{"id":19072,"date":"2025-04-13T00:00:39","date_gmt":"2025-04-12T23:00:39","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19072"},"modified":"2025-04-13T08:04:55","modified_gmt":"2025-04-13T07:04:55","slug":"don-quijot-de-la-mancha-capitulos-23-y-24","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19072","title":{"rendered":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Capitulos 23 y 24"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"font-size: 16px;\">Cap\u00edtulo XXIII. De lo que le aconteci\u00f3 al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las m\u00e1s raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan<\/span><\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Vi\u00e9ndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Siempre, Sancho, lo he o\u00eddo decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en la mar. Si yo hubiera cre\u00eddo lo que me dijiste, yo hubiera escusado esta pesadumbre; pero ya est\u00e1 hecho: paciencia, y escarmentar para desde aqu\u00ed adelante.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 As\u00ed escarmentar\u00e1 vuestra merced \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014 como yo soy turco; pero, pues dice que si me hubiera cre\u00eddo se hubiera escusado este da\u00f1o, cr\u00e9ame ahora y escusar\u00e1 otro mayor; porque le hago saber que con la Santa Hermandad no hay usar de caballer\u00edas, que no se le da a ella por cuantos caballeros andantes hay dos maraved\u00eds; y sepa que ya me parece que sus saetas me zumban por los o\u00eddos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Naturalmente eres cobarde, Sancho \u2014dijo don Quijote\u2014, pero, porque no digas que soy contumaz y que jam\u00e1s hago lo que me aconsejas, por esta vez quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de ser con una condici\u00f3n: que jam\u00e1s, en vida ni en muerte, has de decir a nadie que yo me retir\u00e9 y apart\u00e9 deste peligro de miedo, sino por complacer a tus ruegos; que si otra cosa dijeres, mentir\u00e1s en ello, y desde ahora para entonces, y desde entonces para ahora, te desmiento, y digo que mientes y mentir\u00e1s todas las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me repliques m\u00e1s, que en s\u00f3lo pensar que me aparto y retiro de alg\u00fan peligro, especialmente d\u00e9ste, que parece que lleva alg\u00fan es no es de sombra de miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aqu\u00ed solo, no solamente a la Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus de Israel, y a los siete Macabeos, y a C\u00e1stor y a P\u00f3lux, y aun a todos los hermanos y hermandades que hay en el mundo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Se\u00f1or \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, que el retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para ma\u00f1ana y no aventurarse todo en un d\u00eda. Y sepa que, aunque zafio y villano, todav\u00eda se me alcanza algo desto que llaman buen gobierno; as\u00ed que, no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba en Rocinante, si puede, o si no yo le ayudar\u00e9, y s\u00edgame, que el caletre me dice que hemos menester ahora m\u00e1s los pies que las manos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Subi\u00f3 don Quijote, sin replicarle m\u00e1s palabra, y, guiando Sancho sobre su asno, se entraron por una parte de Sierra Morena, que all\u00ed junto estaba, llevando Sancho intenci\u00f3n de atravesarla toda e ir a salir al Viso, o a Almod\u00f3var del Campo, y esconderse algunos d\u00edas por aquellas asperezas, por no ser hallados si la Hermandad los buscase. Anim\u00f3le a esto haber visto que de la refriega de los galeotes se hab\u00eda escapado libre la despensa que sobre su asno ven\u00eda, cosa que la juzg\u00f3 a milagro, seg\u00fan fue lo que llevaron y buscaron los galeotes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">As\u00ed como don Quijote entr\u00f3 por aquellas monta\u00f1as, se le alegr\u00f3 el coraz\u00f3n, pareci\u00e9ndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba. Reduc\u00edansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas hab\u00edan sucedido a caballeros andantes. Iba pensando en estas cosas, tan embebecido y trasportado en ellas que de ninguna otra se acordaba. Ni Sancho llevaba otro cuidado \u2014despu\u00e9s que le pareci\u00f3 que caminaba por parte segura\u2014 sino de satisfacer su est\u00f3mago con los relieves que del despojo clerical hab\u00edan quedado; y as\u00ed, iba tras su amo sentado a la mujeriega sobre su jumento, sacando de un costal y embaulando en su panza; y no se le diera por hallar otra ventura, entretanto que iba de aquella manera, un ardite.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">En esto, alz\u00f3 los ojos y vio que su amo estaba parado, procurando con la punta del lanz\u00f3n alzar no s\u00e9 qu\u00e9 bulto que estaba ca\u00eddo en el suelo, por lo cual se dio priesa a llegar a ayudarle si fuese menester; y cuando lleg\u00f3 fue a tiempo que alzaba con la punta del lanz\u00f3n un coj\u00edn y una maleta asida a \u00e9l, medio podridos, o podridos del todo, y deshechos; mas, pesaba tanto, que fue necesario que Sancho se apease a tomarlos, y mand\u00f3le su amo que viese lo que en la maleta ven\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">H\u00edzolo con mucha presteza Sancho, y, aunque la maleta ven\u00eda cerrada con una cadena y su candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella hab\u00eda, que eran cuatro camisas de delgada holanda y otras cosas de lienzo, no menos curiosas que limpias, y en un pa\u00f1izuelo hall\u00f3 un buen montoncillo de escudos de oro; y, as\u00ed como los vio, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 \u00a1Bendito sea todo el cielo, que nos ha deparado una aventura que sea de provecho!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Y buscando m\u00e1s, hall\u00f3 un librillo de memoria, ricamente guarnecido. \u00c9ste le pidi\u00f3 don Quijote, y mand\u00f3le que guardase el dinero y lo tomase para \u00e9l. Bes\u00f3le las manos Sancho por la merced, y, desvalijando a la valija de su lencer\u00eda, la puso en el costal de la despensa. Todo lo cual visto por don Quijote, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Par\u00e9ceme, Sancho, y no es posible que sea otra cosa, que alg\u00fan caminante descaminado debi\u00f3 de pasar por esta sierra, y, salte\u00e1ndole malandrines, le debieron de matar, y le trujeron a enterrar en esta tan escondida parte. \u2014 No puede ser eso \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, porque si fueran ladrones, no se dejaran aqu\u00ed este dinero.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Verdad dices \u2014dijo don Quijote\u2014, y as\u00ed, no adivino ni doy en lo que esto pueda ser; mas, esp\u00e9rate: veremos si en este librillo de memoria hay alguna cosa escrita por donde podamos rastrear y venir en conocimiento de lo que deseamos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Abri\u00f3le, y lo primero que hall\u00f3 en \u00e9l escrito, como en borrador, aunque de muy buena letra, fue un soneto, que, ley\u00e9ndole alto porque Sancho tambi\u00e9n lo oyese, vio que dec\u00eda desta manera:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">O le falta al Amor conocimiento,<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">o le sobra crueldad, o no es mi pena<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">igual a la ocasi\u00f3n que me condena<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">al g\u00e9nero m\u00e1s duro de tormento.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Pero si Amor es dios, es argumento<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">que nada ignora, y es raz\u00f3n muy buena<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">que un dios no sea cruel. Pues, \u00bfqui\u00e9n ordena<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">el terrible dolor que adoro y siento?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Si digo que sois vos, Fili, no acierto;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">que tanto mal en tanto bien no cabe,<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">ni me viene del cielo esta r\u00fcina.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Presto habr\u00e9 de morir, que es lo m\u00e1s cierto;<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">que al mal de quien la causa no se sabe<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">milagro es acertar la medicina.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Por esa trova \u2014dijo Sancho\u2014 no se puede saber nada, si ya no es que por ese hilo que est\u00e1 ah\u00ed se saque el ovillo de todo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 hilo est\u00e1 aqu\u00ed? \u2014dijo don Quijote.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Par\u00e9ceme \u2014dijo Sancho\u2014 que vuestra merced nombr\u00f3 ah\u00ed hilo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 No dije sino Fili \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, y \u00e9ste, sin duda, es el nombre de la dama de quien se queja el autor deste soneto; y a fe que debe de ser razonable poeta, o yo s\u00e9 poco del arte.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Luego, \u00bftambi\u00e9n \u2014dijo Sancho\u2014 se le entiende a vuestra merced de trovas? \u2014 Y m\u00e1s de lo que t\u00fa piensas \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, y ver\u00e1slo cuando lleves una carta, escrita en verso de arriba abajo, a mi se\u00f1ora Dulcinea del Toboso. Porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los m\u00e1s caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes m\u00fasicos; que estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas a los enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los pasados caballeros tienen m\u00e1s de esp\u00edritu que de primor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Lea m\u00e1s vuestra merced \u2014dijo Sancho\u2014, que ya hallar\u00e1 algo que nos satisfaga.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Volvi\u00f3 la hoja don Quijote y dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Esto es prosa, y parece carta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 \u00bfCarta misiva, se\u00f1or? \u2014pregunt\u00f3 Sancho.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 En el principio no parece sino de amores \u2014respondi\u00f3 don Quijote. \u2014 Pues lea vuestra merced alto \u2014dijo Sancho\u2014, que gusto mucho destas cosas de amores.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Que me place \u2014dijo don Quijote.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Y, ley\u00e9ndola alto, como Sancho se lo hab\u00eda rogado, vio que dec\u00eda desta manera:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Tu falsa promesa y mi cierta desventura me llevan a parte donde antes volver\u00e1n a tus o\u00eddos las nuevas de mi muerte que las razones de mis quejas. Desech\u00e1steme, \u00a1oh ingrata!, por quien tiene m\u00e1s, no por quien vale m\u00e1s que yo; mas si la virtud fuera riqueza que se estimara, no envidiara yo dichas ajenas ni llorara desdichas propias. Lo que levant\u00f3 tu hermosura han derribado tus obras: por ella entend\u00ed que eras \u00e1ngel, y por ellas conozco que eres mujer. Qu\u00e9date en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que los enga\u00f1os de tu esposo est\u00e9n siempre encubiertos, porque t\u00fa no quedes arrepentida de lo que heciste y yo no tome venganza de lo que no deseo. Acabando de leer la carta, dijo don Quijote:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Menos por \u00e9sta que por los versos se puede sacar m\u00e1s de que quien la escribi\u00f3 es alg\u00fan desde\u00f1ado amante.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Y, hojeando casi todo el librillo, hall\u00f3 otros versos y cartas, que algunos pudo leer y otros no; pero lo que todos conten\u00edan eran quejas, lamentos, desconfianzas, sabores y sinsabores, favores y desdenes, solenizados los unos y llorados los otros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">En tanto que don Quijote pasaba el libro, pasaba Sancho la maleta, sin dejar rinc\u00f3n en toda ella, ni en el coj\u00edn, que no buscase, escudri\u00f1ase e inquiriese, ni costura que no deshiciese, ni vedija de lana que no escarmenase, porque no se quedase nada por diligencia ni mal recado: tal golosina hab\u00edan despertado en \u00e9l los hallados escudos, que pasaban de ciento. Y, aunque no hall\u00f3 mas de lo hallado, dio por bien empleados los vuelos de la manta, el vomitar del brebaje, las bendiciones de las estacas, las pu\u00f1adas del arriero, la falta de las alforjas, el robo del gab\u00e1n y toda la hambre, sed y cansancio que hab\u00eda pasado en servicio de su buen se\u00f1or, pareci\u00e9ndole que estaba m\u00e1s que rebi\u00e9n pagado con la merced recebida de la entrega del hallazgo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Con gran deseo qued\u00f3 el Caballero de la Triste Figura de saber qui\u00e9n fuese el due\u00f1o de la maleta, conjeturando, por el soneto y carta, por el dinero en oro y por las tan buenas camisas, que deb\u00eda de ser de alg\u00fan principal enamorado, a quien desdenes y malos tratamientos de su dama deb\u00edan de haber conducido a alg\u00fan desesperado t\u00e9rmino. Pero, como por aquel lugar inhabitable y escabroso no parec\u00eda persona alguna de quien poder informarse, no se cur\u00f3 de m\u00e1s que de pasar adelante, sin llevar otro camino que aquel que Rocinante quer\u00eda, que era por donde \u00e9l pod\u00eda caminar, siempre con imaginaci\u00f3n que no pod\u00eda faltar por aquellas malezas alguna estra\u00f1a aventura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Yendo, pues, con este pensamiento, vio que, por cima de una monta\u00f1uela que delante de los ojos se le ofrec\u00eda, iba saltando un hombre, de risco en risco y de mata en mata, con estra\u00f1a ligereza. Figur\u00f3sele que iba desnudo, la barba negra y espesa, los cabellos muchos y rabultados, los pies descalzos y las piernas sin cosa alguna; los muslos cubr\u00edan unos calzones, al parecer de terciopelo leonado, mas tan hechos pedazos que por muchas partes se le descubr\u00edan las carnes. Tra\u00eda la cabeza descubierta, y, aunque pas\u00f3 con la ligereza que se ha dicho, todas estas menudencias mir\u00f3 y not\u00f3 el Caballero de la Triste Figura; y, aunque lo procur\u00f3, no pudo seguille, porque no era dado a la debilidad de Rocinante andar por aquellas asperezas, y m\u00e1s siendo \u00e9l de suyo pisacorto y flem\u00e1tico. Luego imagin\u00f3 don Quijote que aqu\u00e9l era el due\u00f1o del coj\u00edn y de la maleta, y propuso en s\u00ed de buscalle, aunque supiese andar un a\u00f1o por aquellas monta\u00f1as hasta hallarle; y as\u00ed, mand\u00f3 a Sancho que se apease del asno y atajase por la una parte de la monta\u00f1a, que \u00e9l ir\u00eda por la otra y podr\u00eda ser que topasen, con esta diligencia, con aquel hombre que con tanta priesa se les hab\u00eda quitado de delante.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 No podr\u00e9 hacer eso \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, porque, en apart\u00e1ndome de vuestra merced, luego es conmigo el miedo, que me asalta con mil g\u00e9neros de sobresaltos y visiones. Y s\u00edrvale esto que digo de aviso, para que de aqu\u00ed adelante no me aparte un dedo de su presencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 As\u00ed ser\u00e1 \u2014dijo el de la Triste Figura\u2014, y yo estoy muy contento de que te quieras valer de mi \u00e1nimo, el cual no te ha de faltar, aunque te falte el \u00e1nima del cuerpo. Y vente ahora tras m\u00ed poco a poco, o como pudieres, y haz de los ojos lanternas; rodearemos esta serrezuela: quiz\u00e1 toparemos con aquel hombre que vimos, el cual, sin duda alguna, no es otro que el due\u00f1o de nuestro hallazgo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">A lo que Sancho respondi\u00f3:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Harto mejor ser\u00eda no buscalle, porque si le hallamos y acaso fuese el due\u00f1o del dinero, claro est\u00e1 que lo tengo de restituir; y as\u00ed, fuera mejor, sin hacer esta in\u00fatil diligencia, poseerlo yo con buena fe hasta que, por otra v\u00eda menos curiosa y diligente, pareciera su verdadero se\u00f1or; y quiz\u00e1 fuera a tiempo que lo hubiera gastado, y entonces el rey me hac\u00eda franco. \u2014 Eng\u00e1\u00f1aste en eso, Sancho \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014; que, ya que hemos ca\u00eddo en sospecha de qui\u00e9n es el due\u00f1o, cuasi delante, estamos obligados a buscarle y volv\u00e9rselos; y, cuando no le busc\u00e1semos, la vehemente sospecha que tenemos de que \u00e9l lo sea nos pone ya en tanta culpa como si lo fuese. As\u00ed que, Sancho amigo, no te d\u00e9 pena el buscalle, por la que a m\u00ed se me quitar\u00e1 si le hallo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Y as\u00ed, pic\u00f3 a Rocinante, y sigui\u00f3le Sancho con su acostumbrado jumento; y, habiendo rodeado parte de la monta\u00f1a, hallaron en un arroyo, ca\u00edda, muerta y medio comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y enfrenada; todo lo cual confirm\u00f3 en ellos m\u00e1s la sospecha de que aquel que hu\u00eda era el due\u00f1o de la mula y del coj\u00edn.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Est\u00e1ndola mirando, oyeron un silbo como de pastor que guardaba ganado, y a deshora, a su siniestra mano, parecieron una buena cantidad de cabras, y tras ellas, por cima de la monta\u00f1a, pareci\u00f3 el cabrero que las guardaba, que era un hombre anciano. Diole voces don Quijote, y rog\u00f3le que bajase donde estaban. \u00c9l respondi\u00f3 a gritos que qui\u00e9n les hab\u00eda tra\u00eddo por aquel lugar, pocas o ningunas veces pisado sino de pies de cabras o de lobos y otras fieras que por all\u00ed andaban. Respondi\u00f3le Sancho que bajase, que de todo le dar\u00edan buena cuenta. Baj\u00f3 el cabrero, y, en llegando adonde don Quijote estaba, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Apostar\u00e9 que est\u00e1 mirando la mula de alquiler que est\u00e1 muerta en esa hondonada. Pues a buena fe que ha ya seis meses que est\u00e1 en ese lugar. D\u00edganme: \u00bfhan topado por ah\u00ed a su due\u00f1o?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 No hemos topado a nadie \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, sino a un coj\u00edn y a una maletilla que no lejos deste lugar hallamos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Tambi\u00e9n la hall\u00e9 yo \u2014respondi\u00f3 el cabrero\u2014, mas nunca la quise alzar ni llegar a ella, temeroso de alg\u00fan desm\u00e1n y de que no me la pidiesen por de hurto; que es el diablo sotil, y debajo de los pies se levanta allombre cosa donde tropiece y caya, sin saber c\u00f3mo ni c\u00f3mo no.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Eso mesmo es lo que yo digo \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014: que tambi\u00e9n la hall\u00e9 yo, y no quise llegar a ella con un tiro de piedra; all\u00ed la dej\u00e9 y all\u00ed se queda como se estaba, que no quiero perro con cencerro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Decidme, buen hombre \u2014dijo don Quijote\u2014, \u00bfsab\u00e9is vos qui\u00e9n sea el due\u00f1o destas prendas?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Lo que sabr\u00e9 yo decir \u2014dijo el cabrero\u2014 es que \u00abhabr\u00e1 al pie de seis meses, poco m\u00e1s a menos, que lleg\u00f3 a una majada de pastores, que estar\u00e1 como tres leguas deste lugar, un mancebo de gentil talle y apostura, caballero sobre esa mesma mula que ah\u00ed est\u00e1 muerta, y con el mesmo coj\u00edn y maleta que dec\u00eds que hallastes y no tocastes. Pregunt\u00f3nos que cu\u00e1l parte desta sierra era la m\u00e1s \u00e1spera y escondida; dij\u00edmosle que era esta donde ahora estamos; y es ans\u00ed la verdad, porque si entr\u00e1is media legua m\u00e1s adentro, quiz\u00e1 no acertar\u00e9is a salir; y estoy maravillado de c\u00f3mo hab\u00e9is podido llegar aqu\u00ed, porque no hay camino ni senda que a este lugar encamine. Digo, pues, que, en oyendo nuestra respuesta el mancebo, volvi\u00f3 las riendas y encamin\u00f3 hacia el lugar donde le se\u00f1alamos, dej\u00e1ndonos a todos contentos de su buen talle, y admirados de su demanda y de la priesa con que le v\u00edamos caminar y volverse hacia la sierra; y desde entonces nunca m\u00e1s le vimos, hasta que desde all\u00ed a algunos d\u00edas sali\u00f3 al camino a uno de nuestros pastores, y, sin decille nada, se lleg\u00f3 a \u00e9l y le dio muchas pu\u00f1adas y coces, y luego se fue a la borrica del hato y le quit\u00f3 cuanto pan y queso en ella tra\u00eda; y, con estra\u00f1a ligereza, hecho esto, se volvi\u00f3 a emboscar en la sierra. Como esto supimos algunos cabreros, le anduvimos a buscar casi dos d\u00edas por lo m\u00e1s cerrado desta sierra, al cabo de los cuales le hallamos metido en el hueco de un grueso y valiente alcornoque. Sali\u00f3 a nosotros con mucha mansedumbre, ya roto el vestido, y el rostro disfigurado y tostado del sol, de tal suerte que apenas le conoc\u00edamos, sino que los vestidos, aunque rotos, con la noticia que dellos ten\u00edamos, nos dieron a entender que era el que busc\u00e1bamos. Salud\u00f3nos cort\u00e9smente, y en pocas y muy buenas razones nos dijo que no nos maravill\u00e1semos de verle andar de aquella suerte, porque as\u00ed le conven\u00eda para cumplir cierta penitencia que por sus muchos pecados le hab\u00eda sido impuesta. Rog\u00e1mosle que nos dijese qui\u00e9n era, mas nunca lo pudimos acabar con \u00e9l. Ped\u00edmosle tambi\u00e9n que, cuando hubiese menester el sustento, sin el cual no pod\u00eda pasar, nos dijese d\u00f3nde le hallar\u00edamos, porque con mucho amor y cuidado se lo llevar\u00edamos; y que si esto tampoco fuese de su gusto, que, a lo menos, saliese a pedirlo, y no a quitarlo a los pastores. Agradeci\u00f3 nuestro ofrecimiento, pidi\u00f3 perd\u00f3n de los asaltos pasados, y ofreci\u00f3 de pedillo de all\u00ed adelante por amor de Dios, sin dar molestia alguna a nadie. En cuanto lo que tocaba a la estancia de su habitaci\u00f3n, dijo que no ten\u00eda otra que aquella que le ofrec\u00eda la ocasi\u00f3n donde le tomaba la noche; y acab\u00f3 su pl\u00e1tica con un tan tierno llanto, que bien fu\u00e9ramos de piedra los que escuchado le hab\u00edamos, si en \u00e9l no le acompa\u00f1\u00e1ramos, consider\u00e1ndole c\u00f3mo le hab\u00edamos visto la vez primera, y cu\u00e1l le ve\u00edamos entonces. Porque, como tengo dicho, era un muy gentil y agraciado mancebo, y en sus corteses y concertadas razones mostraba ser bien nacido y muy cortesana persona; que, puesto que \u00e9ramos r\u00fasticos los que le escuch\u00e1bamos, su gentileza era tanta, que bastaba a darse a conocer a la mesma rusticidad. Y, estando en lo mejor de su pl\u00e1tica, par\u00f3 y enmudeci\u00f3se; clav\u00f3 los ojos en el suelo por un buen espacio, en el cual todos estuvimos quedos y suspensos, esperando en qu\u00e9 hab\u00eda de parar aquel embelesamiento, con no poca l\u00e1stima de verlo; porque, por lo que hac\u00eda de abrir los ojos, estar fijo mirando al suelo sin mover pesta\u00f1a gran rato, y otras veces cerrarlos, apretando los labios y enarcando las cejas, f\u00e1cilmente conocimos que alg\u00fan accidente de locura le hab\u00eda sobrevenido. Mas \u00e9l nos dio a entender presto ser verdad lo que pens\u00e1bamos, porque se levant\u00f3 con gran furia del suelo, donde se hab\u00eda echado, y arremeti\u00f3 con el primero que hall\u00f3 junto a s\u00ed, con tal denuedo y rabia que, si no se le quit\u00e1ramos, le matara a pu\u00f1adas y a bocados; y todo esto hac\u00eda, diciendo: \u00bb\u00a1Ah, fementido Fernando! \u00a1Aqu\u00ed, aqu\u00ed me pagar\u00e1s la sinraz\u00f3n que me heciste: estas manos te sacar\u00e1n el coraz\u00f3n, donde albergan y tienen manida todas las maldades juntas, principalmente la fraude y el enga\u00f1o!\u00bb Y a \u00e9stas a\u00f1ad\u00eda otras razones, que todas se encaminaban a decir mal de aquel Fernando y a tacharle de traidor y fementido. Quit\u00e1mossele, pues, con no poca pesadumbre, y \u00e9l, sin decir m\u00e1s palabra, se apart\u00f3 de nosotros y se embosc\u00f3 corriendo por entre estos jarales y malezas, de modo que nos imposibilit\u00f3 el seguille. Por esto conjeturamos que la locura le ven\u00eda a tiempos, y que alguno que se llamaba Fernando le deb\u00eda de haber hecho alguna mala obra, tan pesada cuanto lo mostraba el t\u00e9rmino a que le hab\u00eda conducido. Todo lo cual se ha confirmado despu\u00e9s ac\u00e1 con las veces, que han sido muchas, que \u00e9l ha salido al camino, unas a pedir a los pastores le den de lo que llevan para comer y otras a quit\u00e1rselo por fuerza; porque cuando est\u00e1 con el accidente de la locura, aunque los pastores se lo ofrezcan de buen grado, no lo admite, sino que lo toma a pu\u00f1adas; y cuando est\u00e1 en su seso, lo pide por amor de Dios, cort\u00e9s y comedidamente, y rinde por ello muchas gracias, y no con falta de l\u00e1grimas. Y en verdad os digo, se\u00f1ores \u2014prosigui\u00f3 el cabrero\u2014, que ayer determinamos yo y cuatro zagales, los dos criados y los dos amigos m\u00edos, de buscarle hasta tanto que le hallemos, y, despu\u00e9s de hallado, ya por fuerza ya por grado, le hemos de llevar a la villa de Almod\u00f3var, que est\u00e1 de aqu\u00ed ocho leguas, y all\u00ed le curaremos, si es que su mal tiene cura, o sabremos qui\u00e9n es cuando est\u00e9 en sus seso, y si tiene parientes a quien dar noticia de su desgracia\u00bb. Esto es, se\u00f1ores, lo que sabr\u00e9 deciros de lo que me hab\u00e9is preguntado; y entended que el due\u00f1o de las prendas que hallastes es el mesmo que vistes pasar con tanta ligereza como desnudez \u2014que ya le hab\u00eda dicho don Quijote c\u00f3mo hab\u00eda visto pasar aquel hombre saltando por la sierra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">El cual qued\u00f3 admirado de lo que al cabrero hab\u00eda o\u00eddo, y qued\u00f3 con m\u00e1s deseo de saber qui\u00e9n era el desdichado loco; y propuso en s\u00ed lo mesmo que ya ten\u00eda pensado: de buscalle por toda la monta\u00f1a, sin dejar rinc\u00f3n ni cueva en ella que no mirase, hasta hallarle. Pero h\u00edzolo mejor la suerte de lo que \u00e9l pensaba ni esperaba, porque en aquel mesmo instante pareci\u00f3, por entre una quebrada de una sierra que sal\u00eda donde ellos estaban, el mancebo que buscaba, el cual ven\u00eda hablando entre s\u00ed cosas que no pod\u00edan ser entendidas de cerca, cuanto m\u00e1s de lejos. Su traje era cual se ha pintado, s\u00f3lo que, llegando cerca, vio don Quijote que un coleto hecho pedazos que sobre s\u00ed tra\u00eda era de \u00e1mbar; por donde acab\u00f3 de entender que persona que tales h\u00e1bitos tra\u00eda no deb\u00eda de ser de \u00ednfima calidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">En llegando el mancebo a ellos, les salud\u00f3 con una voz desentonada y bronca, pero con mucha cortes\u00eda. Don Quijote le volvi\u00f3 las saludes con no menos comedimiento, y, ape\u00e1ndose de Rocinante, con gentil continente y donaire, le fue a abrazar y le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos, como si de luengos tiempos le hubiera conocido. El otro, a quien podemos llamar el Roto de la Mala Figura \u2014como a don Quijote el de la Triste\u2014, despu\u00e9s de haberse dejado abrazar, le apart\u00f3 un poco de s\u00ed, y, puestas sus manos en los hombros de don Quijote, le estuvo mirando, como que quer\u00eda ver si le conoc\u00eda; no menos admirado quiz\u00e1 de ver la figura, talle y armas de don Quijote, que don Quijote lo estaba de verle a \u00e9l. En resoluci\u00f3n, el primero que habl\u00f3 despu\u00e9s del abrazamiento fue el Roto, y dijo lo que se dir\u00e1 adelante.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"font-size: 16px;\">Cap\u00edtulo XXIV. Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena<\/span><\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Dice la historia que era grand\u00edsima la atenci\u00f3n con que don Quijote escuchaba al astroso Caballero de la Sierra, el cual, prosiguiendo su pl\u00e1tica, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Por cierto, se\u00f1or, quienquiera que se\u00e1is, que yo no os conozco, yo os agradezco las muestras y la cortes\u00eda que conmigo hab\u00e9is usado; y quisiera yo hallarme en t\u00e9rminos que con m\u00e1s que la voluntad pudiera servir la que hab\u00e9is mostrado tenerme en el buen acogimiento que me hab\u00e9is hecho, mas no quiere mi suerte darme otra cosa con que corresponda a las buenas obras que me hacen, que buenos deseos de satisfacerlas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Los que yo tengo \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014 son de serviros; tanto, que ten\u00eda determinado de no salir destas sierras hasta hallaros y saber de vos si el dolor que en la estra\u00f1eza de vuestra vida mostr\u00e1is tener se pod\u00eda hallar alg\u00fan g\u00e9nero de remedio; y si fuera menester buscarle, buscarle con la diligencia posible. Y, cuando vuestra desventura fuera de aquellas que tienen cerradas las puertas a todo g\u00e9nero de consuelo, pensaba ayudaros a llorarla y pla\u00f1irla como mejor pudiera, que todav\u00eda es consuelo en las desgracias hallar quien se duela dellas. Y, si es que mi buen intento merece ser agradecido con alg\u00fan g\u00e9nero de cortes\u00eda, yo os suplico, se\u00f1or, por la mucha que veo que en vos se encierra, y juntamente os conjuro por la cosa que en esta vida m\u00e1s hab\u00e9is amado o am\u00e1is, que me dig\u00e1is qui\u00e9n sois y la causa que os ha tra\u00eddo a vivir y a morir entre estas soledades como bruto animal, pues mor\u00e1is entre ellos tan ajeno de vos mismo cual lo muestra vuestro traje y persona. Y juro \u2014a\u00f1adi\u00f3 don Quijote\u2014, por la orden de caballer\u00eda que receb\u00ed, aunque indigno y pecador, y por la profesi\u00f3n de caballero andante, que si en esto, se\u00f1or, me complac\u00e9is, de serviros con las veras a que me obliga el ser quien soy: ora remediando vuestra desgracia, si tiene remedio, ora ayud\u00e1ndoos a llorarla, como os lo he prometido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">El Caballero del Bosque, que de tal manera oy\u00f3 hablar al de la Triste Figura, no hac\u00eda sino mirarle, y remirarle y tornarle a mirar de arriba abajo; y, despu\u00e9s que le hubo bien mirado, le dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Si tienen algo que darme a comer, por amor de Dios que me lo den; que, despu\u00e9s de haber comido, yo har\u00e9 todo lo que se me manda, en agradecimiento de tan buenos deseos como aqu\u00ed se me han mostrado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Luego sacaron, Sancho de su costal y el cabrero de su zurr\u00f3n, con que satisfizo el Roto su hambre, comiendo lo que le dieron como persona atontada, tan apriesa que no daba espacio de un bocado al otro, pues antes los engull\u00eda que tragaba; y, en tanto que com\u00eda, ni \u00e9l ni los que le miraban hablaban palabra. Como acab\u00f3 de comer, les hizo de se\u00f1as que le siguiesen, como lo hicieron, y \u00e9l los llev\u00f3 a un verde pradecillo que a la vuelta de una pe\u00f1a poco desviada de all\u00ed estaba. En llegando a \u00e9l se tendi\u00f3 en el suelo, encima de la yerba, y los dem\u00e1s hicieron lo mismo; y todo esto sin que ninguno hablase, hasta que el Roto, despu\u00e9s de haberse acomodado en su asiento, dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Si gust\u00e1is, se\u00f1ores, que os diga en breves razones la inmensidad de mis desventuras, hab\u00e9isme de prometer de que con ninguna pregunta, ni otra cosa, no interromper\u00e9is el hilo de mi triste historia; porque en el punto que lo hag\u00e1is, en \u00e9se se quedar\u00e1 lo que fuere contando.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Estas razones del Roto trujeron a la memoria a don Quijote el cuento que le hab\u00eda contado su escudero, cuando no acert\u00f3 el n\u00famero de las cabras que hab\u00edan pasado el r\u00edo y se qued\u00f3 la historia pendiente. Pero, volviendo al Roto, prosigui\u00f3 diciendo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Esta prevenci\u00f3n que hago es porque querr\u00eda pasar brevemente por el cuento de mis desgracias; que el traerlas a la memoria no me sirve de otra cosa que a\u00f1adir otras de nuevo, y, mientras menos me pregunt\u00e1redes, m\u00e1s presto acabar\u00e9 yo de decillas, puesto que no dejar\u00e9 por contar cosa alguna que sea de importancia para no satisfacer del todo a vuestro deseo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Don Quijote se lo prometi\u00f3, en nombre de los dem\u00e1s, y \u00e9l, con este seguro, comenz\u00f3 desta manera:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 \u00abMi nombre es Cardenio; mi patria, una ciudad de las mejores desta Andaluc\u00eda; mi linaje, noble; mis padres, ricos; mi desventura, tanta que la deben de haber llorado mis padres y sentido mi linaje, sin poderla aliviar con su riqueza; que para remediar desdichas del cielo poco suelen valer los bienes de fortuna. Viv\u00eda en esta mesma tierra un cielo, donde puso el amor toda la gloria que yo acertara a desearme: tal es la hermosura de Luscinda, doncella tan noble y tan rica como yo, pero de m\u00e1s ventura y de menos firmeza de la que a mis honrados pensamientos se deb\u00eda. A esta Luscinda am\u00e9, quise y ador\u00e9 desde mis tiernos y primeros a\u00f1os, y ella me quiso a m\u00ed con aquella sencillez y buen \u00e1nimo que su poca edad permit\u00eda. Sab\u00edan nuestros padres nuestros intentos, y no les pesaba dello, porque bien ve\u00edan que, cuando pasaran adelante, no pod\u00edan tener otro fin que el de casarnos, cosa que casi la concertaba la igualdad de nuestro linaje y riquezas. Creci\u00f3 la edad, y con ella el amor de entrambos, que al padre de Luscinda le pareci\u00f3 que por buenos respetos estaba obligado a negarme la entrada de su casa, casi imitando en esto a los padres de aquella Tisbe tan decantada de los poetas. Y fue esta negaci\u00f3n a\u00f1adir llama a llama y deseo a deseo, porque, aunque pusieron silencio a las lenguas, no le pudieron poner a las plumas, las cuales, con m\u00e1s libertad que las lenguas, suelen dar a entender a quien quieren lo que en el alma est\u00e1 encerrado; que muchas veces la presencia de la cosa amada turba y enmudece la intenci\u00f3n m\u00e1s determinada y la lengua m\u00e1s atrevida. \u00a1Ay cielos, y cu\u00e1ntos billetes le escrib\u00ed! \u00a1Cu\u00e1n regaladas y honestas respuestas tuve! \u00a1Cu\u00e1ntas canciones compuse y cu\u00e1ntos enamorados versos, donde el alma declaraba y trasladaba sus sentimientos, pintaba sus encendidos deseos, entreten\u00eda sus memorias y recreaba su voluntad!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00bbEn efeto, vi\u00e9ndome apurado, y que mi alma se consum\u00eda con el deseo de verla, determin\u00e9 poner por obra y acabar en un punto lo que me pareci\u00f3 que m\u00e1s conven\u00eda para salir con mi deseado y merecido premio; y fue el ped\u00edrsela a su padre por leg\u00edtima esposa, como lo hice; a lo que \u00e9l me respondi\u00f3 que me agradec\u00eda la voluntad que mostraba de honralle, y de querer honrarme con prendas suyas, pero que, siendo mi padre vivo, a \u00e9l tocaba de justo derecho hacer aquella demanda; porque, si no fuese con mucha voluntad y gusto suyo, no era Luscinda mujer para tomarse ni darse a hurto.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00bbYo le agradec\u00ed su buen intento, pareci\u00e9ndome que llevaba raz\u00f3n en lo que dec\u00eda, y que mi padre vendr\u00eda en ello como yo se lo dijese; y con este intento, luego en aquel mismo instante, fui a decirle a mi padre lo que deseaba. Y, al tiempo que entr\u00e9 en un aposento donde estaba, le hall\u00e9 con una carta abierta en la mano, la cual, antes que yo le dijese palabra, me la dio y me dijo: \u00bbPor esa carta ver\u00e1s, Cardenio, la voluntad que el duque Ricardo tiene de hacerte merced\u00bb.\u00bb Este duque Ricardo, como ya vosotros, se\u00f1ores, deb\u00e9is de saber, es un grande de Espa\u00f1a que tiene su estado en lo mejor desta Andaluc\u00eda. \u00abTom\u00e9 y le\u00ed la carta, la cual ven\u00eda tan encarecida que a m\u00ed mesmo me pareci\u00f3 mal si mi padre dejaba de cumplir lo que en ella se le ped\u00eda, que era que me enviase luego donde \u00e9l estaba; que quer\u00eda que fuese compa\u00f1ero, no criado, de su hijo el mayor, y que \u00e9l tomaba a cargo el ponerme en estado que correspondiese a la estimaci\u00f3n en que me ten\u00eda. Le\u00ed la carta y enmudec\u00ed ley\u00e9ndola, y m\u00e1s cuando o\u00ed que mi padre me dec\u00eda: \u00bbDe aqu\u00ed a dos d\u00edas te partir\u00e1s, Cardenio, a hacer la voluntad del duque; y da gracias a Dios que te va abriendo camino por donde alcances lo que yo s\u00e9 que mereces\u00bb. A\u00f1adi\u00f3 a \u00e9stas otras razones de padre consejero. \u00bbLleg\u00f3se el t\u00e9rmino de mi partida, habl\u00e9 una noche a Luscinda, d\u00edjele todo lo que pasaba, y lo mesmo hice a su padre, suplic\u00e1ndole se entretuviese algunos d\u00edas y dilatase el darle estado hasta que yo viese lo que Ricardo me quer\u00eda. \u00c9l me lo prometi\u00f3 y ella me lo confirm\u00f3 con mil juramentos y mil desmayos. Vine, en fin, donde el duque Ricardo estaba. Fui d\u00e9l tan bien recebido y tratado, que desde luego comenz\u00f3 la envidia a hacer su oficio, teni\u00e9ndomela los criados antiguos, pareci\u00e9ndoles que las muestras que el duque daba de hacerme merced hab\u00edan de ser en perjuicio suyo. Pero el que m\u00e1s se holg\u00f3 con mi ida fue un hijo segundo del duque, llamado Fernando, mozo gallardo, gentilhombre, liberal y enamorado, el cual, en poco tiempo, quiso que fuese tan su amigo, que daba que decir a todos; y, aunque el mayor me quer\u00eda bien y me hac\u00eda merced, no lleg\u00f3 al estremo con que don Fernando me quer\u00eda y trataba.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00bbEs, pues, el caso que, como entre los amigos no hay cosa secreta que no se comunique, y la privanza que yo ten\u00eda con don Fernando dejada de serlo por ser amistad, todos sus pensamientos me declaraba, especialmente uno enamorado, que le tra\u00eda con un poco de desasosiego. Quer\u00eda bien a una labradora, vasalla de su padre (y ella los ten\u00eda muy ricos), y era tan hermosa, recatada, discreta y honesta que nadie que la conoc\u00eda se determinaba en cu\u00e1l destas cosas tuviese m\u00e1s excelencia ni m\u00e1s se aventajase. Estas tan buenas partes de la hermosa labradora redujeron a tal t\u00e9rmino los deseos de don Fernando, que se determin\u00f3, para poder alcanzarlo y conquistar la entereza de la labradora, darle palabra de ser su esposo, porque de otra manera era procurar lo imposible. Yo, obligado de su amistad, con las mejores razones que supe y con los m\u00e1s vivos ejemplos que pude, procur\u00e9 estorbarle y apartarle de tal prop\u00f3sito. Pero, viendo que no aprovechaba, determin\u00e9 de decirle el caso al duque Ricardo, su padre. Mas don Fernando, como astuto y discreto, se recel\u00f3 y temi\u00f3 desto, por parecerle que estaba yo obligado, en vez de buen criado, no tener encubierta cosa que tan en perjuicio de la honra de mi se\u00f1or el duque ven\u00eda; y as\u00ed, por divertirme y enga\u00f1arme, me dijo que no hallaba otro mejor remedio para poder apartar de la memoria la hermosura que tan sujeto le ten\u00eda, que el ausentarse por algunos meses; y que quer\u00eda que el ausencia fuese que los dos nos vini\u00e9semos en casa de mi padre, con ocasi\u00f3n que dar\u00edan al duque que ven\u00eda a ver y a feriar unos muy buenos caballos que en mi ciudad hab\u00eda, que es madre de los mejores del mundo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00bbApenas le o\u00ed yo decir esto, cuando, movido de mi afici\u00f3n, aunque su determinaci\u00f3n no fuera tan buena, la aprobara yo por una de las m\u00e1s acertadas que se pod\u00edan imaginar, por ver cu\u00e1n buena ocasi\u00f3n y coyuntura se me ofrec\u00eda de volver a ver a mi Luscinda. Con este pensamiento y deseo, aprob\u00e9 su parecer y esforc\u00e9 su prop\u00f3sito, dici\u00e9ndole que lo pusiese por obra con la brevedad posible, porque, en efeto, la ausencia hac\u00eda su oficio, a pesar de los m\u00e1s firmes pensamientos. Ya cuando \u00e9l me vino a decir esto, seg\u00fan despu\u00e9s se supo, hab\u00eda gozado a la labradora con t\u00edtulo de esposo, y esperaba ocasi\u00f3n de descubrirse a su salvo, temeroso de lo que el duque su padre har\u00eda cuando supiese su disparate.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00bbSucedi\u00f3, pues, que, como el amor en los mozos, por la mayor parte, no lo es, sino apetito, el cual, como tiene por \u00faltimo fin el deleite, en llegando a alcanzarle se acaba y ha de volver atr\u00e1s aquello que parec\u00eda amor, porque no puede pasar adelante del t\u00e9rmino que le puso naturaleza, el cual t\u00e9rmino no le puso a lo que es verdadero amor&#8230;; quiero decir que, as\u00ed como don Fernando goz\u00f3 a la labradora, se le aplacaron sus deseos y se resfriaron sus ah\u00edncos; y si primero fing\u00eda quererse ausentar, por remediarlos, ahora de veras procuraba irse, por no ponerlos en ejecuci\u00f3n. Diole el duque licencia, y mand\u00f3me que le acompa\u00f1ase. Venimos a mi ciudad, recibi\u00f3le mi padre como quien era; vi yo luego a Luscinda, tornaron a vivir, aunque no hab\u00edan estado muertos ni amortiguados, mis deseos, de los cuales di cuenta, por mi mal, a don Fernando, por parecerme que, en la ley de la mucha amistad que mostraba, no le deb\u00eda encubrir nada. Alab\u00e9le la hermosura, donaire y discreci\u00f3n de Luscinda de tal manera, que mis alabanzas movieron en \u00e9l los deseos de querer ver doncella de tantas buenas partes adornada. Cumpl\u00edselos yo, por mi corta suerte, ense\u00f1\u00e1ndosela una noche, a la luz de una vela, por una ventana por donde los dos sol\u00edamos hablarnos. Viola en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por \u00e9l vistas las puso en olvido. Enmudeci\u00f3, perdi\u00f3 el sentido, qued\u00f3 absorto y, finalmente, tan enamorado cual lo ver\u00e9is en el discurso del cuento de mi desventura. Y, para encenderle m\u00e1s el deseo, que a m\u00ed me celaba y al cielo a solas descubr\u00eda, quiso la fortuna que hallase un d\u00eda un billete suyo pidi\u00e9ndome que la pidiese a su padre por esposa, tan discreto, tan honesto y tan enamorado que, en ley\u00e9ndolo, me dijo que en sola Luscinda se encerraban todas las gracias de hermosura y de entendimiento que en las dem\u00e1s mujeres del mundo estaban repartidas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00bbBien es verdad que quiero confesar ahora que, puesto que yo ve\u00eda con cu\u00e1n justas causas don Fernando a Luscinda alababa, me pesaba de o\u00edr aquellas alabanzas de su boca, y comenc\u00e9 a temer y a recelarme d\u00e9l, porque no se pasaba momento donde no quisiese que trat\u00e1semos de Luscinda, y \u00e9l mov\u00eda la pl\u00e1tica, aunque la trujese por los cabellos; cosa que despertaba en m\u00ed un no s\u00e9 qu\u00e9 de celos, no porque yo temiese rev\u00e9s alguno de la bondad y de la fe de Luscinda, pero, con todo eso, me hac\u00eda temer mi suerte lo mesmo que ella me aseguraba. Procuraba siempre don Fernando leer los papeles que yo a Luscinda enviaba y los que ella me respond\u00eda, a t\u00edtulo que de la discreci\u00f3n de los dos gustaba mucho. Acaeci\u00f3, pues, que, habi\u00e9ndome pedido Luscinda un libro de caballer\u00edas en que leer, de quien era ella muy aficionada, que era el de Amad\u00eds de Gaula&#8230;\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">No hubo bien o\u00eddo don Quijote nombrar libro de caballer\u00edas, cuando dijo: \u2014 Con que me dijera vuestra merced, al principio de su historia, que su merced de la se\u00f1ora Luscinda era aficionada a libros de caballer\u00edas, no fuera menester otra exageraci\u00f3n para darme a entender la alteza de su entendimiento, porque no le tuviera tan bueno como vos, se\u00f1or, le hab\u00e9is pintado, si careciera del gusto de tan sabrosa leyenda: as\u00ed que, para conmigo, no es menester gastar m\u00e1s palabras en declararme su hermosura, valor y entendimiento; que, con s\u00f3lo haber entendido su afici\u00f3n, la confirmo por la m\u00e1s hermosa y m\u00e1s discreta mujer del mundo. Y quisiera yo, se\u00f1or, que vuestra merced le hubiera enviado junto con Amad\u00eds de Gaula al bueno de Don Rugel de Grecia, que yo s\u00e9 que gustara la se\u00f1ora Luscinda mucho de Daraida y Geraya, y de las discreciones del pastor Darinel y de aquellos admirables versos de sus buc\u00f3licas, cantadas y representadas por \u00e9l con todo donaire, discreci\u00f3n y desenvoltura. Pero tiempo podr\u00e1 venir en que se enmiende esa falta, y no dura m\u00e1s en hacerse la enmienda de cuanto quiera vuestra merced ser servido de venirse conmigo a mi aldea, que all\u00ed le podr\u00e9 dar m\u00e1s de trecientos libros, que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida; aunque tengo para m\u00ed que ya no tengo ninguno, merced a la malicia de malos y envidiosos encantadores. Y perd\u00f3neme vuestra merced el haber contravenido a lo que prometimos de no interromper su pl\u00e1tica, pues, en oyendo cosas de caballer\u00edas y de caballeros andantes, as\u00ed es en mi mano dejar de hablar en ellos, como lo es en la de los rayos del sol dejar de calentar, ni humedecer en los de la luna. As\u00ed que, perd\u00f3n y proseguir, que es lo que ahora hace m\u00e1s al caso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">En tanto que don Quijote estaba diciendo lo que queda dicho, se le hab\u00eda ca\u00eddo a Cardenio la cabeza sobre el pecho, dando muestras de estar profundamente pensativo. Y, puesto que dos veces le dijo don Quijote que prosiguiese su historia, ni alzaba la cabeza ni respond\u00eda palabra; pero, al cabo de un buen espacio, la levant\u00f3 y dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 No se me puede quitar del pensamiento, ni habr\u00e1 quien me lo quite en el mundo, ni quien me d\u00e9 a entender otra cosa (y ser\u00eda un majadero el que lo contrario entendiese o creyese), sino que aquel bellaconazo del maestro Elisabat estaba amancebado con la reina Mad\u00e9sima.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 Eso no, \u00a1voto a tal! \u2014respondi\u00f3 con mucha c\u00f3lera don Quijote (y arroj\u00f3le, como ten\u00eda de costumbre)\u2014; y \u00e9sa es una muy gran malicia, o bellaquer\u00eda, por mejor decir: la reina Mad\u00e1sima fue muy principal se\u00f1ora, y no se ha de presumir que tan alta princesa se hab\u00eda de amancebar con un sacapotras; y quien lo contrario entendiere, miente como muy gran bellaco. Y yo se lo dar\u00e9 a entender, a pie o a caballo, armado o desarmado, de noche o de d\u00eda, o como m\u00e1s gusto le diere.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Est\u00e1bale mirando Cardenio muy atentamente, al cual ya hab\u00eda venido el accidente de su locura y no estaba para proseguir su historia; ni tampoco don Quijote se la oyera, seg\u00fan le hab\u00eda disgustado lo que de Mad\u00e1sima le hab\u00eda o\u00eddo. \u00a1Estra\u00f1o caso; que as\u00ed volvi\u00f3 por ella como si verdaderamente fuera su verdadera y natural se\u00f1ora: tal le ten\u00edan sus descomulgados libros! Digo, pues, que, como ya Cardenio estaba loco y se oy\u00f3 tratar de ment\u00eds y de bellaco, con otros denuestos semejantes, pareci\u00f3le mal la burla, y alz\u00f3 un guijarro que hall\u00f3 junto a s\u00ed, y dio con \u00e9l en los pechos tal golpe a don Quijote que le hizo caer de espaldas. Sancho Panza, que de tal modo vio parar a su se\u00f1or, arremeti\u00f3 al loco con el pu\u00f1o cerrado; y el Roto le recibi\u00f3 de tal suerte que con una pu\u00f1ada dio con \u00e9l a sus pies, y luego se subi\u00f3 sobre \u00e9l y le brum\u00f3 las costillas muy a su sabor. El cabrero, que le quiso defender, corri\u00f3 el mesmo peligro. Y, despu\u00e9s que los tuvo a todos rendidos y molidos, los dej\u00f3 y se fue, con gentil sosiego, a emboscarse en la monta\u00f1a.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Levant\u00f3se Sancho, y, con la rabia que ten\u00eda de verse aporreado tan sin merecerlo, acudi\u00f3 a tomar la venganza del cabrero, dici\u00e9ndole que \u00e9l ten\u00eda la culpa de no haberles avisado que a aquel hombre le tomaba a tiempos la locura; que, si esto supieran, hubieran estado sobre aviso para poderse guardar. Respondi\u00f3 el cabrero que ya lo hab\u00eda dicho, y que si \u00e9l no lo hab\u00eda o\u00eddo, que no era suya la culpa. Replic\u00f3 Sancho Panza, y torn\u00f3 a replicar el cabrero, y fue el fin de las r\u00e9plicas asirse de las barbas y darse tales pu\u00f1adas que, si don Quijote no los pusiera en paz, se hicieran pedazos. Dec\u00eda Sancho, asido con el cabrero:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 D\u00e9jeme vuestra merced, se\u00f1or Caballero de la Triste Figura, que en \u00e9ste, que es villano como yo y no est\u00e1 armado caballero, bien puedo a mi salvo satisfacerme del agravio que me ha hecho, peleando con \u00e9l mano a mano, como hombre honrado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u2014 As\u00ed es \u2014dijo don Quijote\u2014, pero yo s\u00e9 que \u00e9l no tiene ninguna culpa de lo sucedido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 16px;\">Con esto los apacigu\u00f3, y don Quijote volvi\u00f3 a preguntar al cabrero si ser\u00eda posible hallar a Cardenio, porque quedaba con grand\u00edsimo deseo de saber el fin de su historia. D\u00edjole el cabrero lo que primero le hab\u00eda dicho, que era no saber de cierto su manida; pero que, si anduviese mucho por aquellos contornos, no dejar\u00eda de hallarle, o cuerdo o loco.<\/span><\/p>\n<p><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXIII. De lo que le aconteci\u00f3 al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las m\u00e1s raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan Vi\u00e9ndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero: \u2014 Siempre, Sancho, lo he o\u00eddo decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176],"tags":[],"class_list":{"0":"post-19072","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-don-quijote-de-la-mancha"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de La Mancha - Capitulos 23 y 24 | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"TESOROS LITERARIOS De lo que le aconteci\u00f3 al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las m\u00e1s raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19072\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Don Quijote de La Mancha - Capitulos 23 y 24 | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"TESOROS LITERARIOS De lo que le aconteci\u00f3 al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las m\u00e1s raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=19072\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"HOJAS SUELTAS Peri\u00f3dico Cultural\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2025-04-12T23:00:39+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2025-04-13T07:04:55+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/hojassueltas.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Don-Quijote-23-y-24_H.S.png\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1050\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"610\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/png\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@HOJASSUELTAS22\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Redacci\u00f3n\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"35 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":[\"Article\",\"BlogPosting\"],\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19072#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/?p=19072\"},\"author\":{\"name\":\"Redacci\u00f3n\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/hojassueltas.es\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/f232bbdb834c61c90aff2245daa401c0\"},\"headline\":\"Don Quijote de La Mancha &#8211; 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