{"id":16209,"date":"2024-11-26T00:00:55","date_gmt":"2024-11-25T23:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=16209"},"modified":"2025-12-05T17:20:22","modified_gmt":"2025-12-05T15:20:22","slug":"umbral-el-escritor-detras-del-personaje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hojassueltas.es\/?p=16209","title":{"rendered":"Umbral. El escritor detr\u00e1s del personaje"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><strong>\u201cLa literatura es un lenguaje de palabras desmemorizadas\u201d<br \/>\n<\/strong><strong>\u2014Francisco Umbral\u2014<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Va a cumplirse ya casi una d\u00e9cada y media que falleci\u00f3 Francisco Umbral y no estar\u00eda de m\u00e1s preguntarse qu\u00e9 ha sido de la obra literaria de un escritor, que durante muchas d\u00e9cadas, tuvo una proyecci\u00f3n medi\u00e1tica que lo convirti\u00f3 a los ojos del gran p\u00fablico, lo cual es lo mismo que decir que de la mayor\u00eda no lectora, no solo en uno de los pocos escritores reconocibles, sino incluso para muchos en el escritor a secas. No es para menos si tenemos en cuenta que en el imaginario de una buena parte de ese gran p\u00fablico, la imagen de Francisco Umbral est\u00e1 indisolublemente asociado a un episodio m\u00e1s o menos chusco de la historia de la televisi\u00f3n espa\u00f1ola, aquel en el que, corriendo el a\u00f1o 1993, el escritor reventaba un programa de entrevistas de Mercedes Mil\u00e1 para pregonar insistente y estent\u00f3reamente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u00abA m\u00ed me has dicho personalmente por tel\u00e9fono, Mercedes, que se iba a hablar de mi libro. Estamos acabando el programa y de mi libro \u2014que est\u00e1 ah\u00ed sobre la mesa\u2014 ni se ha hablado ni se va a hablar para nada, y por lo tanto, yo estoy dispuesto a levantarme y abandonar la mesa, porque yo he venido aqu\u00ed a hablar de mi libro, y no a hablar de lo que opine el personal, que me da lo mismo, para eso tengo mi columna y mi opini\u00f3n diaria, de modo que, si no se habla de mi libro, me levanto ahora mismo y me voy\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dir\u00eda que, a partir de entonces, aquel suceso tan absurdo como simp\u00e1tico en horario de m\u00e1xima audiencia y en uno de los primeros programas de entrevistas de \u00e9xito de una cadena privada, Antena 3, tuvo tal repercusi\u00f3n que acab\u00f3 consagrando, no tanto la figura literaria, que de qu\u00e9 en un pa\u00eds secular y contumazmente reacio a la lectura, como el personaje medi\u00e1tico en el que ya se hab\u00eda convertido Francisco Umbral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un personaje que, me temo, acab\u00f3 superando aquel otro que el propio Umbral hab\u00eda ido construyendo desde que lleg\u00f3 a Madrid desde Valladolid inspir\u00e1ndose en los escritores decimon\u00f3nicos como Mariano Jos\u00e9 de Larra, del que insinu\u00f3 en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n que se sent\u00eda heredero como articulista, y m\u00e1s en concreto en su admirado Ram\u00f3n del Valle Incl\u00e1n. Un personaje en el que destacaba tanto ciertos aspectos de su indumentaria, en el caso de Umbral la melena larga y lacia, las gafas siempre de culo de vaso y ya en especial las bufandas, como el de una personalidad muy dada al sarcasmo, incluso a meter alg\u00fan que otro dedo en ojo al pr\u00f3jimo para regocijo del respetable, y siempre pronta para la pol\u00e9mica, ya fuera para crearlas o alimentarlas sabedor de la mojigater\u00eda innata del personal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se trataba en realidad de una especie de coraza bajo la que el escritor se ocultaba con el \u00fanico prop\u00f3sito de labrarse eso que todav\u00eda se llamaba una reputaci\u00f3n que lo distinguiera del resto de sus colegas de oficio, siquiera un distintivo, eso que ahora llamar\u00edamos una marca, para significarse a toda costa del anonimato para los no iniciados al que est\u00e1n condenados la mayor\u00eda de los escritores que se limitan a escribir su obra y conf\u00edan en que \u00e9sta se promocione con la ayuda exclusiva de la editorial, lo cual es como decir que por puro milagro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Umbral sab\u00eda lo que hac\u00eda y por eso, no solo no dudaba en saltar al ruedo del circo medi\u00e1tico, sino que adem\u00e1s se desenvolv\u00eda en \u00e9l con gran maestr\u00eda. El objetivo no era otro que intentar captar posibles lectores que, atra\u00eddos por el supuesto magnetismo de su figura medi\u00e1tica, o lo que es lo mismo, por la contundencia de sus opiniones y su fina y no menos punzante iron\u00eda, \u00abla iron\u00eda es la ternura de la inteligencia\u201d, lleg\u00f3 a decir, acabar\u00e1n busc\u00e1ndolo en sus columnas de prensa y, ya con un poco de suerte, incluso en sus libros. En cualquier caso, nada que el propio Umbral no hubiera insinuado en muchas de sus entrevistas o dejado escrito en alguna que otra de sus obras memorialistas, aquellas en las que confesaba a las claras que la obligaci\u00f3n principal de todo escritor que quisiera vivir de la literatura no era otra que llamar la atenci\u00f3n del p\u00fablico a toda costa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y eso precisamente, el fracaso, era lo que Francisco Alejandro P\u00e9rez Mart\u00ednez no pod\u00eda permitirse de ninguna manera una vez convertido en Francisco Umbral, a su llegada a Madrid con el \u00fanico prop\u00f3sito de poder firmar sus columnas con un nombre reconocible que lo liberarnonimato provinciano del que hab\u00eda surgido para convertirse en un escritor con may\u00fasculas, alguien consagrado a la literatura pero que escrib\u00eda en prensa para ganarse el pan, y tambi\u00e9n para atraer lectores a una obra que solo tangencialmente ten\u00eda algo que ver con el personaje que frecuentaba platos de televisi\u00f3n, o daba grandes titulares para rellenar las columnas de opini\u00f3n de otros en una Espa\u00f1a en la que la que esa corrala virtual, que son las redes sociales todav\u00eda no hab\u00eda hecho acto de aparici\u00f3n o tan solo estaba en pa\u00f1ales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pues, y siquiera ya para hacer honor al t\u00edtulo que encabeza este texto, toca plantearse d\u00f3nde est\u00e1 ese escritor de raza que fue Umbral tras el personaje medi\u00e1tico, que en el imaginario popular qued\u00f3 reducido a ese se\u00f1or de aspecto decimon\u00f3nico y voz cavernosa, que preguntaba visiblemente enfadado cu\u00e1ndo se iba a hablar de su libro en el programa de la Mil\u00e1. Pues est\u00e1 en algunos de sus libros. Vaya perogrullada, claro, sino fuera porque, Umbral, a parte de haber escrito miles de art\u00edculos de prensa pertenecientes a un g\u00e9nero, que casi le era exclusivo, el art\u00edculo literario, donde es m\u00e1s importante la firma que lo que se cuenta, como que muchas, demasiadas, veces, en los art\u00edculos de Umbral no se contaba nada de la actualidad, sino que se le\u00eda a Umbral y basta, tambi\u00e9n fue eso que Kundera denominaba un graf\u00f3mano empedernido, alguien que escribe de todo y a todas horas, que no puede dejar de hacerlo porque teme, no ya solo perder pulso, sino que vengan otros por detr\u00e1s y superen su estilo. Un graf\u00f3mano que se justificaba diciendo que necesitaba sacar dos o tres libros al a\u00f1o para poder comer y de ah\u00ed su querencia o necesidad imperiosa de escribir al dictado de la actualidad, es decir, de lo prosaico de la pol\u00edtica, la far\u00e1ndula, incluso el mero chismorreo o cualquier otra cosa que pudiera suscitar el inter\u00e9s de un lector m\u00e1s interesado en el entretenimiento puro y duro, cuando no verdadero morbo, que en el verdadero disfrute de un texto literario al estilo de Mortal y Rosa, la obra m\u00e1s reputada de Umbral y de la que hablaremos en breve.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pues, la bibliograf\u00eda de Umbral consta, nada m\u00e1s y nada menos, de m\u00e1s de cien t\u00edtulos entre los que podemos encontrar de todo. De hecho, estimo que algunos de esos t\u00edtulos se bastan por s\u00ed mismos para hacernos una idea de su talante exclusivamente coyuntural, si no oportunista, e incluso alimenticio:\u00a0<em>La Guapa gente de derechas<\/em>\u00a0(1975),\u00a0<em>Diccionario para pobres<\/em>\u00a0(1977),\u00a0<em>Y Tierno Galv\u00e1n subi\u00f3 a los cielos<\/em>\u00a0(1990),\u00a0<em>El Socialista sentimental<\/em>\u00a0(2000),\u00a0<em>La Rep\u00fablica Bananera USA<\/em>\u00a0(2002),\u00a0<em>Cela; un cad\u00e1ver exquisito<\/em>\u00a0(2002). No se trata de malos libros, ni mucho menos, y no pueden serlo precisamente porque est\u00e1n escritos por Francisco Umbral, due\u00f1o de un estilo perfectamente reconocible por cualquier lector medianamente avezado y sobre todo efectivo, tal y como sol\u00eda demostrar en cada una de sus columnas. Tanto que de muchos de estos libros editados a rebufo de la actualidad se ha dicho que eran meras extensiones de sus art\u00edculos de prensa, de modo que para cualquier incondicional del Umbral columnista supon\u00edan poco m\u00e1s que un motivo para darse un soberano atrac\u00f3n de\u00a0<em>umbralidad<\/em>. Son libros que funcionaron, siquiera en su momento y siempre dependiendo de la vigencia o no del tema a tratar, porque eran sostenidos por el muy particular y sobre todo, popular de Umbral. Un estilo que, resumi\u00e9ndolo mucho, consist\u00eda en esa de armoniosa mezcolanza de lo culto, a fin de cuentas un escritor de cientos de lecturas y versado hasta el detalle m\u00e1s nimio en lo m\u00e1s granado de la literatura castellana, y lo coloquial, a veces con sus inevitables gui\u00f1os al habla popular madrile\u00f1a o cheli. Eso y la muy trabajada combinaci\u00f3n de la iron\u00eda y la ternura en un mismo p\u00e1rrafo, utilizando todos los elementos estil\u00edsticos a su alcance, puede que hasta forz\u00e1ndolos en exceso, y por ello confiando siempre en la complicidad de un lector que espera, que sea indulgente con dichos excesos, porque siempre es m\u00e1s lo que le ofrece el conjunto del texto, que lo que puede soliviantarle ciertas libertades que Umbral se tomaba salpicando su escritura con pinceladas, que rozaban la cursiler\u00eda impropia de un esp\u00edritu como el suyo, no poca maledicencia m\u00e1s o menos gratuita al referirse a determinados personajes, as\u00ed como aliteraciones innecesarias e incluso una no siempre perceptible a primera vista, anarqu\u00eda o indolencia argumental. Todo ello envuelto en un halo de escritor de izquierdas, siquiera ya solo de escritor hecho as\u00ed mismo desde lo m\u00e1s bajo del escalaf\u00f3n, el cual atiza sin descanso, y siempre con mucha elegancia, a la burgues\u00eda biempensante de su \u00e9poca, para entendernos, los modos y milagros de las clases dominantes, que tras la Transici\u00f3n, siguen detentando el verdadero poder como herederos directos del franquismo socioecon\u00f3mico, aunque tambi\u00e9n a veces tan en contraste con su propia biograf\u00eda, y sobre todo ambiciones, que uno no puede sospechar cierto postureo para complacer en exclusiva lo que entonces se cre\u00eda que era la opini\u00f3n mayoritaria de acuerdo con el signo de los tiempos. Con todo, nada que no pueda permitirse el due\u00f1o de un estilo literario perfectamente reconocible porque, a fin de cuentas, en eso consiste tambi\u00e9n, en buena parte, tener uno propio, en que los defectos sean tan consustanciales a \u00e9ste como sus virtudes. Lo otro, la escritura sint\u00e1ctica y en teor\u00eda estil\u00edsticamente perfecta, armoniosa y hasta limpia, mejor para el BOE y cosas por el estilo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pues, el estilo de Umbral no solo sosten\u00eda sus libros m\u00e1s o menos oportunistas, sino que tambi\u00e9n hace de la lectura de su obra ensay\u00edstica, veinte libros ni m\u00e1s ni menos, desde el dedicado a Larra pasando por la biograf\u00eda de Marisol, o el homenaje a su amigo Delibes hasta el \u00faltimo con las ligas de Madame Bovary como principal hilo conductivo, una aut\u00e9ntica gozada a diferencia de tantos y tantos tostones que parecen ser propios del g\u00e9nero a falta de verdadero instinto narrativo por parte de sus autores. Sin embargo, para qu\u00e9 enga\u00f1arnos, el escritor con may\u00fasculas es el que se consagra a su propia literatura, no a la de los dem\u00e1s, por lo que ya toca preguntarse d\u00f3nde est\u00e1, por tanto, la verdadera obra literaria de Umbral, aquella que lo consagra sin lugar a duda como uno de los escritores en lengua castellana m\u00e1s importantes de su \u00e9poca. Pues esa no es otra, y aqu\u00ed no hago sino corroborar la opini\u00f3n aceptada por la mayor\u00eda de los entendidos, que su obra memorial\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A decir verdad, creo que era de esperar tal dedicaci\u00f3n al cultivo de la memoria propia casi que en exclusiva, siendo como era Francisco Umbral un personaje creado a imagen y semejanza del prototipo de escritor literario decimon\u00f3nico, siquiera ya solo con el estereotipo que se ten\u00eda tradicional o popularmente sobre eso que se llamaba el escritor de raza, o lo que es lo mismo, de an\u00e9cdotas de tertulia de caf\u00e9 con sus correspondientes rencillas con el resto del gremio, un ambiente que el propio Umbral se encarg\u00f3 de inmortalizar en libros como\u00a0<em>La noche que llegu\u00e9 al Caf\u00e9 Gij\u00f3n<\/em>\u00a0(1977) o\u00a0<em>Traves\u00eda de Madrid<\/em>\u00a0(1966), proveedor por lo tanto de todo tipo de habladur\u00edas para los mentideros de la Corte de los Milagros valleinclanesca, esto es, autor que, al menos de primeras, destacaba m\u00e1s por su presencia que por su pluma. Con todo, la memoria de Umbral suele ser m\u00e1s auto ficci\u00f3n que biograf\u00eda\u00a0<em>stricto sensu<\/em>\u00a0tal y como es lo de habitual, y sobre todo de esperar, en los escritores de raza como \u00e9l. Dicho de otro modo, la memoria propia, personal, de Umbral solo es una excusa para escribir sobre los hechos y las gentes de su \u00e9poca. De ese modo, hablando de s\u00ed mismo, siquiera ya solo haci\u00e9ndolo en primera persona como simple testigo de lo que acontece a su alrededor, Umbral se convierte en el cronista ficticio no ya solo del siglo que le toc\u00f3 vivir, sino incluso de su propia vida, la cual no tiene por qu\u00e9 corresponder sobre el papel a esa otra real y siempre privada, para qu\u00e9 si, al fin y al cabo, toda memoria no es sino una recreaci\u00f3n subjetiva del pasado, o lo que es lo mismo, una ficci\u00f3n de uno mismo. Lo que importa de veras es el resultado sobre el papel, que la historia, real o no, funcione, porque existe en la conciencia del lector y si adem\u00e1s lo hace emocionando a este mejor, y no solo por lo que se cuenta, sino sobre todo por c\u00f3mo se cuenta, mejor que mejor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ese modo, suele ser tambi\u00e9n lugar com\u00fan se\u00f1alar su diario\u00a0<em>Mortal y Rosa<\/em>\u00a0(1975) como el culmen de su obra, no solo memorial\u00edstica sino incluso literario, el texto que de verdad lo inmortaliza como escritor, ese que figura ya en todas las listas de los mejores libros escritos en lengua espa\u00f1ola del pasado siglo, aquel que se basta por s\u00ed solo para distinguir a Umbral del conjunto de sus contempor\u00e1neos. Se trata de un libro en forma de diario cuyas entradas se convierten en mon\u00f3logos donde el autor procura impregnar sus recuerdos y cotidianidad con una prosa po\u00e9tica, quien sabe si con el prop\u00f3sito de resarcirse de su confesa incapacidad para la poes\u00eda como tal, siquiera un homenaje a \u00e9sta y de ah\u00ed el t\u00edtulo sacado de los \u00faltimos versos de\u00a0<em>La voz a ti debida<\/em>\u00a0del poemario de Pablo Salinas. En cualquier caso, un meritorio ejercicio de impregnar de aliento po\u00e9tico cada uno de los p\u00e1rrafos del texto recurriendo a su probada capacidad pros\u00edstica, pero sin renunciar tampoco a lo m\u00e1s caracter\u00edstico de su estilo, la mezcla del cultismo con lo profano, la ternura, en este caso a toneladas por lo extraordinariamente sensible del tema de fondo, la muerte de su hijo, fallecido con cinco a\u00f1os de edad a causa de una leucemia y aun as\u00ed salpicada con esa iron\u00eda que era capaz de aplicar incluso a los aspectos m\u00e1s prolijos e insustanciales de lo cotidiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se trata, en efecto, de la obra m\u00e1s contundente de Umbral, ya sea por la desgracia personal que la inspira, como por su prop\u00f3sito de tratarla lejos del realismo habitual en estos casos, sino m\u00e1s bien desde la fuerza evocadora de una prosa l\u00edrica que aspira a decirlo todo con poco, pero siempre sin dejar resquicio alguno al morbo del lector. Un desafi\u00f3 que, aun y todo, y en especial durante m\u00e1s de la mitad del texto, somete al lector habitual de Umbral, a las tem\u00e1ticas que lo ven\u00edan acompa\u00f1ando en otros libros, a destacar esa reiteraci\u00f3n de las cuitas propias de un escritor obsesionado tanto con el d\u00eda a d\u00eda frente a la m\u00e1quina de escribir, como con la gesti\u00f3n del \u00e9xito propio y ajeno. De ese modo, es imposible no percibir la apenas disimulada megaloman\u00eda que acab\u00f3 acompa\u00f1ando a Umbral hacia al final de su vida, cuando ya se sab\u00eda consagrado e incluso ejerc\u00eda de m\u00e1ximo exponente de una generaci\u00f3n que empezaba y acababa en \u00e9l. En efecto, al principio de <em>Mortal y Rosa<\/em> resulta imposible evitar la sensaci\u00f3n de que Umbral nos est\u00e1 hablando una vez m\u00e1s de lo mismo, peor a\u00fan, de \u00e9l mismo, como en tantas de sus obras anteriores. Cambia que ahora lo hace desprovisto de un sentido argumental, esto es, al margen de historia alguna. Son retazos de un lirismo que a m\u00ed se me antoja por momentos excesivamente forzado, siquiera por simple repetici\u00f3n, y que, si no fuera porque el drama del hijo empieza a manifestarse con cuentagotas hasta acabar inundando el texto en sus postrimeras, se me habr\u00eda hecho verdaderamente insoportable. Sin embargo, el drama del hijo tratado con tanta contundencia como exquisitez convierte el libro en un algo aparte, siquiera algo fuera de lo com\u00fan en la literatura castellana, o por lo menos muy escaso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Claro que tambi\u00e9n se le podr\u00eda achacar a Umbral, y esto siempre a riesgo de pecar de mezquindad en grado sumo, haber aprovechado la carga emocional impl\u00edcita en la p\u00e9rdida de un hijo para hacer una obra que, a poco que alguien como \u00e9l se pusiera manos sobre el teclado, ten\u00eda que resultar literariamente emotiva. Pero, claro, en eso consiste precisamente lo extraordinario de\u00a0<em>Mortal y Rosa<\/em>, del modo como su autor pone su inconfundible estilo a servicio de un episodio tan tr\u00e1gico y sobre todo privado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u00abEste libro, hijo, que naci\u00f3 no s\u00e9 c\u00f3mo, que creci\u00f3 en torno a ti, sin saberlo, que se ha convertido en el lugar secreto de nuestras citas, en el refugio solo de mi conversaci\u00f3n, de mi mon\u00f3logo contigo, aunque ya toda mi vida es ese mon\u00f3logo y no hacemos otra cosa que conversar, t\u00fa y yo, sin que nadie nos oiga. La otra tarde vi un cerdo peque\u00f1o, una cr\u00eda, colgado del morro a la puerta de una charcuter\u00eda, y todav\u00eda el rabo se le rizaba con alguna gracia. C\u00f3mo hubi\u00e9ramos conversado t\u00fa y yo con este personaje. Pero es tu alma, ahora, la que cuelga inocente de un gancho fr\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Mortal y Rosa<\/em>\u00a0es sin duda el libro m\u00e1s logrado, siquiera ya solo el m\u00e1s ambicioso y sentido de todos los de Umbral. No obstante, precisamente por eso, porque destaca en s\u00ed mismo de toda su extensa producci\u00f3n, es quiz\u00e1s el menos representativo de su obra.\u00a0<em>Mortal y Rosa<\/em>\u00a0es el desafi\u00f3 que el poeta frustrado se impuso: crear una prosa l\u00edrica que epatara y emocionara a partes iguales y donde el lector no puede evitar la idea de que muchos de los p\u00e1rrafos que all\u00ed aparecen pod\u00edan haber sido resumidos en breves poemas si el autor hubiera sido agraciado con el don versificador de cuya carencia tanto se lamentaba. Porque, insisto, por muy logrado y sobre aplaudido que sea\u00a0<em>Mortal y Rosa<\/em>\u00a0es la obra menos adecuada para aprehender la esencia de la prosa del cronista de su \u00e9poca que fue Umbral al estilo de un Gald\u00f3s, su detestado Baroja o el m\u00e1s reciente Rafael Chirbes. Umbral recorri\u00f3 casi todo el siglo XX espa\u00f1ol que le toc\u00f3 vivir y muy en especial su primera mitad, aquella de la que, parad\u00f3jicamente, nos ha dejado un testimonio cuyo objetivo principal no parece ser otro que escribir a la contra del realismo de Gald\u00f3s o Baroja al que siempre dijo que les faltaba estilo, vamos, que se le antojaban excesivamente formales e incluso pobres en cuanto a la forma. Umbral se empe\u00f1\u00f3 en hablarnos de su siglo, as\u00ed como del de otros escritores en sus ensayos o biograf\u00edas, aplicando el estilo que le era propio, a veces llegando a dar m\u00e1s importancia a la forma que al contenido, puede que incluso convirtiendo su peculiar sintaxis y l\u00e9xico en los verdaderos protagonistas de sus cr\u00f3nicas memorial\u00edsticas o ya solo hist\u00f3ricas. Tal es as\u00ed que servidor est\u00e1 convencido de que el lector de Umbral no llega tanto a sus libros para saber de la corte del Cesar Visionario en Burgos durante la Guerra Civil, de la posguerra en Valladolid o Madrid o de los a\u00f1os de la Movida madrile\u00f1a, como que para disfrutar del estilo de Umbral sin importar cu\u00e1l sea el motivo que justifica el libro. De hecho, considero libros como\u00a0<em>Leyenda de cesar visionario<\/em>\u00a0(1991), la historia de los intelectuales de Franco en Burgos durante la Guerra Civil, como uno de los mejores ejemplos de novela hist\u00f3rica. Lo tengo en la convicci\u00f3n de que, de no haberse tratado de Umbral, el manuscrito jam\u00e1s hubiera visto la luz en el caso de haber sido enviado a un editor especializado en el g\u00e9nero, pues todo lo que hace magn\u00edfica esta novela, el estilo tan incisivo como parcial del autor, y en especial el retrato demoledor del Caudillo y sus panegiristas de las letras, incumple las reglas no escritas de la novela negra, esas que tratan de no espantar a los lectores potenciales del g\u00e9nero porque creen que al autor se le ve demasiado el plumero ideol\u00f3gico y pueden sospechar que lo que tienen entre manos trata, m\u00e1s que de una recreaci\u00f3n hist\u00f3rica, de una destrucci\u00f3n en toda regla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\">\u00abEl despacho, que es m\u00e1s bien saleta, tiene un clima familiar de naipes al atardecer, aunque Franco no es dado a eso, una respiraci\u00f3n de brasero y papeles dulcemente movidos. Huele a merienda y a pistola. La habitaci\u00f3n conversa consigo misma mediante un receptor de radio a media voz, que no se sabe si \u00e9l escucha o no, pero que siempre tiene puesto, en sus largas soledades, por enterarse de lo mal que mienten sus generales, y hasta ese loco de Gim\u00e9nez Caballero, y de lo mal que confiesan su verdad los generales enemigos, a alguno de los cuales guarda secreta amistad de armas, como el general Rojo.\u00bb <em>LEYENDA DEL C\u00c9SAR VISIONARIO.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cualquier caso, yo descubro al mejor Umbral, el prosista que habla todo el rato de \u00e9l mismo a la vez de lo que le rodea, en los que da lo mejor de \u00e9l en la medida que despliega todas sus virtudes narrativas, y tambi\u00e9n no pocos de sus vicios, siendo fiel a la historia que cuenta. Por eso sus mejores libros, los representativos de veras, son aquellos de memorias como\u00a0<em>Memorias de un ni\u00f1o de derechas<\/em>\u00a0(1972)\u00a0<em>Las Ninfas<\/em>\u00a0(1976),\u00a0<em>La Noche que llegu\u00e9 al Caf\u00e9 Gij\u00f3n<\/em>\u00a0(1977),\u00a0<em>El Hijo de Greta Garbo<\/em>\u00a0(1982),\u00a0<em>Trilog\u00eda de Madrid<\/em>\u00a0(1984),\u00a0<em>Las se\u00f1oritas de Avignon<\/em>\u00a0(1995) o\u00a0<em>Capital del Dolor<\/em>\u00a0(1996). Son los libros en los que Umbral sepulta al periodista, el escritor de lo inmediato, para manifestarse como el gran novelista, el escritor que narra el pasado, que es, da igual si el libro es de memorias de su vida en el Valladolid de la Guerra camuflado bajo el personaje de Fransciquillo, o una novela supuestamente con todas la de la ley, es decir, una ficci\u00f3n en la que el narrador acabar siendo tambi\u00e9n un personaje de la historia como consecuencia de la preeminencia del estilo sobre el contenido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El problema con Umbral, porque siempre hay un problema con Umbral, ya sea de concepto de la literatura o de oportunismo de su narrativa, es que escribi\u00f3 demasiado y en muchas cosas sobre lo mismo. De ese modo, su acreditada grafoman\u00eda le oblig\u00f3 a repetirse hasta la saciedad, sobre todo como cronista de lo inmediato, es decir, de \u00e9l mismo y sus d\u00edas, por lo que cualquier lector que se acerque a Umbral va a tener que hilar muy fino para encontrar verdaderas perlas entre tanto guijarro. Perlas de entre las que destaca, por supuesto, su\u00a0<em>Mortal y Rosa<\/em>, pero tambi\u00e9n esos libros memor\u00edsticos y novelas como las que he citado a lo largo de este texto y que, mucho me temo, pueden quedar en el olvido a la sombra de la primera, qui\u00e9n sabe si a modo de venganza p\u00f3stuma, hacer pasar a la posteridad a uno de los mejores cronistas literarios de su \u00e9poca por un simple aspirante a poeta, por lo que supuso Francisco Umbral, con su ubicuidad medi\u00e1tica y en especial su lengua afilada, eso que en nuestra \u00e9poca de anglicismos por doquier denominan \u201cDestroyer\u201d, por parte de los secretarios y amanuenses, am\u00e9n de toda una recua de agraviados o meros envidiosos, de eso que tan rimbombante como rid\u00edculamente llamado \u201cla Rep\u00fablica de las letras\u201d, espa\u00f1ola en este caso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: impact, sans-serif;\">\u00a9Txema Arinas.<\/span>\u00a0Berrozti, 21\/11\/24<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa literatura es un lenguaje de palabras desmemorizadas\u201d \u2014Francisco Umbral\u2014 Va a cumplirse ya casi una d\u00e9cada y media que falleci\u00f3 Francisco Umbral y no estar\u00eda de m\u00e1s preguntarse qu\u00e9 ha sido de la obra literaria de un escritor, que durante muchas d\u00e9cadas, tuvo una proyecci\u00f3n medi\u00e1tica que lo convirti\u00f3 a los ojos del gran [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":16211,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2776,2298],"tags":[2110,180],"class_list":{"0":"post-16209","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-articulos-y-cronicas","8":"category-colaboradores","9":"tag-francisco-umbral","10":"tag-txema-arinas"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Umbral. 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