{"id":19419,"date":"2025-04-23T00:00:32","date_gmt":"2025-04-22T23:00:32","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419"},"modified":"2025-10-18T11:00:54","modified_gmt":"2025-10-18T09:00:54","slug":"don-quijote-de-la-mancha-capitulos-27-y-28-miguel-de-cervantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419","title":{"rendered":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes)"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XXVII. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">No le pareci\u00f3 mal al barbero la invenci\u00f3n del cura, sino tan bien, que luego la pusieron por obra. Pidi\u00e9ronle a la ventera una saya y unas tocas, dej\u00e1ndole en prendas una sotana nueva del cura. El barbero hizo una gran barba de una cola rucia o roja de buey, donde el ventero ten\u00eda colgado el peine. Pregunt\u00f3les la ventera que para qu\u00e9 le ped\u00edan aquellas cosas. El cura le cont\u00f3 en breves razones la locura de don Quijote, y c\u00f3mo conven\u00eda aquel disfraz para sacarle de la monta\u00f1a, donde a la saz\u00f3n estaba. Cayeron luego el ventero y la ventera en que el loco era su hu\u00e9sped, el del b\u00e1lsamo, y el amo del manteado escudero, y contaron al cura todo lo que con \u00e9l les hab\u00eda pasado, sin callar lo que tanto callaba Sancho. En resoluci\u00f3n, la ventera visti\u00f3 al cura de modo que no hab\u00eda m\u00e1s que ver: p\u00fasole una saya de pa\u00f1o, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo en ancho, todas acuchilladas, y unos corpi\u00f1os de terciopelo verde, guarnecidos con unos ribetes de raso blanco, que se debieron de hacer, ellos y la saya, en tiempo del rey Wamba. No consinti\u00f3 el cura que le tocasen, sino p\u00fasose en la cabeza un birretillo de lienzo colchado que llevaba para dormir de noche, y ci\u00f1\u00f3se por la frente una liga de tafet\u00e1n negro, y con otra liga hizo un antifaz, con que se cubri\u00f3 muy bien las barbas y el rostro; encasquet\u00f3se su sombrero, que era tan grande que le pod\u00eda servir de quitasol, y, cubri\u00e9ndose su herreruelo, subi\u00f3 en su mula a mujeriegas, y el barbero en la suya, con su barba que le llegaba a la cintura, entre roja y blanca, como aquella que, como se ha dicho, era hecha de la cola de un buey barroso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despidi\u00e9ronse de todos, y de la buena de Maritornes, que prometi\u00f3 de rezar un rosario, aunque pecadora, porque Dios les diese buen suceso en tan arduo y tan cristiano negocio como era el que hab\u00edan emprendido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mas, apenas hubo salido de la venta, cuando le vino al cura un pensamiento: que hac\u00eda mal en haberse puesto de aquella manera, por ser cosa indecente que un sacerdote se pusiese as\u00ed, aunque le fuese mucho en ello; y, dici\u00e9ndoselo al barbero, le rog\u00f3 que trocasen trajes, pues era m\u00e1s justo que \u00e9l fuese la doncella menesterosa, y que \u00e9l har\u00eda el escudero, y que as\u00ed se profanaba menos su dignidad; y que si no lo quer\u00eda hacer, determinaba de no pasar adelante, aunque a don Quijote se le llevase el diablo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esto, lleg\u00f3 Sancho, y de ver a los dos en aquel traje no pudo tener la risa. En efeto, el barbero vino en todo aquello que el cura quiso, y, trocando la invenci\u00f3n, el cura le fue informando el modo que hab\u00eda de tener y las palabras que hab\u00eda de decir a don Quijote para moverle y forzarle a que con \u00e9l se viniese, y dejase la querencia del lugar que hab\u00eda escogido para su vana penitencia. El barbero respondi\u00f3 que, sin que se le diese lici\u00f3n, \u00e9l lo pondr\u00eda bien en su punto. No quiso vestirse por entonces, hasta que estuviesen junto de donde don Quijote estaba; y as\u00ed, dobl\u00f3 sus vestidos, y el cura acomod\u00f3 su barba, y siguieron su camino, gui\u00e1ndolos Sancho Panza; el cual les fue contando lo que les aconteci\u00f3 con el loco que hallaron en la sierra, encubriendo, empero, el hallazgo de la maleta y de cuanto en ella ven\u00eda; que, maguer que tonto, era un poco codicioso el mancebo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro d\u00eda llegaron al lugar donde Sancho hab\u00eda dejado puestas las se\u00f1ales de las ramas para acertar el lugar donde hab\u00eda dejado a su se\u00f1or; y, en reconoci\u00e9ndole, les dijo como aqu\u00e9lla era la entrada, y que bien se pod\u00edan vestir, si era que aquello hac\u00eda al caso para la libertad de su se\u00f1or; porque ellos le hab\u00edan dicho antes que el ir de aquella suerte y vestirse de aquel modo era toda la importancia para sacar a su amo de aquella mala vida que hab\u00eda escogido, y que le encargaban mucho que no dijese a su amo quien ellos eran, ni que los conoc\u00eda; y que si le preguntase, como se lo hab\u00eda de preguntar, si dio la carta a Dulcinea, dijese que s\u00ed, y que, por no saber leer, le hab\u00eda respondido de palabra, dici\u00e9ndole que le mandaba, so pena de la su desgracia, que luego al momento se viniese a ver con ella, que era cosa que le importaba mucho; porque con esto y con lo que ellos pensaban decirle ten\u00edan por cosa cierta reducirle a mejor vida, y hacer con \u00e9l que luego se pusiese en camino para ir a ser emperador o monarca; que en lo de ser arzobispo no hab\u00eda de qu\u00e9 temer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo lo escuch\u00f3 Sancho, y lo tom\u00f3 muy bien en la memoria, y les agradeci\u00f3 mucho la intenci\u00f3n que ten\u00edan de aconsejar a su se\u00f1or fuese emperador y no arzobispo, porque \u00e9l ten\u00eda para s\u00ed que, para hacer mercedes a sus escuderos, m\u00e1s pod\u00edan los emperadores que los arzobispos andantes. Tambi\u00e9n les dijo que ser\u00eda bien que \u00e9l fuese delante a buscarle y darle la respuesta de su se\u00f1ora, que ya ser\u00eda ella bastante a sacarle de aquel lugar, sin que ellos se pusiesen en tanto trabajo. Pareci\u00f3les bien lo que Sancho Panza dec\u00eda, y as\u00ed, determinaron de aguardarle hasta que volviese con las nuevas del hallazgo de su amo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entr\u00f3se Sancho por aquellas quebradas de la sierra, dejando a los dos en una por donde corr\u00eda un peque\u00f1o y manso arroyo, a quien hac\u00edan sombra agradable y fresca otras pe\u00f1as y algunos \u00e1rboles que por all\u00ed estaban. El calor, y el d\u00eda que all\u00ed llegaron, era de los del mes de agosto, que por aquellas partes suele ser el ardor muy grande; la hora, las tres de la tarde: todo lo cual hac\u00eda al sitio m\u00e1s agradable, y que convidase a que en \u00e9l esperasen la vuelta de Sancho, como lo hicieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estando, pues, los dos all\u00ed, sosegados y a la sombra, lleg\u00f3 a sus o\u00eddos una voz que, sin acompa\u00f1arla son de alg\u00fan otro instrumento, dulce y regaladamente sonaba, de que no poco se admiraron, por parecerles que aqu\u00e9l no era lugar donde pudiese haber quien tan bien cantase. Porque, aunque suele decirse que por las selvas y campos se hallan pastores de voces estremadas, m\u00e1s son encarecimientos de poetas que verdades; y m\u00e1s, cuando advirtieron que lo que o\u00edan cantar eran versos, no de r\u00fasticos ganaderos, sino de discretos cortesanos. Y confirm\u00f3 esta verdad haber sido los versos que oyeron \u00e9stos:<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\">\u00bfQui\u00e9n menoscaba mis bienes?<br \/>\nDesdenes.<br \/>\nY \u00bfqui\u00e9n aumenta mis duelos?<br \/>\nLos celos.<br \/>\nY \u00bfqui\u00e9n prueba mi paciencia?<br \/>\nAusencia.<br \/>\nDe ese modo, en mi dolencia<br \/>\nning\u00fan remedio se alcanza,<br \/>\npues me matan la esperanza<br \/>\ndesdenes, celos y ausencia.<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n me causa este dolor?<br \/>\nAmor.<br \/>\nY \u00bfqui\u00e9n mi gloria repugna?<br \/>\nFortuna.<br \/>\nY \u00bfqui\u00e9n consiente en mi duelo?<br \/>\nEl cielo<br \/>\nDe ese modo, yo recelo<br \/>\nmorir deste mal estra\u00f1o,<br \/>\npues se aumentan en mi da\u00f1o,<br \/>\namor, fortuna y el cielo.<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n mejorar\u00e1 mi suerte?<br \/>\nLa muerte.<br \/>\nY el bien de amor, \u00bfqui\u00e9n le alcanza?<br \/>\nMudanza.<br \/>\nY sus males, \u00bfqui\u00e9n los cura?<br \/>\nLocura.<br \/>\nDe ese modo, no es cordura<br \/>\nquerer curar la pasi\u00f3n<br \/>\ncuando los remedios son<br \/>\nmuerte, mudanza y locura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hora, el tiempo, la soledad, la voz y la destreza del que cantaba caus\u00f3 admiraci\u00f3n y contento en los dos oyentes, los cuales se estuvieron quedos, esperando si otra alguna cosa o\u00edan; pero, viendo que duraba alg\u00fan tanto el silencio, determinaron de salir a buscar el m\u00fasico que con tan buena voz cantaba. Y, queri\u00e9ndolo poner en efeto, hizo la mesma voz que no se moviesen, la cual lleg\u00f3 de nuevo a sus o\u00eddos, cantando este soneto:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soneto<\/p>\n<p class=\"verse\" style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\">Santa amistad, que con ligeras alas,<br \/>\ntu apariencia qued\u00e1ndose en el suelo,<br \/>\nentre benditas almas, en el cielo,<br \/>\nsubiste alegre a las imp\u00edreas salas,<br \/>\ndesde all\u00e1, cuando quieres, nos se\u00f1alas<br \/>\nla justa paz cubierta con un velo,<br \/>\npor quien a veces se trasluce el celo<br \/>\nde buenas obras que, a la fin, son malas.<br \/>\nDeja el cielo, \u00a1oh amistad!, o no permitas<br \/>\nque el enga\u00f1o se vista tu librea,<br \/>\ncon que destruye a la intenci\u00f3n sincera;<br \/>\nque si tus apariencias no le quitas,<br \/>\npresto ha de verse el mundo en la pelea<br \/>\nde la discorde confusi\u00f3n primera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El canto se acab\u00f3 con un profundo suspiro, y los dos, con atenci\u00f3n, volvieron a esperar si m\u00e1s se cantaba; pero, viendo que la m\u00fasica se hab\u00eda vuelto en sollozos y en lastimeros ayes, acordaron de saber qui\u00e9n era el triste, tan estremado en la voz como doloroso en los gemidos; y no anduvieron mucho, cuando, al volver de una punta de una pe\u00f1a, vieron a un hombre del mismo talle y figura que Sancho Panza les hab\u00eda pintado cuando les cont\u00f3 el cuento de Cardenio; el cual hombre, cuando los vio, sin sobresaltarse, estuvo quedo, con la cabeza inclinada sobre el pecho a guisa de hombre pensativo, sin alzar los ojos a mirarlos m\u00e1s de la vez primera, cuando de improviso llegaron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cura, que era hombre bien hablado (como el que ya ten\u00eda noticia de su desgracia, pues por las se\u00f1as le hab\u00eda conocido), se lleg\u00f3 a \u00e9l, y con breves aunque muy discretas razones le rog\u00f3 y persuadi\u00f3 que aquella tan miserable vida dejase, porque all\u00ed no la perdiese, que era la desdicha mayor de las desdichas. Estaba Cardenio entonces en su entero juicio, libre de aquel furioso accidente que tan a menudo le sacaba de s\u00ed mismo; y as\u00ed, viendo a los dos en traje tan no usado de los que por aquellas soledades andaban, no dej\u00f3 de admirarse alg\u00fan tanto, y m\u00e1s cuando oy\u00f3 que le hab\u00edan hablado en su negocio como en cosa sabida \u2014porque las razones que el cura le dijo as\u00ed lo dieron a entender\u2014; y as\u00ed, respondi\u00f3 desta manera: \u2014 Bien veo yo, se\u00f1ores, quienquiera que se\u00e1is, que el cielo, que tiene cuidado de socorrer a los buenos, y aun a los malos muchas veces, sin yo merecerlo, me env\u00eda, en estos tan remotos y apartados lugares del trato com\u00fan de las gentes, algunas personas que, poni\u00e9ndome delante de los ojos con vivas y varias razones cu\u00e1n sin ella ando en hacer la vida que hago, han procurado sacarme d\u00e9sta a mejor parte; pero, como no saben que s\u00e9 yo que en saliendo deste da\u00f1o he de caer en otro mayor, quiz\u00e1 me deben de tener por hombre de flacos discursos, y aun, lo que peor ser\u00eda, por de ning\u00fan juicio. Y no ser\u00eda maravilla que as\u00ed fuese, porque a m\u00ed se me trasluce que la fuerza de la imaginaci\u00f3n de mis desgracias es tan intensa y puede tanto en mi perdici\u00f3n que, sin que yo pueda ser parte a estobarlo, vengo a quedar como piedra, falto de todo buen sentido y conocimiento; y vengo a caer en la cuenta desta verdad, cuando algunos me dicen y muestran se\u00f1ales de las cosas que he hecho en tanto que aquel terrible accidente me se\u00f1orea, y no s\u00e9 m\u00e1s que dolerme en vano y maldecir sin provecho mi ventura, y dar por disculpa de mis locuras el decir la causa dellas a cuantos o\u00edrla quieren; porque, viendo los cuerdos cu\u00e1l es la causa, no se maravillar\u00e1n de los efetos, y si no me dieren remedio, a lo menos no me dar\u00e1n culpa, convirti\u00e9ndoseles el enojo de mi desenvoltura en l\u00e1stima de mis desgracias. Y si es que vosotros, se\u00f1ores, ven\u00eds con la mesma intenci\u00f3n que otros han venido, antes que pas\u00e9is adelante en vuestras discretas persuasiones, os ruego que escuch\u00e9is el cuento, que no le tiene, de mis desventuras; porque quiz\u00e1, despu\u00e9s de entendido, ahorrar\u00e9is del trabajo que tomar\u00e9is en consolar un mal que de todo consuelo es incapaz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dos, que no deseaban otra cosa que saber de su mesma boca la causa de su da\u00f1o, le rogaron se la contase, ofreci\u00e9ndole de no hacer otra cosa de la que \u00e9l quisiese, en su remedio o consuelo; y con esto, el triste caballero comenz\u00f3 su lastimera historia, casi por las mesmas palabras y pasos que la hab\u00eda contado a don Quijote y al cabrero pocos d\u00edas atr\u00e1s, cuando, por ocasi\u00f3n del maestro Elisabat y puntualidad de don Quijote en guardar el decoro a la caballer\u00eda, se qued\u00f3 el cuento imperfeto, como la historia lo deja contado. Pero ahora quiso la buena suerte que se detuvo el accidente de la locura y le dio lugar de contarlo hasta el fin; y as\u00ed, llegando al paso del billete que hab\u00eda hallado don Fernando entre el libro de Amad\u00eds de Gaula, dijo Cardenio que le ten\u00eda bien en la memoria, y que dec\u00eda desta manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLuscinda a Cardenio<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada d\u00eda descubro en vos valores que me obligan y fuerzan a que en m\u00e1s os estime; y as\u00ed, si quisi\u00e9redes sacarme desta deuda sin ejecutarme en la honra, lo podr\u00e9is muy bien hacer. Padre tengo, que os conoce y que me quiere bien, el cual, sin forzar mi voluntad, cumplir\u00e1 la que ser\u00e1 justo que vos teng\u00e1is, si es que me estim\u00e1is como dec\u00eds y como yo creo. \u2014 \u00bbPor este billete me mov\u00ed a pedir a Luscinda por esposa, como ya os he contado, y \u00e9ste fue por quien qued\u00f3 Luscinda en la opini\u00f3n de don Fernando por una de las m\u00e1s discretas y avisadas mujeres de su tiempo; y este billete fue el que le puso en deseo de destruirme, antes que el m\u00edo se efetuase. D\u00edjele yo a don Fernando en lo que reparaba el padre de Luscinda, que era en que mi padre se la pidiese, lo cual yo no le osaba decir, temeroso que no vendr\u00eda en ello, no porque no tuviese bien conocida la calidad, bondad, virtud y hermosura de Luscinda, y que ten\u00eda partes bastantes para enoblecer cualquier otro linaje de Espa\u00f1a, sino porque yo entend\u00eda d\u00e9l que deseaba que no me casase tan presto, hasta ver lo que el duque Ricardo hac\u00eda conmigo. En resoluci\u00f3n, le dije que no me aventuraba a dec\u00edrselo a mi padre, as\u00ed por aquel inconveniente como por otros muchos que me acobardaban, sin saber cu\u00e1les eran, sino que me parec\u00eda que lo que yo desease jam\u00e1s hab\u00eda de tener efeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbA todo esto me respondi\u00f3 don Fernando que \u00e9l se encargaba de hablar a mi padre y hacer con \u00e9l que hablase al de Luscinda. \u00a1Oh Mario ambicioso, oh Catilina cruel, oh Sila facinoroso, oh Galal\u00f3n embustero, oh Vellido traidor, oh Juli\u00e1n vengativo, oh Judas codicioso! Traidor, cruel, vengativo y embustero, \u00bfqu\u00e9 deservicios te hab\u00eda hecho este triste, que con tanta llaneza te descubri\u00f3 los secretos y contentos de su coraz\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 ofensa te hice? \u00bfQu\u00e9 palabras te dije, o qu\u00e9 consejos te di, que no fuesen todos encaminados a acrecentar tu honra y tu provecho? Mas, \u00bfde qu\u00e9 me quejo?, \u00a1desventurado de m\u00ed!, pues es cosa cierta que cuando traen las desgracias la corriente de las estrellas, como vienen de alto a bajo, despe\u00f1\u00e1ndose con furor y con violencia, no hay fuerza en la tierra que las detenga, ni industria humana que prevenirlas pueda. \u00bfQui\u00e9n pudiera imaginar que don Fernando, caballero ilustre, discreto, obligado de mis servicios, poderoso para alcanzar lo que el deseo amoroso le pidiese dondequiera que le ocupase, se hab\u00eda de enconar, como suele decirse, en tomarme a m\u00ed una sola oveja, que a\u00fan no pose\u00eda? Pero qu\u00e9dense estas consideraciones aparte, como in\u00fatiles y sin provecho, y a\u00f1udemos el roto hilo de mi desdichada historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbDigo, pues, que, pareci\u00e9ndole a don Fernando que mi presencia le era inconveniente para poner en ejecuci\u00f3n su falso y mal pensamiento, determin\u00f3 de enviarme a su hermano mayor, con ocasi\u00f3n de pedirle unos dineros para pagar seis caballos, que de industria, y s\u00f3lo para este efeto de que me ausentase (para poder mejor salir con su da\u00f1ado intento), el mesmo d\u00eda que se ofreci\u00f3 hablar a mi padre los compr\u00f3, y quiso que yo viniese por el dinero. \u00bfPude yo prevenir esta traici\u00f3n? \u00bfPude, por ventura, caer en imaginarla? No, por cierto; antes, con grand\u00edsimo gusto, me ofrec\u00ed a partir luego, contento de la buena compra hecha. Aquella noche habl\u00e9 con Luscinda, y le dije lo que con don Fernando quedaba concertado, y que tuviese firme esperanza de que tendr\u00edan efeto nuestros buenos y justos deseos. Ella me dijo, tan segura como yo de la traici\u00f3n de don Fernando, que procurase volver presto, porque cre\u00eda que no tardar\u00eda m\u00e1s la conclusi\u00f3n de nuestras voluntades que tardase mi padre de hablar al suyo. No s\u00e9 qu\u00e9 se fue, que, en acabando de decirme esto, se le llenaron los ojos de l\u00e1grimas y un nudo se le atraves\u00f3 en la garganta, que no le dejaba hablar palabra de otras muchas que me pareci\u00f3 que procuraba decirme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbQued\u00e9 admirado deste nuevo accidente, hasta all\u00ed jam\u00e1s en ella visto, porque siempre nos habl\u00e1bamos, las veces que la buena fortuna y mi diligencia lo conced\u00eda, con todo regocijo y contento, sin mezclar en nuestras pl\u00e1ticas l\u00e1grimas, suspiros, celos, sospechas o temores. Todo era engrandecer yo mi ventura, por hab\u00e9rmela dado el cielo por se\u00f1ora: exageraba su belleza, admir\u00e1bame de su valor y entendimiento. Volv\u00edame ella el recambio, alabando en m\u00ed lo que, como enamorada, le parec\u00eda digno de alabanza. Con esto, nos cont\u00e1bamos cien mil ni\u00f1er\u00edas y acaecimientos de nuestros vecinos y conocidos, y a lo que m\u00e1s se entend\u00eda mi desenvoltura era a tomarle, casi por fuerza, una de sus bellas y blancas manos, y llegarla a mi boca, seg\u00fan daba lugar la estrecheza de una baja reja que nos divid\u00eda. Pero la noche que precedi\u00f3 al triste d\u00eda de mi partida, ella llor\u00f3, gimi\u00f3 y suspir\u00f3, y se fue, y me dej\u00f3 lleno de confusi\u00f3n y sobresalto, espantado de haber visto tan nuevas y tan tristes muestras de dolor y sentimiento en Luscinda. Pero, por no destruir mis esperanzas, todo lo atribu\u00ed a la fuerza del amor que me ten\u00eda y al dolor que suele causar la ausencia en los que bien se quieren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn fin, yo me part\u00ed triste y pensativo, llena el alma de imaginaciones y sospechas, sin saber lo que sospechaba ni imaginaba: claros indicios que me mostraban el triste suceso y desventura que me estaba guardada. Llegu\u00e9 al lugar donde era enviado. Di las cartas al hermano de don Fernando. Fui bien recebido, pero no bien despachado, porque me mand\u00f3 aguardar, bien a mi disgusto, ocho d\u00edas, y en parte donde el duque, su padre, no me viese, porque su hermano le escrib\u00eda que le enviase cierto dinero sin su sabidur\u00eda. Y todo fue invenci\u00f3n del falso don Fernando, pues no le faltaban a su hermano dineros para despacharme luego. Orden y mandato fue \u00e9ste que me puso en condici\u00f3n de no obedecerle, por parecerme imposible sustentar tantos d\u00edas la vida en el ausencia de Luscinda, y m\u00e1s, habi\u00e9ndola dejado con la tristeza que os he contado; pero, con todo esto, obedec\u00ed, como buen criado, aunque ve\u00eda que hab\u00eda de ser a costa de mi salud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbPero, a los cuatro d\u00edas que all\u00ed llegu\u00e9, lleg\u00f3 un hombre en mi busca con una carta, que me dio, que en el sobrescrito conoc\u00ed ser de Luscinda, porque la letra d\u00e9l era suya. Abr\u00edla, temeroso y con sobresalto, creyendo que cosa grande deb\u00eda de ser la que la hab\u00eda movido a escribirme estando ausente, pues presente pocas veces lo hac\u00eda. Pregunt\u00e9le al hombre, antes de leerla, qui\u00e9n se la hab\u00eda dado y el tiempo que hab\u00eda tardado en el camino. D\u00edjome que acaso, pasando por una calle de la ciudad a la hora de medio d\u00eda, una se\u00f1ora muy hermosa le llam\u00f3 desde una ventana, los ojos llenos de l\u00e1grimas, y que con mucha priesa le dijo: \u00bbHermano: si sois cristiano, como parec\u00e9is, por amor de Dios os ruego que encamin\u00e9is luego luego esta carta al lugar y a la persona que dice el sobrescrito, que todo es bien conocido, y en ello har\u00e9is un gran servicio a nuestro Se\u00f1or; y, para que no os falte comodidad de poderlo hacer, tomad lo que va en este pa\u00f1uelo\u00bb. \u00bbY, diciendo esto, me arroj\u00f3 por la ventana un pa\u00f1uelo, donde ven\u00edan atados cien reales y esta sortija de oro que aqu\u00ed traigo, con esa carta que os he dado. Y luego, sin aguardar respuesta m\u00eda, se quit\u00f3 de la ventana; aunque primero vio c\u00f3mo yo tom\u00e9 la carta y el pa\u00f1uelo, y, por se\u00f1as, le dije que har\u00eda lo que me mandaba. Y as\u00ed, vi\u00e9ndome tan bien pagado del trabajo que pod\u00eda tomar en tra\u00e9rosla y conociendo por el sobrescrito que \u00e9rades vos a quien se enviaba, porque yo, se\u00f1or, os conozco muy bien, y obligado asimesmo de las l\u00e1grimas de aquella hermosa se\u00f1ora, determin\u00e9 de no fiarme de otra persona, sino venir yo mesmo a d\u00e1rosla; y en diez y seis horas que ha que se me dio, he hecho el camino, que sab\u00e9is que es de diez y ocho leguas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn tanto que el agradecido y nuevo correo esto me dec\u00eda, estaba yo colgado de sus palabras, tembl\u00e1ndome las piernas de manera que apenas pod\u00eda sostenerme. En efeto, abr\u00ed la carta y vi que conten\u00eda estas razones: La palabra que don Fernando os dio de hablar a vuestro padre para que hablase al m\u00edo, la ha cumplido m\u00e1s en su gusto que en vuestro provecho. Sabed, se\u00f1or, que \u00e9l me ha pedido por esposa, y mi padre, llevado de la ventaja que \u00e9l piensa que don Fernando os hace, ha venido en lo que quiere, con tantas veras que de aqu\u00ed a dos d\u00edas se ha de hacer el desposorio, tan secreto y tan a solas, que s\u00f3lo han de ser testigos los cielos y alguna gente de casa. Cual yo quedo, imaginaldo; si os cumple venir, veldo; y si os quiero bien o no, el suceso deste negocio os lo dar\u00e1 a entender. A Dios plega que \u00e9sta llegue a vuestras manos antes que la m\u00eda se vea en condici\u00f3n de juntarse con la de quien tan mal sabe guardar la fe que promete. \u00bb\u00c9stas, en suma, fueron las razones que la carta conten\u00eda y las que me hicieron poner luego en camino, sin esperar otra respuesta ni otros dineros; que bien claro conoc\u00ed entonces que no la compra de los caballos, sino la de su gusto, hab\u00eda movido a don Fernando a enviarme a su hermano. El enojo que contra don Fernando conceb\u00ed, junto con el temor de perder la prenda que con tantos a\u00f1os de servicios y deseos ten\u00eda granjeada, me pusieron alas, pues, casi como en vuelo, otro d\u00eda me puse en mi lugar, al punto y hora que conven\u00eda para ir a hablar a Luscinda. Entr\u00e9 secreto, y dej\u00e9 una mula en que ven\u00eda en casa del buen hombre que me hab\u00eda llevado la carta; y quiso la suerte que entonces la tuviese tan buena que hall\u00e9 a Luscinda puesta a la reja, testigo de nuestros amores. Conoci\u00f3me Luscinda luego, y conoc\u00edla yo; mas no como deb\u00eda ella conocerme y yo conocerla. Pero, \u00bfqui\u00e9n hay en el mundo que se pueda alabar que ha penetrado y sabido el confuso pensamiento y condici\u00f3n mudable de una mujer? Ninguno, por cierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbDigo, pues, que, as\u00ed como Luscinda me vio, me dijo: \u00bbCardenio, de boda estoy vestida; ya me est\u00e1n aguardando en la sala don Fernando el traidor y mi padre el codicioso, con otros testigos, que antes lo ser\u00e1n de mi muerte que de mi desposorio. No te turbes, amigo, sino procura hallarte presente a este sacrificio, el cual si no pudiere ser estorbado de mis razones, una daga llevo escondida que podr\u00e1 estorbar m\u00e1s determinadas fuerzas, dando fin a mi vida y principio a que conozcas la voluntad que te he tenido y tengo\u00bb. Yo le respond\u00ed turbado y apriesa, temeroso no me faltase lugar para responderla: \u00bbHagan, se\u00f1ora, tus obras verdaderas tus palabras; que si t\u00fa llevas daga para acreditarte, aqu\u00ed llevo yo espada para defenderte con ella o para matarme si la suerte nos fuere contraria\u00bb. No creo que pudo o\u00edr todas estas razones, porque sent\u00ed que la llamaban apriesa, porque el desposado aguardaba. Cerr\u00f3se con esto la noche de mi tristeza, p\u00fasoseme el sol de mi alegr\u00eda: qued\u00e9 sin luz en los ojos y sin discurso en el entendimiento. No acertaba a entrar en su casa, ni pod\u00eda moverme a parte alguna; pero, considerando cu\u00e1nto importaba mi presencia para lo que suceder pudiese en aquel caso, me anim\u00e9 lo m\u00e1s que pude y entr\u00e9 en su casa. Y, como ya sab\u00eda muy bien todas sus entradas y salidas, y m\u00e1s con el alboroto que de secreto en ella andaba, nadie me ech\u00f3 de ver. As\u00ed que, sin ser visto, tuve lugar de ponerme en el hueco que hac\u00eda una ventana de la mesma sala, que con las puntas y remates de dos tapices se cubr\u00eda, por entre las cuales pod\u00eda yo ver, sin ser visto, todo cuanto en la sala se hac\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bb\u00bfQui\u00e9n pudiera decir ahora los sobresaltos que me dio el coraz\u00f3n mientras all\u00ed estuve, los pensamientos que me ocurrieron, las consideraciones que hice?, que fueron tantas y tales, que ni se pueden decir ni aun es bien que se digan. Basta que sep\u00e1is que el desposado entr\u00f3 en la sala sin otro adorno que los mesmos vestidos ordinarios que sol\u00eda. Tra\u00eda por padrino a un primo hermano de Luscinda, y en toda la sala no hab\u00eda persona de fuera, sino los criados de casa. De all\u00ed a un poco, sali\u00f3 de una rec\u00e1mara Luscinda, acompa\u00f1ada de su madre y de dos doncellas suyas, tan bien aderezada y compuesta como su calidad y hermosura merec\u00edan, y como quien era la perfeci\u00f3n de la gala y bizarr\u00eda cortesana. No me dio lugar mi suspensi\u00f3n y arrobamiento para que mirase y notase en particular lo que tra\u00eda vestido; s\u00f3lo pude advertir a las colores, que eran encarnado y blanco, y en las vislumbres que las piedras y joyas del tocado y de todo el vestido hac\u00edan, a todo lo cual se aventajaba la belleza singular de sus hermosos y rubios cabellos; tales que, en competencia de las preciosas piedras y de las luces de cuatro hachas que en la sala estaban, la suya con m\u00e1s resplandor a los ojos ofrec\u00edan. \u00a1Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso! \u00bfDe qu\u00e9 sirve representarme ahora la incomparable belleza de aquella adorada enemiga m\u00eda? \u00bfNo ser\u00e1 mejor, cruel memoria, que me acuerdes y representes lo que entonces hizo, para que, movido de tan manifiesto agravio, procure, ya que no la venganza, a lo menos perder la vida?\u00bb No os cans\u00e9is, se\u00f1ores, de o\u00edr estas digresiones que hago; que no es mi pena de aquellas que puedan ni deban contarse sucintamente y de paso, pues cada circunstancia suya me parece a m\u00ed que es digna de un largo discurso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A esto le respondi\u00f3 el cura que no s\u00f3lo no se cansaban en o\u00edrle, sino que les daba mucho gusto las menudencias que contaba, por ser tales, que merec\u00edan no pasarse en silencio, y la mesma atenci\u00f3n que lo principal del cuento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abDigo, pues \u2014prosigui\u00f3 Cardenio\u2014, que, estando todos en la sala, entr\u00f3 el cura de la perroquia, y, tomando a los dos por la mano para hacer lo que en tal acto se requiere, al decir: \u00bb\u00bfQuer\u00e9is, se\u00f1ora Luscinda, al se\u00f1or don Fernando, que est\u00e1 presente, por vuestro leg\u00edtimo esposo, como lo manda la Santa Madre Iglesia?\u00bb, yo saqu\u00e9 toda la cabeza y cuello de entre los tapices, y con atent\u00edsimos o\u00eddos y alma turbada me puse a escuchar lo que Luscinda respond\u00eda, esperando de su respuesta la sentencia de mi muerte o la confirmaci\u00f3n de mi vida. \u00a1Oh, qui\u00e9n se atreviera a salir entonces, diciendo a voces!: \u00bb\u00a1Ah Luscinda, Luscinda, mira lo que haces, considera lo que me debes, mira que eres m\u00eda y que no puedes ser de otro! Advierte que el decir t\u00fa s\u00ed y el acab\u00e1rseme la vida ha de ser todo a un punto. \u00a1Ah traidor don Fernando, robador de mi gloria, muerte de mi vida! \u00bfQu\u00e9 quieres? \u00bfQu\u00e9 pretendes? Considera que no puedes cristianamente llegar al fin de tus deseos, porque Luscinda es mi esposa y yo soy su marido\u00bb. \u00a1Ah, loco de m\u00ed, ahora que estoy ausente y lejos del peligro, digo que hab\u00eda de hacer lo que no hice! \u00a1Ahora que dej\u00e9 robar mi cara prenda, maldigo al robador, de quien pudiera vengarme si tuviera coraz\u00f3n para ello como le tengo para quejarme! En fin, pues fui entonces cobarde y necio, no es mucho que muera ahora corrido, arrepentido y loco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEstaba esperando el cura la respuesta de Luscinda, que se detuvo un buen espacio en darla, y, cuando yo pens\u00e9 que sacaba la daga para acreditarse, o desataba la lengua para decir alguna verdad o desenga\u00f1o que en mi provecho redundase, oigo que dijo con voz desmayada y flaca: \u00bbS\u00ed quiero\u00bb; y lo mesmo dijo don Fernando; y, d\u00e1ndole el anillo, quedaron en disoluble nudo ligados. Lleg\u00f3 el desposado a abrazar a su esposa, y ella, poni\u00e9ndose la mano sobre el coraz\u00f3n, cay\u00f3 desmayada en los brazos de su madre. Resta ahora decir cu\u00e1l qued\u00e9 yo viendo, en el s\u00ed que hab\u00eda o\u00eddo, burladas mis esperanzas, falsas las palabras y promesas de Luscinda: imposibilitado de cobrar en alg\u00fan tiempo el bien que en aquel instante hab\u00eda perdido. Qued\u00e9 falto de consejo, desamparado, a mi parecer, de todo el cielo, hecho enemigo de la tierra que me sustentaba, neg\u00e1ndome el aire aliento para mis suspiros y el agua humor para mis ojos; s\u00f3lo el fuego se acrecent\u00f3 de manera que todo ard\u00eda de rabia y de celos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbAlborot\u00e1ronse todos con el desmayo de Luscinda, y, desabroch\u00e1ndole su madre el pecho para que le diese el aire, se descubri\u00f3 en \u00e9l un papel cerrado, que don Fernando tom\u00f3 luego y se le puso a leer a la luz de una de las hachas; y, en acabando de leerle, se sent\u00f3 en una silla y se puso la mano en la mejilla, con muestras de hombre muy pensativo, sin acudir a los remedios que a su esposa se hac\u00edan para que del desmayo volviese. Yo, viendo alborotada toda la gente de casa, me aventur\u00e9 a salir, ora fuese visto o no, con determinaci\u00f3n que si me viesen, de hacer un desatino tal, que todo el mundo viniera a entender la justa indignaci\u00f3n de mi pecho en el castigo del falso don Fernando, y aun en el mudable de la desmayada traidora. Pero mi suerte, que para mayores males, si es posible que los haya, me debe tener guardado, orden\u00f3 que en aquel punto me sobrase el entendimiento que despu\u00e9s ac\u00e1 me ha faltado; y as\u00ed, sin querer tomar venganza de mis mayores enemigos (que, por estar tan sin pensamiento m\u00edo, fuera f\u00e1cil tomarla), quise tomarla de mi mano y ejecutar en m\u00ed la pena que ellos merec\u00edan; y aun quiz\u00e1 con m\u00e1s rigor del que con ellos se usara si entonces les diera muerte, pues la que se recibe repentina presto acaba la pena; mas la que se dilata con tormentos siempre mata, sin acabar la vida. \u00bbEn fin, yo sal\u00ed de aquella casa y vine a la de aqu\u00e9l donde hab\u00eda dejado la mula; hice que me la ensillase, sin despedirme d\u00e9l sub\u00ed en ella, y sal\u00ed de la ciudad, sin osar, como otro Lot, volver el rostro a miralla; y cuando me vi en el campo solo, y que la escuridad de la noche me encubr\u00eda y su silencio convidaba a quejarme, sin respeto o miedo de ser escuchado ni conocido, solt\u00e9 la voz y desat\u00e9 la lengua en tantas maldiciones de Luscinda y de don Fernando, como si con ellas satisficiera el agravio que me hab\u00edan hecho. Dile t\u00edtulos de cruel, de ingrata, de falsa y desagradecida; pero, sobre todos, de codiciosa, pues la riqueza de mi enemigo la hab\u00eda cerrado los ojos de la voluntad, para quit\u00e1rmela a m\u00ed y entregarla a aqu\u00e9l con quien m\u00e1s liberal y franca la fortuna se hab\u00eda mostrado; y, en mitad de la fuga destas maldiciones y vituperios, la desculpaba, diciendo que no era mucho que una doncella recogida en casa de sus padres, hecha y acostumbrada siempre a obedecerlos, hubiese querido condecender con su gusto, pues le daban por esposo a un caballero tan principal, tan rico y tan gentil hombre que, a no querer recebirle, se pod\u00eda pensar, o que no ten\u00eda juicio, o que en otra parte ten\u00eda la voluntad: cosa que redundaba tan en perjuicio de su buena opini\u00f3n y fama. Luego volv\u00eda diciendo que, puesto que ella dijera que yo era su esposo, vieran ellos que no hab\u00eda hecho en escogerme tan mala elecci\u00f3n, que no la disculparan, pues antes de ofrec\u00e9rseles don Fernando no pudieran ellos mesmos acertar a desear, si con raz\u00f3n midiesen su deseo, otro mejor que yo para esposo de su hija; y que bien pudiera ella, antes de ponerse en el trance forzoso y \u00faltimo de dar la mano, decir que ya yo le hab\u00eda dado la m\u00eda; que yo viniera y concediera con todo cuanto ella acertara a fingir en este caso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEn fin, me resolv\u00ed en que poco amor, poco juicio, mucha ambici\u00f3n y deseos de grandezas hicieron que se olvidase de las palabras con que me hab\u00eda enga\u00f1ado, entretenido y sustentado en mis firmes esperanzas y honestos deseos. Con estas voces y con esta inquietud camin\u00e9 lo que quedaba de aquella noche, y di al amanecer en una entrada destas sierras, por las cuales camin\u00e9 otros tres d\u00edas, sin senda ni camino alguno, hasta que vine a parar a unos prados, que no s\u00e9 a qu\u00e9 mano destas monta\u00f1as caen, y all\u00ed pregunt\u00e9 a unos ganaderos que hacia d\u00f3nde era lo m\u00e1s \u00e1spero destas sierras. Dij\u00e9ronme que hacia esta parte. Luego me encamin\u00e9 a ella, con intenci\u00f3n de acabar aqu\u00ed la vida, y, en entrando por estas asperezas, del cansancio y de la hambre se cay\u00f3 mi mula muerta, o, lo que yo m\u00e1s creo, por desechar de s\u00ed tan in\u00fatil carga como en m\u00ed llevaba. Yo qued\u00e9 a pie, rendido de la naturaleza, traspasado de hambre, sin tener, ni pensar buscar, quien me socorriese.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbDe aquella manera estuve no s\u00e9 qu\u00e9 tiempo, tendido en el suelo, al cabo del cual me levant\u00e9 sin hambre, y hall\u00e9 junto a m\u00ed a unos cabreros, que, sin duda, debieron ser los que mi necesidad remediaron, porque ellos me dijeron de la manera que me hab\u00edan hallado, y c\u00f3mo estaba diciendo tantos disparates y desatinos, que daba indicios claros de haber perdido el juicio; y yo he sentido en m\u00ed, despu\u00e9s ac\u00e1, que no todas veces le tengo cabal, sino tan desmedrado y flaco que hago mil locuras, rasg\u00e1ndome los vestidos, dando voces por estas soledades, maldiciendo mi ventura y repitiendo en vano el nombre amado de mi enemiga, sin tener otro discurso ni intento entonces que procurar acabar la vida voceando; y cuando en m\u00ed vuelvo, me hallo tan cansado y molido, que apenas puedo moverme. Mi m\u00e1s com\u00fan habitaci\u00f3n es en el hueco de un alcornoque, capaz de cubrir este miserable cuerpo. Los vaqueros y cabreros que andan por estas monta\u00f1as, movidos de caridad, me sustentan, poni\u00e9ndome el manjar por los caminos y por las pe\u00f1as por donde entienden que acaso podr\u00e9 pasar y hallarlo; y as\u00ed, aunque entonces me falte el juicio, la necesidad natural me da a conocer el mantenimiento, y despierta en m\u00ed el deseo de apetecerlo y la voluntad de tomarlo. Otras veces me dicen ellos, cuando me encuentran con juicio, que yo salgo a los caminos y que se lo quito por fuerza, aunque me lo den de grado, a los pastores que vienen con ello del lugar a las majadas. \u00bbDesta manera paso mi miserable y estrema vida, hasta que el cielo sea servido de conducirle a su \u00faltimo fin, o de ponerle en mi memoria, para que no me acuerde de la hermosura y de la traici\u00f3n de Luscinda y del agravio de don Fernando; que si esto \u00e9l hace sin quitarme la vida, yo volver\u00e9 a mejor discurso mis pensamientos; donde no, no hay sino rogarle que absolutamente tenga misericordia de mi alma, que yo no siento en m\u00ed valor ni fuerzas para sacar el cuerpo desta estrecheza en que por mi gusto he querido ponerle\u00bb. \u00c9sta es, \u00a1oh se\u00f1ores!, la amarga historia de mi desgracia: decidme si es tal, que pueda celebrarse con menos sentimientos que los que en m\u00ed hab\u00e9is visto; y no os cans\u00e9is en persuadirme ni aconsejarme lo que la raz\u00f3n os dijere que puede ser bueno para mi remedio, porque ha de aprovechar conmigo lo que aprovecha la medicina recetada de famoso m\u00e9dico al enfermo que recebir no la quiere. Yo no quiero salud sin Luscinda; y, pues ella gust\u00f3 de ser ajena, siendo, o debiendo ser, m\u00eda, guste yo de ser de la desventura, pudiendo haber sido de la buena dicha. Ella quiso, con su mudanza, hacer estable mi perdici\u00f3n; yo querr\u00e9, con procurar perderme, hacer contenta su voluntad, y ser\u00e1 ejemplo a los por venir de que a m\u00ed solo falt\u00f3 lo que a todos los desdichados sobra, a los cuales suele ser consuelo la imposibilidad de tenerle, y en m\u00ed es causa de mayores sentimientos y males, porque aun pienso que no se han de acabar con la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed dio fin Cardenio a su larga pl\u00e1tica y tan desdichada como amorosa historia. Y, al tiempo que el cura se preven\u00eda para decirle algunas razones de consuelo, le suspendi\u00f3 una voz que lleg\u00f3 a sus o\u00eddos, que en lastimados acentos oyeron que dec\u00eda lo que se dir\u00e1 en la cuarta parte desta narraci\u00f3n, que en este punto dio fin a la tercera el sabio y atentado historiador Cide Hamete Benengeli.<\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuarta parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XXVIII. Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y barbero sucedi\u00f3 en la mesma sierra<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Felic\u00edsimos y venturosos fueron los tiempos donde se ech\u00f3 al mundo el audac\u00edsimo caballero don Quijote de la Mancha, pues por haber tenido tan honrosa determinaci\u00f3n como fue el querer resucitar y volver al mundo la ya perdida y casi muerta orden de la andante caballer\u00eda, gozamos ahora, en esta nuestra edad, necesitada de alegres entretenimientos, no s\u00f3lo de la dulzura de su verdadera historia, sino de los cuentos y episodios della, que, en parte, no son menos agradables y artificiosos y verdaderos que la misma historia; la cual, prosiguiendo su rastrillado, torcido y aspado hilo, cuenta que, as\u00ed como el cura comenz\u00f3 a prevenirse para consolar a Cardenio, lo impidi\u00f3 una voz que lleg\u00f3 a sus o\u00eddos, que, con tristes acentos, dec\u00eda desta manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Ay Dios! \u00bfSi ser\u00e1 posible que he ya hallado lugar que pueda servir de escondida sepultura a la carga pesada deste cuerpo, que tan contra mi voluntad sostengo? S\u00ed ser\u00e1, si la soledad que prometen estas sierras no me miente. \u00a1Ay, desdichada, y cu\u00e1n m\u00e1s agradable compa\u00f1\u00eda har\u00e1n estos riscos y malezas a mi intenci\u00f3n, pues me dar\u00e1n lugar para que con quejas comunique mi desgracia al cielo, que no la de ning\u00fan hombre humano, pues no hay ninguno en la tierra de quien se pueda esperar consejo en las dudas, alivio en las quejas, ni remedio en los males!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas estas razones oyeron y percibieron el cura y los que con \u00e9l estaban, y por parecerles, como ello era, que all\u00ed junto las dec\u00edan, se levantaron a buscar el due\u00f1o, y no hubieron andado veinte pasos, cuando detr\u00e1s de un pe\u00f1asco vieron, sentado al pie de un fresno, a un mozo vestido como labrador, al cual, por tener inclinado el rostro, a causa de que se lavaba los pies en el arroyo que por all\u00ed corr\u00eda, no se le pudieron ver por entonces. Y ellos llegaron con tanto silencio que d\u00e9l no fueron sentidos, ni \u00e9l estaba a otra cosa atento que a lavarse los pies, que eran tales, que no parec\u00edan sino dos pedazos de blanco cristal que entre las otras piedras del arroyo se hab\u00edan nacido. Suspendi\u00f3les la blancura y belleza de los pies, pareci\u00e9ndoles que no estaban hechos a pisar terrones, ni a andar tras el arado y los bueyes, como mostraba el h\u00e1bito de su due\u00f1o; y as\u00ed, viendo que no hab\u00edan sido sentidos, el cura, que iba delante, hizo se\u00f1as a los otros dos que se agazapasen o escondiesen detr\u00e1s de unos pedazos de pe\u00f1a que all\u00ed hab\u00eda, y as\u00ed lo hicieron todos, mirando con atenci\u00f3n lo que el mozo hac\u00eda; el cual tra\u00eda puesto un capotillo pardo de dos haldas, muy ce\u00f1ido al cuerpo con una toalla blanca. Tra\u00eda, ansimesmo, unos calzones y polainas de pa\u00f1o pardo, y en la cabeza una montera parda. Ten\u00eda las polainas levantadas hasta la mitad de la pierna, que, sin duda alguna, de blanco alabastro parec\u00eda. Acab\u00f3se de lavar los hermosos pies, y luego, con un pa\u00f1o de tocar, que sac\u00f3 debajo de la montera, se los limpi\u00f3; y, al querer quit\u00e1rsele, alz\u00f3 el rostro, y tuvieron lugar los que mir\u00e1ndole estaban de ver una hermosura incomparable; tal, que Cardenio dijo al cura, con voz baja:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00c9sta, ya que no es Luscinda, no es persona humana, sino divina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mozo se quit\u00f3 la montera, y, sacudiendo la cabeza a una y a otra parte, se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos, que pudieran los del sol tenerles envidia. Con esto conocieron que el que parec\u00eda labrador era mujer, y delicada, y aun la m\u00e1s hermosa que hasta entonces los ojos de los dos hab\u00edan visto, y aun los de Cardenio, si no hubieran mirado y conocido a Luscinda; que despu\u00e9s afirm\u00f3 que sola la belleza de Luscinda pod\u00eda contender con aqu\u00e9lla. Los luengos y rubios cabellos no s\u00f3lo le cubrieron las espaldas, mas toda en torno la escondieron debajo de ellos; que si no eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo se parec\u00eda: tales y tantos eran. En esto, les sirvi\u00f3 de peine unas manos, que si los pies en el agua hab\u00edan parecido pedazos de cristal, las manos en los cabellos semejaban pedazos de apretada nieve; todo lo cual, en m\u00e1s admiraci\u00f3n y en m\u00e1s deseo de saber qui\u00e9n era pon\u00eda a los tres que la miraban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esto determinaron de mostrarse, y, al movimiento que hicieron de ponerse en pie, la hermosa moza alz\u00f3 la cabeza, y, apart\u00e1ndose los cabellos de delante de los ojos con entrambas manos, mir\u00f3 los que el ruido hac\u00edan; y apenas los hubo visto, cuando se levant\u00f3 en pie, y, sin aguardar a calzarse ni a recoger los cabellos, asi\u00f3 con mucha presteza un bulto, como de ropa, que junto a s\u00ed ten\u00eda, y quiso ponerse en huida, llena de turbaci\u00f3n y sobresalto; mas no hubo dado seis pasos cuando, no pudiendo sufrir los delicados pies la aspereza de las piedras, dio consigo en el suelo. Lo cual visto por los tres, salieron a ella, y el cura fue el primero que le dijo: \u2014 Deteneos, se\u00f1ora, quienquiera que se\u00e1is, que los que aqu\u00ed veis s\u00f3lo tienen intenci\u00f3n de serviros. No hay para qu\u00e9 os pong\u00e1is en tan impertinente huida, porque ni vuestros pies lo podr\u00e1n sufrir ni nosotros consentir. A todo esto, ella no respond\u00eda palabra, at\u00f3nita y confusa. Llegaron, pues, a ella, y, asi\u00e9ndola por la mano el cura, prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Lo que vuestro traje, se\u00f1ora, nos niega, vuestros cabellos nos descubren: se\u00f1ales claras que no deben de ser de poco momento las causas que han disfrazado vuestra belleza en h\u00e1bito tan indigno, y tra\u00eddola a tanta soledad como es \u00e9sta, en la cual ha sido ventura el hallaros, si no para dar remedio a vuestros males, a lo menos para darles consejo, pues ning\u00fan mal puede fatigar tanto, ni llegar tan al estremo de serlo, mientras no acaba la vida, que reh\u00faya de no escuchar siquiera el consejo que con buena intenci\u00f3n se le da al que lo padece. As\u00ed que, se\u00f1ora m\u00eda, o se\u00f1or m\u00edo, o lo que vos quisierdes ser, perded el sobresalto que nuestra vista os ha causado y contadnos vuestra buena o mala suerte; que en nosotros juntos, o en cada uno, hallar\u00e9is quien os ayude a sentir vuestras desgracias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tanto que el cura dec\u00eda estas razones, estaba la disfrazada moza como embelesada, mir\u00e1ndolos a todos, sin mover labio ni decir palabra alguna: bien as\u00ed como r\u00fastico aldeano que de improviso se le muestran cosas raras y d\u00e9l jam\u00e1s vistas. Mas, volviendo el cura a decirle otras razones al mesmo efeto encaminadas, dando ella un profundo suspiro, rompi\u00f3 el silencio y dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues que la soledad destas sierras no ha sido parte para encubrirme, ni la soltura de mis descompuestos cabellos no ha permitido que sea mentirosa mi lengua, en balde ser\u00eda fingir yo de nuevo ahora lo que, si se me creyese, ser\u00eda m\u00e1s por cortes\u00eda que por otra raz\u00f3n alguna. Presupuesto esto, digo, se\u00f1ores, que os agradezco el ofrecimiento que me hab\u00e9is hecho, el cual me ha puesto en obligaci\u00f3n de satisfaceros en todo lo que me hab\u00e9is pedido, puesto que temo que la relaci\u00f3n que os hiciere de mis desdichas os ha de causar, al par de la compasi\u00f3n, la pesadumbre, porque no hab\u00e9is de hallar remedio para remediarlas ni consuelo para entretenerlas. Pero, con todo esto, porque no ande vacilando mi honra en vuestras intenciones, habi\u00e9ndome ya conocido por mujer y vi\u00e9ndome moza, sola y en este traje, cosas todas juntas, y cada una por s\u00ed, que pueden echar por tierra cualquier honesto cr\u00e9dito, os habr\u00e9 de decir lo que quisiera callar si pudiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto dijo sin parar la que tan hermosa mujer parec\u00eda, con tan suelta lengua, con voz tan suave, que no menos les admir\u00f3 su discreci\u00f3n que su hermosura. Y, torn\u00e1ndole a hacer nuevos ofrecimientos y nuevos ruegos para que lo prometido cumpliese, ella, sin hacerse m\u00e1s de rogar, calz\u00e1ndose con toda honestidad y recogiendo sus cabellos, se acomod\u00f3 en el asiento de una piedra, y, puestos los tres alrededor della, haci\u00e9ndose fuerza por detener algunas l\u00e1grimas que a los ojos se le ven\u00edan, con voz reposada y clara, comenz\u00f3 la historia de su vida desta manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abEn esta Andaluc\u00eda hay un lugar de quien toma t\u00edtulo un duque, que le hace uno de los que llaman grandes en Espa\u00f1a. \u00c9ste tiene dos hijos: el mayor, heredero de su estado, y, al parecer, de sus buenas costumbres; y el menor, no s\u00e9 yo de qu\u00e9 sea heredero, sino de las traiciones de Vellido y de los embustes de Galal\u00f3n. Deste se\u00f1or son vasallos mis padres, humildes en linaje, pero tan ricos que si los bienes de su naturaleza igualaran a los de su fortuna, ni ellos tuvieran m\u00e1s que desear ni yo temiera verme en la desdicha en que me veo; porque quiz\u00e1 nace mi poca ventura de la que no tuvieron ellos en no haber nacido ilustres. Bien es verdad que no son tan bajos que puedan afrentarse de su estado, ni tan altos que a m\u00ed me quiten la imaginaci\u00f3n que tengo de que de su humildad viene mi desgracia. Ellos, en fin, son labradores, gente llana, sin mezcla de alguna raza mal sonante, y, como suele decirse, cristianos viejos ranciosos; pero tan ricos que su riqueza y magn\u00edfico trato les va poco a poco adquiriendo nombre de hidalgos, y aun de caballeros. Puesto que de la mayor riqueza y nobleza que ellos se preciaban era de tenerme a m\u00ed por hija; y, as\u00ed por no tener otra ni otro que los heredase como por ser padres, y aficionados, yo era una de las m\u00e1s regaladas hijas que padres jam\u00e1s regalaron. Era el espejo en que se miraban, el b\u00e1culo de su vejez, y el sujeto a quien encaminaban, midi\u00e9ndolos con el cielo, todos sus deseos; de los cuales, por ser ellos tan buenos, los m\u00edos no sal\u00edan un punto. Y del mismo modo que yo era se\u00f1ora de sus \u00e1nimos, ans\u00ed lo era de su hacienda: por m\u00ed se receb\u00edan y desped\u00edan los criados; la raz\u00f3n y cuenta de lo que se sembraba y cog\u00eda pasaba por mi mano; los molinos de aceite, los lagares de vino, el n\u00famero del ganado mayor y menor, el de las colmenas. Finalmente, de todo aquello que un tan rico labrador como mi padre puede tener y tiene, ten\u00eda yo la cuenta, y era la mayordoma y se\u00f1ora, con tanta solicitud m\u00eda y con tanto gusto suyo, que buenamente no acertar\u00e9 a encarecerlo. Los ratos que del d\u00eda me quedaban, despu\u00e9s de haber dado lo que conven\u00eda a los mayorales, a capataces y a otros jornaleros, los entreten\u00eda en ejercicios que son a las doncellas tan l\u00edcitos como necesarios, como son los que ofrece la aguja y la almohadilla, y la rueca muchas veces; y si alguna, por recrear el \u00e1nimo, estos ejercicios dejaba, me acog\u00eda al entretenimiento de leer alg\u00fan libro devoto, o a tocar una arpa, porque la experiencia me mostraba que la m\u00fasica compone los \u00e1nimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del esp\u00edritu. \u00bb\u00c9sta, pues, era la vida que yo ten\u00eda en casa de mis padres, la cual, si tan particularmente he contado, no ha sido por ostentaci\u00f3n ni por dar a entender que soy rica, sino porque se advierta cu\u00e1n sin culpa me he venido de aquel buen estado que he dicho al infelice en que ahora me hallo. Es, pues, el caso que, pasando mi vida en tantas ocupaciones y en un encerramiento tal que al de un monesterio pudiera compararse, sin ser vista, a mi parecer, de otra persona alguna que de los criados de casa, porque los d\u00edas que iba a misa era tan de ma\u00f1ana, y tan acompa\u00f1ada de mi madre y de otras criadas, y yo tan cubierta y recatada que apenas v\u00edan mis ojos m\u00e1s tierra de aquella donde pon\u00eda los pies; y, con todo esto, los del amor, o los de la ociosidad, por mejor decir, a quien los de lince no pueden igualarse, me vieron, puestos en la solicitud de don Fernando, que \u00e9ste es el nombre del hijo menor del duque que os he contado\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hubo bien nombrado a don Fernando la que el cuento contaba, cuando a Cardenio se le mud\u00f3 la color del rostro, y comenz\u00f3 a trasudar, con tan grande alteraci\u00f3n que el cura y el barbero, que miraron en ello, temieron que le ven\u00eda aquel accidente de locura que hab\u00edan o\u00eddo decir que de cuando en cuando le ven\u00eda. Mas Cardenio no hizo otra cosa que trasudar y estarse quedo, mirando de hito en hito a la labradora, imaginando qui\u00e9n ella era; la cual, sin advertir en los movimientos de Cardenio, prosigui\u00f3 su historia, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abY no me hubieron bien visto cuando, seg\u00fan \u00e9l dijo despu\u00e9s, qued\u00f3 tan preso de mis amores cuanto lo dieron bien a entender sus demostraciones. Mas, por acabar presto con el cuento, que no le tiene, de mis desdichas, quiero pasar en silencio las diligencias que don Fernando hizo para declararme su voluntad. Soborn\u00f3 toda la gente de mi casa, dio y ofreci\u00f3 d\u00e1divas y mercedes a mis parientes. Los d\u00edas eran todos de fiesta y de regocijo en mi calle; las noches no dejaban dormir a nadie las m\u00fasicas. Los billetes que, sin saber c\u00f3mo, a mis manos ven\u00edan, eran infinitos, llenos de enamoradas razones y ofrecimientos, con menos letras que promesas y juramentos. Todo lo cual no s\u00f3lo no me ablandaba, pero me endurec\u00eda de manera como si fuera mi mortal enemigo, y que todas las obras que para reducirme a su voluntad hac\u00eda, las hiciera para el efeto contrario; no porque a m\u00ed me pareciese mal la gentileza de don Fernando, ni que tuviese a demas\u00eda sus solicitudes; porque me daba un no s\u00e9 qu\u00e9 de contento verme tan querida y estimada de un tan principal caballero, y no me pesaba ver en sus papeles mis alabanzas: que en esto, por feas que seamos las mujeres, me parece a m\u00ed que siempre nos da gusto el o\u00edr que nos llaman hermosas. \u00bbPero a todo esto se opone mi honestidad y los consejos continuos que mis padres me daban, que ya muy al descubierto sab\u00edan la voluntad de don Fernando, porque ya a \u00e9l no se le daba nada de que todo el mundo la supiese. Dec\u00edanme mis padres que en sola mi virtud y bondad dejaban y depositaban su honra y fama, y que considerase la desigualdad que hab\u00eda entre m\u00ed y don Fernando, y que por aqu\u00ed echar\u00eda de ver que sus pensamientos, aunque \u00e9l dijese otra cosa, mas se encaminaban a su gusto que a mi provecho; y que si yo quisiese poner en alguna manera alg\u00fan inconveniente para que \u00e9l se dejase de su injusta pretensi\u00f3n, que ellos me casar\u00edan luego con quien yo m\u00e1s gustase: as\u00ed de los m\u00e1s principales de nuestro lugar como de todos los circunvecinos, pues todo se pod\u00eda esperar de su mucha hacienda y de mi buena fama. Con estos ciertos prometimientos, y con la verdad que ellos me dec\u00edan, fortificaba yo mi entereza, y jam\u00e1s quise responder a don Fernando palabra que le pudiese mostrar, aunque de muy lejos, esperanza de alcanzar su deseo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbTodos estos recatos m\u00edos, que \u00e9l deb\u00eda de tener por desdenes, debieron de ser causa de avivar m\u00e1s su lascivo apetito, que este nombre quiero dar a la voluntad que me mostraba; la cual, si ella fuera como deb\u00eda, no la supi\u00e9rades vosotros ahora, porque hubiera faltado la ocasi\u00f3n de dec\u00edrosla. Finalmente, don Fernando supo que mis padres andaban por darme estado, por quitalle a \u00e9l la esperanza de poseerme, o, a lo menos, porque yo tuviese m\u00e1s guardas para guardarme; y esta nueva o sospecha fue causa para que hiciese lo que ahora oir\u00e9is. Y fue que una noche, estando yo en mi aposento con sola la compa\u00f1\u00eda de una doncella que me serv\u00eda, teniendo bien cerradas las puertas, por temor que, por descuido, mi honestidad no se viese en peligro, sin saber ni imaginar c\u00f3mo, en medio destos recatos y prevenciones, y en la soledad deste silencio y encierro, me le hall\u00e9 delante, cuya vista me turb\u00f3 de manera que me quit\u00f3 la de mis ojos y me enmudeci\u00f3 la lengua; y as\u00ed, no fui poderosa de dar voces, ni aun \u00e9l creo que me las dejara dar, porque luego se lleg\u00f3 a m\u00ed, y, tom\u00e1ndome entre sus brazos (porque yo, como digo, no tuve fuerzas para defenderme, seg\u00fan estaba turbada), comenz\u00f3 a decirme tales razones, que no s\u00e9 c\u00f3mo es posible que tenga tanta habilidad la mentira que las sepa componer de modo que parezcan tan verdaderas. Hac\u00eda el traidor que sus l\u00e1grimas acreditasen sus palabras y los suspiros su intenci\u00f3n. Yo, pobrecilla, sola entre los m\u00edos, mal ejercitada en casos semejantes, comenc\u00e9, no s\u00e9 en qu\u00e9 modo, a tener por verdaderas tantas falsedades, pero no de suerte que me moviesen a compasi\u00f3n menos que buena sus l\u00e1grimas y suspiros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbY as\u00ed, pas\u00e1ndoseme aquel sobresalto primero, torn\u00e9 alg\u00fan tanto a cobrar mis perdidos esp\u00edritus, y con m\u00e1s \u00e1nimo del que pens\u00e9 que pudiera tener, le dije: \u00bbSi como estoy, se\u00f1or, en tus brazos, estuviera entre los de un le\u00f3n fiero y el librarme dellos se me asegurara con que hiciera, o dijera, cosa que fuera en perjuicio de mi honestidad, as\u00ed fuera posible hacella o decilla como es posible dejar de haber sido lo que fue. As\u00ed que, si t\u00fa tienes ce\u00f1ido mi cuerpo con tus brazos, yo tengo atada mi alma con mis buenos deseos, que son tan diferentes de los tuyos como lo ver\u00e1s si con hacerme fuerza quisieres pasar adelante en ellos. Tu vasalla soy, pero no tu esclava; ni tiene ni debe tener imperio la nobleza de tu sangre para deshonrar y tener en poco la humildad de la m\u00eda; y en tanto me estimo yo, villana y labradora, como t\u00fa, se\u00f1or y caballero. Conmigo no han de ser de ning\u00fan efecto tus fuerzas, ni han de tener valor tus riquezas, ni tus palabras han de poder enga\u00f1arme, ni tus suspiros y l\u00e1grimas enternecerme. Si alguna de todas estas cosas que he dicho viera yo en el que mis padres me dieran por esposo, a su voluntad se ajustara la m\u00eda, y mi voluntad de la suya no saliera; de modo que, como quedara con honra, aunque quedara sin gusto, de grado te entregara lo que t\u00fa, se\u00f1or, ahora con tanta fuerza procuras. Todo esto he dicho porque no es pensar que de m\u00ed alcance cosa alguna el que no fuere mi lig\u00edtimo esposo\u00bb. \u00bbSi no reparas m\u00e1s que en eso, bell\u00edsima Dorotea \u2014(que \u00e9ste es el nombre desta desdichada), dijo el desleal caballero\u2014, ves: aqu\u00ed te doy la mano de serlo tuyo, y sean testigos desta verdad los cielos, a quien ninguna cosa se asconde, y esta imagen de Nuestra Se\u00f1ora que aqu\u00ed tienes\u00bb.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Cardenio le oy\u00f3 decir que se llamaba Dorotea, torn\u00f3 de nuevo a sus sobresaltos y acab\u00f3 de confirmar por verdadera su primera opini\u00f3n; pero no quiso interromper el cuento, por ver en qu\u00e9 ven\u00eda a parar lo que \u00e9l ya casi sab\u00eda; s\u00f3lo dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQue Dorotea es tu nombre, se\u00f1ora? Otra he o\u00eddo yo decir del mesmo, que quiz\u00e1 corre parejas con tus desdichas. Pasa adelante, que tiempo vendr\u00e1 en que te diga cosas que te espanten en el mesmo grado que te lastimen. Repar\u00f3 Dorotea en las razones de Cardenio y en su estra\u00f1o y desastrado traje, y rog\u00f3le que si alguna cosa de su hacienda sab\u00eda, se la dijese luego; porque si algo le hab\u00eda dejado bueno la fortuna, era el \u00e1nimo que ten\u00eda para sufrir cualquier desastre que le sobreviniese, segura de que, a su parecer, ninguno pod\u00eda llegar que el que ten\u00eda acrecentase un punto. \u2014 No le perdiera yo, se\u00f1ora \u2014respondi\u00f3 Cardenio\u2014, en decirte lo que pienso, si fuera verdad lo que imagino; y hasta ahora no se pierde coyuntura, ni a ti te importa nada el saberlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Sea lo que fuere \u2014respondi\u00f3 Dorotea\u2014, \u00ablo que en mi cuento pasa fue que, tomando don Fernando una imagen que en aquel aposento estaba, la puso por testigo de nuestro desposorio. Con palabras eficac\u00edsimas y juramentos estraordinarios, me dio la palabra de ser mi marido, puesto que, antes que acabase de decirlas, le dije que mirase bien lo que hac\u00eda y que considerase el enojo que su padre hab\u00eda de recebir de verle casado con una villana vasalla suya; que no le cegase mi hermosura, tal cual era, pues no era bastante para hallar en ella disculpa de su yerro, y que si alg\u00fan bien me quer\u00eda hacer, por el amor que me ten\u00eda, fuese dejar correr mi suerte a lo igual de lo que mi calidad pod\u00eda, porque nunca los tan desiguales casamientos se gozan ni duran mucho en aquel gusto con que se comienzan. \u00bbTodas estas razones que aqu\u00ed he dicho le dije, y otras muchas de que no me acuerdo, pero no fueron parte para que \u00e9l dejase de seguir su intento, bien ans\u00ed como el que no piensa pagar, que, al concertar de la barata, no repara en inconvenientes. Yo, a esta saz\u00f3n, hice un breve discurso conmigo, y me dije a m\u00ed mesma: \u00bbS\u00ed, que no ser\u00e9 yo la primera que por v\u00eda de matrimonio haya subido de humilde a grande estado, ni ser\u00e1 don Fernando el primero a quien hermosura, o ciega afici\u00f3n, que es lo m\u00e1s cierto, haya hecho tomar compa\u00f1\u00eda desigual a su grandeza. Pues si no hago ni mundo ni uso nuevo, bien es acudir a esta honra que la suerte me ofrece, puesto que en \u00e9ste no dure m\u00e1s la voluntad que me muestra de cuanto dure el cumplimiento de su deseo; que, en fin, para con Dios ser\u00e9 su esposa. Y si quiero con desdenes despedille, en t\u00e9rmino le veo que, no usando el que debe, usar\u00e1 el de la fuerza y vendr\u00e9 a quedar deshonrada y sin disculpa de la culpa que me pod\u00eda dar el que no supiere cu\u00e1n sin ella he venido a este punto. Porque, \u00bfqu\u00e9 razones ser\u00e1n bastantes para persuadir a mis padres, y a otros, que este caballero entr\u00f3 en mi aposento sin consentimiento m\u00edo?\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbTodas estas demandas y respuestas revolv\u00ed yo en un instante en la imaginaci\u00f3n; y, sobre todo, me comenzaron a hacer fuerza y a inclinarme a lo que fue, sin yo pensarlo, mi perdici\u00f3n: los juramentos de don Fernando, los testigos que pon\u00eda, las l\u00e1grimas que derramaba, y, finalmente, su dispusici\u00f3n y gentileza, que, acompa\u00f1ada con tantas muestras de verdadero amor, pudieran rendir a otro tan libre y recatado coraz\u00f3n como el m\u00edo. Llam\u00e9 a mi criada, para que en la tierra acompa\u00f1ase a los testigos del cielo; torn\u00f3 don Fernando a reiterar y confirmar sus juramentos; a\u00f1adi\u00f3 a los primeros nuevos santos por testigos; ech\u00f3se mil futuras maldiciones, si no cumpliese lo que me promet\u00eda; volvi\u00f3 a humedecer sus ojos y a acrecentar sus suspiros; apret\u00f3me m\u00e1s entre sus brazos, de los cuales jam\u00e1s me hab\u00eda dejado; y con esto, y con volverse a salir del aposento mi doncella, yo dej\u00e9 de serlo y \u00e9l acab\u00f3 de ser traidor y fementido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEl d\u00eda que sucedi\u00f3 a la noche de mi desgracia se ven\u00eda aun no tan apriesa como yo pienso que don Fernando deseaba, porque, despu\u00e9s de cumplido aquello que el apetito pide, el mayor gusto que puede venir es apartarse de donde le alcanzaron. Digo esto porque don Fernando dio priesa por partirse de m\u00ed, y, por industria de mi doncella, que era la misma que all\u00ed le hab\u00eda tra\u00eddo, antes que amaneciese se vio en la calle. Y, al despedirse de m\u00ed, aunque no con tanto ah\u00ednco y vehemencia como cuando vino, me dijo que estuviese segura de su fe y de ser firmes y verdaderos sus juramentos; y, para m\u00e1s confirmaci\u00f3n de su palabra, sac\u00f3 un rico anillo del dedo y lo puso en el m\u00edo. En efecto, \u00e9l se fue y yo qued\u00e9 ni s\u00e9 si triste o alegre; esto s\u00e9 bien decir: que qued\u00e9 confusa y pensativa, y casi fuera de m\u00ed con el nuevo acaecimiento, y no tuve \u00e1nimo, o no se me acord\u00f3, de re\u00f1ir a mi doncella por la traici\u00f3n cometida de encerrar a don Fernando en mi mismo aposento, porque a\u00fan no me determinaba si era bien o mal el que me hab\u00eda sucedido. D\u00edjele, al partir, a don Fernando que por el mesmo camino de aqu\u00e9lla pod\u00eda verme otras noches, pues ya era suya, hasta que, cuando \u00e9l quisiese, aquel hecho se publicase. Pero no vino otra alguna, si no fue la siguiente, ni yo pude verle en la calle ni en la iglesia en m\u00e1s de un mes; que en vano me cans\u00e9 en solicitallo, puesto que supe que estaba en la villa y que los m\u00e1s d\u00edas iba a caza, ejercicio de que \u00e9l era muy aficionado. \u00bbEstos d\u00edas y estas horas bien s\u00e9 yo que para m\u00ed fueron aciagos y menguadas, y bien s\u00e9 que comenc\u00e9 a dudar en ellos, y aun a descreer de la fe de don Fernando; y s\u00e9 tambi\u00e9n que mi doncella oy\u00f3 entonces las palabras que en reprehensi\u00f3n de su atrevimiento antes no hab\u00eda o\u00eddo; y s\u00e9 que me fue forzoso tener cuenta con mis l\u00e1grimas y con la compostura de mi rostro, por no dar ocasi\u00f3n a que mis padres me preguntasen que de qu\u00e9 andaba descontenta y me obligasen a buscar mentiras que decilles. Pero todo esto se acab\u00f3 en un punto, lleg\u00e1ndose uno donde se atropellaron respectos y se acabaron los honrados discursos, y adonde se perdi\u00f3 la paciencia y salieron a plaza mis secretos pensamientos. Y esto fue porque, de all\u00ed a pocos d\u00edas, se dijo en el lugar como en una ciudad all\u00ed cerca se hab\u00eda casado don Fernando con una doncella hermos\u00edsima en todo estremo, y de muy principales padres, aunque no tan rica que, por la dote, pudiera aspirar a tan noble casamiento. D\u00edjose que se llamaba Luscinda, con otras cosas que en sus desposorios sucedieron dignas de admiraci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oy\u00f3 Cardenio el nombre de Luscinda, y no hizo otra cosa que encoger los hombros, morderse los labios, enarcar las cejas y dejar de all\u00ed a poco caer por sus ojos dos fuentes de l\u00e1grimas. Mas no por esto dej\u00f3 Dorotea de seguir su cuento, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abLleg\u00f3 esta triste nueva a mis o\u00eddos, y, en lugar de hel\u00e1rseme el coraz\u00f3n en o\u00edlla, fue tanta la c\u00f3lera y rabia que se encendi\u00f3 en \u00e9l, que falt\u00f3 poco para no salirme por las calles dando voces, publicando la alevos\u00eda y traici\u00f3n que se me hab\u00eda hecho. Mas templ\u00f3se esta furia por entonces con pensar de poner aquella mesma noche por obra lo que puse: que fue ponerme en este h\u00e1bito, que me dio uno de los que llaman zagales en casa de los labradores, que era criado de mi padre, al cual descubr\u00ed toda mi desventura, y le rogu\u00e9 me acompa\u00f1ase hasta la ciudad donde entend\u00ed que mi enemigo estaba. \u00c9l, despu\u00e9s que hubo reprehendido mi atrevimiento y afeado mi determinaci\u00f3n, vi\u00e9ndome resuelta en mi parecer, se ofreci\u00f3 a tenerme compa\u00f1\u00eda, como \u00e9l dijo, hasta el cabo del mundo. Luego, al momento, encerr\u00e9 en una almohada de lienzo un vestido de mujer, y algunas joyas y dineros, por lo que pod\u00eda suceder. Y en el silencio de aquella noche, sin dar cuenta a mi traidora doncella, sal\u00ed de mi casa, acompa\u00f1ada de mi criado y de muchas imaginaciones, y me puse en camino de la ciudad a pie, llevada en vuelo del deseo de llegar, ya que no a estorbar lo que ten\u00eda por hecho, a lo menos a decir a don Fernando me dijese con qu\u00e9 alma lo hab\u00eda hecho. \u00bbLlegu\u00e9 en dos d\u00edas y medio donde quer\u00eda, y, en entrando por la ciudad, pregunt\u00e9 por la casa de los padres de Luscinda, y al primero a quien hice la pregunta me respondi\u00f3 m\u00e1s de lo que yo quisiera o\u00edr. D\u00edjome la casa y todo lo que hab\u00eda sucedido en el desposorio de su hija, cosa tan p\u00fablica en la ciudad, que se hace en corrillos para contarla por toda ella. D\u00edjome que la noche que don Fernando se despos\u00f3 con Luscinda, despu\u00e9s de haber ella dado el s\u00ed de ser su esposa, le hab\u00eda tomado un recio desmayo, y que, llegando su esposo a desabrocharle el pecho para que le diese el aire, le hall\u00f3 un papel escrito de la misma letra de Luscinda, en que dec\u00eda y declaraba que ella no pod\u00eda ser esposa de don Fernando, porque lo era de Cardenio, que, a lo que el hombre me dijo, era un caballero muy principal de la mesma ciudad; y que si hab\u00eda dado el s\u00ed a don Fernando, fue por no salir de la obediencia de sus padres. En resoluci\u00f3n, tales razones dijo que conten\u00eda el papel, que daba a entender que ella hab\u00eda tenido intenci\u00f3n de matarse en acab\u00e1ndose de desposar, y daba all\u00ed las razones por que se hab\u00eda quitado la vida. Todo lo cual dicen que confirm\u00f3 una daga que le hallaron no s\u00e9 en qu\u00e9 parte de sus vestidos. Todo lo cual visto por don Fernando, pareci\u00e9ndole que Luscinda le hab\u00eda burlado y escarnecido y tenido en poco, arremeti\u00f3 a ella, antes que de su desmayo volviese, y con la misma daga que le hallaron la quiso dar de pu\u00f1aladas; y lo hiciera si sus padres y los que se hallaron presentes no se lo estorbaran. Dijeron m\u00e1s: que luego se ausent\u00f3 don Fernando, y que Luscinda no hab\u00eda vuelto de su parasismo hasta otro d\u00eda, que cont\u00f3 a sus padres c\u00f3mo ella era verdadera esposa de aquel Cardenio que he dicho. Supe m\u00e1s: que el Cardenio, seg\u00fan dec\u00edan, se hall\u00f3 presente en los desposorios, y que, en vi\u00e9ndola desposada, lo cual \u00e9l jam\u00e1s pens\u00f3, se sali\u00f3 de la ciudad desesperado, dej\u00e1ndole primero escrita una carta, donde daba a entender el agravio que Luscinda le hab\u00eda hecho, y de c\u00f3mo \u00e9l se iba adonde gentes no le viesen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEsto todo era p\u00fablico y notorio en toda la ciudad, y todos hablaban dello; y m\u00e1s hablaron cuando supieron que Luscinda hab\u00eda faltado de casa de sus padres y de la ciudad, pues no la hallaron en toda ella, de que perd\u00edan el juicio sus padres y no sab\u00edan qu\u00e9 medio se tomar para hallarla. Esto que supe puso en bando mis esperanzas, y tuve por mejor no haber hallado a don Fernando, que no hallarle casado, pareci\u00e9ndome que a\u00fan no estaba del todo cerrada la puerta a mi remedio, d\u00e1ndome yo a entender que podr\u00eda ser que el cielo hubiese puesto aquel impedimento en el segundo matrimonio, por atraerle a conocer lo que al primero deb\u00eda, y a caer en la cuenta de que era cristiano y que estaba m\u00e1s obligado a su alma que a los respetos humanos. Todas estas cosas revolv\u00eda en mi fantas\u00eda, y me consolaba sin tener consuelo, fingiendo unas esperanzas largas y desmayadas, para entretener la vida, que ya aborrezco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbEstando, pues, en la ciudad, sin saber qu\u00e9 hacerme, pues a don Fernando no hallaba, lleg\u00f3 a mis o\u00eddos un p\u00fablico preg\u00f3n, donde se promet\u00eda grande hallazgo a quien me hallase, dando las se\u00f1as de la edad y del mesmo traje que tra\u00eda; y o\u00ed decir que se dec\u00eda que me hab\u00eda sacado de casa de mis padres el mozo que conmigo vino, cosa que me lleg\u00f3 al alma, por ver cu\u00e1n de ca\u00edda andaba mi cr\u00e9dito, pues no bastaba perderle con mi venida, sino a\u00f1adir el con qui\u00e9n, siendo subjeto tan bajo y tan indigno de mis buenos pensamientos. Al punto que o\u00ed el preg\u00f3n, me sal\u00ed de la ciudad con mi criado, que ya comenzaba a dar muestras de titubear en la fe que de fidelidad me ten\u00eda prometida, y aquella noche nos entramos por lo espeso desta monta\u00f1a, con el miedo de no ser hallados. Pero, como suele decirse que un mal llama a otro, y que el fin de una desgracia suele ser principio de otra mayor, as\u00ed me sucedi\u00f3 a m\u00ed, porque mi buen criado, hasta entonces fiel y seguro, as\u00ed como me vio en esta soledad, incitado de su mesma bellaquer\u00eda antes que de mi hermosura, quiso aprovecharse de la ocasi\u00f3n que, a su parecer, estos yermos le ofrec\u00edan; y, con poca verg\u00fcenza y menos temor de Dios ni respeto m\u00edo, me requiri\u00f3 de amores; y, viendo que yo con feas y justas palabras respond\u00eda a las desverg\u00fcenzas de sus prop\u00f3sitos, dej\u00f3 aparte los ruegos, de quien primero pens\u00f3 aprovecharse, y comenz\u00f3 a usar de la fuerza. Pero el justo cielo, que pocas o ningunas veces deja de mirar y favorecer a las justas intenciones, favoreci\u00f3 las m\u00edas, de manera que con mis pocas fuerzas, y con poco trabajo, di con \u00e9l por un derrumbadero, donde le dej\u00e9, ni s\u00e9 si muerto o si vivo; y luego, con m\u00e1s ligereza que mi sobresalto y cansancio ped\u00edan, me entr\u00e9 por estas monta\u00f1as, sin llevar otro pensamiento ni otro disignio que esconderme en ellas y huir de mi padre y de aquellos que de su parte me andaban buscando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbCon este deseo, ha no s\u00e9 cu\u00e1ntos meses que entr\u00e9 en ellas, donde hall\u00e9 un ganadero que me llev\u00f3 por su criado a un lugar que est\u00e1 en las entra\u00f1as desta sierra, al cual he servido de zagal todo este tiempo, procurando estar siempre en el campo por encubrir estos cabellos que ahora, tan si pensarlo, me han descubierto. Pero toda mi industria y toda mi solicitud fue y ha sido de ning\u00fan provecho, pues mi amo vino en conocimiento de que yo no era var\u00f3n, y naci\u00f3 en \u00e9l el mesmo mal pensamiento que en mi criado; y, como no siempre la fortuna con los trabajos da los remedios, no hall\u00e9 derrumbadero ni barranco de donde despe\u00f1ar y despenar al amo, como le hall\u00e9 para el criado; y as\u00ed, tuve por menor inconveniente dejalle y asconderme de nuevo entre estas asperezas que probar con \u00e9l mis fuerzas o mis disculpas. Digo, pues, que me torn\u00e9 a emboscar, y a buscar donde sin impedimento alguno pudiese con suspiros y l\u00e1grimas rogar al cielo se duela de mi desventura y me d\u00e9 industria y favor para salir della, o para dejar la vida entre estas soledades, sin que quede memoria desta triste, que tan sin culpa suya habr\u00e1 dado materia para que de ella se hable y murmure en la suya y en las ajenas tierras.\u00bb<\/p>\n<p><strong>REDACCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXVII. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia No le pareci\u00f3 mal al barbero la invenci\u00f3n del cura, sino tan bien, que luego la pusieron por obra. Pidi\u00e9ronle a la ventera una saya y unas tocas, dej\u00e1ndole en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176,1124],"tags":[445],"class_list":{"0":"post-19419","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-don-quijote-de-la-mancha","7":"category-por-que-leer","8":"tag-miguel-de-cervantes"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes) | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"CLASICOS Tesoro literario Din Quijote de La Mancha. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes) | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"CLASICOS Tesoro literario Din Quijote de La Mancha. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2025-04-22T23:00:32+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2025-10-18T09:00:54+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Hojas-Sueltas_Logo-III_trans.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"485\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"80\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"56 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":[\"Article\",\"BlogPosting\"],\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419\"},\"author\":{\"name\":\"Redacci\u00f3n\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/f232bbdb834c61c90aff2245daa401c0\"},\"headline\":\"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes)\",\"datePublished\":\"2025-04-22T23:00:32+00:00\",\"dateModified\":\"2025-10-18T09:00:54+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419\"},\"wordCount\":12989,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"Miguel de Cervantes\"],\"articleSection\":[\"Don Quijote de La Mancha\",\"POR QU\u00c9 LEER...\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419\",\"url\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419\",\"name\":\"Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes) | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2025-04-22T23:00:32+00:00\",\"dateModified\":\"2025-10-18T09:00:54+00:00\",\"description\":\"CLASICOS Tesoro literario Din Quijote de La Mancha. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19419#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes)\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/\",\"name\":\"HojasSueltas.es\",\"description\":\"GRANADA - Peri\u00f3dico Cultural\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"H.S. Periodico Cultural\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#organization\",\"name\":\"HOJAS SUELTAS - Peri\u00f3dico Cultural\",\"alternateName\":\"HS - HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\",\"url\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2025\\\/08\\\/Icono-HS_2.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2025\\\/08\\\/Icono-HS_2.png\",\"width\":500,\"height\":500,\"caption\":\"HOJAS SUELTAS - Peri\u00f3dico Cultural\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/x.com\\\/HOJASSUELTAS22\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/f232bbdb834c61c90aff2245daa401c0\",\"name\":\"Redacci\u00f3n\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/02\\\/Redaccion-2-96x96.png\",\"url\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/02\\\/Redaccion-2-96x96.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/02\\\/Redaccion-2-96x96.png\",\"caption\":\"Redacci\u00f3n\"},\"description\":\"Redacci\u00f3n de HOJAS SUELTAS\",\"url\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?author=1\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes) | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural","description":"CLASICOS Tesoro literario Din Quijote de La Mancha. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes) | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural","og_description":"CLASICOS Tesoro literario Din Quijote de La Mancha. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia","og_url":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419","og_site_name":"HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural","article_published_time":"2025-04-22T23:00:32+00:00","article_modified_time":"2025-10-18T09:00:54+00:00","og_image":[{"width":485,"height":80,"url":"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Hojas-Sueltas_Logo-III_trans.png","type":"image\/png"}],"author":"Redacci\u00f3n","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@HOJASSUELTAS22","twitter_site":"@HOJASSUELTAS22","twitter_misc":{"Escrito por":"Redacci\u00f3n","Tiempo de lectura":"56 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":["Article","BlogPosting"],"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419"},"author":{"name":"Redacci\u00f3n","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#\/schema\/person\/f232bbdb834c61c90aff2245daa401c0"},"headline":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes)","datePublished":"2025-04-22T23:00:32+00:00","dateModified":"2025-10-18T09:00:54+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419"},"wordCount":12989,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#organization"},"keywords":["Miguel de Cervantes"],"articleSection":["Don Quijote de La Mancha","POR QU\u00c9 LEER..."],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419","url":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419","name":"Don Quijote de La Mancha - Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes) | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural","isPartOf":{"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#website"},"datePublished":"2025-04-22T23:00:32+00:00","dateModified":"2025-10-18T09:00:54+00:00","description":"CLASICOS Tesoro literario Din Quijote de La Mancha. De c\u00f3mo salieron con su intenci\u00f3n el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19419#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/hojassueltas.es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Cap\u00edtulos 27 y 28 (Miguel de Cervantes)"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#website","url":"https:\/\/hojassueltas.es\/","name":"HojasSueltas.es","description":"GRANADA - Peri\u00f3dico Cultural","publisher":{"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#organization"},"alternateName":"H.S. Periodico Cultural","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/hojassueltas.es\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#organization","name":"HOJAS SUELTAS - Peri\u00f3dico Cultural","alternateName":"HS - HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural","url":"https:\/\/hojassueltas.es\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Icono-HS_2.png","contentUrl":"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Icono-HS_2.png","width":500,"height":500,"caption":"HOJAS SUELTAS - Peri\u00f3dico Cultural"},"image":{"@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/x.com\/HOJASSUELTAS22"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/#\/schema\/person\/f232bbdb834c61c90aff2245daa401c0","name":"Redacci\u00f3n","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Redaccion-2-96x96.png","url":"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Redaccion-2-96x96.png","contentUrl":"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Redaccion-2-96x96.png","caption":"Redacci\u00f3n"},"description":"Redacci\u00f3n de HOJAS SUELTAS","url":"https:\/\/hojassueltas.es\/?author=1"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19419","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=19419"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19419\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19423,"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19419\/revisions\/19423"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=19419"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=19419"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/hojassueltas.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=19419"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}