{"id":19946,"date":"2025-05-03T00:00:27","date_gmt":"2025-05-02T23:00:27","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19946"},"modified":"2025-05-03T07:06:56","modified_gmt":"2025-05-03T06:06:56","slug":"fortunata-y-jacinta-primera-parte-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19946","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Primera Parte Cap\u00edtulo 3"},"content":{"rendered":"<h2>Estupi\u00f1\u00e1<\/h2>\n<h2>&#8211;<span class=\"smcap\">I<\/span>&#8211;<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">En la tienda de Arnaiz, junto a la reja que da a la calle de San Crist\u00f3bal, hay actualmente tres sillas de madera curva de Viena, las cuales sucedieron hace a\u00f1os a un banco sin respaldo forrado de hule negro, y este banco tuvo por antecesor a un arc\u00f3n o caja vac\u00eda. Aqu\u00e9lla era la sede de la inmemorial tertulia de la casa. No hab\u00eda tienda sin tertulia, como no pod\u00eda haberla sin mostrador y santo tutelar. Era esto un servicio suplementario que el comercio prestaba a la sociedad en tiempos en que no exist\u00edan casinos, pues aunque hab\u00eda sociedades secretas y clubs y caf\u00e9s m\u00e1s o menos patri\u00f3ticos, la gran mayor\u00eda de los ciudadanos pac\u00edficos no iba a ellos, prefiriendo charlar en las tiendas. Barbarita tiene a\u00fan reminiscencias vagas de la tertulia en los tiempos de su ni\u00f1ez. Iba un fraile muy flaco que era el padre Alel\u00ed, un se\u00f1or peque\u00f1ito con anteojos, que era el pap\u00e1 de Isabel, algunos militares y otros tipos que se confund\u00edan en su mente con las figuras de los dos mandarines.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Y no s\u00f3lo se hablaba de asuntos pol\u00edticos y de la guerra civil, sino de cosas del comercio. Recuerda la se\u00f1ora haber o\u00eddo algo acerca de los primeros f\u00f3sforos o mistos que vinieron al mercado, y aun haberlos visto. Era como una botellita en la cual se met\u00eda la cerilla, y sal\u00eda echando lumbre. Tambi\u00e9n oy\u00f3 hablar de las primeras alfombras de moqueta, de los primeros colchones de muelles, y de los primeros ferrocarriles, que alguno de los tertulios hab\u00eda visto en el extranjero, pues aqu\u00ed ni asomos de ellos hab\u00eda todav\u00eda. Algo se apunt\u00f3 all\u00ed sobre el billete de Banco, que en Madrid no fue papel-moneda corriente hasta algunos a\u00f1os despu\u00e9s, y s\u00f3lo se usaba entonces para los pagos fuertes de la banca. Do\u00f1a B\u00e1rbara se acuerda de haber visto el primer billete que llevaron a la tienda como un objeto de curiosidad, y todos convinieron en que era mejor una onza. El gas fue muy posterior a esto.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">La tienda se transformaba; pero la tertulia era siempre la misma en el curso lento de los a\u00f1os. Unos habladores se iban y ven\u00edan otros. No sabemos a qu\u00e9 \u00e9poca fija se referir\u00edan estos p\u00e1rrafos sueltos que al vuelo cog\u00eda Barbarita cuando, ya casada, entraba en la tienda a descansar un ratito, de vuelta de paseo o de compras: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 hermosotes iban esta ma\u00f1ana los del <i>tercero de fusileros<\/i> con sus pompones nuevos!\u00bb&#8230; \u00abEl Duque ha o\u00eddo misa hoy en las Calatravas. Iba con Linaje y con San Miguel\u00bb&#8230;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00ab\u00bfSabe usted, Estupi\u00f1\u00e1, lo que dicen ahora? Pues dicen que los ingleses proyectan construir barcos de <i>fierro<\/i>\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">El llamado Estupi\u00f1\u00e1 deb\u00eda de ser indispensable en todas las tertulias de tiendas, porque cuando no iba a la de Arnaiz, todo se volv\u00eda preguntar: \u00abY Pl\u00e1cido, \u00bfqu\u00e9 es de \u00e9l?\u00bb. Cuando entraba le recib\u00edan con exclamaciones de alegr\u00eda, pues con su sola presencia animaba la conversaci\u00f3n. En 1871 conoc\u00ed a este hombre, que fundaba su vanidad en <i>haber visto toda la historia de Espa\u00f1a<\/i> en el presente siglo. Hab\u00eda venido al mundo en 1803 y se llamaba hermano de fecha de Mesonero Romanos, por haber nacido, como este, el 19 de Julio del citado a\u00f1o. Una sola frase suya probar\u00e1 su inmenso saber en esa historia viva que se aprende con los ojos: \u00abVi a Jos\u00e9 I como le estoy viendo a usted ahora\u00bb. Y parec\u00eda que se relam\u00eda de gusto cuando le preguntaban: \u00ab\u00bfVio usted al duque de Angulema, a lord Wellington?&#8230;\u00bb. \u00abPues ya lo creo\u00bb. Su contestaci\u00f3n era siempre la misma: \u00abComo le estoy viendo a usted\u00bb. Hasta llegaba a incomodarse cuando se le interrogaba en tono dubitativo. \u00ab\u00a1Que si vi entrar a Mar\u00eda Cristina!&#8230; Hombre, si eso es de ayer&#8230;\u00bb. Para completar su erudici\u00f3n ocular, hablaba del <i>aspecto que presentaba Madrid<\/i> el 1.\u00ba de Septiembre de 1840, como si fuera cosa de la semana pasada. Hab\u00eda visto morir a Canterac; ajusticiar a Merino, \u00abnada menos que sobre el propio pat\u00edbulo\u00bb, por ser \u00e9l hermano de la Paz y Caridad; hab\u00eda visto matar a Chico&#8230;, precisamente ver no, pero oy\u00f3 los tiritos, hall\u00e1ndose en la calle de las Velas; hab\u00eda visto a Fernando VII el 7 de Julio cuando sali\u00f3 al balc\u00f3n a decir a los milicianos que <i>sacudieran<\/i> a los de la Guardia; hab\u00eda visto a Rodil y al sargento Garc\u00eda arengando desde otro balc\u00f3n, el a\u00f1o 36; hab\u00eda visto a O&#8217;Donnell y Espartero abraz\u00e1ndose, a Espartero solo saludando al pueblo, a O&#8217;Donnell solo, todo esto en un balc\u00f3n, y por fin, en un balc\u00f3n hab\u00eda visto tambi\u00e9n en fecha cercana a otro personaje diciendo a gritos que se hab\u00edan acabado los Reyes. La historia que Estupi\u00f1\u00e1 sab\u00eda estaba escrita en los balcones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">La biograf\u00eda mercantil de este hombre es tan curiosa como sencilla. Era muy joven cuando entr\u00f3 de hortera en casa de Arnaiz, y all\u00ed sirvi\u00f3 muchos a\u00f1os, siempre bien quisto del principal por su honradez acrisolada y el grand\u00edsimo inter\u00e9s con que miraba todo lo concerniente al establecimiento. Y a pesar de tales prendas, Estupi\u00f1\u00e1 no era un buen dependiente. Al despachar, entreten\u00eda demasiado a los parroquianos, y si le mandaban con un recado o comisi\u00f3n a la Aduana, tardaba tanto en volver, que muchas veces crey\u00f3 D. Bonifacio que le hab\u00edan llevado preso. La singularidad de que teniendo Pl\u00e1cido estas ma\u00f1as, no pudieran los due\u00f1os de la tienda prescindir de \u00e9l, se explica por la ciega confianza que inspiraba, pues estando \u00e9l al cuidado de la tienda y de la caja, ya pod\u00edan Arnaiz y su familia echarse a dormir. Era su fidelidad tan grande como su humildad, pues ya le pod\u00edan re\u00f1ir y decirle cuantas perrer\u00edas quisieran, sin que se incomodase. Por esto sinti\u00f3 mucho Arnaiz que Estupi\u00f1\u00e1 dejara la casa en 1837, cuando se le antoj\u00f3 establecerse con los dineros de una peque\u00f1a herencia. Su principal, que le conoc\u00eda bien, hac\u00eda l\u00fagubres profec\u00edas del porvenir comercial de Pl\u00e1cido, trabajando por su cuenta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Promet\u00edaselas \u00e9l muy felices en la tienda de bayetas y pa\u00f1os del Reino que estableci\u00f3 en la Plaza Mayor, junto a la Panader\u00eda. No puso dependientes, porque la cortedad del negocio no lo consent\u00eda; pero su tertulia fue la m\u00e1s animada y dicharachera de todo el barrio. Y ved aqu\u00ed el secreto de lo poco que dio de s\u00ed el establecimiento, y la justificaci\u00f3n de los vaticinios de D. Bonifacio. Estupi\u00f1\u00e1 ten\u00eda un vicio hereditario y cr\u00f3nico, contra el cual eran impotentes todas las dem\u00e1s energ\u00edas de su alma; vicio tanto m\u00e1s avasallador y terrible cuanto m\u00e1s inofensivo parec\u00eda. No era la bebida, no era el amor, ni el juego ni el lujo; era la conversaci\u00f3n. Por un rato de palique era Estupi\u00f1\u00e1 capaz de dejar que se llevaran los demonios el mejor negocio del mundo. Como \u00e9l pegase la hebra con gana, ya pod\u00eda venirse el cielo abajo, y antes le cortaran la lengua que la hebra. A su tienda iban los habladores m\u00e1s fren\u00e9ticos, porque el vicio llama al vicio. Si en lo m\u00e1s sabroso de su charla entraba alguien a comprar, Estupi\u00f1\u00e1 le pon\u00eda la cara que se pone a los que van a dar sablazos. Si el g\u00e9nero pedido estaba sobre el mostrador, lo ense\u00f1aba con gesto r\u00e1pido, deseando que acabase pronto la interrupci\u00f3n; pero si estaba en lo alto de la anaqueler\u00eda, echaba hacia arriba una mirada de fatiga, como el que pide a Dios paciencia, diciendo: \u00ab\u00bfBayeta amarilla? M\u00edrela usted. Me parece que es angosta para lo que usted la quiere\u00bb. Otras veces dudaba o aparentaba dudar si ten\u00eda lo que le ped\u00edan. \u00ab\u00bfGorritas para ni\u00f1o? \u00bfLas quiere usted de visera de hule?&#8230; Sospecho que hay algunas, pero son de esas que no se usan ya&#8230;\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Si estaba jugando al tute o al mus, \u00fanicos juegos que sab\u00eda y en los que era maestro, primero se hund\u00eda el mundo que apartar \u00e9l su atenci\u00f3n de las cartas. Era tan fuerte el ansia de charla y de trato social, se lo ped\u00eda el cuerpo y el alma con tal vehemencia, que si no iban habladores a la tienda no pod\u00eda resistir la comez\u00f3n del vicio, echaba la llave, se la met\u00eda en el bolsillo y se iba a otra tienda en busca de aquel licor palabrero con que se embriagaba. Por Navidad, cuando se empezaban a armar los puestos de la Plaza, el pobre tendero no ten\u00eda valor para estarse metido en aquel cuchitril oscuro. El sonido de la voz humana, la luz y el rumor de la calle eran tan necesarios a su existencia como el aire. Cerraba, y se iba a dar conversaci\u00f3n a las mujeres de los puestos. A todas las conoc\u00eda, y se enteraba de lo que iban a vender y de cuanto ocurriera en la familia de cada una de ellas. Pertenec\u00eda, pues, Estupi\u00f1\u00e1 a aquella raza de tenderos, de la cual quedan a\u00fan muy pocos ejemplares, cuyo papel en el mundo comercial parece ser la atenuaci\u00f3n de los males causados por los excesos de la oferta impertinente, y disuadir al consumidor de la malsana inclinaci\u00f3n a gastar el dinero. \u00abD. Pl\u00e1cido, \u00bftiene usted pana azul?\u00bb.\u2014\u00ab\u00a1Pana azul!, \u00bfy qui\u00e9n te mete a ti en esos lujos? S\u00ed que la tengo; pero es cara para ti\u00bb. \u2014\u00abEns\u00e9\u00f1emela usted&#8230; y a ver si me la arregla\u00bb&#8230; Entonces hac\u00eda el hombre un desmedido esfuerzo, como quien sacrifica al deber sus sentimientos y gustos m\u00e1s queridos, y bajaba la pieza de tela. \u00abVaya, aqu\u00ed est\u00e1 la pana. Si no la has de comprar, si todo es gana de moler, \u00bfpara qu\u00e9 quieres verla? \u00bfCrees que yo no tengo nada qu\u00e9 hacer?\u00bb.\u2014\u00abLo que dije; estas mujeres marean a Cristo. Hay otra clase, s\u00ed se\u00f1ora. \u00bfLa compras, s\u00ed o no? A veinte y dos reales, ni un cuarto menos\u00bb.\u2014\u00abPero d\u00e9jela ver&#8230; \u00a1ay qu\u00e9 hombre! \u00bfCree que me voy a comer la pieza?\u00bb&#8230; \u00abA veinte y dos realetes\u00bb. \u2014\u00ab\u00a1Ande y que lo parta un rayo!\u00bb.\u2014\u00abQue te parta a ti, mal criada, respondona, tarasca&#8230;\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Era muy fino con las se\u00f1oras de alto copete. Su afabilidad ten\u00eda tonos como este: \u00ab\u00bfLa c\u00fabica? S\u00ed que la hay. \u00bfVe usted la pieza all\u00e1 arriba? Me parece, se\u00f1ora, que no es lo que usted busca&#8230; digo, me parece; no es que yo me quiera meter&#8230; Ahora se estilan rayaditas: de eso no tengo. Espero una remesa para el mes que entra. Ayer vi a las ni\u00f1as con el Sr. D. C\u00e1ndido. Vaya, que est\u00e1n creciditas. \u00bfY c\u00f3mo sigue el se\u00f1or mayor? \u00a1No le he visto desde que \u00edbamos juntos a la b\u00f3veda de San Gin\u00e9s!\u00bb&#8230; Con este sistema de vender, a los cuatro a\u00f1os de comercio se pod\u00edan contar las personas que al cabo de la semana traspasaban el dintel de la tienda. A los seis a\u00f1os no entraban all\u00ed ni las moscas. Estupi\u00f1\u00e1 abr\u00eda todas las ma\u00f1anas, barr\u00eda y regaba la acera, se pon\u00eda los manguitos verdes y se sentaba detr\u00e1s del mostrador a leer el <i>Diario de Avisos<\/i>. Poco a poco iban llegando los amigos, aquellos hermanos de su alma, que en la soledad en que Pl\u00e1cido estaba le parec\u00edan algo como la paloma del arca, pues le tra\u00edan en el pico algo m\u00e1s que un ramo de oliva, le tra\u00edan la palabra, el sabros\u00edsimo fruto y la flor de la vida, el alcohol del alma, con que apacentaba su vicio&#8230; Pas\u00e1banse el d\u00eda entero contando an\u00e9cdotas, comentando sucesos pol\u00edticos, tratando de t\u00fa a Mendiz\u00e1bal, a Calatrava, a Mar\u00eda Cristina y al mismo Dios, trazando con el dedo planes de campa\u00f1a sobre el mostrador en extravagantes l\u00edneas t\u00e1cticas; demostrando que Espartero deb\u00eda ir necesariamente por aqu\u00ed y Villarreal por all\u00e1; refiriendo tambi\u00e9n sucedidos del comercio, llegadas de tal o cual g\u00e9nero; lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de la corte, con todo lo dem\u00e1s que cae bajo el dominio de la bachiller\u00eda humana. A todas estas el caj\u00f3n del dinero no se abr\u00eda ni una sola vez, y a la vara de medir, sumida en pl\u00e1cida quietud, le faltaba poco para reverdecer y echar flores como la vara de San Jos\u00e9. Y como pasaban meses y meses sin que se renovase el g\u00e9nero, y all\u00ed no hab\u00eda m\u00e1s que maulas y vejeces, el trueno fue gordo y repentino. Un d\u00eda le embargaron todo, y Estupi\u00f1\u00e1 sali\u00f3 de la tienda con tanta pena como dignidad.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 24px;\">&#8211;<span class=\"smcap\">II<\/span>&#8211;<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Aquel gran fil\u00f3sofo no se entreg\u00f3 a la desesperaci\u00f3n. Vi\u00e9ronle sus amigos tranquilo y resignado. En su aspecto y en el reposo de su semblante hab\u00eda algo de S\u00f3crates, admitiendo que S\u00f3crates fuera hombre dispuesto a estarse siete horas seguidas con la palabra en la boca. Pl\u00e1cido hab\u00eda salvado el honor, que era lo importante, pagando religiosamente a todo el mundo con las existencias. Se hab\u00eda quedado con lo puesto y sin una mota. No salv\u00f3 m\u00e1s mueble que la vara de medir. Era forzoso, pues, buscar alg\u00fan modo de ganarse la vida. \u00bfA qu\u00e9 se dedicar\u00eda? \u00bfEn qu\u00e9 ramo del comercio emplear\u00eda sus grandes dotes? D\u00e1ndose a pensar en esto, vino a descubrir que en medio de su gran pobreza conservaba un capital que seguramente le envidiar\u00edan muchos: las relaciones. Conoc\u00eda a cuantos almacenistas y tenderos hab\u00eda en Madrid; todas las puertas se le franqueaban, y en todas partes le pon\u00edan buena cara por su honradez, sus buenas maneras y principalmente por aquella bendita labia que Dios le hab\u00eda dado. Sus relaciones y estas aptitudes le sugirieron, pues, la idea de dedicarse a corredor de g\u00e9neros. D. Baldomero Santa Cruz, el gordo Arnaiz, Bringas, Moreno, Labiano y otros almacenistas de pa\u00f1os, lienzos o novedades, le daban piezas para que las fuera ense\u00f1ando de tienda en tienda. Ganaba el 2 por 100 de comisi\u00f3n por lo que vend\u00eda. \u00a1Mar\u00eda Sant\u00edsima, qu\u00e9 vida m\u00e1s deliciosa y qu\u00e9 bien hizo en adoptarla, porque cosa m\u00e1s adecuada a su temperamento no se pod\u00eda imaginar! Aquel correr continuo, aquel entrar por diversas puertas, aquel saludar en la calle a cincuenta personas y preguntarles por la familia era su vida, y todo lo dem\u00e1s era muerte. Pl\u00e1cido no hab\u00eda nacido para el presidio de una tienda. Su elemento era la calle, el aire libre, la discusi\u00f3n, la contrataci\u00f3n, el recado, ir y venir, preguntar, cuestionar, pasando gallardamente de la seriedad a la broma. Hab\u00eda ma\u00f1ana en que se echaba al coleto toda la calle de Toledo de punta a punta, y la Concepci\u00f3n Jer\u00f3nima, Atocha y Carretas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">As\u00ed pasaron algunos a\u00f1os. Como sus necesidades eran muy cortas, pues no ten\u00eda familia que mantener ni ning\u00fan vicio como no fuera el de gastar saliva, bast\u00e1bale para vivir lo poco que el corretaje le daba. Adem\u00e1s, muchos comerciantes ricos le proteg\u00edan. Este, a lo mejor, le regalaba una capa; otro un corte de vestido; aquel un sombrero o bien comestibles y golosinas. Familias de las m\u00e1s empingorotadas del comercio le sentaban a su mesa, no s\u00f3lo por amistad sino por ego\u00edsmo, pues era una diversi\u00f3n o\u00edrle contar tan diversas cosas con aquella exactitud pintoresca y aquel esmero de detalles que encantaba. Dos caracteres principales ten\u00eda su entretenida charla, y eran: que nunca se declaraba ignorante de cosa alguna, y que jam\u00e1s habl\u00f3 mal de nadie. Si por acaso se dejaba decir alguna palabra ofensiva, era contra la Aduana; pero sin individualizar sus acusaciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Porque Estupi\u00f1\u00e1, al mismo tiempo que corredor, era contrabandista. Las piezas de Hamburgo de 26 hilos que pas\u00f3 por el portillo de Gilim\u00f3n, vali\u00e9ndose de ingeniosas ma\u00f1as, no son para contadas. No hab\u00eda otro como \u00e9l para atravesar de noche ciertas calles con un bulto bajo la capa, figur\u00e1ndose mendigo con un ni\u00f1o a cuestas. Ninguno como \u00e9l pose\u00eda el arte de deslizar un duro en la mano del empleado fiscal, en momentos de peligro, y se entend\u00eda con ellos tan bien para este fregado, que las principales casas acud\u00edan a \u00e9l para desatar sus l\u00edos con la Hacienda. No hay medio de escribir en el Dec\u00e1logo los delitos fiscales. La moral del pueblo se rebelaba, m\u00e1s entonces que ahora, a considerar las defraudaciones a la Hacienda como verdaderos pecados, y conforme con este criterio, Estupi\u00f1\u00e1 no sent\u00eda alboroto en su conciencia cuando pon\u00eda feliz remate a una de aquellas empresas. Seg\u00fan \u00e9l, lo que la Hacienda llama suyo no es suyo, sino de la naci\u00f3n, es decir, de Juan Particular, y burlar a la Hacienda es devolver a Juan Particular lo que le pertenece. Esta idea, sustentada por el pueblo con turbulenta fe, ha tenido tambi\u00e9n sus h\u00e9roes y sus m\u00e1rtires. Pl\u00e1cido la profesaba con no menos entusiasmo que cualquier caballista andaluz, s\u00f3lo que era de infanter\u00eda, y adem\u00e1s no quitaba la vida a nadie. Su conciencia, envuelta en horrorosas nieblas tocante a lo fiscal, manifest\u00e1base pura y luminosa en lo referente a la propiedad privada. Era hombre que antes de guardar un ochavo que no fuese suyo, se habr\u00eda estado callado un mes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Barbarita le quer\u00eda mucho. Hab\u00edale visto en su casa desde que tuvo el don de ver y apreciar las cosas; conoc\u00eda bien, por opini\u00f3n de su padre y por experiencia propia, las excelentes prendas y lealtad del hablador. Siendo ni\u00f1a, Estupi\u00f1\u00e1 la llevaba a la escuela de la rinconada de la calle Imperial, y por Navidad iba con \u00e9l a ver los nacimientos y los puestos de la plaza de Santa Cruz. Cuando D. Bonifacio Arnaiz enferm\u00f3 para morirse, Pl\u00e1cido no se separ\u00f3 de \u00e9l ni enfermo ni difunto hasta que le dej\u00f3 en la sepultura. En todas las penas y alegr\u00edas de la casa era siempre el part\u00edcipe m\u00e1s sincero. Su posici\u00f3n junto a tan noble familia era entre amistad y servidumbre, pues si Barbarita le sentaba a su mesa muchos d\u00edas, los m\u00e1s del a\u00f1o emple\u00e1bale en recados y comisiones que \u00e9l sab\u00eda desempe\u00f1ar con exactitud suma. Ya iba a la plaza de la Cebada en busca de alguna hortaliza temprana, ya a la Cava Baja a entenderse con los ordinarios que tra\u00edan encargos, o bien a Maravillas, donde viv\u00edan la planchadora y la encajera de la casa. Tal ascendiente ten\u00eda la se\u00f1ora de Santa Cruz sobre aquella alma sencilla y con fe tan ciega la respetaba y obedec\u00eda \u00e9l, que si Barbarita le hubiera dicho: \u00abPl\u00e1cido, hazme el favor de tirarte por el balc\u00f3n a la calle\u00bb, el infeliz no habr\u00eda vacilado un momento en hacerlo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Andando los a\u00f1os, y cuando ya Estupi\u00f1\u00e1 iba para viejo y no hac\u00eda corretaje ni contrabando, desempe\u00f1\u00f3 en la casa de Santa Cruz un cargo muy delicado. Como era persona de tanta confianza y tan ciegamente adicto a la familia, Barbarita le confiaba a Juanito para que le llevase y le trajera al colegio de Massarnau, o le sacara a paseo los domingos y fiestas. Segura estaba la mam\u00e1 de que la vigilancia de Pl\u00e1cido era como la de un padre, y bien sab\u00eda que se habr\u00eda dejado matar cien veces antes que consentir que nadie tocase al <i>Delf\u00edn<\/i> (as\u00ed le sol\u00eda llamar) en la punta del cabello. Ya era este un polluelo con \u00ednfulas de hombre cuando Estupi\u00f1\u00e1 le llevaba a los Toros, inici\u00e1ndole en los misterios del arte, que se preciaba de entender como buen madrile\u00f1o. El ni\u00f1o y el viejo se entusiasmaban por igual en el b\u00e1rbaro y pintoresco espect\u00e1culo, y a la salida Pl\u00e1cido le contaba sus proezas taur\u00f3macas, pues tambi\u00e9n, all\u00e1 en su mocedad, hab\u00eda echado sus quiebros y pases de muleta, y ten\u00eda traje completo con lentejuelas, y toreaba novillos por lo fino, sin olvidar ninguna regla&#8230; Como Juanito le manifestara deseos de ver el traje, contest\u00e1bale Pl\u00e1cido que hac\u00eda muchos a\u00f1os su hermana la sastra (que de Dios gozaba) lo hab\u00eda convertido en t\u00fanica de un Nazareno, que est\u00e1 en la iglesia de Daganzo de Abajo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Fuera del platicar, Estupi\u00f1\u00e1 no ten\u00eda ning\u00fan vicio, ni se junt\u00f3 jam\u00e1s con personas ordinarias y de baja estofa. Una sola vez en su vida tuvo que ver con gente de mala ralea, con motivo del bautizo del chico de un sobrino suyo, que estaba casado con una tablajera. Entonces le ocurri\u00f3 un lance desagradable del cual se acord\u00f3 y avergonz\u00f3 toda su vida; y fue que el pillete del sobrinito, confabulado con sus amigotes, logr\u00f3 embriagarle, d\u00e1ndole subrepticiamente un Chinch\u00f3n capaz de marear a una piedra. Fue una borrachera est\u00fapida, la primera y \u00faltima de su vida; y el recuerdo de la degradaci\u00f3n de aquella noche le entristec\u00eda siempre que repuntaba en su memoria. \u00a1Infames, burlar as\u00ed a quien era la misma sobriedad! Me le hicieron beber con enga\u00f1o evidente aquellas nefandas copas, y despu\u00e9s no vacilaron en escarnecerle con tanta crueldad como groser\u00eda. Pidi\u00e9ronle que cantara la Pitita, y hay motivos para creer que la cant\u00f3, aunque \u00e9l lo niega en redondo. En medio del desconcierto de sus sentidos, tuvo conciencia del estado en que le hab\u00edan puesto, y el decoro le sugiri\u00f3 la idea de la fuga. Echose fuera del local pensando que el aire de la noche le despejar\u00eda la cabeza; pero aunque sinti\u00f3 alg\u00fan alivio, sus facultades y sentidos continuaban sujetos a los m\u00e1s garrafales errores. Al llegar a la esquina de la Cava de San Miguel, vio al sereno; mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba hacia la rinconada de la calle de Cuchilleros. Crey\u00f3 que era el Vi\u00e1tico, y arrodill\u00e1ndose y descubri\u00e9ndose, seg\u00fan ten\u00eda por costumbre, rez\u00f3 una corta oraci\u00f3n y dijo: \u00ab\u00a1que Dios le d\u00e9 lo que mejor le convenga!\u00bb. Las carcajadas de sus soeces burladores, que le hab\u00edan seguido, le volvieron a su acuerdo, y conocido el error, se meti\u00f3 a escape en su casa, que a dos pasos estaba. Durmi\u00f3, y al d\u00eda siguiente como si tal cosa. Pero sent\u00eda un remordimiento viv\u00edsimo que por alg\u00fan tiempo le hac\u00eda suspirar y quedarse meditabundo. Nada aflig\u00eda tanto su honrado coraz\u00f3n como la idea de que Barbarita se enterara de aquel chasco del Vi\u00e1tico. Afortunadamente, o no lo supo, o si lo supo no se dio nunca por entendida.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 24px;\">&#8211;<span class=\"smcap\">III<\/span>&#8211;<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Cuando conoc\u00ed personalmente a este insigne hijo de Madrid, andaba ya al ras con los sesenta a\u00f1os; pero los llevaba muy bien. Era de estatura menos que mediana, regordete y algo encorvado hacia adelante. Los que quieran conocer su rostro, miren el de Rossini, ya viejo, como nos le han transmitido las estampas y fotograf\u00edas del gran m\u00fasico, y pueden decir que tienen delante el divino Estupi\u00f1\u00e1. La forma de la cabeza, la sonrisa, el perfil sobre todo, la nariz corva, la boca hundida, los ojos picarescos, eran trasunto fiel de aquella hermosura un tanto burlona, que con la acentuaci\u00f3n de las l\u00edneas en la vejez se aproximaba algo a la imagen de Polichinela. La edad iba dando al perfil de Estupi\u00f1\u00e1 un cierto parentesco con el de las cotorras.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">En sus \u00faltimos tiempos, del 70 en adelante, vest\u00eda con cierta originalidad, no precisamente por miseria, pues los de Santa Cruz cuidaban de que nada le faltase, sino por esp\u00edritu de tradici\u00f3n, y por repugnancia a introducir novedades en su guardarropa. Usaba un sombrero chato, de copa muy baja y con las alas planas, el cual pertenec\u00eda a una \u00e9poca que se hab\u00eda borrado ya de la memoria de los sombreros, y una capa de pa\u00f1o verde, que no se le ca\u00eda de los hombros sino en lo que va de Julio a Septiembre. Ten\u00eda muy poco pelo, casi se puede decir ninguno; pero no usaba peluca. Para librar su cabeza de las corrientes fr\u00edas de la iglesia, llevaba en el bolsillo un gorro negro, y se lo calaba al entrar. Era gran madrugador, y por la ma\u00f1anita con la fresca se iba a Santa Cruz, luego a Santo Tom\u00e1s y por fin a San Gin\u00e9s. Despu\u00e9s de o\u00edr varias misas en cada una de estas iglesias, calado el gorro hasta las orejas, y de echar un parrafito con beatos o sacristanes, iba de capilla en capilla rezando diferentes oraciones. Al despedirse, saludaba con la mano a las im\u00e1genes, como se saluda a un amigo que est\u00e1 en el balc\u00f3n, y luego tomaba su agua bendita, fuera gorro, y a la calle.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">En 1869, cuando demolieron la iglesia de Santa Cruz, Estupi\u00f1\u00e1 pas\u00f3 muy malos ratos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Ni el p\u00e1jaro a quien destruyen su nido, ni el hombre a quien arrojan de la morada en que naci\u00f3, ponen cara m\u00e1s afligida que la que \u00e9l pon\u00eda viendo caer entre nubes de polvo los pedazos de cascote. Por aquello de ser hombre no lloraba. Barbarita, que se hab\u00eda criado a la sombra de la venerable torre, si no lloraba al ver tan sacr\u00edlego espect\u00e1culo era porque estaba volada, y la ira no le permit\u00eda derramar l\u00e1grimas. Ni acertaba a explicarse por qu\u00e9 dec\u00eda su marido que D. Nicol\u00e1s Rivero era una gran persona. Cuando el templo desapareci\u00f3; cuando fue arrasado el suelo, y andando los a\u00f1os se edific\u00f3 una casa en el sagrado solar, Estupi\u00f1\u00e1 no se dio a partido. No era de estos caracteres acomodaticios que reconocen los hechos consumados. Para \u00e9l la iglesia estaba siempre all\u00ed, y toda vez que mi hombre pasaba por el punto exacto que correspond\u00eda al lugar de la puerta, se persignaba y se quitaba el sombrero.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Era Pl\u00e1cido hermano de la Paz y Caridad, cofrad\u00eda cuyo domicilio estuvo en la derribada parroquia. Iba, pues, a auxiliar a los reos de muerte en la capilla y a darles conversaci\u00f3n en la hora tremenda, habl\u00e1ndoles de lo tonta que es esta vida, de lo bueno que es Dios y de lo ricamente que iban a estar en la gloria. \u00a1Qu\u00e9 ser\u00eda de los pobrecitos reos si no tuvieran quien les diera un poco de jarabe de pico antes de entregar su cuello al verdugo!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">A las diez de la ma\u00f1ana conclu\u00eda Estupi\u00f1\u00e1 invariablemente lo que podr\u00edamos llamar su jornada religiosa. Pasada aquella hora, desaparec\u00eda de su rostro rossiniano la seriedad t\u00e9trica que en la iglesia ten\u00eda, y volv\u00eda a ser el hombre afable, locuaz y ameno de las tertulias de tienda. Almorzaba en casa de Santa Cruz o de Villuendas o de Arnaiz, y si Barbarita no ten\u00eda nada que mandarle, emprend\u00eda su tarea para <i>defender el garbanzo<\/i>, pues siempre hac\u00eda el papel de que trabajaba como un negro. Su afectada ocupaci\u00f3n en tal \u00e9poca era el corretaje de dependientes, y fing\u00eda que los colocaba mediante un estipendio. Algo hac\u00eda en verdad, mas era en gran parte pura farsa; y cuando le preguntaban si iban bien los negocios, respond\u00eda en el tono de comerciante ladino que no quiere dejar clarear sus ping\u00fces ganancias: \u00abHombre, nos vamos defendiendo; no hay queja&#8230; Este mes he colocado lo menos treinta chicos&#8230; como no hayan sido cuarenta&#8230;\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Viv\u00eda Pl\u00e1cido en la Cava de San Miguel. Su casa era una de las que forman el costado occidental de la Plaza Mayor, y como el basamento de ellas est\u00e1 mucho m\u00e1s bajo que el suelo de la Plaza, tienen una altura imponente y una estribaci\u00f3n formidable, a modo de fortaleza. El piso en que el tal viv\u00eda era cuarto por la Plaza y por la Cava s\u00e9ptimo. No existen en Madrid alturas mayores, y para vencer aquellas era forzoso apechugar con ciento veinte escalones, <i>todos de piedra<\/i>, como dec\u00eda Pl\u00e1cido con orgullo, no pudiendo ponderar otra cosa de su domicilio. El ser <i>todas de piedra<\/i>, desde la Cava hasta las bohardillas, da a las escaleras de aquellas casas un aspecto l\u00fagubre y monumental, como de castillo de leyendas, y Estupi\u00f1\u00e1 no pod\u00eda olvidar esta circunstancia que le hac\u00eda interesante en cierto modo, pues no es lo mismo subir a su casa por una escalera como las del Escorial, que subir por viles pelda\u00f1os de palo, como cada hijo de vecino.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">El orgullo de trepar por aquellas gastadas berroque\u00f1as no exclu\u00eda lo fatigoso del tr\u00e1nsito, por lo que mi amigo supo explotar sus buenas relaciones para abreviarlo. El due\u00f1o de una zapater\u00eda de la Plaza, llamado D\u00e1maso Trujillo, le permit\u00eda entrar por su tienda, cuyo r\u00f3tulo era <i>Al ramo de azucenas<\/i>. Ten\u00eda puerta para la escalera de la Cava, y usando esta puerta Pl\u00e1cido se ahorraba treinta escalones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">El domicilio del hablador era un misterio para todo el mundo, pues nadie hab\u00eda ido nunca a verle, por la sencilla raz\u00f3n de que D. Pl\u00e1cido no estaba en su casa sino cuando dorm\u00eda. Jam\u00e1s hab\u00eda tenido enfermedad que le impidiera salir durante el d\u00eda. Era el hombre m\u00e1s sano del mundo. Pero la vejez no hab\u00eda de desmentirse, y un d\u00eda de Diciembre del 69 fue notada la falta del grande hombre en los c\u00edrculos a donde sol\u00eda ir. Pronto corri\u00f3 la voz de que estaba malo, y cuantos le conoc\u00edan sintieron viv\u00edsimo inter\u00e9s por \u00e9l. Muchos dependientes de tiendas se lanzaron por aquellos escalones de piedra en busca de noticias del simp\u00e1tico enfermo, que padec\u00eda de un reuma agudo en la pierna derecha. Barbarita le mand\u00f3 en seguida su m\u00e9dico, y no satisfecha con esto, orden\u00f3 a Juanito que fuese a visitarle, lo que el Delf\u00edn hizo de muy buen grado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Y sale a relucir aqu\u00ed la visita del Delf\u00edn al anciano servidor y amigo de su casa, porque si Juanito Santa Cruz no hubiera hecho aquella visita, esta historia no se habr\u00eda escrito. Se hubiera escrito otra, eso s\u00ed, porque por do quiera que el hombre vaya lleva consigo su novela; pero esta no.<\/span><\/p>\n<p>REDACCI\u00d3N<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estupi\u00f1\u00e1 &#8211;I&#8211; En la tienda de Arnaiz, junto a la reja que da a la calle de San Crist\u00f3bal, hay actualmente tres sillas de madera curva de Viena, las cuales sucedieron hace a\u00f1os a un banco sin respaldo forrado de hule negro, y este banco tuvo por antecesor a un arc\u00f3n o caja vac\u00eda. 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