3 luego a Cardenio; y todos tres, Luscinda, Cardenio y Dorotea, quedaron mudos y suspensos, casi sin saber lo que les hab\u00eda acontecido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Callaban todos y mir\u00e1banse todos: Dorotea a don Fernando, don Fernando a Cardenio, Cardenio a Luscinda y Luscinda a Cardenio. Mas quien primero rompi\u00f3 el silencio fue Luscinda, hablando a don Fernando desta manera:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Dejadme, se\u00f1or don Fernando, por lo que deb\u00e9is a ser quien sois, ya que por otro respeto no lo hag\u00e1is; dejadme llegar al muro de quien yo soy yedra, al arrimo de quien no me han podido apartar vuestras importunaciones, vuestras amenazas, vuestras promesas ni vuestras d\u00e1divas. Notad c\u00f3mo el cielo, por desusados y a nosotros encubiertos caminos, me ha puesto a mi verdadero esposo delante. Y bien sab\u00e9is por mil costosas experiencias que sola la muerte fuera bastante para borrarle de mi memoria. Sean, pues, parte tan claros desenga\u00f1os para que volv\u00e1is, ya que no pod\u00e1is hacer otra cosa, el amor en rabia, la voluntad en despecho, y acabadme con \u00e9l la vida; que, como yo la rinda delante de mi buen esposo, la dar\u00e9 por bien empleada: quiz\u00e1 con mi muerte quedar\u00e1 satisfecho de la fe que le mantuve hasta el \u00faltimo trance de la vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Hab\u00eda en este entretanto vuelto Dorotea en s\u00ed, y hab\u00eda estado escuchando todas las razones que Luscinda dijo, por las cuales vino en conocimiento de qui\u00e9n ella era; que, viendo que don Fernando a\u00fan no la dejaba de los brazos, ni respond\u00eda a sus razones, esforz\u00e1ndose lo m\u00e1s que pudo, se levant\u00f3 y se fue a hincar de rodillas a sus pies; y, derramando mucha cantidad de hermosas y lastimeras l\u00e1grimas, as\u00ed le comenz\u00f3 a decir:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Si ya no es, se\u00f1or m\u00edo, que los rayos deste sol que en tus brazos eclipsado tienes te quitan y ofuscan los de tus ojos, ya habr\u00e1s echado de ver que la que a tus pies est\u00e1 arrodillada es la sin ventura, hasta que t\u00fa quieras, y la desdichada Dorotea. Yo soy aquella labradora humilde a quien t\u00fa, por tu bondad o por tu gusto, quisiste levantar a la alteza de poder llamarse tuya. Soy la que, encerrada en los l\u00edmites de la honestidad, vivi\u00f3 vida contenta hasta que, a las voces de tus importunidades, y, al parecer, justos y amorosos sentimientos, abri\u00f3 las puertas de su recato y te entreg\u00f3 las llaves de su libertad: d\u00e1diva de ti tan mal agradecida, cual lo muestra bien claro haber sido forzoso hallarme en el lugar donde me hallas, y verte yo a ti de la manera que te veo. Pero, con todo esto, no querr\u00eda que cayese en tu imaginaci\u00f3n pensar que he venido aqu\u00ed con pasos de mi deshonra, habi\u00e9ndome tra\u00eddo s\u00f3lo los del dolor y sentimiento de verme de ti olvidada. T\u00fa quisiste que yo fuese tuya, y quis\u00edstelo de manera que, aunque ahora quieras que no lo sea, no ser\u00e1 posible que t\u00fa dejes de ser m\u00edo. Mira, se\u00f1or m\u00edo, que puede ser recompensa a la hermosura y nobleza por quien me dejas la incomparable voluntad que te tengo. T\u00fa no puedes ser de la hermosa Luscinda, porque eres m\u00edo, ni ella puede ser tuya, porque es de Cardenio; y m\u00e1s f\u00e1cil te ser\u00e1, si en ello miras, reducir tu voluntad a querer a quien te adora, que no encaminar la que te aborrece a que bien te quiera. T\u00fa solicitaste mi descuido, t\u00fa rogaste a mi entereza, t\u00fa no ignoraste mi calidad, t\u00fa sabes bien de la manera que me entregu\u00e9 a toda tu voluntad: no te queda lugar ni acogida de llamarte a enga\u00f1o. Y si esto es as\u00ed, como lo es, y t\u00fa eres tan cristiano como caballero, \u00bfpor qu\u00e9 por tantos rodeos dilatas de hacerme venturosa en los fines, como me heciste en los principios? Y si no me quieres por la que soy, que soy tu verdadera y leg\u00edtima esposa, qui\u00e9reme, a lo menos, y adm\u00edteme por tu esclava; que, como yo est\u00e9 en tu poder, me tendr\u00e9 por dichosa y bien afortunada. No permitas, con dejarme y desampararme, que se hagan y junten corrillos en mi deshonra; no des tan mala vejez a mis padres, pues no lo merecen los leales servicios que, como buenos vasallos, a los tuyos siempre han hecho. Y si te parece que has de aniquilar tu sangre por mezclarla con la m\u00eda, considera que pocas o ninguna nobleza hay en el mundo que no haya corrido por este camino, y que la que se toma de las mujeres no es la que hace al caso en las ilustres decendencias; cuanto m\u00e1s, que la verdadera nobleza consiste en la virtud, y si \u00e9sta a ti te falta, neg\u00e1ndome lo que tan justamente me debes, yo quedar\u00e9 con m\u00e1s ventajas de noble que las que t\u00fa tienes. En fin, se\u00f1or, lo que \u00faltimamente te digo es que, quieras o no quieras, yo soy tu esposa: testigos son tus palabras, que no han ni deben ser mentirosas, si ya es que te precias de aquello por que me desprecias; testigo ser\u00e1 la firma que hiciste, y testigo el cielo, a quien t\u00fa llamaste por testigo de lo que me promet\u00edas. Y, cuando todo esto falte, tu misma conciencia no ha de faltar de dar voces callando en mitad de tus alegr\u00edas, volviendo por esta verdad que te he dicho y turbando tus mejores gustos y contentos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Estas y otras razones dijo la lastimada Dorotea, con tanto sentimiento y l\u00e1grimas, que los mismos que acompa\u00f1aban a don Fernando, y cuantos presentes estaban, la acompa\u00f1aron en ellas. Escuch\u00f3la don Fernando sin replicalle palabra, hasta que ella dio fin a las suyas y principio a tantos sollozos y suspiros, que bien hab\u00eda de ser coraz\u00f3n de bronce el que con muestras de tanto dolor no se enterneciera. Mir\u00e1ndola estaba Luscinda, no menos lastimada de su sentimiento que admirada de su mucha discreci\u00f3n y hermosura; y, aunque quisiera llegarse a ella y decirle algunas palabras de consuelo, no la dejaban los brazos de don Fernando, que apretada la ten\u00edan. El cual, lleno de confusi\u00f3n y espanto, al cabo de un buen espacio que atentamente estuvo mirando a Dorotea, abri\u00f3 los brazos y, dejando libre a Luscinda, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Venciste, hermosa Dorotea, venciste; porque no es posible tener \u00e1nimo para negar tantas verdades juntas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Con el desmayo que Luscinda hab\u00eda tenido, as\u00ed como la dej\u00f3 don Fernando, iba a caer en el suelo; mas, hall\u00e1ndose Cardenio all\u00ed junto, que a las espaldas de don Fernando se hab\u00eda puesto porque no le conociese, prosupuesto todo temor y aventurando a todo riesgo, acudi\u00f3 a sostener a Luscinda, y, cogi\u00e9ndola entre sus brazos, le dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Si el piadoso cielo gusta y quiere que ya tengas alg\u00fan descanso, leal, firme y hermosa se\u00f1ora m\u00eda, en ninguna parte creo yo que le tendr\u00e1s m\u00e1s seguro que en estos brazos que ahora te reciben, y otro tiempo te recibieron, cuando la fortuna quiso que pudiese llamarte m\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">A estas razones, puso Luscinda en Cardenio los ojos, y, habiendo comenzado a conocerle, primero por la voz, y asegur\u00e1ndose que \u00e9l era con la vista, casi fuera de sentido y sin tener cuenta a ning\u00fan honesto respeto, le ech\u00f3 los brazos al cuello, y, juntando su rostro con el de Cardenio, le dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Vos s\u00ed, se\u00f1or m\u00edo, sois el verdadero due\u00f1o desta vuestra captiva, aunque m\u00e1s lo impida la contraria suerte, y, aunque m\u00e1s amenazas le hagan a esta vida que en la vuestra se sustenta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Estra\u00f1o espect\u00e1culo fue \u00e9ste para don Fernando y para todos los circunstantes, admir\u00e1ndose de tan no visto suceso. Pareci\u00f3le a Dorotea que don Fernando hab\u00eda perdido la color del rostro y que hac\u00eda adem\u00e1n de querer vengarse de Cardenio, porque le vio encaminar la mano a ponella en la espada; y, as\u00ed como lo pens\u00f3, con no vista presteza se abraz\u00f3 con \u00e9l por las rodillas, bes\u00e1ndoselas y teni\u00e9ndole apretado, que no le dejaba mover, y, sin cesar un punto de sus l\u00e1grimas, le dec\u00eda:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 es lo que piensas hacer, \u00fanico refugio m\u00edo, en este tan impensado trance? T\u00fa tienes a tus pies a tu esposa, y la que quieres que lo sea est\u00e1 en los brazos de su marido. Mira si te estar\u00e1 bien o te ser\u00e1 posible deshacer lo que el cielo ha hecho, o si te convendr\u00e1 querer levantar a igualar a ti mismo a la que, pospuesto todo inconveniente, confirmada en su verdad y firmeza, delante de tus ojos tiene los suyos, ba\u00f1ados de licor amoroso el rostro y pecho de su verdadero esposo. Por quien Dios es te ruego, y por quien t\u00fa eres te suplico, que este tan notorio desenga\u00f1o no s\u00f3lo no acreciente tu ira, sino que la meng\u00fce en tal manera, que con quietud y sosiego permitas que estos dos amantes le tengan, sin impedimiento tuyo, todo el tiempo que el cielo quisiere conced\u00e9rsele; y en esto mostrar\u00e1s la generosidad de tu ilustre y noble pecho, y ver\u00e1 el mundo que tiene contigo m\u00e1s fuerza la raz\u00f3n que el apetito.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En tanto que esto dec\u00eda Dorotea, aunque Cardenio ten\u00eda abrazada a Luscinda, no quitaba los ojos de don Fernando, con determinaci\u00f3n de que, si le viese hacer alg\u00fan movimiento en su perjuicio, procurar defenderse y ofender como mejor pudiese a todos aquellos que en su da\u00f1o se mostrasen, aunque le costase la vida. Pero a esta saz\u00f3n acudieron los amigos de don Fernando, y el cura y el barbero, que a todo hab\u00edan estado presentes, sin que faltase el bueno de Sancho Panza, y todos rodeaban a don Fernando, suplic\u00e1ndole tuviese por bien de mirar las l\u00e1grimas de Dorotea; y que, siendo verdad, como sin duda ellos cre\u00edan que lo era, lo que en sus razones hab\u00eda dicho, que no permitiese quedase defraudada de sus tan justas esperanzas. Que considerase que, no acaso, como parec\u00eda, sino con particular providencia del cielo, se hab\u00edan todos juntado en lugar donde menos ninguno pensaba; y que advirtiese \u2014dijo el cura\u2014 que sola la muerte pod\u00eda apartar a Luscinda de Cardenio; y, aunque los dividiesen filos de alguna espada, ellos tendr\u00edan por felic\u00edsima su muerte; y que en los lazos inremediables era suma cordura, forz\u00e1ndose y venci\u00e9ndose a s\u00ed mismo, mostrar un generoso pecho, permitiendo que por sola su voluntad los dos gozasen el bien que el cielo ya les hab\u00eda concedido; que pusiese los ojos ansimesmo en la beldad de Dorotea, y ver\u00eda que pocas o ninguna se le pod\u00edan igualar, cuanto m\u00e1s hacerle ventaja, y que juntase a su hermosura su humildad y el estremo del amor que le ten\u00eda; y, sobre todo, advirtiese que si se preciaba de caballero y de cristiano, que no pod\u00eda hacer otra cosa que cumplille la palabra dada, y que, cumpli\u00e9ndosela, cumplir\u00eda con Dios y satisfar\u00eda a las gentes discretas, las cuales saben y conocen que es prerrogativa de la hermosura, aunque est\u00e9 en sujeto humilde, como se acompa\u00f1e con la honestidad, poder levantarse e igualarse a cualquiera alteza, sin nota de menoscabo del que la levanta e iguala a s\u00ed mismo; y, cuando se cumplen las fuertes leyes del gusto, como en ello no intervenga pecado, no debe de ser culpado el que las sigue.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En efeto, a estas razones a\u00f1adieron todos otras, tales y tantas, que el valeroso pecho de don Fernando (en fin, como alimentado con ilustre sangre) se abland\u00f3 y se dej\u00f3 vencer de la verdad, que \u00e9l no pudiera negar aunque quisiera; y la se\u00f1al que dio de haberse rendido y entregado al buen parecer que se le hab\u00eda propuesto fue abajarse y abrazar a Dorotea, dici\u00e9ndole:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u2014 Levantaos, se\u00f1ora m\u00eda, que no es justo que est\u00e9 arrodillada a mis pies la que yo tengo en mi alma; y si hasta aqu\u00ed no he dado muestras de lo que digo, quiz\u00e1 ha sido por orden del cielo, para que, viendo yo en vos la fe con que me am\u00e1is, os sepa estimar en lo que merec\u00e9is. Lo que os ruego es que no me reprehend\u00e1is mi mal t\u00e9rmino y mi mucho descuido, pues la misma ocasi\u00f3n y fuerza que me movi\u00f3 para acetaros por m\u00eda, esa misma me impeli\u00f3 para procurar no ser vuestro. Y que esto sea verdad, volved y mirad los ojos de la ya contenta Luscinda, y en ellos hallar\u00e9is disculpa de todos mis yerros; y, pues ella hall\u00f3 y alcanz\u00f3 lo que deseaba, y yo he hallado en vos lo que me cumple, viva ella segura y contenta luengos y felices a\u00f1os con su Cardenio, que yo rogar\u00e9 al cielo que me los deje vivir con mi Dorotea.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Y, diciendo esto, la torn\u00f3 a abrazar y a juntar su rostro con el suyo, con tan tierno sentimiento, que le fue necesario tener gran cuenta con que las l\u00e1grimas no acabasen de dar indubitables se\u00f1as de su amor y arrepentimiento. No lo hicieron as\u00ed las de Luscinda y Cardenio, y aun las de casi todos los que all\u00ed presentes estaban, porque comenzaron a derramar tantas, los unos de contento proprio y los otros del ajeno, que no parec\u00eda sino que alg\u00fan grave y mal caso a todos hab\u00eda sucedido. Hasta Sancho Panza lloraba, aunque despu\u00e9s dijo que no lloraba \u00e9l sino por ver que Dorotea no era, como \u00e9l pensaba, la reina Micomicona, de quien \u00e9l tantas mercedes esperaba. Dur\u00f3 alg\u00fan espacio, junto con el llanto, la admiraci\u00f3n en todos, y luego Cardenio y Luscinda se fueron a poner de rodillas ante don Fernando, d\u00e1ndole gracias de la merced que les hab\u00eda hecho con tan corteses razones, que don Fernando no sab\u00eda qu\u00e9 responderles; y as\u00ed, los levant\u00f3 y abraz\u00f3 con muestras de mucho amor y de mucha cortes\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Pregunt\u00f3 luego a Dorotea le dijese c\u00f3mo hab\u00eda venido a aquel lugar tan lejos del suyo. Ella, con breves y discretas razones, cont\u00f3 todo lo que antes hab\u00eda contado a Cardenio, de lo cual gust\u00f3 tanto don Fernando y los que con \u00e9l ven\u00edan, que quisieran que durara el cuento m\u00e1s tiempo: tanta era la gracia con que Dorotea contaba sus desventuras. Y, as\u00ed como hubo acabado, dijo don Fernando lo que en la ciudad le hab\u00eda acontecido despu\u00e9s que hall\u00f3 el papel en el seno de Luscinda, donde declaraba ser esposa de Cardenio y no poderlo ser suya. Dijo que la quiso matar, y lo hiciera si de sus padres no fuera impedido; y que as\u00ed, se sali\u00f3 de su casa, despechado y corrido, con determinaci\u00f3n de vengarse con m\u00e1s comodidad; y que otro d\u00eda supo como Luscinda hab\u00eda faltado de casa de sus padres, sin que nadie supiese decir d\u00f3nde se hab\u00eda ido, y que, en resoluci\u00f3n, al cabo de algunos meses vino a saber como estaba en un monesterio, con voluntad de quedarse en \u00e9l toda la vida, si no la pudiese pasar con Cardenio; y que, as\u00ed como lo supo, escogiendo para su compa\u00f1\u00eda aquellos tres caballeros, vino al lugar donde estaba, a la cual no hab\u00eda querido hablar, temeroso que, en sabiendo que \u00e9l estaba all\u00ed, hab\u00eda de haber m\u00e1s guarda en el monesterio; y as\u00ed, aguardando un d\u00eda a que la porter\u00eda estuviese abierta, dej\u00f3 a los dos a la guarda de la puerta, y \u00e9l, con otro, hab\u00edan entrado en el monesterio buscando a Luscinda, la cual hallaron en el claustro hablando con una monja; y, arrebat\u00e1ndola, sin darle lugar a otra cosa, se hab\u00edan venido con ella a un lugar donde se acomodaron de aquello que hubieron menester para traella. Todo lo cual hab\u00edan podido hacer bien a su salvo, por estar el monesterio en el campo, buen trecho fuera del pueblo. Dijo que, as\u00ed como Luscinda se vio en su poder, perdi\u00f3 todos los sentidos; y que, despu\u00e9s de vuelta en s\u00ed, no hab\u00eda hecho otra cosa sino llorar y suspirar, sin hablar palabra alguna; y que as\u00ed, acompa\u00f1ados de silencio y de l\u00e1grimas, hab\u00edan llegado a aquella venta, que para \u00e9l era haber llegado al cielo, donde se rematan y tienen fin todas las desventuras de la tierra.<\/span><\/p>\n<p>Redacci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXXV. Donde se da fin a la novela del Curioso impertinente Poco m\u00e1s quedaba por leer de la novela, cuando del caramanch\u00f3n donde reposaba don Quijote sali\u00f3 Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces: \u2014 Acudid, se\u00f1ores, presto y socorred a mi se\u00f1or, que anda envuelto en la m\u00e1s re\u00f1ida y trabada batalla que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176],"tags":[445],"class_list":["post-20351","post","type-post","status-publish","format-standard","category-don-quijote-de-la-mancha","tag-miguel-de-cervantes"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.6 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 35 y 36 (Miguel de Cervantes) | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"TESOROS LITERARIOS. 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