{"id":19303,"date":"2025-04-19T00:00:38","date_gmt":"2025-04-18T23:00:38","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19303"},"modified":"2025-04-25T07:43:11","modified_gmt":"2025-04-25T06:43:11","slug":"fortunata-y-jacinta-parte-primera-capitulos-1-y-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19303","title":{"rendered":"Fortunata y Jacinta &#8211; Parte primera &#8211; Cap\u00edtulo 1"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"western\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Juanito Santa Cruz<\/span><\/h2>\n<h2 class=\"western\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">1<\/span><\/h2>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Las noticias m\u00e1s remotas que tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto Mar\u00eda Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo m\u00edo y el otro y el de m\u00e1s all\u00e1, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad. No cursaban todos el mismo a\u00f1o, y aunque se reun\u00edan en la c\u00e1tedra de Cam\u00fas, separ\u00e1banse en la de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era disc\u00edpulo de Novar, y Villalonga de Coronado. Ni ten\u00edan todos el mismo grado de aplicaci\u00f3n: Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen en la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas se\u00f1ales de asentimiento a todo lo que dice. Por el contrario, Santa Cruz y Villalonga se pon\u00edan siempre en la grada m\u00e1s alta, envueltos en sus capas y m\u00e1s parecidos a conspiradores que a estudiantes. All\u00ed pasaban el rato charlando por lo bajo, leyendo novelas, dibujando caricaturas o sopl\u00e1ndose rec\u00edprocamente la lecci\u00f3n cuando el catedr\u00e1tico les preguntaba. Juanito Santa Cruz y Miquis llevaron un d\u00eda una sart\u00e9n (no s\u00e9 si a la clase de Novar o a la de Uribe, que explicaba Metaf\u00edsica) y frieron un par de huevos. Otras muchas tonter\u00edas de este jaez cuenta Villalonga, las cuales no copio por no alargar este relato. Todos ellos, a excepci\u00f3n de Miquis que se muri\u00f3 en el 64 so\u00f1ando con la gloria de Schiller, metieron infernal bulla en el c\u00e9lebre alboroto de la noche de San Daniel. Hasta el formalito Zalamero se descompuso en aquella ruidosa ocasi\u00f3n, dando pitidos y chillando como un salvaje, con lo cual se gan\u00f3 dos bofetadas de un guardia veterano, sin m\u00e1s consecuencias. Pero Villalonga y Santa Cruz lo pasaron peor, porque el primero recibi\u00f3 un sablazo en el hombro que le tuvo derrengado por espacio de dos meses largos, y el segundo fue cogido junto a la esquina del Teatro Real y llevado a la prevenci\u00f3n en una cuerda de presos, compuesta de varios estudiantes decentes y algunos pilluelos de muy mal pelaje. A la sombra me lo tuvieron veinte y tantas horas, y a\u00fan durara m\u00e1s su cautiverio, si de \u00e9l no le sacara el d\u00eda 11 su pap\u00e1, sujeto respetabil\u00edsimo y muy bien relacionado.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">\u00a1Ay!, el susto que se llevaron D. Baldomero Santa Cruz y Barbarita no es para contado. \u00a1Qu\u00e9 noche de angustia la del 10 al 11! Ambos cre\u00edan no volver a ver a su adorado nene, en quien, por ser \u00fanico, se miraban y se recreaban con inefables goces de padres chochos de cari\u00f1o, aunque no eran viejos. Cuando el tal Juanito entr\u00f3 en su casa, p\u00e1lido y hambriento, descompuesta la faz graciosa, la ropita llena de sietes y oliendo a pueblo, su mam\u00e1 vacilaba entre re\u00f1irle y com\u00e9rsele a besos. El insigne Santa Cruz, que se hab\u00eda enriquecido honradamente en el comercio de pa\u00f1os, figuraba con timidez en el antiguo partido progresista; mas no era socio de la revoltosa <i>Tertulia<\/i>, porque las inclinaciones antidin\u00e1sticas de Ol\u00f3zaga y Prim le hac\u00edan muy poca gracia. Su club era el sal\u00f3n de un amigo y pariente, al cual iban casi todas las noches D. Manuel Cantero, D. Cirilo \u00c1lvarez y D. Joaqu\u00edn Aguirre, y algunas D. Pascual Madoz. No pod\u00eda ser, pues, D. Baldomero, por raz\u00f3n de afinidades personales, sospechoso al poder. Creo que fue Cantero quien le acompa\u00f1\u00f3 a Gobernaci\u00f3n para ver a Gonz\u00e1lez Bravo, y \u00e9ste dio al punto la orden para que fuese puesto en libertad el revolucionario, el anarquista, el descamisado Juanito.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Cuando el ni\u00f1o estudiaba los \u00faltimos a\u00f1os de su carrera, verificose en \u00e9l uno de esos cambiazos cr\u00edticos que tan comunes son en la edad juvenil. De travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo Zalamero daba quince y raya. Entrole la comez\u00f3n de cumplir religiosamente sus deberes escol\u00e1sticos y aun de instruirse por su cuenta con lecturas sin tasa y con ejercicios de controversia y palique declamatorio entre amiguitos. No s\u00f3lo iba a clase puntual\u00edsimo y cargado de apuntes, sino que se pon\u00eda en la grada primera para mirar al profesor con cara de aprovechamiento, sin quitarle ojo, cual si fuera una novia, y aprobar con cabezadas la explicaci\u00f3n, como diciendo: \u00abyo tambi\u00e9n me s\u00e9 eso y algo m\u00e1s\u00bb. Al concluir la clase, era de los que le cortan el paso al catedr\u00e1tico para consultarle un punto oscuro del texto o que les resuelva una duda. Con estas dudas declaran los tales su furibunda aplicaci\u00f3n. Fuera de la Universidad, la fiebre de la ciencia le tra\u00eda muy desasosegado. Por aquellos d\u00edas no era todav\u00eda costumbre que fuesen al Ateneo los sabios de pecho que est\u00e1n mamando la leche del conocimiento. Juanito se reun\u00eda con otros cachorros en la casa del chico de Teller\u00eda (Gustavito) y all\u00ed armaban grandes peloteras. Los temas m\u00e1s sutiles de Filosof\u00eda de la Historia y del Derecho, de Metaf\u00edsica y de otras ciencias especulativas (pues a\u00fan no estaban de moda los estudios experimentales, ni el transformismo, ni Darwin, ni Haeckel eran para ellos, lo que para otros el trompo o la cometa. \u00a1Qu\u00e9 gran progreso en los entretenimientos de la ni\u00f1ez! \u00a1Cuando uno piensa que aquellos mismos nenes, si hubieran vivido en edades remotas, se habr\u00edan pasado el tiempo mam\u00e1ndose el dedo, o haciendo y diciendo toda suerte de bober\u00edas&#8230;!<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Todos los dineros que su pap\u00e1 le daba, dej\u00e1balos Juanito en casa de Bailly-Bailli\u00e8re, a cuenta de los libros que iba tomando. Refiere Villalonga que un d\u00eda fue Barbarita <i>reventando<\/i> de gozo y orgullo a la librer\u00eda, y despu\u00e9s de saldar los d\u00e9bitos del ni\u00f1o, dio orden de que entregaran a este todos los mamotretos que pidiera, aunque fuesen caros y tan grandes como misales. La bondadosa y angelical se\u00f1ora quer\u00eda poner un freno de modestia a la expresi\u00f3n de su vanidad maternal. Figur\u00e1base que ofend\u00eda a los dem\u00e1s, haciendo ver la supremac\u00eda de su hijo entre todos los hijos nacidos y por nacer. No quer\u00eda tampoco profanar, haci\u00e9ndolo p\u00fablico, aquel encanto \u00edntimo, aquel himno de la conciencia que podemos llamar los <i>misterios gozosos<\/i> de Barbarita. \u00danicamente se clareaba alguna vez, soltando como al descuido estas entrecortadas razones: \u00ab\u00a1Ay qu\u00e9 chico!&#8230; \u00a1cu\u00e1nto lee! Yo digo que esas cabezas tienen algo, algo, s\u00ed se\u00f1or, que no tienen las dem\u00e1s&#8230; En fin, m\u00e1s vale que le d\u00e9 por ah\u00ed\u00bb.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Concluy\u00f3 Santa Cruz la carrera de Derecho, y de a\u00f1adidura la de Filosof\u00eda y Letras. Sus pap\u00e1s eran muy ricos y no quer\u00edan que el ni\u00f1o fuese comerciante, ni hab\u00eda para qu\u00e9, pues ellos tampoco lo eran ya. Apenas terminados los estudios acad\u00e9micos, verificose en Juanito un nuevo cambiazo, una segunda crisis de crecimiento, de esas que marcan el misterioso paso o transici\u00f3n de edades en el desarrollo individual. Perdi\u00f3 bruscamente la afici\u00f3n a aquellas furiosas broncas oratorias por un m\u00e1s o un menos en cualquier punto de Filosof\u00eda o de Historia; empez\u00f3 a creer rid\u00edculos los sofocones que se hab\u00eda tomado por probar que <i>en las civilizaciones de Oriente el poder de las castas sacerdotales era un poquito m\u00e1s ilimitado que el de los reyes<\/i>, contra la opini\u00f3n de Gustavito Teller\u00eda, el cual sosten\u00eda, dando pu\u00f1etazos sobre la mesa, que lo era <i>un poquit\u00edn menos<\/i>. Dio tambi\u00e9n en pensar que maldito lo que le importaba que <i>la conciencia fuera la intimidad total del ser racional consigo mismo<\/i>, o bien otra cosa semejante, como quer\u00eda probar, hinch\u00e1ndose de convicci\u00f3n airada, Joaquinito Pez. No tard\u00f3, pues, en aflojar la cuerda a la man\u00eda de las lecturas, hasta llegar a no leer absolutamente nada. Barbarita cre\u00eda de buena fe que su hijo no le\u00eda ya porque hab\u00eda agotado el pozo de la ciencia.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Ten\u00eda Juanito entonces veinticuatro a\u00f1os. Le conoc\u00ed un d\u00eda en casa de Federico Cimarra en un almuerzo que este dio a sus amigos. Se me ha olvidado la fecha exacta; pero debi\u00f3 de ser esta hacia el 69, porque recuerdo que se habl\u00f3 mucho de Figuerola, de la capitaci\u00f3n y del derribo de la torre de la iglesia de Santa Cruz. Era el hijo de D. Baldomero muy bien parecido y adem\u00e1s muy simp\u00e1tico, de estos hombres que se recomiendan con su figura antes de cautivar con su trato, de estos que en una hora de conversaci\u00f3n ganan m\u00e1s amigos que otros repartiendo favores positivos. Por lo bien que dec\u00eda las cosas y la gracia de sus juicios, aparentaba saber m\u00e1s de lo que sab\u00eda, y en su boca las paradojas eran m\u00e1s bonitas que las verdades. Vest\u00eda con elegancia y ten\u00eda tan buena educaci\u00f3n, que se le perdonaba f\u00e1cilmente el hablar demasiado. Su instrucci\u00f3n y su ingenio agud\u00edsimo le hac\u00edan descollar sobre todos los dem\u00e1s mozos de la partida, y aunque a primera vista ten\u00eda cierta semejanza con Joaquinito Pez, trat\u00e1ndoles se echaban de ver entre ambos profundas diferencias, pues el chico de Pez, por su ligereza de car\u00e1cter y la garruler\u00eda de su entendimiento, era un verdadero botarate.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Barbarita estaba loca con su hijo; mas era tan discreta y delicada, que no se atrev\u00eda a elogiarle delante de sus amigas, sospechando que todas las dem\u00e1s se\u00f1oras hab\u00edan de tener celos de ella. Si esta pasi\u00f3n de madre daba a Barbarita inefables alegr\u00edas, tambi\u00e9n era causa de zozobras y cavilaciones. Tem\u00eda que Dios la castigase por su orgullo; tem\u00eda que el adorado hijo enfermara de la noche a la ma\u00f1ana y se muriera como tantos otros de menos m\u00e9rito f\u00edsico y moral. Porque no hab\u00eda que pensar que el m\u00e9rito fuera una inmunidad. Al contrario, los m\u00e1s brutos, los m\u00e1s feos y los perversos son los que se hartan de vivir, y parece que la misma muerte no quiere nada con ellos. Del tormento que estas ideas daban a su alma se defend\u00eda Barbarita con su ardiente fe religiosa. Mientras oraba, una voz interior, susurro dulc\u00edsimo como chismes tra\u00eddos por el \u00c1ngel de la Guarda, le dec\u00eda que su hijo no morir\u00eda antes que ella. Los cuidados que al chico prodigaba eran esmerad\u00edsimos; pero no ten\u00eda aquella buena se\u00f1ora las tonter\u00edas dengosas de algunas madres, que hacen de su cari\u00f1o una man\u00eda insoportable para los que la presencian, y corruptora para las criaturas que son objeto de \u00e9l. No trataba a su hijo con mimo. Su ternura sab\u00eda ser inteligente y revestirse a veces de severidad dulce.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">\u00bfY por qu\u00e9 le llamaba todo el mundo y le llama todav\u00eda casi un\u00e1nimemente <i>Juanito<\/i> Santa Cruz? Esto s\u00ed que no lo s\u00e9. Hay en Madrid muchos casos de esta aplicaci\u00f3n del diminutivo o de la f\u00f3rmula familiar del nombre, aun trat\u00e1ndose de personas que han entrado en la madurez de la vida. Hasta hace pocos a\u00f1os, al autor cien veces ilustre de <i>Pepita Jim\u00e9nez<\/i>, le llamaban sus amigos y los que no lo eran, <i>Juanito<\/i> Valera. En la sociedad madrile\u00f1a, la m\u00e1s amena del mundo porque ha sabido combinar la cortes\u00eda con la confianza, hay algunos <i>Pepes, Manolitos<\/i> y <i>Pacos<\/i> que, aun despu\u00e9s de haber conquistado la celebridad por diferentes conceptos, contin\u00faan nombrados con esta familiaridad democr\u00e1tica que demuestra la llaneza castiza del car\u00e1cter espa\u00f1ol. El origen de esto habr\u00e1 que buscarlo quiz\u00e1 en ternuras dom\u00e9sticas o en h\u00e1bitos de servidumbre que trascienden sin saber c\u00f3mo a la vida social. En algunas personas, puede relacionarse el diminutivo con el sino. Hay efectivamente Manueles que nacieron predestinados para ser <i>Manolos<\/i> toda su vida. Sea lo que quiera, al venturoso hijo de D. Baldomero Santa Cruz y de do\u00f1a B\u00e1rbara Arnaiz le llamaban <i>Juanito<\/i>, y <i>Juanito<\/i> le dicen y le dir\u00e1n quiz\u00e1 hasta que las canas de \u00e9l y la muerte de los que le conocieron ni\u00f1o vayan alterando poco a poco la campechana costumbre.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Conocida la persona y sus felices circunstancias, se comprender\u00e1 f\u00e1cilmente la direcci\u00f3n que tomaron las ideas del joven Santa Cruz al verse en las puertas del mundo con tantas probabilidades de \u00e9xito. Ni extra\u00f1ar\u00e1 nadie que un chico guapo, poseedor del arte de agradar y del arte de vestir, hijo \u00fanico de padres ricos, inteligente, instruido, de frase seductora en la conversaci\u00f3n, pronto en las respuestas, agudo y ocurrente en los juicios, un chico, en fin, al cual se le podr\u00eda poner el r\u00f3tulo social de <i>brillante<\/i>, considerara ocioso y hasta rid\u00edculo el meterse a averiguar si hubo o no un idioma \u00fanico primitivo, si el Egipto fue una colonia bracm\u00e1nica, si la China es absolutamente independiente de tal o cual civilizaci\u00f3n asi\u00e1tica, con otras cosas que a\u00f1os atr\u00e1s le quitaban el sue\u00f1o, pero que ya le ten\u00edan sin cuidado, mayormente si pensaba que lo que \u00e9l no averiguase otro lo averiguar\u00eda&#8230; \u00abY por \u00faltimo \u2014dec\u00eda\u2014pongamos que no se averig\u00fce nunca. \u00bfY qu\u00e9&#8230;?\u00bb. El mundo tangible y gustable le seduc\u00eda m\u00e1s que los incompletos conocimientos de vida que se vislumbran en el fugaz resplandor de las ideas <i>sacadas a la fuerza<\/i>, chispas obtenidas en nuestro cerebro por la percusi\u00f3n de la voluntad, que es lo que constituye el estudio. Juanito acab\u00f3 por declararse a s\u00ed mismo que m\u00e1s sabe el que vive <i>sin querer saber<\/i> que el que <i>quiere saber sin vivir<\/i>, o sea aprendiendo en los libros y en las aulas. Vivir es relacionarse, gozar y padecer, desear, aborrecer y amar. La lectura es vida artificial y prestada, el usufructo, mediante una funci\u00f3n cerebral, de las ideas y sensaciones ajenas, la adquisici\u00f3n de los tesoros de la verdad humana por compra o por estafa, no por el trabajo. No paraban aqu\u00ed las filosof\u00edas de Juanito, y hac\u00eda una comparaci\u00f3n que no carece de exactitud. Dec\u00eda que entre estas dos maneras de vivir, observaba \u00e9l la diferencia que hay entre comerse una chuleta y que le vengan a contar a uno c\u00f3mo y cu\u00e1ndo se la ha comido otro, haciendo el cuento muy a lo vivo, se entiende, y describiendo la cara que pon\u00eda, el gusto que le daba la masticaci\u00f3n, la gana con que tragaba y el reposo con que diger\u00eda.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<h2 class=\"western\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">2<\/span><\/h2>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Empez\u00f3 entonces para Barbarita nueva \u00e9poca de sobresaltos. Si antes sus oraciones fueron pararrayos puestos sobre la cabeza de Juanito para apartar de ella el tifus y las viruelas, despu\u00e9s intentaban librarle de otros enemigos no menos atroces. Tem\u00eda los esc\u00e1ndalos que ocasionan lances personales, las pasiones que destruyen la salud y envilecen el alma, los despilfarros, el desorden moral, f\u00edsico y econ\u00f3mico. Resolviose la insigne se\u00f1ora a tener car\u00e1cter y a vigilar a su hijo. H\u00edzose fiscalizadora, reparona, entrometida, y unas veces con dulzura, otras con aspereza que le costaba trabajo fingir, tomaba raz\u00f3n de todos los actos del joven, tundi\u00e9ndole a preguntas: \u00ab\u00bfA d\u00f3nde vas con ese cuerpo?&#8230; \u00bfDe d\u00f3nde vienes ahora?&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 entraste anoche a las tres de la ma\u00f1ana?&#8230; \u00bfEn qu\u00e9 has gastado los mil reales que ayer te di?&#8230; A ver, \u00bfqu\u00e9 significa este perfume que se te ha pegado a la cara?&#8230;\u00bb. Daba sus descargos el delincuente como pod\u00eda, fatigando su imaginaci\u00f3n para procurarse respuestas que tuvieran visos de l\u00f3gica, aunque estos fueran como fulgor de rel\u00e1mpago. Pon\u00eda una de cal y otra de arena, mezclando las contestaciones categ\u00f3ricas con los mimos y las zalamer\u00edas. Bien sab\u00eda cu\u00e1l era el flanco d\u00e9bil del enemigo. Pero Barbarita, mujer de tanto esp\u00edritu como coraz\u00f3n, se las ten\u00eda muy tiesas y sab\u00eda defenderse. En algunas ocasiones era tan fuerte la acometida de cari\u00f1itos, que la mam\u00e1 estaba a punto de rendirse, fatigada de su entereza disciplinaria. Pero, \u00a1quia!, no se rend\u00eda; y vuelta al ajuste de cuentas, y al inquirir, y al tomar acta de todos los pasos que el predilecto daba por entre los peligros sociales. En honor a la verdad, debo decir que los desvar\u00edos de Juanito no eran ninguna cosa del otro jueves. En esto, como en todo lo malo, hemos progresado de tal modo, que las barrabasadas de aquel ni\u00f1o bonito hace quince a\u00f1os, nos parecer\u00edan hoy timideces y aun actos de ejemplaridad relativa.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Presentose en aquellos d\u00edas al simp\u00e1tico joven la coyuntura de hacer su primer viaje a Par\u00eds, adonde iban Villalonga y Federico Ruiz comisionados por el Gobierno, el uno a comprar m\u00e1quinas de agricultura, el otro a adquirir aparatos de astronom\u00eda. A D. Baldomero le pareci\u00f3 muy bien el viaje del chico, para que viese mundo; y Barbarita no se opuso, aunque le mortificaba mucho la idea de que su hijo correr\u00eda en la capital de Francia temporales m\u00e1s recios que los de Madrid. A la pena de no verle un\u00edase el temor de que le sorbieran aquellos gabachos y gabachas, tan diestros en desplumar al forastero y en maleficiar a los j\u00f3venes m\u00e1s juiciosos. Bien se sab\u00eda ella que all\u00e1 hilaban muy fino en esto de explotar las debilidades humanas, y que Madrid era, comparado en esta materia con Par\u00eds de Francia, un lugar de abstinencia y mortificaci\u00f3n. Tan triste se puso un d\u00eda pensando en estas cosas y tan al vivo se le representaban la pr\u00f3xima perdici\u00f3n de su querido hijo y las redes en que inexperto ca\u00eda, que sali\u00f3 de su casa resuelta a implorar la misericordia divina del modo m\u00e1s solemne, conforme a sus grandes medios de fortuna. Primero se le ocurri\u00f3 encargar muchas misas al cura de San Gin\u00e9s, y no pareci\u00e9ndole esto bastante, discurri\u00f3 mandar poner de Manifiesto la Divina Majestad todo el tiempo que el ni\u00f1o estuviese en Par\u00eds. Ya dentro de la Iglesia, pens\u00f3 que lo del Manifiesto era un lujo desmedido y por lo mismo quiz\u00e1 irreverente. No, guardar\u00eda el recurso gordo para los casos graves de enfermedad o peligro de muerte. Pero en lo de las misas s\u00ed que no se volvi\u00f3 atr\u00e1s, y encarg\u00f3 la mar de ellas, repartiendo adem\u00e1s aquella semana m\u00e1s limosnas que de costumbre.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Cuando comunicaba sus temores a D. Baldomero, este se echaba a re\u00edr y le dec\u00eda: \u00abEl chico es de buena \u00edndole. D\u00e9jale que se divierta y que la corra. Los j\u00f3venes del d\u00eda necesitan despabilarse y ver mucho mundo. No son estos tiempos como los m\u00edos, en que no la corr\u00eda ning\u00fan chico del comercio, y nos ten\u00edan a todos metidos en un pu\u00f1o hasta que nos casaban. \u00a1Qu\u00e9 costumbres aquellas tan diferentes de las de ahora! La civilizaci\u00f3n, hija, es mucho cuento. \u00bfQu\u00e9 padre le dar\u00eda hoy un par de bofetadas a un hijo de veinte a\u00f1os por haberse puesto las botas nuevas en d\u00eda de trabajo? \u00bfNi c\u00f3mo te atrever\u00edas hoy a proponerle a un mocet\u00f3n de estos que rece el rosario con la familia? Hoy los j\u00f3venes disfrutan de una libertad y de una iniciativa para divertirse que no gozaban los de anta\u00f1o. Y no creas, no creas que por esto son peores. Y si me apuras, te dir\u00e9 que conviene que los chicos no sean tan encogidos como los de entonces. Me acuerdo de cuando yo era pollo. \u00a1Dios m\u00edo, qu\u00e9 soso era! Ya ten\u00eda veinticinco a\u00f1os, y no sab\u00eda decir a una mujer o se\u00f1ora sino <i>que usted lo pase bien<\/i>, y de ah\u00ed no me sacaba nadie. Como que me hab\u00eda pasado en la tienda y en el almac\u00e9n toda la ni\u00f1ez y lo mejor de mi juventud. Mi padre era una fiera; no me perdonaba nada. As\u00ed me cri\u00e9, as\u00ed sal\u00ed yo, con unas ideas de rectitud y unos h\u00e1bitos de trabajo, que ya ya&#8230; Por eso bendigo hoy los coscorrones que fueron mis verdaderos maestros. Pero en lo referente a sociedad, yo era un salvaje. Como mis padres no me permit\u00edan m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que la de otros muchachones tan \u00f1o\u00f1os como yo, no sab\u00eda ninguna suerte de travesuras, ni hab\u00eda visto a una mujer m\u00e1s que por el forro, ni entend\u00eda de ning\u00fan juego, ni pod\u00eda hablar de nada que fuera mundano y corriente. Los domingos, mi mam\u00e1 ten\u00eda que ponerme la corbata y encasquetarme el sombrero, porque todas las prendas del d\u00eda de fiesta parec\u00edan querer escap\u00e1rseme del cuerpo. T\u00fa bien te acuerdas. Anda, que tambi\u00e9n te has re\u00eddo de m\u00ed. Cuando mis padres me hablaron&#8230; as\u00ed, a boca de jarro, de que me iba a casar contigo, \u00a1me corri\u00f3 un fr\u00edo por todo el espinazo&#8230;! Todav\u00eda me acuerdo del miedo que te ten\u00eda. Nuestros padres nos dieron esto amasado y cocido. Nos casaron como se casa a los gatos, y punto concluido. Sali\u00f3 bien; pero hay tantos casos en que esta manera de hacer familias sale malditamente&#8230; \u00a1Qu\u00e9 risa! Lo que me daba m\u00e1s miedo cuando mi madre me habl\u00f3 de casarme, fue el compromiso en que estaba de hablar contigo&#8230; No ten\u00eda m\u00e1s remedio que decirte algo&#8230; \u00a1Caramba, qu\u00e9 sudores pas\u00e9! &#8216;Pero yo \u00bfqu\u00e9 le voy a decir, si lo \u00fanico que s\u00e9 es <i>que usted lo pase bien<\/i>, y en saliendo de ah\u00ed soy hombre perdido&#8230;?&#8217;.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Ya te he contado mil veces la saliva amarga que tragaba \u00a1ay, Dios m\u00edo!, cuando mi madre me mandaba ponerme la levita de pa\u00f1o negro para llevarme a tu casa. Bien te acuerdas de mi famosa levita, de lo mal que me estaba y de lo desma\u00f1ado que era en tu presencia, pues no me arrancaba a decir una palabra sino cuando alguien me ayudaba. Los primeros d\u00edas me inspirabas verdadero terror, y me pasaba las horas pensando c\u00f3mo hab\u00eda de entrar y qu\u00e9 cosas hab\u00eda de decir, y discurriendo alguna triqui\u00f1uela para hacer menos rid\u00edcula mi cortedad&#8230; D\u00edgase lo que se quiera, hija, aquella educaci\u00f3n no era buena. Hoy no se puede criar a los hijos de esa manera. Yo \u00a1qu\u00e9 quieres que te diga!, creo que en lo esencial Juanito no ha de faltarnos. Es de casta honrada, tiene la formalidad en la masa de la sangre. Por eso estoy tranquilo, y no veo con malos ojos que se despabile, que conozca el mundo, que adquiera soltura de modales&#8230;\u00bb.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\">\u2014<span style=\"font-size: large;\">No, si lo que menos falta hace a mi hijo es adquirir soltura, porque la tiene desde que era una criatura&#8230; Si no es eso. No se trata aqu\u00ed de modales, sino de que me le coman esas bribonas&#8230;<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\">\u2014<span style=\"font-size: large;\">Mira, mujer, para que los j\u00f3venes adquieran energ\u00eda contra el vicio, es preciso que lo conozcan, que lo caten, s\u00ed, hija, que lo caten. No hay peor situaci\u00f3n para un hombre que pasarse la mitad de la vida rabiando por probarlo y no pudiendo conseguirlo, ya por timidez, ya por esclavitud. No hay muchos casos como yo, bien lo sabes; ni de estos tipos que jam\u00e1s, ni antes ni despu\u00e9s de casados, tuvieron trapicheos, entran muchos en libra. Cada cual en su \u00e9poca. Juanito, en la suya, no puede ser mejor de lo que es, y si te empe\u00f1as en hacer de \u00e9l un anacronismo o una rareza, un <i>non<\/i> como su padre, puede que lo eches a perder.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Estas razones no convenc\u00edan a Barbarita, que segu\u00eda con toda el alma fija en los peligros y escollos de la Babilonia parisiense, porque hab\u00eda o\u00eddo contar horrores de lo que all\u00ed pasaba. Como que estaba infestada la gran ciudad de unas mujeronas muy guapas y elegantes que al pronto parec\u00edan duquesas, vestidas con los m\u00e1s bonitos y los m\u00e1s nuevos arreos de la moda. Mas cuando se las ve\u00eda y o\u00eda de cerca, resultaban ser unas tiotas relajadas, comilonas, borrachas y \u00e1vidas de dinero, que desplumaban y resecaban al pobrecito que en sus garras ca\u00eda. Cont\u00e1bale estas cosas el marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz que casi todos los veranos iba al extranjero.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: large;\">Las inquietudes de aquella incomparable se\u00f1ora acabaron con el regreso de Juanito. \u00a1Y qui\u00e9n lo dir\u00eda! Volvi\u00f3 mejor de lo que fue. Tanto hablar de Par\u00eds, y cuando Barbarita cre\u00eda ver entrar a su hijo hecho una l\u00e1stima, todo rechupado y an\u00e9mico, se le ve m\u00e1s gordo y lucio que antes, con mejor color y los ojos m\u00e1s vivos, much\u00edsimo m\u00e1s alegre, m\u00e1s hombre en fin, y con una amplitud de ideas y una punter\u00eda de juicio que a todos dejaba pasmados. \u00a1Vaya con Par\u00eds!&#8230; El marqu\u00e9s de Casa-Mu\u00f1oz se lo dec\u00eda a Barbarita: \u00abNo hay que <i>involucrar<\/i>, Par\u00eds es muy malo; pero tambi\u00e9n es muy bueno\u00bb.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juanito Santa Cruz 1 Las noticias m\u00e1s remotas que tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto Mar\u00eda Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo m\u00edo y el otro y el de m\u00e1s all\u00e1, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad. 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