{"id":18299,"date":"2025-03-16T00:00:27","date_gmt":"2025-03-15T23:00:27","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=18299"},"modified":"2025-03-16T08:03:36","modified_gmt":"2025-03-16T07:03:36","slug":"don-quijote-de-la-mancha-tercera-parte-capitulos-15-y-16","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=18299","title":{"rendered":"Don Quijote de La Mancha &#8211; Tercera parte &#8211; Cap\u00edtulos 15 y 16"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo XV. Donde se cuenta la desgraciada aventura que se top\u00f3 don Quijote en topar con unos desalmados yang\u00fceses<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, as\u00ed como don Quijote se despidi\u00f3 de sus hu\u00e9spedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor Gris\u00f3stomo, \u00e9l y su escudero se entraron por el mesmo bosque donde vieron que se hab\u00eda entrado la pastora Marcela; y, habiendo andado m\u00e1s de dos horas por \u00e9l, busc\u00e1ndola por todas partes sin poder hallarla, vinieron a parar a un prado lleno de fresca yerba, junto del cual corr\u00eda un arroyo apacible y fresco; tanto, que convid\u00f3 y forz\u00f3 a pasar all\u00ed las horas de la siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ape\u00e1ronse don Quijote y Sancho, y, dejando al jumento y a Rocinante a sus anchuras pacer de la mucha yerba que all\u00ed hab\u00eda, dieron saco a las alforjas, y, sin cerimonia alguna, en buena paz y compa\u00f1\u00eda, amo y mozo comieron lo que en ellas hallaron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se hab\u00eda curado Sancho de echar sueltas a Rocinante, seguro de que le conoc\u00eda por tan manso y tan poco rijoso que todas las yeguas de la dehesa de C\u00f3rdoba no le hicieran tomar mal siniestro. Orden\u00f3, pues, la suerte, y el diablo, que no todas veces duerme, que andaban por aquel valle paciendo una manada de hacas galicianas de unos arrieros gallegos, de los cuales es costumbre sestear con su recua en lugares y sitios de yerba y agua; y aquel donde acert\u00f3 a hallarse don Quijote era muy a prop\u00f3sito de los gallegos. Sucedi\u00f3, pues, que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse con las se\u00f1oras facas; y saliendo, as\u00ed como las oli\u00f3, de su natural paso y costumbre, sin pedir licencia a su due\u00f1o, tom\u00f3 un trotico algo picadillo y se fue a comunicar su necesidad con ellas. Mas ellas, que, a lo que pareci\u00f3, deb\u00edan de tener m\u00e1s gana de pacer que de \u00e1l, recibi\u00e9ronle con las herraduras y con los dientes, de tal manera que, a poco espacio, se le rompieron las cinchas y qued\u00f3, sin silla, en pelota. Pero lo que \u00e9l debi\u00f3 m\u00e1s de sentir fue que, viendo los arrieros la fuerza que a sus yeguas se les hac\u00eda, acudieron con estacas, y tantos palos le dieron que le derribaron malparado en el suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en esto don Quijote y Sancho, que la paliza de Rocinante hab\u00edan visto, llegaban ijadeando; y dijo don Quijote a Sancho:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 A lo que yo veo, amigo Sancho, \u00e9stos no son caballeros, sino gente soez y de baja ralea. D\u00edgolo porque bien me puedes ayudar a tomar la debida venganza del agravio que delante de nuestros ojos se le ha hecho a Rocinante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 diablos de venganza hemos de tomar \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, si \u00e9stos son m\u00e1s de veinte y nosotros no m\u00e1s de dos, y aun, quiz\u00e1, nosotros sino uno y medio?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Yo valgo por ciento \u2014replic\u00f3 don Quijote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, sin hacer m\u00e1s discursos, ech\u00f3 mano a su espada y arremeti\u00f3 a los gallegos, y lo mesmo hizo Sancho Panza, incitado y movido del ejemplo de su amo. Y, a las primeras, dio don Quijote una cuchillada a uno, que le abri\u00f3 un sayo de cuero de que ven\u00eda vestido, con gran parte de la espalda. Los gallegos, que se vieron maltratar de aquellos dos hombres solos, siendo ellos tantos, acudieron a sus estacas, y, cogiendo a los dos en medio, comenzaron a menudear sobre ellos con grande ah\u00ednco y vehemencia. Verdad es que al segundo toque dieron con Sancho en el suelo, y lo mesmo le avino a don Quijote, sin que le valiese su destreza y buen \u00e1nimo; y quiso su ventura que viniese a caer a los pies de Rocinante, que a\u00fan no se hab\u00eda levantado; donde se echa de ver la furia con que machacan estacas puestas en manos r\u00fasticas y enojadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viendo, pues, los gallegos el mal recado que hab\u00edan hecho, con la mayor presteza que pudieron, cargaron su recua y siguieron su camino, dejando a los dos aventureros de mala traza y de peor talante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero que se resinti\u00f3 fue Sancho Panza; y, hall\u00e1ndose junto a su se\u00f1or, con voz enferma y lastimada, dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Se\u00f1or don Quijote! \u00a1Ah, se\u00f1or don Quijote!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 quieres, Sancho hermano? \u2014respondi\u00f3 don Quijote con el mesmo tono afeminado y doliente que Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Querr\u00eda, si fuese posible \u2014respondi\u00f3 Sancho Panza\u2014, que vuestra merced me diese dos tragos de aquella bebida del feo Blas, si es que la tiene vuestra merced ah\u00ed a mano. Quiz\u00e1 ser\u00e1 de provecho para los quebrantamientos de huesos como lo es para las feridas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues, a tenerla yo aqu\u00ed, desgraciado yo, \u00bfqu\u00e9 nos faltaba? \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014. Mas yo te juro, Sancho Panza, a fe de caballero andante, que antes que pasen dos d\u00edas, si la fortuna no ordena otra cosa, la tengo de tener en mi poder, o mal me han de andar las manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues, \u00bfen cu\u00e1ntos le parece a vuestra merced que podremos mover los pies? \u2014 replic\u00f3 Sancho Panza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 De m\u00ed s\u00e9 decir \u2014dijo el molido caballero don Quijote\u2014 que no sabr\u00e9 poner t\u00e9rmino a esos d\u00edas. Mas yo me tengo la culpa de todo, que no hab\u00eda de poner mano a la espada contra hombres que no fuesen armados caballeros como yo; y as\u00ed, creo que, en pena de haber pasado las leyes de la caballer\u00eda, ha permitido el dios de las batallas que se me diese este castigo. Por lo cual, Sancho Panza, conviene que est\u00e9s advertido en esto que ahora te dir\u00e9, porque importa mucho a la salud de entrambos; y es que, cuando veas que semejante canalla nos hace alg\u00fan agravio, no aguardes a que yo ponga mano al espada para ellos, porque no lo har\u00e9 en ninguna manera, sino pon t\u00fa mano a tu espada y cast\u00edgalos muy a tu sabor; que si en su ayuda y defensa acudieren caballeros, yo te sabr\u00e9 defender y ofendellos con todo mi poder; que ya habr\u00e1s visto por mil se\u00f1ales y experiencias hasta ad\u00f3nde se estiende el valor de este mi fuerte brazo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal qued\u00f3 de arrogante el pobre se\u00f1or con el vencimiento del valiente vizca\u00edno. Mas no le pareci\u00f3 tan bien a Sancho Panza el aviso de su amo que dejase de responder, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1or, yo soy hombre pac\u00edfico, manso, sosegado, y s\u00e9 disimilar cualquiera injuria, porque tengo mujer y hijos que sustentar y criar. As\u00ed que, s\u00e9ale a vuestra merced tambi\u00e9n aviso, pues no puede ser mandato, que en ninguna manera pondr\u00e9 mano a la espada, ni contra villano ni contra caballero; y que, desde aqu\u00ed para delante de Dios, perdono cuantos agravios me han hecho y han de hacer: ora me los haya hecho, o haga o haya de hacer, persona alta o baja, rico o pobre, hidalgo o pechero, sin eceptar estado ni condici\u00f3n alguna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo cual o\u00eddo por su amo, le respondi\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Quisiera tener aliento para poder hablar un poco descansado, y que el dolor que tengo en esta costilla se aplacara tanto cuanto, para darte a entender, Panza, en el error en que est\u00e1s. Ven ac\u00e1, pecador; si el viento de la fortuna, hasta ahora tan contrario, en nuestro favor se vuelve, llev\u00e1ndonos las velas del deseo para que seguramente y sin contraste alguno tomemos puerto en alguna de las \u00ednsulas que te tengo prometida, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de ti si, gan\u00e1ndola yo, te hiciese se\u00f1or della? Pues \u00bflo vendr\u00e1s a imposibilitar por no ser caballero, ni quererlo ser, ni tener valor ni intenci\u00f3n de vengar tus injurias y defender tu se\u00f1or\u00edo? Porque has de saber que en los reinos y provincias nuevamente conquistados nunca est\u00e1n tan quietos los \u00e1nimos de sus naturales, ni tan de parte del nuevo se\u00f1or que no se tengan temor de que han de hacer alguna novedad para alterar de nuevo las cosas, y volver, como dicen, a probar ventura; y as\u00ed, es menester que el nuevo posesor tenga entendimiento para saberse gobernar, y valor para ofender y defenderse en cualquiera acontecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 En este que ahora nos ha acontecido \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, quisiera yo tener ese entendimiento y ese valor que vuestra merced dice; mas yo le juro, a fe de pobre hombre, que m\u00e1s estoy para bizmas que para pl\u00e1ticas. Mire vuestra merced si se puede levantar, y ayudaremos a Rocinante, aunque no lo merece, porque \u00e9l fue la causa principal de todo este molimiento. Jam\u00e1s tal cre\u00ed de Rocinante, que le ten\u00eda por persona casta y tan pac\u00edfica como yo. En fin, bien dicen que es menester mucho tiempo para venir a conocer las personas, y que no hay cosa segura en esta vida. \u00bfQui\u00e9n dijera que tras de aquellas tan grandes cuchilladas como vuestra merced dio a aquel desdichado caballero andante, hab\u00eda de venir, por la posta y en seguimiento suyo, esta tan grande tempestad de palos que ha descargado sobre nuestras espaldas? \u2014 Aun las tuyas, Sancho \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, deben de estar hechas a semejantes nublados; pero las m\u00edas, criadas entre sinabafas y holandas, claro est\u00e1 que sentir\u00e1n m\u00e1s el dolor desta desgracia. Y si no fuese porque imagino&#8230;, \u00bfqu\u00e9 digo imagino?, s\u00e9 muy cierto, que todas estas incomodidades son muy anejas al ejercicio de las armas, aqu\u00ed me dejar\u00eda morir de puro enojo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A esto replic\u00f3 el escudero:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Se\u00f1or, ya que estas desgracias son de la cosecha de la caballer\u00eda, d\u00edgame vuestra merced si suceden muy a menudo, o si tienen sus tiempos limitados en que acaecen; porque me parece a m\u00ed que a dos cosechas quedaremos in\u00fatiles para la tercera, si Dios, por su infinita misericordia, no nos socorre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 S\u00e1bete, amigo Sancho \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, que la vida de los caballeros andantes est\u00e1 sujeta a mil peligros y desventuras; y, ni m\u00e1s ni menos, est\u00e1 en potencia propincua de ser los caballeros andantes reyes y emperadores, como lo ha mostrado la experiencia en muchos y diversos caballeros, de cuyas historias yo tengo entera noticia. Y pudi\u00e9rate contar agora, si el dolor me diera lugar, de algunos que, s\u00f3lo por el valor de su brazo, han subido a los altos grados que he contado; y estos mesmos se vieron antes y despu\u00e9s en diversas calamidades y miserias. Porque el valeroso Amad\u00eds de Gaula se vio en poder de su mortal enemigo Arcal\u00e1us el encantador, de quien se tiene por averiguado que le dio, teni\u00e9ndole preso, m\u00e1s de docientos azotes con las riendas de su caballo, atado a una coluna de un patio. Y aun hay un autor secreto, y de no poco cr\u00e9dito, que dice que, habiendo cogido al Caballero del Febo con una cierta trampa que se le hundi\u00f3 debajo de los pies, en un cierto castillo, y al caer, se hall\u00f3 en una honda sima debajo de tierra, atado de pies y manos, y all\u00ed le echaron una destas que llaman melecinas, de agua de nieve y arena, de lo que lleg\u00f3 muy al cabo; y si no fuera socorrido en aquella gran cuita de un sabio grande amigo suyo, lo pasara muy mal el pobre caballero. Ans\u00ed que, bien puedo yo pasar entre tanta buena gente; que mayores afrentas son las que \u00e9stos pasaron, que no las que ahora nosotros pasamos. Porque quiero hacerte sabidor, Sancho, que no afrentan las heridas que se dan con los instrumentos que acaso se hallan en las manos; y esto est\u00e1 en la ley del duelo, escrito por palabras expresas: que si el zapatero da a otro con la horma que tiene en la mano, puesto que verdaderamente es de palo, no por eso se dir\u00e1 que queda apaleado aquel a quien dio con ella. Digo esto porque no pienses que, puesto que quedamos desta pendencia molidos, quedamos afrentados; porque las armas que aquellos hombres tra\u00edan, con que nos machacaron, no eran otras que sus estacas, y ninguno dellos, a lo que se me acuerda, ten\u00eda estoque, espada ni pu\u00f1al.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No me dieron a m\u00ed lugar \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014 a que mirase en tanto; porque, apenas puse mano a mi tizona, cuando me santiguaron los hombros con sus pinos, de manera que me quitaron la vista de los ojos y la fuerza de los pies, dando conmigo adonde ahora yago, y adonde no me da pena alguna el pensar si fue afrenta o no lo de los estacazos, como me la da el dolor de los golpes, que me han de quedar tan impresos en la memoria como en las espaldas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Con todo eso, te hago saber, hermano Panza \u2014replic\u00f3 don Quijote\u2014, que no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues, \u00bfqu\u00e9 mayor desdicha puede ser \u2014replic\u00f3 Panza\u2014 de aquella que aguarda al tiempo que la consuma y a la muerte que la acabe? Si esta nuestra desgracia fuera de aquellas que con un par de bizmas se curan, aun no tan malo; pero voy viendo que no han de bastar todos los emplastos de un hospital para ponerlas en buen t\u00e9rmino siquiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 D\u00e9jate deso y saca fuerzas de flaqueza, Sancho \u2014respondi\u00f3 don Quijote\u2014, que as\u00ed har\u00e9 yo, y veamos c\u00f3mo est\u00e1 Rocinante; que, a lo que me parece, no le ha cabido al pobre la menor parte desta desgracia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No hay de qu\u00e9 maravillarse deso \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, siendo \u00e9l tan buen caballero andante; de lo que yo me maravillo es de que mi jumento haya quedado libre y sin costas donde nosotros salimos sin costillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas, para dar remedio a ellas \u2014dijo don Quijote\u2014. D\u00edgolo porque esa bestezuela podr\u00e1 suplir ahora la falta de Rocinante, llev\u00e1ndome a m\u00ed desde aqu\u00ed a alg\u00fan castillo donde sea curado de mis feridas. Y m\u00e1s, que no tendr\u00e9 a deshonra la tal caballer\u00eda, porque me acuerdo haber le\u00eddo que aquel buen viejo Sileno, ayo y pedagogo del alegre dios de la risa, cuando entr\u00f3 en la ciudad de las cien puertas iba, muy a su placer, caballero sobre un muy hermoso asno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Verdad ser\u00e1 que \u00e9l deb\u00eda de ir caballero, como vuestra merced dice \u2014 respondi\u00f3 Sancho\u2014, pero hay grande diferencia del ir caballero al ir atravesado como costal de basura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo cual respondi\u00f3 don Quijote:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Las feridas que se reciben en las batallas, antes dan honra que la quitan. As\u00ed que, Panza amigo, no me repliques m\u00e1s, sino, como ya te he dicho, lev\u00e1ntate lo mejor que pudieres y ponme de la manera que m\u00e1s te agradare encima de tu jumento, y vamos de aqu\u00ed antes que la noche venga y nos saltee en este despoblado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues yo he o\u00eddo decir a vuestra merced \u2014dijo Panza\u2014 que es muy de caballeros andantes el dormir en los p\u00e1ramos y desiertos lo m\u00e1s del a\u00f1o, y que lo tienen a mucha ventura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Eso es \u2014dijo don Quijote\u2014 cuando no pueden m\u00e1s, o cuando est\u00e1n enamorados; y es tan verdad esto, que ha habido caballero que se ha estado sobre una pe\u00f1a, al sol y a la sombra, y a las inclemencias del cielo, dos a\u00f1os, sin que lo supiese su se\u00f1ora. Y uno d\u00e9stos fue Amad\u00eds, cuando, llam\u00e1ndose Beltenebros, se aloj\u00f3 en la Pe\u00f1a Pobre, ni s\u00e9 si ocho a\u00f1os o ocho meses, que no estoy muy bien en la cuenta: basta que \u00e9l estuvo all\u00ed haciendo penitencia, por no s\u00e9 qu\u00e9 sinsabor que le hizo la se\u00f1ora Oriana. Pero dejemos ya esto, Sancho, y acaba, antes que suceda otra desgracia al jumento, como a Rocinante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Aun ah\u00ed ser\u00eda el diablo \u2014dijo Sancho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, despidiendo treinta ayes, y sesenta sospiros, y ciento y veinte p\u00e9setes y reniegos de quien all\u00ed le hab\u00eda tra\u00eddo, se levant\u00f3, qued\u00e1ndose agobiado en la mitad del camino, como arco turquesco, sin poder acabar de enderezarse; y con todo este trabajo aparej\u00f3 su asno, que tambi\u00e9n hab\u00eda andado algo destra\u00eddo con la demasiada libertad de aquel d\u00eda. Levant\u00f3 luego a Rocinante, el cual, si tuviera lengua con que quejarse, a buen seguro que Sancho ni su amo no le fueran en zaga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resoluci\u00f3n, Sancho acomod\u00f3 a don Quijote sobre el asno y puso de reata a Rocinante; y, llevando al asno de cabestro, se encamin\u00f3, poco m\u00e1s a menos, hacia donde le pareci\u00f3 que pod\u00eda estar el camino real. Y la suerte, que sus cosas de bien en mejor iba guiando, a\u00fan no hubo andado una peque\u00f1a legua, cuando le depar\u00f3 el camino, en el cual descubri\u00f3 una venta que, a pesar suyo y gusto de don Quijote, hab\u00eda de ser castillo. Porfiaba Sancho que era venta, y su amo que no, sino castillo; y tanto dur\u00f3 la porf\u00eda, que tuvieron lugar, sin acabarla, de llegar a ella, en la cual Sancho se entr\u00f3, sin m\u00e1s averiguaci\u00f3n, con toda su recua.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><a id=\"id_1_xvi\"><\/a>Cap\u00edtulo XVI. De lo que le sucedi\u00f3 al ingenioso hidalgo en la venta que \u00e9l imaginaba ser castillo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ventero, que vio a don Quijote atravesado en el asno, pregunt\u00f3 a Sancho qu\u00e9 mal tra\u00eda. Sancho le respondi\u00f3 que no era nada, sino que hab\u00eda dado una ca\u00edda de una pe\u00f1a abajo, y que ven\u00eda algo brumadas las costillas. Ten\u00eda el ventero por mujer a una, no de la condici\u00f3n que suelen tener las de semejante trato, porque naturalmente era caritativa y se dol\u00eda de las calamidades de sus pr\u00f3jimos; y as\u00ed, acudi\u00f3 luego a curar a don Quijote y hizo que una hija suya, doncella, muchacha y de muy buen parecer, la ayudase a curar a su hu\u00e9sped. Serv\u00eda en la venta, asimesmo, una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la gallard\u00eda del cuerpo supl\u00eda las dem\u00e1s faltas: no ten\u00eda siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que alg\u00fan tanto le cargaban, la hac\u00edan mirar al suelo m\u00e1s de lo que ella quisiera. Esta gentil moza, pues, ayud\u00f3 a la doncella, y las dos hicieron una muy mala cama a don Quijote en un camaranch\u00f3n que, en otros tiempos, daba manifiestos indicios que hab\u00eda servido de pajar muchos a\u00f1os. En la cual tambi\u00e9n alojaba un arriero, que ten\u00eda su cama hecha un poco m\u00e1s all\u00e1 de la de nuestro don Quijote. Y, aunque era de las enjalmas y mantas de sus machos, hac\u00eda mucha ventaja a la de don Quijote, que s\u00f3lo conten\u00eda cuatro mal lisas tablas, sobre dos no muy iguales bancos, y un colch\u00f3n que en lo sutil parec\u00eda colcha, lleno de bodoques, que, a no mostrar que eran de lana por algunas roturas, al tiento, en la dureza, semejaban de guijarro, y dos s\u00e1banas hechas de cuero de adarga, y una frazada, cuyos hilos, si se quisieran contar, no se perdiera uno solo de la cuenta. En esta maldita cama se acost\u00f3 don Quijote, y luego la ventera y su hija le emplastaron de arriba abajo, alumbr\u00e1ndoles Maritornes, que as\u00ed se llamaba la asturiana; y, como al bizmalle viese la ventera tan acardenalado a partes a don Quijote, dijo que aquello m\u00e1s parec\u00edan golpes que ca\u00edda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No fueron golpes \u2014dijo Sancho\u2014, sino que la pe\u00f1a ten\u00eda muchos picos y tropezones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y que cada uno hab\u00eda hecho su cardenal. Y tambi\u00e9n le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Haga vuestra merced, se\u00f1ora, de manera que queden algunas estopas, que no faltar\u00e1 quien las haya menester; que tambi\u00e9n me duelen a m\u00ed un poco los lomos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Desa manera \u2014respondi\u00f3 la ventera\u2014, tambi\u00e9n debistes vos de caer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 No ca\u00ed \u2014dijo Sancho Panza\u2014, sino que del sobresalto que tom\u00e9 de ver caer a mi amo, de tal manera me duele a m\u00ed el cuerpo que me parece que me han dado mil palos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Bien podr\u00e1 ser eso \u2014dijo la doncella\u2014; que a m\u00ed me ha acontecido muchas veces so\u00f1ar que ca\u00eda de una torre abajo y que nunca acababa de llegar al suelo, y, cuando despertaba del sue\u00f1o, hallarme tan molida y quebrantada como si verdaderamente hubiera ca\u00eddo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Ah\u00ed est\u00e1 el toque, se\u00f1ora \u2014respondi\u00f3 Sancho Panza\u2014: que yo, sin so\u00f1ar nada, sino estando m\u00e1s despierto que ahora estoy, me hallo con pocos menos cardenales que mi se\u00f1or don Quijote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfC\u00f3mo se llama este caballero? \u2014pregunt\u00f3 la asturiana Maritornes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Don Quijote de la Mancha \u2014respondi\u00f3 Sancho Panza\u2014, y es caballero aventurero, y de los mejores y m\u00e1s fuertes que de luengos tiempos ac\u00e1 se han visto en el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfQu\u00e9 es caballero aventurero? \u2014replic\u00f3 la moza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfTan nueva sois en el mundo que no lo sab\u00e9is vos? \u2014respondi\u00f3 Sancho Panza\u2014. Pues sabed, hermana m\u00eda, que caballero aventurero es una cosa que en dos palabras se ve apaleado y emperador. Hoy est\u00e1 la m\u00e1s desdichada criatura del mundo y la m\u00e1s menesterosa, y ma\u00f1ana tendr\u00eda dos o tres coronas de reinos que dar a su escudero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Pues, \u00bfc\u00f3mo vos, si\u00e9ndolo deste tan buen se\u00f1or \u2014dijo la ventera\u2014, no ten\u00e9is, a lo que parece, siquiera alg\u00fan condado?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 A\u00fan es temprano \u2014respondi\u00f3 Sancho\u2014, porque no ha sino un mes que andamos buscando las aventuras, y hasta ahora no hemos topado con ninguna que lo sea. Y tal vez hay que se busca una cosa y se halla otra. Verdad es que, si mi se\u00f1or don Quijote sana desta herida o ca\u00edda y yo no quedo contrecho della, no trocar\u00eda mis esperanzas con el mejor t\u00edtulo de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas estas pl\u00e1ticas estaba escuchando, muy atento, don Quijote, y, sent\u00e1ndose en el lecho como pudo, tomando de la mano a la ventera, le dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Creedme, fermosa se\u00f1ora, que os pod\u00e9is llamar venturosa por haber alojado en este vuestro castillo a mi persona, que es tal, que si yo no la alabo, es por lo que suele decirse que la alabanza propria envilece; pero mi escudero os dir\u00e1 qui\u00e9n soy. S\u00f3lo os digo que tendr\u00e9 eternamente escrito en mi memoria el servicio que me habedes fecho, para agradec\u00e9roslo mientras la vida me durare; y pluguiera a los altos cielos que el amor no me tuviera tan rendido y tan sujeto a sus leyes, y los ojos de aquella hermosa ingrata que digo entre mis dientes; que los desta fermosa doncella fueran se\u00f1ores de mi libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Confusas estaban la ventera y su hija y la buena de Maritornes oyendo las razones del andante caballero, que as\u00ed las entend\u00edan como si hablara en griego, aunque bien alcanzaron que todas se encaminaban a ofrecimiento y requiebros; y, como no usadas a semejante lenguaje, mir\u00e1banle y admir\u00e1banse, y parec\u00edales otro hombre de los que se usaban; y, agradeci\u00e9ndole con venteriles razones sus ofrecimientos, le dejaron; y la asturiana Maritornes cur\u00f3 a Sancho, que no menos lo hab\u00eda menester que su amo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda el arriero concertado con ella que aquella noche se refocilar\u00edan juntos, y ella le hab\u00eda dado su palabra de que, en estando sosegados los hu\u00e9spedes y durmiendo sus amos, le ir\u00eda a buscar y satisfacerle el gusto en cuanto le mandase. Y cu\u00e9ntase desta buena moza que jam\u00e1s dio semejantes palabras que no las cumpliese, aunque las diese en un monte y sin testigo alguno; porque presum\u00eda muy de hidalga, y no ten\u00eda por afrenta estar en aquel ejercicio de servir en la venta, porque dec\u00eda ella que desgracias y malos sucesos la hab\u00edan tra\u00eddo a aquel estado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El duro, estrecho, apocado y fementido lecho de don Quijote estaba primero en mitad de aquel estrellado establo, y luego, junto a \u00e9l, hizo el suyo Sancho, que s\u00f3lo conten\u00eda una estera de enea y una manta, que antes mostraba ser de anjeo tundido que de lana. Suced\u00eda a estos dos lechos el del arriero, fabricado, como se ha dicho, de las enjalmas y todo el adorno de los dos mejores mulos que tra\u00eda, aunque eran doce, lucios, gordos y famosos, porque era uno de los ricos arrieros de Ar\u00e9valo, seg\u00fan lo dice el autor desta historia, que deste arriero hace particular menci\u00f3n, porque le conoc\u00eda muy bien, y aun quieren decir que era algo pariente suyo. Fuera de que Cide Mahamate Benengeli fue historiador muy curioso y muy puntual en todas las cosas; y \u00e9chase bien de ver, pues las que quedan referidas, con ser tan m\u00ednimas y tan rateras, no las quiso pasar en silencio; de donde podr\u00e1n tomar ejemplo los historiadores graves, que nos cuentan las acciones tan corta y sucintamente que apenas nos llegan a los labios, dej\u00e1ndose en el tintero, ya por descuido, por malicia o ignorancia, lo m\u00e1s sustancial de la obra. \u00a1Bien haya mil veces el autor de Tablante de Ricamonte, y aquel del otro libro donde se cuenta los hechos del conde Tomillas; y con qu\u00e9 puntualidad lo describen todo!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Digo, pues, que despu\u00e9s de haber visitado el arriero a su recua y d\u00e1dole el segundo pienso, se tendi\u00f3 en sus enjalmas y se dio a esperar a su puntual\u00edsima Maritornes. Ya estaba Sancho bizmado y acostado, y, aunque procuraba dormir, no lo consent\u00eda el dolor de sus costillas; y don Quijote, con el dolor de las suyas, ten\u00eda los ojos abiertos como liebre. Toda la venta estaba en silencio, y en toda ella no hab\u00eda otra luz que la que daba una l\u00e1mpara que colgada en medio del portal ard\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta maravillosa quietud, y los pensamientos que siempre nuestro caballero tra\u00eda de los sucesos que a cada paso se cuentan en los libros autores de su desgracia, le trujo a la imaginaci\u00f3n una de las estra\u00f1as locuras que buenamente imaginarse pueden. Y fue que \u00e9l se imagin\u00f3 haber llegado a un famoso castillo \u2014que, como se ha dicho, castillos eran a su parecer todas las ventas donde alojaba\u2014, y que la hija del ventero lo era del se\u00f1or del castillo, la cual, vencida de su gentileza, se hab\u00eda enamorado d\u00e9l y prometido que aquella noche, a furto de sus padres, vendr\u00eda a yacer con \u00e9l una buena pieza; y, teniendo toda esta quimera, que \u00e9l se hab\u00eda fabricado, por firme y valedera, se comenz\u00f3 a acuitar y a pensar en el peligroso trance en que su honestidad se hab\u00eda de ver, y propuso en su coraz\u00f3n de no cometer alevos\u00eda a su se\u00f1ora Dulcinea del Toboso, aunque la mesma reina Ginebra con su dama Quinta\u00f1ona se le pusiesen delante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pensando, pues, en estos disparates, se lleg\u00f3 el tiempo y la hora \u2014que para \u00e9l fue menguada\u2014 de la venida de la asturiana, la cual, en camisa y descalza, cogidos los cabellos en una albanega de fust\u00e1n, con t\u00e1citos y atentados pasos, entr\u00f3 en el aposento donde los tres alojaban en busca del arriero. Pero, apenas lleg\u00f3 a la puerta, cuando don Quijote la sinti\u00f3, y, sent\u00e1ndose en la cama, a pesar de sus bizmas y con dolor de sus costillas, tendi\u00f3 los brazos para recebir a su fermosa doncella. La asturiana, que, toda recogida y callando, iba con las manos delante buscando a su querido, top\u00f3 con los brazos de don Quijote, el cual la asi\u00f3 fuertemente de una mu\u00f1eca y, tir\u00e1ndola hac\u00eda s\u00ed, sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama. Tent\u00f3le luego la camisa, y, aunque ella era de harpillera, a \u00e9l le pareci\u00f3 ser de fin\u00edsimo y delgado cendal. Tra\u00eda en las mu\u00f1ecas unas cuentas de vidro, pero a \u00e9l le dieron vislumbres de preciosas perlas orientales. Los cabellos, que en alguna manera tiraban a crines, \u00e9l los marc\u00f3 por hebras de lucid\u00edsimo oro de Arabia, cuyo resplandor al del mesmo sol escurec\u00eda. Y el aliento, que, sin duda alguna, ol\u00eda a ensalada fiambre y trasnochada, a \u00e9l le pareci\u00f3 que arrojaba de su boca un olor suave y arom\u00e1tico; y, finalmente, \u00e9l la pint\u00f3 en su imaginaci\u00f3n de la misma traza y modo que lo hab\u00eda le\u00eddo en sus libros de la otra princesa que vino a ver el mal ferido caballero, vencida de sus amores, con todos los adornos que aqu\u00ed van puestos. Y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el tacto, ni el aliento, ni otras cosas que tra\u00eda en s\u00ed la buena doncella, no le desenga\u00f1aban, las cuales pudieran hacer vomitar a otro que no fuera arriero; antes, le parec\u00eda que ten\u00eda entre sus brazos a la diosa de la hermosura. Y, teni\u00e9ndola bien asida, con voz amorosa y baja le comenz\u00f3 a decir:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 Quisiera hallarme en t\u00e9rminos, fermosa y alta se\u00f1ora, de poder pagar tama\u00f1a merced como la que con la vista de vuestra gran fermosura me habedes fecho, pero ha querido la fortuna, que no se cansa de perseguir a los buenos, ponerme en este lecho, donde yago tan molido y quebrantado que, aunque de mi voluntad quisiera satisfacer a la vuestra, fuera imposible. Y m\u00e1s, que se a\u00f1ade a esta imposibilidad otra mayor, que es la prometida fe que tengo dada a la sin par Dulcinea del Toboso, \u00fanica se\u00f1ora de mis m\u00e1s escondidos pensamientos; que si esto no hubiera de por medio, no fuera yo tan sandio caballero que dejara pasar en blanco la venturosa ocasi\u00f3n en que vuestra gran bondad me ha puesto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maritornes estaba congojad\u00edsima y trasudando, de verse tan asida de don Quijote, y, sin entender ni estar atenta a las razones que le dec\u00eda, procuraba, sin hablar palabra, desasirse. El bueno del arriero, a quien ten\u00edan despierto sus malos deseos, desde el punto que entr\u00f3 su coima por la puerta, la sinti\u00f3; estuvo atentamente escuchando todo lo que don Quijote dec\u00eda, y, celoso de que la asturiana le hubiese faltado la palabra por otro, se fue llegando m\u00e1s al lecho de don Quijote, y est\u00favose quedo hasta ver en qu\u00e9 paraban aquellas razones, que \u00e9l no pod\u00eda entender. Pero, como vio que la moza forcejaba por desasirse y don Quijote trabajaba por tenella, pareci\u00e9ndole mal la burla, enarbol\u00f3 el brazo en alto y descarg\u00f3 tan terrible pu\u00f1ada sobre las estrechas quijadas del enamorado caballero, que le ba\u00f1\u00f3 toda la boca en sangre; y, no contento con esto, se le subi\u00f3 encima de las costillas, y con los pies m\u00e1s que de trote, se las pase\u00f3 todas de cabo a cabo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lecho, que era un poco endeble y de no firmes fundamentos, no pudiendo sufrir la a\u00f1adidura del arriero, dio consigo en el suelo, a cuyo gran ruido despert\u00f3 el ventero, y luego imagin\u00f3 que deb\u00edan de ser pendencias de Maritornes, porque, habi\u00e9ndola llamado a voces, no respond\u00eda. Con esta sospecha se levant\u00f3, y, encendiendo un candil, se fue hacia donde hab\u00eda sentido la pelaza. La moza, viendo que su amo ven\u00eda, y que era de condici\u00f3n terrible, toda medrosica y alborotada, se acogi\u00f3 a la cama de Sancho Panza, que a\u00fan dorm\u00eda, y all\u00ed se acorruc\u00f3 y se hizo un ovillo. El ventero entr\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00bfAd\u00f3nde est\u00e1s, puta? A buen seguro que son tus cosas \u00e9stas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esto, despert\u00f3 Sancho, y, sintiendo aquel bulto casi encima de s\u00ed, pens\u00f3 que ten\u00eda la pesadilla, y comenz\u00f3 a dar pu\u00f1adas a una y otra parte, y entre otras alcanz\u00f3 con no s\u00e9 cu\u00e1ntas a Maritornes, la cual, sentida del dolor, echando a rodar la honestidad, dio el retorno a Sancho con tantas que, a su despecho, le quit\u00f3 el sue\u00f1o; el cual, vi\u00e9ndose tratar de aquella manera y sin saber de qui\u00e9n, alz\u00e1ndose como pudo, se abraz\u00f3 con Maritornes, y comenzaron entre los dos la m\u00e1s re\u00f1ida y graciosa escaramuza del mundo. Viendo, pues, el arriero, a la lumbre del candil del ventero, cu\u00e1l andaba su dama, dejando a don Quijote, acudi\u00f3 a dalle el socorro necesario. Lo mismo hizo el ventero, pero con intenci\u00f3n diferente, porque fue a castigar a la moza, creyendo sin duda que ella sola era la ocasi\u00f3n de toda aquella armon\u00eda. Y as\u00ed como suele decirse: el gato al rato, el rato a la cuerda, la cuerda al palo, daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a \u00e9l, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa que no se daban punto de reposo; y fue lo bueno que al ventero se le apag\u00f3 el candil, y, como quedaron ascuras, d\u00e1banse tan sin compasi\u00f3n todos a bulto que, a doquiera que pon\u00edan la mano, no dejaban cosa sana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alojaba acaso aquella noche en la venta un cuadrillero de los que llaman de la Santa Hermandad Vieja de Toledo, el cual, oyendo ansimesmo el estra\u00f1o estruendo de la pelea, asi\u00f3 de su media vara y de la caja de lata de sus t\u00edtulos, y entr\u00f3 ascuras en el aposento, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1T\u00e9nganse a la justicia! \u00a1T\u00e9nganse a la Santa Hermandad!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y el primero con quien top\u00f3 fue con el apu\u00f1eado de don Quijote, que estaba en su derribado lecho, tendido boca arriba, sin sentido alguno, y, ech\u00e1ndole a tiento mano a las barbas, no cesaba de decir:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Favor a la justicia!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, viendo que el que ten\u00eda asido no se bull\u00eda ni meneaba, se dio a entender que estaba muerto, y que los que all\u00ed dentro estaban eran sus matadores; y con esta sospecha reforz\u00f3 la voz, diciendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00a1Ci\u00e9rrese la puerta de la venta! \u00a1Miren no se vaya nadie, que han muerto aqu\u00ed a un hombre!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta voz sobresalt\u00f3 a todos, y cada cual dej\u00f3 la pendencia en el grado que le tom\u00f3 la voz. Retir\u00f3se el ventero a su aposento, el arriero a sus enjalmas, la moza a su rancho; solos los desventurados don Quijote y Sancho no se pudieron mover de donde estaban. Solt\u00f3 en esto el cuadrillero la barba de don Quijote, y sali\u00f3 a buscar luz para buscar y prender los delincuentes; mas no la hall\u00f3, porque el ventero, de industria, hab\u00eda muerto la l\u00e1mpara cuando se retir\u00f3 a su estancia, y fuele forzoso acudir a la chimenea, donde, con mucho trabajo y tiempo, encendi\u00f3 el cuadrillero otro candil.<\/p>\n<p><strong>Redacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XV. Donde se cuenta la desgraciada aventura que se top\u00f3 don Quijote en topar con unos desalmados yang\u00fceses Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, as\u00ed como don Quijote se despidi\u00f3 de sus hu\u00e9spedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor Gris\u00f3stomo, \u00e9l y su escudero se entraron por el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2176],"tags":[],"class_list":["post-18299","post","type-post","status-publish","format-standard","category-don-quijote-de-la-mancha"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Don Quijote de La Mancha - Tercera parte - Cap\u00edtulos 15 y 16 | Don Quijote de La Mancha | HOJAS SUELTAS<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"TESOROS LITERARIOS. 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